La verdad y nada más que la verdad.

En poco más de dos horas de ritual se descifraron de forma categórica sobre el albero vitoriano los arcanos fundamentales de la Tauromaquia eterna, que, como saben los aficionados, son dos: la encastada nobleza del toro y el valor sereno del torero para aceptar sus envites y recrear el arte de torear. Y todo desde la más natural autenticidad. Ayer, contra el pronóstico de la oficialidad, se dictó una clase magistral de Tauromaquia que muchos debieron vivir, pues no abunda en el orbe taurino este tipo de magisterio.

El coso del Puente de las Trianas y los quinientos irreductibles que allí nos citamos fuimos testigos privilegiados de cómo el hierro portugués de Palha envió un lote de excelente presentación, con edad, romana, morrillo prominente, musculada culata, cabos finos, capas negras y burracas, exuberante arboladura y diamantinos pitones. La selección de los cruces que el ganadero de Santarem hizo cinco, seis y hasta siete años atrás debió ser adecuada pues los toros mostraron un comportamiento ejemplar desde que Sánchez Vara se abrió de capa hasta que Joselillo asestó la última estocada entrando por derecho a toma y daca, brillando la casta brava en cada embroque, que no desbordó a los toreros pues son dos auténticos jabatos. Bravura hubo para satisfacer a los más exigentes y si no refulgió más fue porque los montados propinaron un puyazo muy bajo al primero y otro muy sangrado junto a chiqueros al segundo, que desmembró al toro e desaconsejó nuevas entradas al peto.

Los toreros hicieron honor a su sacerdocio, desafiando la profunda embestida de los toros con gallardía y determinación, ciñendo verónicas, chicuelinas, naturales y hasta largas cambiadas, realizando el toreo fundamental con solvencia lidiadora y fases de inspirada ligazón que llegaron al corazón del aficionado, que salió del coso con la impresión de haber asistido a la recreación del arte secular de lidiar toros con majeza y emoción.

Larga vida a la Tauromaquia, a los ganaderos exigentes y a los toreros con corazón guerrero y alma de artista.

Reseña:

Plaza de toros de Vitoria, siete de agosto de 2014, menos de un décimo del aforo en tarde calurosa.

Toros de Palha hondos, serios, bien armados, encastados, bravos  y nobles.

Sánchez Vara: Vuelta, oreja y oreja.

Joselillo: Ovación, silencio y oreja.

Los matadores invitaron al mayoral a saludar desde el ruedo cuando abandonaban la plaza entre las calurosas ovaciones del público.

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *