La importancia de honrar a los héroes

 

La naturaleza del héroe

Un héroe es un ser que encarna los valores de una sociedad, se enfrenta a situaciones críticas con valentía, es capaz de realizar acciones admirables y beneficiosas para el colectivo y, gane o pierda en su epopeya, muere finalmente con arrojo.

Los héroes mitológicos lo son por ser sobrenaturales; los épicos tienen carácter puramente humano. Los primeros son hijos de dioses o semidioses, mientras que los segundos se significan por varios elementos comunes, que conforman su singular naturaleza.

Para acceder a la categoría de héroe es necesario recorrer un camino difícil y angustioso, un camino pleno de amenazas y de privaciones que, como la vida misma, siempre termina en tragedia.

 

El trayecto del héroe

El héroe ha sorprendido en su niñez al mostrar capacidades insondables que le permiten realizar hazañas asombrosas.

Es honesto, valiente, entregado a su estirpe, seguro de si mismo, y perseguidor de sus objetivos con inusual determinación, sin reparar en dificultades ni obstáculos.

Siempre tiene un antagonista con quien libra encarnizadas batallas, al borde mismo del abismo, mas vence siempre, salvo en la contienda final, y retorna victorioso a su entorno natural.

Porta un arma que le da carácter y notoriedad, un arma que le identifica y de la que, a menudo, toma el nombre.

Es un ser superior que, sin embargo, es capaz de ponerse al nivel del común de los mortales, por lo que genera simpatía e adhesión con su gente.

Es portador de un coraje inverosímil, que le faculta para abordar las vicisitudes de su epopeya y asumir su destino con gallardía.

No tiene miedo a la muerte ni rehuye los riesgos, ya que su existencia está al servicio de una causa mayor, que es la supervivencia de su grey, y la perpetuación de sus valores.

Es utópico, consciente de que la meta es imposible, mas cada paso que se logre es un avance hacia el estado de perfección.

Un héroe es, por tanto, un ser venerable, distinto del mártir, que sufre e incluso muere por defender un ideal, mas sin los valores que porta el héroe, ni la épica con que afronta la adversidad. Tampoco las personas muy capacitadas que emprenden grandes metas pueden considerarse héroes, puesto que no existe arrojo, identificación social, encarnación de valores ni muerte.

La palabra héroe ha sido banalizada y, en cierto modo, desprovista de su profundo contenido, si bien el héroe, según la acepción más pura del término, es un ser magnético y sublime, digno de la mayor de las consideraciones.

El rostro del torero. Toro Cultura.

 

El precio

El ascenso al olimpo tiene un precio exorbitante: sacrificar la vida propia superando los instintos humanos más básicos, a fin de preservar a las personas, o bien su esencia cultural. El héroe practica una suerte de inmolación, algunas veces provocada por él mismo, otras veces asumida, las más sobrevenida por las amenazas que voluntariamente acepta. Es un precio absoluto, el mayor de los posibles. El héroe se desprende de su más íntima esencia y de su futuro en un acto de conmovedora entrega.

 

El héroe ha de formarse y esculpir su carácter en el sacrificio, en la abnegación y en la más refinada filantropía. Afronta batallas aparentemente perdidas, y se enfrenta a enemigos formidables, indómitos, cercanos en algunos casos a la propia divinidad.

 

El valor

Un héroe es el patrimonio más valioso que puede tener un colectivo humano, pues es el más alto exponente de los valores grupales, los reafirma, los exhibe, e inspira a las generaciones sucesivas.

Un héroe fomenta la transmisión oral y escrita de los hechos del pasado, creando tradición y, en muchos casos, también un mito.

Cualquier movimiento social, cultural o político anhela su propio altar habitado por sus titanes. La muerte, un solo muerto, purifica cualquier credo y le otorga trascendencia. Una revuelta popular no se consagra hasta que no muere algún militante ejerciendo la lucha. Una prueba atlética no se engrandece mientras que ningún corredor ofrende su vida en el esfuerzo. Una montaña no es admirable hasta que no se cobra la vida de un experto escalador. La cara de la muerte ha fascinado al hombre desde que tiene consciencia de su propia trascendencia y del desafío que supone soportar su mirada fría y monocorde. El héroe la vence en su derrota final, pues adquiere la condición de inmortal en la memoria de su linaje.

Foto @VictorBarrio

 

Los héroes del toreo

La figura del torero reúne, en lo esencial, las condiciones necesarias para erigirse en héroe virtual. Sólo la muerte en el ruedo le otorga de forma definitiva ese status. La muerte de un matador no es un accidente, más bien al contrario, forma parte del argumento de la Tauromaquia, que es una lucha cruenta entre la fuerza brutal, desatada del animal, y el conocimiento y la inteligencia del hombre. La ortodoxia del toreo no pretende limitar los riesgos vitales, sino perfeccionar un arte ancestral que permite burlar la certeza de la muerte con galanura. El toreo tiene todos los aditamentos para mitificar las gestas celebradas en el ruedo y convertirlas en leyenda. El santoral taurino consagra varios cientos de héroes. Un siglo atrás la pérdida de la vida de un hombre en las astas de un toro conmovía a la sociedad que se movilizaba, lloraba y glorificaba al caído por la recreación del rito, surgía la lírica, y se ponía en marcha una imparable leyenda. Las culturas se sustentan en mitos y creencias compartidos. Su preservación depende la solemnización a que se sometan. Las culturas más longevas son aquellas que han sido capaces de ensalzar a sus héroes, referentes de sus valores, y compartir con emoción las leyendas que engendraron.

Ignorar a los héroes es la actitud más letal que puedan adoptar los creyentes en cualquier credo. El toreo moderno está muy cerca de ningunear a sus legítimos héroes. Tal vez porque comience a temerse la estética de la muerte.

Honremos a los héroes del toreo por los méritos contraídos, y por la asombrosa capacidad que tienen para explicar sin palabras los arcanos trascendentes de la Tauromaquia.

Honremos la memoria de Víctor Barrio haciendo realidad su sueño más querido.

Honremos a Iván Fandiño difundiendo y perpetuando sus valores.

Honremos a todos los que han hecho más grande la fiesta de los toros, y al hombre un ser más admirable.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

El miedo

El miedo existe, es tangible, es corpóreo, es real.

Puede adquirir forma humana o transformarse en un leve halo, colarse por debajo de las puertas, permanecer entre las hojas de un libro, apostarse en un rincón sombrío, o envanecerse en el aroma de una flor abandonada.

Puede instalarse en el techo de una habitación, en penumbra, y pasar allá la noche entera amenazando a los sueños.

Puede danzar con las tinieblas, infiltrarse en sus perfiles, huir de la luz o atraerla.

El miedo puede inocularse en un organismo y transmitirse a otro por un leve tacto, por la yema de un dedo, por una suave caricia, por el aliento, por el tono de una voz cadenciosa.

El miedo vive en las palabras, en muchas palabras, y en el tono solemne de una sinfonía; puede vibrar en las notas destempladas de una charanga y crecer en el silencio insondable del vacío. Puede vivir enérgico en las olas del océano y también hacerse presente en el goteo fútil, monótono de un viejo grifo.

El miedo puede manifestarse en una pantalla de televisión, sin aspavientos, pegado a las imágenes, sutil y cruel a un tiempo, cercenar voluntades y ganar el ánimo de quien las observa.

Puede esperar detrás de un espejo, acechando a los rostros, desfigurarlos y devolverlos perversos, con su propio rictus, solemne y malicioso.

El miedo habita en los relojes que se lanzan a descontar minutos, en su tic tac mortecino, en su ritmo cansino, en su espera fugaz, en la proximidad de la meta o en la meta misma.

El miedo vive en cada gesto del hombre, en cada pensamiento, en cada idea, en las palabras más sutiles y también en las más gruesas.

El miedo vive en cada mirada ansiosa, en cada leve golpe de párpados, en la visión borrosa de la amenaza, en el fondo obscuro de cada pupila dilatada.

El miedo habita las manos enlazadas, cada palma sudorosa, cada gesto contrito, cada sonrisa triste; el miedo.

El miedo ronda cada rincón del universo y cada segundo de la historia, el miedo es imbatible, es inabarcable, es cruel, es voraz, es feroz.

El miedo crece de forma natural en los patios de cuadrillas y en los callejones. En ese espacio mágico se le espera, se le respeta y se le teme. Puede encarnarse en forma de hombre anciano o ceñir el cuerpo gitano de una mujer morena. Puede gastar gesto adusto o sonrisa cínica; puede mirar a los ojos o al infinito; hablar con ritmo pausado o instalarse en silencio en una esquina.

El miedo no necesita esfuerzos para vencer, no tiene prisa, no se apresura, es paciente, pues anida en la derrota amarga de sus víctimas, en lo que fue y en lo que no puedo ser. Y en lo que será.

El miedo es paciente, es ilimitado, es ambicioso, todo lo puede, todo lo quiere y todo lo alcanza.

El miedo es ignorar qué va a pasar en el instante que sigue, sabiendo que puede ser lo último que pase.

 

Paola Dimaio

para Toro Cultura

 

 

Librería Rodríguez, la casa del libro de toros

Entrar en la Librería Rodríguez de Madrid supone transportarse a un universo diferente, mezcla de historia en color sepia y de presente polícromo; pues junto a volúmenes decimonónicos, se encuentran las últimas novedades de la literatura taurina, completando un fondo de más de tres mil títulos.

Cuando la puerta se cierra tras el visitante un silencio denso envuelve el lugar, y es en ese instante cuando se toma conciencia del seco aroma de los papeles nobles y de la riqueza de las pieles que visten los libros; y el reloj del bibliófilo comienza a mostrar anomalías, ya que las horas transcurren aquí tan rápido que parecen simples minutos.

Las cuatro paredes de este espacio único, ubicado en el número 31 del Paseo Marqués de Zafra, se encuentran cubiertas hasta el techo de anaqueles de madera obscura, ocupados en su totalidad por los lomos de obras diversas, en una gama de colores que van de negros a púrpuras, pasando por mostazas, yedras e índigos. En su centro hay una mesa y varios cartapacios que contienen carteles, láminas y otras obras gráficas que cubren un espectro temporal de más de doscientos años.

Librería Rodríguez

El principio

El origen de este establecimiento singular, el más antiguo de Madrid en su género, se encuentra hace un siglo, momento en el que don Estanislao Rodríguez funda en la calle de San Bernardo una librería generalista, que pronto deriva hacia el libro antiguo y desde 1980 se especializa en obras de temática taurina.

Son cuatro las generaciones que han compartido la pasión por el libro, ya que al primer Estanislao le sucedió su hijo homónimo, a éste su hija Victoria, quien acaba de abdicar en favor de Carlos Ballesteros Rodríguez, savia nueva para un tiempo nuevo y convulso.

La posición actual de la empresa es la del referente mundial en la distribución de literatura taurina, proveedora de las mejores colecciones del mundo, como la biblioteca Carriquiri, la de Marco Antonio Ramírez y la de Javier Aresti, director del Museo Taurino de Bilbao. Así mismo es punto de referencia para ganaderos, como Joao Folque de Mendoza y toreros, como Manolo Dosantos, César Rincón, Curro Vázquez y Rafael de Julia. Junto a ellos la nómina de clientes se engrosa con centenares de coleccionistas o simples aficionados que encuentran en la casa tal amplitud temática, que es sencillo hallar algún libro de su interés.

Librería Rodríguez

El fondo

El fondo de la casa es impresionante y no es extraño encontrar libros románticos, origen real de la literatura taurina, como los cotizados “Historia del toreo y de las principales ganaderías de España” (1850) escrito por Fernando García Bedoya, “Anales del toreo” (1868) obra de José Vázquez y Sánchez, e incluso una de las referencias básicas y escasas de la preceptiva taurina, la “Tauromaquia” de Pepe-Illo, escrita por el célebre Joseph Delgado en 1796. Cualquiera de estos ejemplares cotiza por miles de euros, y proveerse en Rodríguez es una garantía de autenticidad y de rigor.

Además es también posible encontrar obras menores contemporáneas a precios cercanos a los diez euros, e incluso algún libro descatalogado del que se hizo una edición demasiado larga, por un par de monedas. Cualquier aficionado sale satisfecho de la visita a la librería, pues dispone de obras que abordan ámbitos muy diversos del toreo a precios también variados.

Victoria Rodríguez

La regente y el negocio

Con la amabilidad propia de la casa nos recibe Victoria, regente del negocio durante toda una generación, mujer discreta y observadora, filóloga, profunda conocedora de la literatura y de las artes del libro. Por sus manos han pasado cientos de miles de volúmenes, cuyo tacto y aroma le estimulan casi tanto como la nicotina. Sin embargo no va a la plaza por falta de tiempo y porque prefiere la lectura sobre el arte que la observación directa de los avatares de la lidia.

Es una gran conversadora y en pocos rasgos dibuja la naturaleza del negocio: comprar a editoriales consagradas y otras emergentes el libro nuevo, y permanecer vigilante ante la salida al mercado de bibliotecas consolidadas que contengan obras valiosas. Reunir una buena nómina de coleccionistas y valorar la eventualidad de acudir a subastas para ofrecer piezas únicas o muy cotizadas, como el propio Bedoya, la tauromaquia de Delgado o la serie de la revista “La lidia”, obra decimonónica que rara vez se encuentra completa y encuadernada según las artes de la época.

Su observatorio le permite una amplia perspectiva tanto del pasado que fue, como del futuro que se avecina, y diagnosticar los problemas que acucian al sector, que no son otros que el libro electrónico, la impresión bajo demanda o el desplome de precios, que en algunos libros fáciles ha llegado a ser del 40%

Sin embargo el libro romántico y la cartelería decimonónica, e incluso la incipiente de los siglos XVI y XVII, tienen aún un público fiel que paga por ellos el precio adecuado.

Existe además un nuevo segmento, el de coleccionistas extranjeros, sin afición al toreo, que ven en el libro raro un valor seguro para materializar sus inversiones. Actúan asesorados por operadores locales, conocedores del valor del libro romántico, que compran lotes en su nombre con ánimo especulativo. La discreción de Victoria es tal que nos pide que obviemos detalles sobre el origen y, por supuesto, la identidad de estos inversores que pueden sanear el mercado y poner en valor la literatura taurina.

 

La colección imprescindible

Pedimos a Victoria Rodríguez que nos sugiera los títulos que no deben faltar en ninguna biblioteca taurina y ella, sin dudar, nos propone diecisiete obras que, bajo su experto punto de vista, son de obligado conocimiento y lectura.

Es evidente que los libros de alto interés son muchos más, pero pedimos a nuestra anfitriona que sea selectiva y que en menos de veinte volúmenes compendie lo más necesario, una suerte de biblioteca mínima imprescindible.

Su propuesta es la siguiente:

 

  • “Tauromaquia o arte de torear”. Josep Delgado “Pepe-Illo”. Primera edición en 1796. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 10 euros.
  • “Tauromaquia completa”. Francisco Montes “Paquiro”. Primera edición en 1836. Posteriormente aparecen nuevas ediciones en rústica. Desde 10 euros.
  • “¿Qué es torear?”. Gregorio Corrochano. Primera edición de 1953. Posteriormente se imprimen nuevas ediciones en rústica. Desde 20 euros.
  • “El toreo”. Luis Bollaín. Primera edición de 1968. En 2008 se produce otra edición. Desde 35 euros.
  • “Ritos y juegos del toro”. Ángel Álvarez de Miranda. Primera edición en 1962. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 12 euros.
  • “El toro bravo”. Álvaro Domecq. Primera edición de 1985. Posteriormente se sucede otra edición. Desde 60 euros.
  • “El toreo fundamental”. José Luis Ramón. Primera edición de 2015. Desde 35 euros.
  • “Historia ilustrada de la Tauromaquia” (dos tomos). Fernando Claramunt. Primera edición de 1988. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 90 euros.
  • “La liturgia taurina”. Alejandro Pizarroso. Primera edición de 2000. Desde 50 euros.
  • “El cartel taurino”. Rafael Zaldívar. Primera edición de 1990. Desde 60 euros.
  • “Los toros en el arte”. José Luis Morales. Primera edición de 1987. Existe otra edición posterior. Desde 65 euros.
  • “El siglo de oro de la poesía taurina”. Aula Cultural la Venencia. Primera edición de 2003. Existe otra edición posterior. Desde 40 euros.
  • “Lenguaje taurino y sociedad”. Andrés Amorós. Primera edición de 1990. Desde 30 euros.
  • “¡Derecho al toro! El lenguaje de los toros y su influencia en lo cotidiano”. Carlos Abella. Primera edición de 1996. Desde 20 euros.
  • “Revisión del toreo”. Domingo Delgado de la Cámara. Primera edición de 2002. Desde 40 euros.
  • “Cómo ver una corrida de toros”. José Antonio del Moral. Primera edición de 2007. Hay otra edición posterior. Desde 10 euros.
  • “Juan Belmonte: matador de toros”. Manuel Chaves Nogales. Primera edición en 1934. Posteriormente se suceden ediciones en rústica. Desde 25 euros.

Victoria Rodríguez

 

El planteamiento de Victoria es variado y amplio. Cualquiera que lo contemple concluirá que con pocos libros es posible llegar a conocer facetas del toreo que superan el ritual de la lidia, y enriquecen la cultura en ámbitos como el lenguaje, la poesía, las artes plásticas, la escultura, la música y la propia historia de los países taurinos.

Es un placer para cualquier aficionado visitar lugares como éste, y contar con el certero consejo de personas que entienden y difunden con pasión la cultura de la Tauromaquia.

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

El arte de la litografía taurina en el siglo XIX

La popularización de la Tauromaquia y su conversión en el primer espectáculo de masas en España fue posible, entre otras razones, por la aparición de técnicas de comunicación que permitían llegar a muchos miles de personas con un estímulo visual polícromo y convincente. Los maestros grabadores trabajaron con denuedo durante el siglo XIX para perfeccionar las artes litográficas y dotar de realismo y espectacularidad a los motivos publicitarios. Se trata, sin duda, de una de las corrientes precursoras de la publicidad moderna que aporta estampas bellísimas plenas de emoción, capaces de conmover al público. Charles Heitt fue uno de los primeros en admirar este nuevo recurso artístico, y no dudó en proclamar que “Los carteles de toros españoles están compuestos de tal modo que son capaces de sacar dinero a las piedras”

 

Por la divisa - Colección Toro Cultura

Panorámica general de las técnicas de grabado.

Si bien los sistemas de grabado tradicionales, como la xilografía, que emplea matrices de madera, y el huecograbado, ya existían en España desde el siglo XVI, no es hasta la aparición de la Litografía, inventada a finales del XVIII cuando se hace posible realizar en serie reproducciones a varios colores con gran fidelidad de motivos de carácter taurino.

Las técnicas de grabado más primitivas datan de hace treinta siglos en Mesopotamia, si bien van depurándose en su paso por China y no es hasta el Renacimiento cuando puede hablarse de su desarrollo real en Europa.

