Alternativa triunfal de Daniel Crespo en el bochorno de El Puerto

Se ha jugado hoy en la centenaria y real plaza de toros de El Puerto de Santa María una corrida de Núñez del Cuvillo con una terna de lujo, pues figuraban en el cartel Morante, triunfador rutilante de la víspera en Huelva, Manzanares, torero de esencias favorito de esta afición, y Daniel Crespo, joven diestro portuense que se doctoraba en esta fecha. La expectación era máxima en las horas previas al evento, los mentideros especulaban con el desenlace, los aficionados hacían cábalas sobre las tauromaquias anunciadas, y sin embargo la función ha sido de bochorno.

Los toros del hierro titular han dado un recital de mansedumbre, especialmente los lidiados por Manzanares, ya que evitaban percales y franelas, volvían grupas ante su matador y huían a prudente distancia de los intentos de hacerles embestir que porfió el torero, persiguiendo a sus dos bóvidos en una versión intolerable del arte del toreo. El público jaleó semejante acecho, ovacionó series centrífugas y faenas atléticas en las que el único objetivo era perseguir al animal y evitar que huyera aún más lejos. La banda de música añadió mayor patetismo a la escena, pues interpretó con sentimiento sendos pasodobles, entre ellos el clásico “Suspiros de España”, mientras en el ruedo se escenificaba la serie de El Fugitivo.

El genio de La Puebla saludó a su primero con excelentes verónicas, quitó por ceñidas chicuelinas y remató con adornos a una mano de añeja inspiración. Pasó de muleta con el estilo barroco que le es propio mas el toro evidenció pronto su floja condición, y la faena no alcanzó cotas mayores. Su segundo, un bello berrendo del hierro de Sampedro, le hizo concebir sospechas desde el principio. Tal vez no conozca aún el comportamiento de los toros de este hierro o no los considere intrusos en su cartel. Mostró con maestría el protocolo que ha de seguirse para desentenderse de un toro sospechoso, esto es: mandar a sus peones a recibirlo, picarlo con saña, machetearlo por la cara con el estoque de herir, montarlo inmediatamente para aplicar un par de pinchazos y media estocada baja, y recibir desde la indiferencia una bronca de dimensiones bíblicas.

El toricantano Daniel Crespo encarna la esperanza en una tarde aciaga. Se ha medido a un toro castaño, noble y flojo cedido por su padrino en el primer turno, y en el sexto a un descastado negro girón, que embestía a oleadas sin humillar. Ha dejado una excelente sensación entre sus paisanos, pues su toreo tiene reposo y sentimiento, liturgia y pasión, derrocha valor para torear y se adivina una hondura que hoy ha impedido la escasez de casta de sus dos antagonistas. Ha ganado legítimamente la salida a hombros, el reconocimiento del público y el derecho a nuevos contratos, pues tiene condiciones de torero largo.

El público que poblaba hoy los tendidos de El Puerto, más allá de las circunstancias del toro y de la actitud de los toreros, ha mostrado un perfil triunfalista, ayuno de crítica, contemporizador con el antitoreo, que justifica tardes de bochorno como la vivida hoy en este coso emblemático.

 

 

 

 

 

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de El Puerto de Santa María, 4 de agosto de 2018, tres cuartos del aforo cubierto en tarde calurosa.

 

Toros de Núñez del Cuvillo salvo el sobrero jugado en cuarto lugar de Sampedro, variados de capas en castaño y negro, de desigual presentación. Primero: Castaño. Un puyazo. Noble y flojo. Ovación en el arrastre. Segundo: Castaño. Un puyazo derribando. Noble, flojo y con poco celo. Pitos. Tercero: Burraco, bello y armónico. Un puyazo duro. Manso descastado en franca huida. Silencio. Cuarto: Salpicado, lucero, botinero. Rechazado por flojo. Cuarto bis: De Sampedro, berrendo en negro. Dos fuertes puyazos. Noble. Ovación. Quinto: Albardado y chico. Un puyazo. Manso descastado en franca huida. Pitos al arrastre. Sexto: Negro girón bragado. Un puyazo. Descastado. Palmas.

 

Morante de la Puebla, de nazareno y oro: Cuatro pinchazos, estocada y dos golpes de descabello (ovación y saludos). Dos pinchazos y media estocada caída (gran bronca).

 

José María Manzanares, de sangre de toro y azabache: Media estocada (ovación y saludos). Pinchazo hondo en la suerte de recibir y pinchazo (ovación y saludos tras aviso).

 

Daniel Crespo, de primera comunión y oro: Estocada caída (oreja). Estocada (oreja).

 

 

Incidencias:

 

Primera corrida de la feria de verano en El Puerto.

Daniel Crespo tomó la alternativa y salió a hombros.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Los toros de Cuadri desdicen su leyenda

Venía a Azpeitia una corrida del legendario hierro de Cuadri, musculada, con romana y trapío de plaza de primera a revalidar cuantos triunfos acredita en el diminuto coso guipuzcoano y resultó un desengaño, por cuanto no hubo casta, ni celo, ni siquiera la emoción que siempre asiste a los espectadores en este tipo de funciones. Salían de toriles hercúleos, en capas negras, cornamenta obscura, con fuerza desatada, reconocían el terreno girando el anillo al galope, remataban algunos en los burladeros y ahí se acababa el carbón. Tres de ellos, segundo, tercero y quinto, desarrollaron una nobleza claudicante, más propia de otros encastes, a la que no asistió la casta brava, enseña de la ganadería de Trigueros, y devinieron el la intrascendencia. Los otros tres mansearon sin rubor, desdiciendo el relato que ha hecho de esta ganadería emblema de la afición.

Ante un encierro así los lidiadores mostraron distintos perfiles y actitudes que definen su estado y predicen su futuro.

Rubén Pinar porfió pases sobre ambas manos, desconfiado, las más de las veces sin cruzarse, obteniendo dos silencios, poco botín para un torero tan dotado técnicamente que aspira a escalar puestos en el escalafón.

Pepe Moral mostró una gran decisión desde que se abrió de capa, recibiendo a la verónica con ajuste y hondura en sus dos turnos, cargando la suerte y saliéndose a los medios, rematando con medias de buen trazo. En el último tercio exhibió un gran valor, toreando asentado, cruzado en terrenos comprometidos, logrando series de alto valor estético. El público valoró su arte y entrega, concediendo una vuelta al ruedo en su primero y una cerrada ovación que saludó en su segunda intervención.

Tomás Campos tiene un concepto clásico en el que la quietud y la suavidad son ingredientes clave. Con cuatro temporadas de alternativa tiene aún un gran recorrido, y tardes como la de hoy sirven para adquirir experiencia y forjar su voluntad de triunfo. Ha citado despacioso, solemne por momentos, mas sin mando ni ligazón a dos toros aplomados que no tenían lidia sencilla, ante la indiferencia del público que silenció su labor.

Algo pasa con Cuadri y ha de resolverse a la mayor brevedad posible, puesto que el toreo necesita de hierros así en plenitud, garantes de la integridad del toro y custodios de la casta brava sobre la que se asienta la Tauromaquia.

El aroma de Curro

La segunda corrida de la feria de San Ignacio resultó un fiasco del que sólo se salvó la inspiración congénita de Curro Díaz, expresada en pasajes concretos de la lidia, como una media verónica escultural, doblones por bajo en el inicio de faena, toreo en redondo encajado, series al natural templadas con muñeca de seda y ese saber estar en el ruedo que es marca de la casa. No llegó a redondear ninguna de sus dos faenas y mató de forma discreta, así que los tendidos agradecieron su labor con ovaciones en los dos turnos que el torero saludó desde el tercio vestido de verde botella y oro.

El encierro de La Quinta tuvo un comportamiento desigual, destacando el quinto toro sorteado por El Fandi, un santacoloma cárdeno, de bella estampa, armónicas hechuras, noble, fijo e incansable repetidor al que en rigor debe calificarse de bravo. Duramente castigado en varas, pues buscó tres encuentros con el caballo de Manuel Bernal, dos de ellos intensos, llegó al tercio de muerte con ocho rehiletes en sobre su capa gris, y se empleó con bravura, desbordando a su lidiador, quien hubo de tomar el olivo en el segundo tercio. El atlético torero porfió naturales y trapaceó en redondo, más sin quietud, hondura ni adecuada gestión de los espacios. El toro mandó en terrenos y tiempos demostrando las dificultades que siempre entraña la casta, a la que ha de responderse con mando y determinación para someterla. La encastada nobleza del santacoloma no tuvo correspondencia, y fue sacrificado sin ser toreado. En su primer turno lidió con un noble y flojo ejemplar que no admitía el encimismo, y la faena acabó diluida en el silencio.

Román, que ha debutado en esta plaza en sustitución de Sebastián Castella, hubo de bregar con un lote descastado que huía con franqueza de los señuelos, buscando no se sabe qué en los tendidos, volviendo grupas con malos modales. Porfió una infructuosa persecución en la que no hubo más que voluntad de agradar, y finalizó sus faenas con espantosas entradas a herir, mostrando las diversas modalidades de pinchazos y estocadas defectuosas.

Sin embargo, cuando declinaba la tarde y las cuadrillas abandonaban el diminuto coso azpeitiarra, aún quedaba en el aire el aroma del toque hondo y cadencioso del toreo de Curro Díaz.

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 30 de julio de 2018, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde cálida y luminosa.

 

Toros de La Quinta, con edad, desiguales de presentación y comportamiento. Primero: Negro mulato entrepelado, bragado, engatillado, astifino. Cinqueño. Un puyazo defendiéndose. Descastado. Palmas en el arrastre. Segundo: Cárdeno, coletero, recogido de cuerna. Cinqueño. Un puyazo largo y duro. Flojo y noble. Palmas. Tercero: Cárdeno, coletero, de bella estampa y armónicas hechuras. Dos puyazos, el primero muy duro. Manso. Palmas. Cuarto: Cárdeno obscuro. Cinqueño. Dos puyazos, el primero muy duro. Noble. Palmas. Quinto: Cárdeno, cuajado de bella estampa. Cinqueño. Tres entradas al caballo, la primera en duro puyazo, la segunda al relance y la tercera en picotazo. Bravo y encastado. Ovación al arrastre. Sexto: Cárdeno. Cinqueño. Dos fuertes puyazos, el segundo al relance. Descastado. Palmas.

 

Curro Díaz, de verde botella y oro: Estocada delantera caída y un golpe de descabello (ovación y saludos). Pinchazo y estocada caída (ovación y saludos).

 

El Fandi, de azul cobalto y oro: Pinchazo hondo (silencio). Pinchazo hondo y dos golpes de descabello (ovación).

