Las claves del Éxito de Azpeitia, la feria diferente.

En un tiempo en que se prohíben ferias, se cierran plazas, se acosa a los aficionados, y se asiste pasivamente a la agonía de cosos centenarios, la Feria de Azpeitia ha celebrado un ejercicio más, disfrutando del narcótico aroma del éxito.

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El valor de cuanto se dice es enorme, ya que además se desarrolla en una situación especialmente desfavorable, como demuestran los siguientes datos objetivos: tiene lugar en una población de 14.000 habitantes, gobernada por una coalición radical de corte antitaurino, sin figuras en el cartel, en una plaza de no más de 3.500 asientos, con un presupuesto muy limitado, sin apoyos mediáticos de envergadura, ni, por supuesto, subvenciones públicas.

Analizar la situación y explicitar las causas de este extraño éxito es un ejercicio saludable, por cuanto que otras Ferias bien podrían obtener valiosas conclusiones que pueden mejorar su futuro.

Primero: La cultura como elemento vertebrador.

Hace siglos, tal vez milenios que Azpeitia tiene su propio modo de vivir la Tauromaquia. El carácter de sus gentes, lo abrupto del paisaje, su estilo de vida ancestral componen su idiosincrasia, hasta el punto que puede hablarse de un modo de vivir la fiesta específico y diferenciado de otras tierras. Allá el arrojo y el esfuerzo son valores superiores a la inspiración y la pinturería. Allá se va a la plaza sin saber bien quién torea, y no es extraño que en el ecuador de la corrida un espectador pregunte quién es el de grana y oro. Allá se celebran festejos populares como la sokamuturra, los encierros y las vaquillas para los más pequeños, como garantía de continuidad cultural. Allá se vive el toro como algo natural, ceremonial y festivo al alcance de todos.

Azpeitia ha perpetuado la bella tradición de interpretar, a la muerte del tercer toro, el zortziko de Aldalur, música fúnebre en honor al banderillero muerto lustros atrás. Solemne acto en el que los toreros permanecen inmóviles y toda la concurrencia escucha de pie y en silencio los acorde tristes que ataca la banda. Es uno de esos momentos mágicos, mitad recuerdo y mitad promesa, en los que sólo cabe la emoción.

Las raíces culturales de la Tauromaquia en Azpeitia son profundas, se han preservado a lo largo de los años, y son compartidas por sus gentes, sin diferencias por edad, credo o estatus económico.

Segundo: la apuesta por un modelo diferenciador.

La normalidad es una nulidad y por eso es necesario ofrecer al cliente algo distinto, con señas de identidad propias, que facilite la diferenciación. Además es preciso apostar por este modelo con convicción y en el largo plazo. La Feria de Azpeitia ha cincelado un nuevo paradigma, basado en el rigor, alejado del modelo seriado con nombres de abolengo, para los que comparecer sobre el albero azpeitiarra no representaría reto alguno. La cartelería de los últimos años anuncia divisas como Palha, Adolfo Martín, José Escolar, Valdellán, Ana Romero, Pedraza de Yeltes y nombres como Sergio Serrano, Alberto Aguilar, Paulita, Miguel Ángel Delgado, Morenito de Aranda, Javier Castaño, Manuel Escribano, Juan del Álamo, Sánchez Mora, Pérez Mota. Hay que remontarse en el tiempo para encontrar toreros como El Cid o José María Manzanares, diestros con indudables méritos, pero, en muchas tardes, menor disposición que los citados. La transición hacia este nuevo modelo fue larga y complicada, con temporadas en las que se rayaron las pérdidas, si bien la fe inquebrantable de la Comisión Taurina ha hecho posible el actual estatus de Feria señera.

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Tercero: El toro como piedra angular de la Fiesta.

La selección del toro en Azpeitia es rigurosa. El presidente de la Comisión hace cabal seguimiento de las divisas de mayor solera, recibe vídeos y fotografías, dialoga con ganaderos, escruta genealogías, y elige las tres que mejor se adaptan a la cultura de la plaza. Una vez seleccionadas viaja a la dehesa al menos tres veces, una en diciembre, otra en abril y una más en julio para supervisar las labores de embarque, no vaya a ocurrir que suban al camión toros no reseñados.

En Azpeitia primero se compran las corridas y después se habla con los toreros que estén dispuestos a matarlas. No hay veedores, y si los hay lo hacen a título meramente informativo, pues la Comisión jamás permite injerencias en este terreno.

Días antes del inicio de la Feria, la Comisión, orgullosa de su trabajo, desencajona las corridas en un acto público al que asisten multitud de aficionados, y también de no aficionados, para los que la efigie del toro es un símbolo sagrado. Claro indicio de transparencia, pues el público pude comprobar el trapío de los toros antes de retirar sus entradas, aún a riesgo de lesiones o inutilización de los pitones.

La presentación de las reses es impecable. Trapío, romana y casta es la trilogía que mejor define al toro de Azpeitia que, con frecuencia, no tiene nada que envidiar al de Pamplona e incluso al de Madrid. Se consagra la variedad de encastes como un valor, hasta el límite de conseguir anunciar en tres tardes tres hierros de tres encastes diferentes.

Los toros saltan a albero liberados de crotales, identificativo poco digno de un instante trascendente, limpios de capas, siempre en tipo de su encaste, lustrosos, enseñoreando su figura por el diminuto ruedo, con frecuencia causando admiración en los tendidos y arrancando ovaciones de salida.

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Cuarto: Los toreros no seriados.

