Toreo caro de Diego Urdiales

El toreo caro volvió a fluir ayer de las muñecas de Diego Urdiales, si bien es más preciso decir que manó de todo su cuerpo, pues este matador emplea cabeza, tronco y extremidades para engendrar el arte con pasmosa claridad. En su primer turno fijó a un manso con doblones pintureros, y se puso a torear al natural con el compás de toreo grande, dando sentido a cuanto hacía, corriendo la mano con profundidad y dominio, pues había que contener el manso espíritu de su antagonista. Pasó también por el pitón derecho con sobriedad clásica, moviéndose con leve pie, hasta el punto que había momentos en que parecía que flotara sobre el albero. Interpretó dos esculturales molinetes abelmontados que valían la entrada, y remató las series con trincherillas de su cuño que enardecieron al público que casi llenaba el coliseo. Faena de cante grande llena de sentimiento que valía una salida a hombros, mas pinchó en terreno de tablas y el toro se puso gazapón, reivindicando su mansedumbre con vehemencia, y casi se va vivo al corral, pues se escucharon dos avisos antes de que el descabello liquidara el trance.

El que hacía sexto pronto mostró su carácter áspero y violento, un genio que le impulsaba a tirar gañafones sin humillar, y sin embargo Diego Urdiales no se arredró y compuso bellas figuras, ayudándose al natural en los prolegómenos, templando en redondo en los medios, y saliendo de los arreones con solvencia y torería gallista. Tuvo que aliñar por bajo al finalizar el trasteo para calmar el temperamento hostil del de Garcigrande y cobró una estocada que le valió una oreja.

El Juli exhibió en el que abría plaza la técnica que le ha llevado a lograr el estatus de figura perenne, templando, desplazando al toro a su antojo y ligando los pases en un guijarro. La seguridad que irradia y la facilidad con la que compone sus faenas son paradigma del toreo contemporáneo. No necesitó dominar, pues el toro era dócil y las muñecas de su matador solventes, así que se tiró a matar, hirió con certeza y el público le otorgó un trofeo.

El resto de la corrida transcurrió sin pasajes reseñables, pues salió descastada y los matadores porfiaron sin éxito pases que no transmitían la emoción que siempre debe acompañar a los avatares de la lidia.

Ayer se confrontaron en el coso de La Ribera dos estilos diferentes, dos concepciones distintas del toreo, la técnica prodigiosa de El Juli con la inspiración clásica de Diego Urdiales, y sin embargo hubo poca competencia, pues no compareció el elemento esencial de la fiesta. Mucho torero para tan poco toro.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de La Ribera de Logroño, 21 de septiembre de 2018, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde calurosa.

 

Toros de José Vázquez (1º y 2º), Garcigrande (3º y 6º) y Zalduendo (4º y 5º) desigualmente presentados, en capas negras. Comportamiento diverso predominando la falta de casta. Primero: Negro mulato, chico y escurrido. Un picotazo en franca huida y un puyazo suave. Flojo y aborregado. Silencio en el arrastre. Segundo: Negro, chico y romo. Dos puyazos en franca deserción con coces a la cabalgadura y cinco picotazos pasando de largo, el cuarto en terreno de chiqueros. Manso. Pitos. Tercero: Negro listón, chico, protestado de salida. Dos puyazos empujando con la cara alta. Flojo y de escaso celo. Silencio. Cuarto: Negro con trapío. Dos duros puyazos, el primero en terreno de toriles, empujando con poco estilo. Incierto, escaso de celo y violento. Pitos. Quinto: Negro vareado con trapío. Dos puyazos. Flojo de viaje corto y poco fondo. Pitos al arrastre. Sexto: Negro, abierto de cuerna, escurrido de escaso trapío, pitado de salida. Dos putazos saliendo suelto. Duro, áspero y exigente. División de opiniones al arrastre.

 

El Juli, de marino y oro: Estocada (oreja). Metisaca hilvanado, dos pinchazos, estocada y dos golpes de descabello (silencio). Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio).

 

Diego Urdiales, de turquesa y oro: Dos pinchazos, estocada casi entera delantera, dos pinchazos más y tres golpes de descabello (silencio tras dos avisos). Pinchazo a toro arrancado, estocada delantera perpendicular y un golpe de descabello (silencio). Estocada y un golpe de descabello (oreja).

 

Incidencias:

 

Cuarta corrida de la feria de San Mateo.

Mano a mano entre dos toreros que gozan de gran consideración en Logroño.

Iván García saludó tras parear al quinto con brillantez.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

La disyuntiva de Roca Rey

Andrés Roca Rey tiene grandes condiciones para triunfar. Valor, compromiso con su causa, dominio de la técnica del toreo, voluntad de mejora y una estética que le hace diferente y reconocible. En los tres años que lleva en el escalafón superior se ha aupado a los primeros puestos del ranking, y su progresión indica que va a permanecer en cabeza durante lustros, si su ánimo no se quebranta. Sin embargo se enfrenta a una difícil disyuntiva. ¿Quiere ser un torero de leyenda o sólo una figura más?

Si se conforma con lo segundo el camino será sencillo y bastará con acartelarse con las demás figuras en madurez y permanecer a rebufo de su brillo cuantas temporadas le dure la ilusión, enfrentarse al toro moderno, noble hasta la docilidad, y planificar adecuadamente su relación con los medios de comunicación y el público.

Si su ambición le impulsa hacia metas más elevadas el itinerario será más exigente, pues habrá de enfrentarse a toros de todos los encastes en las plazas de mayor compromiso sin que su arrojo mengüe y deberá desarrollar un discurso, dentro y fuera de la plaza, profundo, cercano a la épica. Un torero de leyenda no lo es sólo por su quehacer sobre el albero. Debe además tener una dialéctica clara que llegue al público y cale en la sociedad hasta lograr el reconocimiento también en ámbitos diferentes al propio torero. Para lograrlo son necesarios madurez, principios y valores. Convertirse en un referente social que exponga con lucidez el valor de la Tauromaquia requiere de una reflexión muy profunda y una estrategia de comunicación sólida.

El toreo necesita de un referente como él y será una gran noticia que rebase la línea de lo convencional y se instale de forma definitiva en el terreno de la épica.

Ayer en Logroño se pudo ver cuanto se cita, pues se jugó, entre una gran expectación y casi diez mil personas que pagaron caros sus boletos, una corrida blanda de proverbial nobleza. Las dos figuras consagradas, con veintiocho y quince años de alternativa, manejaron con elegancia a sus toros, y obtuvieron tibios triunfos, más por la estética que imprimen a sus trasteos, que por la profundidad de su toreo. Sin embargo la figura emergente de Roca Rey desafió a sus antagonistas, lanceó con variedad y apreturas, y se pasó tan cerca los pitones del que hacía tercero en bernadinas que provocó en el generoso público riojano una mezcla de escalofrío y admiración que comienzan a generalizarse allá donde este maestro se anuncia.

La Tauromaquia necesita artistas admirables que se conviertan en referentes sociales. Necesita traspasar su límite sociológico para que sus valores sean conocidos y ponderados en todos los ámbitos. Necesita que Andrés Roca Rey decida convertirse en leyenda.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de La Ribera de Logroño, 20 de septiembre de 2018, casi lleno en tarde calurosa.

 

Toros de Juan Pedro Domecq (2º, 3º, 4º y 6º), desigualmente presentados, en capas negras y castañas. Comportamiento diverso predominando la nobleza. Toros de Parladé (1º y 5º), de distinta presentación. Primero: Castaño escurrido. Un puyazo. Noble y muy flojo. Silencio en el arrastre. Segundo: Negro. Dos puyazos arrancándose de largo. Bravo. Palmas. Tercero: Castaño. Un puyazo largo en terreno de chiqueros y un picotazo. Flojo, noble, de escaso fondo. Palmas. Cuarto: Negro con trapío. Dos puyazos suaves. Noble con fijeza y repetición. Silencio. Quinto: Negro. Dos puyazos arrancándose de largo. Noble de escaso fondo. Silencio al arrastre. Sexto: Negro escurrido. Un puyazo sin apretar y un picotazo. Muy flojo, de alegre arrancada y repetición. Gran bronca.

 

Enrique Ponce, de marino y oro: Estocada delantera caída (oreja). Media estocada caída y dos golpes de descabello (ovación y saludos tras aviso).

 

José María Manzanares, de marino y oro: Estocada caída (oreja). Pinchazo, pinchazo hondo y un golpe de descabello (silencio).

 

Roca Rey, de tabaco y oro: Pinchazo hondo y estocada desprendida (oreja). Pinchazo y estocada casi entera (silencio).

 

 

Incidencias:

 

Tercera corrida de la feria de San Mateo.

La presidencia escuchó una gran bronca al finalizar el festejo por no devolver al corral al sexto toro.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Ginés Marín da fiesta a la encastada nobleza de uno de Zalduendo

Salió en sexto turno un toro negro de Zalduendo de buen tranco, alegre galope, celo en los señuelos, fijeza, repetición y empuje suficiente y Ginés Marín le dio fiesta grande. Comenzó la faena rodillas en tierra pasando por el pitón derecho, tal vez como homenaje al maestro Padilla a quien brindó su actuación, y ya estaba de nuevo de pie para ensayar el natural templado y rematar con un molinete la variada serie. Hubo ligazón y mando por ambos lados, verdad en el cite y majeza en los movimientos armónicos que componían una faena de alcance. En las postrimerías del trasteo citó de frente con la muleta a la espalda en ajustadas bernadinas, cambiando la flámula de lado hasta que el toro decidía cómo y por donde pasar, rozando en el cuarto embroque la taleguilla, quedando en posición comprometida que hubo de resolver con un molinete de recurso. Flotaba en la cálida atmósfera el aroma del toreo caro, la inspiración y el arrojo del joven torero, y la encastada nobleza del de Zalduendo cuando montó el estoque y entró a herir. Hubo de hacerlo por tres veces, pues el primer encuentro se saldó con un pinchazo, el segundo con un metisaca superficial y sólo en el tercer viaje acertó a dejar una estocada baja que fue suficiente para dar cuenta del toro noble protagonista de la fiesta. No hubo trofeos, mas dejó credenciales de artista de honda inspiración con un hermoso futuro que componer.

Juan José Padilla recibió después del paseíllo un caluroso homenaje de la afición riojana, y la casa Chopera le entregó una escultura conmemorativa de sus veinticuatro temporadas en el escalafón superior. Quiso responder a semejantes deferencias con arrojo y tesón, pues recibió a su primero con dos largas cambiadas en el tercio, lo banderilleó con decisión, lo pasó de muleta con su reconocida técnica lidiadora y circundó, como premio, el anillo jaleado por el público. En el cuarto se inhibió en el segundo tercio, mas desplegó en el de muerte una parte del repertorio que le ha granjeado un lugar destacado en el toreo contemporáneo, pasando al natural, moviendo pendularmente el señuelo, alternando desplantes con rodillazos, ajustando la bernadina, y matando con mucha verdad, ganando una oreja que paseó con orgullo entre banderas piratas.

Antonio Ferrera dejó para el quinto acto lo mejor de su toreo, si bien la debilidad del toro limitó el brillo de series templadas y desmayadas al natural de gran valor estético. Pinchó antes de cobrar la estocada y aún hubo de emplear dos golpes de descabello para acabar con el toro.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de La Ribera de Logroño, 19 de septiembre de 2018, media plaza cubierta en tarde calurosa.

 

Toros de Zalduendo, bien presentados, en capas negras y castañas. Comportamiento diverso predominando la nobleza. Primero: Castaño enmorrillado. Dos puyazos, el primero en terrenos de chiqueros. Noble. Palmas en el arrastre. Segundo: Castaño enmorrillado. Dos puyazos, el primero muy duro, tirando cornadas en el peto. Noble y flojo. Silencio. Tercero: Negro. Dos puyazos, el primero sacando el caballo a los medios, el segundo sin celo. Flojo, escaso de celo y de viaje corto. Silencio. Cuarto: Negro. Dos puyazos empujando. Noble, de escaso celo y viaje corto. Palmas. Quinto: Negro, musculado y enmorrillado. Un puyazo suave y un picotazo. Flojo, noble y escaso de celo. Silencio al arrastre. Sexto: Negro. Un puyazo sin apretar y un picotazo. Encastado y noble. Ovación.

 

Juan José Padilla, de turquesa y oro: Estocada tendida caída y dos golpes de descabello (vuelta al ruedo). Estocada (oreja).

 

Antonio Ferrera, de grana y oro: Estocada trasera en la suerte de recibir, tal vez sin quererlo (ovación). Pinchazo, estocada y dos golpes de descabello (silencio tras aviso).

 

Ginés Marín, de gris y oro: Pinchazo hondo que traga el toro y se convierte en casi entera (silencio). Pinchazo, metisaca corto y estocada caída (ovación).

 

 

Incidencias:

 

Segunda corrida de la feria de San Mateo.

Juan José Padilla, que se despedía de Logroño, recibió una escultura conmemorativa de manos de la familia Chopera.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Manuel Escribano gana un trofeo ante un manso con poder de Victorino

Salió de chiqueros el quinto toro, cárdeno bragado, bajo, musculado, de mirada aviesa, se aproximó sin prisa a la capa manejada por Manuel Escribano en terreno de tablas, hizo una suerte de regate en corto y decidió no pasar. Se quedó inmóvil el torero a no más de tres metros del albaserrada y esperó a que su peón lo citara, con idénticos resultados. Pasar o no es potestad del toro, y para situaciones así tiene la Tauromaquia doctrina suficiente, mas el espectador, que siempre espera embestidas pastueñas, no transige con actitudes diferentes a las convencionales. Toro reservado y probón que desató la ira del público, especialmente cuando entró al caballo al relance, sitió el hierro, se lo quitó de los lomos con un brinco, y con un escorzo violento inició una franca huida dejando en el aire una coz que cerca estuvo de golpear al montado. Recibió dos duros puyazos más, el segundo en las cercanías de toriles, apretando de puro manso con poder que resultó ser. Difícil en banderillas, que el maestro delegó en la cuadrilla, llegó incierto al tercio de muerte, en el que Escribano mostró un saber lidiador que consistió en ligar pases en redondo, encelando al toro en la flámula en un ciclo continuo para evitar la eventual deserción. Faena corta en la que pudo más la técnica que la inspiración, coronada con una estocada casi entera algo trasera que valió la petición mayoritaria de un trofeo que fue reglamentariamente concedido por la presidencia. En no más de veinte minutos el respetable pasó de la iracunda protesta a la complacencia triunfal, siendo el mismo toro el actor de la obra.

Juan Bautista, triunfador un año atrás con este mismo hierro, se despidió ayer de Logroño saliendo por la puerta de la enfermería. Trasteó sin convicción a su primero y expuso en su segundo, que le prendió por la corva cuando pasaba con la mano derecha, tirándole derrotes en el suelo en un instante angustioso. Pese a estar herido compuso un par más de series y mató de una certera estocada, tras la cual pasó a la enfermería donde se le apreció una cornada de trece centímetros en el muslo derecho de carácter menos grave.

Joselito Adame estuvo fuera de sitio toda la tarde, sin cruzarse ni ligar, ensayando medios pases destemplados que no tuvieron profundidad. Intentó en los colofones el toreo encimista, mas este encaste no tolera ese discurso, hubo de claudicar y se fue de La Rioja silenciado, entre la indiferencia del público.

Podrá discutirse el valor estético de la faena de Manuel Escribano, mas deja en el coso de La Ribera sus credenciales de lidiador comprometido, capaz de dar al manso la lidia de manso entregándose a la obra, y conseguir el favor del público.

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de La Ribera de Logroño, 18 de septiembre de 2018, un cuarto de plaza cubierta en tarde calurosa.

 

Toros de Victorino Martín, de excelente presentación, en capas cárdenas y entrepeladas. Comportamiento diverso. Primero: Negro entrepelado, aplaudido de salida. Un puyazo. Flojo, noble y escaso de celo. Silencio en el arrastre. Segundo: Cárdeno, aplaudido de salida. Dos puyazos viniéndose de largo y empujando. Bravo. Ovación. Tercero: Negro entrepelado. Dos puyazos. Flojo, escaso de celo y de viaje corto. Silencio. Cuarto: Negro entrepelado, muy bien armado, palmas de salida. Un puyazo. Flojo, de escaso celo y viaje corto. Silencio. Quinto: Cárdeno bragado, bajo, musculado y enmorrillado. Un picotazo en franca huida soltado una coz, dos fuertes puyazos, el segundo a en terrenos de chiqueros. Manso con poder. Silencio al arrastre. Sexto: Negro entrepelado. Dos puyazos. Noble, fijo y humillado. Silencio.

 

Juan Bautista, de Rioja y oro: Seis pinchazos y un golpe de descabello (silencio). Estocada (palmas).

 

Manuel Escribano, de nazareno y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Estocada casi entera trasera (oreja).

 

Joselito Adame, de catafalco y plata: Estocada (silencio). Pinchazo y estocada caída trasera (silencio).

 

 

Incidencias:

 

Primera corrida de la feria de San Mateo.

Juan Bautista, que se despedía de Logroño, fue intervenido en la enfermería de la plaza de una cornada de trece centímetros en el tercio medio del muslo derecho de carácter menos grave.

Manuel Escribano debutó en el coso logroñés.

Jarocho y Fernando Sánchez saludaron tras parear al sexto toro.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Toros de otro tiempo

En 1842 la Reina Isabel II ocupaba el trono bajo la regencia de su madre María Cristina de Borbón. Se libraba la primera guerra carlista entre absolutistas y liberales. Faltaban aún seis años para que se inaugurara la primera línea de ferrocarril. La gente viajaba a caballo o en carruaje, empleando varias jornadas en desplazarse a ciudades próximas. Faltaban más de cuarenta años para que se instalara la red eléctrica. La esperanza de vida en España se aproximaba a los treinta años. La talla media de los ciudadanos no alcanzaba el metro y medio. En analfabetismo era superior al setenta por ciento. Y Juan Miura formaba una ganadería de bravo con reses de origen Gallardo.

Ciento setenta y cinco años después el nombre de esta honorable familia sigue apareciendo en los carteles de las ferias más prestigiosas, siendo sinónimo de dureza y peligro. La sangre que riega la aparatosa anatomía de estos toros no es muy diferente a la que derramaron los estoques de Paquiro, Lagartijo, Frascuelo, El Espartero, Machaquito, Pepete, El Guerra, Joselito, Belmonte, Pepe Luis o Manolete. Es un toro de otro tiempo, con un carácter diferente que se define por otros parámetros de medida. Su comportamiento es distinto, no cabe hablar de nobleza, sino de listura. El toro de Miura es más o menos listo, tiene más o menos personalidad, aprende más o menos rápido es más o menos certero manejando sus astas. La lidia a aplicar no es la que interpretan las figuras modernas y embelesa a los públicos del siglo XXI, sino que se fundamenta en el valor, el conocimiento del toro y la brega contínua. Es un diálogo de común breve, con palabras altisonantes, en el que no cabe la lírica, sino la épica.

Los lidiados ayer en Bilbao fueron irreductibles, desarrollaron listeza y peligro, y alguno hubo diestro en el manejo de arma blanca.

Es la escena perfecta para que Octavio Chacón desarrolle su discurso, pleno de saber, oficio y vergüenza torera. Ayer dio una master class en su enfrentamiento con el listo cuarto, que por momentos parecía tener dentro a una persona. Lidió con verdad, ensayó pases por ambos pitones con seguridad y entendimiento, esquivó gañafones, se puso a salvo con conocimiento de las querencias, e hirió con gran habilidad, una vez que el toro manifestó con sus gestos que no iba a pasar ni una vez más. Al primero lo lidió con semejante estilo, e hizo una faena larga coronada con una gran estocada. En el sexto turno hubo de intervenir de nuevo, pues Juan Leal estaba siendo intervenido en la enfermería por los cirujanos de una grave cornada, y asumió sin un mal gesto esperas, tornillazos, gazapeos, viajes cortos y escorzos inverosímiles en busca de su pechera, e incluso el arreón final del toro, que una vez herido por el estoque, buscaba venganza.

 

 

 

 

 

Pepe Moral recibió con largas cambiadas en el tercio a sus dos miuras, si bien el que hacía quinto fue devuelto tras el segundo puyazo, y sustituido por un bravo de Salvador Domecq al que dio fiesta en una faena templada y ligada que no tuvo premio, pues la estocada fue antecedida por un pinchazo y un metisaca. Torero de empaque, valeroso, bien dotado técnicamente que desarrolla un concepto muy clásico.

Juan Leal exhibió un valor temerario ante un toro orientado de Miura que, al no mediar la providencia, terminó naturalmente en la enfermería. Su valentía parece no tener límites, no se arredra, allá le quite el toro el chaleco en una angustiosa cogida, y se tira a matar con decisión bélica, pagando el tributo de la oreja ganada con una cornada de quince centímetros en el muslo.

El toro decimonónico tiene argumentos para interesar al aficionado y es la piedra de toque perfecta para calibrar las habilidades de grandes lidiadores. Verlos saltar a la arena, con sus capas polícromas, su acusada personalidad, y su comportamiento incierto, es una experiencia instructiva y de intensa emoción que no debería perderse por los siglos de los siglos.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 26 de agosto de 2018, media plaza cubierta en tarde soleada.

 

Toros de Miura, de impresionante trapío en capas diversas, con carácter, listos y de comportamiento avieso. Sobrero que hace quinto de Salvador Domecq, bien presentado, burraco y bravo. Primero: Ensabanado capirote, ovacionado de salida, mugidor. Dos puyazos arrancándose de largo y empujando. Duro y peligroso. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Cárdeno, aplaudido de salida. Dos puyazos viniéndose de largo. Duro y peligroso. Pitos. Tercero: Cárdeno. Dos puyazos arrancándose de largo. Devuelto, tal vez por flojo. Tercero bis: Corre turno y sale el previsto como sexto. Negro bragado, aplaudido de salida. Dos duros puyazos. Correoso y reservón. Cuarto: Castaño, ovacionado de salida, mugidor. Dos puyazos. Listo, duro y correoso. Palmas. Quinto: Negro, bragado, axiblanco, ovacionado de salida. Devuelto por cojo. Quinto bis: Burraco de Salvador Domecq. Dos puyazos. Bravo. Palmas. Sexto: Cárdeno. Dos puyazos. Listo, duro y peligroso. Pitos al arrastre.

 

Octavio Chacón, de azul turquesa y oro: Gran estocada (ovación y saludos). Estocada casi entera (oreja). Pinchazo y estocada habilidosa saliendo acosado (ovación y saludos).

 

Pepe Moral, de grana y oro: Estocada trasera (silencio). Dos pinchazos y estocada caída (ovación y saludos tras aviso).

 

Juan Leal, de grana y oro: Estocada a toma y daca saliendo herido (oreja). Hubo de ser intervenido quirúrgicamente y no pudo lidiar el sexto.

 

 

Incidencias:

 

Octava y última corrida a pie de la Semana Grande de Bilbao.

Juan Leal, corneado por su primer toro, fue intervenido en la enfermería de la plaza de una herida de 15 centímetros en la cara inferior interna del muslo derecho y conducido después a un hospital. Diagnóstico menos grave.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Manantial de toreo cristalino

Diego Urdiales se vestía de luces por tercera vez en la temporada y dictó una clase magistral de torería, ese don que le adorna y debería mostrar con mayor asiduidad a los públicos, tan necesitados de eventos edificantes.

Su breve pie pareció flotar sobre el albero desde que los alguaciles despejaron el ruedo hasta que fue izado a hombros, y conducido junto al monumento a Iván Fandiño, recién colocado en la explanada de Vista Alegre, a quien dedicó su rotundo éxito en un gesto que es ya una bella tradición en Bilbao.

Su toreo exhala aromas de romero, y se alinea con el más puro clasicismo, pues no emplea el artificio, ni alardea de valor, no violenta a sus toros, no se precipita en la ejecución de las suertes, y deja que la lida fluya con la misma naturalidad con la que el agua surge de un manantial.

La levedad de su figura engrandece la obra, pues se trae al toro reunido y remata junto a la cadera, componiendo escenas de gran carga dramática, y cuando llega el momento de estoquear se tira tras la espada con la decisión de un lego y la verdad de quien ansía el triunfo más que cualquier otra cosa. La aparente fragilidad de sus muñecas es, sin embargo, la clave de un toreo de seda, con vuelos medidos y siempre armónicos, que seducen al toro y le embelesan para el embroque siguiente. Ayer en Bilbao volvió a lucir la diferencia que le convierte en un torero de culto, y cruzó a hombros el dintel de la puerta grande entre el delirio del público, que se sabía testigo y partícipe de una faena para el recuerdo.

Enrique Ponce templó la floja embestida de sus toros consiguiendo series perfectamente ligadas que alcanzaron vuelo, con la impronta de la elegancia que siempre imprime a su toreo, mas mató mal y eso frustró el éxito que estuvo cerca de lograr.

El Juli pronunció un alegato a favor de la responsabilidad y la capacidad lidiadora que llegó pronto a los tendidos. El quinto turno deparaba dos castaños chorreados devueltos al corral y un manso de bella lámina con peligro frente al que volvió a presentar sus credenciales de torero con una capacidad excepcional de entendimiento y ejecución. Pudo aliviarse o acortar la faena, mas ese no es su estilo, y la vergüenza torera con la que se fajó cercano a los dos pitones que portaba Lancero, debería ser materia obligatoria en las escuelas de tauromaquia.

La plaza de Vista Alegre ha sido el marco ideal para escenificar tres conceptos del toreo, tres estilos diferentes de tres grandes toreros, mas el toreo fesco, natural y cristalino de Diego Urdiales queda grabado a fuego en la memoria de los aficionados.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 25 de agosto de 2018, tres cuartos del aforo cubierto en tarde soleada.

 

Toros de Alcurrucén de desigual presentación y de juego diverso. Primero: Negro listón. Dos puyazos. Flojo y noble. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Castaño, chorreado, bragado, axiblanco y calcetero. Flojo y descastado. Pitos. Tercero: Castaño, chorreado, axiblanco y bragado. Un puyazo y un picotazo. Flojo y noble. Ovación. Cuarto: Castaño chorreado. Dos puyazos. Noble sin humillar. Palmas. Quinto: Castaño chorreado en verdugo, pobre de cabeza. Devuelto por partirse un pitón en su encuentro con el piquero. Quinto bis: Castaño chorreado bragado meano. Devuelto por cojo. Quinto tris: Berrendo en castaño de muy bella lámina, ovacionado de salida. Dos puyazos. Manso con peligro. Pitos. Sexto: Negro listón. Dos puyazos. Bravo. Ovación al arrastre.

 

Enrique Ponce, de grana y oro: Dos pinchazos, un metisaca y una estocada (silencio tras aviso). Pinchazo, pinchazo hondo y un golpe de descabello (ovación y saludos).

 

El Juli, de azul marino y oro: Estocada trasera (silencio). Dos pinchazos y estocada caída (ovación y saludos tras aviso).

 

Diego Urdiales, de oliva y oro: Estocada contraria (oreja tras aviso). Pinchazo y gran estocada (dos orejas tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Séptima corrida a pie de la Semana Grande de Bilbao.

Diego Urdiales salió a hombros de la plaza, y fue conducido junto al monumento a Iván Fandiño, tocó la estatua y lanzó un emotivo beso al cielo.

Es el segundo matador que sale a hombros de Vista Alegre tras la inauguración del monumento y repite el ritual que ya hiciera Roca Rey la víspera, gesto que debe convertirse en tradición.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Ser manso no es tan malo, si se tiene casta

En el año convulso que vive la fiesta ser manso no es tan malo, e incluso, tal y como está el escalafón de figuras, puede que sea una ventaja competitiva para reportar al criador réditos y fama.

En un tiempo como el que corre, en que un ganadero reconoce en un coloquio matutino que elimina las vacas demasiado bravas pues no podrían engendrar productos con el temperamento requerido, es evidente que la bravura no es la meta, y se trata de igualar por abajo, esto es, todos mansos y que cada uno lidie según su propio concepto. Los sabios del toreo admiten desde antiguo que citarse en el ruedo con un toro auténticamente bravo es el mayor envite que puede sufrir un torero, y muchos han sido los que no han querido ver ejemplares así ni en pintura. La bravura exige, puede desbordar, y algunas veces pone en evidencia las carencias lidiadoras de los menos avezados. La mansedumbre, por el contrario, es de común permisiva, pues cabe un pacto de no agresión sin vencedores ni vencidos. También es posible plantear la batalla aunque la otra parte acuda al combate sin convicción ni entrega, generando pasajes de una tauromaquia menor, mas también artística.

El huracán peruano entiende como nadie la nueva doctrina taurómaca pues ayer se fajó con valor y torería con un manso contumaz en su instinto de huida. Le plantó cara, lo enceló en la muleta, pisó terrenos de compromiso y logró por ambos pitones series templadas, plenas de ligazón y mando. Lanceó con ajuste y exposición, se movió por el ruedo con majeza y firmeza de figura mayor. Ofició una lidia emocionante, pues descubrió un hermoso fondo de casta en el manso que hizo sexto, y erigió una vibrante y armónica faena, convirtiendo en belleza la brusca acometida del toro de Victoriano del Río. Se tiró tras la espada con gran decisión y cobró una gran estocada después de un honorable pinchazo en junto al hoyo de las agujas que el presidente de Vista Alegre, don Matías González, premió inopinadamente con doble trofeo.

Sebastián Castella dictó otra lección de la moderna tauromaquia con un manso que entró seis veces al caballo, si bien las cuatro primeras salió rebotado al sentir el hierro en escorzos inverosímiles, y la sexta recibió castigo a favor de querencia. Se vino arriba en el último tercio y embistió con casta y celo, posibilitando el torero hierático que identifica a este torero. Nueva entrega de mando y valor que redunda en el perfil de este matador estoico.

José Garrido, que entró en el cartel en sustitución de Cayetano, quiso justificar la decisión de la Junta y se puso a porta gayola para recibir a su primero, mas éste se lesionó quedando tendido en la arena componiendo junto al torero arrodillado una escena inédita. Construyó dos faenas largas y valerosas, cerca de los pitones que finalizaron en arrimones temerarios, de natural poco plásticos, coronadas con estocadas deficientes, especialmente la infligida a su primero.

Al finalizar el festejo, mientras la excelente banda de música atacaba con pasión las notas del pasodoble “Dauder”, Andrés Roca Rey era paseado a hombros por el ruedo ceniciento, y la sangre de los aficionados bilbaínos ardía por la emoción de un triunfo tan grande como necesario, un rumor se extendía de súbito por la dehesa entre añojos, erales, utreros y vacas en edad de merecer: ser manso no es tan malo, si se tiene casta.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 24 de agosto de 2018, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde nubosa.

 

Toros de Victoriano del Río, 2º, 3º, 5º y 6º; Toros de Cortés, 1º y 4º; y de Encinagrande, 2º bis, jugado como sobrero; de desigual presentación y de juego diverso. Primero: Negro axiblanco. Cuatro picotazos en franca huida, y dos puyazos, el último en chiqueros. Manso y encastado. Ovación en el arrastre. Segundo: Negro listón. Devuelto al corral al lesionarse de manera insólita al recibir una larga cambiada a porta gayola, quedando inmóvil sobre la arena. Segundo bis: Negro listón. Dos puyazos sonando el estribo, el segundo muy trasero. Manso. Pitos. Tercero: Negro bragado. Un puyazo y un picotazo. Manso. Palmas. Cuarto: Burraco. Un puyazo y un picotazo. Noble con poco fondo. Pitos. Quinto: Negro gargantillo, protestado de salida. Un puyazo y un picotazo. Noble y flojo. Pitos. Sexto: Burraco. Un puyazo y un picotazo. Manso y encastado. Ovación al arrastre.

 

Sebastián Castella, de nazareno y oro: Pinchazo y estocada trasera (ovación y saludos). Estocada caída delantera (ovación).

 

José Garrido, de musgo y oro: Espantosa estocada caída, delantera y atravesada (palmas). Estocada casi entera caída, delantera y atravesada (ovación y saludos).

 

Roca Rey, de primera comunión y plata: Media estocada desprendida y un golpe de descabello (ovación y saludos tras aviso). Pinchazo y gran estocada (dos orejas tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Sexta corrida a pie de la Semana Grande de Bilbao.

Andrés Roca Rey salió a hombros de la plaza, y fue arriado junto al monumento a Iván Fandiño, frente al cuál tuvo un instante de recogimiento.

Es el primer matador que sale a hombros de Vista Alegre tras la inauguración del monumento y el instaurador de un gesto que debe convertirse en tradición.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El toro noruego que parece de Bilbao

Debutaban entre una gran expectación los toros de El Parralejo en las Corridas Generales de Bilbao, herederos de dos estirpes de acreditada bravura como Jandilla y Fuente Ymbro, exhibiendo un soberbio trapío, y pronto se descubrió que lo suyo era sólo fachada.

Ver salir entre ovaciones al cuarto, negro y escandalosamente cornalón, de prominente morrillo, musculatura acerada desde el belfo hasta la penca del rabo y mirada aviesa era, en si mismo, un espectáculo. Contemplar la comparecencia del castaño quinto con dos guadañas en la testa y casi seiscientos kilos de fibra agresiva causaba temblores hasta en las galerías. Sin embargo no tardaron mucho en reividicar su origen espurio, alejado de la laguna desecada de La Janda, quien sabe si cercano a algún gélido fiordo noruego.

Los hubo broncos, mansos y geniudos, mas faltó el celo inherente al toro bravo y la humillación que se requiere para recrear el toreo artístico que había venido a vivir el público de Bilbao.

Antonio Ferrera se fajó con su lote en una nueva muestra de su saber lidiador, su coraje torero y, por momentos con inspiración clásica. Porfió pases imposibles, plantó cara, estuvo firme en todo momento y logró series sobre ambas manos reconocidas con ovaciones por el público de Vista Alegre. Dirigió la lida con rigor y se permitió un bellísimo galleo por gaoneras quitando al sexto toro en una estampa añeja plena de sabor.

A Miguel Ángel Perea le correspondió en el sorteo más leña que a sus compañeros de terna, lidió sin confiarse al segundo, y pasaportó al quinto sin muchos miramientos, pues era deslucido y embestía con la cara alta, rematando los embroques con un violento tornillazo.

Ginés Marín trapaceó sin profundidad ni ligazón a su primero, el más noble del encierro, las más de las veces al hilo del pitón, sin confiar en las intenciones del toro castaño que recibió tres puyazos, provocó un derribo y llegó fuerte al último tercio. En su segundo turno, brindado al público, se mostró bullidor y responsabilizado, corriendo la mano izquierda con aroma clásico, mas sin dar empaque a una faena que careció de ligazón.

El toro de Bilbao tiene estas hechuras, es cabeza de camada, luce bruñidas y generosas cornamentas, enseñorea trapío sobre el albero ceniciento de Vista Alegre y muestra capas variadas para disfrute de la afición. También alberga en su más íntimo instinto la bravura que le hace ser admirado y temido, la encastada nobleza que hace posible en milagro del arte. Ayer faltó lo segundo, y la afición, al salir decepcionada del coso, se preguntaba si los impresionantes toros corridos eran fruto de algún nuevo encaste alimentado por musgos y líquenes en tierras nórdicas.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 23 de agosto de 2018, casi media plaza cubierta en tarde nubosa.

 

Toros de El Parralejo, cuatro de ellos muy bien presentados y los otros dos de pavoroso trapío, fuertes y de juego diverso. Primero: Negro listón. Dos puyazos empujando. Encastado, desarrolla sentido. Palmas en el arrastre. Segundo: Negro. Dos puyazos empujando. Fuerte y manso, con poca entrega y humillación. Pitos. Tercero: Castaño. Tres puyazos con derribo en el segundo. Noble. Algunos pitos. Cuarto: Negro de impresionante arboladura, morrillo prominente y musculada culata, aplaudido de salida. Dos duros puyazos. Flojo, noble y con poco celo. Palmas. Quinto: Castaño de impresionante trapío, aplaudido de salida. Dos duros puyazos recibidos con la cabeza alta. Encastado y correoso. Pitos. Sexto: Dos puyazos empujando. Hosco y con poco celo. Pitos al arrastre.

 

Antonio Ferrera, de azul marino y oro: Estocada caída, trasera y un golpe de descabello (palmas). Pinchazo y estocada fulminante (ovación y saludos tras aviso).

 

Miguel Ángel Perera, de teja y oro: Estocada casi entera caída (silencio tras aviso). Dos pinchazos y estocada casi entera en el costillar (bronca).

 

Ginés Marín, de azul Bilbao y oro: Estocada desprendida y un golpe de descabello (silencio). Estocada desprendida (silencio).

 

 

Incidencias:

 

Quinta corrida a pie de la Semana Grande de Bilbao.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Digno epílogo para una bella historia

El lazo de parentesco afectivo de Juan José Padilla con Bilbao viene de lejos. Desde que debutó en Vista Alegre en 2000 con una corrida de Cebada Gago y continuó un año más tarde encerrándose con seis toros de Miura, son dieciocho las veces que ha hollado el ruedo ceniciento, casi siempre en clave de triunfo, y en todos los casos recibiendo el reconocimiento de una afición que valora su valentía y su entrega.

Ayer el público de Bilbao quería despedirle como merece un matador comprometido y audaz, y jaleó cada lance, celebró cada pase como si fuera Joselito redivivo, más allá del temple o la ligazón que imprimiera, deseando el triunfo casi tanto como el propio torero.

La admiración se ha transformado en un cariño sincero, y el lidiador comienza a verse como un hombre que encarna unos valores admirables. Ayer en un coloquio con jóvenes aficionados celebrado por la mañana en la Sociedad Bilbaína le preguntaban sobre su forma de entender la superación de la adversidad, la pasión, el control de las emociones, la humildad, la determinación, y se descubrió que todas ellas son virtudes que adornan al sencillo panaderito que se convirtió en un hombre reconocido por su coraje.

Si la corrida es un exponente efímero de la vida, una escuela súbita de lo que la naturaleza depara al hombre, este torero es el referente de los valores que posibilitan el éxito justo.

No importó tanto que recibiera a su segundo con largas cambiadas en el tercio, que lanceara a la verónica y por chicuelinas, que pasa de muleta al natural y en redondo, que se desplantara en tablas con un manso, que matara a ley con dos estocadas, o que el palco le otorgara una oreja. Lo valioso es lo que ha hecho sentir a la afición durante casi un cuarto de siglo, que le ha granjeado el estatus de hijo predilecto, también de Bilbao.

Sus compañeros de terna, dos de las máximas figuras del escalafón, volvieron a enfrentarse a toros descastados, salvo el sexto, de arrancada alegre, que propició los momentos más artísticos de la tarde.

El Juli volvió a exhibir un conocimiento enciclopédico de psicología bovina, aprovechando inercias y querencias en todos los tercios en que intervino, manejó la mansedumbre de sus dos oponentes con mano firme y extrajo algún natural largo que el público ovacionó.

José María Manzanares hizo lo propio con su primero y sometió y templó la impetuosa embestida del que hacía sexto, demostrando que puede con todos los toros, si bien los de casta son los que ofrecen mayores posibilidades de lucimiento.

Bilbao despidió ayer a uno de sus toreros predilectos en un sincero homenaje poniendo el colofón a una bella historia de ambición y superación de la que la afición ha sido testigo de privilegio.

Larga vida al Ciclón de Jerez.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 22 de agosto de 2018, dos tercios de entrada en tarde nubosa.

 

Toros de Garcigrande los tres primeros, bien presentados, en capas negras. Mansos y descastados. Toros de Domingo Hernández los tres últimos, bien presentados, en capas negras salvo el último castaño, de juego diverso. Primero: Dos puyazos. Manso y descastado. Pitos en el arrastre. Segundo: Un puyazo al relance y otro muy medido. Manso y descastado. Pitos. Tercero: Dos puyazos. Manso y descastado. Algunos silbidos. Cuarto: Dos puyazos, el primero trasero. Manso. Palmas. Quinto: Dos puyazos. Manso. Palmas. Sexto: Dos puyazos. Encastado. Palmas al arrastre.

 

Juan José Padilla, de fucsia y azabache: Estocada (silencio). Estocada (oreja).

 

El Juli, de pizarra y oro: Media estocada trasera (silencio). Un pinchazo y estocada casi entera (ovación y saludos).

 

José María Manzanares, de azul marino y oro: Estocada desprendida (ovación y saludos). Dos pinchazos y estocada (ovación tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Cuarta corrida a pie de la feria de Semana Grande de Bilbao.

Juan José Padilla, que se despedía de Bilbao, fue homenajeado en los prolegómenos del festejo con un “aurresku”, baile vasco honorífico.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Toros inválidos para figuras rutilantes

Salían los toros de Núñez del Cuvillo de chiqueros enseñoreando trapío, luciendo bruñidas cornamentas, algo atacados, y era otear cualquier trozo de percal, acercarse a regañadientes y zozobrar dando con su anatomía en el ceniciento albero bilbaíno. El primero se dio tal costalada que ya no pudo recobrar el aliento, y hubo de ser sustituido por inválido. Los demás no corrieron mejor suerte, especialmente el primero bis y el tercero, que cayeron a plomo y hubo de emplearse toda la infantería en recuperarlos, en un bochornoso espectáculo consistente en agarrarles de los cuernos, o de los cuernos y el rabo, en un manoseo impúdico para la liturgia de la lidia. Cuando estas maniobras se escenifican en el ruedo el toro, paradigma de la fiereza, ser mitológico inabordable, queda descalificado, pues se convierte en un discreto producto cárnico ayuno de los valores que debieran caracterizarle.

Con semejante género la nómina de figuras convocada para el evento fue pasaportando, ora con gesto de desesperación por no poder lucir su arte, ora con postura aflamencada para acompañar el viaje a la querencia, mas siempre tratando de no quebrantar el ánimo de los pupilos de El Grullo, ánimo de por si ya vencido.

Cabe preguntarse qué hacían allí Enrique Ponce, consumado maestro, poseedor de una técnica exquisita y una inteligencia natural superdotada para entender los toros; José María Manzanares, matador en sazón, paradigma de la inspiración y el oficio; y Andrés Roca Rey, joven aspirante al cetro del toreo que debe hacer méritos cada tarde para consolidar su posición de privilegio. Los tres saben el momento que atraviesa cada ganadería y lo que se puede esperar de cada encaste. Los tres deben saber que al conjuro de sus nombres el público acude a las plazas para vivir la emoción y la belleza del toreo, y que no es momento de generar decepciones.

Cabe también preguntarse si tardes como la vivida ayer en Vista Alegre les hacen recapacitar y pensar en enfrentarse a toros más vigorosos. Si estuvieron la víspera en esta misma plaza, sin ir más lejos, pudieron contemplar un encierro de Torrestrella que ponía a prueba las capacidades de los toreros y posibilitaba un éxito rotundo. Cabe preguntarse cuantos partidarios ganó ayer la Tauromaquia y cuántos apóstatas provocó la descastada e inválida corrida de Núñez del Cuvillo con que se anunciaron tres rutilantes figuras del toreo. Y ésta es la pregunta crucial.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 21 de agosto de 2018, casi lleno en tarde soleada.

 

Toros de Núñez del Cuvillo, cornalones y cuajados, en capas negras, salvo el sexto castaño. Descastados. Primero: Devuelto por inválido. Primero bis: Un puyazo y un picotazo. Inválido por débil y descastado. Pitos en el arrastre. Segundo: Dos picotazos. Inválido por débil y descastado. Pitos. Tercero: Un picotazo y un simulacro de picotazo. Inválido por débil y descastado. Pitos. Cuarto: Dos picotazos. Flojo y noble. División de opiniones. Quinto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y descastado. Silencio. Sexto: Dos picotazos, el primero en terrenos de chiqueros. Manso. Pitos al arrastre.

 

Enrique Ponce, de azul turquesa y oro: Estocada (silencio). Estocada caída, trasera saliendo trompicado y tres golpes de descabello (Ovación y saludos tras aviso).

 

José María Manzanares, de coral y oro: Estocada trasera (silencio). Un pinchazo y estocada casi entera (silencio).

 

Roca Rey, de azul marino y oro: Pinchazo y estocada contraria (ovación y saludos tras aviso). Estocada en la paletilla y estocada caída (silencio).

 

 

Incidencias:

 

Tercera corrida a pie de la feria de Semana Grande de Bilbao.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura