El toro de Azpeitia

El toro de Azpeitia viene del campo marcado con hierros de brava tradición, astas de pedernal y músculo acerado, luciendo el trapío proporcional a su encaste. Salta a la arena impoluto, desprovisto de crotales, pues va a ser el protagonista del más bello de los ritos, ya que va a escenificar su propia muerte, y vende cara su vida ante los pocos toreros que se atreven a anunciarse en la feria de San Ignacio.

El toro de Azpeitia ha sido seleccionado un año antes por los miembros de la Comisión Taurina atendiendo al momento de la ganadería, su genealogía y su fenotipo, ha recibido al menos tres visitas en el campo, para observar su crecimiento y certificar su salud. Se embarca según la serie de números que reza el papelillo de Joxin Iriarte, con o sin veedores, pues éstos pueden ir o dejar de ir, ya que indefectiblemente lo que se ha reseñado es lo que se lidiará.

La corrida de Ana Romero jugada esta tarde en el diminuto coso azpeitiarra es el paradigma perfecto de cuanto se dice. Saltan a la arena codiciosos, al galope furioso, buscando cualquier indicio de movimiento en el ruedo para acometer. Enseñorean su figura, ya sea cárdena en sus diversas gamas o negra, y ya está el público aplaudiendo reconociendo su armónico trapío. Saludan a los toreros con encastada codicia en los lances de capa, y ya tienen la vista puesta en las cabalgaduras que les someten a exhaustivo examen. Persiguen a banderilleros con la comprensible intención de coger, y llegan al último tercio conjurados para la cruenta pelea. Trastear a toros de esta condición nunca fue tarea fácil, pues miden y se orientan, y sólo quienes aplican con rigor el teorema de las distancias y los tiempos salen de la plaza por su propio pie, en algunos casos con las orejas en la mano, y una sensación de dominio indescriptible.

Los espadas anunciados les dieron fiesta según la catadura de cada toro y el estilo propio del matador.

Curro Díaz, aún magullado por la terrible cogida de la víspera, volvió a acariciar el aire fresco que bajaba del Izarraitz conduciendo con su muletilla la impetuosa embestida de los dos toros negros que le deparó el sorteo. Cuando pudo templó con el embrujo que emana de sus muñecas, con pases de ensueño, y cuando no aplicó lidias valerosas demostrando que aúna como pocos el arte y el valor de los toreros clásicos.

David Mora volvió a mostrar su torero poderoso, adintelado, férreo por momentos, sólido, con los pies firmes sobre el albero, y dos brazos musculados que marcan pases largos y templados. Ganó dos emotivos combates pasándose los pitones rozando la taleguilla en vertiginosos cuerpo a cuerpo.

Borja Jiménez, el discípulo aventajado del maestro Espartaco, ya demostró un año atrás con toros de este mismo hierro y similar condición, que lo que más le satisface es desafiar a la casta brava, y construir un discurso lleno de pinturería, paso breve y vuelos generosos de los señuelos. Llueva o truene se pone en el sitio adecuado y pasa de muleta a sus antagonistas con asombrosa determinación, en obras de inspiración barroca, paradigma de la escuela sevillana. La levedad de su anatomía contrasta con la grandeza de su corazón de torero importante, que tiene libreto, tiempo para desgranarlo, e ilusión para entusiasmar al aficionado cabal.

El toro de Azpeitia pone a cada uno en su lugar, y esta tarde los tres espadas se acercan aún más al sitio que por inspiración, refinada técnica, y pinturería les corresponde, lidiando sin ambages, y creando todo el arte que cabía entre los pitones diamantinos de los toros de Santa Coloma.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 30 de julio de 2017, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Ana Romero, de excelente presentación, con el cuajo y trapío propios de su encaste, en capas negras y cárdenas. Bravos y encastados en diversas versiones. Primero: Dos puyazos, el primero con espectacular derribo; encastado, por momentos brusco, sin descolgar. Palmas en el arrastre. Segundo: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos; bravo y encastado. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; bravo y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Dos puyazos; duro, encastado y orientado. Leves pitos en el arrastre. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Curro Díaz, de coral y oro: Tres pinchazos y estocada caída (silencio). Estocada hasta la virola (oreja)

 

David Mora, de tabaco y oro: Estocada trasera (oreja). Estocada caída (ovación y saludos).

 

Borja Jiménez, de primera comunión y oro: Estocada casi entera desprendida trasera (oreja). Pinchazo y pinchazo hondo (silencio)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega al mayoral de la ganadería del premio al toro más bravo de 2016

La banda de música ofreció un auténtico concierto de pasodobles, con ritmo y sentimiento torero.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Razón y emoción

Tres figuras anunciadas en el cartel, tres estilos, tres maneras de entender la vida y el toro, tres orígenes, tres trayectorias y tres retóricas distintas.

Si atendemos a la razón el triunfador de la tarde fue, de manera rotunda, Miguel Ángel Perera, quien no entiende de latitudes ni aforos, no sabe de caza menor, y se entrega cada tarde olvidándose de lo que hará mañana.

La seriedad que imprime a su toreo y el rictus con que acomete los avatares de la lidia le aportan aplomo y solemnidad. Perera domina a los toros con asombroso poderío, los conduce por donde quiere, con concepto trigonométrico, y les aplica una ecuación de terrenos y distancias que roza la perfección matemática.

Hoy, con la plaza conmocionada por la escalofriante cogida de Curro Díaz, se ha hecho cargo del toro primero y lo ha pasado de muleta con solvencia. Ha despachado al tercero con una faena sobria, y ha encendido la pasión ante un quinto toro encastado y codicioso, contraste perfecto para todos sus teoremas. Perera es la perfección técnica asistida por el compromiso de la razón.