Llegarse a Azpeitia, alojarse en sencillos hoteles, respirar el aire fresco y húmedo de agosto, pasar inadvertido para la inmensa mayoría de la gente, mezclarse con personas de diversa condición, pisar el modesto patio de cuadrillas, mirar al tendido y divisar en la lejanía las cumbres de Izarraitz es, para un torero, una experiencia reparadora. Saber qué tipo de toro espera en los chiqueros quebranta el ánimo, mas quienes pisan el albero de este coso saben que repetirán si triunfan, y que la indolencia será castigada con el ostracismo. Torear en Azpeitia es perder la noción del calendario e ignorar cuando se volverá a vestir de luces.

Anunciarse en la Feria de San Ignacio es un honor, y al mismo tiempo una oportunidad de demostrar que se está en disposición de lidiar en cualquier rincón del orbe taurino.

Quinto: El modelo de gestión no mercantilista.

La Comisión Taurina, integrada por cuatro miembros aficionados, suscribe con el Ayuntamiento año a año el contrato más absurdo de la historia, pues trabajan gratis, asumen las eventuales pérdidas que podrían alcanzar un cuarto de millón de euros y, si existe beneficio, se destina a una causa justa y altruista. Es un juego inexplicable por la razón que se justifica por su pasión taurina y su compromiso con el pueblo, su cultura y sus tradiciones.

Se trabaja con intensidad para la afición, sin otro objetivo que su satisfacción y su fidelización. No hay exclusivas, no existe otra meta que el compromiso, no hay contratos blindados, y todos los miembros de la Comisión ponen sus cargos a disposición del Ayuntamiento cada vez que se hace balance del serial.

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Sexto: Los pequeños detalles que engrandecen el rito.

El coso presenta siempre un aspecto impoluto, barreras gritando en grana y tendidos luciendo en blanco, corrales operativos, puertas y cerrojos engrasados. La diminuta sala de toreros, que hace las veces de punto de oración, exhala pulcritud desde una sencillez que sobrecoge.

La Comisión elige el diseño del cartel anunciador tras concurso, lo imprime con primor, presenta combinaciones en acto solemne, y despierta, antes de que el primer toro hoye el albero, la admiración del planeta taurino.

Recluta areneros, monosabios y porteros, les inculca el valor del servicio, les suministra indumentarias adecuadas que lucen con orgullo por formar parte del círculo de iniciados.

Selecciona la cuadra de caballos sin reparar en gastos que ciñen petos impolutos, y realizan la suerte con agilidad y espectacularidad, sensibles a las órdenes el torero.

Contrata la banda de música del pueblo, de acreditada solvencia y amplio repertorio, que lanza al aire las notas solemnes del pasodoble, e interpreta solos que provocan la ovación del público.

La Tauromaquia en Azpeitia alcanza registros difíciles de observar en otros lugares, y da la sensación de que todos los actores involucrados en esta bella obra acuden al escenario conjurados en servir al arte, más que en servirse de él.

 

 

Apoteosis ecuestre.

El moderno multiusos de la capital alavesa fue ayer el marco inspirador para que los tres toreros a caballo anunciados salieran a hombros del ruedo, en un suceso sin antecedentes en su aún corta historia. Fue la apoteosis que abrocha con éxito la breve Feria de La Blanca 2015

A Fermín Bohórquez debe asignársele doble triunfo, pues además traía los toros desde Jerez, y debió elegirlos a conciencia, ya que se mostraron colaboradores y nobles a lo largo de toda la tarde. Tal vez la excepción sea el sexto, que tenía más bríos y un punto de codicia que puso en aprietos e incluso hirió levemente a la cabalgadura de Andy Cartagena.

Desde que se abrió el portón para dar suelta al primer toro pudo apreciarse que la disposición de los caballeros era correspondida por el público con entusiasmo y admiración, de modo que la tarde transcurriría por la senda del éxito, mas pocos esperaban que fuera tan contundente y tan unánime.

El veterano caballero jerezano realizó faenas de mucho mérito, midiendo bien las distancias y aplicando un toreo clásico, que alcanzó su cénit en el cuarto toro, cuando el público arrebatado solicitó con insistencia premio. Pablo Hermoso de Mendoza es un clásico de esta feria, y no se le recuerda una tarde gris, más al contrario, su comparecencias en el coso vitoriano se cuentan por éxitos, dada su habilidad para el temple, el recorte y los giros inverosímiles en la cara del toro. Ayer logró una rápida conexión con los tendidos que pidieron con obstinación para él los máximos trofeos tras la muerte del quinto toro, al que aplicó todo su repertorio en faena espectacular. En ese momento el público se preguntaba si era posible la apoteosis, quedaba un toro en chiqueros y Andy Cartagena tenía la oportunidad de redondear una tarde histórica. Y salió un bellísimo toro de perfil murubeño, fuerte y enmorrillado que rayó los 600 kilos en la romana. El caballero lo enceló pronto dejándole topar con la grupa, y logró conducir su encastadas arrancadas hasta dominarlo, lidiarlo con inspiración, y prender de manera eficaz el rejón de muerte.

Triunfo por tanto absoluto, hubo toros y hubo toreros, y un público que esperaba espectáculo y disfrutó de tres lecciones de toreo a caballo.

Es el epílogo ideal de una feria de transición, con asistencia muy superior a la de las últimas temporadas y mayor sensación de rigor.

 

 

Reseña:

 

Multiusos de Vitoria, ocho de agosto de 2015, más de media entrada en tarde fresca.

Toros de Fermín Bohórquez despuntados, bien presentados y nobles. Aptos para el rejoneo. El cuarto bladeó y el sexto destacó por su encastada acometividad.

Fermín Bohórquez: Vuelta al ruedo. Dos orejas.

Hermoso de Mendoza: Oreja. Dos orejas.

Andy Cartagena: Palmas. Dos orejas.

Los tres caballeros salieron a hombros.

Impecable escenificación de El Fandi

El Fandi realizó ayer en el pabellón multiusos vitoriano una demostración memorable del arte de la interpretación.

