Conmovedora entrega de toreo seco

Venían a matar la de Miura en Bilbao con poco bagaje, los tres legos en la mítica divisa, y dieron una tarde de conmovedora entrega, y por momentos buen toreo. Matar la de Miura en Bilbao fue siempre un grave compromiso, pues salían de chiqueros impetuosos, derribaban a los montados y desarrollaban en los demás tercios una casta fiera que por momentos parecía felina.

Para esta última entrega viajó desde Lora del Río un encierro de impresionante trapío, ovacionado de salida que, salvo el jugado en último turno, resultó áspero y descastado. Con semejante género hubieron de pechar, mas no pareció importarles, tal vez lo sospechaban desde el momento en que cerraron el contrato, pues se pusieron a lidiar, cada uno en su estilo, y dieron una tarde de toreo seco.

Saúl Jiménez Fortes emplea su valor irrefutable para engendrar arte. Se pone firme, hierático, con los talones hundidos en la arena, y pasa a los toros sin reparar en capas ni divisas. Esta tarde ha lidiado con dos hercúleos toros mansos y descastados, los ha conducido con mano de seda, citando con suave toque y embarcando sus tímidas embestidas con largura y regusto torero. Ha entregado su cuerpo a la obra artística que proyecta, y no ha demudado el rostro, allá le prendan los toros o le arrollen. Su discurso ha sido cierto desde que se abrió de capa tras el paseíllo hasta que descabelló el cuarto, sin alharacas ni metáforas, palabra cabal y verbo en gerundio.

Juan Leal se hizo presente en el patio de cuadrillas vistiendo un terno impoluto celeste y oro, cabello rubio sedoso, rostro luminoso y mirada de niño travieso, y sin embargo ha dado una lección de valor que por momentos rayaba en lo temerario, siendo volteado dramáticamente cuando pasaba al segundo. Ha habido más valor que toreo, más porfía que temple, más cercanía que ligazón, si bien habrá de reconocérsele el mérito de aceptar el desafío de Zahariche cuando apenas era su quinto paseíllo de la temporada. Dice Joxin Iriarte que el valor es el fundamento, porque la técnica se aprende. Será que aquí hay torero.

Román, con su melena dorada al viento, su mirada pizpireta y su inquebrantable sonrisa, ha lidiado con majeza al manso berreón que hizo tercero, y toreado, en sentido estricto del término, a un bellísimo cárdeno de impresionante trapío jugado en sexto lugar. Citó con verdad y leve toque, corrió la mano, templó y ligó con inspiración de torero grande. Al natural compuso dos series que pocos del escalafón superior habrían si quiera intentado, con empaque e inspiración propias de un torero en sazón. Se tiró a matar como si le esperara la gloria cobrando una gran estocada que valió un merecido trofeo.

Venían a jugarse la vida y la ganaron, ansiaban el triunfo y lo acariciaron, sueñan con nuevos contratos y deben tenerlos por derecho.

Aquí hay torería y talento para grandes gestas.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintisiete de agosto de 2017, un cuarto del aforo cubierto en tarde de tiempo variable.

 

Toros de Miura de impresionante trapío, altos, agalgados, huesudos, degollados, en capas cárdenas y negras. Todos ovacionados de salida, especialmente en sexto, un cárdeno de bella lámina decimonónica. Primero: Un puyazo y un picotazo; flojo y descastado. Palmas al arrastre. Segundo: Dos puyazos; flojo, bronco y descastado. Palmas. Tercero: Un puyazo y un picotazo, flojo, descastado y berreón. Ovación. Cuarto: Un puyazo y un picotazo; flojo, parado, distraído, berreón y descastado. Pitos. Quinto: Dos puyazos; flojo, distraído, manso y descastado. Pitos. Sexto: Dos puyazos empleándose; noble. Ovación.

 

Fortes, de pizarra y plata: Pinchazo al encuentro y estocada (ovación y saludos). Dos pinchazos, estocada trasera y un golpe de descabello (silencio tras aviso).

 

Juan Leal, de celeste y oro: Media estocada (vuelta). Pinchazo y estocada a toma y daca de la que sale golpeado en el pecho (vuelta).

 

Román, de nazareno y oro: Pinchazo hondo y gran estocada (ovación y saludos). Gran estocada (oreja).

 

 

Incidencias:

Última de las Corridas Generales de 2017

Una hora antes de la corrida descargó una fuerte tormenta que retrajo, posiblemente, a muchos aficionados.

Juan Leal y Román hicieron el paseíllo desmonterados, pues se presentaban en esta plaza.

Fortes lo hizo con un capote de paseo de vanguardista diseño sin liar.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Descastados

Aunque los taurinos no estén plenamente de acuerdo con el significado del término descastado, es seguro que el cónclave, de manera unánime, convendría que el comportamiento de los toros de El Puerto de San Lorenzo jugados esta tarde sobre el cárdeno albero de Vista Alegre merece semejante calificativo.

Salían con alegría de chiqueros, oteaban telas flameantes y les mostraban la grupa con desprecio, emprendiendo camino opuesto a donde hubiera monteras y capotes. Circundaban el ruedo con majeza charra, vistiendo capas de luto riguroso, y ya tenían el ojo puesto en la puerta por la que salieron, que en lógica bovina habría de devolverles a la dehesa.

Veían las plazas montadas gastando castoreño añejo, artilladas con puyas lacerantes y ponían los pies en polvorosa, en algún caso con evidentes síntomas de pánico, pues en el rostro se les veía a los picadores que iban con la intención de herir, y lo que es peor, de paso calibrar la bravura. Hubo una excepción, que fue el cuarto, quien astilló los burladeros con la penca del rabo enhiesta y empujó con intención en sus dos encuentros con el piquero, si bien devino también en manso por causas aún no del todo aclaradas.

Veían a sus lidiadores, vestidos de sedas y oros rutilantes, muleta en mano, postura aflamencada en el cite, afectación en el rostro, y ánimo de torear y se les venía el cielo encima, pues eso de embestir será para otra estirpe menos lustrosa que la de estos Atanasios, santo y seña de la cabaña brava, que lleva lustros acreditando su reata.

Los matadores anunciados pronto detectaron la catadura del género, y sin embargo hicieron valer el contrato y se pusieron a pegar pases, más derechazos que naturales, más a media altura que por bajo, más protocolarios que emocionantes, más acompañando viajes cansinos que templando embestidas impetuosas.

En semejante trance algunos de los toros reculaban ante las pañosas, y otro, concretamente el cuarto, hizo que se caía, arguyendo la dureza de la lida, y estuvo un rato tumbado para tomar aire y de paso desgastar al rival por el esfuerzo de levantarlo. Hizo amago de volver a echarse, amorcillado, antes de que Ponce entrara a herir, pero el maestro, que en el conocimiento de las intenciones del toro es catedrático, se tiró tras la espada y le ganó la partida en el último suspiro.

A estas horas debe de haber conciliábulo en Puerto de la Calderilla, y ya habrán repasado don Lorenzo y sus hijos el libro de la ganadería, y revisado la críptica fórmula de la casta brava que tan buen resultado ha ofrecido otras tardes. Tal vez hayan llamado a capítulo a algún semental para afearle la conducta, o a alguna vaca por si saltó el cercado y tuvo coyunta con algún torito guapo de media casta. Todo con el rigor solemne que emplea la reconocida familia de criadores charra, devota y practicante del legendario encaste que fundara don Atanasio casi un siglo atrás.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintiseis de agosto de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde nubosa y agradable.

 

Toros de Puerto de San Lorenzo justos de presentación, con capas negras. Primero: Dos puyazos; abanto, flojo, manso y descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Dos puyazos; flojo, manso y descastado. Palmas. Tercero: Dos puyazos, se lesiona en la mano derecha en el segundo tercio y su matador opta por abreviar. Silencio. Cuarto: Dos puyazos empujando; flojo, parado y manso. Pitos. Quinto: Dos puyazos, el segundo en la puerta de chiqueros, de los que sale suelto; manso y descastado. Pitos. Sexto: Dos puyazos; flojo y descastado. Silencio.

 

Enrique Ponce, de azul marino y oro: Pinchazo y gran estocada (ovación y saludos). Estocada trasera desprendida (ovación y saludos).

 

Diego Urdiales, de verde musgo y oro: Estocada (oreja). Cuatro pinchazos, estocada delantera y tres golpes de descabello (silencio).

 

Roca Rey, de teja y oro: Gran estocada saliendo desarmado (silencio). Gran estocada (oreja con petición de la segunda).

 

 

Incidencias:

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Dámaso González fallecido esta madrugada.

El público ovacionó a Enrique Ponce tras el paseíllo, quien salió a saludar, invitando a sus compañeros de terna.

 

 

 

Francisco Montes

para Toro Cultura

 

El maestro de hipnosis

El maestro Enrique Ponce tiene un don del que disfrutan pocos toreros, pues es capaz de hipnotizar a cuantos hombres y animales encuentre en su rededor, y lograr de ellos el comportamiento que pretende. Véase si no su faena al cuarto toro de esta tarde en Vista Alegre, al que, una vez inducido al trance, condujo con asombrosa suavidad y temple hacia el terreno donde aún podía lograr algún pase más. Se adornó también y dejó las femorales al alcance de los dos puñales que tenía en la frente el de Victoriano, mas no le hirió, porque para ese momento el conjuro ya había causado efecto. Cuando la poca bravura del toro ya se había agotado montó la espada despacioso y dejó en el hoyo de las agujas un volapié cabal, que hizo rodar al bello castaño, tal vez aún hipnotizado. El público enfervorizado pedía los trofeos con pasión, como poseído por el espíritu del triunfo, haciendo uso de pañuelos, almohadillas, chaquetas y cuantos enseres pudieran flamear; y el presidente Matías, también en estado de trance, mostró dos pañuelos blancos en la balaustrada con gesto ausente, como movido por un resorte. Tal vez el maestro de Chiva empleó su conjuro secreto de amplio espectro. Dónde no había toro encontró embroques, donde no había ilusión creo un furor desatado, donde escasean los pañuelos presidenciales generó dos de súbito.

Las claves del sortilegio que aplica el maestro deben ser objeto de análisis, pues esa Tauromaquia enciende a la afición, engorda taquillas, e incluso puede salvar plazas de algún serio peligro. Habrá de concluirse que el fundamento es el conocimiento del toro, sus querencias, las distancias y las alturas, hasta el punto que es el torero que mejor maneja las inercias del bruto, moviéndose en su cercanía con armónica precisión. Ponce vive poseído por la torería, y tiene la generosidad de esparcirla en el aire cálido de las plazas cada atardecer, con una contumacia que conmueve. Una torería diferente, solemne y respetuosa, llena de elegancia, que disfruta del fervor del público y le devuelve afecto también. La vuelta al ruedo triunfal de hoy en Bilbao es un curso acelerado de cuanto se está diciendo.

Cayetano, debutante sobre el ceniciento albero bilbaíno, ha mostrado actitud y determinación encomiables, recibiendo de rodillas, lanceando con ajuste y riesgo en bellas gaoneras, trasteando de todos los modos posibles, en la cercanía y en la lejanía, y se ha tirado a matar con mucha verdad. Es el último dignatario de una estirpe torera que ha hecho historia, y tiene aún una bella epopeya por escribir.

Ginés Marín ha venido al toreo para quedarse. Las telas le vuelan con donosura, y el aroma que desprenden llega al tendido a embriagar pituitarias. Tiene un valor sereno impropio del torero de inspiración que es, se pasa los toros muy cerca, y ha dado signos de madurez insólitos en su edad. Esta tarde ha plantado su fina estampa frente a un hosco toro sexto que aprendía el lenguaje de signos en cada muletazo, sin descomponerse en ningún momento, menos aún después de ser cogido y acosado en el suelo en un instante dramático. La gran estocada que dejó en los rubios valía por si misma un trofeo.

Al finalizar la función dos matadores abandonaron a pie el circo entre ovaciones, mas el tercero lo hizo a hombros, en loor de una multitud aún bajo los efectos del sortilegio de amplio espectro del maestro de hipnosis.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veinticinco de agosto de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde nubosa y agradable.

 

Toros de Victoriano del Río bien presentados, con trapío, armónicos, con capas variadas. Primero: Dos puyazos; flojo y descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble. Silencio. Tercero: se parte el cuerno derecho por la pala al rematar en un burladero. Tercero bis: Dos puyazos derribando en el primero; bravo, noble y de alegre embestida. Palmas. Cuarto: Dos puyazos; flojo, parado y manso. Ovación. Quinto: Dos puyazos; duro de pezuña, bronco y deslucido. División de opiniones. Sexto: Dos puyazos; flojo, de pronta embestida, desarrolló sentido. Palmas.

 

Enrique Ponce, de marfil y oro: Media estocada tendida y un golpe de descabello (silencio). Gran estocada (dos orejas).

 

Cayetano, de tabaco y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos tras petición). Pinchazo y estocada casi entera (silencio).

 

Ginés Marín, de celeste y azabache: Tres pinchazos y dos golpes de descabello (ovación y saludos). Gran estocada (oreja).

 

Incidencias:

El rey emérito Juan Carlos I asistió a la corrida acompañado de su hija Elena y del doctor Eduardo Anitua en un palco.

Los tres espadas le brindaron su primer toro, con gran ovación del público y algunos pitidos.

Cayetano instó a sus banderilleros a que emplearan garapullos diferentes a los oficiales de la plaza, e Iván García clavó dos grandes pares con rehiletes adornados con la bandera de España.

Una pequeña porción del público protestó, la mayoría aplaudió, y el torero clavó dos grandes pares tras los cuales hubo que saludar montera en mano.

Enrique Ponce salió a hombros por la puerta grande entre el clamor del público.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

De catafalco y azabache

Alejandro Talavante se ha presentado esta tarde en el patio de cuadrillas de la plaza de toros de Vista Alegre vestido de catafalco y azabache y la afición aún se pregunta por qué.

Lucir un terno así no puede ser casual pues la simbología del vestido de torear es profunda, muestra estados de ánimo, y constituye por si misma toda una declaración de intenciones.

Se aventuraba que podría ser un homenaje a Iván Fandiño, el torero de la tierra muerto en el ruedo dos meses atrás, mas no hubo gesto alguno que lo evidenciara, tanto que el único brindis que realizó no fue al cielo, como hubiera correspondido, sino al generoso público bilbaíno.

Tampoco era fecha aniversario de sucesos luctuosos, al menos que se sepa, luego el luto civil queda también descartado.

Un espectador veterano, conspicuo en historia del toreo, aventuró que tal vez estuviera emulando a Juan León, torero liberal, que en el siglo XIX empleaba ternos así para significar su militancia, mas pronto quedó desacreditado, pues parece poco probable que Talavante, rico y famoso, abrace una causa tan espinosa en el año que corre.

Aún así las hipótesis abiertas son muchas, dado que la simbología de la ausencia de luz es múltiple, y puede hablarse de muerte, que al parecer queda descartada, elegancia y misterio. Tal vez sea en estos dos últimos conceptos donde se pueda enmarcar la obra de Talavante, pues en su primero ha demostrado por qué su Tauromaquia es una de las más reconocidas en el universo taurino.

Este hombre tiene duende, el duende de la elegancia, pues ha citado con decisión, ha corrido la mano con hondura, componiendo figuras de ensueño, ha ligado una serie al natural sublime, y aún tuvo tiempo para instrumentar otra por el pitón derecho que es de lo mejor que se ha visto en estas Corridas Generales.

La dosis de misterio llegaría en la siguiente entrega, pues en el quinto toro, blando y noble como casi todos su hermanos, ha brindado al público para regocijo de los tendidos, y dos minutos después, sin haber tomado siquiera la mano izquierda, se ha ido a por el estoque entre la comprensible irritación del público. Nadie, a fecha de hoy, ha encontrado una explicación razonable a semejante proceder, quedando como único recurso la imprevisibilidad de los genios.

El Juli comparecía por segunda y última vez en esta edición de las Corridas Generales y volvió a desplegar su Tauromaquia habitual, plena de dominio, que finaliza en la distancia más corta posible, ganando todo el terreno al toro, que en su levedad de ánimo, acaba desbordado. Es lo que se llama “la faena de El Juli”, que es aclamada por todo el orbe taurino cuando la corona con una estocada efectiva.

José Garrido tiene cartel en Bilbao, y muchos partidarios que le vieron despedirse de novillero en esta plaza matando seis utreros en matinal de apoteosis. Esta tarde ha dispuesto de un excelente toro que hacía tercero, bravo y noble como para llevárselo a casa toreando. Su trasteo sobre ambas manos ha sido aseado, y por momentos plástico y emotivo, si bien ha faltado profundidad y quietud en una faena que pudo haber sido de triunfo grande.

Horas después de concluida la función, en los mentideros taurinos de Bilbao aún se debate sobre el proceder de Talavante, mas no será sencillo desentrañar el misterio, porque el misterio es de natural insondable, como lo es el arte sublime del genio catafalco y azabache.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veinticuatro de agosto de 2017, algo más de la mitad del aforo cubierto en tarde nubosa y agradable.

 

Toros de Domingo Hernández y Garcigrande (1º), bien presentados, corpudos, armónicos, con capas casi siempre castañas. Primero: Un puyazo y un picotazo; flojo y descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Dos puyazos; flojo y noble. Aplausos. Tercero: Dos puyazos y otro leve encuentro con el caballo; bravo y noble. Gran ovación. Cuarto: Dos puyazos; flojo y noble. Ovación. Quinto: Dos puyazos; flojo noble. División de opiniones. Sexto: Dos puyazos; flojo y noble. Silencio.

 

El Juli, de grana y oro: Estocada casi entera (silencio). Pinchazo y estocada (ovación y saludos).

 

Alejandro Talavante, de catafalco y azabache: Estocada casi entera desprendida (ovación y saludos). Estocada desprendida y tres golpes de descabello (bronca)

 

José Garrido, de grana y oro: Pinchazo y estocada al encuentro (ovación y saludos). Estocada (silencio).

 

Incidencias:

La banda de música ofreció, una vez más, un recital de música taurina.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Manuel Escribano hace el toreo

Manuel Escribano lancea al aire en tablas mientras los areneros acondicionan el ruedo y suenan las notas festivas de un pasodoble. Mira hacia chiqueros con disimulo, baja levemente la cabeza, toma el capote con su mano izquierda y se dirige con gesto solemne y breve balanceo del brazo derecho hacia toriles. Se para junto a la segunda raya, despliega la capa con una sola mano en movimiento lento y calculado, la prende con las dos, la lanza levemente hacia delante dándole vuelo, y se hinca de rodillas, montera calada, rostro lívido y labios apretados con fuerza. Da la orden de que se abra el portón con un gesto nimio, y aún tiene tiempo de mirar al tendido, a diestra y siniestra brindando al público lo que allá vaya a ocurrir. Aún tarda unos segundos en comparecer Botijero, y los tímpanos del torero son un instrumento de percusión. Recorre su espalda un cosquilleo gélido y su sangre se sabe envenenada por el miedo. Media tonelada larga de músculo y pedernal en forma de toro de Victorino se adivina en movimiento entre la oscuridad y el polvo. Se viene. Se viene con velocidad endiablada, sale a la luz y acomete con furia sobre el torero, que lanza una larga para descarrilar el tren en un instante de angustia. El toro pasa y sale suelto. Ganan el tercio y lancea a la verónica jugando los brazos con hondura. Clava tres pares de banderillas, el segundo asomándose al balcón y el tercero por los adentros, chocando con la barrera en un espacio inverosímil. Toma la muleta, ciñe naturales, se estira en redondo, remata con pases de pecho ortodoxos, conduce al toro y lo domina. Templa con la muleta en trasteo clásico, sin aspavientos, de toreo seco y ritmo lento, sin artificio. Suena Nerva y la plaza paladea el aroma a almizcle y maderas nobles de la faena sobria de Manuel Escribano. Se hace el silencio y de nuevo el corazón del torero se desata, hay que matar, y ensaya el volapié con tal fe que, de pinchar en hueso, podría haberlo esquirlado. Sin embargo cobra una estocada canónica que es una escultura. El toreo ya está hecho. Quien lo haya entendido que lo premie, y quien no que lo demande. Toreo sin retórica, sin una palabra de sobra, pero todas de verdad.

Diego Urdiales ganó una oreja como premio a su toreo clásico y a la torería que esparce en el aire desde el momento mismo que comienza el paseíllo. Torero diferente que siempre interesa pues el juego de sus muñecas desprende aroma a romero.

Paco Ureña plantó cara a su lote con su depurada técnica y entrega habitual, y pudo ligar una serie al natural en su primero, de corto recorrido y escaso celo, que fue el prólogo de una gran estocada, que por si misma valía una oreja.

Pero el toreo estaba ya hecho.

 

Reseña:

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintitrés de agosto de 2017, la mitad del aforo cubierto en tarde cárdena y agradable.

 

Toros de Victorino Martín, de excelente presentación, cárdenos y entrepelados, asaltillados, musculados y finos de cabos. Primero: Dos puyazos; bronco, duro de pezuña y correoso. Pitos al arrastre. Segundo: Dos puyazos; parado, sin codicia. División de opiniones. Tercero: Dos puyazos; flojo y noble. Ovación. Cuarto: Un puyazo y un picotazo; flojo, noble. Ovación. Quinto: Dos puyazos; bravo, noble, de alegre embestida. Ovación. Sexto: Devuelto al lesionarse de salida. Sexto bis: De Salvador Domecq. Un puyazo y un picotazo; flojo y de mal estilo. Silencio.

 

Diego Urdiales , de turquesa y oro: Estocada (aplausos). Pinchazo y estocada (oreja tras aviso).

 

Manuel Escribano, de nazareno y oro: Dos pinchazos, media estocada y dos golpes de descabello (ovación y saludos). Gran estocada (oreja con fuerte petición de la segunda)

 

Paco Ureña, de caña y oro: Gran estocada (oreja). Pinchazo, pinchazo hondo y tres golpes de descabello (silencio).

 

 

Incidencias:

Los toreros hicieron el paseíllo desmonterados en recuerdo de Iván Fandiño.

El público sacó a saludar a Diego Urdiales en los prolegómenos reconociendo su excelente actuación de la feria precedente. El torero invitó a sus compañeros a compartir la ovación.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

La neotauromaquia es así de previsible

La neotauromaquia, que consiste en lidiar toros escasos de casta y poder por figuras rutilantes, tiene como principal ventaja que el resultado artístico está casi asegurado desde que uno pasa por taquilla y compra su boleto. Pueden concederse más o menos orejas, pues e ángulo de ataque de los aceros y la última arrancada del toro son aún un misterio, mas el sentido de la lidia y su sustancia son casi ciencia.

