Azpeitia y Ana Romero

El toro de Azpeitia

El toro de Azpeitia viene del campo marcado con hierros de brava tradición, astas de pedernal y músculo acerado, luciendo el trapío proporcional a su encaste. Salta a la arena impoluto, desprovisto de crotales, pues va a ser el protagonista del más bello de los ritos, ya que va a escenificar su propia muerte, y vende cara su vida ante los pocos toreros que se atreven a anunciarse en la feria de San Ignacio.

El toro de Azpeitia ha sido seleccionado un año antes por los miembros de la Comisión Taurina atendiendo al momento de la ganadería, su genealogía y su fenotipo, ha recibido al menos tres visitas en el campo, para observar su crecimiento y certificar su salud. Se embarca según la serie de números que reza el papelillo de Joxin Iriarte, con o sin veedores, pues éstos pueden ir o dejar de ir, ya que indefectiblemente lo que se ha reseñado es lo que se lidiará.

La corrida de Ana Romero jugada esta tarde en el diminuto coso azpeitiarra es el paradigma perfecto de cuanto se dice. Saltan a la arena codiciosos, al galope furioso, buscando cualquier indicio de movimiento en el ruedo para acometer. Enseñorean su figura, ya sea cárdena en sus diversas gamas o negra, y ya está el público aplaudiendo reconociendo su armónico trapío. Saludan a los toreros con encastada codicia en los lances de capa, y ya tienen la vista puesta en las cabalgaduras que les someten a exhaustivo examen. Persiguen a banderilleros con la comprensible intención de coger, y llegan al último tercio conjurados para la cruenta pelea. Trastear a toros de esta condición nunca fue tarea fácil, pues miden y se orientan, y sólo quienes aplican con rigor el teorema de las distancias y los tiempos salen de la plaza por su propio pie, en algunos casos con las orejas en la mano, y una sensación de dominio indescriptible.

Los espadas anunciados les dieron fiesta según la catadura de cada toro y el estilo propio del matador.

Curro Díaz, aún magullado por la terrible cogida de la víspera, volvió a acariciar el aire fresco que bajaba del Izarraitz conduciendo con su muletilla la impetuosa embestida de los dos toros negros que le deparó el sorteo. Cuando pudo templó con el embrujo que emana de sus muñecas, con pases de ensueño, y cuando no aplicó lidias valerosas demostrando que aúna como pocos el arte y el valor de los toreros clásicos.

David Mora volvió a mostrar su torero poderoso, adintelado, férreo por momentos, sólido, con los pies firmes sobre el albero, y dos brazos musculados que marcan pases largos y templados. Ganó dos emotivos combates pasándose los pitones rozando la taleguilla en vertiginosos cuerpo a cuerpo.

Borja Jiménez, el discípulo aventajado del maestro Espartaco, ya demostró un año atrás con toros de este mismo hierro y similar condición, que lo que más le satisface es desafiar a la casta brava, y construir un discurso lleno de pinturería, paso breve y vuelos generosos de los señuelos. Llueva o truene se pone en el sitio adecuado y pasa de muleta a sus antagonistas con asombrosa determinación, en obras de inspiración barroca, paradigma de la escuela sevillana. La levedad de su anatomía contrasta con la grandeza de su corazón de torero importante, que tiene libreto, tiempo para desgranarlo, e ilusión para entusiasmar al aficionado cabal.

El toro de Azpeitia pone a cada uno en su lugar, y esta tarde los tres espadas se acercan aún más al sitio que por inspiración, refinada técnica, y pinturería les corresponde, lidiando sin ambages, y creando todo el arte que cabía entre los pitones diamantinos de los toros de Santa Coloma.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 30 de julio de 2017, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Ana Romero, de excelente presentación, con el cuajo y trapío propios de su encaste, en capas negras y cárdenas. Bravos y encastados en diversas versiones. Primero: Dos puyazos, el primero con espectacular derribo; encastado, por momentos brusco, sin descolgar. Palmas en el arrastre. Segundo: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos; bravo y encastado. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; bravo y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Dos puyazos; duro, encastado y orientado. Leves pitos en el arrastre. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Curro Díaz, de coral y oro: Tres pinchazos y estocada caída (silencio). Estocada hasta la virola (oreja)

 

David Mora, de tabaco y oro: Estocada trasera (oreja). Estocada caída (ovación y saludos).

 

Borja Jiménez, de primera comunión y oro: Estocada casi entera desprendida trasera (oreja). Pinchazo y pinchazo hondo (silencio)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega al mayoral de la ganadería del premio al toro más bravo de 2016

La banda de música ofreció un auténtico concierto de pasodobles, con ritmo y sentimiento torero.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>