Cierto es que el libreto no se ajustaba a los cánones clásicos del arte, pero ello no fue óbice para que las dotes de este consagrado artista rayaran a una gran altura, y el público se lo reconociera, aclamándole y concediéndole un trofeo.

Los primeros actos fueron iniciados con valentía, largas cambiadas en el tercio plenas de valor y una también de ajuste, verónicas de rodillas y remates airosos a una mano. Ensayó también la chicuelina como recurso, y vistosos recortes con el capote al aire describiendo círculos y espirales inverosímiles, en la suerte de la lopecina. Banderillas en mano exhibió si ambages sus dotes atléticas, clavando de casi todas la maneras posibles, y parando los toros a la carrera en claro derroche de facultades. En el tercio de muerte pasó a sus toros de pié y de rodillas, al natural y en redondo, con molinetes, martinetes y cuantas suertes pueden imaginarse, pues El Fandi es un diestro generoso en el ámbito de lo cuantitativo. El ajuste, el temple y la inspiración no vienen en el libreto, y por eso no ha lugar a mayor reflexión.

Sin embargo el diestro granadino marca diferencias con el resto del escalafón por su perfil de intérprete, manejando la expresión facial, la gestualidad, la ubicación en el escenario y los tiempos como ningún otro matador.

Si tiene que clavar un par, mira sonriente a la grada y le insufla ánimos como si fueran los espectadores quienes tuvieran que banderillear. Si, finalizada la faena de muleta, el público pide trofeos, El Fandi permanece en el ruedo a la vista de todos con gesto de ansiedad por el triunfo que se escapa. Si la segunda oreja no es finalmente concedida, El Fandi se sienta en el estribo, tapa su rostro desconsolado con un toalla, ensaya el llanto y da la vuelta al ruedo con un apéndice en la mano y ojos de novia contrariada. Si a la hora de matar deja un espantoso metisaca en el costillar, El Fandi arroja es estoque al albero y se retira prudente de la escena un segundo antes de que el toro ruede sin puntilla. Si parte del público le recrimina la alevosa puñalada, El Fandi se tapa en el callejón, y cuando las palmas doblegan a los pitos, sale a saludar cabizbajo con gesto contrito.

Sus ayer compañeros de terna no disfrutan de tal perfil dramático, si bien tampoco venían sobrados de libreto. Paquirri tomó precauciones ante su toros, dibujó algún pase despacioso con leve aroma de toreo clásico, mas la lidia se diluyó ante la pertinaz falta de clase de sus antagonistas. Castella irguió la figura en pases cambiados en el platillo, ligó en espacios inverosímiles, pasó cerca de su espigado perfil y magnetizó con su mirada azul la insulsa embestida de sus dos toros.

El perfil melodramático de El Fandi, poco común en la grey de coletudos, facilita el triunfo en plazas bondadosas, si bien no contribuye a recrear el arte para el que fuimos ayer convocados, que es el arte eterno de lidiar toros bravos en plaza.

 

Reseña:

 

Multiusos de Vitoria, seis de agosto de 2015, menos de media entrada en tarde calurosa.

Toros de Luis Algarra, flojos y descastados.

Paquirri: Palmas. Oreja.

El Fandi: Oreja. Ovación.

Castella: Silencio. Aplausos con aviso.

 

Morante fue al sorteo.

Morante fue al sorteo, y no se entiende, porque allí no había nada que sortear.

Envió el ganadero un lote de ocho toros ligeros de romana, escasos de alzada y capas vistosas, que iban desde el negro zaíno al sardo, pasando por el castaño.

El genio de la Puebla observaba la corrida desde lo alto de una pasarela, con gesto solemne, acompañado por su gente de confianza quien le susurraba al oído detalles sobre cornamentas, morrillos, culatas y alzadas.

También el mayoral de El Ventorrillo entró en escena y desplegó a la vista de todos el árbol genealógico de cada toro, así como algún detalle de la vida en la dehesa, pues ésta suele generar el comportamiento en la plaza según las corrientes conductistas.

Una vez seleccionados titulares y sobreros, las cuadrillas hicieron lotes que fueron sorteados como manda la tradición y apartados en corrales individuales a la espera de la luz de la tarde.

Lo ocurrido a partir de las seis en el multiusos vitoriano pone en cuestión la conveniencia de aventurar hipótesis sobre el comportamiento de las reses de lidia, aún las basadas en hechos objetivos como genotipo y fenotipo.

Fueron desfilando los seis de la partida en el orden que quiso el sagrado sorteo, más un sobrero jugado en segundo lugar, y se veía sin necesidad de apellidarse Cañabate que escaseaban las fuerzas y que la casta brava que debe acompañar siempre al toro era ayer una simple quimera.

En tal coyuntura, Morante, tal vez enojado con los dioses, decidió abreviar, lo que le supuso una monumental bronca en su segundo, al que mató mal y tarde. A estas horas los morantólogos, que son legión, aún discuten en cenáculos y mentideros la causa de tal desenlace; los hay que lo atribuyen a motivos cósmicos, otros a un guiño imperceptible del toro que hacía cuarto, los más a que la inspiración es cara y debe dosificarse. Sea como fuere el rostro caprichoso del azar no sonrió ayer al torero sevillano, pese a su notable presencia en el apartado.

El Juli, ese hombre al que le valen todos los toros sea cual sea el resultado del sorteo, aprovechó inercias y querencias para construir dos faenas breves y superficiales que contaron con el fervor del público vitoriano y fueron premiadas con un trofeo.

Alejandro Talavante hizo un toreo despegado y efectista que resultó suficiente para abrochar la tarde con un nuevo trofeo y se retiró del ruedo sonriente, en clave de triunfo, disfrutando del fervor del bondadoso tendido.

Tardes así dejan en evidencia a la fortuna y ponen en valor el esfuerzo y la profesionalidad, que siempre fueron el fundamento del arte de torear.

 

 

Reseña:

 

Multiusos de Vitoria, cinco de agosto de 2015, casi tres cuartos de plaza en tarde calurosa.

Morante de la Puebla: Silencio. Sonora bronca.

El Juli: Oreja. Ovación y saludos tras petición.

Talavante: Silencio. Oreja.

 

José Cutiño, el empresario paciente.

José Cutiño, director de Coso de Badajoz y socio de Fusión Internacional de la Tauromaquia, es un hombre afable, moderado, de verbo fácil y voz cadenciosa. Nos recibe en el Multiusos Iradier Arena de Vitoria, espacio en el que ha programado en 2015 su primera Feria de la Blanca, serial que pretende recuperar para la Fiesta.

Acaban de desembarcarse dos corridas y los cencerros de los cabestros marcan el ritmo de la conversación, que transcurre amena y sincera, pues el señor Cutiño es paciente y muestra seguridad en sus juicios.

Señor Cutiño, buenos días ¿Qué se hace para recuperar una plaza como Vitoria?

Muchas cosas. Hay que lograr que el aficionado crea en la plaza y en la empresa. ¿Cómo? Haciendo una oferta importante, con figuras del toreo y primeras ganaderías. Hemos estrechado lazos que estaban rotos. Nos llamó mucho la atención que los blusas hicieran el paseíllo y luego no entraran a la plaza. Es fundamental que vuelvan. Hemos entablado relaciones con ellos y nos han comprado 800 entradas para la Feria. Estuvimos reunidos con asociaciones de la ciudad y todas las fuerzas vivas de la Vitoria. Es un trabajo a largo plazo, pero es esperanzador porque hemos duplicado el número de abonados. La verdad es que no era difícil porque había sólo 300 y ahora tenemos 602. Hemos abierto nuevas vías. Es muy esperanzador porque Vitoria es una gran ciudad, tiene un gran tradición taurina y tiene un inmueble inmejorable. Esta plaza está a la altura de las mejores de España, dotada con todo lo necesario. Me he llevado la agradable sorpresa de que el equipo gubernativo son buenos aficionados y saben ver el toro. Las corridas han sido aprobadas a la primera, ocho toros de El Ventorrillo y nueve de Luis Algarra. Todo el mundo tiene una disposición tremenda para que esta plaza se recupere y estoy convencido de que lo vamos a conseguir.

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¿En qué plazo cree usted que puede llegar a ser la plaza que fue?

Esperamos darle la vuelta en dos o tres años. Para eso es importante la ayuda de las instituciones públicas, y eso es lo que echamos en falta. El Ayuntamiento tiene que ser consciente de que esto es intrínseco a las fiestas de la Virgen Blanca y que pertenece a la cultura de Vitoria desde siempre. Con respeto a todos, tanto a los que les gusta como a los que no. El otro día le comentaba al alcalde que el día 25, en la fiesta de las peñas, entraron aquí casi 6.000 personas pagando. Los políticos deben gobernar para todos los ciudadanos y pocos actos congregan a 6.000 personas. El ayuntamiento debe estar más cerca de su plaza de toros por lo que genera económicamente y por los miles de aficionados que acuden con una ilusión tremenda.

¿Ve amenazas o falta de apoyo en el ámbito político?

Amenazas no. El alcalde me ha trasladado que respeta este espectáculo. No veo ahora amenaza de prohibición, pero sí falta de apoyo.

Los otros 360 días del año esta ciudad puede ser un auténtico secarral taurino. ¿Cree que hay que mantener vivo el pulso de la afición con otras actividades?

Nosotros vamos a hacer cosas, tenemos buena relación con el Club Turino y el taurinismo en Vitoria tiene que hacer cosas. Es una labor de tiempo, pero especialmente de consolidar una oferta taurina importante y que la plaza vaya hacia donde los aficionados quieran, y la mejor manera de mostrar el apoyo a la fiesta es acudiendo a la plaza.

¿Cree que el aficionado debe movilizarse a favor de la Fiesta manifestándose en la calle para demostrar que somos muchos más que los prohibicionistas?

Yo creo que el taurino es mucho más tolerante que los contrarios y la mejor manifestación es que acudan a la plaza y que estén con los toreros, con su coso, con sus tradiciones. Nosotros somos tolerantes y algunos antitaurinos confunden la oposición con la agresividad.

¿Está la FIT consiguiendo los objetivos que se trazó a principios de año?

La FIT es un proyecto a largo plazo en el que creemos firmemente y sus tres bases fundamentales son la consolidación de las plazas en peligro, el apoyo a jóvenes valores, como Ginés Marín y otros novilleros a los que apoderamos y contribuir en la recuperación de plazas emblemáticas que han pasado malos momentos como Córdoba, de primera categoría, y Vitoria. El objetivo se está cumpliendo, Córdoba ha sido una gran feria y Vitoria empieza a reaccionar y se consolidará como una de las ferias fuertes del norte.

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Cuando se anunció el nacimiento de la FIT muchos pensaron que manejaría muchos recursos para poner en valor la dimensión cultural de la Tauromaquia ¿Trabajan en esta dirección?

Absolutamente, hacemos muchas cosas, tenemos un equipo de comunicación muy activo, cuidamos el ámbito cultural más que cualquier otra empresa haciendo exposiciones, se editan dibujos animados para niños llamados “Educatauro”, hacemos presentaciones, patrocinamos exposiciones. Creemos que el ámbito cultural del toreo es extraordinario y no sólo atendemos a lo económico, si no también lo cultural. Los grandes artistas siempre han estado cerca del toro, debemos darlo a conocer y vamos a hacerlo.

¿Qué le parece que en los últimos años estén tomando protagonismo artes ancestrales como el toreo a caballo y los concursos de recortadores? ¿Es un síntoma de involución?

No lo creo. El toreo es muy grande y está todo inventado, si bien es preciso conocer la historia, como los espectáculos populares vascos, para escribir el futuro. En el siglo XVI los mejores toreros eran los vascos y tenemos que fijarnos en eso y aprender también. Es bueno para el toreo porque acude a la plaza gente que no vendría a la lidia clásica y algunos se aficionarán. El toreo a caballo ha dejado de ser un numerito para convertirse en un arte, que con Pablo Hermoso y Diego Ventura ha alcanzado un dimensión equiparable a la del toreo a pie.

¿Debe evolucionar la tauromaquia hacia un estadio más moderno? ¿Cree que es necesaria la innovación?

La liturgia y su puesta en escena creo particularmente que no.

Tenemos la gran responsabilidad de conseguir que lo conozcan las generaciones venideras con toda su pureza, con toda su verdad. Esa es nuestra responsabilidad. Cuando se da importancia a todo es un espectáculo único, pero cuando no se cuida aparecen los peligros.

El toreo necesita para su promoción todas las técnicas de comunicación modernas. Por eso nosotros estamos en contacto con nuestros abonados y hacemos muchas actividades con nuestra gente y nuestros toreros. Ahí si debe evolucionar y nosotros apostamos por esa vía.

Cuando se anuncian figuras siempre surge el mismo debate ¿Se le ha restado demasiada casta al toro?

Hubo años con poca casta, pero hoy hay ganaderías que están haciendo muy bien las cosas y se lidia el toro más grande de la historia. Viendo vídeos de hace 50 años el toro era la mitad, se movía más, pero ahora hay ganaderos extraordinarios que buscan y consiguen un toro que propicia la emoción que es lo que todos procuramos. Los toreros quieren un toro que transmita, el aficionado lo necesita, un toro que le emocione, el bueno porque propicia el arte y el malo porque genera riesgo. Buscamos un espectáculo muy íntegro y muy digno, con el toro adecuado.

El toreo y la Tauromaquia disfrutan de valores únicos, difíciles de observar en otras actividades ¿Qué valores admira especialmente? ¿Los considera implantables en la sociedad?

Los toreros son modelos y tal vez la gente desconozca su verdad. Son profesionales que pierden su juventud jugándose la vida y dedicándose al toro, son modelos de afición, de dedicación. En el toreo se dan muchas virtudes que pueden implantarse también a la vida normal. Cuando veo a grandes toreros, con la vida resuelta que se lo juegan todo por una vocación tan profunda me admira. Su modo de sentir el toreo y su dedicación me admira, son héroes, personas capaces de hacer cosas que los demás no podemos. Debemos de darlo a conocer porque son superhombres, con una dimensión artística impresionante.

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Usted estudió magisterio y sin embargo un día decidió cambiar las aulas por los cosos ¿Cómo fue la ruptura?

Estudié magisterio porque era el mayor de los hermanos y mi madre quería que estudiara una carrera. La más pequeña era magisterio, aunque no la terminé del todo, pero bueno, trabajé en el colegio Marista donde yo había estudiado. Yo soy de Sanlúcar la Mayor, Espartaco de Espartinas e iba a verle entrenar casi a diario, hasta que un día me ofreció ir con él de ayuda de mozo de espadas. No tuve muchas dudas, dejé el colegio y entré en lo que es mi vocación y mi pasión. Lo que vivo hoy es impagable, que tu trabajo, tu vocación y tu pasión coincidan. Es algo que no tiene precio. He podido conocer el toreo desde abajo y respetar a los toreros y vivir en primera persona los esfuerzos de esa gran figura del toreo que fue Espartaco. Podía parecer un torero muy valiente pero yo viví todos los esfuerzos y todos los miedos y así se puede valorar a un torero, a los aficionados y respetar todo. Eso me ha servido mucho para conocer al público y comprender mejor sus inquietudes.

El paso sería difícil, de casi funcionario a empresario de una actividad incierta plena de riesgos.

Me arrastró la pasión. La primera corrida a la que yo fui con Espartaco fue a una de Cuadri en Valencia, cuando no era figura, y recuerdo que estuve cuatro días sin dormir con una ilusión tremenda. Tiempos muy hermosos y si hace treinta años cuando comencé me hubieran dicho que iba a llegar aquí, con plazas como Málaga, Olivenza, Badajoz o Vitoria no lo habría creído. Plazas en cuyos hoteles yo he limpiado los capotes y las muletas de Espartaco. He trabajado mucho, he tenido suerte, me ha ayudado mucha gente, me sigue ayudando mucha gente. Hay quien cree que cuantas más plazas tienes más fuerza tienes en el toreo y por tanto necesitas menos ayuda, pero es al revés. A más plazas más necesidad de ayuda. He tratado de respetar a los toreros y a todo el mundo del toro, ellos me han ayudado y aquí estamos.

Treinta años son un tiempo largo con luces y sombras ¿Cuál es su mejor recuerdo?

Con Espartaco. Eran mis mis inicios, en 1985 en Sevilla. Mató la corrida de Manolo González, cortó tres orejas, dos de ellas al toro “Facultades” y salió por la Puerta del Príncipe. En aquel momento pasamos de tener sólo dos corridas firmadas, una del Marqués de Ruchena en Granada y otra de Murteira Grave en Córdoba, a estar presentes en todas las ferias. Vinimos a Madrid y a un toro de Alonso Moreno lo cuajó con gran éxito. Esa tarde de Sevilla marcó un antes y un después; de prácticamente Juan Antonio valorar quitarse y pasar a banderillero, a convertirse en primera figura del toreo durante 7 años. Tener la oportunidad de compartir todo aquello con él a mi me marcó. El momento íntimo de volver al hotel Colón de Sevilla y tener champán para brindar, mandado por en director, y brindar y bañar al torero en champán fue muy bonito, porque Espartaco tiene muchas virtudes como la dedicación y el trabajo. Me impresionó como persona. Nadie es más que nadie, nadie es más genial o más fantástico que los otros, el que triunfa es el que trabaja. La dedicación y la ilusión es lo más importante en la vida.

El mundo del toro está también lleno de supersticiones y de malos sueños ¿Le persigue alguna pesadilla?

He tenido un sueño durante muchos años, ahora menos. Como vivía todos los miedos de Espartaco, soñaba que yo toreaba y estaba en la habitación del hotel con la silla montada, los capotes, las zapatillas. Mi única obsesión era estar todo el día levantado mirando por la ventana y pidiéndole a Dios que lloviera para que se suspendiera la corrida. Era un sueño, pero lo único que me preocupaba era la lluvia. Daba igual como fuera el toro, o la plaza, lo importante era que lloviera.

Además de a Espartaco ¿a quién está agradecido por la ayuda que le ha prestado en su carrera en el mundo del toro?

Muchos toreos, una lisa interminable, es un mundo difícil en el que tenemos que tratar con artistas con unos valores que no se entienden desde el prisma sólo económico. Hay que comprender que estas figuras del toreo sólo por dinero no torean, hay otras cosas, otras sensibilidades, hay ferias importantes a las que han dejado de ir por su creencia, su filosofía y su manera de sentir el toreo. Tenemos un gran respeto a la personalidad de cada uno, e intentamos hacer que se den todas las condiciones para que, dentro de la dificultad de torear, el matador esté satisfecho en cuanto a hechuras y presentación de los toros.

Hace unos días el empresario de una plaza de tercera me contaba que algunos toreros modestos ganan en una corrida 1.000 euros e incluso menos ¿hay remedio a esta injusticia?

Es el tema de los mínimos ¿verdad? Es una de las cosas que tenemos que mejorar. Hay un problema y es que el público sólo acude a grandes acontecimientos, pero el mínimo es una asignatura pendiente que tenemos que superar.

¿Cómo se aprende a gestionar un negocio tan complejo como este sin tener inicialmente una formación empresarial?

Lo tiene que aprender uno todo a base de equivocarse, esta no es una empresa normal, hay que ser buen aficionado, conocer a los aficionados de tus plazas. Montar una feria es tratar de generar ilusión para que la gente vaya, y se da el caso de Olivenza, que es la primera feria del año, en la que no hay ningún sustento festivo, todo es el toreo, toda la ilusión la generan los toros y lo que hemos pretendido durante estos 25 años es programar cosas que ilusionaran al aficionado, pero partiendo de lo que a nosotros como aficionados nos ilusiona. Hoy tenemos un equipo pendiente de las diversas áreas, la administrativa, la comunicación, la prensa, todo funciona como una empresa normal, si bien la programación la hacemos nosotros. Somos empresa por la manera de ver el toreo, con más o menos éxito. Afortunadamente a nuestras plazas va la gente y estamos contentos, porque vivimos el toreo, para el toreo y tratamos de transmitirlo.

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Usted dijo en París que el toreo no corre peligro si estamos unidos ¿cree que el nivel de unidad es suficiente? Y, si fuera el caso, ¿qué hacer para intensificarla?

No es suficiente, tenemos que estar más unidos todos, comenzando por los aficionados, los profesionales, todos. El colectivo taurino es muy diverso pero tenemos que confluir todos en el apoyo al toreo. La verdad del toreo se debe a la integridad del espectáculo.

Los matadores son conscientes, los banderilleros también, los empresarios, pero quizá nos haga falta un órgano que sea portavoz de todas las ideas. En invierno son todo buenas intenciones pero en cuanto comienza la temporada tiramos cada uno por un sitio y se queda todo en el aire.

El toreo tiene problemas graves, como el IVA del 21%, sobre todo en festejos menores; la seguridad social, no es lógico que una novillada pague 7 u 8.000 euros por ese concepto. Es injusto porque los novilleros no son profesionales y por tanto debe haber un estatuto amateur para las novilladas, de modo que estén cubiertas todas las obligaciones de los actuantes pero por una cantidad amigable. Y es fundamental le tema de la promoción para el futuro. Todos tenemos que luchar para que este espectáculo lo conozcan los chavales, las generaciones nuevas, hay muchas iniciativas por parte de las empresas pero un poco deslavazadas. Si fuéramos capaces de coordinar toda esta política de promoción sería mucho más eficaz. Pero vuelvo repetir que la mejor manera de luchar por el futuro de la Fiesta es ofrecer un espectáculo muy digno, que haya mucha verdad, que la hay, porque este es el espectáculo más verdadero. Estos hombres se juegan la vida delante de un toro y ahora que estamos aquí, en la plaza, en víspera de corrida no sabemos qué puede pasar mañana. Esto le da al torero una autenticidad y una grandeza que no tiene ningún otro evento. Tenemos en nuestras manos un espectáculo único, que creo que es el mejor y debemos administrarlo de la manera más adecuada.

Desde Toro Cultura tenemos la sensación de que hay muchos actores en la Fiesta con intereses muy claros que no dan un paso si eso pone es riesgo el estatus que cada uno tiene. Creemos que las amenazas son ya suficientemente graves y es necesario actuar, pese a que podamos perder algo individualmente.

No estoy de acuerdo. Quizá hace unos años sí, pero en este momento tan complicado la gente del toro es consciente de la dificultad y de que hay que dar pasos. Vamos a ver si la situación económica mejora, las ferias se mantienen y las medidas que antes te comentaba surten efecto.

Le propongo una hipótesis que espero sea realista. Nos citamos dentro de 20 años en este mismo sitio a esta misma hora. ¿De qué cree usted que estaríamos hablando?

Ojalá de que el toreo va mejor. Te voy a contar una anécdota. La plaza de toros de Málaga, que nosotros gestionamos, celebró el año pasado en primer centenario del primer mano a mano que disputaron Joselito y Belmonte. Aunque eran los dos de Sevilla se fueron allí en su primer gran enfrentamiento. Para conmemorarlo nosotros programamos un mano a mano entre Morante de la Puebla y El Juli, dos toreros que se asemejan a los maestros de principios del siglo pasado. Nuestro equipo de comunicación investigó lo que se publicó hace un siglo de aquella corrida, y parece que fue un escándalo, que era una corrida pequeña, que en el sexto toro se tiró el público al ruedo, y algunas crónicas aseguraban que el toreo se acababa. Pero el toreo es tan grande que un siglo después aparecen dos toreros, como otros también, capaces de volver a llenar la plaza de Málaga, dar un gran espectáculo y volver a generar ilusión. Así que en veinte años el toreo seguirá vivo, seguirán apareciendo toreros, y lo importante es que todo el colectivo taurino sea consciente del trabajo que tenemos por delante, incluso renunciando a cosas personales, para mejorar el futuro de la Fiesta. Y por supuesto que las generaciones nuevas lo conozcan para poder valorarlo. Yo estoy seguro de que el toreo va a perdurar por mucho tiempo, porque es algo tan nuestro que no puede faltar.

Gracias señor Cutiño por sus reflexiones, por su amabilidad y le deseamos éxito en la promoción de los valores y la cultura de la Tauromaquia.

 

Javier Bustamante para Toro Cultura.

Pedraza de Yeltes: impresionante reservorio de casta brava

Burreñicio; hijo de Medicero, primer semental de Pedraza de Yeltes; nieto de Deslumbrero del hierro de Moisés; hizo ayer honor a su indómita ralea y retrotrajo a los aficionados a tiempos ignotos, con un impresionante salto atrás en la genealogía del toro bravo. Cabría remontarse a los singularísimos atanasios, al flexible tronco de parladé, e incluso a la legendaria y romántica casta de Vistahermosa para hallar razón de semejante temperamento, siglos enteros de cultura en la crianza del toro de lidia, siglos de pasión y perfeccionamiento.

Algunos dudaban que pudiera quedar en el campo un reservorio de casta de esta catadura, mas Pedraza está comenzando a normalizar experiencias de esta enjundia, desde que en 2011 debutara en este mismo escenario, con otro triunfo memorable de un hermano de Burreñicio.

Bravo como para doblegar el poderoso brazo de Fernando Sánchez, romanear contra la barrera, derribar su montura con estrépito, cebarse con el caballo y mantener al picador inerme a sus pies hasta ser coleado por un monosabio. Noble como para seguir el vuelo de la muleta de Javier Castaño, que aleteaba inspirada, aromatizando el cálido aire de la tarde azpeitiarra. Encastado como para prestar atención a cada movimiento y hacer hilo con las cuadrillas incluso en el último tercio. Poderoso como para acosar a los banderilleros en el epílogo de su vida con tres palmos de acero en el hoyo de las agujas.

Duro como para soportar una lidia prolongada con dos intensos puyazos, tres pares de banderillas, decenas de pases obligado por el poderoso señuelo del matador salmantino y morir de pié tras certero cachetazo.

El centenario coso azpeitiarra tuvo el privilegio de acoger ayer escenas de añejas Tauromaquias, pues Javier Castaño quiso darle fiesta al noble toro con un ritual digno de la mejor liturgia, pasando tocado con la montera, irguiendo figura de maestro en madurez, y andando despacioso con el rigor que la obra merecía. Escogió terrenos, administró distancias, ciñó trincherazos, dibujó naturales eternos, mandó en redondo y esbozó trazos pintureros con aromas de azahar y albahaca. Aún tuvo tiempo de descabellar valiéndose de la montera y saludar unas palmas como premio menor para sus francos merecimientos.

Finaliza la Feria y la sonrisa del éxito asoma de nuevo para compensar el esfuerzo, el criterio y el rigor de un grupo de aficionados que han sido capaces de demostrar que existe otro modelo, que la Fiesta es mucho más que un negocio seriado.

El toro fiero y los toreros valientes son la esencia de esta liturgia ancestral, y quien quiera conocer sus arcanos y sentir la emoción indescriptible que emana de la lidia deberá viajar al corazón de Guipúzcoa en 2016

Larga viva a Azpeitia, su Feria y su Comisión Taurina.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 2 de agosto de 2015. Casi lleno en tarde calurosa.

Toros de Pedraza de Yeltes. Cinco colorados y uno negro, de excelente presentación. Dos de ellos aplaudidos de salida. Duros, encastados y nobles, salvo el primero y el quinto, con marcada tendencia a chiqueros. El cuarto, de nombre Burreñicio, exhibió casta y poder, siendo premiado con la vuelta al ruedo.

Javier Castaño: Silencio. Silencio.

Juan de Álamo: Oreja. Silencio.

López Simón: Oreja. Aplausos tras dos avisos.

Juan Bautista detiene el reloj del Ayuntamiento de Azpeitia

El reloj del Ayuntamiento de Azpeitia, que marca el pulso de la vida en el pueblo los trescientos sesenta y cinco días del año, sufrió ayer a las 20 horas un extraño fenómeno, pues permaneció inactivo durante diez minutos para luego reactivar sus engranajes e iniciar su marcha con normalidad.

Este insólito suceso, sin explicación científica alguna, pues el mecanismo había sido revisado pocas semanas atrás, tiene su origen en la bella pelea mantenida a pocos metros sobre el albero del coqueto coso azpeitiarra entre Fortuito, un toro de encastada nobleza, y Juan Bautista, un torero que conoce el oficio y disfruta engendrando belleza.