El caso de esta tarde en Bilbao es paradigmático. Se anunciaban toros de Jandilla, y el aficionado sabe bien que se trata de un hierro que ha lidiado toros de mucho interés, bravos y encastados, si bien en la versión “neo” saltan al ruedo con el objetivo prioritario de no ser molestados. Acudían renqueantes a los señuelos, sin mostrar ningún interés por acometer, abdicando del espíritu indómito de sus ancestros, y a la segunda carrera ya mostraban signos de agotamiento.

Con semejante ganado, el poderío tantas veces glosado de El Juli estuvo de más, pues no hace falta tanto magisterio para poder a quien ya está derrotado. Su primero tuvo además feo estilo, e hizo bien en abreviar, pues poco toreo podía ofrecerse ante tan poca casta. Sin embargo en el segundo realizó una faena más larga, en la que pronto ganó terreno, exhibió temple y dominio, y acabó apabullando al de Jandilla a escasos centímetros de los pitones.

Perera torea con tal naturalidad que viéndole parece que fuera fácil. Esta tarde ha hecho su faena, la que el aficionado conoce y el público espera. Perera saca el compás, calcula los ángulos, tira tres líneas imaginarias sobre el ruedo, y ya se sabe dónde va a comenzar el trasteo, y cómo y dónde va a terminar. Saluda con pases cambiados en el mismo platillo, que combina con fases de trasteo periférico, para finalizar con el toreo encimista, que bien domina, y por momentos parece temerario.

El papel de Roca Rey en este nuevo universo taurino es el de el joven con talento que aspira a encabezar el escalafón. Su libreto es simple y contiene cuatro capítulos que son el valor, la serenidad, una buena técnica y la ambición. Podrá pensarse que el temario del toreo clásico es más extenso y profundo, si bien en la neotauromaquia no es preciso saber más para transitar con éxito por las plazas, al calor de los públicos festivos y generosos.

Hoy, en la en otro tiempo cátedra del Norte, ha tenido lugar la perfecta escenificación de una entrega de neotauromaquia, con interpretaciones fieles a los papeles de cada actuante. El resultado ha sido el que se preveía y el público deseaba. Muchos han salido con gesto de alegría. Se ignora cuántos volverán.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintidós de agosto de 2017, más de tres cuartos de aforo cubierto en tarde soleada y agradable.

 

Toros de Jandilla, desigualmente presentados, justos de trapío; flojos y descastados salvo el sexto. Primero: Dos puyazos; flojo, de viaje corto, sin descolgar, descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble. Palmas. Tercero: Dos puyazos; noble y de alegre embestida. Ovación. Cuarto: Dos puyazos; flojo y noble. Palmas. Quinto: Dos puyazos; noble, de alegre embestida, claudica pronto. Palmas. Sexto: Un puyazo y un picotazo; pronto, de alegre embestida y noble. Gran ovación.

 

El Juli , de perla y oro: Estocada trasera, caída y atravesada (silencio). Tres pinchazos, estocada caía y un golpe de descabello (ovación y saludos tras aviso).

 

Miguel Ángel Perera, de plomo y oro: Pinchazo y estocada caída (ovación y saludos). Pinchazo y estocada trasera tendida (ovación y saludos tras aviso)

 

Roca Rey, de pizarra y oro: Gran estocada (oreja). Pinchazo y estocada (oreja tras aviso).

 

 

Incidencias:

La banda de música ofreció un excelente concierto de pasodobles.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Iván Fandiño es honrado por Curro Díaz

Una cultura es tan fuerte y duradera como grande el respeto y admiración que tenga por sus héroes. Un héroe es un patrimonio cultural de un valor incalculable, que cualquier colectivo desea tener, que debe ser honrado y recordado con grandeza y emoción. El toreo tiene desde hace dos meses un nuevo héroe, Iván Fandiño, que hoy certificaba su muerte taurina al cumplirse su último contrato y su última presencia en los carteles de una feria importante. En los últimos días se han sucedido los actos en Bilbao para honrar su figura, y la de esta tarde ha sido la corrida homenaje al torero muerto, ya que estaba anunciado precisamente en este cartel. Todas las iniciativas son bienvenidas, mas la figura del torero de Orduña, cuyos valores y trayectoria le avalan, merece un monumento para que quede constancia indeleble para los restos de que existió, actuó y triunfó.

Que Curro Díaz toree con desmayo y mando, inspirado por las musas que lleva en sus propias entrañas no es novedad. Hoy, sin embargo, ha realizado la sustitución más amarga de su vida, y ha sentido toda la emoción que emana del Agur Jaunak, interpretado por la banda, lo mismo que el pasodoble Iván Fandiño, con que se ha amenizado el paseíllo. Brindó al cielo el primero, incierto, distraído, que no se ha empleado, y no posibilitó el lucimiento. Pasó al cuarto, manso en los primeros tercios que se desplazó con cierta nobleza en el último, con el arte que comienza a tener marchamo propio y predicamento en todo el orbe taurino. Naturalidad, desmayo, profundidad e inspiración son las señas de identidad de este torero que es ya un artista de culto.

Joselito Adame solemniza la lidia como si cada serie requiriese un periodo de reflexión previo por parte del público. Tal vez esté en lo cierto y convenga algo más de pensamiento, especialmente cuando se ciñe la chicuelina con tanto ajuste, o se torea por delantales midiendo los tiempos con semejante precisión. Sus trasteos fueron alegres, con la serenidad propia de este matador, destacando los estatuarios plenos de quietud y ajuste que interpretó en el quinto. Sin embargo sus dos descastados toros pronto claudicaron, y no tuvo otra opción que el toreo encimista y extractivo del que es también un consumado especialista. Mató mal, especialmente a su primero, y escuchó una ovación en el que cerraba turno.

Juan del Álamo llevaba prendido en su manga derecha un crespón negro en recuerdo al torero homenajeado, con quien compartió cartel la tarde aciaga de Aire Sur LÁdour, y tuvo el dudoso privilegio de estoquear a Provechito. La levedad de la casta de sus toros ha hecho imposible el lucimiento, si bien dio muestras evidentes de su depurada técnica, de su voluntad de agradar, y de el valor que resulta necesario para lidiar con el sexto en el terreno que lo hizo.

La muerte taurina de Iván Fandiño, certificada ayer en Vista Alegre, debe ser la última, evitando así la muerte definitiva, que es la muerte del olvido.

Larga vida a la memoria de Iván Fandiño.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintiuno de agosto de 2017, casi medio aforo cubierto en tarde luminosa de calor sofocante.

 

Toros de Alcurrucén, desigualmente presentados, casi todos con trapío, finos de cabos; mansos y descastados. Primero: Dos puyazos; distraído, incierto, sin descolgar. Palmas y pitos al arrastre. Segundo: Dos duros puyazos; abanto, parado, distraído, con la cara alta. Palmas y pitos. Tercero: Dos picotazos; de viaje corto, deslucido, parado, descastado. Palmas. Cuarto: Dos puyazos traseros; manso y noble. Quinto: Cornicorto. Un puyazo y un picotazo; flojo y descastado. Sexto: Dos puyazos; parado, descastado y geniudo.

 

Curro Díaz (en sustitución de Iván Fandiño, muerto corneado el pasado día 17 de junio), de azul turquesa y oro: Casi media estocada, pinchazo, pinchazo hondo y estocada (silencio tras aviso). Metisaca, estocada fulminante (oreja).

 

Joselito Adame, de coral y oro: Pinchazo y bajonazo (silencio). Metisaca y estocada (ovación)

 

Juan del Álamo, de grana y oro: Estocada casi entera (vuelta al ruedo). Pinchazo y estocada trasera caída (silencio).

 

 

Incidencias:

Tercer festejo de abono de las Corridas Generales.

Homenaje a Iván Fandiño, que estaba anunciado para lidiar esta tarde.

Antes de iniciarse se interpretó el Agur Jaunak en memoria del torero corneado mortalmente hace dos meses, y se realizó el paseíllo al son del pasodoble del matador de Orduña.

En el patio de cuadrillas se proyectaban imágenes del torero muerto en el ruedo en una pantalla gigante.

Juan del Álamo, que compartía cartel con Fandiño la tarde del 17 de junio y estoqueó a Provechito, lucía un crespón negro en la manga derecha.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El toro de casta retrata a los toreros

El toro de casta salta al albero desatado, con alegría, galopa hasta el extremo opuesto del ruedo si no lo circunda, otea en su rededor, detecta los capotes y cuanto cuerpo haya en movimiento, y ya está acometiendo con arrebato pasional.

El toro de casta se arranca de largo, remata en los burladeros con la penca del rabo enhiesta, levanta astillas si no arranca los tableros de cuajo, embiste con codicia, no da tregua a los lidiadores, y se emplea siempre con el comprensible ánimo de coger y cornear con saña.

El toro de casta puede vestir capa negra, blanca o colorada, puede tener orígenes diversos, mas tiene mirada fija y penetrante que hiela la sangre de los lidiadores.

El toro de casta no se altera por los lances del combate, no se aflige por la sangre derramada, es paciente, confía en su indómita reata, es contumaz, conoce su descomunal poderío, y jamás se da por vencido, pues tiene una fe ciega en la victoria.

Al toro de casta no quieren verlo las figuras ni en pintura, pues su lidia implica siempre un alto riesgo, y puede dejar en evidencia aptitudes y actitudes que no sean plenamente toreras.

Hoy, sobre el ceniciento albero de Vista Alegre, se ha jugado una corrida de Torrestrella fuerte, astifina y encastada que ha dado la justa medida del momento que atraviesan tres de los espadas cabeza del escalafón, mostrando el retrato de cada uno según daguerrotipo clásico.

El retrato de Antonio Ferrera se muestra sereno y colorista, con media sonrisa, tal vez un cuarto, y las primeras arrugas en el rostro, signo inequívoco de madurez. Ha reivindicado el estado de sazón como el óptimo para el toreo, y podría decirse que ya sabe con certeza lo que le gusta hacer y lo que no; lo que le produce satisfacción y lo que representa un mero artificio; lo que propicia su lucimiento y lo que no pasa de ser un trámite. Hoy ha aceptado los envites de sus dos oponentes, con firmeza y serenidad, ha administrado los tiempos de la lidia con pausa y regusto torero, y ha corrido las manos con magisterio, especialmente al natural. Hoy Antonio Ferrera ha toreado como le dicta su conciencia, sin buscar el aplauso fácil, de acuerdo con su concepto de la lidia y del arte de torear, tal vez porque haya concluido que el oropel del toreo es efímero, mas los quilates de pureza en las suertes quedan prendidos en el corazón de la afición, y son eternos.

Juan José Padilla ha mostrado a la cámara un rostro anguloso, carne de cicatrices ganadas por valor, sombrío en algunos rasgos, rictus por momentos atormentado, lejano ya de la sonrisa franca que le hizo cabeza del escalafón y le granjeó el fervor del público. Este hombre, de evidente mérito, se ha ganado el respeto y la admiración del universo del toro por su entrega al rito y su valor temerario. Más allá de su excelente estadística, nos devuelve una imagen distorsionada, fuera de su rango natural que habrá de hacerle pensar. Ha lanceado con arrojo, de pie y de rodillas, clavado con determinación y gran mérito al perder al toro de vista en momentos clave, y trasteado con grandes reservas en el primero, y aparente audacia en el cuarto, mas no ha alcanzado a reconocer su imagen, la que siempre tuvo de torero bullidor y arrojado que rayaba la temeridad.

El tiempo de exposición necesario para la obtención del daguerrotipo es, como se sabe, prolongado, luego la quietud de los modelos es condición necesaria para el buen retrato. El Fandi hace del movimiento un estilo, lo que ha desvirtuado la precisión de la imagen que han recogido las placas. Es el torero con mejor condición atlética de todo es escalafón, un portento físico, capaz de parar a los toros con la mano en el testuz después de clavar un par, valeroso en los lances de recibo, que consuma algunas veces de rodillas, y variado en los quites, mas los trasteos son de común periféricos, faltos de ajuste y quietud. Esta tarde ha escenificado de nuevo su tauromaquia, que no ha sido suficiente para doblegar la casta de sus oponentes, viéndose desbordado en algunos pasajes, ganado dos silencios por recompensa.

El toro de casta retrata siempre a los toreros, captando colores, formas y matices que de otra manera no son registrados por la cámara.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veinte de agosto de 2017, un cuarto del aforo cubierto en tarde soleada y agradable.

 

Toros de Torrestrella, con trapío, finos de cabos, en tipo, serios y fuertes; con comportamiento diverso, si bien predominó la casta. Primero: Dos puyazos; bravo y encastado. Palmas y pitos al arrastre. Segundo: Dos duros puyazos; fuerte, bravo y encastado. Ovación. Tercero: De gran trapío, aplaudido de salida. Dos puyazos; de viaje corto, deslucido y berreón. Palmas. Cuarto: Dos puyazos el último muy trasero; deslucido, de corta embestida a media altura. Quinto: Dos puyazos; bravo, encastado y codicioso. Ovación. Sexto: Dos puyazos; encastado y codicioso. Palmas.

 

Juan José Padilla, de azul marino y oro: Estocada y un golpe de descabello (silencio). Metisaca, estocada contraria que escupe, cuatro golpes de descabello, estocada caída, y quinto golpe de descabello (silencio).

 

Antonio Ferrera, de fucsia y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos tras aviso). Estocada desprendida, renuncia a descabellar (oreja tras aviso)

 

El Fandi, de azul Bilbao y oro: Estocada casi entera trasera (palmas). Estocada trasera saliendo desarmado y un golpe de descabello (silencio).

 

 

Incidencias:

Segundo festejo de abono de las Corridas Generales.

Antonio Ferrera renunció a parear al quinto toro al recibir tímidos pitos entre una gran ovación, tras salir al tercio y dedicar al público un par con los colores de la bandera de España.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Sin toros no hay toreo

Lo que acontece en una plaza durante dos horas y media de función, cuando hay toros, es siempre mágico, impredecible y trascendente. Caben la épica, la tragedia y la lírica, como géneros mayores, inherentes a la cruda y gloriosa realidad de la lidia.

Sin embargo, la neotauromaquia, que se abona a la corrida de toros sin toros, puede alinearse en subgéneros menos emotivos, como el costumbrismo, el musical, la comedia, la farsa y hasta el esperpento.

Los sucesos acaecidos esta tarde en el centenario coso de El Puerto han sido variados en forma y fondo, y atendiendo al rigor que se exige a este relato, va a procederse a enumerar, sin juicios de valor, hechos objetivos, para que el lector sepa perfectamente a qué atenerse.

Los bóvidos enviados en primera instancia por los titulares de El Grullo fueron rechazados por la autoridad veterinaria, y a las 14 horas no había aún género que lidiar.

A la hora convenida para el combate, veinte horas, el bando que vestía de luces componía figuras armónicas, estiraba los brazos toreando de salón, saludaba al público de barrera y aguardaba la salida de toriles de sus antagonistas.

Cinco minutos después comenzaron a desfilar siete animales tullidos, huyendo del los señuelos las más de las veces, evidenciando poco celo y ningún espíritu de lucha.

Una señora que desde el tendido denunciaba la insignificancia de los toros de Núñez del Cuvillo, hubo de escuchar de boca de Morante, genio de la torería que trasteaba con aseo, la frase: “Señora, ¿podría callarse un momento?”

Un caballero de mediana edad, aprovechando de manera alevosa el silencio que enmarcaba el segundo trasteo del genio de La Puebla, gritó ostensiblemente “Viva la madre que te parió”

Pasaba de muleta Cayetano al que hizo quinto, tratando de contener su huida, cuando una voz del sol gritó en demanda de música, a lo que otra voz anónima de la sombra respondió “Cómprate una radio”

En ese mismo turno, ante el esfuerzo necesario para mantener la atención del toro, el matador decidió descalzarse, arrancando una de las ovaciones más intensas de la tarde, vítores y frases admirativas de su reconocida belleza.

Faenaba Ginés Marín con el sexto cuando un espectador de la grada de sol se levantó y ensayó un sentido cante, se hizo el más absoluto silencio y el público prorrumpió en una atronadora ovación, tal vez la más sentida de toda la función.

El público de El Puerto, que es un bendito de dios, valoró de forma amable la labor de los toreros, premiándolos con ovaciones y hasta con una oreja, censuró con cuatro pitadas el comportamiento del ganado, y comprendió sin ambages que sin toros no hay toreo.

Esta idea, que raya la tautología, parece que no se comprende bien en algunos ámbitos del toreo, y mientras las plazas se van despoblando, pues lo que tarde tras tarde se vive en el albero no es el rito ancestral que anuncian los carteles y glosa la memoria colectiva, sino un subgénero sin pasión ni emoción.

Tal vez el aficionado esté aún a tiempo de exigir que las corridas de toros se celebren con toros, en el sentido estricto del término.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de El Puerto de Santa María, seis de agosto de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde y noche calurosas.

 

Toros de Núñez del Cuvillo, chicos, vareados, mansos y descastados. Primero: Un puyazo derribando; flojo, manso y descastado. Pitos. Segundo: Un puyazo al relance; flojo, manso y descastado. Pitos. Tercero: Un puyazo; flojo y descastado. Silencio. Cuarto: Se descuerda en los lances de recibo. Cuarto bis: Un puyazo; flojo y descastado. Palmas .Quinto: Un puyazo; flojo, descastado y manso. Pitos. Sexto: Un puyazo; flojo, manso y descastado. Silencio.

 

Morante de La Puebla, de verde botella y oro: Pinchazo (ovación y saludos). Metisaca, estocada y tres golpes de descabello (ovación y saludos tras dos avisos)

 

Cayetano, de turquesa y oro: Metisaca y estocada trasera (ovación y saludos). Estocada trasera tendida y dos golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Ginés Marín, de celeste y azabache: Pinchazo hondo (oreja). Estocada y descabello (ovación y saludos tras aviso).

 

 

Incidencias:

Cayetano sustituye a José María Manzanares, herido.

Ginés Marín hace el paseíllo envuelto en el capote de paseo que usó Manolete el 28 de agosto de 1.947 en Linares, cedido por Álvaro Domecq.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

 

La casta de Cuadri

El toro de Cuadri es el más reconocible del campo bravo, pues tiene un fenotipo muy específico y diferente al de cualquier otro hierro.

El toro de Cuadri tiene romana, es hondo, corpudo, badanudo, musculado, carifosco, viste de negro o de colorado muy vivo, gasta cornamentas casi negras, gruesas en la mazorca, acucharadas, habitualmente bizcas del izquierdo, y siempre astifinas.

Cuando salta a la arena lo hace impetuoso, dejando tras de si una nube de polvo fino, acometiendo a los capotes que flamean cerca de los burladeros, a veces rematando con saña en los tableros, ganado el centro del ruedo y con él la jurisdicción sobre cuanto ose pisar el albero.

Lo que ocurre a partir de ese instante tiene un elemento común, la casta, que puede manifestarse indómita, mas ayer, en el diminuto coso de Azpeitia, el ganadero de Trigueros hizo un alarde de conocimientos sobre genética y envío un encierro con cuatro toros fieros y dos de contrastada nobleza.

Paulita tuvo el privilegio de lidiar con los de mejor condición, y en su primero mostró su toreo clásico y profundo, embarcando con pureza, corriendo la mano con verdad, rematando según los registros que los más grandes han convertido en canon. Paulita es un torero de concepto ortodoxo, dueño de una técnica envidiable, de rostro agitanado y expresión solemne, gesto grave y postura aflamencada. Viste con una elegancia que conmueve y engendra el toreo sin reparar en el trapío y la genealogía de sus oponentes. La oreja ganada esta tarde corrobora el éxito del año precedente, en que realizó la mejor faena de la feria, y debe avalar su Tauromaquia para figurar en carteles importantes, con toreros también de esencia.

Bajo el pecho de Alberto Lamelas late con desatada emoción uno de los corazones más vitales del actual escalafón. Su carácter se ha curtido entre el fuego de su pasión y el formol de terribles cornadas, mas nunca se arredra y tiene el triunfo por bandera, pues las pocas oportunidades de que disfruta son para él eventos gloriosos. Esta tarde ha ensayado su toreo entregado en cada pasaje de la lidia, recibiendo de rodillas, quitando por verónicas, ciñendo naturales, embarcando en redondo y tirándose a matar como si cada toro fuera el último de su vida. El éxito no le ha sonreído, sin que por ello haya mermado su compromiso con el toreo, ni su ilusión por ganar nuevos contratos.

Sebastián Ritter es el valor. En los mentideros azpeitiarras se comentaba antes de la corrida que su presencia en los carteles se debía a un quite providencial que le hizo a cuerpo limpio a Curro Díaz, poderdante del empresario, en un momento de gran apuro vivido en Las Ventas meses atrás. Esta tarde ha solemnizado sus series con sentidos prolegómenos, aceptado todos los envites de sus fieros toros, y protagonizado un toreo encimista de riesgo evidente. El mérito de este matador se comprende al saber que el de esta tarde ha sido su primer paseíllo de la temporada.

La feria de Azpeitia sigue siendo excepcional, pues se juegan toros de míticas divisas, con casta y trapío de plaza de primera, dando oportunidades a toreros modestos que asumen la responsabilidad, y quedan eternamente agradecidos a la generosidad del empresario, y al respeto del público.

Larga vida a Azpeitia.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 31 de julio de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Celestino Cuadri, de impresionante trapío, corpudos, badanudos, con romana y proporcionadas arboladuras; todos negros salvo el cuarto colorado. Primero: Un puyazo y un picotazo, noble y encastado. Segundo: Dos puyazos, incierto, duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Dos puyazos, duro, encastado y fiero. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; noble y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Devuelto por cojo. Quinto bis: Un puyazo; duro y encastado, de viaje corto. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Paulita, de nazareno y azabache: Estocada trasera (oreja). Dos pinchazos, estocada casi entera y tres golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Alberto Lamelas, de azul marino y oro: Estocada perpendicular y seis golpes de descabello (silencio tras aviso). Estocada contraria y dos golpes de descabello (ovación y saludos).

 

Sebastián Ritter, de grana y oro: Bajonazo (ovación y saludos). Estocada caída delantera (ovación y saludos)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega a Paulita del premio a la mejor faena de 2016

Tercera y última corrida de una feria que, un año más, ha generado un alto interés, y ha producido un resultado artístico muy notable.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura