Neotauromaquia cum laude.

La conjunción de elementos que pudo observarse ayer en el multiusos Iradier Arena y zonas colindantes es la perfecta síntesis de la Neotauromaquia que perpetran de modo sistemático e impune los prohombres de la fiesta en ferias y corridas conmemorativas.

A no más de cincuenta metros del recinto se manifestaban los anti, pancartas, silbidos, insultos, palabra gruesa, miradas desafiantes y amenazas. Todo con la connivencia de la autoridad, que observa la fiesta de toros como objeto político, que conviene esté agitado para poder obtener de él réditos electorales.

En el interior del moderno multiusos, con cubierta abatible y cómodos asientos plásticos sobre estructura de hormigón, no más de un cuarto ocupado, lo que significa que no llegaron a dos mil los espectadores del evento, dispuestos a aplaudir cualquier suceso, como que un torero se quitara las zapatillas, y solícito para la ovación y petición de trofeos.

Desde chiqueros fueron saliendo de forma sucesiva seis bóvidos de discreta presencia, débiles, descastados y aborregados. Su falta de codicia fue tal que cuando el primero, por error, cogió a su lidiador por la corva, no hizo ademán alguno de echárselo a los lomos, y menos aún de cornear, tal y como hubiera sido la obligación de un ejemplar de casta brava, sino de soltar la presa y huir de tan embarazosa situación.

Los montados practicaron con gran pericia la suerte de picar de la moderna tauromaquia, ora el monopuyazo, ora el picotazo, según fuera la catadura del bóvido de turno, dejando que el animal tope contra en peto y después aplicando la puya según conviniera al caso.

Las cuadrillas se afanaron en liquidar el segundo tercio sin hacer emplearse al astado, evitando carreras y clavando trasero, pues era ya evidente que los cuadrúpedos besarían la arena a la menor contrariedad.

En este contexto fueron los espadas quienes aplicaron los primeros auxilios a sus antagonistas, recetando pases a media altura y por fuera para no quebrantar más la delicada condición de los de capa negra, y estocadas traseras, salvo alguna excepción, para evitar fulminar a los astados en tiempo breve.

Sebastián Castella, arrojado torero, muletero solvente; Iván Fandiño, señor de Madrid y mejor estoque de España; Alejandro Talavante, torero de múltiples registros, tocado por el duende de los toreros grandes; vinieron al multiusos a abatir unos bóvidos con pretensiones de lucimiento  y cobrar unos euros, mas viendo lo que se vio y escuchando lo que se escuchó, se duda que consiguieran esto último, pues la incertidumbre económica es también suerte de la moderna tauromaquia.

Reseña:

Multiusos Iradier Arena de Vitoria. Martes 5 de agosto. Menos de un cuarto de entrada en tarde soledada.

Bóvidos de Albarreal : Terciados, sin remate ni romana, descastados, débiles y claudicantes.

Sebastián Castella: Ovación y saludos en ambos con un aviso en el cuarto.

Iván Fandiño: Ovación con petición y oreja.

Alejandro Talavante: Silencio y palmas.

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