José María Sotomayor

José María Sotomayor: “Soy optimista sobre el futuro del toreo, y mi optimismo es fundamentado”

José María Sotomayor es un ingeniero, con amplia experiencia en proyectos internacionales de alto valor añadido, reconocido en su ámbito profesional; pero es ante todo un intelectual del toreo. Su amplia cultura se origina en su infancia, de la mano de su padre, se desarrolla junto a su tío Matías Prats y culmina con la redacción del tomo XII del Cossío. Estamos ante un enciclopedista de la Tauromaquia, que dirige la mejor biblioteca taurina el mundo y sigue creando cultura con sus obras sobre hierros míticos, como Miura o Carriquiri y sobre el lenguaje taurino, pues tiene censados ya más de cuatro mil términos para describir al toro.

Es también pintor, ilustrador y fotógrafo, y su perfil no quedaría ajustado si no se añade además que es un hombre cordial, generoso y extremadamente respetuoso.

Nos recibe en la sede de la Biblioteca Carriquiri, con porte elegante, gesto amable y voz firme, decidido a compartir con nuestros lectores conocimientos y experiencias acumulados durante más de sesenta años de pasión, de pasión por la Tauromaquia.

 

Señor Sotomayor, ¿de dónde surge su afición por los libros?

Mi padre era maestro y me inició. Era también pintor y delineante. Él me enseñó a leer y escribir y también a pintar y me transmitió el amor a los libros. Cuando me casé en 1968 lo primero que tuvimos que hacer, ya que mi mujer era una lectora empedernida, fue encargar un mueble de tres metros y medio para alojar nuestros libros. De esto han pasado casi 50 años en los que compramos muchos más. Ahora tengo 7.000 de toros de un total de 20.000 piezas. Mi mujer decía que vivía en una papeloteca con derecho a cocina, y tenía razón porque, además de libros, hay mucho papel. Después mi amistad con Antonio Briones me trajo a la Biblioteca Carriquiri y me encuentro encantado.

 

Aunque afincado en Madrid usted nació en Toledo.

Así es, pero resido en Madrid desde 1943. Viví a caballo entre una y otra ciudad hasta 1945, año en que mis padres encontraron por fin una casa en alquiler estable. No reniego de Toledo, pero mi vida se ha desarrollado casi íntegramente en Madrid.

 

¿Y la afición a los toros?

Por mi padre, que le gustaban mucho. Él no era persona de mucho dinero, aunque vivíamos bien, sin lujos. Tenía un abono en las Ventas, era una andanada encima de la puerta y se conformaba, decía que era muy bueno porque se podía uno recostar. La primera vez que estuve en los toros en Madrid fue el 18 de julio de 1944. Lo vi muchos años después en una agenda de mi padre. Yo aún no había cumplido los tres años, así que supongo que estuve correteando por allí, sin prestar mucha atención. Era la corrida en la que confirmó la alternativa Carlos Arruza. Más tarde comencé a ir con mi pandilla, con tres amigas. Íbamos más a Vistalegre porque estaba más cerca de nuestras casas. Una vez casado ha sido continuo. Desde el año 68 me he perdido algún festejo por causas verdaderamente mayores, como mi infarto, la enfermedad de mi esposa o algún día que mi hijo me ha pedido que me quede con él. Mi mujer ha venido siempre conmigo a los toros y mi hijo también.

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Tiene por tanto una perspectiva muy amplia de los últimos 40 años. ¿Cómo ve el momento actual de la Fiesta?

Hay cosas que no se pueden decir. Tengo fama de optimista, pero mi optimismo es fundamentado. Ésta mañana mientras desayunaba he leído un artículo de la revista “Grana y oro” de los años 40 que decía que la fiesta se acaba porque no hay toreros, porque no hay toros, porque se acaba la afición … lo mismo que se dice hoy. La plaza de Madrid está “vacía” desde 1950. Abre sólo por los turistas. Pues debe ser la plaza más grande del mundo porque si desde el año 50 se está vaciando y aún van cinco o seis mil personas todos los domingos …

La temporada de 2015 ha sido para enmarcar. Yo antes hacía los resúmenes para Espasa, después para la Comisión Consultiva Nacional, ahora llevo 10 años sin hacerlo, no tengo tiempo, pero me parece que no han disminuido las corridas de toros, y además ha habido más público. Empezamos a repasar por los murcianos, Rafaelillo y Paco Ureña; continuamos por López Simón; la temporada de El Juli, de Ponce, de Sebastián Castella, de Morenito, de Diego Urdiales ha sido una maravilla. ¿Por qué voy a ser pesimista? Sin embargo en el mundo de la política sí que veo amenazas.

 

¿Cómo afrontar ese riesgo real al que está sometida la Fiesta?

Creo que el blindaje total se conseguirá con el reconocimiento de la UNESCO. Están trabajando en ello pero no se cuando se conseguirá. La Fiesta tiene mucha fuerza pero hay que cuidarla desde dentro. Si no hay emoción, como este año la ha habido, el interés merma. Llenar Madrid en Octubre no es tan fácil como en San Isidro, y en marzo con Fandiño, estaba a reventar. Creo que este Madrid ha sido la segunda mejor temporada desde que está Taurodelta. Este San Isidro ha cumplido las altas expectativas, pero siempre habrá quien diga que los carteles son malos porque nadie venía a confirmar. Pero es que el año pasado se criticaron los carteles porque venían muchos a confirmar.

 

A mí ese detalle no me parece relevante.

Lo dicen porque así entra gente nueva, pero es que el año pasado si que vinieron siete que podían funcionar y este año a lo mejor no los ha habido. Creo que ha sido una feria muy interesante y si meten un poquito más la espada habría sido una temporada excepcional. Yo creo que realmente lo ha sido.

 

¿Cree que se está produciendo una recuperación real de la casta?

Yo sí. Creo que la persona que está haciendo siempre un gran esfuerzo es el ganadero. Cuando el ganadero tiene un hierro que presenta problemas lo primero es que las figuras no se lo lidian. Si no se lidian no se los compran y entonces ¿para qué quiere los toros? Tiene que ponerse en la línea que quieren los toreros. Pero cuando el público pide un toro con más casta y con más emoción el ganadero tiene que volver, girar, y eso no es darle a un botón; eso exige 20 o 25 años para cambiar la forma de embestir y darle fiereza. Los ganaderos lo están haciendo. Creo que en esta crisis que sufre la Fiesta el ganadero y el novillero se están llevando todos los palos.

 

¿El novillero también?

Sí porque cuesta mucho montar una novillada con los impuestos que hay que pagar. El otro día contaba Eduardo Miura en una conferencia que antiguamente te montaban una novillada en cualquier sitio y no había ni médico, cosa incomprensible. Hoy tienes que llevar un equipo con una ambulancia medicalizada y eso es mucho gasto; tienes un IVA fuerte para un espectáculo de chicos que están empezando y una larga serie de gastos más. El dinero que queda para los ganaderos y novilleros es entonces muy bajo. Por eso se montan pocas.

 

Son los dos eslabones más débiles.

El año pasado me contaba un ganadero, cuyo nombre no viene al caso, que había echado cuentas de lo que había perdido y era lo que le había costado la ganadería. Su señora le decía “¿sabes la cantidad de cosas que podríamos comprar con ese dinero?” Y la ganadería sigue ahí, ha reducido las cabezas pero sigue.

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El ganadero ha sido un romántico que compensaba las pérdidas del bravo con los otros productos del campo.

Eso era así, pero si no tienes otros rendimientos criar los toros te puede costar 200.000 euros en un año.

 

Es un hobby caro. Desde Toro Cultura trabajamos para difundir los valores del toreo. ¿Cuáles destacaría que tal vez nos sirvan a todos para afrontar las vicisitudes de la vida?

He hablado de eso algunas veces. Hoy en día el héroe es el futbolista. Es un profesional que trabaja, se machaca. Yo he conocido toreros, como Diego Urdiales, que es un chico que se quedó parado, pero ningún día se le fue la ilusión de que en el futuro sonara un teléfono y le contrataran. Antes de irse a trabajar, porque él tenía su empresa, se iba a entrenar esperando la llamada. Y un día le llegó. Eso es un ejemplo para muchos chicos que desgraciadamente no tienen trabajo. Ellos no tienen que entrenarse, pero en muchos casos pierden la ilusión. Es el esfuerzo de entrenarse todos los días.

Hay otro valor que resalto mucho, que es que en la plaza hay una rivalidad, y después hay un escalafón, pero en el ruedo, en un momento determinado, los dos toreros son rivales del que está toreado, pero si a éste le ocurre algo los dos exponen su vida, saliendo a cuerpo limpio si es necesario, a hacer el quite. En el fútbol se dan las faltas técnicas en las que se parte la pierna a un rival si es necesario con tal de que no avance.

 

Son otros códigos.

Luego está el respeto a los matadores. Un crío que acaba de tomar la alternativa, a su compañero que ha tomado la alternativa pocos días antes le saluda de maestro y le respeta. Simplemente el llamarse maestro infunde respeto. Todas esas cosas y el espíritu de sacrificio que tiene un torero, son valores a estudiar y extender a cualquier otra actividad. Habrá algunos toreros que no sean ejemplo, pero la inmensa mayoría sí lo son.

 

Es un universo diferente a todos.

Yo veo muchos valores en la fiesta, lo que pasa es que mucha gente se olvida de que el que está toreando, por mucho que brille el vestido, es un hombre. Nadie en el tendido sabe si esa mañana ha tenido algún verdadero problema, de familia o de otro tipo. Esto no es una oficina en la que hay unas pautas y aunque el ingeniero esté mal avanza, más o menos lento, pero avanza. El torero está entregando arte con la materia más difícil que pueda tener un artista. Porque el pintor compra el pincel, las pinturas y si compra un tubo de rojo quinacridona sabe que es exactamente el mismo, está controlado, el papel es el mismo, el lienzo también. Lo único que le puede variar un poco es la luz, pero si pinta a la misma hora es similar. Pero es que el toreo, aunque elija la ganadería, siempre se encuentra con toros diferentes, e incluso el mismo toro es diferente desde que sale hasta que muere. Si a eso le añades que puede tener un día de preocupación se aprecia la dificultad. Si has pagado y está mal te crees con el derecho a chillarle, pero ¿a quién de los que estamos en la plaza le interesa más estar bien y que se corten orejas? Habría que entender que es un hombre. Luego hay excepciones, como en todas las profesiones, algunos caraduras. Lo que no puedo entender es que digan que no ha querido torear. Tendría que saber el que eso diga qué tiempo ha estado y qué sacrificio le ha supuesto llegar a que le anunciaran esa tarde en esa plaza. Se ha pasado toda la temporada pidiendo recomendaciones y que le metan en un cartel; no entra en cabeza humana que diga “ahora no quiero torear”. Puede que alguna figura en algún momento lo haga. Pero el torero claro que quiere, nadie sabe lo que le ha costado coger una tarde en Madrid. No lo ha entendido, no ha sabido, puede que no esté preparado o que no tenga conocimiento, pero en general los toreros quieren.

 

¿Qué torero le ha dejado una huella más profunda?

He visto muchos. Me ha encantado Paco Camino. Antoñete me pareció todavía mejor tras la reaparición. Manolo Vázquez y él, además beneficiaron mucho a la Fiesta porque trajeron el toreo de antes y se lo mostraron a la gente joven. César Rincón. El Viti era un portento. Rafael Ortega. A Manolete no le llegué a ver. En el año 47 toreó el día 16 o 17 en Toledo, y recuerdo que mi padre bajó a la plaza. A mí me llevaba una tata. Acompañamos a mis padres y a mis tías hasta Zocodover y mi padre me dijo que Manolete toreaba por la tarde para los mayores, que al día siguiente toreaba por la noche para los niños y que me llevaría. Seguro que me llevó, pero a una becerrada, claro. Sí recuerdo de Manolete haber leído en Toledo, en el café Español donde había unos pizarrones muy grandes en los que colgaban anuncios sobre el género que había entrado, como “patatas a 25 céntimos”, o “se recuerda que hay que empadronarse antes de tal día”, cosas de esas. Ahí había un cartelón, con mucha gente alrededor, bajaba yo con mi padre por la calle La Plata y del bullicio aquel salía un cuñado de mi padre que había sido novillero y le dijo: “Pepe ¿te has enterado? Un toro ha matado a Manolete” Nos metimos por allí. Yo recuerdo haber leído la noticia aquella en el pizarrón. Pero no vi nunca torear a Manolete. Le he visto filmado, eso sí.

 

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¿Y de los de ahora?

Aunque sé que nadie va a estar de acuerdo, a mi Ponce me parece un maestro. Además ni en los toros ni en ninguna otra profesión se mantiene uno arriba por casualidad. ¿Por qué le considero un maestro? Porque cuando le sale un toro difícil lo domina y lo lidia. Con el toro fácil está tan bien puesto que parece que su toreo es muy superficial, pero yo no lo creo. Y ahora me encanta Diego Urdiales. Además tengo la suerte de haberle visto tentar machos de cuatro años en el campo, y desde luego se saltan las lágrimas viéndole torear. Es una maravilla. Es más puro que Ponce y me emociona mucho. Luego hay otros; este Morenito de Aranda me gusta mucho; y López Simón que, si sigue por este camino, va a terminar con el cuadro. Son muchos los toreros que hoy en día me gustan.

 

Toreros con arte y además personalidad.

Morante tiene un pellizco que no se puede imitar ni se puede preparar. Eso le sale de dentro como a un cantaor de flamenco, y me encanta. Es otro tipo de torero como pasa con Curro Romero, a quien yo he tenido la suerte de verle muchas, muchas corridas buenas. No tanto en Madrid, pero sí por los alrededores. A mí me gusta el torero de arte que domina además al toro. A lo mejor no se puede dar en una pieza siempre. Hoy en día hay un torero que es el único que improvisa en la cara del toro que es Talavante. Nunca sabes lo que va a hacer, pero siempre hace algo. El torero que sólo domina … Ponce resulta frío, lo comprendo, ha llegado a un dominio que ve al toro nada más salir y sabe lo que le tiene que hacer. Nunca esta perreado con un toro. Aquí en Madrid le han salido toros para estar muy torero, toros de los de antes y siempre ha salido muy airoso. Pocos han estado arriba tanto tiempo.

 

Encajado

Sin embargo hay toreros que de puro fáciles resultan fríos. Bajo mi punto de vista uno es Ponce y otro Perera.

Sí, también, porque domina. Había otro parecido que era Ángel Teruel, que decían que era frío, pero en realidad es que tenía una técnica enorme. Era completo, largo como Luis Miguel Dominguín. Éste se quedó en las anécdotas sentimentales pero fue un gran torero. Dominador, con mucha técnica, con alguna excentricidad también.

 

¿Qué ganaderías le gustan más?

Las que transmiten. Yo voy a ver a un torero estar bien estéticamente pero además tiene que ser ante un toro que tenga picante. No me gusta el toro que sigue al torero porque eso es un sin vivir; a nadie le gusta que haya cogidas. Lo ideal sería un toro con picante y al mismo tiempo con una embestida clara. Ese es el milagro que intentan siempre los ganaderos. Tengo una preferencia personal por Miura, esa sí, porque además tengo un cariño enorme a los ganaderos.

 

Magnífico su libro sobre la casa, siglo y medio de casta.

El libro es muy diferente a como yo lo imaginé al principio. Iba a ser una exposición cronológica, hubiera sido un buen libro pero un poco pesado. Habría sido bueno para la consulta pero no para concursar. Entonces, con el libro casi terminado, cuando tenía casi toda la materia prima, le di la vuelta y tiene el formato actual, que creo que se puede leer un poco mejor.

 

¿Qué está escribiendo ahora?

Tengo uno casi terminado sobre la ganadería de Carriquiri. Va un poco lento hasta el punto que Antonio Briones me pregunta si su generación lo va a ver. Estoy como los malos toreros, lo tengo prácticamente acabado pero no veo la manera de entrar a matar. Son ya 600 páginas de libro y no decido el modo de rematarlo.

 

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¿Se remota a la casta navarra?

Sí, me remonto muy atrás, pero luego se centra en 1690 con el marqués de Santacara, Lecumberri etc. Son dos siglos de toreo, muy sugerentes. Luego enlazamos con Nazario Carriquiri que fue ganadero, político importantísimo en la época de Isabel II y estuvo nueve legislaturas consecutivas como diputado por Navarra. Fue un hombre que movió la economía; la bolsa con Salamanca, Riansares, Feuchal; fue empresario se muchas actividades; se hizo millonario y se arruinó. El personaje no puede limitarse sólo al ganadero. Importa mucho también la etapa actual, desde 1989, que son ya 26 años de historia. Ocurre como con don Nazario, Antonio Briones es un hombre de empresa, extremo que no puede obviarse.

 

¿Tiene alguna obra más in mente?

Me están pidiendo que se reedite el libro de Miura y yo no quiero, la verdad. Tengo otro que quiero sacar adelante sobre Miura en Madrid, que da para mucho. Tengo bastante documentación inédita, pero los proyectos los tengo que medir muy bien porque tengo muchas ocupaciones y a esta biblioteca viene mucha gente a la que hay que atender.

 

Es usted el director de la Biblioteca Carriquiri, posiblemente la mejor del mundo en su género.

Si hay una persona que tiene afición y posibilidades económicas como Antonio Briones puede perfectamente, con tiempo, hacer una gran biblioteca. Pero su mérito fundamental es que, siendo privada, Antonio es tan generoso que permite que la gente venga a verla y a trabajar. Aquí hay personas que vienen casi todas las semanas a trabajar, hay personas que se han pasado un mes y medio trabajando, mañana y tarde, incluso empleando también la mía, en la que hay 100 o 200 libros que no están aquí y se han ido a mi casa porque mis archivos les han servido. Antonio permite, bajo ciertas circunstancias, que se emplee su fondo. Cuando es alguien desconocido yo tengo que estar con él, vigilándole. Todos conocemos las fechorías que se han hecho en la Biblioteca Nacional, donde iba uno a consultar un libro y resulta que alguien se había llevado páginas. Aquí no se puede permitir que ocurra algo parecido.

 

Otro protagonista de la cultura del toreo es el cronista taurino.

Son todos amigos, pero me encanta Barquerito. Es el que más se fija en el toro. Me encanta, le leo menos porque ahora hay que buscarlo en internet. Y hay que aplaudir lo que está haciendo José Luis Ramón en la revista 6 toros 6. Primero, la está afianzando, mantiene su carácter cultural. Viene por aquí con frecuencia y le conseguimos las fotos que necesita.

 

¿Joaquín Vidal te gustaba?

No. Lo siento pero no. Demasiado cartesiano. No había más que una manera, sólo un camino. Aquí, como en la pintura, hay más trayectorias posibles. A mi no me gusta Picasso, pero es un genio. Hay que admitir a un impresionista y a un naif también.

 

Sin embargo habrá de reconocerse que era un gran escritor. Nosotros tenemos censados más de 300 neologismos introducidos por él, casi todos con buena carga de ironía además. El propio Carlos Herrera decía que él vivía la corrida dos veces, una en la plaza y otra leyendo las crónicas de Vidal.

Así es. Yo era ingeniero en INTECSA, de Dragados. Soy además sobrino de Matías Prats y le acompañaba a todas partes. Un día dijo que estaba en la plaza con él tomando apuntes de la corrida para sus libros y al día siguiente se presentó en mi despacho mucha gente interesándose por esa faceta. A partir de ahí la pregunta que me hacían es ¿tú que sacas de los toros? Se referían al dinero. Siempre decía que de los toros he sacado sobre todo amigos. Gracias a los toros he podido conocer toreros, periodistas, ganaderos, políticos. Allí no había casi aficionados a los toros, pero en informática había un chico leyendo la crónica de Joaquín Vidal. Le pregunté si era aficionado a los toros y él me dijo que no, pero es que estudiaba filología y les ponían como ejemplo de cómo escribir en castellano lo de Vidal en su periódico. Y es verdad. Era un maestro. He sido compañero suyo en un jurado y le admiro, pero soy más optimista que él. Yo casi nunca salgo pensando que la corrida ha sido un desastre. Siempre hay matices buenos. No estoy de acuerdo con que al torero se le abronque, nunca se le debe insultar. Se puede estar mejor o peor, pero todo merece un respeto.

Haciendo el Cossío yo no podía ver todas las corridas que se daban y por eso buscaba crónicas de alguien de Zabala, de Barquerito, etc. Y en un momento concluí cómo habría estado ese torero que hasta Vidal le ponía bien. Así lo puse en el tomo XII, no se si figura porque tuvieron que quitar 200 páginas. Decir que todo está mal no es lo más correcto.

 

Cuando un torero lo hace aparece el elogio preciso de Joaquín Vidal.

Sí, y lo ve mejor que nadie.

 

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Practica el elogio pocas veces, porque pocas veces se recrea la Tauromaquia, como por ejemplo hace ahora Diego Urdiales.

Yo creo que a Diego Urdiales le habría hecho unas crónicas fantásticas. Es claro que la gente no sale todas las tardes de la plaza toreando.

Para escribir de toros todas las tardes hay que valer mucho, y además hacerlo en un tiempo récord.

Yo hago una pequeña crónica para una revista francesa “Semana Grande”, pero no tengo tiempo para hacer crónicas y menos aún 30 seguidas. Cuesta un esfuerzo enorme. Por dos razones, una porque no soy crítico y otra porque no sé como tapar lo que ha habido de malo, porque intento destacar lo bueno que ha habido, aunque a veces es poco o nada.

Es como en el Cossío. No hay ningún ataque a ningún torero. Lo más que digo es que no quedó bien, pero él era el más interesado en triunfar. Sólo hay una frase en que me critico a Jesulín, a parte de que le alabo porque ha sido un gran torero, digo que lo que no le perdonarán los aficionados es haber dado la vuelta al ruedo más antitaurina, la que dio paseando una ristra de prendas íntimas de mujer.

 

Esa actitud suya es un destello de bondad.

No, es que no sirvo para la crítica. Yo me fijo más en las cosas buenas que en las malas de una persona. Como no vivo de la crítica tampoco me considero con derecho a decir algo malo de un torero. Empecé en 1984 con lo que habré hecho ya cerca de mil crónicas.

Es como en las novilladas de Madrid ¿Qué vamos a esperar de un chico que ha toreado una o dos tardes en toda la temporada y viene a Las Ventas a matar una corrida de toros, que no da muchas facilidades, no es de Jandilla o de Fuente Ymbro. Le van a dar un palo tremendo cuando el chico ha soñado con la puerta grande para encarrilar su carrera ¿Vas a decir lo malo?

 

Es claro que este es un espectáculo diferente con muchos matices.

Cada día se juegan menos la vida por las condiciones de las enfermerías, pero indudablemente en cualquier momento puede surgir la cornada mortal o la que te quite para siempre. Aquí vimos a David Mora a quien le está costando un triunfo volver a la cara del toro.

 

Toro Cultura

 

Pese a todo usted disfruta enormemente del toreo.

Estaba en una tertulia muy buena que había hace muchísimos años que se llamaba “El Toreo” en el Palacio de Congresos, multitudinaria, siempre iba algún ministro, Rogelio Díez Alonso, Mariano Zumel y mi tío Matías. Varias veces coincidí con Gerardo Diego y con Máximo García de la Torre, padre del actual cirujano. Un día estaba explicando que yo trabajaba en una ingeniería, que vivía de la ingeniería y que pintaba y escribía de toros, y cuando terminé de hablar me dijo Gerardo Diego “¿Puedo hacerle una matización? Usted no vive de la ingeniería, usted come de la ingeniería, pero de lo que vive realmente es del toreo” Sólo le pude responder “Por algo es usted Gerardo Diego”

 

Es menos conocida su faceta de fotógrafo.

Tengo muchas fotografías realizadas durante la media hora previa a la corrida en el patio de cuadrillas. Son momentos especiales, de mucha tensión y aunque las emociones son muy contagiosas yo ya me he habituado un poco, porque son ya 38 años. La verdad es que no se que pasará por la cabeza de un torero en esos momentos.

 

El amor por los libros que le inculcó su padre sigue intacto y le convierte en un reconocido bibliófilo.

Tocar un libro es algo que no es comparable a casi nada. El libro electrónico esta bien para viajar, pero no es lo mismo.

 

¿Cuál es el libro de toros que más veces ha leído?

Posiblemente el de Chaves Nogales. Es un libro que tiene una historia muy sentimental para mí. Cuando me casé llevaba algunos libros de toros, y cerca de nuestra casa estaba la librería Beltrán, que editaba y vendía obra taurina, muy conocida en Madrid. Habíamos comprado a un vendedor a domicilio los cuatro primeros tomos del Cossío y ahí compramos el de Chaves. Entonces la biblioteca común de Amalia y mía comenzó con ese libro. Luego la casualidad hizo que estando ella internada por última vez, salió una nueva edición de este libro en una colección de bolsillo, la compré la llevé allí y estuvimos comentando la obra. Mi mujer era una lectora empedernida, un libro cada día y medio. No era de ir a la biblioteca o pedir en préstamo, los comprábamos. Casualidad también que el lote de libros que yo recojo al fallecer mi mujer, donde yo compro todo lo que sale, incluyera un ejemplar de la editorial Renacimiento que era una nueva edición del de Chaves Nogales. Así que la biblioteca común taurina nació y murió con el de Chaves Nogales.

 

Señor Sotomayor, ¿cuáles son sus libros favoritos?

Me han preguntado muchas veces cuáles son los diez libros que yo salvaría. Eso es imposible. Hay uno de Fernando Vinyes, escritor catalán, que se llama “México diez veces llanto” que considero el mejor libro que se ha escrito. Esto es porque creo que en España se desconoce la Tauromaquia de México. En esto influyen mucho los sentimientos y los gustos. Yo me quedo antes con un libro sobre ganaderías que con una biografía de un matador. Se puede leer muchas veces y siempre de un tirón. Yo me he enamorado de la Tauromaquia mexicana gracias a él. Otro que me encanta es el de Bollaín del toreo, es un clásico, se puede leer varias veces, aunque el toreo que narra no soporta la comparación con el actual. El Cossío hay que meterlo, es un libro de referencia. El año pasado me pidieron para los programas de San Isidro una biblioteca escogida. Ahí está seguramente mi preferencia.

 

Hablando hace unos meses con Berrocal , un bibliófilo taurino de referencia, decía “La gente que tiene un interés cultural e intelectual por el toreo cabe en un taxi”

Sí. Te puedo dar algún dato. La librería Rodríguez, de María Victoria, en un momento llegó a tener 8 o 10 clientes fijos, ahora quedamos Javier Aresti, Antonio Briones y yo; tres. Datos de lectura, cuando hicimos un libro de 75 años de Las Ventas, lo editaba la Comunidad de Madrid, técnicamente el libro lo hizo Alianza Editorial, y tuvimos un par de reuniones para documentación, maquetación, etc. Les dije “Ya no hacéis nada de toros” y me respondieron “Es que no se vende “ y les pregunté “Para vosotros ¿qué es no vender?” Su respuesta fue que del último tiraron 1.300 ejemplares y no pudieron venderlos. Esto era 2006. En 1992 del de Miura con Espasa hubo una primera edición de tres mil y otra de dos o tres mil.

 

También influye el prestigio de la firma y la materia.

Ahora mismo se ha publicado “Los toros y el teatro”, un gran libro. Lo vamos a tener los bibliófilos. Los bibliófilos taurinos somos 130 y hacemos tiradas de 150 ejemplares, es decir, sobran porque no hay interés. Por una parte se dice que se lee menos, yo creo que no, pero los toros están mal vistos. Cuando Planeta compró Espasa se suprimió en el directorio de la librería la palabra Tauromaquia. Luego hizo el Cossío, pero en la Casa Del Libro los fueron arrinconando hasta que quedaron bajo un cielo de escalera. Hoy hay una cosa en el suelo testimonial, incomodísima para los mayores, no hay quien los vea. El Corte Inglés ha ido eliminando y ahora queda una cosa residual. No se si no se lee porque no interesa o porque no se sabe que existe. No se hace publicidad, no se informa. Algunas veces se emplea Tendido Cero y las revistas especializadas, pero no más. Yo contribuyo a la difusión con una ficha de todos los libros publicados que va a la revista 6 Toros 6, a la Unión de Bibliófilos Taurinos, a la Unión de Bibliófilos Franceses con los libros publicados en Francia y en España.

 

Usted es el autor del tomo XII del Cossío. Si le dicen a los 20 años que iba a tener ese papel tan destacado en la literatura taurina ¿lo habría creído?

No lo creería. Yo era un simple aficionado hasta que me casé. A partir de ahí Matías Prats se convierte en mi tío político, voy con él a las plazas y comienzo a escribir.

 

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Personaje fascinante e irrepetible su tío Matías.

Si alguna vez, cosa totalmente improbable, Matías cometiera algún delito y le fueran a ajusticiar, tiene un palabra tan poderosa que convencería al verdugo para que él mismo se ahorcara en su lugar, además con una sonrisa de oreja a oreja. En cierta ocasión, hace muchos años, me pidió que investigara sobre las capas, hice 30 folios y me pidió que diera el salto y escribiera sobre las voces del toro. Ese fue mi primer libro, que no se ha publicado. Tenía unas 2.000 voces sólo referidas al toro. Hoy estaría en las 4.000, comportamiento, hechuras …

 

Eso es una joya inédita.

Sí, pero sería un tomo grueso con muy poca venta, que va a interesar a los de siempre. Hoy el libro de Nieves Herrero sobre Dominguín se venderá mejor que éste.

 

¿Y el de Carriquiri?

Lo tengo casi terminado a falta de un par de horas de conversación con Antonio Briones. Me está costando mucho pero lo tendremos en breve.

 

¿Va a publicarlo con Espasa?

No, no quiero complicar más el trabajo. Si yo se lo doy a la editorial lo va a ver un corrector de estilo, habrá que ver las ilustraciones, será necesario corregir galeradas, y revisar 600 páginas de galeradas es mucho. Lo vamos a hacer en régimen de autoedición, con una tirada pequeña y numerada sin buscar la ganancia. Además, como ya he dicho, esto no es atractivo para las editoriales.

 

El tiempo es siempre un recurso escaso.

Tengo varios trabajos vivos y además mantengo bases de datos que requieren esfuerzo. Antes mi mujer, Amalia, me ayudaba, pero ya no está.

 

¿Era su esposa aficionada?

Sí, mucho. Íbamos a la plaza los dos, pero no veíamos juntos el festejo. Ella iba con amigas al tendido, y yo veo desde 1978 los toros en la enfermería. Con Máximo García e la Torre y ahora con Máximo García Padrós. Los he visto en el burladero, en la reja y ahora dentro de la enfermería en el circuito cerrado. Tengo mi tertulia. Algún día me subo al tendido si quiero hacer alguna foto.

 

Vivir las corridas en la enfermería debe ser algunas tardes angustioso.

Sí, pero es un asunto del que preferiría no hablar. Los médicos siempre saben lo que debe hacerse en cada momento.

 

Grandes personas que saben conducirse en situaciones extremas. Creo que Antonio Briones, propietario de la biblioteca Carriquiri, es otro de esos hombres de gran talla.

La biblioteca comenzó hace 50 años; hay mucho trabajo y dedicación en ese tiempo. Hay piezas compradas en Nueva York, en México y en muchas capitales europeas. Antonio, allá donde fuera, dedicaba un tiempo a los toros, buscaba al taxista listo y le pedía que le llevara a las librerías y eso lo he hecho en muchos países. Así se consiguen resultados. Hoy son más de 18.000 títulos con un crecimiento anual de más de doscientos volúmenes.

 

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Vamos a publicar un artículo sobre la Biblioteca Carriquiri en Toro Cultura en el que daremos cuenta de esta magnífica colección, posiblemente la mejor del mundo en su género. Señor Sotomayor, quiero hacerle un última pregunta sobre los valores que alberga el torero y su aplicabilidad en otras esferas de la sociedad.

Creo que hay que respetar mucho la figura del torero, al hombre, porque encarna muchos valores. La pena es que el torero ya no es el héroe, ahora lo es el futbolista, porque lo que no sale en TV no existe.

El valor, bajo mi punto de vista, más admirable en el toreo es el respeto. Cuando uno toma la alternativa ya es un maestro, excepto para su amistades más íntimas, y ese maestro puede tener 18 años. Incluso en el patio de cuadrillas, jamás he oído una discusión. Nunca. Su comportamiento en los tentaderos es también ejemplar, con orden y rigor. Han cambiado las cosas, no pega mucho un torero con un móvil, pero eso es también excepcional porque se concentran mucho en su trabajo, que es también su sueño. Son hombres admirables por su camaradería, su entrega, la constancia y su capacidad para superar la adversidad.

 

 

Gracias señor Sotomayor por compartir con nuestros lectores su experiencia y su conocimiento. Le deseamos mucho éxito en sus facetas de escritor y director de la Biblioteca Carriquiri, porque su contribución es vital para la difusión de la cultura de la Tauromaquia.

 

Javier Bustamante para Toro Cultura.

 

 

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