Crónica de una bellísima odisea

La experiencia de un torero es siempre singular y fascinante, pues transcurre por el estrecho espacio que separa la vida de la muerte, único lugar en el que se puede engendrar el arte del toreo. Cuando un matador entrega la vida al objeto de crear belleza, su existencia se convierte en heroica, y alcanza cotas de drama mayor.

Tal es el caso de Iván Fandiño, quizá el último torero romántico, convertido en leyenda el 17 de junio de 2017 por Provechito, un toro de Baltasar Iban en el coso de Aire-sur-l’Adour.

Su perfil es además el de un héroe rebelde, que desafía a todas las fuerzas del sistema, y obtiene una victoria épica que ejemplifica los valores que siempre cultivó, aceptando de forma voluntaria el más duro de los caminos, y pagando el más alto de los tributos.

Su apoderado de siempre y hombre de plena confianza, Néstor García, narra pormenorizadamente la experiencia vital del torero, con profusión de detalles, al tiempo que describe el entramado taurino, cruel con los débiles, estanco y críptico en muchos aspectos.

Se trata de una obra de gran dimensión puesto que perpetúa la memoria de Fandiño al tiempo que describe el entorno en el que hubo de lidiar, y explicita los principios que le sirvieron para progresar en un entorno hostil.

La esmerada edición y las excelentes fotografías que acompañan al texto contribuyen a hacer de “Mañana seré libre” una obra de alto interés para el aficionado, y un testimonio vivo de la Fiesta de los albores del siglo XXI

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

Valores del toreo para emprendedores y profesionales en Bilbao

La Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao ha sido el escenario escogido para celebrar un seminario sobre “Valores del toreo para emprendedores y profesionales” los días 17 y 18 de noviembre del presente año.

Organizado por la asociación de alumnos del Master en Gestión de Empresas de la Universidad del País Vasco ha contado con la asistencia de doce profesionales de la economía, la medicina, la psicología, el derecho y la ingeniería, comprometidos con sectores diversos, como la informática, la sanidad, la ganadería, la gestión de empresas de servicios, la alimentación y el institucional.

Con la impartición de Javier Bustamante, consultor y formador en Marketing e Innovación con 25 años de experiencia, se han desarrollado dos sesiones dinámicas y participativas, en las que se ha establecido un claro paralelismo entre la comprometida misión del torero y la complejidad de la gestión de las empresas representadas por el grupo.

Valores como la superación del instinto, la pasión, el respeto, el sentido estético, la perseverancia, la concentración, la superación de la adversidad, la asunción del riesgo absoluto, la visualización del resultado y la confianza se han presentado en base a las experiencias y testimonios de los toreros como Joselito, Belmonte, José Tomás, Morante de la Puebla, Iván Fandiño o Curro Díaz; para dotarlos después de un enfoque técnico y científico con las propuestas de reconocidos expertos, como Antonio Damasio, Daniel Kahneman, Martin Lindstrom o Roger Dooley.

Como resultado del seminario cada participante redactó su propio Plan de Mejora Personal, basado en la pasión y el arte del toreo, y en la técnica y la ciencia de la gestión de equipos.

La Plaza de toros de Bilbao se erige así como pionera en el desarrollo de nuevos formatos que difundan la cultura y los valores del toreo, necesarios para ganar el futuro.

En los próximos meses el seminario se celebrará en otras ciudades, para poner el método de mejora al alcance de todos los profesionales interesados en hacer suyo el vital referente del torero.

 

Francisco Montes

para

Toro Cultura

La importancia de honrar a los héroes

 

La naturaleza del héroe

Un héroe es un ser que encarna los valores de una sociedad, se enfrenta a situaciones críticas con valentía, es capaz de realizar acciones admirables y beneficiosas para el colectivo y, gane o pierda en su epopeya, muere finalmente con arrojo.

Los héroes mitológicos lo son por ser sobrenaturales; los épicos tienen carácter puramente humano. Los primeros son hijos de dioses o semidioses, mientras que los segundos se significan por varios elementos comunes, que conforman su singular naturaleza.

Para acceder a la categoría de héroe es necesario recorrer un camino difícil y angustioso, un camino pleno de amenazas y de privaciones que, como la vida misma, siempre termina en tragedia.

 

El trayecto del héroe

El héroe ha sorprendido en su niñez al mostrar capacidades insondables que le permiten realizar hazañas asombrosas.

Es honesto, valiente, entregado a su estirpe, seguro de si mismo, y perseguidor de sus objetivos con inusual determinación, sin reparar en dificultades ni obstáculos.

Siempre tiene un antagonista con quien libra encarnizadas batallas, al borde mismo del abismo, mas vence siempre, salvo en la contienda final, y retorna victorioso a su entorno natural.

Porta un arma que le da carácter y notoriedad, un arma que le identifica y de la que, a menudo, toma el nombre.

Es un ser superior que, sin embargo, es capaz de ponerse al nivel del común de los mortales, por lo que genera simpatía e adhesión con su gente.

Es portador de un coraje inverosímil, que le faculta para abordar las vicisitudes de su epopeya y asumir su destino con gallardía.

No tiene miedo a la muerte ni rehuye los riesgos, ya que su existencia está al servicio de una causa mayor, que es la supervivencia de su grey, y la perpetuación de sus valores.

Es utópico, consciente de que la meta es imposible, mas cada paso que se logre es un avance hacia el estado de perfección.

Un héroe es, por tanto, un ser venerable, distinto del mártir, que sufre e incluso muere por defender un ideal, mas sin los valores que porta el héroe, ni la épica con que afronta la adversidad. Tampoco las personas muy capacitadas que emprenden grandes metas pueden considerarse héroes, puesto que no existe arrojo, identificación social, encarnación de valores ni muerte.

La palabra héroe ha sido banalizada y, en cierto modo, desprovista de su profundo contenido, si bien el héroe, según la acepción más pura del término, es un ser magnético y sublime, digno de la mayor de las consideraciones.

El rostro del torero. Toro Cultura.

 

El precio

El ascenso al olimpo tiene un precio exorbitante: sacrificar la vida propia superando los instintos humanos más básicos, a fin de preservar a las personas, o bien su esencia cultural. El héroe practica una suerte de inmolación, algunas veces provocada por él mismo, otras veces asumida, las más sobrevenida por las amenazas que voluntariamente acepta. Es un precio absoluto, el mayor de los posibles. El héroe se desprende de su más íntima esencia y de su futuro en un acto de conmovedora entrega.

 

El héroe ha de formarse y esculpir su carácter en el sacrificio, en la abnegación y en la más refinada filantropía. Afronta batallas aparentemente perdidas, y se enfrenta a enemigos formidables, indómitos, cercanos en algunos casos a la propia divinidad.

 

El valor

Un héroe es el patrimonio más valioso que puede tener un colectivo humano, pues es el más alto exponente de los valores grupales, los reafirma, los exhibe, e inspira a las generaciones sucesivas.

Un héroe fomenta la transmisión oral y escrita de los hechos del pasado, creando tradición y, en muchos casos, también un mito.

Cualquier movimiento social, cultural o político anhela su propio altar habitado por sus titanes. La muerte, un solo muerto, purifica cualquier credo y le otorga trascendencia. Una revuelta popular no se consagra hasta que no muere algún militante ejerciendo la lucha. Una prueba atlética no se engrandece mientras que ningún corredor ofrende su vida en el esfuerzo. Una montaña no es admirable hasta que no se cobra la vida de un experto escalador. La cara de la muerte ha fascinado al hombre desde que tiene consciencia de su propia trascendencia y del desafío que supone soportar su mirada fría y monocorde. El héroe la vence en su derrota final, pues adquiere la condición de inmortal en la memoria de su linaje.

Foto @VictorBarrio

 

Los héroes del toreo

La figura del torero reúne, en lo esencial, las condiciones necesarias para erigirse en héroe virtual. Sólo la muerte en el ruedo le otorga de forma definitiva ese status. La muerte de un matador no es un accidente, más bien al contrario, forma parte del argumento de la Tauromaquia, que es una lucha cruenta entre la fuerza brutal, desatada del animal, y el conocimiento y la inteligencia del hombre. La ortodoxia del toreo no pretende limitar los riesgos vitales, sino perfeccionar un arte ancestral que permite burlar la certeza de la muerte con galanura. El toreo tiene todos los aditamentos para mitificar las gestas celebradas en el ruedo y convertirlas en leyenda. El santoral taurino consagra varios cientos de héroes. Un siglo atrás la pérdida de la vida de un hombre en las astas de un toro conmovía a la sociedad que se movilizaba, lloraba y glorificaba al caído por la recreación del rito, surgía la lírica, y se ponía en marcha una imparable leyenda. Las culturas se sustentan en mitos y creencias compartidos. Su preservación depende la solemnización a que se sometan. Las culturas más longevas son aquellas que han sido capaces de ensalzar a sus héroes, referentes de sus valores, y compartir con emoción las leyendas que engendraron.

Ignorar a los héroes es la actitud más letal que puedan adoptar los creyentes en cualquier credo. El toreo moderno está muy cerca de ningunear a sus legítimos héroes. Tal vez porque comience a temerse la estética de la muerte.

Honremos a los héroes del toreo por los méritos contraídos, y por la asombrosa capacidad que tienen para explicar sin palabras los arcanos trascendentes de la Tauromaquia.

Honremos la memoria de Víctor Barrio haciendo realidad su sueño más querido.

Honremos a Iván Fandiño difundiendo y perpetuando sus valores.

Honremos a todos los que han hecho más grande la fiesta de los toros, y al hombre un ser más admirable.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

Escuela Taurina de Salamanca, el toreo en expansión

 

Experiencia multisensorial

La mañana de marzo luce luminosa y fresca en la dehesa de Carrascal del Obispo. La brisa, suave y aromática, anuncia ya la primavera en el campo. La hierba se muestra firme, y los alcornoques, encinas y quejigos exhiben con orgullo su verde fortaleza. Un microbús rotulado con el emblema de la Escuela de Tauromaquia y el distintivo de la Diputación de Salamanca, atraviesa despacio un cerrado, al final del cual se encuentra una plaza de tientas poligonal, con alta barrera grana, sin callejón. Es la finca de los Hermanos Mateos, amplia, ubicada cerca de Vecinos, población emblemática del campo charro.

Escuela Taurina de Salamanca

 

Se abren las puertas del vehículo y comienzan a bajar silenciosos una decena de muchachos y una niña de larga coleta rubia y rostro angelical. Visten al modo campero, con botos y ajustados pantalones, chaquetillas o suéteres, y lucen todos ellos tipos espigados. Comienzan a estirar y calentar los músculos con gesto quedo y aires de concentración. El brillo de sus miradas es dulce. No hay carcajadas, pero sí sonrisas y gestos de complicidad. Reciben las últimas instrucciones de un hombre adulto que les habla con afecto, y se van a por los trastos de torear con los que han estado soñando toda la noche.

Escuela Taurina de Salamanca

En el flanco sur del coso hay una pequeña tribuna de obra defendida del viento, en la que se han instalado los profesores y algunos padres de los actuantes, ansiosos por el inicio de la práctica. Son cinco becerras las apartadas para la ocasión, de capas negras y castañas, bonitas, y, como se verá después, bravas y nobles.

El orden de la lidia es impecable. Cada muchacho sabe dónde debe estar y lo que se espera de él en el trasteo y en el quite. Se abre el portón de chiqueros y sucesivamente desfilan las reses, que son paradas y templadas por los aspirantes a torero con férrea voluntad y, en algunos casos, aromas a torero en ciernes. Sienten en las yemas de sus dedos el temple de las embestidas, y transforman su miedo inicial en un sentimiento de dominio, sólo comparable al del triunfo que, tal vez, les aguarda en una tarde lejana. Los bufidos de las vacas se pierden en el silencio del campo, y encuentran el único contrapunto en la voz cadenciosa y firme de José Ignacio Sánchez, director de la Escuela, que imparte doctrina desde su púlpito de hormigón. Las consignas son siempre precisas y atañen a distancias, alturas, colocación de los señuelos y de los toreros; mas no sólo eso, el director despliega además todo un ideario del toreo. Frases como “Olvídate del cuerpo”, “Torear es sentirse torero”, “Te quieres escapar, y en esto hay que quedarse quieto”, “Enfádate con la vaca” o “Asiéntate en la arena” forman parte del credo que constituye un estilo y una liturgia ancestral.

Escuela Taurina de Salamanca

Los aspirantes, de no más de veinte años, forjan su carácter y tal vez su destino en un ambiente en el que se amalgaman el rigor técnico y la libertad de creación artística. Y así será, semana tras semana, hasta que los jóvenes toreros debuten con picadores, momento en el que la Escuela considerará que la meta ha sido alcanzada.

 

El origen

La Escuela de Tauromaquia de Salamanca fue fundada el día de San Valentín de 1985, con 23 alumnos y tres profesores, mostrando una progresión constante hasta alcanzar los más de cien alumnos de 2017

Depende funcional y económicamente del área de Cultura de la Diputación de Salamanca, y está regida por Jesús María Ortiz, diputado de “Deportes, Educación y Escuela de Tauromaquia”, para quien la actividad del Centro es una de sus prioridades más queridas.

El apoyo institucional sin ambages que el toreo recibe en esta tierra resulta especialmente edificante.

 

Escuela Taurina de Salamanca

De manera explícita la Escuela persigue tres metas: buscar nuevos profesionales del toreo, impartir enseñanzas para una formación adecuada, y fomentar la afición taurina.

Tiene sede permanente en el Mercado Regional de Ganados de Salamanca, un recinto moderno y funcional que reúne todas las comodidades para el entrenamiento y la práctica del toreo en cualquier momento del año. Además cuenta con otras subsedes distribuidas por la geografía salmantina en las plazas de toros de Peñaranda de Bracamonte y Macotera, y en los polideportivos municipales de Ledesma y Ciudad Rodrigo.

Es la más numerosa de las 36 que existen en España, puesto que en el presente curso ha ofertado cien plazas para aspirantes y cuarenta para aficionados prácticos.

 

El perfil de los participantes

Las condiciones de acceso como aspirante son tres: tener menos de 21 años, estar matriculado en un centro docente, y adjuntar un sencillo certificado médico que acredite la salud del joven. El año académico comienza el 18 de noviembre y finaliza el 31 de julio, con clases teóricas tres días a la semana por la tarde, y tentaderos y novilladas los fines de semana.

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Además, en línea con sus fines, la Escuela oferta cuarenta plazas para aficionados prácticos, que deben ser mayores de 21 años, con enseñanzas teóricas y prácticas que se desarrollan en la plaza de toros del Centro.

 

El director

La segunda promoción de la Escuela, de diciembre de 1985, tuvo como alumno destacado a su actual director, José Ignacio Sánchez, quien disfrutó de sus enseñanzas durante más de cinco años. Finalmente debutó con caballos en mayo de 1991 en el coso de Vista Alegre de Bilbao, iniciando una carrera que le llevaría a doctorarse en Madrid en julio de 1994, alternando con Joselito y Enrique Ponce. Tiene además experiencia en la cría del toro de lidia, pues es el representante del joven hierro de Pedraza de Yeltes, lo que le acredita como hombre conocedor de todos los ámbitos de la Fiesta y excelente consejero de los aspirantes a torero. Nos recibe con cordialidad en la sede de la Escuela, mientras los jóvenes de entrenan de salón, atentos y tal vez estimulados por la presencia de nuestra cámara.

Escuela Taurina de Salamanca

Para él el toreo es una escuela de valores, entre los que destaca la lealtad, la honestidad, la honradez, la verdad y el compañerismo. “En el toreo se ponen en práctica todos los valores humanos que pueden existir”, asegura, y enfatiza que “Intentamos que se potencien y que les sirvan para la vida, no sólo para el toreo”

 

El proyecto docente

Para lograr estos fines el plan de estudios contempla tres niveles: A, B y C. El C es de base cero, el B incluye experiencia con animales, mientras que el A lo integran los más avezados.

La preparación física de un torero debe ser escrupulosa, razón por la cual se ejercita la gimnasia en dos grupos diferentes, con exigencias crecientes de acuerdo con la edad, el desarrollo y la condición de cada aspirante.

La Escuela ha definido de forma concienzuda los conocimientos necesarios para incorporarse al complicado mundo del toreo. Historia y presente del toreo, para saber de toreros, ganaderos y empresarios. Encastes y su comportamiento, para poder plantear la lidia con inteligencia. Técnica a emplear con cada encaste: alturas, toques, trazo del muletazo o capotazo. Tipos de lidia, para afrontar los diversos temperamentos del toro.

Capas y encornaduras, para poder hablar con propiedad, y colocarse según la el tipo de astas.

El programa es riguroso, parece que nada quiere dejarse al albur de la fortuna, sabiendo que la fortuna será tal vez determinante en cada pequeña o gran epopeya taurina que aquí se inicia.

 

Escuela Taurina de Salamanca

El maestro debe ser sincero con sus alumnos y le preguntamos por el consejo más difícil que debe dar a los jóvenes aspirantes: “No me cuesta decir lo que siento, cuando uno no tiene condiciones se le dice, de este modo la escuela está abierta a los que quieren ser profesionales y a los que no. No debe olvidarse que la Escuela es ante todo una escuela de valores”

El claustro no engaña a nadie y desde el primer día se les muestra la dificultad de la profesión, se les piden las notas, y se les enfoca a la formación complementaria: “No queremos gente que se dedique exclusivamente al toro porque el toreo es muy difícil. Muchos lo intentan y muy pocos llegan”. Sin embargo el sector taurino es profundo y cobija muchos oficios: “El campo profesional es amplio, tenemos apoderados como Julián Guerra, que lleva a López Simón, picadores, banderilleros, mozos de espadas, empresarios, mayorales y hasta camioneros de animales vivos”

 

La financiación

El modelo económico de la Escuela es muy claro: “Es un departamento más de la Diputación de Salamanca, hay un presupuesto que queremos estirar para prestar el mejor servicio. Compramos becerras, subvencionamos a municipios para organizar novilladas sin picadores, compramos capotes, muletas, espadas. El profesorado somos funcionarios de la Diputación”

El proyecto que capitanean Jesús María Ortiz y José Ignacio Sánchez es además ambicioso: “Queremos abrirnos a Castilla y León suscribiendo un convenio con la Junta. Hacemos un ciclo de películas taurinas todos los viernes. En mayo y junio organizamos la Escuela Itinerante, desplazándonos a todas las capitales taurinas de Castilla y León. Intentaremos abrir sedes en todas las capitales y hacer una gran escuela de la Comunidad para que los chicos tengan una referencia y puedan formarse. Ellos pagan 19 euros al año, cuota simbólica. Realmente es como asistir a un colegio público”

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

La afición de los jóvenes

La Escuela es el mejor observatorio de la afición a los toros en la región, y el juicio de su director es preciso cuando afirma: “A la afición la veo como siempre. En los años 90 había 30 o 40 alumnos, hoy tenemos cerca de 100. Ahora la promocionamos entre los jóvenes de toda Salamanca. La apertura a otras provincias puede llevarnos hasta los 600 alumnos. Les facilitamos su formación y, si el número es suficiente, puede desplazarse un profesor a otra ciudad”

Esta es una región que tiene al toro por bandera y vive intensamente la cultura de la bravura, sin embargo el origen de los alumnos resulta sorprendente: “Esto es vocacional. A algunos les viene en los genes por tener en casa algún torero, pero no es más de un 10%. Otro 30% procede de familias aficionadas, pero el resto es puramente vocacional, surge la afición al ver un tentadero o un festejo, les engancha por ser un mundo apasionante, absorbente, tan de verdad. Contra estos antitaurinos que no conocen la fiesta y están en contra de todo, aquí se vive la realidad del toreo y de la vida”

José Ignacio abunda en este aspecto que se revela como fundamental: “Es un mundo muy de verdad, en el que están la vida y la muerte. Nos guste o no vivimos, crecemos y morimos, y esto es muy auténtico”

El futuro de este profesor de toreros parece indisolublemente unido a su Escuela “No voy a reaparecer, estoy lesionado en el hombro derecho, en un nervio por una cogida. Me gusta la enseñanza, es muy gratificante ver a los jóvenes con frescura y ansia. Eso me ilusiona muchísimo”

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

El campo bravo

Este hombre es además representante del hierro de Pedraza de Yeltes. Le une con sus propietarios una gran amistad, casi familiar, ya que eran socios de un hermano de su padre en otra ganadería. Le pidieron que les ayudara y en muy poco tiempo han alcanzado un lugar relevante, aunque, según su criterio, faltan muchas cosas por conseguir. El objetivo es lograr una divisa “Brava y con personalidad, algo distinto a las demás, igual que deben ser los toreros. Buscamos un toro bravo que de espectáculo en todos los tercios. Vamos por buen camino, ya se ven buenos productos. Tenemos 209 vacas y sementales contrastados”. Una vez fijados rasgos de comportamiento, trabajan especialmente el fenotipo. “El toro que queremos en hechuras, porque al principio te fijas más en los comportamientos. Buscamos el toro con trapío y cuajo, pero nos han salido toros un poco grandes de peso, y eso les resta movilidad. Hemos echado toros de 700 kilos, pero es que tuvimos que agarrarnos a un semental que había ligado que daba armónico, pero muy grande”

Para 2017 tienen todo el ganado vendido. Tres corridas de toros a lidiar en Ledesma, Arles y Dax. Una de utreros en Garlin, y un novillo en una concurso de Mont de Marsan. “Y dejamos cuatro toros para cinqueños, que se completarán con los sobrantes de las corridas para una más en 2018”

José Ignacio Sánchez se revela como un profundo conocedor del toreo en todos su ámbitos, con una dilatada experiencia en sus diferentes aspectos, provisto además de notables dotes didácticas.

Rige con temple la Escuela Taurina de Salamanca, referente mundial en la enseñanza de las artes taurinas, que enfoca su trabajo con ambición y realismo hacia un futuro mejor para la Fiesta.

 

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

El futuro

El arraigo social y la dimensión cultural de la Tauromaquia, la trascendencia económica del toreo en Salamanca, el apoyo institucional, la ambición realista y la dedicación de los responsables de la Escuela, son avales suficientes para augurar un futuro próspero.

Futuro que se gesta en lugares como éste, emblema del campo bravo, cuna de grandes toreros, y sociedad generadora de aficionados cabales.

Tanto los objetivos propuestos, como los proyectos a emprender para alcanzarlos son verosímiles y deseables.

Su éxito, y el de todo su equipo, será un nuevo éxito para el toreo.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

La fiesta de toros durante la guerra civil

El periodo comprendido entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 ha sido, hasta el momento, una época opaca y un paréntesis incómodo para los historiadores del toreo. Durante esos 987 días en que el bando republicano y los sublevados se enzarzaban en una encarnizada lucha, la fiesta siguió consumándose, si bien en unas condiciones precarias en lo material y de gran exaltación en lo político. Según las zonas, la simbología y la ideología imperante generaban un ambiente sustancialmente distinto, con coreografías dispares y soflamas divergentes, mas la tauromaquia continuó perpetuándose inmutable en lo esencial, fiel a sus cánones más clásicos.

Antonio Fernández Casado, prolífico escritor, empresario, y presidente del Club Cocherito de Bilbao, ha realizado un exhaustivo trabajo de investigación, que ha hecho posible la edición de un libro de gran valor histórico, narrando con una prosa ágil y amena los acontecimientos que hubo de sufrir la fiesta en aquellos críticos momentos.

La obra se remonta en sus primeros capítulos en los antecedentes históricos del siglo XIX con el reinado de Fernando VII, en que algunos matadores como Sombrerero se significaban con el absolutismo, mientras que otros como Juan León, Roque Miranda o Rigores abrazaban la causa liberal, provocando altercados y enfrentamientos más que notables.

Las históricas figuras de Cúchares, Lagartijo y Frascuelo son también rememoradas desde la óptica de su filiación política y los sentimientos que despertaban entre el público, no siempre respetuoso con el oponente.

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Los meses previos a la Guerra Civil son analizados con objetividad, siempre en clave taurina, provista del contexto trágico que en aquellos momentos asolaba a la sociedad española, y en consecuencia a todos los estamentos que hacen posible la Fiesta, como ganaderos, empresarios y matadores.

La beligerancia de los toreros, irremisiblemente significados por uno de los bandos, dio lugar a toreros milicianos, batallones de lidiadores, y combatientes ocasionales, que tuvieron cierto protagonismo en la refriega, y la dotaron en algunos instantes de un tipismo trágico que raya en lo romántico.

Los nombres propios de los protagonistas reconocidos del toreo abundan en esta sólida obra, como Juan Belmonte, Álvaro Domecq, Domingo Dominguín, Marcial Lalanda, Rafael El Gallo, Guerrita, Manolete, El Cordobés o Pedro Balañá.

También emergen con un significado especial personajes desconocidos y fascinantes, como el soviético Koltsov, corresponsal del diario Pravda que remite a su medio una crónica atípica, con una terminología singular, redactada desde una gran distancia cultural y emocional. O Sidney Franklin, matador de toros neoyorquino, corresponsal de guerra durante aquellos oprobiosos años, requerido de vuelta a Estados Unidos, quien protagonizó una apasionante odisea para continuar en España cultivando su pasión.

El libro describe con precisión el modo en que ambos bandos se valían de la tauromaquia para satisfacer a sus adeptos, la manera en que los espectáculos taurinos servían para recaudar fondos dedicados a ambas causas, y la forma en que se emplea a la fiesta como arma propagandística, tanto más eficaz cuanto mayor era la espectación y más intensa la admiración del pueblo por sus protagonistas.

En clave especialmente ominosa se narra la represión, algunas veces protagonizada por personajes del toreo como el rejoneador cordobés Cañero, o asesinatos alevosos como el perpetrado contra el ganadero Argimiro Pérez Tabernero y tres de sus hijos, en un episodio sardónico de amargo recuerdo.

Existen además referencias al resto del universo taurino, cómo Portugal, Francia y América, que constituyeron paraísos a los que huir en busca de la preservación de la vida, y resultaron vitales en la conservación de la tauromaquia.

Los toros en la Guerra

Editorial La Cátedra Taurina entrega una obra de gran rigor histórico que narra con precisión las vicisitudes a las que se sometió la Fiesta en tres años de contienda, poblada por personajes terribles y seres entrañables, arrojando luz sobre un período incómodo que pocos hasta la fecha se habían atrevido a abordar.

Se trata de un libro de honda significación para los aficionados al toreo, y también de un documento de gran valor para aquellos que quieran conocer claves y sucesos aún poco difundidos de la guerra civil española.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

 

24 privilegios del toro 24

El próximo jueves día 24 a las 19,30 Javier Bustamante pronunciará un conferencia sobre “24 privilegios de toro 24” en el aula magna de la Universidad San Pablo CEU en Madrid.

El toro es un animal privilegiado por una ley no escrita que le diferencia de los demás, y le otorga, entre otros, el estatus de divinidad, la posibilidad de crear su propia leyenda, matar al hombre y engendrar arte.

El ensayo, publicado por Toro Cultura y prologado por Victorino Martín, estará disponible en el acto.

La entrada es libre, y tras la exposición de los 24 privilegios se celebrará un coloquio.

 

 

 

Librería Rodríguez, la casa del libro de toros

Entrar en la Librería Rodríguez de Madrid supone transportarse a un universo diferente, mezcla de historia en color sepia y de presente polícromo; pues junto a volúmenes decimonónicos, se encuentran las últimas novedades de la literatura taurina, completando un fondo de más de tres mil títulos.

Cuando la puerta se cierra tras el visitante un silencio denso envuelve el lugar, y es en ese instante cuando se toma conciencia del seco aroma de los papeles nobles y de la riqueza de las pieles que visten los libros; y el reloj del bibliófilo comienza a mostrar anomalías, ya que las horas transcurren aquí tan rápido que parecen simples minutos.

Las cuatro paredes de este espacio único, ubicado en el número 31 del Paseo Marqués de Zafra, se encuentran cubiertas hasta el techo de anaqueles de madera obscura, ocupados en su totalidad por los lomos de obras diversas, en una gama de colores que van de negros a púrpuras, pasando por mostazas, yedras e índigos. En su centro hay una mesa y varios cartapacios que contienen carteles, láminas y otras obras gráficas que cubren un espectro temporal de más de doscientos años.

Librería Rodríguez

El principio

El origen de este establecimiento singular, el más antiguo de Madrid en su género, se encuentra hace un siglo, momento en el que don Estanislao Rodríguez funda en la calle de San Bernardo una librería generalista, que pronto deriva hacia el libro antiguo y desde 1980 se especializa en obras de temática taurina.

Son cuatro las generaciones que han compartido la pasión por el libro, ya que al primer Estanislao le sucedió su hijo homónimo, a éste su hija Victoria, quien acaba de abdicar en favor de Carlos Ballesteros Rodríguez, savia nueva para un tiempo nuevo y convulso.

La posición actual de la empresa es la del referente mundial en la distribución de literatura taurina, proveedora de las mejores colecciones del mundo, como la biblioteca Carriquiri, la de Marco Antonio Ramírez y la de Javier Aresti, director del Museo Taurino de Bilbao. Así mismo es punto de referencia para ganaderos, como Joao Folque de Mendoza y toreros, como Manolo Dosantos, César Rincón, Curro Vázquez y Rafael de Julia. Junto a ellos la nómina de clientes se engrosa con centenares de coleccionistas o simples aficionados que encuentran en la casa tal amplitud temática, que es sencillo hallar algún libro de su interés.

Librería Rodríguez

El fondo

El fondo de la casa es impresionante y no es extraño encontrar libros románticos, origen real de la literatura taurina, como los cotizados “Historia del toreo y de las principales ganaderías de España” (1850) escrito por Fernando García Bedoya, “Anales del toreo” (1868) obra de José Vázquez y Sánchez, e incluso una de las referencias básicas y escasas de la preceptiva taurina, la “Tauromaquia” de Pepe-Illo, escrita por el célebre Joseph Delgado en 1796. Cualquiera de estos ejemplares cotiza por miles de euros, y proveerse en Rodríguez es una garantía de autenticidad y de rigor.

Además es también posible encontrar obras menores contemporáneas a precios cercanos a los diez euros, e incluso algún libro descatalogado del que se hizo una edición demasiado larga, por un par de monedas. Cualquier aficionado sale satisfecho de la visita a la librería, pues dispone de obras que abordan ámbitos muy diversos del toreo a precios también variados.

Victoria Rodríguez

La regente y el negocio

Con la amabilidad propia de la casa nos recibe Victoria, regente del negocio durante toda una generación, mujer discreta y observadora, filóloga, profunda conocedora de la literatura y de las artes del libro. Por sus manos han pasado cientos de miles de volúmenes, cuyo tacto y aroma le estimulan casi tanto como la nicotina. Sin embargo no va a la plaza por falta de tiempo y porque prefiere la lectura sobre el arte que la observación directa de los avatares de la lidia.

Es una gran conversadora y en pocos rasgos dibuja la naturaleza del negocio: comprar a editoriales consagradas y otras emergentes el libro nuevo, y permanecer vigilante ante la salida al mercado de bibliotecas consolidadas que contengan obras valiosas. Reunir una buena nómina de coleccionistas y valorar la eventualidad de acudir a subastas para ofrecer piezas únicas o muy cotizadas, como el propio Bedoya, la tauromaquia de Delgado o la serie de la revista “La lidia”, obra decimonónica que rara vez se encuentra completa y encuadernada según las artes de la época.

Su observatorio le permite una amplia perspectiva tanto del pasado que fue, como del futuro que se avecina, y diagnosticar los problemas que acucian al sector, que no son otros que el libro electrónico, la impresión bajo demanda o el desplome de precios, que en algunos libros fáciles ha llegado a ser del 40%

Sin embargo el libro romántico y la cartelería decimonónica, e incluso la incipiente de los siglos XVI y XVII, tienen aún un público fiel que paga por ellos el precio adecuado.

Existe además un nuevo segmento, el de coleccionistas extranjeros, sin afición al toreo, que ven en el libro raro un valor seguro para materializar sus inversiones. Actúan asesorados por operadores locales, conocedores del valor del libro romántico, que compran lotes en su nombre con ánimo especulativo. La discreción de Victoria es tal que nos pide que obviemos detalles sobre el origen y, por supuesto, la identidad de estos inversores que pueden sanear el mercado y poner en valor la literatura taurina.

 

La colección imprescindible

Pedimos a Victoria Rodríguez que nos sugiera los títulos que no deben faltar en ninguna biblioteca taurina y ella, sin dudar, nos propone diecisiete obras que, bajo su experto punto de vista, son de obligado conocimiento y lectura.

Es evidente que los libros de alto interés son muchos más, pero pedimos a nuestra anfitriona que sea selectiva y que en menos de veinte volúmenes compendie lo más necesario, una suerte de biblioteca mínima imprescindible.

Su propuesta es la siguiente:

 

  • “Tauromaquia o arte de torear”. Josep Delgado “Pepe-Illo”. Primera edición en 1796. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 10 euros.
  • “Tauromaquia completa”. Francisco Montes “Paquiro”. Primera edición en 1836. Posteriormente aparecen nuevas ediciones en rústica. Desde 10 euros.
  • “¿Qué es torear?”. Gregorio Corrochano. Primera edición de 1953. Posteriormente se imprimen nuevas ediciones en rústica. Desde 20 euros.
  • “El toreo”. Luis Bollaín. Primera edición de 1968. En 2008 se produce otra edición. Desde 35 euros.
  • “Ritos y juegos del toro”. Ángel Álvarez de Miranda. Primera edición en 1962. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 12 euros.
  • “El toro bravo”. Álvaro Domecq. Primera edición de 1985. Posteriormente se sucede otra edición. Desde 60 euros.
  • “El toreo fundamental”. José Luis Ramón. Primera edición de 2015. Desde 35 euros.
  • “Historia ilustrada de la Tauromaquia” (dos tomos). Fernando Claramunt. Primera edición de 1988. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 90 euros.
  • “La liturgia taurina”. Alejandro Pizarroso. Primera edición de 2000. Desde 50 euros.
  • “El cartel taurino”. Rafael Zaldívar. Primera edición de 1990. Desde 60 euros.
  • “Los toros en el arte”. José Luis Morales. Primera edición de 1987. Existe otra edición posterior. Desde 65 euros.
  • “El siglo de oro de la poesía taurina”. Aula Cultural la Venencia. Primera edición de 2003. Existe otra edición posterior. Desde 40 euros.
  • “Lenguaje taurino y sociedad”. Andrés Amorós. Primera edición de 1990. Desde 30 euros.
  • “¡Derecho al toro! El lenguaje de los toros y su influencia en lo cotidiano”. Carlos Abella. Primera edición de 1996. Desde 20 euros.
  • “Revisión del toreo”. Domingo Delgado de la Cámara. Primera edición de 2002. Desde 40 euros.
  • “Cómo ver una corrida de toros”. José Antonio del Moral. Primera edición de 2007. Hay otra edición posterior. Desde 10 euros.
  • “Juan Belmonte: matador de toros”. Manuel Chaves Nogales. Primera edición en 1934. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 25 euros.

Victoria Rodríguez

 

El planteamiento de Victoria es variado y amplio. Cualquiera que lo contemple concluirá que con pocos libros es posible llegar a conocer facetas del toreo que superan el ritual de la lidia, y enriquecen la cultura en ámbitos como el lenguaje, la poesía, las artes plásticas, la escultura, la música y la propia historia de los países taurinos.

Es un placer para cualquier aficionado visitar lugares como éste, y contar con el certero consejo de personas que entienden y difunden con pasión la cultura de la Tauromaquia.

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

El arte de la litografía taurina en el siglo XIX

La popularización de la Tauromaquia y su conversión en el primer espectáculo de masas en España fue posible, entre otras razones, por la aparición de técnicas de comunicación que permitían llegar a muchos miles de personas con un estímulo visual polícromo y convincente. Los maestros grabadores trabajaron con denuedo durante el siglo XIX para perfeccionar las artes litográficas y dotar de realismo y espectacularidad a los motivos publicitarios. Se trata, sin duda, de una de las corrientes precursoras de la publicidad moderna que aporta estampas bellísimas plenas de emoción, capaces de conmover al público. Charles Heitt fue uno de los primeros en admirar este nuevo recurso artístico, y no dudó en proclamar que “Los carteles de toros españoles están compuestos de tal modo que son capaces de sacar dinero a las piedras”

 

Por la divisa - Colección Toro Cultura

Panorámica general de las técnicas de grabado.

Si bien los sistemas de grabado tradicionales, como la xilografía, que emplea matrices de madera, y el huecograbado, ya existían en España desde el siglo XVI, no es hasta la aparición de la Litografía, inventada a finales del XVIII cuando se hace posible realizar en serie reproducciones a varios colores con gran fidelidad de motivos de carácter taurino.

Las técnicas de grabado más primitivas datan de hace treinta siglos en Mesopotamia, si bien van depurándose en su paso por China y no es hasta el Renacimiento cuando puede hablarse de su desarrollo real en Europa.

Las disciplinas son muchas y son susceptibles de división en dos grandes grupos como son los grabados en relieve y al hueco. Ambos tienen en común que se produce una matriz con un motivo concreto, que es entintada y transmite al papel por presión la imagen que contiene.

Las técnicas al relieve se caracterizan porque la pieza que se emplea para la impresión, llamada matriz, es erosionada en las partes que se quiere que aparezcan en blanco, y sólo se transmitirá tinta la cota más alta o superficies prominentes.

Entre ellas destacan la xilografía, cuando la base es de madera tallada, y la linografía, en cuyo caso la matriz es de linóleo, un material más maleable que se obtiene mezclando aceite de lino, madera y serrín.

El grabado al hueco emplea una lógica diferente, ya que se trabaja una plancha, generalmente metálica, en la que se practican incisiones o huecos poco profundos, que serán los que retengan la tinta y, por consiguiente, impregnarán después la superficie que quiere imprimirse.

La plancha puede trabajarse de modo directo, mediante procedimientos físicos como el buril, la punta seca o la mezzotinta; y de modo indirecto, es decir, empleando ácidos para desgastar las zonas que serán después depositarias de la tinta, apareciendo el aguafuerte y el aguatinta.

La litografía constituye un modo de grabado diferente que ocupó un lugar de privilegio en las artes gráficas en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX, momento en el que surgen con fuerza las fotocomposiciones, más precisas y económicas, relegando a aquella a un lugar testimonial fuera de los circuitos comerciales.

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El origen de la litografía.

Aloÿs Senefelder, músico frustrado de origen checo reconvertido a impresor, obsesionado por la idea de superar el grabado tradicional, experimentó por azar con unas notas trazadas sobre una piedra caliza, descubriendo que ciertos ácidos mordían la superficie de la piedra que no estaba protegida por la tinta de sus anotaciones. Pronto descubrió el modo de aprovechar ese ligero relieve de sus trazos como matriz entintada que vertería al papel, tantas veces como quisiera, el dibujo original. Corría 1796 y, tras tres años de frenética experimentación, fundó en Munich el primer taller litográfico de la historia. Su mente ambiciosa le impulsó a crear talleres en las principales ciudades europeas y a publicar en 1818 un manual sobre las artes litográficas de gran éxito, traducido en años sucesivos al francés, el ingles y el italiano. En España se inaugura el primer taller litográfico en 1819, gracias a la pensión en el extranjero de la que disfruta el militar y grabador José María Cardano, quien viajó a París y Munich, donde aprendió el oficio del propio Senefelder. Madrid, Barcelona y Cádiz son las primeras capitales en disponer de talleres litográficos, y es en ésta última donde hoy puede encontrarse un interesante museo municipal que versa sobre estas técnicas.

El proceso litográfico.

El principio físico sobre el que se basa la litografía es la mutua repulsión del agua y las grasas. Dado que la tinta es un elemento esencialmente oleaginoso el juego de zonas secas y húmedas posibilita el binomio de luces y sombras, de claros y oscuros y, en definitiva, la representación de contornos.

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Para que el proceso sea un éxito debe partirse de una piedra caliza excepcional, como la que se encuentra en las canteras de Solenhofen, Pappenheim y Kelheir en Baviera. La calidad de estas piedras es tal que si se humedece su superficie, el agua queda retenida durante minutos, de modo que rechazan cualquier material graso como la tinta. El éxito de estas nuevas técnicas fue tanto que a principios del siglo XIX el mundo entero demandaba estas piedras, computándose más de 3.000 obreros en las canteras. Los maestros grabadores, tras años de esfuerzo e investigación, fueron definiendo y perfeccionando un proceso artesanal que consta de las siguientes fases:

Primero: graneado.

Consiste en aplanar la superficie de la piedra para lograr uniformidad en el dibujo y la impresión. Para ello se emplea arena húmeda que se extiende sobre la superficie de la matriz, colocando sobre ella otra piedra que se moverá en sentido circular para lograr el pulimiento. Cuando la piedra es de grandes dimensiones se emplea un levigador, esto es, un platillo de hierro fundido con manubrio que facilita el deslizamiento y la rotación.

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Segundo: dibujado.

Una vez pulida la piedra es preciso evitar el contacto de las manos, el polvo o el vaho pues podría dificultar la correcta adhesión del lápiz. Entonces se procede a dibujar sobre su superficie el motivo que se quiere replicar. Para ello, y dado el peso de las piedras, se emplea una mesa especial, con un disco en el centro que permite el giro y facilita su movimiento sin la intervención de las manos.

Tercero: acidulación.

Para fijar el dibujo se somete a la piedra a un tratamiento en toda su superficie de un mezcla de ácido nítrico, goma arábiga y agua. Es una fase en la que el tiempo desempeña un papel fundamental ya que son necesarios quince minutos para que el fluido ejerza su efecto.

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Cuarto: entintado.

La superficie de la piedra es humedecida para lograr el efecto sustancial del proceso. Inmediatamente después se aplica un rodillo con cuero impregnado de tinta, de modo que ésta queda en la superficie seca del dibujo, pero es repelida por el resto de la piedra, pues aún conserva la humedad incompatible con las tintas.

Quinto: estampación.

La piedra entintada es cubierta con el papel a imprimir y ambos se colocan en una máquina que dispone de una regleta que presiona al papel sobre la piedra, lográndose la transmisión de los dibujos. Esta fase se repite tantas veces como colores se quieran imprimir, que pueden alcanzar la veintena, con matrices específicas para cada uno. La precisión en la aplicación de los colores sucesivos resulta determinante, puesto que una leve desviación del papel o de la matriz en las últimas aplicaciones, arruinaría un papel que ya habría sido impreso en varios colores.

Las piedras pueden emplearse para multitud de copias pues apenas sufren desgaste, e incluso un nuevo graneado borrará el dibujo y predispondrá la piedra para convertirse en una nueva matriz al realizarse el proceso de nuevo.

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Hitos de la litografía en España.

En marzo de 1819 se inaugura el primer taller litográfico en España en la madrileña calle de Hortaleza, estando activo sólo seis años, al parecer por las dificultades que sufría para encontrar papel y piedras adecuadas. Su enfoque es cartográfico y su misión dar cobertura a las mediciones de los marinos españoles en sus periplos por el mundo. Fernando VII funda en 1826 el Real Establecimiento Litográfico con el objeto de reproducir las grandes obras de los pintores españoles y darles así universalidad. El monarca le asigna el monopolio que se mantiene hasta 1836, año en que se proclama libertad litográfica, con la excepción de una concesión al empresario barcelonés Antoni Brusi, quien acomete en 1819 la inversión en el segundo taller tipográfico de España. Posteriormente vendrían los de Cádiz y Asturias.

Paralelamente son muchos los grandes artistas que han empleado la litografía para conseguir un número considerable y limitado de copias de una obra. Entre ellos cabe destacar a Toulouse-Lautrec, Picasso, Joan Miró, Antoni Tápies, Piet Mondrian y un largo etcétera de creadores que se vieron seducidos por este procedimiento artesanal e ingenioso de perpetuar su obra artística.

 

La litografía Taurina.

Con la introducción del arte litográfico a mediados del siglo XIX muchos grabadores, expertos en otras técnicas como el aguafuerte, fijan su atención en la calidad de los acabados, la policromía y la posibilidad de imprimir series largas que ofrece esta nueva técnica, se forman el la misma y comienzan a producir motivos diversos, en los que la Tauromaquia ocupa un lugar preeminente.

 

Francisco de Goya:

El antecedente de la litografía de temática taurina es la tetralogía elaborada por Goya en un viaje hacia París, entre 1824 y 1825, conocida como “Toros en Burdeos”. El pintor aragonés había realizado en 1816 su célebre “Tauromaquia”, compuesta por 44 grabados, de los que 11 fueron, según su criterio, defectuosos, si bien en este caso empleó la técnica del aguafuerte. Estas cuatro primeras litografías representan una tauromaquia popular, poblada de lidiadores anónimos, festiva, hasta cierto punto caótica, alejada de las figuras consagradas que inmortaliza en su célebre serie de aguafuertes.

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Juan Víctor Adam:

Pese a que su especialidad es representar escenas de caballos y batallas, este fecundo litógrafo galo publica en 1834 la serie “Corrida de toros. Doce cuadros dibujados al natural” que titula también en idioma francés. La temática y la estructura de la obra recuerdan a la obra de Antonio Carnicero impresa en 1790 haciendo uso de técnicas de huecograbado, en quien posiblemente se inspiró. Sin embargo en este caso los toros tienen unas dimensiones ciclópeas, rostros diabólicos y cornamentas inverosímiles. Los lidiadores emplean ropas demasiado sofisticadas y peinados suntuosos, alejados de los usos de la época. Existen además algunos detalles técnicos que permiten cuestionar el conocimiento del arte de lidiar toros del grabador, como el infame golletazo con que despacha a un toro su lidiador en la décima lámina o el vuelo inverosímil de las telas. En cualquier caso es una obra estimable y representa, tal vez, la primera serie romántica, plena de exageración y estilización de las figuras.

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Wilheim Gail.

El arquitecto y pintor Bávaro, nacido a principios del siglo XIX, Wilheim Gail, viajero infatigable e ilustrador del costumbrismo, produce en 1829 la serie “Corrida de toros en la plaza de Sevilla”. Consta de diez litografías con tintes románticos que se interesa además por asuntos librados fuera del ruedo, como el ambiente del patio de caballos o la oración previa a la corrida. El autor distingue algunas de sus láminas con la leyenda “ad. nat”, lo que indicaría que se trata de escenas tomadas al natural. La suerte de matar representada en la novena lámina es un despropósito por el modo en que el matador clava la espada y el lugar que escoge para la estocada, lo que de nuevo hace sospechar que su conocimiento del toreo es sólo superficial. Los toros lucen cornamentas aberrantes y su tamaño es, en relación con el de los toreros, otra vez excesivo, en claro contraste con el legado de Goya, nutrido de toros chicos, cornicortos y vareados.

 

Luis Ferrant:

La Litografía Nueva, sita en la calle Caballero de Gracias de Madrid, imprime en 1840 la colección de doce suertes de toros, obra de Luis Ferrant.

Se trata, con toda probabilidad, de la primera serie romántica sobre el toreo obra de un artista español que, sin renunciar a la esencia de estilo, modera las dimensiones de los toreros, la sofisticación de su atuendo y, sobre todo, la alzada de los toros, que ahora sí parecen verosímiles. Tal vez influido por la serie de Carnicero, Ferrant se limita a representar lo que ocurre sobre el albero, obviando los tendidos y cualquier otro personaje que no sea protagonista directo de la lidia. De este modo que consigue fijar la atención del espectador en lo verdaderamente relevante de su composición, que es el arte y el valor de los toreros de la primera mitad de siglo para enfrentarse a los toros en plaza.

 

Francisco Lameyer:

Pintor, impresor, militar y viajero portuense nacido en 1825 de amplia obra pictórica con motivos diversos en los que destaca su profunda mirada a Marruecos, plena de costumbrismo. Hacia 1845 litografía seis escenas taurinas con evidentes influencias de Goya, refinadas, dinámicas y realistas. Muestra el pintor un profundo conocimiento de la fiesta y de la mecánica del toreo, reflejando en modo admirable diversas suertes, entre las que se encuentra el salto de la garrocha. Lameyer se interesa por el entorno social de la lidia y retrata también a los actores secundarios y al público algunas veces con tal precisión que casi serían personas reconocibles.

 

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William Price Lake:

Publicada en Londres en 1852 con el título “Hand-book for travellers in Spain” consta de veintiséis litografías, y es obra del arquitecto, viajero y artista gráfico que da nombre a la serie. Se trata de una de las propuestas litográficas de temática taurina más reconocidas en la actualidad por la precisión del dibujo, la amplitud cromática y la viveza de las suertes, tomadas al natural por el propio autor. Price es muy preciso en rostros, situaciones e indumentarias de los personajes, si bien los toros que representan son, una vez más, descomunales, tal vez influido por su recuerdo de algunas razas de manso que existieron en su Inglaterra natal. El autor destaca por la armónica concepción de las composiciones, en las que ya se adivina su posterior aportación al incipiente mundo de la fotografía, de la que fue precursor.

 

Gustav Doré:

Es uno de los grabadores más reconocidos del siglo XIX, con una vasta obra de temática muy diversa, en la que destaca la ilustración de textos clásicos de grandes literatos, como Dante, Balzac o Cervantes, así como de obras religiosas, entre las que se encuentra La Biblia. En 1855 viaja a España en compañía de Teófilo Gautier y Paul Dalloz, tomando notas para una serie litográfica de seis láminas muy celebrada, “Corrida de toros”, que se publicaría cinco años después en París por Turgis. En ellas es palpable el protagonismo del toro, fuerte y dinámico, que embiste con fiereza y nunca parece estar dominado por sus lidiadores. Es sin duda una serie con tintes dramáticos, puesto que en cada instante parece que el toro va a vencer al hombre con su infinita pujanza.

Manuel Domínguez - Colección Toro Cultura

 

La Lidia:

Julián Palacios, reconocido impresor madrileño, funda el 2 de abril de 1882 una de las revistas de mayor prestigio que ha conocido el periodismo taurino a lo largo de los siglos: La Lidia. Tres grandes literatos, Juan Martos Jiménez, Antonio Peña y Goñi y José Sánchez Neira, dirigen sucesivamente esta publicación, sita inicialmente en la plaza del Biombo de Madrid, referente fundamental del cronismo taurino y joya litográfica. Todos los lunes de temporada, entre 1882 y 1900, se imprime la revista en un formato de 34 por 26 centímetros, que contiene tan solo cuatro páginas, las exteriores de texto a tres columnas y la centrales litografiadas con escenas del toreo, costumbristas, camperas y retratos. Excepcionalmente se lanzan también números especiales con doble paginación y, por tanto, obra plástica de tamaño doble.

Daniel Perea es el director artístico y autor de buena parte de los dibujos que originan los grabados de esta singular publicación, si bien colaboran otros reconocidos artistas, como Vicente Bañuls, Ricardo Esteban y José Chaves. La adecuada selección de motivos, el arte del ilustrador, los vivos colores, y la calidad del papel, que ha llegado en muchos casos vigoroso a nuestros días, explican el éxito de este medio que ya es un clásico en su género.

La obra se imprime durante los tres primeros años en la imprenta de José María Ducazcal, sita en la calle Isabel II de Madrid, si bien en 1885 la propia revista se hace eco de la adquisición de máquinas propias para atender mejor el exquisito gusto de su público.

La distribución se internacionaliza y pronto es posible encontrar La Lidia en tierras de ultramar, como México y Argentina, lo que supone una expansión notable para el periodismo de la época. Tras su cierre en 1900, se produjeron varios intentos de recuperar la cabecera, si bien ninguno obtuvo el éxito de la primera publicación así nominada.

 

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Otras litografías notables.

Paramond Blanchard, reconocido pintor y litógrafo francés, aporta en 1834 dos pinturas románticas convertidas después en obra litográfica, que representan “El patio de caballos” y “La división de plaza” En España son raras, si bien fueron editadas el París por Gonfil y en Londres por Gambart, lo que aporta un nuevo indicio de la repercusión internacional del la Fiesta en a mediados del siglo XIX y el protagonismo que tuvieron las técnicas litográficas en su difusión.

También resultan notables las litografías de Legrand titulada “Combate de toros en Lisboa”, que incluye suertes propias del toreo portugués como las pegas de los Forçados.

Van Halen produce “España pintoresca y artística. Función de toros” representando con discreción artística suertes fundamentales del toreo y algunas más exóticas ya esbozadas por Goya en su obra precedente.

La Litografía Industrial Quincallera de Barcelona publica en 1840 una serie litográfica de doce láminas en formato popular y dibujo original tosco y falto de remate.

Antonio Chaman es el autor de otra serie de inspiración taurina editada por la litografía Santigosa de Sevilla en la que también se encuentran escenas de gitanos y flamencos en un registro costumbrista del gusto de los extranjeros románticos viajeros por España.

La litografía taurina representa el modo romántico de entender el toreo en una época dorada de la Tauromaquia, constituye un eslabón importante en las técnicas del grabado y aporta obras de profunda significación que han llegado hasta nuestros días como un legado de gran relieve histórico y artístico.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Biblioteca Carriquiri, gran reserva de la cultura del toreo

En el número 15 de la calle Génova de Madrid, en lo que tiempo atrás fue la sede acorazada de un banco, Antonio Briones, reconocido empresario riojano, conserva y difunde el conocimiento universal sobre la Tauromaquia en la Biblioteca Carriquiri.

Se trata, posiblemente, de la mejor del mundo en su género, junto con la de Marco Antonio Ramírez en México; colección viva, en continuo crecimiento, que constituye un referente internacional y una gran reserva de la cultura del toreo.

Es, en cierto modo, una ofrenda que su mentor realiza al arte, tal vez en correspondencia a los muchos momentos felices que la Tauromaquia le ha reportado y le sigue reportando, pues basta un par de minutos de conversación para comprender que es un pensador pleno de experiencias, dispuesto a compartirlas con quien sienta, al igual que él, pasión por la lidia.

 

Un universo mágico:

El ascensor centenario, con puerta manual de dos hojas de cristal biselado, enrejado de protección, espejos y banco de caoba en su interior, nos transporta lentamente a un espacio mágico, silencioso, compuesto por salas sucesivas espaciosas, pasillos alambicados, y pocas ventanas en las paredes, pues es un entorno sagrado que ni los rayos del sol deben profanar.

El aire es cálido y seco, envuelto en aromas a tintas y papeles añejos; la luz escasa e indirecta, y en la penumbra, con la calma que dan los años, descansan orgullosos, fechados entre 1547 y 2016, los libros.

Lomos de piel en tonos púrpura y ocre, verdes algunas veces, muestran sus títulos grabados con letras doradas, creando un universo armónico, polícromo, que invita a la consulta y a la lectura sosegada de la extensa colección. Los diversos volúmenes se encuentran al alcance de la mano, configurando un orden cartesiano sólo alterado por la cabeza de un toro de Carriquiri, divisa que pertenece también al señor Briones, y algunos carteles decimonónicos, anunciadores de las gestas de los toreros de la época, como Cúchares, Mazzantini, Reverte y Frascuelo ante el mítico hierro de casta navarra. Toreros de leyenda rememorados en un espacio que pronto será también legendario.

 

El custodio del arca:

Puntual a la cita nos recibe José María Sotomayor, director de la colección, erudito del toreo, enciclopedista, pues es el autor del tomo XII del Cossío, quien gestiona el centro por la pasión que siente por los libros y por la profunda amistad que le une a su propietario. Es un hombre sobrio y elegante, de palabra fácil y juicio certero, profundo conocedor de las artes del libro y de la Tauromaquia, no en vano inició su afición de la mano de su padre en 1944, y lleva 38 años asistiendo casi sin descanso a las funciones de Las Ventas.

Acompañante asiduo de Matías Prats, su querido y admirado tío, sintió la vocación de la literatura taurina a su lado, pues el periodista le encargaba pequeños trabajos de investigación y admiraba después sus dotes para la expresión escrita.

Ingeniero de profesión, ha tenido papeles protagonistas en proyectos petroquímicos en oriente medio, obras complejas de alto valor añadido, si bien comprendió su estatus cuando en una tertulia, el poeta Gerardo Diego le dijo sin ambages: “Usted no vive de la ingeniería; en realidad come de la ingeniería, pero vive del toreo”. José María nos guía por las salas, nos descubre los arcanos de esta colección única, y nos muestra, con la generosidad propia de la casa, cuantos volúmenes nos interesan, narrando con pasión la pequeña o gran historia que les acompaña.

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La colección Carriquiri:

La colección tiene su origen en el legado que hicieron al señor Briones su padre y su suegro, y desde entonces no ha hecho más que crecer cuantitativa y cualitativamente, pues su fondo es asombroso, con multitud de volúmenes valiosos y difíciles. Estuvo inicialmente ubicada en Talavera la Real, en una finca llamada Aldea del Conde, hasta julio de 1999, momento en el que llega a las oficinas del Grupo Génova, su actual emplazamiento. Desde entonces son tres las ampliaciones realizadas, años 2007, 2010 y 2015, que han generado la existencia de nuevas estanterías y también nuevas salas, en un proceso de expansión natural que recuerda a la Conservaduría General descrita por José Saramago en “Todos los nombres”.

Entre los años 14 y 15 han entrado más de 700 libros, y el ritmo de crecimiento actual acelera de manera evidente, con ratios que apuntan ya al millar de nuevos volúmenes al año.

El impulsor de este santuario regenta negocios de diversa índole, entre ellos el hotelero, que le exige viajar por el mundo de manera permanente. Don Antonio y su colaborador infatigable, don José María, reciben ofertas de obras sueltas o bibliotecas completas, pues su bibliofilia es bien conocida, viajan a Francia y otros países taurinos, rastrean, compran y disfrutan del tacto suave del papel, de su aroma seco que recuerda a maderas nobles, y de los testimonios de autores de seis siglos diferentes.

Además de los libros puramente taurinos, a Carriquiri le interesan los mixtos, es decir, aquellos que de manera colateral abordan el toreo. Hay obras compilación de entrevistas a personajes españoles, siempre que contengan conversaciones con matadores, ganaderos u otros protagonistas de la fiesta. También libros que abordan obras artísticas inspiradas en el toreo, como las Tauromaquias de Goya o Picasso, y tantas otras basadas en la escultura, la música y la arquitectura taurina.

Calcula el director que en total son 18.000 volúmenes, contando manuscritos, revistas y álbumes de postales. Pese al interés que despierta la fotografía en sus próceres, hasta la fecha no son objeto de coleccionismo, ya que haría falta un gran nuevo espacio, y las condiciones de conservación de películas exigirían cambios notables en el actual espacio de Carriquiri.

Como cualquier gran colección, la biblioteca dispone de su joyas, y de entre ellas nuestro guía destaca un ejemplar de la primera tirada de la Tauromaquia de Goya de 1816. En la actualidad es muy difícil que salga a la venta completa, por lo que su valor es realmente elevado. La de Carriquiri ha sido expertizada por la Calcografía Nacional, observándose todas la características, incluso las más nimias, que la acreditan como el conjunto de grabados procedentes de la plancha creada por el pintor aragonés. También cuenta con otros trabajos originales del XIX, entre ellos un álbum de Daniel Perea titulado “A los toros” con la peculiaridad de disponer también sus dibujos originales, base de la obra litográfica. En bibliografía mixta existen también grandes piezas que serían del interés de bibliófilos de campos muy diversos, como la literatura, la pintura, la música, la agricultura, la religión e incluso la filosofía.

 

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El orden:

En un universo así nada debe dejarse al albur de los elementos; cada libro tiene su ficha de identidad y existe un procedimiento perfectamente contrastado para el acogimiento de nuevas obras.

Cuando llega un ejemplar se le ofrece a don Antonio para que lo lea durante el tiempo que estime oportuno. Después se ficha por obra de la bibliotecaria, y se conduce a su ubicación exacta, haciendo uso de dos coordenadas. Abscisas y ordenadas permiten identificar el estante que habita, y como quiera que la ficha identitaria describe bien sus dimensiones y encuadernación, la localización es siempre sencilla. El criterio de asignación de ubicación es el tamaño de cada ejemplar, y no la temática, porque de este modo se aprovecha mejor el espacio, siempre escaso, y se facilita el mantenimiento de los libros, puesto que en caso contrario la luz, pese a ser tenue, decoloraría la parte expuesta de la cubierta. También, admite el señor Sotomayor, la estética de los anaqueles incide en el procedimiento de ordenación elegido, pues una biblioteca de quien ama los libros ha de ser siempre un espacio bello.

 

El seguimiento de un libro:

Tanto Briones como Sotomayor se definen como “bibliófilos cuerdos”. En las subastas tratan de conservar la cabeza fría, pujando sólo por el precio que consideran adecuado. Esto no siempre es fácil, puesto que la oportunidad de obtener un ejemplar escaso y deseado desata la emoción de cualquier coleccionista. Sin embargo su experiencia les dota de prudencia, y saben que el libro que cotiza caro volverá a cruzarse en su camino a un precio más ajustado.

Pese a tratarse de coleccionistas expertos con posibilidades económicas, la actitud de estos dos hombres se encuadra en el modelo de la felicidad de la psicología de vanguardia, que asegura que “la felicidad se encuentra en la antesala de la felicidad”. Tal vez por eso son conscientes de que el proceso de perseguir un libro es más placentero que poseerlo. Conocer un título, ahondar en su contenido, investigar sobre su autor, saber de su editor, rastrear la edición príncipe, conocer su formato, tipo de encuadernación, signatura tipográfica, marcas al agua si las hubiera, llegar a saber quiénes lo poseyeron antes, e incluso cuantos ejemplares más quedan íntegros, es un cometido hermoso que emociona y satisface a estos dos investigadores. Disfrutan de la simetría de corondeles y puntizones, de la originalidad de un exlibris, de la firma de su autor y de las notas que ilustran un viejo ejemplar, que dan fe del modo en que fue leído y entendido por sus primeros poseedores. Todos los libros tienen su pequeña historia también por las vicisitudes que han ocurrido hasta conseguirlo. Viajes precipitados, encuentros casuales, informes confidenciales, ofertas de intermediarios, consejos de amigos o noticias de una subasta, forman parte del itinerario que ha de seguirse hasta conseguir una pieza valiosa.

José María Sotomayor recuerda con admiración el libro de Mendoza “La pasión por los libros”, que narra las andanzas de un bibliófilo decidido a vender su extensa colección por el simple placer de ir comprándola de nuevo en sucesivas subastas. La experiencia de estos dos hombres es una demostración más de que desear es más emocionante que poseer.

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La difusión del fondo:

Aunque la biblioteca es privada, Antonio Briones es un hombre generoso y permite que, bajo ciertas condiciones, acudan personas a investigar y a visitar la colección. Es habitual que grupos de personas interesadas en el toreo la visiten, como el Aula Tauromaquia de CEU, y prensa especializada, si bien el grupo se limita a no más de 20 personas, pues del mismo modo que la empresa rebosa generosidad, es también garante de la continuidad de la colección y por tanto celosa en su vigilancia.

Tal vez llegue un tiempo en el que los aficionados al toreo tengan que vivir sólo de recuerdos. Quizá llegue un día en que el acoso a la Tauromaquia pretenda destruir la “memoria histórica”, para lo cual habrá de aniquilarse cualquier vestigio que invoque al pasado glorioso. Es posible que, en un futuro remoto, el aficionado deba ocultarse, como han hecho a lo largo de la historia los practicantes de credos prohibidos. Si ese día llegara, la biblioteca Carriquiri será un santuario furtivo y tierra de promisión para todos los que admiren el perfil soberbio del toro y el valor sereno de los hombres capaces de darle lidia.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura.

Escuela Taurina de Madrid, forja de hombres libres.

En el frontispicio del hangar que acoge las sesiones de toreo de salón de la Escuela Taurina de Madrid hay un cartel de firme grafía que dice “Llegar a ser figura en el toreo es casi un milagro”

Nadie puede decir que los aprendices de torero viven en un engaño. Antes al contrario, esta sentencia denota la libertad de la que disfrutan estos jóvenes, pues no hay ser más libre que quien decide dar la vida para perseguir una quimera. Los que aquí aspiran a la gloria saben que la libertad no se reivindica, se tiene. Saben que la libertad no se suplica, se ejerce, y que el tiempo para disfrutarla comienza ahora y finaliza con el último aliento.

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La Escuela se encuentra ubicada en la Venta del Batán, espacio de la Casa de Campo madrileña que sirve de esparcimiento a vecinos y visitantes, en la que no hace mucho tiempo se mostraban los toros que iban a ser lidiados en la Feria de San Isidro.

La Venta comprende algo más de 10.000 metros cuadrados, que acogen plaza de toros, hangar para el entrenamiento, aula de formación, modestas oficinas, vivienda del mayoral y corrales.

La situación actual del centro es de necesidad perentoria, puesto que el Ayuntamiento de Madrid, titular del mismo, ha cambiado de viento político y sus actuales cargos son aversos al toreo. Sin embargo los codirectores de la Escuela, los maestros Joselito, Fundi, Bote y de Julia, tienen un compromiso que supera le ámbito de lo profesional, pues los cuatro se formaron aquí, y muchos de sus sueños infantiles duermen aún esparcidos en las aulas, el albero y el aroma sereno del bosque que lo circunda.

 

Origen:

Enrique Martín Arranz, novillero en su juventud y más tarde apoderado y ganadero, la funda en 1976 con el nombre de Escuela Nacional de Tauromaquia. Poco después se une el maestro y escritor Manuel Martínez Molinero formando un equipo valioso y comprometido. En 1982 se hace pública a través de un convenio con el Ayuntamiento de Madrid y su Diputación, y pasa a denominarse Escuela Taurina de Madrid, nombre al que poco después se añade el del mítico matador local Marcial Lalanda.

En aquella época la vida de los maletillas era dura, llena de privaciones que incluyen hambre y frío. Algunos especialmente necesitados rayaban el delito como único recurso para subsistir.

El slogan que sus fundadores proponen es toda una declaración de intenciones: “Para ser torero no hace falta tener hambre ni dedicarse a las capeas”, provocando sí un punto de inflexión en la concepción de la formación de los toreros.

Crean además un incipiente plan de estudios, pensando más en el hombre que en el torero. La premisa es clara: si no hay hombre no puede haber torero, y aún habiendo torero, es necesario saber más para ganarse la vida con dignidad. Todo evoluciona, y bien entrado el siglo XXI la intolerancia de algunos fundamentalistas es la principal amenaza que se cierne sobre estos jóvenes. Las penurias económicas de hace cuarenta años han sido sustituidas por la saña de unos pocos radicales. El maestro Bote emplea términos muy claros “El chaval que quiere ser hoy torero tiene mucho mérito. Cuando yo empecé era dios, por la calle me animaban y en el colegio me admiraban. Hoy sin embargo tienen que esconderlo porque hay quien no entiende su afición y emplea el insulto”

Escuela Taurina de Madrid

La aportación de este centro a la Fiesta es muy notable, pues en sus cuarenta años de vida ha formado a 2.500 alumnos, de los cuales 130 se han convertido en matadores de toros. También surgen banderilleros, apoderados y empresarios. Algunos han seguido caminos divergentes, desarrollando aptitudes artísticas, como “El Loren”, pintor o José Luis Ramón, escritor, lo que demuestra que aquí también se desarrollan valores humanos y culturales. El maestro Joselito tiene una fe inquebrantable, no solo en la escuela, sino también en la Tauromaquia: “El futuro de la Fiesta es espléndido. La gente sabe que esto es verdad. Aquí se vive y se muere de verdad. Eso sólo pasa en el torero. Hace falta que al aficionado se le den facilidades y comodidades para disfrutar de este espectáculo único” En cuanto a los alumnos a los que instruye día a día el maestro es también categórico: “Esto tiene aún margen de mejora. Ya esta entrenándose el torero que tiene el duende de Morante y el valor de José Tomás. Va a llegar y va a llenar las plazas”

 

Valores:

Resulta insólito que en 2015 un centro de formación consagre su existencia a la perpetuación de una serie de valores. La Escuela Taurina de Madrid lo hace de forma decidida y explícita, bajo la premisa fundamental de que “La moral permite al hombre orientarse en la vida”. Siendo éste el valor fundamental, encuentra cumplido desarrollo en un decálogo que contempla el aprendizaje, la voluntad, el sacrificio, la superación, la perseverancia, la responsabilidad, el respeto, la puntualidad, la honestidad y la valentía. Sin duda se trata de un ideario que cualquier empresa desearía implantar en su plantilla, pues son principios que potencian a la persona en cualquier actividad.

El maestro Bote sonríe cuando abordamos este capítulo, mostrando un punto de orgullo por la trascendencia del decálogo :“Somos afortunados por que nuestros alumnos respetan a la gente. Lo hacen en la escuela, en su casa y en la vida diaria con pequeños detalles como ceder el asiento a los mayores en el metro”

Escuela Taurina de Madrid

 

Asignaturas:

Cuando el nuevo equipo directivo asume la titularidad de la Escuela se produce una redefinición del plan de estudios. Joselito y Bote se encierran en el Centro de Alto Rendimiento para Toreros de Guadalajara (CEART) y redactan un programa que aborda cuatro áreas fundamentales para la formación de toreros, como son la lidia, las suertes, la autosuficiencia y la preparación física. Además incorporan un capítulo práctico que permite verificar las destrezas adquiridas. Cada uno de ellos tiene cumplido desarrollo como evidencian los siguientes planes de trabajo:

La lidia: Estrategia y táctica. Condicionantes para la colocación. Condicionantes por la morfología y los encastes. Capas y encornaduras. Posición del torero. Los sentidos del toro. Terrenos y querencias. Distancias, alturas y presentación del engaño. Recorridos y colocación. Cruzarse. Ligar los pases. El tentadero (hembras y machos). El toro en la plaza. El toro a campo abierto.

Las suertes: La pureza del toreo. Axiomas: Belmonte parar mandar templar. Axiomas: Domingo Ortega incluye cargar la suerte. Axiomas: Rafael Ortega añade el momento de citar (el recurso sale solo). Suertes de capa. Llevar y sacar al toro del caballo. Tercio de quites. Banderillas. Suertes de muleta. La estocada. El descabello. La puntilla.

Autosuficiencia: Capacidad de satisfacer las necesidades propias. Liturgia y bases del toreo. Indumentaria. Limpieza y conservación. Cómo atarse los machos y el nudo del corbatín. Limpiar capote y vestido. Afilar espada. Hábitos para vivir en torero. Trato persona y profesional con la cuadrilla. Administración y fiscalidad. Cómo rellenar boletines y contratos.

Educación física: Un método para los toreros. Resistencia. Velocidad. Flexibilidad. Fuerza. El esfuerzo del torero. Instantes explosivos. Fases de relajación.

Formación práctica: La Escuela organiza tentaderos, clases prácticas en becerradas para alumnos de más de 14 años y, como colofón, novilladas en las que los alumnos desarrollan su destreza.

 

Escuela Taurina de Madrid

Calendario y horario lectivo:

La Escuela es el centro de Madrid con más días lectivos al año puesto que aquí no se descansa ninguno.

Los laborables se imparte la docencia de 16,30 hasta las 21, mientras que los festivos la actividad es de 10 a 13 horas. Todo el año. Sin vacaciones, siendo agosto es un mes especialmente hábil por la efervescencia del toreo en esos días. Existe un calendario con horarios y materias para cada día de la semana, alternando materias teóricas, como las suertes o la lidia, con otras más dinámicas, como educación física o toreo de salón. El objetivo es ofrecer una preparación de calidad, equilibrada y completa para futuros lidiadores.

El periodo de formación de los aspirantes comienza en el instante en que se presentan e inscriben, y finaliza el día en que debutan en novilladas picadas, momento a partir del cual los nuevos toreros reciben el aliento de sus compañeros y mentores, mas se considera que el nuevo torero tiene preparación suficiente y debe poner en valor lo aprendido en la Escuela.

 

Titulación:

La formación impartida en la Escuela no tiene reconocimiento oficial, si bien el centro expende un diploma y confecciona un cuadro de honor de los alumnos más destacados. Hay un proyecto por parte del Ministerio de Educación de un nuevo formato para profesionalizar a los chavales, dado que ser figura es poco probable. Se trata de que se preparen también en materias convencionales para ejercer otras profesiones más o menos próximas al toreo.

El centro emite también certificamos para poder conseguir el carnet profesional de torero, si bien uno de los profesores advierte de que tiene que ser más exigente porque ha habido cierto “compadreo”.

Junto con los directores ya citados existen otros profesionales que colaboran desinteresadamente en la formación de los jóvenes, aportando conocimientos y experiencias de campos diversos, necesarios para el desarrollo humano, técnico y artístico de los estudiantes.

Escuela Taurina de Madrid

 

La economía de la Escuela:

En 2014 los alumnos pagaban 20 euros al mes, desde mayo no se cobra cuota alguna, si bien la actual coyuntura política, tendente a estrangular el toreo, podría revertir la situación.

El maestro Bote asegura que en la actualidad no existe un presupuesto, producto de una gestión económica incomprensible, y que los codirectores llevan ya cuatro meses sin cobrar. Pero hay más gastos corrientes, como los suministros y los desplazamientos para los tentaderos, todos desde la modestia, que pueden asfixiar al centro. Afortunadamente otros colaboradores, como el preparador físico, el psicólogo y otros docentes ocasionales lo hacen de manera desinteresada. El Ayuntamiento de Carmena amenaza con desentenderse de desplazamientos y seguros de los estudiantes, y prohíbe el tentadero de animales en el recinto del Batán, prohibición inútil, puesto que desde hace casi diez años no pisa el albero res brava alguna.

La Comunidad de Madrid, por boca de su presidenta Cristina Cifuentes, manifiesta su disposición a hacerse cargo de la Escuela, cuyo presupuesto en años precedentes rondaba los 60.000 euros. Sin embargo la pugna política imposibilita este tránsito ya que el Ayuntamiento no está dispuesto a ceder y, según el propio José Luis Bote, “quiere dejarla morir sin escándalos”

El actual claustro de profesores es beligerante con la causa y asegura que les va a costar desahuciarlos, ya que se convertirán en “ocupas” y se encadenarán antes de dejar lo que consideran debe pervivir. Bien podrían estos docentes cambiar de escuela y prestar su conocimiento en otro punto, pero el vínculo emocional que tienen con el espacio que les vio nacer como toreros es prácticamente irreductible.

Las cuentas de la tauromaquia en Madrid son muy claras. El canon que el empresario de Las Ventas paga a la Comunidad de Madrid es de 2,3 millones, mientras que los ingresos por IVA que genera la feria de San Isidro se aproximan a los 5 millones de euros. La fiesta no necesita subvenciones, sólo destinar una parte de su rendimiento a la promoción del toreo, como se hace en cualquier otra actividad cultural.

Escuela Taurina de Madrid

 

Resultados académicos:

El actual consejo rector se responsabilizó del centro en 2014 compitiendo lealmente con otras escuelas cercanas. En el presente siglo la Marcial Lalanda había perdido terreno. Los 200 alumnos de mediados los noventa quedaron reducidos a 14, si bien el nuevo claustro ha estimulado el incremento de las matrículas hasta las actuales 74. Sin embargo no todos viven el toreo con la misma pasión y son 40 los que acuden de manera regular al recinto de la Casa de Campo “porque algunos son muy listos y en cuanto les aprietas un poco las clavijas se pasan a otra escuela”

El maestro Bote asegura con un destello de orgullo en la mirada: “Empezamos a ver los frutos, el año pasado se plantó la semilla y en el concurso Camino hacia Las Ventas de tres puestos dos son nuestros. El ganador fue un chico de nuestra escuela. En otros certámenes tenemos cantidad de trofeos”

Los profesores saben que para consolidar y mejorar estos resultados es necesaria constancia y práctica. Por eso en 2014 se sumaron 422 reses toreadas. “Taurodelta da siete novilladas, 20 añojos y 50 vacas. Se lo exigía la Comunidad por pliego, pero en 2016 se termina y harán uno nuevo. Esperamos que todo se resuelva favorablemente”

 

Escuela Taurina de Madrid

El parque temático de la Tauromaquia:

El Ayuntamiento de Madrid aprobó en la anterior legislatura un proyecto para restaurar la Venta del Batán, hacer un parque temático sobre el toreo, recuperar la exposición de los toros en San Isidro y realizar actividades taurinas todo el año, como cursos, congresos, exposiciones, etc. La partida presupuestaria estaba ya aprobada, y uno de los objetivos era facilitar la autofinanciación de la Escuela.

Sin embargo el cambio político, con la llegada de coaliciones de izquierda radical que repudian la cultura del toro, ha provocado el replanteamiento del proyecto alejándolo de la Tauromaquia sin saber muy bien qué hacer. El maestro Bote hace sus cábalas al respecto y sólo se atreve a pronosticar la recreación de una granja.

La paradoja es notable. Aniquilar eventos culturales, fundamentados en el valor, la inspiración y la libertad de creación artística, para generar un espacio anodino en el que los seres vivos pierden su identidad y son manipulados impunemente.

Tal vez sea un aviso sobre los tiempos que corren y que afectan al toreo, pero también al resto de dimensiones culturales del hombre. Tal vez se trate de prohibir lo que no se puede controlar. Tal vez sea un nuevo intento de imponer el pensamiento único.

Sin embargo alumnos, profesores y otros estamentos relacionados con el torero no están dispuestos a permitir que se cercene su derecho al libre pensamiento y a la creación artística. Con frecuencia la historia muestra que el inconformismo de pequeños grupos de hombres justos es el detonante que desencadena nuevas ansias de libertad y la rebeldía cívica.

Tal vez no haya hoy mayor acto de rebeldía cívica que apoyar el sueño ancestral de medirse a la fuerza bruta del toro y engendrar belleza.

 

Javier Bustamante para Toro Cultura.

 

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