La puerta del norte

El cartel de ayer en el Multiusos Iradier Arena era un llamamiento claro a la afición para llenar el coliseo y demostrar que la ciudad quiere toros. La Fiesta está amenazada de muerte en Vitoria, y mucho habrá que trabajar desde todas las instancias taurinas para que lo que en su momento fue “la puerta del norte” no se cierre de forma definitiva.

Un hierro codiciado por las figuras y tres matadores de diferentes estilos con un factor común: el interés de su toreo.

Sin embargo la respuesta en taquilla fue pobre, y el devenir de la tarde previsible, pues faltó el factor que hace del toreo un arte sublime: la emoción.

Dos son los factores que explican esta aparente paradoja: el primero es la proverbial nobleza del encierro que envió Borja Domecq, que parecía educado en la campiña británica mas que el los bellos llanos de Vejer; y el segundo la apatía de una afición en retroceso que contagió a los toreros de un cierto desánimo, lo que tiene repercusión evidente en la forma de sentir la inspiración.

Saltar a la arena del hormigonado multiusos, contemplar su simetría, la armonía de sus barreras, tendidos, gradas y vomitorios, y comprobar que los confortables escaños plásticos con más visibles que los rostros de los aficionados ávidos de toreo quebranta el ánimo del artista.

En un escenario así Diego Urdiales mostró en su primera lidia destellos de su toreo clásico, del que ostenta la cátedra, con series ajustadas, plenas de temple y aroma, que no prendieron en los tendidos, pues disfruta de una técnica tan precisa que parece que lo que hace delante del toro resulte fácil.

Alejandro Talavante, máximo exponente del hieratismo, instrumentó dos faenas en las que brillaron la quietud y el rigor, pasó a sus toros con verticalidad académica, pero sin el temple que requieren las tardes de triunfo. El público espera más de este torero pues conoce la magia que es capaz de desplegar en las tardes de pasión y gloria.

Roca Rey, nueva sensación del toreo, jugó su papel con fidelidad, valiente y voluntarioso. Meció los brazos a la verónica, lanceó con variedad y pisó terrenos comprometidos en los tercios de muerte, mas los toros de Jandilla parecían enemigos menores ante la talla de su matador. El público, que encontró notas épicas en su segunda faena, demandó del palco mayor recompensa, pero el presidente valoró la colocación del estoque más que el arrojo del toreo y denegó la segunda oreja que le franquearía la puerta grande.

Una tarde con cuatro trofeos que no será memorable.

Una tarde en la que la “puerta del norte” giró unos grados más, por efecto de los vientos dominantes, en una dirección que no conviene a la Fiesta.

 

Reseña:

 

Multiusos de Vitoria, cinco de agosto de 2016, un tercio de plaza en tarde soleada.

Toros de Jandilla, flojos y nobles; y Vegahermosa (primero) bravo. Todos ellos con edad y terciados. En quinto lugar se jugó un ejemplar de Jandilla tras ser rechazado uno de Vegahermosa por cojo.

 

Diego Urdiales, de azul cobalto y pasamanería blanca: Estocada (oreja); Pinchazo hondo y dos golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Alejandro Talavante, de malva y oro: Estocada (oreja); Cinco pinchazos y estocada casi entera (silencio)

 

Roca Rey, de azul marino y oro: Estocada caída (oreja); Estocada caída (oreja)

 

Incidencias: Antes del festejo se realizó una concentración de aficionados en los aledaños del coso bajo el lema “Prohibido prohibir”.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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