 

Román, de gris plomo y oro: Puñalada trasera, caída y desprendida y estocada traserísima. (silencio). Pinchazo a toro arrancado, estocada caída que hace guardia, estocada y tres golpes de descabello (silencio tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Segunda corrida de la Feria de San Ignacio.

Román entró en el cartel en sustitución de Sebastián Castella, lesionado.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Emilio de Justo matador de toros

Este hombre de rostro enjuto, mirada grave y fina figura, lidia con el rigor que se atribuye a su condición de matador de toros, recreando la tauromaquia clásica, sin efectismo, que le confiere el rango de artista.

Comparece en los patios de cuadrillas, habitualmente vestido de marino y oro, se aloja en un lugar discreto, departe con quien se le acerca, cuando se cumple la hora se cala despacioso la montera, se lía la seda de paseo y ya está su corazón palpitando al compás de la faena que le dicta su inspiración.

Recibe con garbo, dirige la lidia, dosifica el castigo, ordena sin estridencias a sus peones y se apresta a tomar la franela y el acero citándose con el estro cada tarde sin importar el nombre de la plaza ni la divisa que lucen los toros al saltar a la arena.

Hoy en el diminuto coso de Azpeitia ha impartido otra clase de sobriedad en las formas y conocimiento en el fondo, pues ha lidiado con sentido de los terrenos, ha propiciado las distancias adecuadas, y ha jugado los brazos con el temple de torero capaz y el brillo que otorga la ligazón. Para que el milagro genuino del toreo sea posible es necesario además que salgan de chiqueros astados de encastada nobleza, como ha sido el caso del envío que hizo el viernes Lucas Carrasco, en tipo santacolomeño, en capas cárdenas, de alzada justa, equilibrados de carnes, con miradas de azabache, fijeza en los engaños, prontitud en la embestida, codicia y casta para perseguir los señuelos con la firme intención coger. Los jugados hoy han llegado además a la suerte suprema con carbón para oficiar más lidia y bravura para desafiar a cualquiera, ya fuera a pie o a caballo, en una demostración positiva de que la alquimia de la casta es el fundamento del toreo.

De Justo hubo de padecer la lesión en la mano izquierda del primero de la tarde, el único fuera de tipo y de comportamiento menos animoso, y disfrutar del cuarto, un ejemplar bello y bravo al que dio fiesta premiada con dos orejas de ley. La estocada a toma y daca, tirándose con su pureza habitual, ganando el hoyo de las agujas sin importar el precio, saliendo trompicado y dolorido, es la declaración de intenciones más cabal de lo que pretende este torero.

Juan del Álamo brilló en su primer turno ante un encastado toro de Ana Romero, doblándose por bajo, templando al natural y en redondo, ensayando el molinete, ligando una faena hermosa, coronada con una estocada bien ejecutada mas algo tendida que cotizó un trofeo de la afición azpeitiarra. Su segundo exigía un terreno comprometido y un remate por bajo en cada embroque que no ofreció el matador, pese a lo cual terminó saludando desde el tercio.

Luis David trató de imponer lidias encimistas a toros encastados que acometen de forma natural desde la media distancia, trapaceó en redondo, porfió naturales, ejecutó bernadinas destempladas y mostró al paciente público del Urola Kosta una de las más inquietantes ecuaciones del toreo: no por dar más pases se ha toreado más.

 

 

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 29 de julio de 2018, tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y nubosa.

 

Toros de Ana Romero, de bella estampa, en el tipo de la casa, en capas cárdenas. Bravos. Primero: Negro entrepelado salpicado, atacado. Un puyazo. Flojo y noble. Se lesiona en la mano izquierda durante la faena de muleta. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Cárdeno obscuro bragado. Un puyazo. Encastado y noble. Ovavión. Tercero: Cárdeno y entipado. Palmas de salida. Un duro puyazo. Noble y encastado. Palmas. Cuarto: Cárdeno de armónicas hechuras. Ovacionado de salida. Devuelto por flojo. Cuarto bis: Cárdeno y entipado. Un puyazo. Noble y encastado. Ovación. Quinto: Cárdeno y cuajado. Un duro puyazo. Noble y encastado. Ovación al arrastre. Sexto: Cárdeno obscuro. Un fuerte puyazo rectificando. Encastado. Palmas.

 

Emilio de Justo, de marino y oro: Gran estocada (palmas). Gran estocada saliendo trompicado (dos orejas).

 

Juan del Álamo, de primera comunión y oro: Estocada tendida (oreja). Metisaca muy bajo y estocada casi entera (ovación y saludos).

 

Luis David, de teja y oro: Tres pinchazos, uno más hondo y un golpe de descabello (silencio tras aviso). Estocada delantera contraria y tres golpes de descabello (silencio tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Primera corrida de la Feria de San Ignacio.

La ganadería anunciada fue premiada en los prolegómenos por su comparecencia del año precedente.

La Comisión Taurina de Azpeitia agradeció por megafonía al público francés su sólido y sostenido compromiso un año más con la feria.

Emilio de Justo abandonó la plaza a hombros.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Octavio Chacón torero de Pamplona

Venía Octavio Chacón a debutar en Pamplona tras catorce años de abstinencia y pronto convenció al festivo público pamplonés de que la espera había sido demasiado larga, y que debe repetir actuación en la siguiente Feria del Toro. Acudió a la plaza con media hora de antelación, se mostró sonriente en el patio de cuadrillas, ofreció su aguerrido perfil a las cámaras, se mostró enigmático en la penumbra de la capilla, departió amable con los aficionados, como si quisiera recuperar el tiempo perdido, hizo el paseo desmonterado, y según salió de toriles el primer toro de Cebada Gago de hincó de rodillas en el tercio y le saludó con una larga cambiada de rodillas que animó más aún el bullicio en los tendidos. Lidió con sentido de los terrenos, lanceó por verónicas, delantales y chicuelinas, pasó de muleta de pie y de rodillas, al natural y en redondo, ensayando el circular invertido y la manoletina con las zapatillas asentadas en la arena, algunas veces mirando al tendido que le jaleaba gozoso. Se desplató temerario, hasta que en un escorzo inverosímil, con la frente ubicada entre los pitones de su primero, fue alcanzado, volteado en el aire y zarandeado, quedando prendido de un pitón por el abdomen en una escena dramática. El público vaticinaba ya dos cornadas, mas volvió en pie y sin mirarse tomó de nuevo los trastos para instrumentar un buen par de series, preámbulo de una estocada que valió por una oreja. Su segundo fue de similar condición al que abrió plaza, descastado, distraído, embistiendo a media altura con muy poco celo, y le recetó similar terapia, basada en el conocimiento de las querencias, el valor y el temple, con un punto de tremendismo en los arrimones finales, sin embargo con y cadencia y armonía en los remates. Octavio Chacón, lego de San Fermín, ha mostrado una gran habilidad para empatizar con los tendidos, ofreciendo técnica, valor e inspiración por partes iguales, y todo apunta a que será en breve torero de Pamplona.

Luis Bolívar, con idéntica antigüedad como matador, frecuenta las grandes ferias, y maneja los recursos técnicos con consumada maestría, no en vano está graduado con el sello de la a coronada. Su toreo ha sido hoy valeroso pero superficial, sin reposo, perdiendo pasos algunas veces, porfiando pases que se frustraban antes del remate, sin lograr la conexión con las peñas que siempre conviene en Pamplona. Ha dispuesto del mejor toro de la corrida, el noble quinto, sin llegar a confiarse, haciendo un toreo de escasa hondura. Se ha tirado a matar a su primero con gran determinación, encunándose muleta en mano, resultando prendido por el chaleco, saliendo ileso providencialmente.

Juan del Álamo ha ganado en el tercer turno una oreja al valor, y ha debido lidiar en el último con un toro tan manso como cornalón, con marcada querencia hacia los chiqueros, que ha dificultado el lucimiento. No ha habido ajuste ni temple, tan sólo la constancia del poder lidiador de su matador que ha obtenido pases a favor de querencia, logrando mantener al toro en los medios.

Pamplona tiene un torero más que añadir a su nómina, pues Octavio Chacón anhela el triunfo en las grandes ferias, y administra el binomio que conforman el valor y la torería con singular pericia.

 

Reseña:

Monumental de Pamplona, 9 de julio de 2018. Lleno en tarde agradable y luminosa.

 

Toros de Cebada Gago, de bella estampa decimonónica, con impresionante arboladura, escurridos de carnes, en tipo de la casa, en capas castañas, cárdenas y negras. Bajos de casta. Primero: Aplaudido de salida, dos puyazos. Descastado, deslucido y distraído. Palmas en el arrastre. Segundo: Dos puyazos. Flojo y noble. Silencio. Tercero: Dos puyazos, uno de ellos trasero y el otro rectificando. Descastado. Silencio. Cuarto: Muy sangrado en dos fuertes puyazos. Descastado. Ovación. Quinto: Dos puyazos traseros. Noble. Palmas al arrastre. Sexto: Dos puyazos, uno de ellos trasero en franca huida, y otro muy duro. Manso y descastado. Silencio.

 

Octavio Chacón, de rosa y oro: Estocada caída (oreja). Gran estocada saliendo trompicado (oreja).

 

Luis Bolívar, de musgo y oro: Estocada casi entera delantera encunándose y cuatro golpes de descabello (silencio). Estocada caída y tendida (silencio).

 

Juan del Álamo, de grana y oro: Estocada (oreja). Estocada y tres golpes de descabello (silencio).

 

Incidencias:

 

Tercera corrida de la Feria de San Fermín.

Octavio Chacón, debutante en La Monumental, abandonó la plaza a hombros por la puerta del encierro.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Triunfo ineludible

Venía la terna a Burgos a matar una discreta corrida de Román Sorando con la seguridad meridiana de obtener el triunfo y casi lo logran los tres.

Faltó para que el éxito fuera total que Juan José Padilla refrendara con el estoque las faenas jaleadas por el público, que tenía aún más fe en el triunfo que el propio matador.

Sin embargo toreo no hubo tanto, porque el toro no hizo honor a la condición de bravo que le confiere su estirpe. Corrida descastada y floja que sólo servía para lidias superficiales, sin la hondura y transmisión que posibilita el toro encastado.

El que más méritos hizo para cruzar izado a hombros bajo el dintel hormigonado del palacio multiusos burgalés fue López Simón. Sorteó dos toros flojos, si bien el que hizo sexto fue noble y con más recorrido que el tercero, y permitió una faena vistosa, con pasajes de elegancia y clasicismo que desgrana este torero cada vez que se le presenta la ocasión. Alternó series desmayadas y pintureras con otras tremendistas en la cercanía de los pitones, ejecutando el toreo en redondo, pases cambiados, naturales, trincherillas y pases circulares invertidos que convencieron al público de la bondad de su toreo. Cobró una gran estocada en su segundo demostrando que atraviesa un momento de gran seguridad, y merece más contratos.

El Fandi es una garantía de triunfo en cualquier cartel, pues sale a razón de oreja por toro lidiado, aunando variedad y entrega. Ayer recibió al manso segundo con una larga cambiada en el tercio, tres verónicas de rodillas, un afarolado, una chicuelina y una revolera, sin solución de continuidad. Quitó por navarras y lopecinas. Dio un auténtico recital en banderillas pues las puso al cuarteo en todos los terrenos, en la surte de la moviola, y al violín, parando al toro a la carrera en clave de dominio absoluto de distancias y terrenos. Su actuación en el tercio de muerte fue más discreta, pues los molió a derechazos, y cuando ya no quedaba toro solemnizó medios pases ante la blandura de su lote.

Juan José Padilla porfió por reverdecer su toreo arrojado de siempre, recibiendo con largas cambiadas, clavando con precisión al violín, pasando de muleta con determinación, mas no tuvo antagonistas de entidad para mostrar la dimensión épica que le ha convertido en un torero legendario. El Coliseum Burgos no olvida las tardes que ha brindado en El Plantío, y le homenajeó con una placa conmemorativa y una vuelta al ruedo de despedida que sellan su larga y honrada trayectoria.

Tarde de triunfos tan previsibles como inevitables, triunfos ineludibles, pues estos hombres ganan trofeos por costumbre, dictan su libreto de manera contumaz, arrebatan a los públicos y, cada uno en su estilo, muestran una estadística encomiable. Si además se midieran al toro de casta, serían del todo admirables.

 

 

Reseña:

 

Coliseum Burgos, 2 de julio de 2018. Casi lleno en tarde agradable bajo la cubierta del multiusos.

 

Toros de Román Sorando, con romana, de escaso trapío, pobres de cabeza, en capas negras. Primero: Un puyazo. Flojo, manso y descastado. Fuerte pitada en el arrastre. Segundo: Un puyazo. Flojo y descastado. Pitos. Tercero: Un puyazo. Flojo y descastado. Palmas. Cuarto: Un fuerte puyazo. Inválido. Pitos. Quinto: Un puyazo. Flojo y noble. Palmas al arrastre. Sexto: Un puyazo. Flojo y noble. Palmas.

 

Juan José Padilla, de celeste y oro: Media estocada y tres golpes de descabello (silencio). Pinchazo hondo y media estocada trasera (vuelta al ruedo de despedida).

 

El Fandi, de nazareno y oro: Media estocada (oreja). Pinchazo y estocada fulminante (oreja).

 

López Simón, de marino y oro: Gran estocada (oreja con fuerte petición de la segunda). Media estocada (oreja).

 

Incidencias:

 

Cuarta corrida de la Feria de San Pedro y San Pablo.

Juan José Padilla, que se despedía de Burgos, recibió una placa en reconocimiento a su trayectoria entre el tercer y cuarto toro.

El Fandi y López Simón abandonaron el recinto a hombros por la puerta grande.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Corrida de toros

Salían los toros de la a coronada de chiqueros con sus capas entrepeladas, degollados, con hocico de rata, finura de cabos, ojos de azabache, con romana y alzada, cuatro de ellos veletos; escrutaban el albero y se arrancaban con alegría a cuanto por allá se moviera, rematando en burladeros con saña y revolviéndose con agilidad felina en busca de lo que en su viaje sabían dejarse atrás. Inasequibles a la fatiga y menos aún al desánimo plantaban cara en busca de lidiadores, cada uno según su estilo, en todos los tercios, llegando a la muerte con la boca cerrada, vendiendo cara su vida, dando la sensación de que aún podían seguir lidiando al menos otra faena más.

Corrida de toros en la más precisa acepción del término, encastada, variada en su comportamiento, dura de pezuña y en algunos casos noble.

La terna que hubo de despachar semejante encierro no se arredró, pues hizo el toreo que la condición de los toros exigía, con una determinación encomiable, y en el caso de Emilio de Justo pureza y hondura en los cites y la resolución de los embroques. Mucho ha tentado en Las Tiesas este matador, pues conoce el temperamento de los de Albaserrada como nadie, maneja terrenos y distancias, toca con un leve movimiento de la franela y se trae embarcada la embestida de los toros de Victorino con temple de torero grande. Hoy ha recitado una clase magistral de cómo se recrea al natural ante toros encastados y se ha tirado a matar con arrojo, especialmente en su segundo turno, hiriendo a toma y daca en un pasaje de enorme carga emotiva. Méritos más que suficientes para ganar tres trofeos, reivindicar un lugar en ferias importantes, y salir a hombros bajo el dintel hormigonado del moderno Coliseum burgalés.

José Ignacio Ramos celebró su primer cuarto de siglo como matador de toros anunciándose en este cartel después de siete años inactivo. Conserva los fundamentos que le hicieron escribir bellas páginas, especialmente su fulminante estocada, ejecutada con gran pureza, reconocida a principios de siglo como una de las más letales del escalafón. Trasteó con decisión y obtuvo bellos pasajes sobre la mano derecha logrando una oreja en el cuarto tras un pinchazo y un espadazo de ley.

Paco Ureña, asiduo a este tipo de citas, aceptó cuantos envites platearon sus dos antagonistas y pasó de muleta con ajuste, porfió series imposibles y esquivó el acoso de sus toros con el coraje que le significa. Aún sin ganar trofeos mostro la autenticidad de su toreo y el valor que le hace siempre reconocible.

Cartel que conjuga toros encastados y toreros decididos, cartel que nunca decepciona y permite atisbar la dimensión ética y estética del toreo.

 

 

Reseña:

 

Coliseum Burgos, 1 de julio de 2018. Tres cuartos del aforo en tarde agradable bajo la cubierta del multiusos.

 

Toros de Victorino Martín, de gran trapío y romana, en capas entrepeladas, cuatro de ellos en el tipo asaltillado propio de la casa. Primero: Dos fuertes puyazos, el segundo rectificando. Encastado y duro. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Un puyazo fuerte. Encastado y correoso. Ovación. Tercero: Un fuerte puyazo. Encastado, noble y bravo. Ovación al arrastre. Cuarto: Dos puyazos. Encastado, noble y fuerte. Ovación. Quinto: Dos puyazos, el segundo rectificando. Encastado y noble. Palmas al arrastre. Sexto: Un fuerte puyazo. Encastado y noble. Ovación.

 

José Ignacio Ramos, de gris y oro: Metisaca mechando al toro, gran estocada y dos golpes de descabello (palmas). Pinchazo y gran estocada (oreja con escasa petición).

 

Paco Ureña, de caña y oro: Dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso). Estocada caída (ovación y saludos).

 

Emilio de Justo, de marino y oro: Estocada desprendida (oreja). Gran estocada a toma y daca (dos orejas).

 

 

Incidencias:

 

Tercera corrida de la Feria de San Pedro y San Pablo. Antes de comenzar el festejo se entregó a José Ignacio Ramos una placa conmemorativa de sus veinticinco años de alternativa.

Ángel Gómez saludó después de un complicado tercio de banderillas al tercero, que resolvió con gran torería.

Morenito de Arlés hubo de desmonterarse al protagonizar un gran tercio de banderillas en el último turno.

Emilio de Justo abandonó el recinto a hombros por la puerta grande.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Triunfo épico de Morenito de Aranda

Se afanan los areneros en el mantenimiento del piso cuando la tablilla anuncia la inminente salida del quinto del encierro de Bañuelos en Burgos. Un torero de cabello ensortijado y piel de bronce sale de la tronera del burladero de matadores con andares cadenciosos, arrastrando el capote asido con levedad por su mano izquierda, y todo el mundo piensa que va a porta gayola. No es así. Cuando gana los medios, muy cerca del platillo, se detiene, acomoda el percal ante él y se deja caer de rodillas con un gesto calculadamente lento y solemne. Ese es el inopinado espacio en el que va a citar la briosa acometida del toro. Sale de chiqueros, otea el espacio, y repara en la frágil figura vestida de grosella y oro que le llama con voz firme. Hay un momento de duda hasta que decide por fin venirse al trote hacia el capote y Morenito larga tela como puede. El toro sale suelto y su matador vuelve a hincar las rodillas en la arena, esta vez más cerrado en tablas. Se ve que el viaje del toro es esta vez espurio. Viene cruzado, amenazando el tórax del torero, quien ha de arrojarse al albero en un escorzo inverosímil, curvando su anatomía hasta el límite de la torsión. Es arrollado y salva por milímetros el pecho de una cornada segura. Enrabietado y dolorido se va al terreno de tablas y, con quietud y pureza encomiables, lancea a la verónica con el estilo clásico que ya es norma este lidiador.

Comienza la faena con un pase cambiado en los medios que ha de rectificar, pues el toro, que obedece bien al toque, hace un extraño y está cerca de volver a arrollarle. Morenito no se inmuta y vuelve a citar con la misma determinación. Ha llegado al tercio de muerte con escasas fuerzas, mas la bravura que alberga su sangre le impulsa a embestir incansable, con prontitud, humillado, con buen tranco y mirada noble. Su matador plantea un faena larga y profunda sobre ambas manos, con momentos de gran inspiración especialmente al natural, encelando al toro, confiado, en pasajes de gran pinturería. Remata su lidia con una serie de pases por alto mirando al tendido, relajado como si los pitones no estuvieran sobre la testa desafiante que tiene ante si, y corona con una estocada hasta la gamuza que fulmina al bravo de Bañuelos sin necesidad de la puntilla. El público ha sentido el valor y la inspiración de Morenito y clama al palco solicitando trofeos. Algunos piden incluso el rabo, mas el presidente concede dos orejas a sumar a la obtenida en su anterior turno, en que mostró idéntica actitud, recibiendo con faroles de rodillas y manejando la muleta con temple y hondura para ganar otro trofeo.

Triunfo épico, al borde de la cogida, basado en el compromiso, la determinación y la profunda inspiración que encarna Morenito de Aranda.

Sebastián Castella torea olvidándose del cuerpo. Sus faenas están siempre al límite de lo imposible, y por momentos parece que sus muslos sean haces de luz que los pitones alcanzan pero no pueden penetrar. Gana terreno en cada embroque y termina quedándose con todo, instalándose donde más le apetece en cada caso. Ayer pechó con dos mansos flojos que no dieron más opción que el arrimón y el achique absoluto de espacios en trasteos insulsos en los que materialmente hace embestir al toro tomando uno de sus pitones para impulsarle hacia el señuelo. Ganó una oreja y el público pidió otra en su segundo turno reconociendo su valor y su exquisita técnica.

Roca Rey corrió similar suerte y basó su toreo en la prolongación de las tímidas acometidas de su lote con temple, evitando quebrantar sus fuerzas más de lo que estaban al principio. El Coliseum aplaudió sin fervor la actuación de este joven torero del que espera tardes de gloria.

 

 

Reseña:

 

Coliseum Burgos, 30 de junio de 2018. Lleno en tarde agradable bajo la cubierta del multiusos.

 

Toros de Antonio Bañuelos, bien presentados, en capas negras, castañas y chorreadas. Primero: Un puyazo duro. Flojo y manso. Pitos al arrastre. Segundo: Un puyazo duro rectificando. Flojo y descastado. Palmas. Tercero: Se lesiona al perder las manos de salida por efecto del exceso de arena en el tercio. Tercero bis: Un picotazo. Flojo y manso. Leves pitos. Cuarto: Un puyazo. Flojo y manso. Quinto: Un puyazo. Bravo, noble y con clase. Ovación al arrastre. Sexto: Un puyazo trasero. Flojo y descastado.

 

Sebastián Castella, de rosa y oro: Pinchazo y estocada (oreja). Estocada caída (ovación y saludos tras petición y aviso).

 

Morenito de Aranda, de grosella y oro: Bajonazo (oreja). Gran estocada (dos orejas).

 

Roca Rey, de marfil y oro: Estocada caída (palmas). Bajonazo (palmas tras petición).

 

 

Incidencias:

 

Segunda corrida de la Feria de San Pedro y San Pablo. Antes de comenzar el festejo se entregaron sendos premios por su labor ganadera a Pilar Prado, de Torrealta, y Antonio Bañuelos.

El ganadero titular obsequió al público con un pañuelo blanco con el emblema de su hierro para conmemorar el cuarto de siglo de la casa.

Morenito de Aranda abandonó el recinto a hombros por la puerta grande.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Casta Rivera

Había deambulado Cayetano en su primer turno ante un toro descastado, entrepelado, basto de hechuras, brocho y cornifeo, sin encontrar el sitio ni la distancia, porfiando medios pases, mas en el sexto afloró como por ensalmo la casta Rivera, esa que su padre convirtió en leyenda, y dio fiesta a un noble toro de Algarra.

Saltó al albero burraco, armónico, de proporcionadas hechuras, en tipo de su encaste, recibió un puyazo trasero y ya estaba Iván García cuarteando para alargar y alegrar la embestida en un tercio antológico que le granjeó el saludo del público.

Se echó Cayetano de rodillas en el tercio e instrumentó cuatro pases en redondo ceñidos y ligados que la afición burgalesa festejó con delirio. Continuó la faena sobre la mano derecha con pases clásicos, afarolados, trincherazos y circulares invertidos que pusieron la plaza en pie. Hubo notas de la línea Ordóñez, y aromas del más refinado clasicismo del torero de Ronda, temple y solemnidad propios de un matador en plenitud. Una serie por el pitón izquierdo cuando la faena tocaba a su fin y un remate por estatuarios mirando al tendido, de nuevo según el canon del Rivera de Barbate. Entró a matar decidido, con su estilo heterodoxo, casi atlético, y cobró dos pinchazos antes de la estocada trasera que malograron un triunfo que proponía puerta grande.

Ese mismo dintel que franqueó Manzanares como premio a dos faenas pulcras, en las que hubo de gestionar con escrúpulo la escasa codicia y la endeble condición física de sus dos antagonistas, especialmente el que hizo segundo. Hubo tanta elegancia como ausencia de emoción, tanto temple como escasez de pujanza, tanta majeza como quebranto de casta. Los sones mágicos de Nerva, interpretado con sentimiento grave por la banda de música, recrearon la esencia de la Tauromaquia, coronada por una gran estocada que valió el triunfo y la salida a hombros del hormigonado multiusos burgalés.

Curro Díaz exhibe sin estridencias una torería que es en sí misma un estilo de vida. El modo en que encabeza el pelotón antes del paseo, la forma en que cruza el circo pleno de concentración, sus movimientos armónicos mas sin afectación, la naturalidad de su trasteo, y ese don que tiene para mover las telas al compás de los tiempos le convierten en un torero grande. Hoy ha debido expiar, no se sabe que pecado mas debe ser grave, lidiando con dos toros negros, flojos y descastados incompatibles con la pureza de su concepto. Ha pasado de muleta mientras sus bóvidos han tenido energía, se ha instalado en el terreno del toro a la espera de que surgiera un atisbo de casta brava, mas el milagro no se ha producido, y su actuación ha de cifrarse en bellos detalles y franca disposición.

Tarde de puerta grande para Manzanares en la que Cayetano ha honrado a sus gloriosos orígenes con una faena de entrega, temple y, por momentos clasicismo, que le avalan como digno deudo de dos formas de entender el arte, diferentes y complementarias.

 

 

Reseña:

 

Coliseum Burgos, 29 de junio de 2018. Casi lleno en tarde calurosa bajo la cubierta del multiusos.

 

Toros de Luis Algarra, bien presentados, en capas zaínas, burracas y coloradas. Primero: Un puyazo trasero. Flojo y descastado. Segundo: Un puyazo trasero. Flojo y descastado. Pitos al arrastre. Tercero: Un puyazo en terreno de toriles. Flojo y descastado. Pitos al arrastre. Cuarto: Un duro puyazo tapándole la salida. Flojo y noble. Quinto: Un puyazo duro rectificando. Noble. Palmas al arrastre. Sexto: Un puyazo trasero. Noble y de buen tranco. Palmas.

 

Curro Díaz, de celeste y oro: Media estocada y un golpe de descabello (ovación). Dos metisacas (silencio).

 

José María Manzanares, de nazareno y oro: Estocada (oreja). Gran estocada (oreja).

 

Cayetano, de cobalto y oro: Pinchazo hondo y tres golpes de descabello (silencio). Dos pinchazos y estocada trasera (palmas).

 

 

Incidencias:

 

Primera corrida de la Feria de San Pedro y San Pablo. Antes de comenzar el festejo el público en pie interpretó el himno de Burgos.

Iván García saludó tras un excelente tercio de banderillas en el último turno.

José María Manzanares abandonó el recinto a hombros por la puerta grande.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Homenaje a Victorino Martín

Homenaje A Victorino Martín

Se jugaba una corrida de Victorino Martín en el palacio de Vista Alegre de Madrid en homenaje al histórico ganadero recientemente fallecido y allí no se aburrió nadie. Salían de chiqueros escurridos de carnes, con capas cárdenas y tranco alegre, escrutaban el terreno con gesto fiero, saludaban con una mirada cómplice al retrato del titular de la causa colocado en la barrera, y ya estaban pidiendo lidia. La catadura de los toros enviados por los herederos fue diversa, desde la encastada nobleza del cuarto hasta la aviesa intención del quinto, mas siempre hubo emoción, la emoción que el ganadero de Galapagar recuperó en este venerable encaste y ha legado a la Tauromaquia para los restos.

Vestirse de luces en Madrid en el mes de febrero con gélidas temperaturas, en el momento en que la tarde da paso a la noche, es un compromiso que pocos asumen, mas la terna anunciada ha justificado su presencia en el cartel, cada uno con su estilo, y si no hubo más trofeos no puede achacarse a la falta de actitud, sino a algunas imprecisiones en el manejo de los estoques.

Curro Díaz continúa su idilio con Madrid, cuya afición le idolatra como matador de arte e inspiración que despliega su torería en cosos diversos ante encastes también diferentes. Hoy ha interpretado su papel de forma fidedigna, dando fiesta a sus dos antagonistas en los terrenos de torear, siempre con el ánimo de desplegar su repertorio, rico en matices, pinturero y emocional. Ha ganado una oreja del cuarto aplicando un bello ritmo, moviéndose al compás de su torería, y podría haber sido mayor el premio si hubiese herido en mejor sitio. Deja también aquí su impronta inconfundible que habrá de refrendar en Las Ventas en una temporada que se adivina larga e intensa.

Daniel Luque ha derrochado valor sereno en su primer turno, recibiendo por verónicas ajustadas, y pasando de muleta sin ambages, templando la noble embestida del toro de Albaserrada. El quinto, de distinta condición, pues viajaba siempre en corto buscando los tobillos del torero, ha desarrollado el sentido que dio fama de alimañas a los pupilos de Las Tiesas, sin dar más opción que mostrar el temperamento del toro y abreviar el trámite.

Emilio de Justo se ha fajado con sus dos encastados toros, por momentos ásperos, y ha propuesto dos faenas valientes propias de uno torero en sazón que quiere ocupar un lugar de prestigio en el escalafón. Arte clásico el que mostró, jugado de poder a poder, girando muñecas y caderas al son de la bravura, especialmente en su primer turno, en el que ganó una oreja de ley, haciendo vibrar a una afición que ya sabe de la hondura de su toreo.

Venían a homenajear al ganadero y lo hicieron, si bien harán falta muchos más homenajes para corresponder, de forma cabal, a la aportación que este hombre emprendedor, intuitivo y laborioso ha obsequiado a la Tauromaquia.

Gloria a la memoria de Victorino Martín.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Madrid, diecisiete de febrero de 2018, más de la mitad del aforo cubierto en tarde fría.

 

Toros de Victorino Martín, en el tipo de la casa, vareados, cárdenos y entrepelados. Primero: Aplaudido de salida. Un fuerte puyazo. Bravo y noble. Ovación al arrastre. Segundo: Pitado de salida. Un puyazo. Flojo y noble. División de opiniones. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos. Noble y encastado. Ovación. Cuarto: Palmas de salida. Un puyazo sacando al picador hasta los medios. Noble y encastado. Gran ovación. Quinto: Palmas de salida. Un puyazo. Flojo y orientado. Pitos al arrastre. Sexto: Palmas de salida. Dos puyazos. Duro y encastado. Leves pitos.

 

Curro Díaz, de grana y oro: Estocada (saludos desde el tercio tras petición). Estocada delantera caída (oreja).

 

Daniel Luque, de azul marino y oro: Estocada trasera caída (ovación y saludos). Matisaca y pinchazo hondo trasero (silencio).

 

Emilio de Justo, de burdeos y oro: Estocada y un golpe de descabello (oreja). Estocada baja (algunas palmas)

 

Incidencias:

Primera corrida de la Feria de Invierno de Madrid celebrada en homenaje a Victorio Martín Andrés recientemente fallecido. El albero fue decorado con hierro, divisa y efigie de un toro de la casa, así como un retrato del ganadero en la barrera.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura