La transfiguración de Sergio Serrano.

Sergio Serrano entró ayer en el patio de cuadrillas azpeitiarra siendo un chico de Albacete, y tres horas después, salió a hombros con honores de héroe. Es la magia del toreo, capaz de pagar con gloria el arte y el valor.

Muchos fueron los acontecimientos que mediaron entre uno y otro instante, si bien pueden resumirse con dos palabras: tarde épica.

Resultó capital que Don Fernando Cuadri mandara un encierro con trapío, romana, casta, dureza y nobleza. Los enormes toros negros de Trigueros plantaron pelea en todos los tercios y castigaron con rigor los errores de los lidiadores, a los que pusieron en dificultades en los primeros tercios, y no los mandaron antes al hule porque el patrocinador de la feria, San Ignacio, debía estar acreditado en el callejón.

Paulita toreó con gusto y empaque a un noble toro negro, se permitió mecer la verónica con regusto de toreo caro, corrió la mano al natural con aroma de romero y ensayó la estocada dos veces, primero un pinchazo, que debió avisar a su antagonista, y después una estocada entera a cambio de una cornada en el cuello.

Pérez Mota vino dispuesto a triunfar, mostró una magnífica disposición y conocimiento del oficio, ganó una oreja del segundo, y tal vez hubiera encontrado un nuevo trofeo del cuarto si no llega a recibir una terrible cogida en la suerte de matar que le esculpió tres trayectorias en su muslo derecho.

En ese instante había aún tres toros vivos, la enfermería colapsada, atmósfera densa de tragedia, y un leve sirimiri que desprendía el contundente cielo cárdeno del Urola.

Lo que pasa en la mente de un torero modesto y poco experimentado sólo él lo sabe, si bien sus actos posteriores mostraron tal determinación y entereza que cabe hablar de un torero cabal, confiado en su talento, con la seguridad absoluta de llegar a ser un torero importante. La diferencia entre los que lo intentan y los que lo consiguen es, a menudo, la determinación. Sergio Serrano la tiene y llegará a alcanzar la meta.

Cuando la tarde alcanzó su clímax épico y la bruma descendía de las cumbres, entre susurros, rumores y aromas a formol, Sergio Serrano se hizo dueño del albero, se estiró en los recibos de capa, especialmente con el sexto, un Zapato abanto de 675 kilos y un trapío como no se ve en la mayoría de las plazas de primera; condujo dominador a los toros a la jurisdicción de los picadores; pasó de muleta con ambas manos haciendo gala de un admirable valor sereno, dibujó el natural con hondura, condujo en redondo y remató ambas faenas con ceñidas manoletinas, en algunas de las cuales fue golpeado en los muslos por la pala del pitón. Armó estoques, esbozó perfil de matador de ley, y dejó una certera estocada en el hoyo de las agujas del pavoroso toro sexto de Comeuñas.

Sergio Serrano dio ayer una lección de torería que impresionó al público Guipuzcoano. Su gesta quedará en la memoria de los que allí estuvimos, pues él, sus dos compañeros y el ganadero brindaron una tarde épica, con tres titanes que quisieron engendrar arte y seis nobles fieras que pretendían vender muy cara su vida.

Reseña:

Plaza de toros de Azpeitia, 31 de julio de 2015, tres cuartos del aforo en tarde húmeda y plomiza.

Toros de Cuadri de impresionante trapío y romana, encastados, duros y nobles.

Paulita: Pinchazo y estocada; corneado en el cuello no pudo continuar la lidia; ovación que recoge su cuadrilla.

Pérez Mota: Estocada, oreja. Estocada saliendo herido con tres trayectorias en el muslo derecho, ovación que recoge su cuadrilla.

Sergio Serrano: Silencio tras aviso. Ovación. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros.

 

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