Las disciplinas son muchas y son susceptibles de división en dos grandes grupos como son los grabados en relieve y al hueco. Ambos tienen en común que se produce una matriz con un motivo concreto, que es entintada y transmite al papel por presión la imagen que contiene.

Las técnicas al relieve se caracterizan porque la pieza que se emplea para la impresión, llamada matriz, es erosionada en las partes que se quiere que aparezcan en blanco, y sólo se transmitirá tinta la cota más alta o superficies prominentes.

Entre ellas destacan la xilografía, cuando la base es de madera tallada, y la linografía, en cuyo caso la matriz es de linóleo, un material más maleable que se obtiene mezclando aceite de lino, madera y serrín.

El grabado al hueco emplea una lógica diferente, ya que se trabaja una plancha, generalmente metálica, en la que se practican incisiones o huecos poco profundos, que serán los que retengan la tinta y, por consiguiente, impregnarán después la superficie que quiere imprimirse.

La plancha puede trabajarse de modo directo, mediante procedimientos físicos como el buril, la punta seca o la mezzotinta; y de modo indirecto, es decir, empleando ácidos para desgastar las zonas que serán después depositarias de la tinta, apareciendo el aguafuerte y el aguatinta.

La litografía constituye un modo de grabado diferente que ocupó un lugar de privilegio en las artes gráficas en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX, momento en el que surgen con fuerza las fotocomposiciones, más precisas y económicas, relegando a aquella a un lugar testimonial fuera de los circuitos comerciales.

_DSC0025

El origen de la litografía.

Aloÿs Senefelder, músico frustrado de origen checo reconvertido a impresor, obsesionado por la idea de superar el grabado tradicional, experimentó por azar con unas notas trazadas sobre una piedra caliza, descubriendo que ciertos ácidos mordían la superficie de la piedra que no estaba protegida por la tinta de sus anotaciones. Pronto descubrió el modo de aprovechar ese ligero relieve de sus trazos como matriz entintada que vertería al papel, tantas veces como quisiera, el dibujo original. Corría 1796 y, tras tres años de frenética experimentación, fundó en Munich el primer taller litográfico de la historia. Su mente ambiciosa le impulsó a crear talleres en las principales ciudades europeas y a publicar en 1818 un manual sobre las artes litográficas de gran éxito, traducido en años sucesivos al francés, el ingles y el italiano. En España se inaugura el primer taller litográfico en 1819, gracias a la pensión en el extranjero de la que disfruta el militar y grabador José María Cardano, quien viajó a París y Munich, donde aprendió el oficio del propio Senefelder. Madrid, Barcelona y Cádiz son las primeras capitales en disponer de talleres litográficos, y es en ésta última donde hoy puede encontrarse un interesante museo municipal que versa sobre estas técnicas.

El proceso litográfico.

El principio físico sobre el que se basa la litografía es la mutua repulsión del agua y las grasas. Dado que la tinta es un elemento esencialmente oleaginoso el juego de zonas secas y húmedas posibilita el binomio de luces y sombras, de claros y oscuros y, en definitiva, la representación de contornos.

_DSC0011

Para que el proceso sea un éxito debe partirse de una piedra caliza excepcional, como la que se encuentra en las canteras de Solenhofen, Pappenheim y Kelheir en Baviera. La calidad de estas piedras es tal que si se humedece su superficie, el agua queda retenida durante minutos, de modo que rechazan cualquier material graso como la tinta. El éxito de estas nuevas técnicas fue tanto que a principios del siglo XIX el mundo entero demandaba estas piedras, computándose más de 3.000 obreros en las canteras. Los maestros grabadores, tras años de esfuerzo e investigación, fueron definiendo y perfeccionando un proceso artesanal que consta de las siguientes fases:

Primero: graneado.

Consiste en aplanar la superficie de la piedra para lograr uniformidad en el dibujo y la impresión. Para ello se emplea arena húmeda que se extiende sobre la superficie de la matriz, colocando sobre ella otra piedra que se moverá en sentido circular para lograr el pulimiento. Cuando la piedra es de grandes dimensiones se emplea un levigador, esto es, un platillo de hierro fundido con manubrio que facilita el deslizamiento y la rotación.

_DSC0030

 

Segundo: dibujado.

Una vez pulida la piedra es preciso evitar el contacto de las manos, el polvo o el vaho pues podría dificultar la correcta adhesión del lápiz. Entonces se procede a dibujar sobre su superficie el motivo que se quiere replicar. Para ello, y dado el peso de las piedras, se emplea una mesa especial, con un disco en el centro que permite el giro y facilita su movimiento sin la intervención de las manos.

Tercero: acidulación.

Para fijar el dibujo se somete a la piedra a un tratamiento en toda su superficie de un mezcla de ácido nítrico, goma arábiga y agua. Es una fase en la que el tiempo desempeña un papel fundamental ya que son necesarios quince minutos para que el fluido ejerza su efecto.

_DSC0031

Cuarto: entintado.

La superficie de la piedra es humedecida para lograr el efecto sustancial del proceso. Inmediatamente después se aplica un rodillo con cuero impregnado de tinta, de modo que ésta queda en la superficie seca del dibujo, pero es repelida por el resto de la piedra, pues aún conserva la humedad incompatible con las tintas.

Quinto: estampación.

La piedra entintada es cubierta con el papel a imprimir y ambos se colocan en una máquina que dispone de una regleta que presiona al papel sobre la piedra, lográndose la transmisión de los dibujos. Esta fase se repite tantas veces como colores se quieran imprimir, que pueden alcanzar la veintena, con matrices específicas para cada uno. La precisión en la aplicación de los colores sucesivos resulta determinante, puesto que una leve desviación del papel o de la matriz en las últimas aplicaciones, arruinaría un papel que ya habría sido impreso en varios colores.

Las piedras pueden emplearse para multitud de copias pues apenas sufren desgaste, e incluso un nuevo graneado borrará el dibujo y predispondrá la piedra para convertirse en una nueva matriz al realizarse el proceso de nuevo.

_DSC0032

Hitos de la litografía en España.

En marzo de 1819 se inaugura el primer taller litográfico en España en la madrileña calle de Hortaleza, estando activo sólo seis años, al parecer por las dificultades que sufría para encontrar papel y piedras adecuadas. Su enfoque es cartográfico y su misión dar cobertura a las mediciones de los marinos españoles en sus periplos por el mundo. Fernando VII funda en 1826 el Real Establecimiento Litográfico con el objeto de reproducir las grandes obras de los pintores españoles y darles así universalidad. El monarca le asigna el monopolio que se mantiene hasta 1836, año en que se proclama libertad litográfica, con la excepción de una concesión al empresario barcelonés Antoni Brusi, quien acomete en 1819 la inversión en el segundo taller tipográfico de España. Posteriormente vendrían los de Cádiz y Asturias.

Paralelamente son muchos los grandes artistas que han empleado la litografía para conseguir un número considerable y limitado de copias de una obra. Entre ellos cabe destacar a Toulouse-Lautrec, Picasso, Joan Miró, Antoni Tápies, Piet Mondrian y un largo etcétera de creadores que se vieron seducidos por este procedimiento artesanal e ingenioso de perpetuar su obra artística.

 

La litografía Taurina.

Con la introducción del arte litográfico a mediados del siglo XIX muchos grabadores, expertos en otras técnicas como el aguafuerte, fijan su atención en la calidad de los acabados, la policromía y la posibilidad de imprimir series largas que ofrece esta nueva técnica, se forman el la misma y comienzan a producir motivos diversos, en los que la Tauromaquia ocupa un lugar preeminente.

 

Francisco de Goya:

El antecedente de la litografía de temática taurina es la tetralogía elaborada por Goya en un viaje hacia París, entre 1824 y 1825, conocida como “Toros en Burdeos”. El pintor aragonés había realizado en 1816 su célebre “Tauromaquia”, compuesta por 44 grabados, de los que 11 fueron, según su criterio, defectuosos, si bien en este caso empleó la técnica del aguafuerte. Estas cuatro primeras litografías representan una tauromaquia popular, poblada de lidiadores anónimos, festiva, hasta cierto punto caótica, alejada de las figuras consagradas que inmortaliza en su célebre serie de aguafuertes.

_DSC0013

Juan Víctor Adam:

Pese a que su especialidad es representar escenas de caballos y batallas, este fecundo litógrafo galo publica en 1834 la serie “Corrida de toros. Doce cuadros dibujados al natural” que titula también en idioma francés. La temática y la estructura de la obra recuerdan a la obra de Antonio Carnicero impresa en 1790 haciendo uso de técnicas de huecograbado, en quien posiblemente se inspiró. Sin embargo en este caso los toros tienen unas dimensiones ciclópeas, rostros diabólicos y cornamentas inverosímiles. Los lidiadores emplean ropas demasiado sofisticadas y peinados suntuosos, alejados de los usos de la época. Existen además algunos detalles técnicos que permiten cuestionar el conocimiento del arte de lidiar toros del grabador, como el infame golletazo con que despacha a un toro su lidiador en la décima lámina o el vuelo inverosímil de las telas. En cualquier caso es una obra estimable y representa, tal vez, la primera serie romántica, plena de exageración y estilización de las figuras.

_DSC0034

Wilheim Gail.

El arquitecto y pintor Bávaro, nacido a principios del siglo XIX, Wilheim Gail, viajero infatigable e ilustrador del costumbrismo, produce en 1829 la serie “Corrida de toros en la plaza de Sevilla”. Consta de diez litografías con tintes románticos que se interesa además por asuntos librados fuera del ruedo, como el ambiente del patio de caballos o la oración previa a la corrida. El autor distingue algunas de sus láminas con la leyenda “ad. nat”, lo que indicaría que se trata de escenas tomadas al natural. La suerte de matar representada en la novena lámina es un despropósito por el modo en que el matador clava la espada y el lugar que escoge para la estocada, lo que de nuevo hace sospechar que su conocimiento del toreo es sólo superficial. Los toros lucen cornamentas aberrantes y su tamaño es, en relación con el de los toreros, otra vez excesivo, en claro contraste con el legado de Goya, nutrido de toros chicos, cornicortos y vareados.

 

Luis Ferrant:

La Litografía Nueva, sita en la calle Caballero de Gracias de Madrid, imprime en 1840 la colección de doce suertes de toros, obra de Luis Ferrant.

Se trata, con toda probabilidad, de la primera serie romántica sobre el toreo obra de un artista español que, sin renunciar a la esencia de estilo, modera las dimensiones de los toreros, la sofisticación de su atuendo y, sobre todo, la alzada de los toros, que ahora sí parecen verosímiles. Tal vez influido por la serie de Carnicero, Ferrant se limita a representar lo que ocurre sobre el albero, obviando los tendidos y cualquier otro personaje que no sea protagonista directo de la lidia. De este modo que consigue fijar la atención del espectador en lo verdaderamente relevante de su composición, que es el arte y el valor de los toreros de la primera mitad de siglo para enfrentarse a los toros en plaza.

 

Francisco Lameyer:

Pintor, impresor, militar y viajero portuense nacido en 1825 de amplia obra pictórica con motivos diversos en los que destaca su profunda mirada a Marruecos, plena de costumbrismo. Hacia 1845 litografía seis escenas taurinas con evidentes influencias de Goya, refinadas, dinámicas y realistas. Muestra el pintor un profundo conocimiento de la fiesta y de la mecánica del toreo, reflejando en modo admirable diversas suertes, entre las que se encuentra el salto de la garrocha. Lameyer se interesa por el entorno social de la lidia y retrata también a los actores secundarios y al público algunas veces con tal precisión que casi serían personas reconocibles.

 

_DSC0010

William Price Lake:

Publicada en Londres en 1852 con el título “Hand-book for travellers in Spain” consta de veintiséis litografías, y es obra del arquitecto, viajero y artista gráfico que da nombre a la serie. Se trata de una de las propuestas litográficas de temática taurina más reconocidas en la actualidad por la precisión del dibujo, la amplitud cromática y la viveza de las suertes, tomadas al natural por el propio autor. Price es muy preciso en rostros, situaciones e indumentarias de los personajes, si bien los toros que representan son, una vez más, descomunales, tal vez influido por su recuerdo de algunas razas de manso que existieron en su Inglaterra natal. El autor destaca por la armónica concepción de las composiciones, en las que ya se adivina su posterior aportación al incipiente mundo de la fotografía, de la que fue precursor.

 

Gustav Doré:

Es uno de los grabadores más reconocidos del siglo XIX, con una vasta obra de temática muy diversa, en la que destaca la ilustración de textos clásicos de grandes literatos, como Dante, Balzac o Cervantes, así como de obras religiosas, entre las que se encuentra La Biblia. En 1855 viaja a España en compañía de Teófilo Gautier y Paul Dalloz, tomando notas para una serie litográfica de seis láminas muy celebrada, “Corrida de toros”, que se publicaría cinco años después en París por Turgis. En ellas es palpable el protagonismo del toro, fuerte y dinámico, que embiste con fiereza y nunca parece estar dominado por sus lidiadores. Es sin duda una serie con tintes dramáticos, puesto que en cada instante parece que el toro va a vencer al hombre con su infinita pujanza.

Manuel Domínguez - Colección Toro Cultura

 

La Lidia:

Julián Palacios, reconocido impresor madrileño, funda el 2 de abril de 1882 una de las revistas de mayor prestigio que ha conocido el periodismo taurino a lo largo de los siglos: La Lidia. Tres grandes literatos, Juan Martos Jiménez, Antonio Peña y Goñi y José Sánchez Neira, dirigen sucesivamente esta publicación, sita inicialmente en la plaza del Biombo de Madrid, referente fundamental del cronismo taurino y joya litográfica. Todos los lunes de temporada, entre 1882 y 1900, se imprime la revista en un formato de 34 por 26 centímetros, que contiene tan solo cuatro páginas, las exteriores de texto a tres columnas y la centrales litografiadas con escenas del toreo, costumbristas, camperas y retratos. Excepcionalmente se lanzan también números especiales con doble paginación y, por tanto, obra plástica de tamaño doble.

Daniel Perea es el director artístico y autor de buena parte de los dibujos que originan los grabados de esta singular publicación, si bien colaboran otros reconocidos artistas, como Vicente Bañuls, Ricardo Esteban y José Chaves. La adecuada selección de motivos, el arte del ilustrador, los vivos colores, y la calidad del papel, que ha llegado en muchos casos vigoroso a nuestros días, explican el éxito de este medio que ya es un clásico en su género.

La obra se imprime durante los tres primeros años en la imprenta de José María Ducazcal, sita en la calle Isabel II de Madrid, si bien en 1885 la propia revista se hace eco de la adquisición de máquinas propias para atender mejor el exquisito gusto de su público.

La distribución se internacionaliza y pronto es posible encontrar La Lidia en tierras de ultramar, como México y Argentina, lo que supone una expansión notable para el periodismo de la época. Tras su cierre en 1900, se produjeron varios intentos de recuperar la cabecera, si bien ninguno obtuvo el éxito de la primera publicación así nominada.

 

_DSC0038

Otras litografías notables.

Paramond Blanchard, reconocido pintor y litógrafo francés, aporta en 1834 dos pinturas románticas convertidas después en obra litográfica, que representan “El patio de caballos” y “La división de plaza” En España son raras, si bien fueron editadas el París por Gonfil y en Londres por Gambart, lo que aporta un nuevo indicio de la repercusión internacional del la Fiesta en a mediados del siglo XIX y el protagonismo que tuvieron las técnicas litográficas en su difusión.

También resultan notables las litografías de Legrand titulada “Combate de toros en Lisboa”, que incluye suertes propias del toreo portugués como las pegas de los Forçados.

Van Halen produce “España pintoresca y artística. Función de toros” representando con discreción artística suertes fundamentales del toreo y algunas más exóticas ya esbozadas por Goya en su obra precedente.

La Litografía Industrial Quincallera de Barcelona publica en 1840 una serie litográfica de doce láminas en formato popular y dibujo original tosco y falto de remate.

Antonio Chaman es el autor de otra serie de inspiración taurina editada por la litografía Santigosa de Sevilla en la que también se encuentran escenas de gitanos y flamencos en un registro costumbrista del gusto de los extranjeros románticos viajeros por España.

La litografía taurina representa el modo romántico de entender el toreo en una época dorada de la Tauromaquia, constituye un eslabón importante en las técnicas del grabado y aporta obras de profunda significación que han llegado hasta nuestros días como un legado de gran relieve histórico y artístico.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Colección Joly, legado histórico de la Tauromaquia

_DSC0741Federico Joly Höhr vivió 68 años durante los que, entre otras cosas, fue capaz de coleccionar importantes documentos sobre la historia de Cádiz, la Constitución de 1812, autógrafos de reyes españoles, cartas náuticas, y ediciones príncipe de los autores de la generación del 27

El coleccionista paciente.

Hombre reservado y generoso con sus amigos, encontró en la Tauromaquia una de sus mayores pasiones, y disfrutó buscando y adquiriendo carteles, entradas, cartas, contratos, tratados relacionados con el arte de torear y cuantos motivos inspiraran su alma de torero.

Bibliófilo confeso, persona de amplia cultura, abogado y periodista, tuvo el honor de conocer a personalidades de relieve en el ámbito cultural, como el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, a quien regaló en su última visita a Cádiz un ejemplar de la primera edición de la Carta Magna de 1812

_DSC0764

Su concepto del coleccionismo rayaba en la perfección, pues a la cuidada selección de los objetos conseguidos añadía un matiz relevante: trataba siempre de lograr dos ejemplares. Sin embargo el segundo no estaba destinado a la venta con beneficio, si no a homenajear a algún amigo que suspirara por la pieza.

Oriundo de Francia, país que abandonaron sus bisabuelos en 1820 para instalarse en Cádiz, Federico Joly fue heredero que la tradición periodística familiar, dirigió El Diario de Cádiz, fundado en 1867, hasta su muerte en 1999, dejando un importante legado empresarial y cultural que le mantiene vivo en la memoria de muchos gaditanos.

La colección de la Fundación Joly descansa hoy, algo atacada por la humedad de la bahía, en el Centro Reina Sofía de Cádiz, que puede ser visitado previa cita telefónica, si bien los fondos de la Fundación no se exhiben, salvo en ocasiones especiales.

El Centro se encuentra ubicado en un edificio Neoclásico y luminoso construido 1758 y situado frente al Baluarte de la Candelaria, en una zona castiza de amplia tradición gaditana.

_DSC0737

El equipo de Toro Cultura es recibido amablemente por los señores Lacave y Orgambide, conservador del museo y periodista experto en la historia de la ciudad, dispuestos a mostrar el tesoro de papel para disfrute de nuestros lectores y seguidores. Las luces claras de la mañana, la frescura de la brisa y el suave rumor del mar generan el clima perfecto para indagar en carpetas, observar grabados y escrutar anaqueles en los que encuentra acomodo uno de los fondos taurinos más sugerentes de Andalucía.

La colección, amplia, bien organizada y conservada, puede dividirse en cinco ámbitos diferenciados: carteles e impresos promocionales; documentos históricos; entradas; periódicos y revistas; y libros. Cada categoría está integrada a su vez por cientos de referencias, algunas de inusual riqueza, otras piezas únicas, auténticos eslabones de la cultura de la Tauromaquia.

Revistas y periódicos singulares:_DSC0727

El fondo dispone de ejemplares de las revistas decimonónicas “El látigo”, “Carta Tauromáquica”, “El enano” y “Frascuelo” entre otras; cauce de críticas, muchas veces furibundas y marco para la confrontación de partidarios y detractores de toreros como “El Tato”, “Lagartijo”, “Frascuelo” o “El Guerra”.

La hemeroteca incluye, como es natural, todos los números del “Diario de Cádiz”, que totalizan casi cincuenta mil, cuya primera entrega se hace eco de la grave cornada sufrida por Bocanegra horas antes del estreno de la cabecera.


Documentos históricos:

La colección dispone de auténticas joyas, volúmenes muy difíciles, como la edición príncipe de la Pragmática Sanción de Carlos IV, prohibiendo los toros, editada en Valencia en 1790. Brilla de modo especial el contrato suscrito por el rey

_DSC0742Fernando VII que le otorga la propiedad de parte de la vacada de Vicente José Vázquez, que luego sería de Veragua, así como la crónica manuscrita del traslado a Aranjuez desde Andalucía de las reses en un largo y difícil desplazamiento. Éste trabajo fue encargado al picador Sebastián Mínguez, hombre de vida azarosa muerto por un toro con más de 70 años, e incluye el diario, los itinerarios, la relación pormenorizada de gastos, los salarios pagados a los vaqueros, así como otras referencias precisas que ilustran el modo de vida de los españoles a principios del siglo XIX.

Otro documento de enorme valor histórico son las pruebas de grabado de la Tauromaquia de Hillo, hito de la preceptiva taurina universal, que fueron impresas en Cádiz por Bosque.

Conmueve contemplar un contrato suscrito por Hillo el 2 de mayo de 1801 para torear en Aranjuez alternando con José Romero y Antonio de los Santos. Tal vez ese sea la última firma estampada por el torero sevillano, puesto que nueve días después se encontraría en Madrid con Barbudo, toro que le daría muerte.

 

_DSC0759

 

Entradas evocadoras:

La historia de la tipografía taurina ha sido una carrera por lograr la máxima sofisticación para dificultar la falsificación de lo boletos. A eso se une un inusual gusto por los detalles que llega a conformar billetes armónicos, fruto de la inspiración de los diseñadores que hoy causan admiración entre los profesionales de la ilustración. Motivos como barcos, astros, toros, toreros, perfiles geométricos, edificios o paisajes son tratados con delicada armonía hasta componer imágenes por si solas sugerentes._DSC0746

El señor Joly coleccionó cientos de entradas, algunas de ellas de plazas y momentos emblemáticos, inauguraciones de los cosos, tardes en lugares exóticos y fechas inevitablemente fatídicas, como la tarde fatal de Manolete en Linares en 1947.

La colección muestra también un recurso en desuso y poco conocido, como son los boletos impresos en la imprenta médica con contraseña para entrar y salir, como por ejemplo “Un beso” y “Morir”

Este ardid, según los organizadores, era la mejor garantía para evitar intrusiones en los espectáculos, tanto taurinos como musicales y teatrales.

 

Carteles e impresos promocionales prodigio de la ilustración:

Pese a que Federico Joly, lejano a la mitomanía, jamás manifestó su militancia a favor de diestro alguno, la acumulación de reliquias relacionados con Pepe-Hillo hace pensar que profesaba por él una admiración especial. No puede faltar en una colección de este rango el cartel anunciador de la corrida en que el diestro sevillano encontró la muerte en la plaza de la corte en el primer año del siglo XIX, ni una serie de grabados conmemorativos de la cogida trágica de Hillo en Madrid, en base a dibujos de Juan de la Cruz.

_DSC0761

En otra esfera se encuentran carteles anunciadores de trenes especiales para asistir a corridas fuera de Cádiz organizados para facilitar a los aficionados el seguimiento de ganaderías y toreros de la tierra.

Avisos de sustituciones de toreros e incluso banderilleros como “El Cuco”, muy querido en esta tierra, cuya ausencia injustificada era causa suficiente para una trifulca.

La vida gaditana es pródiga en anécdotas y se encuentra habitada por personajes muy diversos, algunos consumados artistas, otros con aureola de héroes, pocos con perfiles siniestros. Tal es el caso de Francisco del Pino, “Sanguijuela”, aficionado práctico amigo de Montes de quién llegó a ser mozo de estoques, poseedor de un estanco en la calle nueva donde vendía tabaco, sal, pólvora y sanguijuelas. Cuando se acercaba al medio siglo de vida descubrió su vocación taurina y se anunció en plazas locales con muy escaso éxito, lo que le convirtió en blanco fácil de la guasa local. Su estilo era espantoso y su técnica tan discreta que más de un día se clavó el estoque, causándose severas hemorragias. Todo ello no fue óbice para que creara su propia escuela de Tauromaquia de la que salieron algunos toreros de cierto reconocimiento.

_DSC0749

Libros imprescindibles:

Custodiados por finos enrejados, apoyados en anaqueles de maderas nobles, situados en lo más recóndito de las sala, descansan los libros. Conforman una armónica colección de títulos de los siglos XVIII, XIX y XX que evidencia el conocimiento y el criterio de Federico Joly, así como el amor al libro y a las artes propias de su creación.

Reseñar lo más selecto de entre varios miles de volúmenes resulta complicado, si bien hay cinco obras, todas ellas en su edición príncipe, que despiertan la admiración de los aficionados y son objeto de deseo de cualquier coleccionista.

Un bello ejemplar, excelentemente conservado, de “La Tauromaquia” de Pepe-Hillo (1796), muestra su breve lomo en piel curtida en una balda alta.

“La Tauromaquia” de Montes, publicada por primera vez en 1836, se encuentra dos estantes más abajo, exhibiendo en su interior el retrato de Paquiro realizado por Cavana en base a un daguerrotipo.

“El toreo” de Sánchez Neira escrito en 1879, dividido en dos volúmenes de lomo grueso y nervios dorados.

El más romántico de los libros de toros, el codiciado Bedoya, publicado en 1850 cargado de magníficas litografías es, posiblemente, uno de los ejemplares más bellos que se hayan encuadernado en su siglo.

“El espectáculo más nacional”, del conde de las Navas, libro de referencia de 1900, nutrido de profundas reflexiones sobre la fiesta en los albores del siglo XX, muchas de las cuales permanecen vigentes en un momento tan convulso como el actual.

La vigencia de una gran colección:

La colección Joly recoge casi tres siglos de cultura taurina, encarnada en bellos objetos respetados por el tiempo, aromas a celulosa, vainilla y tintas añejas, que debe difundirse para comprender el presente de la Tauromaquia y encarar el futuro con garantías.

_DSC0763 copia

“La fiesta necesita militantes de la Tauromaquia”

Antonio Fernández Casado acude puntual a su cita con Toro Cultura. Nos ha emplazado en el Hotel Carlton de Bilbao, en cuyo ascensor acaba de dejar a Eduardo Miura, y se presenta sonriente en el hall, espacio en el que tendrá lugar la entrevista. Es un hombre elegante y cortés cuyo vínculo con la Tauromaquia es práctico y teórico al mismo tiempo, puesto que en los años setenta quiso ser torero y dedicó cuatro temporadas a capeas y novilladas, y en la actualidad trabaja por entender de la manera más precisa la cultura del toreo y difundirla. Estamos por tanto ante un hombre con criterio, conocedor de todos los registros de la fiesta, escritor de notables libros taurinos, que no escatima esfuerzos y pone su experiencia empresarial al servicio de su pasión, el toreo, y de su club, del Club Cocherito de Bilbao.

 

Señor Fernández Casado, usted habla de la necesidad de modernizar el espectáculo para ganar el futuro. ¿Qué medidas cree que deben implementarse?

Es innegable que hay que modernizar el espectáculo. En el fútbol hay palcos confortables llenos de recursos para el aficionado. No sería complicado facilitar información en las corridas mediante pantallas gigantes, sobre cómo se llama el toro, de qué ganadería es, quién le da capa, quién parea. En la plaza ya no te dan ni el programa de mano, cosa necesaria ya que no todo el mundo es aficionado. Antes de la corrida podrían dar imágenes del apartado. Al final de la corrida puede ofrecerse entradas en promoción a precios atractivos para la corrida del día siguiente. Es cuestión de ponerse a pensar y tener voluntad de mejora. Este espectáculo no evoluciona como los tiempos exigen. Algo tan simple como marcar las rayas de picadores con una regadera de cal ya no es castizo, es anticuado y cutre. El espectáculo tiene que reinventarse y renovarse de manera decidida.

Produce envidia el futbol, que genera en derechos televisivos de 1.000 millones, que va a pagar telefónica y va a repartirse de manera que pueda aumentar su presencia en la sociedad.

Sin embargo la única cadena de toros es de pago y no todos los aficionados tienen acceso a la misma.

Falta una federación, una estructura organizativa como tiene el futbol que represente a la actividad y trabaje por su promoción y se erija en referente para abordar las cuestiones que afectan al toreo. Hay que generar un fondo para financiar las novilladas y las escuelas taurinas.

Hay muchos alcaldes que dicen sí a los toros “mientras no cueste dinero”, sin embargo para otras manifestaciones culturales como ópera sí hay dinero, para cinco o seis mil personas hay ayudas para que les salga barato el abono. La Tauromaquia no recibe un trato equitativo y es preciso disponer de organización y representación para hacer valer sus derechos.

_DSC0469 copia

En este contexto parece difícil que surjan nuevos aficionados y espirantes a torero.

Así es. En el Cocherito va a haber en breve un coloquio sobre “Formación en los toros versus formación en el futbol”. Vamos a comparar y creo que las diferencias serán notables. Vendrán José Ignacio Sánchez de la Escuela Taurina de Salamanca y un representante de Lezama. Pretendemos que la formación en Tauromaquia sea considerada oficialmente Formación Profesional, pero el Gobieno Vasco no parece muy dispuesto. Si no hay estructura de formación es imposible que salgan buenos toreros, para todo hace falta una base y una estructura.

 

Estoy de acuerdo, si bien la dificultad que tienen los chavales para hacerse toreros me preocupa menos que la imagen de la fiesta y el antitaurinismo.

Javier Marías escribió en El País que no entiende como en Cataluña un argentino puede acabar con una fiesta con tanta tradición. Tampoco que un animalista agreda a un aficionado tirándole una piedra a la cabeza. Es una voz autorizada y reconocida. Hay que buscar estas fuentes y estos testimonios de personas independientes y difundirlos.

Hay que ser activistas, hay que ser militantes. Ya no vale con ser aficionado, hay que apoyarse en gente como Marías, personas progresistas que escriben en medios progresistas. Hay que ser más proactivos, no podemos asumir lo que está pasando.

 

La prohibición de celebrar corridas en San Sebastián es un hecho doloroso para todos los aficionados, especialmente los vascos. ¿Qué se siente desde una ciudad próxima como Bilbao?

Cuando me enteré de que en San Sebastián prohibían los toros me puse a escribir sobre la fiesta en Guipúzcoa y presenté el libro en Donostia el día en que debía iniciarse la feria. Los políticos no ayudan o directamente perjudican a los toros. La clave está en ser activos, difundir nuestro mensaje y ganar la opinión pública.

A los prohibicionistas de Bildu les propongo que vean el toro en el campo y lo comprendan y que después opinen. Tenemos el ejemplo de Bergamín, autor de grandes obras sobre la Tauromaquia, quien el final de sus días se radicaliza en el independentismo, se va a vivir a Fuenterrabía y sigue siendo un intelectual excelente. No debe ser una cuestión política si no de sensibilidad artística.

Hay que valerse de esos testimonios y estas experiencias para demostrar que el toreo es universal, hay que reivindicar la dimensión cultural del toreo.

 

Los toros y la literatura han tenido siempre una relación muy fluida que puede ser interesante en un momento como este.

Sin duda. Nosotros inauguramos en mayo en primer club de lectura taurina del mundo. Tenemos a Blasco Ibáñez, a Bergamín, a García Lorca, a Pérez de Ayala, a Hemingway. Personas de alto nivel intelectual sin condicionantes políticos. La idea es que los socios lean el libro y opinen en un debate abierto.

También vamos a contar con un actor que lea poesía en nuestra biblioteca.

Habrá además un ciclo de cine y toros. Hay películas muy malas sobre toros, rancias como su época. Sin embargo hemos localizado una película en la que Blasco Ibáñez es guionista, vamos a hacer una selección y proyectar las mejores.

Este año además de dar el premio al toro más bravo, lo que siempre está bien en Bilbao, el Club Cocherito va a premiar a la mejor crónica taurina y a la mejor fotografía de la feria. Hay muchos aficionados a la fotografía y pueden disfrutar persiguiendo el premio. Tiene que explotarse todo lo que rodea a la fiesta, que es rico y plural.

_DSC0471

La crónica taurina, siempre subjetiva y muchas veces polémica.

Yo conservo todas las crónicas de Cañabate y de Joaquín Vidal sobre los toros en Bilbao, todas seguidas, es pasmoso ver su evolución. De Navalón tengo muchas cosas, pero no todas su crónicas. Cañabate, por ejemplo, machacaba a El Cordobés, luego un poco a Camino, según evolucionaba su toreo y la visión del cronista.

Con Joaquín Vidal tenía muy buena relación cuando yo dirigía el hotel Ercilla. Nadie le conocía físicamente, algunos me preguntaban por él. Era muy independiente, casi no hacía vida en el hotel y tenías sus filias y sus fobias. Su historia personal es interesante ya que había trabajado de chaval en el periódico Hierro, haciendo trabajos manuales, alejados de la redacción. Luego pasó a escribir en varios diarios y alguna buena novela, manejando el castellano con una enorme precisión.

 

¿Qué planes de futuro tienen usted y su equipo para el Club Cocherito de Bilbao?

En mi discurso de acceso a la presidencia dije que no basta con ser aficionados, hay que ser activistas taurinos, hay que dar un paso más, y el club debe hacer activismo taurino.

Queremos llegar la los 2.000 socios desde los 1.200 que hay hoy.

Queremos que el boletín no se utilice para publicar fotos de la junta. Hay que darle un contenido de interés para difundir la fiesta. Trajimos a Pablo Bergés, que es de Bilbao, e hicimos un debate sobre “Blancanieves”. Queremos traer a Paz Vega, intérprete de “Matador”, y también a Juan Echanove, que actuó en la película “Manolete”.

Hemos generado un debate político invitando a representantes de los diversos partidos. HB es abiertamente prohibicionista; Podemos tiene una postura ambigua; mientras que PNV, PP, PSOE y Vox son partidarios de la Tauromaquia. Hubo bronca con la representante de Batasuna ya que se posicionaba en contra de la muerte de los animales y el candidato de VOX le afeó que hayan apoyado el tiro en la nuca a las personas durante tanto tiempo.

Este año vamos también a crear un txoko, o taberna taurina para que los socios y sus amigos disfruten de la gastronomía del toro.

Vamos a recuperar los de fondos de pintura de que dispone el club y los vamos a exponer en nuestros salones. Queremos además un mayor protagonismo en la Semana Grande, organizando coloquios que aún están aún por definir. Nuestra meta es llegar al público neutro, al que no aborrece la fiesta para mostrársela y que opine si quiere.

Hemos mandado recientemente un carta a los periódicos de Bilbao demandando espacio taurino todo el año, para mantener el pulso en los medios. Aún no hemos tenido respuesta pero esperamos conseguir algo también en esa línea.

Otro proyecto muy querido es la creación de una escuela de Tauromaquia en Bilbao. Es inconcebible que una plaza de primera no tenga un foro así, y hay chavales que quieren ser figuras de esto.

En otro orden también pretendemos descuentos en los abonos para la Semana Grande para los socios del Cocherito.

Del mismo modo creemos que será bueno conseguir la elección democrática de los cuatro representantes de la afición en la Junta Administrativa, en lo que el Club tendría mucho que decir.

La modernización de la fiesta en Bilbao exige también el cubrimiento de la plaza, como ocurre en Vitoria, Logroño, San Sebastián, etc. Sabemos que las últimas temporadas no han sido muy boyantes, pero consideramos que es una medida necesaria.

_DSC0475 copia

Son muchas novedades que propone, algunas tal vez mal entendidas por las fuerzas vivas del negocio taurino.

Yo creo que la fiesta necesita un Podemos taurino, un movimiento regenerador, inspirado de abajo hacia arriba que oxigene el entramado y lo haga más saludable.

En el fondo es necesaria una reinvención, el modelo tradicional no sirve y hay que cambiarlo por uno nuevo.

En este sentido el club Cocherito se ha propuesto escribir un libro blanco sobre la fiesta, que analice todo el fenómeno, desde la crianza del toro, la formación de un torero, la lidia, la economía del toro, su carácter ecológico, el comportamiento del público, la internacionalización del espectáculo, el impacto de internet… todo lo que es importante en la fiesta. Será el libro blanco de la reestructuración.

Cuento para ello con ocho profesores universitarios comprometidos con el libro. Aún no he elegido la Universidad que debe canalizarlo, si bien hay dos candidatas, una pública y una privada. Lo que es seguro es que formaremos un buen grupo con alumnos que lo desarrollen y profesores que lo coordinen.

 

Ese libro puede ser un referente necesario en poco tiempo.

Claro. Es necesario un cambio de modelo. Hay clubs de futbol que son Sociedades Anónimas, e incluso en Inglaterra algunos cotizan en bolsa. Así es como se hace grande una actividad. Hace falta gente que venga de la empresa, expertos en marketing, profesionales de la formación, personas que, conociendo o no los toros, aporten un nuevo discurso.

 

Las novedades que admite el espectáculo actual, que casi no ha evolucionado en un siglo, son muchas.

Nosotros hemos pensado en algunas como un mano a mano entre Estrella Morante y su marido, Javier Conde. Seguro que llenarían un plaza de toros con canción y toreo.

Plácido Domingo canta óperas de inspiración taurina. ¿Por qué no con corridas de toros?

Salvador Távora nos aportará mil ideas sobre escenografía. Las opciones son muchas. Hace falta voluntad e imaginación.

 

Otra de las cuestiones candentes es el relevo generacional ¿cree que es momento de acercar a lo niños a los toros?

Sí, y tenemos ejemplos sugerentes en el plan francés, financiado por las taquillas, los toreros y los ganaderos con aportaciones porcentuales estipuladas de forma consensuada.

Sus objetivos son defenderse de los ataques anti y difundir la fiesta, entre otros con lo niños, para eso están realizando un museo ambulante, con toros disecados a tamaño natural. Es preciso acerca a los más jóvenes, pero en España la gente no va a ver el campo, sólo los jóvenes franceses visitan las dehesas con asiduidad.

Esto hay que hacerlo sutilmente para que cada uno se forme su propia opinión. Por nuestra parte facilitamos visitas a club a todo aquel que quiera conocerlo y comprender un poco mejor el toreo.

 

El patrimonio artístico del Cocherito hace recomendable la visita incluso a los no aficionados.

Creo que sí. En el libro de firmas hay una dedicatoria de Juan Belmonte, queremos estudiarlo y mostrarlo al mundo, porque seguramente habrá otras de interés histórico. En nuestros salones hay cuadros de Losada, Zuloaga, Roberto Domingo, García Campos, Latorre, etc. Son obras de gran relevancia que todos los que quieran están invitados a contemplar.

 

¿Cómo se hizo aficionado?

De casualidad. Yo vivía en Santurce y después de las novilladas, echaban vaquillas. Tenía entonces 14 años. Luego fui a Portugalete, también a las vaquillas, empecé a conocer gente que quería ser torero, como Astorqui, Cocherito II, Herrerita y me aficioné. Toreé unas 50 novilladas sin, en Bilbao, Salamanca, La Rioja y Navarra. El tiempo pasa rápido y me planté con con 21 años y había que decidir si dar el salto o dejarlo. Mi padre no entendía mi afición y no recibí mucho apoyo salvo de un grupo de veinte aficionados de Bilbao que me patrocinaban. En ese momento buscamos un apoderado. Nos pedían 1 millón de pesetas en los años 70 para torear 12 novilladas con picadores y la presentación en Vistalegre en Madrid. Era dinero. El grupo de 20 no era unánime. Unos decían que sí y otros que no. No estaba claro. Yo no iba a ser banderillero, así que para ser del montón, pensé que era mejor dejarlo. En esto hay que estar arriba o quitarse. En cualquier caso viví unos años maravillosos, iba en invierno a Salamanca y respiraba el toreo. Estuve 3 o 4 temporadas, hasta que a los 21 lo dejé. Vivía en la Fuente de San Esteban, iba a torear con Paco Pallarés y Julio Robles a Campocerrado en sesiones largas e intensas. Fueron grandes años que recuerdo muy bien.

 

Una vez que se desvanece el sueño usted viaja por Europa para aprender idiomas y se forma en técnicas de gestión de empresas, de lo que hace su profesión. Si embargo lo que más me gusta en leer y escribir de toros.

Me sigue interesando ir a los toros y reconozco que soy de Ordóñez. La suya era otra manera de interpretar el toreo. He leído para conocer a los que no he visto y creo que lo he leído todo. Tengo el impulso de comprender cómo eran y cómo toreaban. Me interesa sobre todo el toro, también el torero, pero el toro es otra cosa. Tiene que ser íntegro. Voy a todas la corridas toristas porque me emocionan. Llevo 50 años viendo toros, he toreado mucho en el campo y lo que se siente delante de un animal bravo es incomparable.

En los últimos años voy a los toros de forma selectiva. Me interesan más las novilladas que las corridas porque hay que descubrir nuevos valores. Hay algunos toreros veteranos a los que me cuesta ir a ver. Son reiterativos y muy conservadores y algunos demasiado fáciles. Ponce es tan fácil que podía haber sido un matador de leyenda, pero esa facilidad le ha evitado esfuerzos. Paco Camino veía el toro muy pronto, tenía una mente privilegiada para eso, mientras que muchos toreos actuales prueban demasiado, les cuesta entender el toro y le restan emoción a la lidia.

 

¿Quiénes le llaman la atención del escalafón actual?

Talavante a veces. Morante es buen torero, José Tomas también, Perera es muy fácil. Ponce no va a descubrir nada nuevo ya, Manzanares con 33 años tampoco. Curro y Paula eran pura intuición. Los toreros, como los deportistas, tienen una época de rendimiento, si empiezan pronto acaban también pronto. Hay toreros que van subiendo y luego van cayendo más o menos rápido. Garrido me gusta. ¿Cuánto hace que un novillero no sale a hombros en la misma temporada en Valencia, Sevilla, Bilbao, matando 6 toros, y corta un oreja en Madrid? Este año le ponen en Sevilla y no ha vuelto a torear. Me anuncian a Garrido en Madrid y voy antes que a ver a Ponce. Ferrera lleva ya mucho tiempo y está ya muy visto. Fandiño tocó techo el año pasado y ha empezado a bajar. La encerrona en Las Ventas de marzo estuvo bien vendida, pero le dejó tocado en el ánimo. Ese planteamiento no es para él, habría sido mejor un mano a mano. Encerrarse con seis toros en Madrid es una apuesta enorme. Estuvo toda la tarde esperando a ver si el siguiente toro era mejor, pero no se produjo el triunfo. Creo que hay que apostar por los chavales creando una liga de toreros jóvenes. Es una profesión muy complicada en la que el torero pasa mucho miedo. Garrido decía que no tiene miedo a que le coja el toro, sino a que le pase lo que le ocurrió a Nimeño o a Julio Robles. El final de los dos fue muy amargo, fue una depresión constante. Julio Robles era mi amigo, pero no fui a verle en la silla de ruedas, conociéndole no me parecía adecuado verle así.

 

En veinte años en la dirección del Ercilla, el hotel de los toreros en Bilbao, habrá presenciado cientos de sucesos y anécdotas. ¿Puede contarnos alguna?

El Ercilla tenía un médico, el doctor Abásolo que vivía en Ercilla 37, junto al hotel. Cuando teníamos un huésped enfermo le llamábamos para que le atendiera. Un día de corrida, a finales de agosto, a las 10 de la mañana llama Chopera diciendo que había que subir a ver a Antoñete. Subió el doctor y le dijo que no podía torear esa tarde por una insuficiencia respiratoria y que lo mejor que podía hacer es ir a dar una vuelta por el monte. Habían estado toda la noche jugando, bebiendo y fumando. Le auscultó y le dijo que fuera a oxigenarse a Archanda. Estaba completamente intoxicando.

También he sabido de intentos de agresión a Navalón e incluso gente que buscaba a Vidal para darle. Los dos eran muy polémicos y había quien no les quería bien.

Los mozos de espadas dejaban en recepción sobres con entradas para los periodistas y el periodista le decía al conserje que las vendiera. Mínimo dos entradas, por tres toreros son seis, lo que tarde a tarde hace un dinero. No sé si en el sobre había además una cantidad en metálico.

 

¿Cómo es el momento en que el torero sale del hotel para ir a la plaza?

Es durísimo. Yo subía a la habitación a saludar a amigos como Julio Robles, Dámaso Gómez o El Regio. No se puede hablar con ellos. No ven ni oyen. No se les puede hablar. Cuando sale el toro se les pasa todo. Son momentos de enorme tensión, los patios de caballos deberían ser sólo para los toreros. Quieren tranquilidad, pasan mucho miedo, un miedo terrible.

 

En su condición de promotor y gestor de empresas hoteleras seguro que tiene un criterio claro sobre la convergencia del turismo con la Tauromaquia.

Cada vez es más difícil encontrar un hotel donde vendan entradas para las corridas. Los grandes operadores “on line” como Booking no venden entradas para los toros. Los portales como El Corte Inglés tampoco. Venden tickets para todo tipo de espectáculos salvo para los toros. Es decimonónico. No existe la entrada digital que se descarga en el teléfono, como para ir al cine. En Baleares y Canarias no se dan toros pese a la gran afluencia de extranjeros. Sin embargo la Plaza de Las Ventas es visitada por miles de turistas en cualquier época del año, pero no se les ofrece entradas para ir a los toros. Es algo difícil de entender y representa otro terreno en el que la fiesta puede generar valor.

_DSC0470 copia

 

Señor Fernández Casado, gracias por compartir su criterio con nuestros lectores y le deseamos éxito en la gestión del Club Cocherito y en la difusión de la cultura de la fiesta.

Gracias a vosotros y también os aliento en vuestra militancia a favor de la Tauromaquia.

El mundo identifica a España con el toro.

El Real Instituto Elcano, fundación privada e independiente que sirve como foro para el análisis y la discusión sobre la actualidad internacional de España, ha publicado el resultado de un estudio sobre la imagen que los ciudadanos del mundo tienen de España. El resultado muestra que el elemento más identificativo de nuestro país es el toro, por delante del fútbol y del sol. El flamenco, en otro tiempo elemento preeminente de la lista, casi desaparece, siendo superado por otros conceptos, como la pasión, la cultura y la gastronomía.

Cualquiera que comprenda el valor de la imagen entenderá que se trata de una oportunidad de incalculable valor para España, que además puede aportar mayor proyección internacional al toro y a la cultura que lo rodea.

Todas las empresas con consciencia estratégica sueñan con tener una imagen definida y diferenciadora, hasta el punto que, en mercados competitivos, el valor de la imagen de marca es uno de los principales activos de que puede disfrutar cualquier compañía.

La imagen es el conjunto de creencias que el entorno tiene sobre una empresa, un producto o una marca. La generación de la imagen permite la diferenciación con la competencia y el posicionamiento en la mente del cliente, mecanismos necesarios para generar valor económico.

La inversión que las empresas y los países realizan en el desarrollo de su imagen es enorme, totalizando billones de dólares, tanto en el ámbito público como en el privado.

La marca Coca-Cola está valorada en 74.000 millones de dólares, lo que le permite ser reconocida en todo el mundo como una bebida refrescante, joven y estimulante, asociada a la amistad.

Apple invierte más de 1.000 millones de dólares en publicidad para preservar su imagen de exclusividad y Samsung se aproxima a los 5.000 para aumentar su notoriedad.

Microsoft invierte en su imagen el 20% de sus ingresos, esto es 11,5 millones de dólares al año; Yahoo el 21%, con 1,4 millones de dólares;  e-bay el 15%, lo que totaliza 871; google 181 y Starbucks 95 millones de dólares cada año.

El objetivo de estas grandes empresas es que la gente piense algo concreto sobre ellas, que las identifique con unos valores y que las diferencie de la competencia.

El proceso de creación de la imagen de marca es lento, caro y difícil. Conseguir ocupar un espacio en la mente de las personas es ciertamente complicado. Que ese concepto se aproxime a lo que la empresa quiere requiere un gran talento. Si además ese concepto tiene carga emocional y simbólica el éxito es evidente.

Los valores que mejor definen al toro son la fortaleza, la nobleza, el honor  y la ritualidad. Estos valores se reflejan en España de modo directo, generando un potencial emocional que cualquier experto en comunicación podría calificar de asombroso.

Las posibilidades de utilizar la marca España/Toro son inmensas y benefician al turismo, al arte, a la gastronomía, al diseño, a la industria manofacturera, a la tecnología, a la industria del conocimiento, al cine, a la diplomacia y a cualquier ámbito en el que el cliente admita valores y tengan importancia las emociones.

“Marca España”, quien cuenta con un alto comisionado dependiente del presidente del gobierno desde 2012, tiene oficialmente el siguiente planteamiento:

“Marca España es un proyecto inclusivo e integrador, con vocación de permanencia en el largo plazo. El Objetivo Marca España 2020 es afianzar una imagen de España como potencia económica y política entre los primeros países del mundo; una visión de país tradicional y moderno al mismo tiempo; sólido y solidario; diverso; flexible y abierto al cambio. Se trata de poner de relieve las innumerables fortalezas de España en los ámbitos de la cultura, el patrimonio, la lengua, la ciencia, la tecnología, el turismo, la moda, la gastronomía, la solidaridad…”

Un planteamiento como este encuentra en el concepto y la silueta del toro un aliado de enorme valor estratégico y estético.

Sería una torpeza imperdonable derrochar un patrimonio así.

Desde este medio apelamos a las administraciones públicas, responsables de la imagen de España en el exterior, a que pongan en valor un patrimonio único del que estarían orgullosos los países más prósperos y poderosos del planeta.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura.

El toreo, en teoría.

La editorial catalana Bellaterra ha publicado un excelente trabajo de Raúl Galindo, matador de toros e ingeniero, que analiza y describe la tauromaquia de manera técnica e instructiva.

En línea con los históricos tratados de Tauromaquia, como los de Pepe Hillo y Paquiro, el autor realiza una concienzuda y precisa aproximación al toro, el toreo de muleta, el de capote y el psiquismo del torero, centrado en el miedo.

Resulta gratamente sorprendente observar como el autor, con trayectorias científica y artística que le avalan, disecciona la tauromaquia con un enfoque técnico desconocido hasta la fecha, aportando claves que deben conocerse para comprender el comportamiento del toro, el del torero y la interacción entre ambos que origina la lidia.

Otra aportación relevante de Raúl Galindo es el lenguaje preciso que emplea, y las definiciones de conceptos que podían parecer ambiguos antes de su obra, que ahora quedan bien definidos y facilitan el diálogo y el debate, así como nuevas aportaciones técnicas y científicas.

En el capítulo dedicado al toro existen referencias a sus características conductuales, entre las que destacan la fijeza, el recorrido, la humillación, la jurisdicción, la reposición, el sentido, el fondo y la clase. Sin embargo lo más relevante es  su discurso sobre dos aspectos fisiológicos de enorme calado que hacen posible el toreo: la visión y el centro de gravedad de la res. Puede afirmarse que sin la correcta comprensión de las zonas de visión del toro, tanto monocular, como binocular, la lidia no podrá interpretarse en pureza, y que sin el conocimiento e interpretación del centro de gravedad del toro y de su inercia, no podrá entenderse adecuadamente el embroque.

El empleo de los señuelos ocupa una parte importante de la obra, con una descripción precisa y gráfica de las diversas partes de capote y muleta, su utilidad, su manejo, el toque, el trazo, la altura e incluso la biomecánica de cada pase.

La cuarta parte del libro está dedicada la dicotomía que forman el miedo y el valor, con una certera aproximación a los síntomas y efectos del miedo y el modo en que los toreros pueden superarlo e imponer su valor sereno.

Sorprende gratamente que las fuentes que se utilicen para articular el tratado sean de toda solvencia, vanguardistas  y novedosas en el ámbito de la Tauormaquia, como Daniel Kahneman, premio nobel de economía y referencia mundial de la neuroeconomía,  Harriet Lerner, y José Antonio Marina, pensadores de gran predicamento en círculos académicos.

La aproximación intelectual a la lidia es una tarea pendiente, tanto de los aficionados, como de una buena parte de los profesionales, más tendentes a la visceralidad y a invocar a la tradición. Obras como la de Raúl Galindo facilitan este objetivo y aportan rigor al análisis y a la preceptiva del arte de torear.

24 privilegios del toro, 24

El toro de lidia disfruta de 24 asombrosos privilegios, más que cualquier animal doméstico, más que cualquier animal salvaje, muchos más que cualquier mascota.

La mayor parte de ellos son desconocidos por una sociedad en la que se ha instalado el discurso animalista sin réplica.

La hipotética comparativa de los privilegios del toro con los de un ciudadano normal podría conducir a conclusiones inesperadas, sorprendentes para el movimiento animalista, que podría concluir que el toro de lidia disfruta de mayor calidad de vida que la inmensa mayoría de los humanos.

1-Privilegio de nacer de forma natural.

2-Privilegio de crecer amamantado por su madre.

3-Privilegio de la sanidad.

4-Privilegio de una vida social.

5-Privilegio de la individualidad, el nombre y el reconocimiento.

6-Privilegio de vivir en un entorno natural paradisiaco.

7-Privilegio de no trabajar.

8-Privilegio de encontrar alimento abundante.

9-Privilegio de vivir en libertad.

10-Privilegio de la integridad física.

11-Privilegio de no ser manipulado.

12-Privilegio de no ser domesticado.

13-Privilegio de que su carácter sea respetado.

14-Privilegio de claudicar.

15-Privilegio de mantener a su prole:

16-Privilegio de poder transmitir sus genes.

17-Privilegio de morir dignamente.

18-Privilegio de poder redimir su vida.

19-Privilegio de poder conseguir una dorada jubilación.

20-Privilegio de matar al hombre.

21-Privilegio de quedar en la memoria y ser recordado.

22-Privilegio de poder entrar en la leyenda.

23-Privilegio de ser considerado un dios.

24-Privilegio de engendrar arte.

 

El ensayo completo ya está disponible en:

http://shop.torocultura.com/inicio/8-24-privilegios-del-toro.html

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura.

 

 

La verdad y nada más que la verdad.

En poco más de dos horas de ritual se descifraron de forma categórica sobre el albero vitoriano los arcanos fundamentales de la Tauromaquia eterna, que, como saben los aficionados, son dos: la encastada nobleza del toro y el valor sereno del torero para aceptar sus envites y recrear el arte de torear. Y todo desde la más natural autenticidad. Ayer, contra el pronóstico de la oficialidad, se dictó una clase magistral de Tauromaquia que muchos debieron vivir, pues no abunda en el orbe taurino este tipo de magisterio.

El coso del Puente de las Trianas y los quinientos irreductibles que allí nos citamos fuimos testigos privilegiados de cómo el hierro portugués de Palha envió un lote de excelente presentación, con edad, romana, morrillo prominente, musculada culata, cabos finos, capas negras y burracas, exuberante arboladura y diamantinos pitones. La selección de los cruces que el ganadero de Santarem hizo cinco, seis y hasta siete años atrás debió ser adecuada pues los toros mostraron un comportamiento ejemplar desde que Sánchez Vara se abrió de capa hasta que Joselillo asestó la última estocada entrando por derecho a toma y daca, brillando la casta brava en cada embroque, que no desbordó a los toreros pues son dos auténticos jabatos. Bravura hubo para satisfacer a los más exigentes y si no refulgió más fue porque los montados propinaron un puyazo muy bajo al primero y otro muy sangrado junto a chiqueros al segundo, que desmembró al toro e desaconsejó nuevas entradas al peto.

Los toreros hicieron honor a su sacerdocio, desafiando la profunda embestida de los toros con gallardía y determinación, ciñendo verónicas, chicuelinas, naturales y hasta largas cambiadas, realizando el toreo fundamental con solvencia lidiadora y fases de inspirada ligazón que llegaron al corazón del aficionado, que salió del coso con la impresión de haber asistido a la recreación del arte secular de lidiar toros con majeza y emoción.

Larga vida a la Tauromaquia, a los ganaderos exigentes y a los toreros con corazón guerrero y alma de artista.

Reseña:

Plaza de toros de Vitoria, siete de agosto de 2014, menos de un décimo del aforo en tarde calurosa.

Toros de Palha hondos, serios, bien armados, encastados, bravos  y nobles.

Sánchez Vara: Vuelta, oreja y oreja.

Joselillo: Ovación, silencio y oreja.

Los matadores invitaron al mayoral a saludar desde el ruedo cuando abandonaban la plaza entre las calurosas ovaciones del público.