El orbe taurino reconoce a Curro Díaz su profunda inspiración, la finura de su toreo, y una personalidad como pocas en el escalafón. Mas este torero es mucho más que eso. Es depositario además de un valor sereno que le permite ponerse donde le toro se entrega a sus muñecas o coge con saña. Ayer hubo de ambas. Trasteaba a su flojo primero cuando al salir de un remate el toro se quedó corto, vio al torero descubierto, lo prendió por el abdomen, tirándole dos derrotes, alzándolo al cielo en una pirueta que dio con el cuello del matador sobre el albero en escalofriante postura. Quedó exánime sobre la arena y el toro hizo por él, pasando los pitones cerca de la femoral y del rostro del torero, y no fue mayor el desastre porque los subalternos lo arrastraron tirando de una pierna, lo alejaron del toro y lo izaron con el rostro desencajado para conducirlo a la enfermería. En el ambiente quedó la dramática sensación de cogida grave, tal vez letal. El silencio se apropió de los tendidos ansiosos por recibir noticias del diestro herido. Cuando media hora más tarde enfiló de vuelta el callejón, justo antes de que el cuarto toro saltara a la arena, desprovisto de la chaquetilla, magullado, la plaza prorrumpió en una fuerte ovación de reconocimiento al indómito valor del hombre artista. Y fue en ese turno cuando Curro desplegó su libreto, y prendió en el aire de aromas de toreo caro. El leve aleteo de la muletilla de Curro condujo la ansiosa embestida, primero doblándose por bajo en una serie que valía la entrada, después en redondo, con mando, y al natural con temple y pausa de toreo de otra estirpe. Mató de media estocada delantera que valió una oreja, y el reconocimiento de una afición que ya lo tiene por uno de los suyos. Mañana tiene un nuevo compromiso con toros de Ana Romero y todos sabemos que no se conforma con lo que ayer ofreció en el coso azpeitiarra. Curro es la emoción desatada, pura pasión por el arte de torear.

Roca Rey reaparecía tras una grave cornada recibida días atrás en la Monumental de Pamplona, y todo parece indicar que aún no ha recuperado el sitio en el que desarrolla naturalmente sus argumentos. Trasteó con precauciones, tantas que su propio apoderado le pedía que diera un pasito más, sin que su toreo hueco prendiera en los tendidos. Tal vez más que distancia necesite tiempo.

La razón incontestable de Perera y la emoción desbordante de Curro Díaz mostraron ayer, en la plaza de Azpeitia, los diversos registros del toreo, escenificando una tarde memorable.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 29 de julio de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde soleada y calurosa.

 

Toros de Fuente Ymbro, bien presentados en diversas hechuras, con capas negras y castañas. Primero: Un puyazo; flojo y noble. Segundo: Un puyazo; se viene arriba al final de la faena, repetidor. Tercero: De perfil acarnerado; un marronazo y un puyazo; noble y codicioso. Cuarto: Dos puyazos; bravo, noble y codicioso. Quinto: Un puyazo; pronto, encastado y codicioso; muere con bravura; vuelta al ruedo. Sexto: Un puyazo; flojo y noble.

 

Curro Díaz, de turquesa y oro: Cogido de forma dramática en su primero, pasa a la enfermería inconsciente. Sale a matar el cuarto entre el clamor del público; media estocada caída (oreja)

 

Miguel Ángel Perera, de teja y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Pinchazo y estocada trasera (silencio). Gran estocada sufriendo un desarme y siendo perseguido con saña por el toro (dos orejas). Salió a hombros.

 

Roca Rey, de grana y oro: Cinco pinchazos, estocada delantera, tres golpes de descabello (silencio tras aviso). Pinchazo hondo, un golpe de descabello (ovación tras aviso)

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Iñaki Olaizola, miembro de la comisión taurina fallecido diez meses atrás.

Curro Díaz fue atendido en la enfermería de pérdida de conocimiento, fuertes contusiones y pinzamiento vertebral.

El quinto toro, de nombre Hostelero, ganó la vuelta al ruedo por su encastada pelea.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Rafaelillo abre la puerta del encierro

Abrir la puerta del encierro es una experiencia de enorme carga simbólica, ya que implica que se ha triunfado en una plaza mítica como Pamplona, en la que se lidia el toro más serio del mundo. Es también un hito emocional, pues se ha desafiado con éxito a la muerte ante temibles fieras, cabezas de camada de los hierros de mayor prestigio. Superar el umbral de la Monumental, percibir la luz del atardecer que viene del Baluarte y escuchar los vítores del público entregado, es zambullirse de nuevo en la vida que bulle en cada rincón de la calle Estafeta, Mercaderes y la Plaza del Castillo. Rafaelillo vivió ayer esa experiencia, eufórico, gritando de alegría, ganándose a pulso un triunfo de indudable mérito.

Viajó desde Zahariche un encierro de impresionante trapío, variado de capas, huesudo, alguno destartalado, vareado y con gran alzada. Sin embargo no hicieron gala de su apostura, ni de la leyenda que asegura que lo de Miura es duro, correoso y con tendencia a orientarse, pues la mitad del encierro mostró nobleza y endeblez impropias de su estirpe.

Tuvo enfrente a tres toreros adscritos de oficio a este tipo de corridas, poco placeados en la presente temporada ya que sólo se habían vestido de torero diez veces entre los tres, y fue Rafaelillo quien obtuvo un triunfo sonado. Basó su éxito en un valor descomunal, que le pudo costar caro, pues fue prendido por el cuarto y arrojado al aire con violencia a no menos de dos metros de altura, en dramática voltereta, golpeando en su caída primero en el lomo del toro, y luego en el duro albero pamplonés. La disposición de este torero es siempre conmovedora. Recibe a sus toros de rodillas, allá cuál sea su encaste, ensaya el toreo fundamental, como ayer con su noble y flojo primero, y si el toro no pone la bravura, como hizo el incierto cuarto, torea él por los dos. Rafaelillo porfiaba pases sueltos ante el cárdeno oscuro de 660 kilos, se adentraba de lleno en el terreno del toro, se cruzaba al pitón que correspondiera y, si era necesario, emprendía una breve carrera pensando ya en el nuevo pase. Por momentos sólo se veía toro, pues la levedad del matador contrastaba con la impresionante corpulencia de nevadito, quien por navidad habría cumplido los seis años. Se tira tras la espada con una verdad y un hambre de triunfo como no abundan en el escalafón superior, a toma y daca, buscando el éxito a cualquier precio.

Javier Castaño lidió también un lote variado; noble y flojo su primero, con el que ensayó el pase en redondo y el natural hasta donde las fuerzas del cárdeno claro se lo permitieron, ganando un trofeo. Geniudo y de viaje corto resultó el colorado al que lidió a media altura en una faena medida, que le habría reportado la segunda oreja de no fallar con el descabello. Dejó algunos pases de gran hondura, la impronta de serenidad y dominio, que siempre le acompañan, y algún detalle pintoresco, como citar a su segundo junto a las tablas sentado en una silla.

Rubén Pinar ofreció al sexto, el toro más noble del encierro, una faena pulcra, especialmente por el pitón derecho, por el que el toro mostraba mayor codicia. Los pases, casi todos a media altura, tuvieron todo el temple y el sabor que el trote miureño permitía, mostrando una templanza impropia de quien torea tan pocas tardes. Miró al tendido en una serie de naturales y ensayó un pase circular de trescientos sesenta grados jaleado por la peñas. Sonó la música de la Banda Municipal como homenaje a los pasajes de mayor relevancia artística de una tarde, que le granjearon un merecido trofeo, que pudieron ser dos si el presidente se hubiese dejado llevar por las protestas de una parte del público.

Tres toreros valerosos, cada uno con sus registros, ante una corrida floja y descastada, que sin embargo propició un sonado triunfo. Tal vez, les sirva para continuar siendo referencia en el circuito de las tardes de miedo intenso, y a mantener el hábito de vestirse de luces cada cierto tiempo, para escribir nuevas páginas de gloria.

 

Reseña:

 

Plaza Monumental de Pamplona, lleno en tarde soleada y agradable.

 

Toros de Miura, altos, vareados, huesudos, agalgados, cornalones, variados de capas en negro, cárdeno y castaño; flojos y de comportamiento diverso. Primero: Dos puyazos de mucha sangre; dobla las manos, noble, humillando en algunas fases. Segundo: Dos fuertes puyazos; dobla las manos, noble y codicioso por el pitón derecho, por el izquierdo corta el viaje. Tercero: Un puyazo fuerte y un picotazo; flojo, descastado, de tranco cansino, cabeceando y revolviéndose por el pitón izquierdo. Cuarto: Un puyazo duro y un picotazo; flojo, descastado e incierto. Quinto: Un puyazo y un picotazo; flojo, geniudo y deslucido. Sexto: Un puyazo y un picotazo, codicioso, repetidor, noble por el pitón derecho, corto por el izquierdo; aplaudido en el arrastre.

 

Rafaelillo, de fucsia y oro: Estocada algo caída (oreja); Pinchazo y gran estocada (oreja tras aviso)

 

Javier Castaño, de teja y oro: Estocada delantera caída (oreja) Estocada y seis golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Rubén Pinar, de coral y oro: Dos pinchazos y estocada caída (silencio); Estocada trasera caída (oreja con petición de la segunda)

 

 

Incidencias:

Rafaelillo fue cogido por el cuarto cuando lo pasaba de muleta, y lanzado a dos metros de altura, cayendo sobre el lomo de toro con un fuerte costalazo.

Ambiente festivo en los tendidos, con el repertorio musical habitual en las peñas.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Curro Padilla

Juan José Padilla se ha ganado un lugar en la historia del toreo por su valor temerario, su capacidad de sacrificio, y por haber desarrollado la inusual habilidad  de torear y triunfar con un solo ojo. Se ha erigido también en referente ético del escalafón, pues filtra con frecuencia frases lapidarias que ponen en valor la profesión de torero. Juan José Padilla es además un ídolo en Pamplona, cuya Plaza Monumental le ha acogido como héroe propio, al haber realizado grandes gestas, matando la camada de las ganaderías más temibles con admirable arrojo. Tanto e así que los tendidos de sol, hábitat de las peñas, se pueblan de banderas piratas cada vez que se anuncia el Ciclón de Jerez. Sin embargo lo que ayer se sintió sobre el albero pamplonés no fue mucho más que la leve brisa crepuscular de cualquier pueblo de Sevilla. El cuarto toro le puso en aprietos desde los primeros lances, hasta el punto de soltar el percal y tomar precipitadamente el olivo. Mambrú, hombre de confianza, condujo al toro al caballo sin que el matador intentara si quiera el lucimiento en el primer tercio. Renunció a parear ante la incredulidad del público, e hizo un trasteo insulso desde la inseguridad y la desconfianza más evidentes. Entró a matar dos veces a paso de banderillas, cobrando un pinchazo y media estocada delantera atravesada, tras lo cual escuchó algún tímido pitido desde los tendidos de sombra. Es lo que algún consumado artista, cuyo nombre no se cita, habría realizado en una mala tarde.

Espantá canónica de Curro Padilla.

La explicación de semejante comportamiento puede ser tan trivial como que estaba aquejado de alguna dolencia física, o que su estado de ánimo no era el idóneo para afrontar el reto que siempre supone Pamplona, una de las cumbres míticas del calendario taurino. Si así fuera habrá que añadir que todos tenemos el derecho al fallo, y más aún aquellos que con voluntad inquebrantable, se lo han jugado todo a lo largo de un cuarto de siglo de profesión en busca de la gloria que ya han alcanzado. Si las causas fueran otras, que no se deben aventurar, habrá que decirle al hombre que su leyenda es demasiado grande, y no puede permitirse la frivolidad de mancillarla sin sentido.

Sus compañeros de terna, sin embargo, volvieron a mostrar ayer la razones por las que se visten de luces tantas tardes, y por qué son aclamados por la mayoría de los públicos del orbe taurino.

Fandi saluda a sus toros con largas cambiadas; se luce en quites variados por chicuelinas, navarras y lopecinas; clava banderillas al cuarteo, de poder a poder y al violín, para los toros corriendo delante con una mano en el testuz exhibiendo unas condiciones atléticas que sorprenden; ciñe naturales, torea en redondo, alardea, se arrodilla, y entra a herir con una fe y un arrojo que siempre calan en los tendidos, pues genera una emoción sincera que se contagia. Fandi es valiente, entregado y muestra un perfil amable y espontáneo que gana afectos desde que se abre de capa hasta que abandona el circo montera en mano.

Manuel Escribano alberga un valor seco y sereno que conmueve. Ayer en Pamplona se fue por dos veces a portagayola lanzando al aire largas cambiadas de rodillas de las que salió indemne de manera milagrosa. Galleó por chicuelinas y por navarras, prendió los pares al quiebro en terrenos comprometidos, inició su faenas con pases cambiados angustiosos, templó al natural mirando al tendido, pisó terrenos inverosímiles, y se tiró tras el estoque a toma y daca con aparente desprecio de su integridad física. Un valiente sin retórica.

La corrida de Fuente Ymbro, floja y descastada, puso en evidencia la voluntad de dos valientes, y el cambio de registro de un torero mítico, al que debe recordarse como un referente en la Tauromaquia de los albores del siglo XXI

Maestro Padilla, desde la admiración y el afecto, piense en qué le queda por ganar, y cuánto puede perder.

 

Reseña:

 

Plaza Monumental de Pamplona, lleno en tarde agradable con nubes y claros.

 

Toros de Fuente Ymbro, cornalones, desiguales de tipo, con romana y alzada, en capas negras y castañas. De comportamiento decepcionante, flojos y descastados. Primero: inédito al partirse el cuerno izquierdo por la cepa en su primera embestida al burladero. Primero bis: Dos puyazos, empleándose en el primero a favor de querencia; flojo, descastado y manso; pitado al arrastre. Segundo: Un puyazo y un picotazo; deslucido, con la cara alta, colándose en varias ocasiones y tirando tornillazos al final de los pases. Tercero: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble; aplaudido al arrastre. Cuarto: Un puyazo alevoso trasero y un picotazo; rehúsa hasta cuatro veces teniendo su matador que cambiar los terrenos para la suerte de varas; descastado. Quinto: Un puyazo y un picotazo; flojo y deslucido. Sexto: Dos puyazos, de feo estilo, flojo y descastado.

 

Juan José Padilla, de turquesa y oro: Media estocada y dos golpes de descabello (silencio); Pinchazo a paso de banderillas, media estocada delantera atravesada a paso de banderillas (algunos pitos)

 

El Fandi, de pizarra y oro: Estocada casi entera trasera tendida (silencio) Pinchazo hondo, dobla el toro, lo levanta el puntillero, aviso, tres golpes de descabello (ovación y saludos tras aviso)

 

Manuel Escribano, de berenjena y azabache: Dos pinchazos (ovación y saludos); Metisaca, pinchazo hondo, aviso, bajonazo casi entero (silencio)

 

 

Incidencias:

Ambiente festivo en los tendidos, con profusión musical, salvo en los toros cuarto y quinto, momento en el que los mozos despachan la tradicional merienda.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Valdefresno: “El toreo tiene que evolucionar hacia la creatividad y la emoción”

Los nombres nunca son casuales. Todos tienen una causa y muchos un efecto. La etimología del encaste que trabajan con pasión José Enrique y Nicolás Fraile es premonitoria: Atanasio significa inmortal.

Si de ellos dependiera así sería “ad eternum”. Estos jóvenes ganaderos han afrontado muchas dificultades, han sido tentados por otras sangres más dulces, han sufrido la incomprensión de una parte de la crítica, han sido ignorados por algunos generales del escalafón de matadores, y sin embargo siguen creyendo en un encaste que hace pocos años era santo y seña del campo charro. Su tesón es admirable.

Nos reciben en la finca Valdefresno, que nomina a la ganadería por la que trabajan desde su fundación. Es la primera tarde de junio, el sol brilla con todo su esplendor, y el calor aprieta también en el porche en el que tiene lugar el encuentro. No rehúyen ningún asunto, explican el pasado, viven el presente, y hablan del futuro con la confianza de quien sabe que sólo cabe la victoria.

 

¿Cómo es el toro de Valdefresno?

 

José Enrique Fraile: Es un toro especial y particular. Por desgracia en los últimos tiempos este encaste Atanasio-Lisardo va desapareciendo. En Salamanca era hace algunos años mayoritario, y hoy somos nosotros y pocos más los que lo llevamos. Sólo por el hecho de ser distinto ya es interesante.

A diferencia del toro que se pide hoy éste es un encaste frío, con algunas manifestaciones de mansedumbre, pero que conociéndolo, esperándolo y haciendo al toro propicia el triunfo.

El toro actual de las Ferias sale embistiendo, es predecible, sale caliente y embiste al capote desde el primer momento. El nuestro es diferente.

 

El toro de Atanasio ha sido tradicionalmente un toro más difícil, que exigía más a los toreros.

 

José Enrique Fraile: Éste es bravo, pero el torero tiene que hacer por él, tiene que ir construyendo para que en los últimos diez minutos lo de todo. Pero eso tiene que proyectarse desde el principio. El torero y la cuadrilla tienen que ir por delante de él, consintiéndolo en algunos momentos, dejándolo, para pedírselo todo al final.

En realidad todos buscamos lo mismo, un toro que tenga raza y sea bravo, que tenga recorrido, que humille, que sea obediente pero con transmisión.

 

ganadería de valdefresno

 

Con las peculiaridades propias de cada encaste.

 

José Enrique Fraile: Una de las grandes riquezas que tiene la Fiesta, tanto en toreros como en ganaderos, es la diversidad. Ver salir a un toro y conocer su encaste por la morfología es muy importante.

Tiene el hándicap de la falta de previsibilidad o falta de formación del torero. Ya desde las escuelas aprenden según la predictibilidad del toro de hoy. Sin embargo antiguamente los maletillas, cuando iban de tapias, aprendían según el encaste de que se tratase.

En algunos casos el torero se encuentra por primera vez en la plaza con este encaste, y lo reconocen. Otros en cambio están ya experimentados.

 

¿Cómo se hacen los tentaderos en esta casa?

 

Nicolás Fraile: Como toda la vida. Llevamos viendo tentar desde que nacimos. Los criterios son los clásicos. Somos rigurosos con el caballo. Las vacas de dos años deben ir cuatro, cinco, seis veces, con entrega, alegría, raza, y emplearse en el peto. Para que una vaca sea aprobada tiene que ir bien al caballo. Después pasa al tercio de muleta y la verdad es que se les exige mucho. Les exigimos como en tres faenas de plaza. Una vaca buena que aprobemos recibe cien o ciento veinte muletazos. Se les obliga a faenas largas, para ver el fondo de raza, tanto en el caballo como en la muleta. Buscamos bravura, clase entrega, nobleza, y que tenga mucho fondo.

 

¿Y los sementales?

 

Nicolás Fraile: Algo parecido; en el caballo les exigimos ocho puyazos. Primero hacemos una selección genética, y luego con parámetros morfológicos. De la camada de cien o ciento veinte machos seleccionamos diez o doce por nota, y al final metemos a la plaza tres o cuatro que cumplen todos los requisitos. Se evoluciona, los tentaderos de hace treinta años no eran lo mismo, pero buscamos bravura, duración, clase. A lo mejor nuestra percepción va cambiando, pero la esencia de las tientas no.

 

¿Qué es lo que nunca perdonaríais a un toro de vuestro hierro?

 

Nicolás: Cuando se raja de verdad, cuando no quiere pelea y se te echa en el ruedo. Afortunadamente hace años que no nos pasa.

 

José Enrique: Echarse no se ha echado ninguno. Y es un encaste llamado, no a echarse, pero sí a que salgan tirando las patas. Es una característica de su naturaleza que va superando con la lidia. Es inteligente, estudia la huida para irse a su territorio. La lidia está pensada para que el toro de la cara, y los nuestros lo hacen, pero en este encaste está asumido que alguno tire las patas.

 

Nicolás: Un escalón inferior a echarse es cuando un torero lo está cuajando de verdad y el toro dice “hasta aquí he llegado”, y se larga.

 

José Enrique: Otros borrones son por falta de raza, por falta de estilo; no necesariamente por huir. A lo mejor se le puede hacer una faena en tablas interesante. Ese toro que emplea la falta de raza no huyendo ni metiéndose con nadie, sino en mal estilo, de no humillar, de saber lo que se queda detrás, de levantar la cara. Cuando le veo ese estilo me siento mal porque es una cosa que tenemos que superar. No es fácil ya que algunas veces dan saltos atrás y del mismo semental y la misma vaca te salen hijos completamente diferentes. Está dentro de los riesgos que corremos los ganaderos. Más que la mansedumbre en si, que no me gusta, evidentemente, el que utilice la mansedumbre con mala clase y mal estilo me molesta.

 

ganadería valdefresno

 

Tras una selección esmerada, rozando la perfección técnica, sale sin embargo un toro deslucido. ¿Cómo se vive esta circunstancia?

Nicolás: Lo vives mal, son fracasos personales. El razonamiento es lógico: seleccionamos comportamiento. En cualquier selección genética, cuando hay parámetros cuantificables, es relativamente sencillo; carne, leche, kilos, litros. Eso es fácil porque es medible. El carácter es muy variable, intervienen miles de factores y eso es muy cambiante. Es como las personas, uno es más simpático y otro habla mejor. Nos basamos en porcentaje de acierto. Hay veces que por genealogía homogénea de padre y madre, tienes la máxima confianza. Y sin embargo ese día pegas el mayor petardo.

 

Ese mismo toro lidiado veinticuatro horas antes o veinticuatro horas después tal vez tuviera un comportamiento diferente

 

José Enrique: Pues sí. Muchas veces los condicionante externos como el transporte, el manejo en las últimas horas o el ambiente influyen. Son muchas cosas que se nos escapan. Nuestra obligación es que el toro supere todas esas cosas que le pasan en las últimas cuarenta y ocho horas. Muchas en muy poco tiempo, muy diferentes a las que le han pasado en su vida salvaje o semisalvaje. Nosotros los tenemos sueltos en el monte hasta los tres años y medio, casi sin manejo, viven a su aire en el campo. Un mal golpe, una puerta que se mueve, falta de apetito o sed, el calor, un mal puyazo, un derrote, e incluso que tenga fiebre por el estrés del transporte pueden condicionar su comportamiento.

 

Nicolás: Yo creo que el toro habría sido el mismo la víspera o al día siguiente, pero todos estos elementos externos tienen una gran influencia. No creo que un día esté apático por falta de sol y otro más animado por la luz. Pero los acontecimientos previos a la lidia y la propia lidia sí inciden.

 

José Enrique: Lo que sí influye mucho es la lidia que le de una cuadrilla. Eso sí lo vemos nosotros. Que lo lidie uno u otro es fundamental. Que lo entienda y que tenga el día el matador. Si no ves el toro y desconfías de él las cosas no se hacen bien, y aquello se tuerce.

 

Nicolás: Pero al final lo que puede cambiar la condición del toro es lo que le rodea.

 

José Enrique: Que el torero saque o no todo lo que lleva dentro es determinante. Porque el toro, si no hay éxito, es el que se lleva todos los palos, aunque con otra lidia habría sido completamente diferente.

 

Ganadería de Valdefresno.

 

¿Leéis las crónicas o ya estáis escarmentados?

 

Nicolás: Todavía de vez en cuando echamos un vistazo.

 

José Enrique: El encaste y nuestra ganadería están sufriendo ataques desde diversos sectores. El torero no la demanda…

 

Nicolás: …Otros sí, como Perera, Castella, Ponce y algunos más…

 

José Enrique: … pero otros no, y eso condiciona nuestra presencia en las ferias. Si hay que dar cabida a muchos toreros en un mismo cartel es necesario que se pongan todos de acuerdo con la ganadería. Estamos en un buen momento pero en Madrid las cosas no salieron bien, hay que reconocerlo. Nuestra lucha está en mantener este encaste. Nos dicen que cambiemos, pero a nosotros nos gusta, nos hemos criado con él y vamos a seguir para adelante, aunque algunos nos tilden de locos. Nos consideran buenos ganaderos y por eso asumimos la dificultad de la selección y de convencer a los toreros. Todo esto es bastante duro. La lucha es complicada, y recibimos críticas cuando las cosas no salen.

 

¿Qué toreos entienden mejor este encaste?

 

José Enrique: Ponce está magistral con lo de Atanasio. Perera y Castella han triunfado mucho con ello. El Cid también.

 

Nicolás: El otro día estábamos en Madrid con dos novilleros que iban a actuar en Las Ventas y les preguntamos si les gustaba el encaste. Nos dijeron que nunca habían toreado. Uno había tentado aquí dos becerras el año pasado, pero el otro cero. Es un ciclo, si no lo toreas no lo entiendes, y si no lo entiendes no lo pides.

 

ganadería de valdefresno

 

Una circunstancia muy llamativa es que conceptos fundamentales en el toreo son interpretados de forma muy diferente por sus protagonistas ¿Qué es para vosotros la bravura?

Nicolás: Es un compendio de cualidades. Es un instinto de ataque. Los ganaderos la moldeamos para que no se vaya al genio, sino a la casta. Acometer, fondo, duración, instinto de lucha, vender cara su vida embistiendo, y querer luchar hasta el final.

 

José Enrique: Hay otro sentido de la palabra, que tampoco se puede decir muy alto. Estamos muy condicionados porque el torero lo quiera torear. Hay quien dice que si te pasas de bravo te quedas con los toros en casa. Sin embargo ahora hay toreros poderosos que necesitan el toro bravo para el triunfo. Hemos superado un ciclo muy malo en el que se ha quitado importancia al toro. La bravura es necesaria, pero con ciertas condiciones de nobleza y humillación. La bravura muchas veces implica una problemática que el torero tiene que solventar. Por eso se decía “el toro de cinco y el torero de veinticinco”. Toreros con cuarenta años a lo mejor no pueden tanto, hay que tener facultades para poderles. Aunque el ganadero se tiene que adaptar a los tiempos, creo que hoy es necesaria un poco más de emoción y vibración en la plaza. Deberían dejarnos trabajar con un pelín más de bravura. Y sin miedos. Siempre comedida, pero bravura. Nosotros somos muy exigentes, le damos mucha importancia al caballo, y hoy pasa muchas veces desapercibido porque se busca sólo el último tercio.

 

¿Se han pasado algunos echando agua al vino?

 

José Enrique: No. Siempre ha habido miedo, pero al ganadero le gusta el bravo, el fondo del ganadero es bravo y disfruta con la bravura.

 

Nicolás: La bravura es querer luchar hasta el final, pero debe ir acompañada de casta, entrega, fijeza, repetición. Ese compendio es lo que buscamos. Los hay muy bravos pero con la cara a media altura o que buscan por dentro. Para mi la bravura no sólo es querer embestir.

Realmente hay dos líneas: la de la bravura y la raza; y la de la nobleza y la clase. Depende de dónde quieras tener la ganadería. El punto intermedio es el ideal, pero si estás por la bravura te puede salir genio; y si estás en la nobleza, te puede salir soso, manso y aburrido. La bravura le da el fondo y las ganas de embestir, pero tiene que ir acompañada de más cosas.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

Si en el concepto de bravura es difícil ponerse de acuerdo, en casta más aún. ¿Cómo se entiende la casta en Valdefresno?

José Enrique: Hay muchos matices en estas palabras, pero yo creo que significan lo mismo. Que salga bravo o salga encastado es lo mismo, estamos llamando de dos formas a la misma cosa.

 

Nicolás: La casta se parece mucho a la raza, la acometividad.

 

José Enrique: Un animal bravo y uno encastado son lo mismo. Hoy en día se emplea más la palabra casta para definir algunas características del toro asociadas a la dificultad. Y la bravura para la movilidad, vibración, emotividad. Pero realmente son lo mismo.

 

Llevamos trescientos años hablando de casta y bravura en libros, revistas y miles de foros, y luego no hay acuerdo en lo que significan.

 

Nicolás: Por eso es tan difícil seleccionar ésto, porque hablamos de cosas subjetivas, de interpretación. Cada torero, cada ganadero, cada aficionado ve el mismo animal de muy distintas formas, es todo interpretable. Que yo vea un toro de una forma y que un aficionado sentado en el tendido cuatro lo vea de la misma manera es muy difícil. Esa es la dificultad y la grandeza de esta Fiesta.

 

José Enrique: No es fácil homogeneizarlo, especialmente en algunos encastes como el nuestro.

 

ganadería valdefresno

 

¿Cómo veis el futuro de la Fiesta? Es más, ¿creéis que la Fiesta tiene futuro?

 

José Enrique: Como ganadero y como aficionado no entiendo la vida sin el toro. Ver, como ayer, una plaza como la de Madrid, llena, nos da una gran alegría. Soy consciente del momento actual, debemos estar atentos. Sin embargo, si vives en tu mundo con taurinos, todo sigue igual que siempre.

 

El cambio social es imparable. Costumbres, ideas, estilos de vida…

 

José Enrique: Sí, en otros círculos ya nadie sabe de toros, lo único que comentan es que el toreo está muy mal, pero yo vivo de ello. Ésto nos hace pensar. Vemos gente joven que viene apretando en afición, aunque el porcentaje será menos que hace treinta años. Queremos defenderlo y que nos dejen desarrollar nuestra afición, nuestra cultura. El problema es que el tiempo pasa. Ha habido una época mala y todos los estamentos de la Fiesta tenemos parte de culpa. A parte del ataque externo, hay una presión interna, que se respira. Hay gente que opina que el cáncer está dentro de la Fiesta; yo creo que no es así. Incluso algún empresario que mire sólo por su bolsillo defenderá esto algo. Yo soy optimista porque no hay en el mundo un espectáculo como éste. Todo se te olvida cuando estás en la plaza y ves correr un toro y ves a un hombre ponerse delante de él.

 

Es la autenticidad de la Fiesta.

 

José Enrique: Exactamente. Aquí todo es verdad; ni teatro, ni cine ni deporte. No hay nada que se le parezca, ni que se le vaya a parecer en la vida. Hay mucha gente que aprecia esa diferencia. Ahí radica también el ataque externo, porque es la lucha con un animal. No es fácil de defender, pero es lo que más diferencia, y hay que luchar por eso. Cambiar el espectáculo sería un error y el inicio de la decadencia. Y por esa grandeza, pensando en difundirla como hace Toro Cultura, tenemos que unirnos todos y mostrarlo al mundo. Mucha gente lo está viendo, aunque la tendencia de la humanidad es otra, y el tiempo pasa, el espectáculo es auténtico y real. De ser algo grande y considerado hemos pasado a tener que defendernos como una minoría. La injusticia y la intolerancia es lo que puede llegar a absorbernos sin sentido.

 

Lamentablemente hoy son muchas las amenazas.

 

José Enrique: Un hecho político, sucesos internacionales, animalismo, intereses industriales, proteínas vegetales, son los que nos ponen en riesgo. Para promocional su producto atacan a nuestra cultura. Ese terreno es difícil. Hoy en día es imposible que desaparezca, aunque el ataque es brutal. Se cierran heridas pero se abren por otro lado. En lo que a nosotros respecta no entendemos la vida sin ésto.

 

ganadería valdefresno

 

¿Creéis que vuestros nietos seguirán criando toros bravos?

 

Nicolás: La vida da muchas vueltas. Nosotros somos la cuarta generación de ganaderos y me gustaría que también lo fueran mis nietos. No tengo duda de que vaya a haber toros dentro de cincuenta años. Los va a haber seguro, evolucionará, porque estamos en una sociedad desorientada, con una crisis de valores tremenda y a los toros nos afecta también, como afecta a todo lo demás. Se ataca a las minorías muchas veces sin sentido. Se me ha quedado grabado lo de Barcelona, donde se ponían delante de la plaza una docena de paisanos pintados de rojo insultando a los, como mínimo, cinco mil que íbamos a los toros. Daban pena. Nuestro nietos, espero que tengan la oportunidad, y luego que elijan. Nosotros queremos seguir en ello y creemos que la sociedad ha de seguir en ello. Es cierto que hay una desconexión de la sociedad con el sector taurino, gente normal, que ha perdido el vínculo con el mundo rural, incluso aquí en Salamanca. Pasaremos momentos mejores y peores, pero no puede desaparecer una Fiesta con esta grandeza. Al final esto es la cultura de un país.

 

José Enrique: El ataque al toro es una pequeña parte de su estrategia, pero es una bandera importante para ellos, porque hacen mucho ruido, es muy vistoso, se ve sangre, un hombre, un animal. Están equiparando al animal con el hombre, a todos los animales, y es un sinsentido. Dentro de las raíces filosóficas, culturales y religiosas ha habido siempre una diferenciación entre el hombre y el animal, y ahí entra el sentido de los grandes pensadores, el humanismo. La sociedad, en muchos casos mira para otro lado, sigue comiendo carne animal, pero no quiere saber de este conflicto. Tampoco se mira a la muerte, se actúa como si se fuera a vivir siempre. Creo que estos valores que el toreo muestra se deben conservar siempre, pero somos un blanco muy fácil y muy vistoso que ellos rentabilizan mucho.

 

Federico Arnás dijo hace unos meses en la Universidad de Navarra que el principal problema de la Fiesta es que prevalecen los intereses particulares sobre los generales. ¿Haría falta un órgano supraorganizativo?

 

Nicolás: Sí que prevalecen. Cada uno mira sólo a su campo, y no más allá. Hay una integración entre empresario y torero que con frecuencia parece un intercambio de cromos. El empresario debería ser independiente del resto de sectores. Es el encargado de montar un espectáculo que interese al aficionado y cree afición. Esta situación de pliegos, no siempre es justa. La confluencia de grandes grupos empresariales con cuatro o cinco figuras cada uno no es la mejor forma. Ahora, la verdad, no está bien organizado.

 

José Enrique: En esto sí que ha habido cambios. Antes había seis o siete empresarios con intereses distintos, y decenas de toreros con intereses también diferentes. El empresario llegaba, compraba el ganado, buscaba a los toreros en pugna con otros empresarios. Esta integración no ha venido bien a la Fiesta. Cuando había guerras de empresarios, toreros y ganaderos creaban una competencia que daba interés al toreo. Estaría bien crear un órgano para defender a la Fiesta.

 

Nicolás: En el mes de abril lo de septiembre ya está hecho el noventa por ciento de la programación. Los grupos ya lo tienen todo acordado.

 

José Enrique: Y el objetivo de un novillero es entrar en el sistema, porque si no sabe que no tendrá futuro.

 

Esto al final es un negocio para todos.

 

Nicolás: Nosotros vivimos de esto y tenemos que trabajar duro. Hemos diversificado para que la crianza del bravo pueda mantenerse. El ganadero, a diferencia del resto de intervinientes, tiene todo su patrimonio invertido en la ganadería. Empresarios y toreros pueden sacar dinero del toro e invertirlo en otro lado. Eso es lo que está mal organizado.

 

¿Quien vela por los intereses legítimos de la Tauromaquia?. No hay una institución, una federación, un garante de que el toreo tenga futuro.

 

José Enrique: Es lo que tú decías, cada uno vela en su casa por sus intereses. Nosotros nos entregamos a la ganadería.

 

Nicolás: No encontramos ayuda en ninguna parte, ni si quiera en las Administraciones. No es lo mismo sanear lo manso que lo bravo y son todo trabas. En vez de ayudar te obstaculizan. En cuanto pueden te matan la ganadería por alguna enfermedad o por un fallo. Defendemos la naturaleza, la cultura y un estilo de vida. Después se vende como polo de atractivo turístico, pero no ayudan en su conservación.

 

¿Qué tal os lleváis con los veedores?

 

Nicolás: Bien, es una figura extraña, sobre todo el de empresa, que no tiene sentido hoy en día. La verdad es que no tenemos problemas porque nosotros cumplimos con lo que decimos.

 

ganadaría valdefresno

 

¿Cómo será el toro dentro de veinte años?

 

José Enrique: Será bueno saberlo y acertarlo, porque eso sería garantía de éxito. Creo que el espectáculo seguirá girando hacia el último tercio.

 

Nicolás: Los toreros están ahora más preparados que nunca y la Fiesta se va a mantener por su dimensión artística. El toreo debe ser una explosión de creatividad …

 

José Enrique: … y de emoción …

 

Nicolás: .. creo que va a derivar hacia la creatividad, la impredecibilidad, que haya sorpresa en la plaza, que te hagan poner de pie. Me gustaría que se encaminara hacia las emociones por ser impredecible. Cuando se haga predecible, y ahora estamos en ese derrotero, esto pierde gran parte de su esencia. Ojalá que dentro de veinte años estemos con la creatividad de Morante, Talavante … que haya sorpresas. Y el toro debe evolucionar hacia la clase, la bravura, y sorprender.

 

José Enrique: Creo que también el público debe educarse para valorar eso. Si un torero te sorprende …

 

Nicolás: …El público tiene que evolucionar en paralelo, dejarse llevar por las emociones…

 

José Enrique: …Eso es, y no estar tan entablado en ver ocho series y que el toro vaya y venga . Tanta técnica …

 

Nicolás: Tan perfectos son los toreros que saben muy bien cómo va a evolucionar el toro, lo manejan. Hay que improvisar más. Nos hemos distanciado de ese modelo y tenemos que volver a él. Hace falta personalidad y diferenciación. No esta bien que todos los toreros hagan la misma faena.

 

José Enrique: Es una mezcla entre pureza, esencia y personalidad de cada uno. Al igual que estamos defendiendo la diversidad de encastes tenemos que defender la diversidad de toreros y dejar que cada uno desarrolle su personalidad, no ser tan técnico y tan predecible.

 

Nicolás: Eso será lo que le dé salud a la Fiesta en los próximos veinte años.

 

José Enrique: Ahora hay tres toreros diferentes que te pueden sorprender, con toro y sin toro. Tal vez con sólo tres series pueden enloquecer a la afición, pero hay que permitir que pase eso. Tu ves lo que pasa en Madrid y hay una crítica excesiva.

 

Nicolás: El toreo tiene que evolucionar a ralentizar el movimiento del toro, y eso es lo que hace que sea plástico, no pegarle sesenta muletazos. Ser capaz de torearlo más despacio.

 

José Enrique: Fíjate que controversia. Yo vi la corrida de Miura de este año en Sevilla, y me sigo acordando de la tanda de naturales que le pegó Pepe Moral a un toro de Miura, despacio, despacio, como si fuese un toro de carretón. Con el primer muletazo la plaza ya se emocionó porque no lo esperaba. Las faenas seriadas no llegan tanto al público. Hay que torear despacio, ser creativo e inundar el aire de sensaciones. Es la forma de asegurar el futuro de la Tauromaquia.

 

Nicolás: Pero eso hay que permitirlo. La crítica y el aficionado debe comprender esta evolución.

 

Esperemos que así sea y dentro de veinte años podamos hablar de cómo será el toro de dentro de cuarenta. José Enrique, Nicolás, gracias por vuestra hospitalidad y por compartir con nuestros lectores vuestra experiencia y vuestro conocimiento.

 

José Enrique: Gracias a vosotros por difundir la cultura del toreo.

Nicolás: Un saludo para todos.

 

 

Javier Bustamante para

Toro Cultura