Si las leyes de la naturaleza relacionan de forma irrefutable según modelos de aceptación universal distancias, masas, velocidades, inercias, trayectorias y tiempos, lo que ayer protagonizaron el toro gaditano y el torero francés se sale del modelo, y sólo puede reajustarse distorsionando la variable tiempo.

Juan Bautista escogió el terreno, asentó las zapatillas y corrió el percal con armoniosa despaciosidad, templando con magisterio la suave embestida del noble torito de Ana Romero. Logró trayectorias curvas inverosímiles, adormeció la inercia de la masa bruta hasta hacerla parecer fútil, atemperó velocidades y acortó distancias hasta el último decimal. Un evento así, en abierto desafío a las reglas que rigen el universo, debía ser compensado por la única variable que ayer pareció hacer dejación de funciones en el coso guipuzcoano: el tiempo. Y así fue, pues los que presenciamos este nuevo capítulo de la Tauromaquia eterna, perdimos la noción y, por instantes, quedamos aturdidos ante el desafío que toro y torero lanzaron a la física clásica, planteando pasajes que sólo el corazón entiende y sólo pueden explicarse por la emoción indescriptible que engendra el toreo.

El relojero de Azpeitia, que es hombre cabal, tardó poco en subir a lo alto del edificio y deshacer el desfase, si bien vivirá siempre con la duda de qué pudo ocurrir para que su afinada maquinaria tuviera un comportamiento tan inexplicable.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 1 de agosto de 2015. Casi lleno en tarde soleada.

Toros de Ana Romero. En tipo santacolomeño, preciosas capas cárdenas, vareados y finos de cabos. Encastados y nobles salvo el sexto, reservón, orientado y gazapón.

Juan Bautista: Silencio con aviso. Oreja con aviso.

Manuel Escribano: Ovación con salida al tercio. Ovación con aviso.

Arturo Macías: Ovación con dos avisos. Palmas.

La transfiguración de Sergio Serrano.

Sergio Serrano entró ayer en el patio de cuadrillas azpeitiarra siendo un chico de Albacete, y tres horas después, salió a hombros con honores de héroe. Es la magia del toreo, capaz de pagar con gloria el arte y el valor.

Muchos fueron los acontecimientos que mediaron entre uno y otro instante, si bien pueden resumirse con dos palabras: tarde épica.

Resultó capital que Don Fernando Cuadri mandara un encierro con trapío, romana, casta, dureza y nobleza. Los enormes toros negros de Trigueros plantaron pelea en todos los tercios y castigaron con rigor los errores de los lidiadores, a los que pusieron en dificultades en los primeros tercios, y no los mandaron antes al hule porque el patrocinador de la feria, San Ignacio, debía estar acreditado en el callejón.

Paulita toreó con gusto y empaque a un noble toro negro, se permitió mecer la verónica con regusto de toreo caro, corrió la mano al natural con aroma de romero y ensayó la estocada dos veces, primero un pinchazo, que debió avisar a su antagonista, y después una estocada entera a cambio de una cornada en el cuello.

Pérez Mota vino dispuesto a triunfar, mostró una magnífica disposición y conocimiento del oficio, ganó una oreja del segundo, y tal vez hubiera encontrado un nuevo trofeo del cuarto si no llega a recibir una terrible cogida en la suerte de matar que le esculpió tres trayectorias en su muslo derecho.

En ese instante había aún tres toros vivos, la enfermería colapsada, atmósfera densa de tragedia, y un leve sirimiri que desprendía el contundente cielo cárdeno del Urola.

Lo que pasa en la mente de un torero modesto y poco experimentado sólo él lo sabe, si bien sus actos posteriores mostraron tal determinación y entereza que cabe hablar de un torero cabal, confiado en su talento, con la seguridad absoluta de llegar a ser un torero importante. La diferencia entre los que lo intentan y los que lo consiguen es, a menudo, la determinación. Sergio Serrano la tiene y llegará a alcanzar la meta.

Cuando la tarde alcanzó su clímax épico y la bruma descendía de las cumbres, entre susurros, rumores y aromas a formol, Sergio Serrano se hizo dueño del albero, se estiró en los recibos de capa, especialmente con el sexto, un Zapato abanto de 675 kilos y un trapío como no se ve en la mayoría de las plazas de primera; condujo dominador a los toros a la jurisdicción de los picadores; pasó de muleta con ambas manos haciendo gala de un admirable valor sereno, dibujó el natural con hondura, condujo en redondo y remató ambas faenas con ceñidas manoletinas, en algunas de las cuales fue golpeado en los muslos por la pala del pitón. Armó estoques, esbozó perfil de matador de ley, y dejó una certera estocada en el hoyo de las agujas del pavoroso toro sexto de Comeuñas.

Sergio Serrano dio ayer una lección de torería que impresionó al público Guipuzcoano. Su gesta quedará en la memoria de los que allí estuvimos, pues él, sus dos compañeros y el ganadero brindaron una tarde épica, con tres titanes que quisieron engendrar arte y seis nobles fieras que pretendían vender muy cara su vida.

Reseña:

Plaza de toros de Azpeitia, 31 de julio de 2015, tres cuartos del aforo en tarde húmeda y plomiza.

Toros de Cuadri de impresionante trapío y romana, encastados, duros y nobles.

Paulita: Pinchazo y estocada; corneado en el cuello no pudo continuar la lidia; ovación que recoge su cuadrilla.

Pérez Mota: Estocada, oreja. Estocada saliendo herido con tres trayectorias en el muslo derecho, ovación que recoge su cuadrilla.

Sergio Serrano: Silencio tras aviso. Ovación. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros.