Homenaje a Victorino Martín

Homenaje A Victorino Martín

Se jugaba una corrida de Victorino Martín en el palacio de Vista Alegre de Madrid en homenaje al histórico ganadero recientemente fallecido y allí no se aburrió nadie. Salían de chiqueros escurridos de carnes, con capas cárdenas y tranco alegre, escrutaban el terreno con gesto fiero, saludaban con una mirada cómplice al retrato del titular de la causa colocado en la barrera, y ya estaban pidiendo lidia. La catadura de los toros enviados por los herederos fue diversa, desde la encastada nobleza del cuarto hasta la aviesa intención del quinto, mas siempre hubo emoción, la emoción que el ganadero de Galapagar recuperó en este venerable encaste y ha legado a la Tauromaquia para los restos.

Vestirse de luces en Madrid en el mes de febrero con gélidas temperaturas, en el momento en que la tarde da paso a la noche, es un compromiso que pocos asumen, mas la terna anunciada ha justificado su presencia en el cartel, cada uno con su estilo, y si no hubo más trofeos no puede achacarse a la falta de actitud, sino a algunas imprecisiones en el manejo de los estoques.

Curro Díaz continúa su idilio con Madrid, cuya afición le idolatra como matador de arte e inspiración que despliega su torería en cosos diversos ante encastes también diferentes. Hoy ha interpretado su papel de forma fidedigna, dando fiesta a sus dos antagonistas en los terrenos de torear, siempre con el ánimo de desplegar su repertorio, rico en matices, pinturero y emocional. Ha ganado una oreja del cuarto aplicando un bello ritmo, moviéndose al compás de su torería, y podría haber sido mayor el premio si hubiese herido en mejor sitio. Deja también aquí su impronta inconfundible que habrá de refrendar en Las Ventas en una temporada que se adivina larga e intensa.

Daniel Luque ha derrochado valor sereno en su primer turno, recibiendo por verónicas ajustadas, y pasando de muleta sin ambages, templando la noble embestida del toro de Albaserrada. El quinto, de distinta condición, pues viajaba siempre en corto buscando los tobillos del torero, ha desarrollado el sentido que dio fama de alimañas a los pupilos de Las Tiesas, sin dar más opción que mostrar el temperamento del toro y abreviar el trámite.

Emilio de Justo se ha fajado con sus dos encastados toros, por momentos ásperos, y ha propuesto dos faenas valientes propias de uno torero en sazón que quiere ocupar un lugar de prestigio en el escalafón. Arte clásico el que mostró, jugado de poder a poder, girando muñecas y caderas al son de la bravura, especialmente en su primer turno, en el que ganó una oreja de ley, haciendo vibrar a una afición que ya sabe de la hondura de su toreo.

Venían a homenajear al ganadero y lo hicieron, si bien harán falta muchos más homenajes para corresponder, de forma cabal, a la aportación que este hombre emprendedor, intuitivo y laborioso ha obsequiado a la Tauromaquia.

Gloria a la memoria de Victorino Martín.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Madrid, diecisiete de febrero de 2018, más de la mitad del aforo cubierto en tarde fría.

 

Toros de Victorino Martín, en el tipo de la casa, vareados, cárdenos y entrepelados. Primero: Aplaudido de salida. Un fuerte puyazo. Bravo y noble. Ovación al arrastre. Segundo: Pitado de salida. Un puyazo. Flojo y noble. División de opiniones. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos. Noble y encastado. Ovación. Cuarto: Palmas de salida. Un puyazo sacando al picador hasta los medios. Noble y encastado. Gran ovación. Quinto: Palmas de salida. Un puyazo. Flojo y orientado. Pitos al arrastre. Sexto: Palmas de salida. Dos puyazos. Duro y encastado. Leves pitos.

 

Curro Díaz, de grana y oro: Estocada (saludos desde el tercio tras petición). Estocada delantera caída (oreja).

 

Daniel Luque, de azul marino y oro: Estocada trasera caída (ovación y saludos). Matisaca y pinchazo hondo trasero (silencio).

 

Emilio de Justo, de burdeos y oro: Estocada y un golpe de descabello (oreja). Estocada baja (algunas palmas)

 

Incidencias:

Primera corrida de la Feria de Invierno de Madrid celebrada en homenaje a Victorio Martín Andrés recientemente fallecido. El albero fue decorado con hierro, divisa y efigie de un toro de la casa, así como un retrato del ganadero en la barrera.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Juan Bautista y Victorino honran a la Tauromaquia

Agitaban con frenesí los espectadores logroñeses sus pañuelos en petición de indulto para el segundo del hierro de Victorino Martín, gritando de paso algún exabrupto contra el presidente, que hacía el Tancredo con fidelidad escénica. Tal era la quietud de los miembros del balcón presidencial que Juan Bautista, quien había dado fiesta grande al toro, miraba sin disimulo al palco, e incluso gesticulaba pidiendo desenlace en forma de pañuelo naranja, y en el tiempo que tarda un dignatario en decidir, se marcó tres nuevas series sublimes ante un toro inasequible al desánimo, bravo, encastado y noble, que ha dejado impronta de paradigma del toro para los restos. Luego se supo que el ganadero no consideró oportuno el indulto, que le hubiera reportado evidente notoriedad, mas en Las Tiesas se valora más la labor ganadera en conservación de la casta brava que el oropel y el aplauso excesivo. Lo mató con pureza en la suerte de recibir e inmediatamente mandó al desolladero a su peón de confianza para que solicitara la cabeza de “Verdadero”, un albaserrada de ley.

Juan Bautista percibió pronto la catadura del toro de Victorino, lo dominó por bajo, lo enceló en la muleta y cinceló una faena clásica, plena de técnica lidiadora, de apabullante naturalidad, que caló en los tendidos como lo hace cualquier obra de arte sublime, que llega de súbito a las entrañas de los mortales. Exhibió las condiciones del toro, le dio las ventajas pertinentes, se lo pasó ceñido a la taleguilla, y se abandonó en la creación artística, prescindiendo del estoque, toreando al natural sobre ambas manos en una ofrenda sincera al arte de torear. Hubo pases en redondo, naturales, pases de pecho, molinetes, trincherazos e incluso manoletinas, y cada embroque revelaba mayor pureza que el precedente. Ganó doble trofeo que paseó despacioso en una vuelta al ruedo apoteósica, pues el público estaba aún poseído por el espíritu de la encastada nobleza del toro, y el arte valeroso del torero.

Fiesta grande que tuvo continuidad en su siguiente turno, en que volvió a amalgamarse con la casta de su antagonista, creando otra faena de fragancia clásica y refinada técnica lidiadora.

Antes había comparecido Curro Díaz sobre el dorado albero del coso de la Ribera componiendo en su primero una faena templada, ligada en el terreno en que los toros embisten y cogen, con aroma de toreo exquisito, que remató con una gran estocada que le valió una oreja.

Román quiso cerrar el círculo del éxito y pasó a sus toros con determinación, más hubo enganchones que deslucieron las faenas, y algún paso atrás ante la pujanza de sus dos toros. Es un matador que afronta la lidia con autenticidad, madura con rapidez, y no tardará en ocupar lugares más desahogados en la cartelería.

Juan Bautista pronto tendrá en su museo la cabeza de “Verdadero”, el toro que le hizo soñar despierto en Logroño, engendrando una obra de arte memorable, que honra a la Tauromaquia.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, veintitrés de septiembre de 2017, más de la mitad del aforo cubierto en tarde agradable.

 

Toros de Victorino Martín, bien presentados, en el tipo de la casa, cárdenos y entrepelados, encastados y bravos. Primero: Dos puyazos. Bravo y encastado. Palmas al arrastre. Segundo: Aplaudido de salida. Dos puyazos. Extraordinariamente bravo. Vuelta al ruedo. Tercero: Dos puyazos. Encastado. Silencio. Cuarto: Bellísimo, ovacionado de salida. Dos puyazos. Encastado. Silencio. Quinto: Bellísimo, ovacionado de salida. Dos puyazos. Bravo y encastado. Ovación. Sexto: Ovacionado de salida. Dos puyazos. Bravo y encastado. Palmas.

 

Curro Díaz, de grana y oro: Gran estocada (oreja). Estocada tendida trasera (silencio).

 

Juan Bautista, de crema y oro: Gran estocada en la suerte de recibir (dos orejas tras aviso). Estocada casi entera en la suerte de recibir (oreja).

 

Román, de nazareno y oro: Estocada casi entera y un golpe de descabello (silencio). Gran estocada y un golpe de descabello (ovación)

 

 

Incidencias:

Sexto y último festejo de la Feria de San Mateo 2017

Juan Bautista y Victorino Martín salieron a hombros del coso aclamados por el público.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Nada que recordar

Venía a Logroño un cartel de triunfadores de San Isidro y no hubo toreo, ni hubo emoción y, por supuesto, tampoco triunfo. En realidad no hubo nada que recordar. Los toros de Zalduendo, con su trapío discreto y su notable romana, salían sucesivamente de los toriles, algunos con más alegría que otros, empujaban con más o menos ardor a los montados, perseguían los señuelos con poco o muy poco celo, y se rajaban más pronto que tarde en actitud claudicante.

Ante un panorama así a los espadas les dio por pagar pases, tantos como fuera posible, más con la derecha que con la izquierda, más destemplados que acompasados, más fuera de cacho que en el terreno de torear, más enganchados que limpios, y el público se aburrió.

Nada destacable salvo la porfía de los matadores a los que habrá que admitir un espíritu de trabajo encomiable, pues fueron varios cientos los derechazos que se vieron en el coso de La Ribera, más de cien naturales, más de un centenar de verónicas, varias docenas de chicuelinas, además de algunos trincherazos, manoletinas y pases de pecho. Nada que reprochar a estos tres lidiadores que buscaron embestidas en todos los terrenos, no dejaron un pase sin dar ni un embroque sin oficiar. Joselito Adame asentó las zapatillas y pasó a sus toros con firmeza, Juan del Álamo recibió de rodillas a su dos quintos lanzando largas cambiadas, y Ginés Marín citó al natural de frente con los pies muy juntos. Sin embargo nada de eso resultará memorable.

Cantidad de trabajo hubo suficiente, producción sobró, y sin embargo al finalizar la función los aficionados abandonaban el tendido con aspecto de haber pasado una mala noche, ojos acuosos y alguna legaña.

Lo que hace del toreo un rito grandioso y un espectáculo incomparable es la encastada nobleza de un toro bravo y la pulsión desatada del hombre por recrear un arte sublime. Ayer faltaron ambas cosas y el resultado no satisfizo a nadie, nadie se benefició, nadie ganó crédito, y no quedó nada para recordar.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, veintidós de septiembre de 2017, un cuarto del aforo cubierto en tarde agradable.

 

Toros de Zalduendo, bien presentados, en capas negras salvo el último, de pelo castaño. Primero: Dos puyazos. Flojo y descastado. Silencio al arrastre. Segundo: Dos puyazos. Bronco e incierto. Pitos. Tercero: Un puyazo y un picotazo. Manso. Silencio. Cuarto: Dos puyazos. Bravucón. Palmas. Quinto: Devuelto al lesionarse en una voltereta. Quinto bis: Un puyazo y un picotazo. Engallado y descastado. Pitos. Sexto: Dos picotazos. Flojo y noble. Silencio.

 

Joselito Adame, de musgo y oro: Gran estocada (ovación y saludos). Estocada caída (silencio).

 

Juan del Álamo, de azul noche y oro: Estocada (silencio). Pinchazo, bajonazo y un golpe de descabello (silencio).

 

Ginés Marín, de rioja y oro: Bajonazo y un golpe de descabello (silencio tras aviso). Dos pinchazos, pinchazo hondo y bajonazo (silencio tras aviso).

 

 

Incidencias:

Quinto festejo de la Feria de San Mateo 2017

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Diego Urdiales desata la emoción

Pasaba de muleta con pureza Diego Urdiales al cuarto de la tarde a los sones del pasodoble “Martín Agüero” cuando, al finalizar una serie al natural se salió despacioso, con paso breve y mirada al tendido, disfrutando de los aplausos. El toro, sin que él pudiera preverlo, se le vino veloz por la espalda, volteándole con saña, prendiéndolo después en el suelo y propinándole una segunda voltereta que pareció haberle herido. Cesó la música, el público, conmocionado, reparó en la anatomía del diestro mientras sus compañeros le ayudaban a levantarse comprobando que no estaba herido. La plaza prorrumpió en la ovación más cerrada de la feria, y el diestro, sin mirarse siquiera la taleguilla, se fue al toro enrabietado instrumentando dos nuevas series dando el pecho, ajustando cada pase, con casta y regusto torero. Igualó junto a las tablas y entró a herir con arrojo, dejando una gran estocada en el hoyo de las agujas que hizo rugir al circo como en las mejores tardes, y flamear pañuelos al aire en la convicción de que aquella gesta valía la puerta grande. Mas no fue así, y el palco, en ejercicio de sus atribuciones, dejó el premio en un solo trofeo, que a la inmensa mayoría del cónclave le pareció poco reconocimiento para el arte y el arrojo del maestro de Arnedo. La pasión había prendido en el aire cálido del coso de la Ribera, y la emoción desatada vivida instantes antes hizo que fueran dos las vueltas al ruedo en medio del clamor y de gritos de reconocimiento a su torería.

Miguel Ángel Perera volvió a demostrar su toreo poderoso, pleno de recursos, así como su compromiso con el arte. Pasó con solvencia a sus dos antagonistas, de diverso cariz, pues el quinto se orientó y buscó al torero al finalizar cada pase, sin que el torero desistiera de su intención de rematar faena. Sin embargo el público mostró indiferencia cuando sus toros doblaron, sin valorar la entrega del matador.

Cayetano castigó a sus dos toros en la suerte de varas con dureza y pasó después de muleta con facilidad, si bien no hubo apreturas, ni pisó los terrenos que otras tardes le han sido propicios. Su actuación fue silenciada, si bien su presencia fue muy celebrada por el público, siempre en busca de una fotografía con el torero de legendaria estirpe.

El toreo es emoción, y toro de El Pilar y el maestro Urdiales crearon el clímax necesario para que emergiera, una vez más, la pasión que alimenta esta Fiesta ancestral.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, veintiuno de septiembre de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde calurosa.

 

Toros de El Pilar, bien presentados, con romana y trapío, en capas castañas salvo el último, de pelo negro. Primero: Un puyazo y un picotazo. Flojo y descastado. Silencio al arrastre. Segundo: Dos puyazos. Noble y entregado. Palmas. Tercero: Dos duros puyazos. Noble y de alegre embestida. Silencio. Cuarto: Dos puyazos. Con tendencia a chiqueros y buen son. Silencio. Quinto: Dos puyazos. Orientado y de viaje corto. Silencio. Sexto: Dos entradas al caballo recibiendo tres puyazos. Flojo y noble. Silencio.

 

Diego Urdiales, de berenjena y oro: Pinchazo y estocada casi entera (silencio tras aviso). Gran estocada (oreja tras aviso).

 

Miguel Ángel Perera, de teja y oro: Dos pinchazos, estocada casi entera y un golpe de descabello (silencio). Estocada y un golpe de descabello (silencio).

 

Cayetano, de turquesa y oro: Dos pinchazos, estocada y un golpe de descabello (silencio). Estocada y dos golpes de descabello (silencio).

 

 

Incidencias:

Cuarto festejo de la Feria de San Mateo 2017

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Enrique Ponce alecciona a los jóvenes

Enrique Ponce ha vuelto a demostrar sobre el albero de la plaza de la Ribera de Logroño por qué lleva más de un cuarto de siglo exhibiendo su torería por las plazas del mundo, y triunfando sin ambages cada vez que encuentra dosis, ya sean pequeñas, de bravura en su camino.

Enrique Ponce maneja con magistral precisión terrenos, distancias y alturas, conoce la grey de sus antagonistas, se embriaga de arte torero antes de saltar a la arena, y solemniza con fundamento cada acto de la lidia.

Enrique Ponce ve venir al toro al galope, escruta su mirada, calcula el ritmo de su tranco, mide el ángulo que forma la cerviz con la cruz, prevé la inercia de su masa, y ya sabe cómo darle fiesta.

Esta tarde se ha medido a dos toros escasos de casta y poder a los que ha templado con magisterio, y mandado cuanto se podía, que no era mucho, componiendo en su segundo turno una obra de asombrosa naturalidad y esencia. Comenzó doblándose en el tercio con largas verónicas, llevó al caballo al toro con suficiencia lidiadora, y construyó una faena esencial, basada en la mano izquierda con pases de recurso, otros pintureros y alegres poncinas. La puerta grande se le resistió un año más por estoquear en un lugar poco decoroso, mas la esencia de su toreo quedó de nuevo flotando en la cálida atmósfera de la Ribera.

A José Garrido debió reconocerle el maestro su compromiso y su corazón de torero valiente, entregado a la causa, y tal vez también hubo alguna sutil insinuación sobre el la naturalidad en la composición de la figura. El pupilo se aplicó el consejo y logró un trofeo tras una gran estocada, pasando así la reválida.

Cuando Luis David Adame vino al mundo Enrique Ponce tenía ocho años de alternativa, había triunfado en los principales cosos del mundo y encabezado el escalafón en tres temporadas. La comparación sería estéril y poco respetuosa con ambos, así que el maestro debió limitarse a recomendar al matador de nuevo cuño más reposo y la aplicación efectiva de los arcanos del temple. También el menor de la dinastía hidrocálida logró una oreja fruto de su decisión y de la amabilidad del público logroñés, muy sensible a la voluntad de los toreros.

El maestro irá haciendo cuenta de los progresos de los legos y ya estará pensando en dictar nuevas masterclass para que la transmisión de conocimiento sea del todo efectiva. El sábado, sin ir más lejos, sentará cátedra en el albero maestrante.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, veinte de septiembre de 2017, menos de la mitad del aforo cubierto en tarde calurosa.

 

Toros de Juan Pedro Domecq bien presentados, en capas negras y castañas. Primero: Un puyazo y un picotazo, flojo y descastado. Silencio al arrastre. Segundo: Dos picotazos; flojo y noble. Palmas. Tercero: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble. Silencio. Cuarto: Un puyazo y un picotazo ; flojo y noble. Silencio. Quinto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y descastado. Bronca. Sexto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y noble. Silencio.

 

Enrique Ponce, de coral y oro: Estocada casi entera (silencio). Bajonazo (oreja).

 

José Garrido, de pizarra y oro: Gran estocada (oreja). Pinchazo, pinchazo hondo y tres golpes de descabello (Silencio).

 

Luis David Adame, de rosa palo y oro: Gran estocada saliendo golpeado (oreja). Media estocada tendida (silencio).

 

 

Incidencias:

Tercer festejo de la Feria de San Mateo 2017

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Talavante prendido por el estro

Alejandro Talavante viste con elegancia discreta, peina brillantes cabellos con milimétrica precisión, gasta mentón belmontino, y cuando, como esta tarde en el coso de la Ribera, encuentra nobleza y bravura, recrea una Tauromaquia única, barroca, rica en matices, que sorprende por la armónica improvisación con que encadena las suertes. Talavante es despacioso y solemne, profundo e inescrutable, sutil y proceloso al mismo tiempo. Su muleta tiene vuelo sedoso, sus pies calculada levedad, y sus muñecas tendones tan flexibles que parece que su torsión esté siempre al límite de la rotura.

Hoy ha sido prendido por una refinada inspiración, una pulsión a dejarse llevar desmayado, tal vez olvidándose del cuerpo, y ceñir naturales de ensueño, afarolados de recurso, manoletinas ajustadas, e incluso pases mirando al tendido que evidenciaban el dominio al que sometió a un noble ejemplar de Jandilla que hacía segundo. Un aroma así de intenso debió calar en el tendido, pues demandó con clamor el segundo trofeo que tal vez merecía, mas el toreo estaba ya hecho, y por tanto el mérito bien contraído. El arte de Talavante no sabe de rigideces, no entiende de destajismo, ignora la planificación, y surge con tal naturalidad que nadie, tal vez ni siquiera él mismo, sabe cómo va a ser el siguiente embroque. El numen de Talavante es arte en si mismo, y se entiende su dimensión cuando se compara a la industria de fabricar pases que muchas reconocidas figuras han instaurado en el sistema, para desgracia del aficionado que lo es. El estro de Talavante es pleno e imprevisible, y ahí radica la grandeza de su arte sublime.

Roca Rey volvió a demostrar sus grandes capacidades para la lidia, sus brazos poderosos, su corazón caliente, la variedad en las suertes, y su capacidad para llegar a los tendidos y ganar trofeos.

Pablo Hermoso de Mendoza exhibió su legendaria monta, su dominio de los terrenos y el valor necesario para cabalgar cerca de los toros.

Ayer, sin embargo, las musas miraban sólo a un artista vestido de azul y oro, que sigue agrandando su leyenda.

Reseña:

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, diecinueve de septiembre de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde de tiempo agradable.

 

Dos toros de Sánchez hermanos de excelente presentación, en tipo murubeño, despuntados reglamentariamente, en capas negras zaínas. Primero: Dos rejones de castigo; flojo y noble. Silencio al arrastre. Cuarto: Un rejón de castigo; flojo y manso. Silencio.

Cuatro toros de Jandilla, desiguales de presentación, el primero chico, los otros de aceptable presentación, en capas negras y castañas. Segundo: Un puyazo y un picotazo, bravo y noble. Palmas. Tercero: Tres picotazos; flojo y noble. Silencio. Quinto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y noble. Silencio. Sexto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y manso. Silencio.

 

Pablo Hermoso de Mendoza, de grana: Rejón trasero (ovación). Rejón trasero (silencio).

 

Alejandro Talavante, de azul y oro: Estocada (oreja). Estocada y un golpe de descabello (oreja).

 

Roca Rey, de verde oliva y oro: Estocada (silencio). Estocada (oreja).

 

 

Incidencias:

Segundo festejo de la Feria de San Mateo 2017

En las postrimerías de la primera faena de Talavante un conocido militante antitaurino de origen holandés con varias causas pendientes intentó saltar al ruedo, siendo retenido por los aficionados en el tendido y desalojado por la policía.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Leo Valadez abre la puerta grande de Logroño

Salían alegres los novillos de La Quinta de toriles con su mirada de azabache, sus capas cárdenas y su bruñida cornamenta y ya estaban pidiendo fiesta a quien supiera dársela. Trapío de corrida de toros y comportamiento diverso, mas nunca insulso, pues hubo bravura en los turnos tercero y cuarto, y mansedumbre geniuda en el quinto, que añoraba la dehesa, y allí nadie se aburrió.

Enfrente una terna que, con distintos estilos, plantó cara y demostró que quieren forjarse como toreros asumiendo las dificultades que entraña la empresa.

Leo Valadez está a tres semanas escasas de doctorarse y eso exige técnica y decisión de las que hizo gala en el coso de la Rivera. Pasó a su primero al natural y en redondo, ensayó estatuarios y se tiró a matar con verdad, resultando cogido sin consecuencias aparentes. En su siguiente turno lanceó a la verónica, por chicuelinas y lopecinas, se hincó de rodillas en el platillo de la plaza y trasteó con solvencia, en una faena de entrega, finalizada con manoletinas y una excelente estocada que el publico y el placo premiaron con dos apéndices, lo que le franqueó la puerta grande.

Alfonso Cadaval sorteó un lote complicado pues su primero distraído embestía sin convicción, casi siempre con la cara alta, y el diestro sevillano hizo una faena pinturera, con pasajes inspirados y regusto torero. El que hizo quinto era manso de libro, y desarrolló un instinto guerrero basado en el genio que lo convirtió en un novillo difícil y deslucido. Llegó al último tercio muy entero y con la comprensible intención de coger, y cuando el público de la Ribera esperaba una lidia clásica de aliño y una estocada de recurso se encontró con una faena pulcra y dominadora. Pudo al utrero, pisando terrenos comprometidos, sorteando derrotes y aviesas miradas, lo mató al primer intento y ganó una meritoria oreja.

Toñete logró un trofeo tras una faena intermitente al tercero, a la que le faltó reposo, y mostró mayor firmeza en el que hacía sexto, al que pasó por ambos pitones con inteligencia y suficiencia técnica, confirmando su condición de novillero valeroso que promete tardes importantes.

Hubo sobre el dorado albero logroñés novillos interesantes, dos de ellos de encastada bravura, y aspirantes a matadores que dejaron impronta de querer, y también de poder.

 

Reseña:

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, dieciocho de septiembre de 2017, menos de un cuarto del aforo cubierto en tarde de tiempo variable.

 

Novillos de La Quinta de excelente presentación, en tipo santacolomeño, finos de cabos, degollados, en capas cárdenas y entrepeladas. Todos ovacionados de salida, especialmente en sexto, un cárdeno de armónica lámina. Primero: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble. Silencio al arrastre. Segundo: Un puyazo y un picotazo; noble con muchos pies. Silencio. Tercero: Dos duros puyazos, bravo. Ovación. Cuarto: Dos puyazos; bravo. Vuelta al ruedo. Quinto: Cuatro picotazos, dos de ellos en la querencia; distraído, manso y geniudo, con vocación de coger. Pitos. Sexto: Dos duros puyazos; distraído y deslucido. Silencio.

 

Leo Valadez, de grana y oro: Pinchazo resultando cogido y estocada (vuelta al ruedo). Estocada de ley (dos orejas).

 

Alfonso Cadaval, de rioja y oro: Estocada desprendida (vuelta). Estocada trasera (oreja).

 

Toñete, de azul Bilbao y oro: Estocada (oreja). Pinchazo, estocada y dos golpes de descabello (silencio).

 

Incidencias:

Primer festejo de la Feria de San Mateo 2017

Leo Valadez fue prendido por el primer novillo sin consecuencias aparentes. Salió a hombros por la puerta grande.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Conmovedora entrega de toreo seco

Venían a matar la de Miura en Bilbao con poco bagaje, los tres legos en la mítica divisa, y dieron una tarde de conmovedora entrega, y por momentos buen toreo. Matar la de Miura en Bilbao fue siempre un grave compromiso, pues salían de chiqueros impetuosos, derribaban a los montados y desarrollaban en los demás tercios una casta fiera que por momentos parecía felina.

Para esta última entrega viajó desde Lora del Río un encierro de impresionante trapío, ovacionado de salida que, salvo el jugado en último turno, resultó áspero y descastado. Con semejante género hubieron de pechar, mas no pareció importarles, tal vez lo sospechaban desde el momento en que cerraron el contrato, pues se pusieron a lidiar, cada uno en su estilo, y dieron una tarde de toreo seco.

Saúl Jiménez Fortes emplea su valor irrefutable para engendrar arte. Se pone firme, hierático, con los talones hundidos en la arena, y pasa a los toros sin reparar en capas ni divisas. Esta tarde ha lidiado con dos hercúleos toros mansos y descastados, los ha conducido con mano de seda, citando con suave toque y embarcando sus tímidas embestidas con largura y regusto torero. Ha entregado su cuerpo a la obra artística que proyecta, y no ha demudado el rostro, allá le prendan los toros o le arrollen. Su discurso ha sido cierto desde que se abrió de capa tras el paseíllo hasta que descabelló el cuarto, sin alharacas ni metáforas, palabra cabal y verbo en gerundio.

Juan Leal se hizo presente en el patio de cuadrillas vistiendo un terno impoluto celeste y oro, cabello rubio sedoso, rostro luminoso y mirada de niño travieso, y sin embargo ha dado una lección de valor que por momentos rayaba en lo temerario, siendo volteado dramáticamente cuando pasaba al segundo. Ha habido más valor que toreo, más porfía que temple, más cercanía que ligazón, si bien habrá de reconocérsele el mérito de aceptar el desafío de Zahariche cuando apenas era su quinto paseíllo de la temporada. Dice Joxin Iriarte que el valor es el fundamento, porque la técnica se aprende. Será que aquí hay torero.

Román, con su melena dorada al viento, su mirada pizpireta y su inquebrantable sonrisa, ha lidiado con majeza al manso berreón que hizo tercero, y toreado, en sentido estricto del término, a un bellísimo cárdeno de impresionante trapío jugado en sexto lugar. Citó con verdad y leve toque, corrió la mano, templó y ligó con inspiración de torero grande. Al natural compuso dos series que pocos del escalafón superior habrían si quiera intentado, con empaque e inspiración propias de un torero en sazón. Se tiró a matar como si le esperara la gloria cobrando una gran estocada que valió un merecido trofeo.

Venían a jugarse la vida y la ganaron, ansiaban el triunfo y lo acariciaron, sueñan con nuevos contratos y deben tenerlos por derecho.

Aquí hay torería y talento para grandes gestas.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintisiete de agosto de 2017, un cuarto del aforo cubierto en tarde de tiempo variable.

 

Toros de Miura de impresionante trapío, altos, agalgados, huesudos, degollados, en capas cárdenas y negras. Todos ovacionados de salida, especialmente en sexto, un cárdeno de bella lámina decimonónica. Primero: Un puyazo y un picotazo; flojo y descastado. Palmas al arrastre. Segundo: Dos puyazos; flojo, bronco y descastado. Palmas. Tercero: Un puyazo y un picotazo, flojo, descastado y berreón. Ovación. Cuarto: Un puyazo y un picotazo; flojo, parado, distraído, berreón y descastado. Pitos. Quinto: Dos puyazos; flojo, distraído, manso y descastado. Pitos. Sexto: Dos puyazos empleándose; noble. Ovación.

 

Fortes, de pizarra y plata: Pinchazo al encuentro y estocada (ovación y saludos). Dos pinchazos, estocada trasera y un golpe de descabello (silencio tras aviso).

 

Juan Leal, de celeste y oro: Media estocada (vuelta). Pinchazo y estocada a toma y daca de la que sale golpeado en el pecho (vuelta).

 

Román, de nazareno y oro: Pinchazo hondo y gran estocada (ovación y saludos). Gran estocada (oreja).

 

 

Incidencias:

Última de las Corridas Generales de 2017

Una hora antes de la corrida descargó una fuerte tormenta que retrajo, posiblemente, a muchos aficionados.

Juan Leal y Román hicieron el paseíllo desmonterados, pues se presentaban en esta plaza.

Fortes lo hizo con un capote de paseo de vanguardista diseño sin liar.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Descastados

Aunque los taurinos no estén plenamente de acuerdo con el significado del término descastado, es seguro que el cónclave, de manera unánime, convendría que el comportamiento de los toros de El Puerto de San Lorenzo jugados esta tarde sobre el cárdeno albero de Vista Alegre merece semejante calificativo.

Salían con alegría de chiqueros, oteaban telas flameantes y les mostraban la grupa con desprecio, emprendiendo camino opuesto a donde hubiera monteras y capotes. Circundaban el ruedo con majeza charra, vistiendo capas de luto riguroso, y ya tenían el ojo puesto en la puerta por la que salieron, que en lógica bovina habría de devolverles a la dehesa.

Veían las plazas montadas gastando castoreño añejo, artilladas con puyas lacerantes y ponían los pies en polvorosa, en algún caso con evidentes síntomas de pánico, pues en el rostro se les veía a los picadores que iban con la intención de herir, y lo que es peor, de paso calibrar la bravura. Hubo una excepción, que fue el cuarto, quien astilló los burladeros con la penca del rabo enhiesta y empujó con intención en sus dos encuentros con el piquero, si bien devino también en manso por causas aún no del todo aclaradas.

Veían a sus lidiadores, vestidos de sedas y oros rutilantes, muleta en mano, postura aflamencada en el cite, afectación en el rostro, y ánimo de torear y se les venía el cielo encima, pues eso de embestir será para otra estirpe menos lustrosa que la de estos Atanasios, santo y seña de la cabaña brava, que lleva lustros acreditando su reata.

Los matadores anunciados pronto detectaron la catadura del género, y sin embargo hicieron valer el contrato y se pusieron a pegar pases, más derechazos que naturales, más a media altura que por bajo, más protocolarios que emocionantes, más acompañando viajes cansinos que templando embestidas impetuosas.

En semejante trance algunos de los toros reculaban ante las pañosas, y otro, concretamente el cuarto, hizo que se caía, arguyendo la dureza de la lida, y estuvo un rato tumbado para tomar aire y de paso desgastar al rival por el esfuerzo de levantarlo. Hizo amago de volver a echarse, amorcillado, antes de que Ponce entrara a herir, pero el maestro, que en el conocimiento de las intenciones del toro es catedrático, se tiró tras la espada y le ganó la partida en el último suspiro.

A estas horas debe de haber conciliábulo en Puerto de la Calderilla, y ya habrán repasado don Lorenzo y sus hijos el libro de la ganadería, y revisado la críptica fórmula de la casta brava que tan buen resultado ha ofrecido otras tardes. Tal vez hayan llamado a capítulo a algún semental para afearle la conducta, o a alguna vaca por si saltó el cercado y tuvo coyunta con algún torito guapo de media casta. Todo con el rigor solemne que emplea la reconocida familia de criadores charra, devota y practicante del legendario encaste que fundara don Atanasio casi un siglo atrás.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintiseis de agosto de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde nubosa y agradable.

 

Toros de Puerto de San Lorenzo justos de presentación, con capas negras. Primero: Dos puyazos; abanto, flojo, manso y descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Dos puyazos; flojo, manso y descastado. Palmas. Tercero: Dos puyazos, se lesiona en la mano derecha en el segundo tercio y su matador opta por abreviar. Silencio. Cuarto: Dos puyazos empujando; flojo, parado y manso. Pitos. Quinto: Dos puyazos, el segundo en la puerta de chiqueros, de los que sale suelto; manso y descastado. Pitos. Sexto: Dos puyazos; flojo y descastado. Silencio.

 

Enrique Ponce, de azul marino y oro: Pinchazo y gran estocada (ovación y saludos). Estocada trasera desprendida (ovación y saludos).

 

Diego Urdiales, de verde musgo y oro: Estocada (oreja). Cuatro pinchazos, estocada delantera y tres golpes de descabello (silencio).

 

Roca Rey, de teja y oro: Gran estocada saliendo desarmado (silencio). Gran estocada (oreja con petición de la segunda).

 

 

Incidencias:

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Dámaso González fallecido esta madrugada.

El público ovacionó a Enrique Ponce tras el paseíllo, quien salió a saludar, invitando a sus compañeros de terna.

 

 

 

Francisco Montes

para Toro Cultura

 

El maestro de hipnosis

El maestro Enrique Ponce tiene un don del que disfrutan pocos toreros, pues es capaz de hipnotizar a cuantos hombres y animales encuentre en su rededor, y lograr de ellos el comportamiento que pretende. Véase si no su faena al cuarto toro de esta tarde en Vista Alegre, al que, una vez inducido al trance, condujo con asombrosa suavidad y temple hacia el terreno donde aún podía lograr algún pase más. Se adornó también y dejó las femorales al alcance de los dos puñales que tenía en la frente el de Victoriano, mas no le hirió, porque para ese momento el conjuro ya había causado efecto. Cuando la poca bravura del toro ya se había agotado montó la espada despacioso y dejó en el hoyo de las agujas un volapié cabal, que hizo rodar al bello castaño, tal vez aún hipnotizado. El público enfervorizado pedía los trofeos con pasión, como poseído por el espíritu del triunfo, haciendo uso de pañuelos, almohadillas, chaquetas y cuantos enseres pudieran flamear; y el presidente Matías, también en estado de trance, mostró dos pañuelos blancos en la balaustrada con gesto ausente, como movido por un resorte. Tal vez el maestro de Chiva empleó su conjuro secreto de amplio espectro. Dónde no había toro encontró embroques, donde no había ilusión creo un furor desatado, donde escasean los pañuelos presidenciales generó dos de súbito.

Las claves del sortilegio que aplica el maestro deben ser objeto de análisis, pues esa Tauromaquia enciende a la afición, engorda taquillas, e incluso puede salvar plazas de algún serio peligro. Habrá de concluirse que el fundamento es el conocimiento del toro, sus querencias, las distancias y las alturas, hasta el punto que es el torero que mejor maneja las inercias del bruto, moviéndose en su cercanía con armónica precisión. Ponce vive poseído por la torería, y tiene la generosidad de esparcirla en el aire cálido de las plazas cada atardecer, con una contumacia que conmueve. Una torería diferente, solemne y respetuosa, llena de elegancia, que disfruta del fervor del público y le devuelve afecto también. La vuelta al ruedo triunfal de hoy en Bilbao es un curso acelerado de cuanto se está diciendo.

Cayetano, debutante sobre el ceniciento albero bilbaíno, ha mostrado actitud y determinación encomiables, recibiendo de rodillas, lanceando con ajuste y riesgo en bellas gaoneras, trasteando de todos los modos posibles, en la cercanía y en la lejanía, y se ha tirado a matar con mucha verdad. Es el último dignatario de una estirpe torera que ha hecho historia, y tiene aún una bella epopeya por escribir.

Ginés Marín ha venido al toreo para quedarse. Las telas le vuelan con donosura, y el aroma que desprenden llega al tendido a embriagar pituitarias. Tiene un valor sereno impropio del torero de inspiración que es, se pasa los toros muy cerca, y ha dado signos de madurez insólitos en su edad. Esta tarde ha plantado su fina estampa frente a un hosco toro sexto que aprendía el lenguaje de signos en cada muletazo, sin descomponerse en ningún momento, menos aún después de ser cogido y acosado en el suelo en un instante dramático. La gran estocada que dejó en los rubios valía por si misma un trofeo.

Al finalizar la función dos matadores abandonaron a pie el circo entre ovaciones, mas el tercero lo hizo a hombros, en loor de una multitud aún bajo los efectos del sortilegio de amplio espectro del maestro de hipnosis.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veinticinco de agosto de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde nubosa y agradable.

 

Toros de Victoriano del Río bien presentados, con trapío, armónicos, con capas variadas. Primero: Dos puyazos; flojo y descastado. Pitos al arrastre. Segundo: Un puyazo y un picotazo; flojo y noble. Silencio. Tercero: se parte el cuerno derecho por la pala al rematar en un burladero. Tercero bis: Dos puyazos derribando en el primero; bravo, noble y de alegre embestida. Palmas. Cuarto: Dos puyazos; flojo, parado y manso. Ovación. Quinto: Dos puyazos; duro de pezuña, bronco y deslucido. División de opiniones. Sexto: Dos puyazos; flojo, de pronta embestida, desarrolló sentido. Palmas.

 

Enrique Ponce, de marfil y oro: Media estocada tendida y un golpe de descabello (silencio). Gran estocada (dos orejas).

 

Cayetano, de tabaco y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos tras petición). Pinchazo y estocada casi entera (silencio).

 

Ginés Marín, de celeste y azabache: Tres pinchazos y dos golpes de descabello (ovación y saludos). Gran estocada (oreja).

 

Incidencias:

El rey emérito Juan Carlos I asistió a la corrida acompañado de su hija Elena y del doctor Eduardo Anitua en un palco.

Los tres espadas le brindaron su primer toro, con gran ovación del público y algunos pitidos.

Cayetano instó a sus banderilleros a que emplearan garapullos diferentes a los oficiales de la plaza, e Iván García clavó dos grandes pares con rehiletes adornados con la bandera de España.

Una pequeña porción del público protestó, la mayoría aplaudió, y el torero clavó dos grandes pares tras los cuales hubo que saludar montera en mano.

Enrique Ponce salió a hombros por la puerta grande entre el clamor del público.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura