Curro Díaz - Toro Cultura

Curro Díaz: “No he seguido ningún patrón, me han hecho la vida y el toro”

Curro Díaz es un hombre vital, que rige su vida por instinto, lejos del cálculo racional que trataron de inculcarle, volcado en su pasión eterna que es el toreo.

Ha crecido, como hombre y como artista, sin sujeción a otro canon que no sea su propio concepto y su propia personalidad; ha redactado su propio credo, y dibuja cada tarde sobre el albero, una Tauromaquia propia y diferente.

Es un torero que hace del carácter virtud y de la inspiración bandera. Sabe de miedos y de formas de conjurar a ese compañero molesto que vive en hoteles caros, se activa de madrugada, y le acompaña en el coche hasta el mismísimo patio de cuadrillas.

Entiende que el presente es el único patrimonio del hombre, que no puede vivir de sus éxitos pretéritos y que el futuro está por escribir, apasionante, pero lleno de incertidumbres.

Es y se siente un privilegiado por hacer lo que hace, por sentir lo que siente, y por compartir con miles de personas los instantes mágicos que sus muñecas le permiten vivir en compañía del toro.

El maestro acude puntual a su cita con Toro Cultura en el hotel Carlton de Bilbao, acompañado por Joxin Iriarte, su nuevo apoderado, hombre de plena confianza, con quien tardó un instante en cerrar el acuerdo, ya que, según el propio matador, las cosas importantes de la vida surgen por casualidad y sin pensarlas mucho.

 

Maestro Curro Díaz, ¿qué se siente al abrir la puerta grande de Las Ventas?

Cuando se está delante del toro uno quiere hacer lo que siente. Cuando acaba la corrida una inmensa alegría porque te das cuenta de lo que significa una puerta grande en Madrid.

 

Supongo que uno sale levitando ¿cuándo toca suelo de nuevo?

Se vive una realidad con muchas celebraciones y mucha alegría, pero tienes que tener en cuenta que eso hay que hacerlo todos los días. Es un momento muy bonito; he tenido la suerte de salir dos veces por la puerta grande de Madrid, pero te das cuenta de que lo importante es el día a día. No se vive del pasado. Está claro que te arregla muchas cosas, pero ahora hay que ir día a día y regularizar el éxito.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

¿Por qué se hizo usted torero?

La vida tiene casualidades; creo que un día me puse delante de una becerra y tuve la suerte de que aquello pasó, y sin saber lo que estás haciendo te entra el gusanillo, y a partir de ese momento te ilusionas. Fue por eso, porque el primer día no lo pasé mal, sino que fue una sensación única. No sé lo que estaba sintiendo pero si sé que me atraía mucho.

 

¿Había tradición en su familia?

Mi padre es muy aficionado y llegó a torear con caballos, pero no fue un torero importante, no tomó la alternativa.

 

¿Cómo de dura ha sido su trayectoria desde aquel momento hasta hoy?

Ha habido luces y sombras. He tenido la suerte de conocer el éxito y conocer también momentos en los que no han rodado las cosas. Es parte de la profesión. Los altos y los bajos y el sabor dulce y el amargo. Creo que cualquier momento dulce compensa la amargura anterior.

 

¿Cuál es el momento de mayor intensidad, la sensación que recuerda con mayor cariño?

Cuando volví a torear en el campo después de la cornada de Sevilla. De hecho a los diez días de la cogida me dicen que no voy a torear más, que me iba a quedar con poca sensibilidad en la pierna. Había perdido la movilidad. Cuando soy capaz de ponerme delante de una becerra a los 28 días de la cornada, creyendo que nunca más iba a volver a torear, siento la emoción más intensa. Esa ha sido la sensación más bonita. Es algo que no soy capaz de expresar.

 

Sorprende que no recuerde alguno de los triunfos importantes que ha tenido, en grandes plazas, ante decenas de miles de aficionados, sino algo tan básico como ponerse a torear una becerra en la soledad del campo.

Sí, lo he pensado muchas veces y creo que el momento más bonito de mi vida fue ese. Y uno de los más duros también, porque te das cuenta de que no estás bien, pero esos segundos mágicos no tienen parangón con ninguna otra sensación.

 

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Todos los toreros tienen algún sueño que les ronda la cabeza por las noches. ¿Tiene usted algún sueño recurrente?

Los toreros estamos muchas veces al límite de muchas cosas, nos pasan muchas ideas por la cabeza. Ya no solo del toro, sino por la presión de estar siempre bien. Cuando mejor se torea es cuando más relajado se está, pero no puedes estar relajado porque tienes que triunfar siempre. Es un contrasentido que te quita la tranquilidad. Hay momentos en que tengo sueños buenos y otras sueños más complicados, pero lo importante es poder seguir soñando, porque eso significa que uno está todavía vivo.

 

¿No hay alguno que se le repita?

Hay momentos en los que he tenido pesadillas y otros en los que he tenido sensaciones muy buenas. Gracias a Dios.

 

¿Para usted qué es torear?

No se explicarlo, pero es mi vida. Necesito torear para vivir. Es una forma de expresión artística. Es una forma de realizar lo que uno siente.

 

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Las emociones son muy contagiosas y cuando se asiste a los momentos previos de una corrida en el patio de cuadrillas se siente el miedo de los toreros a flor de piel. Yo, que estoy en el callejón, me contagio también de ese miedo ¿Puede definir qué pasa por su cabeza en ese instante?

La sensación que se tiene antes de torear es incertidumbre. Miedo a lo desconocido. Miedo al toro, a la plaza, al público, al ridículo. Miedo a muchas cosas. Se juntan tantos miedos … No existe un solo miedo, no existe sólo el miedo físico, existe también el miedo al ridículo. Posiblemente si mato ese mismo toro en el campo paso la mitad de miedo. A mí me da miedo la plaza, el hotel bueno. Me da pánico. Cuando voy a un hotel bueno y el vestido de torear es muy bueno, es que voy a una plaza de mucha responsabilidad, y paso mucho miedo.

 

Esto se lo he oído decir a muchos matadores pero me cuesta creer que los toreros tengan más miedo a hacer el ridículo y al público que al propio toro.

Sí, a la responsabilidad. Y al toro también. Es que es complicado. Tu tienes un instinto de conservación, tienes que luchar contra él, estar bien y triunfar. Si te dejas llevar por el instinto en el campo y te quitas no pasa nada, pero si lo haces en la plaza hay una repercusión artística en términos de imagen y contratos. Hay una lucha titánica entre el instinto de conservación y la responsabilidad del torero.

 

Cuando usted está en el platillo del ruedo citando al natural y escucha el jaleo del público enfervorecido ¿qué sensaciones tiene?

Es una expresión artística, pero que haya una conexión con el público, que le guste, se emocione con tu toreo es el éxtasis. Es una sensación que no se puede comparar con ninguna otra. Yo no sé como explicarlo, hay un instante de gran felicidad que compensa todos los momentos malos que uno haya podido pasar antes.

 

Maestro, hace un par de meses pulsé la opinión del público asistente a una conferencia sobre valores del toreo en la sala Cossío de Las Ventas. El resultado fue que el torero con un sello personal más diferenciador fue Morante, y el segundo, para esa parte de la afición madrileña, fue usted. ¿Es consciente de que el público valora su personalidad?

Para mi es un orgullo y una satisfacción que usted me diga eso. A mi me ha marcado mucho mi vida. Yo he ido a mi aire siempre. El tiempo me ha hecho, como el viento o la ola que moldea la roca; no ha habido una mano que me haya maleado. Soy un privilegiado. No he tenido ningún patrón ni nadie a quien seguir, sino que me he dejado, la vida y el toreo me han hecho. Lo que yo llevaba dentro lo he sacado con los años, sin que haya alguien que me cincele, más allá del tiempo y el toro. Por eso tengo esa personalidad, tengo esa suerte y el tiempo me ha dado eso. En mis primeros años no podría hacer lo que hago ahora. Se necesita un plazo de curación, de maduración. Todo tiene un proceso. Que usted me diga eso me halaga mucho.

 

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Reconozco que no me sorprendió esa valoración, porque usted fundamenta su toreo en la naturalidad, en su naturalidad.

Hay una base técnica. La técnica en el toreo es fundamental. Es importante que cada torero tenga su propia técnica, pero cuando embiste un toro hay que olvidarse de la técnica para que no sea tan frío. Un toreo que se basa en la técnica peca de frialdad. La técnica está bien para el toro regular; pero para el toro bueno no. Con unos años de alternativa y con un oficio la técnica no sirve para nada. Sólo para defenderse y el toreo no es de defensa, no sé si es ataque, pero sí es dejarse llevar. Yo fundamento mi toreo en la personalidad.

 

El maestro Joselito nos decía hace unos meses que cuando un toreo piensa mucho lo que va a hacer el público piensa que torear es fácil. ¿Está de acuerdo?

Uno torea mucho de salón para que la muleta y el capote sean la prolongación de tus brazos, pero no para hacer una faena preconcebida y llevarla a la plaza. Lo peor que puede ser un artista es predecible. Ir con un guión aprendido y saber lo que va a ocurrir deja a los aficionados en su casa. Eso no les interesa.

 

¿A qué toreros admira más?

Cuando era un niño mi padre me llevó a la plaza y vi torear a Manzanares. Me impactó por la forma. No tenía noción de lo que estaba viendo pero sabía que era algo único. Cerraba los ojos y la sensación que tenía era de felicidad.

 

¿Y de los actuales?

Hay muchos en la actualidad, pero me gusta mucho Joselito. Es otro hombre al que le ha condicionado mucho su vida y sabe lo que quiere. Es otro hombre que ha hecho siempre lo que ha querido. Es uno de los toreros con más personalidad que he visto. No le conozco personalmente, pero es uno de los que me vienen rápido a la mente, se cómo habla, cómo vestía, su forma de pensar; cierro los ojos y le veo la cara. En la calle ha sido un tío con mucha personalidad, y eso es lo que más admiro.

Hacen falta muchos Joselitos ahora, no sólo en el toreo, sino también en la sociedad.

 

¿Vive usted el toreo como un estilo de vida?

Sí, un torero es un torero; no se puede separar el torero del hombre. No te puedes quitar el vestido de torear y dejar de ser torero.

 

¿Cómo se detecta un torero y se diferencia de gente normal que pasa por la calle?

No es la forma de vestir, es algo más. El Cordobés, Manolete, los grandes toreros tienen un aura especial, que los hace distintos incluso a los ojos de quienes no les conocen. Pero no se puede fingir, no te puedes disfrazar de torero. Tiene que parirte tu madre con esa gracia.

 

¿Qué valores del toreo son los que más admira?

La personalidad. Tenga el concepto que tenga es necesaria una gran personalidad. Toree de una u otra manera tienes que saber, viéndole de espaldas, quién es. Que lo distinga del resto.

 

Una de las habilidades de los toreros que más valora la afición es la capacidad para superación de los instintos. ¿Cómo se hace?

Un tío que en el siglo XXI sea capaz de jugarse la vida haciendo arte es algo que no tiene sentido, es algo extraordinario. Cuando a uno le apetece huir quedarse quieto y torear despacio. Es algo irreal, es ese punto de magia que tiene el toreo. Que ese toro con esos kilos y ese trapío vaya a destrozar al torero, y que con una muleta le desafíe y cree arte es lo máximo. Abandonar todo instinto de conservación y quedarte ahí. Que te coja un toro y que a las pocas semanas o días ya estés de nuevo en la cara; o herido lidiar el segundo de tu lote es de locos. Esto puede gustar más o menos pero debería ser respetado por todos. En el fondo es algo que no tiene sentido de puro grande que es.

 

Es pura emoción.

Lo que yo sentí cuando vi a Manzanares, esa sensación fue tan intensa que no me fijaba en que se estaba jugando la vida. Me dejó conmocionado y yo me preguntaba ¿esto qué es? La plaza, los olés, la gente, un señor vestido de torero; es algo único.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

Hablaba maestro de la capacidad que tienen hoy los toreros de reponerse a los percances y volver a la cara del toro inmediatamente incluso con heridas graves ¿Qué efecto tiene para un torero anímicamente la cornada?

Depende de el momento en el que te la pega. Si te coge en un momento regular es un lastre que vas arrastrando. Los toreros tienen una gran capacidad de recuperación y la cornada es lo que menos duele. Lo peor es el fantasma de la cornada, la forma en que te ha cogido. Hay ahora mismo toreros que son cogidos y a los pocos días vuelven a ponerse delante, y parece que jamás hayan sido cogidos. Hay una capacidad y una mentalización tremenda. Se rehacen y destierran al fantasma de la cornada. Aquí no se acuerda nadie de nada. Aquí vuelven a ponerse en ese sitio con los puntos, y hay una capacidad de sacrificio, de aguante y de superación que no existe en ningún otro mundo.

 

El fantasma de la cornada, volver, recordar … cuesta mucho ponerse de nuevo en ese sitio. ¿Justifica eso que el torero se alivie?

Eso sería lo lógico. Pero el torero vence al instinto.

 

Otra faceta admirable de los toreros es la perseverancia. ¿Cómo se madura en este ámbito?

A mi lo que más me hizo seguir fue la cornada aquella. Perdí un nervio, pero realmente no me costó, porque es mi vida. No puedes separar el torero de la persona. Yo he escuchado muchas veces que el torero salva al hombre; anda el hombre perdido por la vida, pero que el toreo le reorienta. Yo no puedo analizar la vida desde otra perspectiva que no sea el toreo, no soy consciente de otras realidades, siempre veo la vida a través del prisma del toreo.

 

Es el valor de la constancia.

En cualquier faceta de la vida. Sobre todo la superación, ser un inconformista de la vida.

 

¿Recuerda algún toro que se lo haya hecho pasar especialmente mal?

También tengo esa facilidad para olvidar. Seguro que si me acuesto una noche me acuerdo de ese toro, pero en este momento tan bonito, en esta sala tan bonita no te acuerdas de ningún toro malo.

 

¿Cómo es su día a día, qué estilo de vida tiene?

Sobre todo soy ordenado. El torero tiene un orden, en el entrenamiento, en la disciplina. Siempre hay alguna celebración, pero normalmente la vida de un torero es muy ordenada. Para ponerse en eses sitio y pasar los toros necesitas un orden y un entrenamiento.

 

¿Se entrena usted habitualmente en el campo?

En el campo y sobretodo de salón. Hay que estar bien físicamente porque el toreo es muy exigente, pero el toreo de salón es fundamental.

 

¿Cómo fue el toro de Torrealba que le tocó en Madrid y facilitó su triunfo?

Un toro con una edad, casi cumplía seis años, con la seriedad del toro de Madrid, fue enrazado y transmitió mucho. Lo puede torear despacio al natural. Es de los toros que marcan la carrera.

 

¿Cómo es para usted el toro ideal?

La fijeza es importante, que atienda a los toques, y el ritmo también. Recorrido puede tener más o menos, pero que siempre esté al toque y que tenga ese ritmo que llega a los tendidos.

 

¿Cuáles son sus ganaderías favoritas?

He tenido suerte con encastes diferentes; toros de Núñez, Domecq, Santa Coloma. He tenido suerte. No tengo predilección por ningún encaste, siempre tengo en la cabeza toros de diversos orígenes.

 

Santa Coloma también.

Sí. He tenido triunfos grandes con toros de ese origen. Recuerdo un toro de La Quinta en Nimes que me proporcionó un triunfo importante en aquel momento en Francia y eso abre muchas puertas.

 

Veo en su programación que tiene muchos contratos firmados para Francia en los próximos meses.

Antes del triunfo en Madrid ya tenía muchos festejos. Los franceses fueron los primeros en contratarme; después, gracias a Dios, se amplió el calendario, pero los primeros fueron los franceses. La temporada pasada toreé en poblaciones menores y este año me han contratado para plazas de primera.

 

La Fiesta en Francia es rigurosa y la afición exigente, y sin embargo parece que usted está allá cómodo.

Siempre Francia ha sido para mí un resurgir. Cuando mi carrera iba a coger vuelo, antes que nadie, me contrataban los franceses. Fue premonitorio de lo que pudo pasar en aquella temporada.

 

Pese a ser el primero en abrir la puerta grande de Las Ventas en 2016 usted no está anunciado en San Isidro.

Cuando salí a hombros de Las Ventas en Marzo los carteles de San Isidro estaban ya cerrados. Indudablemente iré a Madrid antes de que acabe el año. Nunca se sabe qué es mejor, si haber estado o no, aunque a mi me hubiese encantado ir. Pero bueno, la fecha buena fue esa, el domingo de Ramos, se triunfó y ahora llega la feria, que los toreos toreen y siempre hay muchas fechas para ir a Madrid.

 

¿Cree que el toreo tiene valores del toreo exportables al resto de la sociedad?

La constancia sobretodo. Yo veo valores que son muy normales en el mundo del toro y a lo mejor no lo son tanto en otros ámbitos. Tal vez hagan falta muchos toreros en la sociedad para enfrentarse a muchos problemas que hay, y venirse arriba. Hacen falta esos valores, sin duda.

 

¿Cómo ve el presente y el futuro de la Fiesta?

En el presente hay grandes toreros. El toreo está atacado porque es fácil atacar a algo que es muy fuerte pero a la vez es débil. Ha tenido detractores, después de momentos de crisis, pero hemos superado instantes complicados. También creo que ese momento se ha superado. Hemos sido capaces de defendernos de multinacionales que han invertido muchísimos millones de euros, hemos aguantado estoicamente el ataque de los políticos, que no han sido capaces de defender otras cosas que tenían que defender y han atacado a algo tan grande como es el toreo, tan grande no sólo en lo cultural, sino también en lo económico. Deberían poner el punto de mira en otras cuestiones negativas que hay en este país, y no en los toros que crean riqueza. Me parece un ataque desleal, cobarde, de los políticos y de otros colectivos que actúan desde fuera de España con unos intereses absurdos.

 

Los antitaurinos son una nueva casta.

Se definen bien así porque son gente que no tiene los valores que tiene el toro ni la gente del toro. La palabra antitaurino me parece adecuada. Es antiheróica, antinatura, antitodo. Me siento muy bien cuando ellos mismos se definen así. Actúan con bajeza igualando la vida de un hombre con la de un animal. Yo no tengo dobleces, pero no quiero hablar con un antitaurino. He sentido ataques en mi propia persona deseándome la muerte y la de mis compañeros. Yo no tengo porque defenderme ni convencer a nadie. No tengo porque hablar con malas personas. Soy torero, no negociador ni quiero convencer a nadie. No quiero hablar con una persona que me desea la muerte.

 

Según un ensayo, cuyo resumen se encuentra en nuestra página, el toro disfruta de 24 privilegios, únicos y asombrosos que deberían hacer pensar a la sociedad sobre la realidad del toro y el toreo.

Así es. Muchas de estas conversaciones con esta gente se convierten en diálogo de besugos, no conocen los privilegios del toro, ni quieren conocerlos. El tener que defenderte tú comparándote con un animal es antinatura. No quiero convencer a nadie, no quiero debates, las lechugas no hablaban, y seguirán sin hablar, pero a algunos se les ha ido la cabeza completamente. No quiero debates absurdos.

 

¿Cómo ve su futuro, a qué aspira, cómo se ve dentro de cinco o seis años?

El futuro me da mucho miedo. Me da miedo la incertidumbre. Me da miedo no saber lo que va a ocurrir. Hemos empleado mucho en esta conversación la palabra miedo y creo que es fundamental para vivir. Esa sensación de incertidumbre y ese inconformismo me hace estar muy vivo. No digo disfrutar como si cada día fuese el último de mi vida, pero sí de disfrutar de las compañías, de los momentos, de los lugares; y saborearlo. Es un privilegio ser torero porque puedo ir a sitios y conocer personas que no habría conocido con otra profesión.

 

Decía José Saramago “Nadie puede iniciar la frase estoy vivo con la seguridad de poder terminarla”

Claro, así es. Todo en la vida tiene su sentido, si no hubiese momentos malos no disfrutaríamos de los buenos, todo tiene su sentido. La vida es una mezcla de sensaciones, unas amargas y otras dulces, que son las que te compensan. Una vida plana es un desastre, tiene que haber altos y bajos. Tengo también el carácter mío, con subidas y bajadas. Yo no soy igual siempre, hay momentos en que soy dulce y otros en que soy más complicado.

 

Admiro a los toreros por muchas razones, pero valoro el que el torero tenga la capacidad de crear arte en fecha y hora fija, pese a que por dentro esté roto, tenga mil problemas y esté al borde del desánimo.

Eso es un milagro. Tal vez el toro sea una realidad paralela, como un mundo a parte. Cuando te vistes de luces te olvidas de que tienes padre, de que tienes madre, quién eres; todo te lo da y todo te lo quita. Estamos hablando muy místico, pero es que es así. El toreo son sensaciones que vive el que está toreando y el que está viendo torear. Hay momentos de arte irrepetible, para el que los realiza y para el que los vive.

 

¿En el patio de cuadrillas puede olvidarse de todos esos universos paralelos y centrarse sólo en lo que va a pasar en el ruedo?

Hay momentos en los que se pasa muy mal en el patio de cuadrillas, hay otros que sin embargo está a gusto. Cada día es distinto.

 

Esa frase de Belmonte “Ningún torero firmaría un contrato en un patio de cuadrillas” ¿Es cierta?

Ahí no conoces ni a tu padre.

 

¿Cuántas veces se ha arrepentido de firmar un compromiso?

No veas. Hay días que me digo a mí mismo vestido ya de luces ¿Qué hago yo aquí? Pero no en lo bajito, sino en lo fuerte ¿Qué coño hago yo aquí?

 

¿Cómo se resuelve esa disyuntiva?

Normalmente cuando he dicho esa frase, he liberado tanto miedo y tantas tensiones que después las faenas han salido bien.

Curro Díaz - Toro Cultura

Gracias maestro Curro Díaz por su amabilidad y por las experiencias que comparte con nuestros lectores. Es indudable que su forma tan personal de vivir el toreo resultará muy estimulante para todos.

Gracias a ustedes y un placer.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

 

 

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