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Emilio de Justo matador de toros

Este hombre de rostro enjuto, mirada grave y fina figura, lidia con el rigor que se atribuye a su condición de matador de toros, recreando la tauromaquia clásica, sin efectismo, que le confiere el rango de artista.

Comparece en los patios de cuadrillas, habitualmente vestido de marino y oro, se aloja en un lugar discreto, departe con quien se le acerca, cuando se cumple la hora se cala despacioso la montera, se lía la seda de paseo y ya está su corazón palpitando al compás de la faena que le dicta su inspiración.

Recibe con garbo, dirige la lidia, dosifica el castigo, ordena sin estridencias a sus peones y se apresta a tomar la franela y el acero citándose con el estro cada tarde sin importar el nombre de la plaza ni la divisa que lucen los toros al saltar a la arena.

Hoy en el diminuto coso de Azpeitia ha impartido otra clase de sobriedad en las formas y conocimiento en el fondo, pues ha lidiado con sentido de los terrenos, ha propiciado las distancias adecuadas, y ha jugado los brazos con el temple de torero capaz y el brillo que otorga la ligazón. Para que el milagro genuino del toreo sea posible es necesario además que salgan de chiqueros astados de encastada nobleza, como ha sido el caso del envío que hizo el viernes Lucas Carrasco, en tipo santacolomeño, en capas cárdenas, de alzada justa, equilibrados de carnes, con miradas de azabache, fijeza en los engaños, prontitud en la embestida, codicia y casta para perseguir los señuelos con la firme intención coger. Los jugados hoy han llegado además a la suerte suprema con carbón para oficiar más lidia y bravura para desafiar a cualquiera, ya fuera a pie o a caballo, en una demostración positiva de que la alquimia de la casta es el fundamento del toreo.

De Justo hubo de padecer la lesión en la mano izquierda del primero de la tarde, el único fuera de tipo y de comportamiento menos animoso, y disfrutar del cuarto, un ejemplar bello y bravo al que dio fiesta premiada con dos orejas de ley. La estocada a toma y daca, tirándose con su pureza habitual, ganando el hoyo de las agujas sin importar el precio, saliendo trompicado y dolorido, es la declaración de intenciones más cabal de lo que pretende este torero.

Juan del Álamo brilló en su primer turno ante un encastado toro de Ana Romero, doblándose por bajo, templando al natural y en redondo, ensayando el molinete, ligando una faena hermosa, coronada con una estocada bien ejecutada mas algo tendida que cotizó un trofeo de la afición azpeitiarra. Su segundo exigía un terreno comprometido y un remate por bajo en cada embroque que no ofreció el matador, pese a lo cual terminó saludando desde el tercio.

Luis David trató de imponer lidias encimistas a toros encastados que acometen de forma natural desde la media distancia, trapaceó en redondo, porfió naturales, ejecutó bernadinas destempladas y mostró al paciente público del Urola Kosta una de las más inquietantes ecuaciones del toreo: no por dar más pases se ha toreado más.

 

 

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 29 de julio de 2018, tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y nubosa.

 

Toros de Ana Romero, de bella estampa, en el tipo de la casa, en capas cárdenas. Bravos. Primero: Negro entrepelado salpicado, atacado. Un puyazo. Flojo y noble. Se lesiona en la mano izquierda durante la faena de muleta. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Cárdeno obscuro bragado. Un puyazo. Encastado y noble. Ovavión. Tercero: Cárdeno y entipado. Palmas de salida. Un duro puyazo. Noble y encastado. Palmas. Cuarto: Cárdeno de armónicas hechuras. Ovacionado de salida. Devuelto por flojo. Cuarto bis: Cárdeno y entipado. Un puyazo. Noble y encastado. Ovación. Quinto: Cárdeno y cuajado. Un duro puyazo. Noble y encastado. Ovación al arrastre. Sexto: Cárdeno obscuro. Un fuerte puyazo rectificando. Encastado. Palmas.

 

Emilio de Justo, de marino y oro: Gran estocada (palmas). Gran estocada saliendo trompicado (dos orejas).

 

Juan del Álamo, de primera comunión y oro: Estocada tendida (oreja). Metisaca muy bajo y estocada casi entera (ovación y saludos).

 

Luis David, de teja y oro: Tres pinchazos, uno más hondo y un golpe de descabello (silencio tras aviso). Estocada delantera contraria y tres golpes de descabello (silencio tras aviso).

 

 

Incidencias:

 

Primera corrida de la Feria de San Ignacio.

La ganadería anunciada fue premiada en los prolegómenos por su comparecencia del año precedente.

La Comisión Taurina de Azpeitia agradeció por megafonía al público francés su sólido y sostenido compromiso un año más con la feria.

Emilio de Justo abandonó la plaza a hombros.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

La casta de Cuadri

El toro de Cuadri es el más reconocible del campo bravo, pues tiene un fenotipo muy específico y diferente al de cualquier otro hierro.

El toro de Cuadri tiene romana, es hondo, corpudo, badanudo, musculado, carifosco, viste de negro o de colorado muy vivo, gasta cornamentas casi negras, gruesas en la mazorca, acucharadas, habitualmente bizcas del izquierdo, y siempre astifinas.

Cuando salta a la arena lo hace impetuoso, dejando tras de si una nube de polvo fino, acometiendo a los capotes que flamean cerca de los burladeros, a veces rematando con saña en los tableros, ganado el centro del ruedo y con él la jurisdicción sobre cuanto ose pisar el albero.

Lo que ocurre a partir de ese instante tiene un elemento común, la casta, que puede manifestarse indómita, mas ayer, en el diminuto coso de Azpeitia, el ganadero de Trigueros hizo un alarde de conocimientos sobre genética y envío un encierro con cuatro toros fieros y dos de contrastada nobleza.

Paulita tuvo el privilegio de lidiar con los de mejor condición, y en su primero mostró su toreo clásico y profundo, embarcando con pureza, corriendo la mano con verdad, rematando según los registros que los más grandes han convertido en canon. Paulita es un torero de concepto ortodoxo, dueño de una técnica envidiable, de rostro agitanado y expresión solemne, gesto grave y postura aflamencada. Viste con una elegancia que conmueve y engendra el toreo sin reparar en el trapío y la genealogía de sus oponentes. La oreja ganada esta tarde corrobora el éxito del año precedente, en que realizó la mejor faena de la feria, y debe avalar su Tauromaquia para figurar en carteles importantes, con toreros también de esencia.

Bajo el pecho de Alberto Lamelas late con desatada emoción uno de los corazones más vitales del actual escalafón. Su carácter se ha curtido entre el fuego de su pasión y el formol de terribles cornadas, mas nunca se arredra y tiene el triunfo por bandera, pues las pocas oportunidades de que disfruta son para él eventos gloriosos. Esta tarde ha ensayado su toreo entregado en cada pasaje de la lidia, recibiendo de rodillas, quitando por verónicas, ciñendo naturales, embarcando en redondo y tirándose a matar como si cada toro fuera el último de su vida. El éxito no le ha sonreído, sin que por ello haya mermado su compromiso con el toreo, ni su ilusión por ganar nuevos contratos.

Sebastián Ritter es el valor. En los mentideros azpeitiarras se comentaba antes de la corrida que su presencia en los carteles se debía a un quite providencial que le hizo a cuerpo limpio a Curro Díaz, poderdante del empresario, en un momento de gran apuro vivido en Las Ventas meses atrás. Esta tarde ha solemnizado sus series con sentidos prolegómenos, aceptado todos los envites de sus fieros toros, y protagonizado un toreo encimista de riesgo evidente. El mérito de este matador se comprende al saber que el de esta tarde ha sido su primer paseíllo de la temporada.

La feria de Azpeitia sigue siendo excepcional, pues se juegan toros de míticas divisas, con casta y trapío de plaza de primera, dando oportunidades a toreros modestos que asumen la responsabilidad, y quedan eternamente agradecidos a la generosidad del empresario, y al respeto del público.

Larga vida a Azpeitia.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 31 de julio de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Celestino Cuadri, de impresionante trapío, corpudos, badanudos, con romana y proporcionadas arboladuras; todos negros salvo el cuarto colorado. Primero: Un puyazo y un picotazo, noble y encastado. Segundo: Dos puyazos, incierto, duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Dos puyazos, duro, encastado y fiero. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; noble y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Devuelto por cojo. Quinto bis: Un puyazo; duro y encastado, de viaje corto. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Paulita, de nazareno y azabache: Estocada trasera (oreja). Dos pinchazos, estocada casi entera y tres golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Alberto Lamelas, de azul marino y oro: Estocada perpendicular y seis golpes de descabello (silencio tras aviso). Estocada contraria y dos golpes de descabello (ovación y saludos).

 

Sebastián Ritter, de grana y oro: Bajonazo (ovación y saludos). Estocada caída delantera (ovación y saludos)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega a Paulita del premio a la mejor faena de 2016

Tercera y última corrida de una feria que, un año más, ha generado un alto interés, y ha producido un resultado artístico muy notable.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El toro de Azpeitia

El toro de Azpeitia viene del campo marcado con hierros de brava tradición, astas de pedernal y músculo acerado, luciendo el trapío proporcional a su encaste. Salta a la arena impoluto, desprovisto de crotales, pues va a ser el protagonista del más bello de los ritos, ya que va a escenificar su propia muerte, y vende cara su vida ante los pocos toreros que se atreven a anunciarse en la feria de San Ignacio.

El toro de Azpeitia ha sido seleccionado un año antes por los miembros de la Comisión Taurina atendiendo al momento de la ganadería, su genealogía y su fenotipo, ha recibido al menos tres visitas en el campo, para observar su crecimiento y certificar su salud. Se embarca según la serie de números que reza el papelillo de Joxin Iriarte, con o sin veedores, pues éstos pueden ir o dejar de ir, ya que indefectiblemente lo que se ha reseñado es lo que se lidiará.

La corrida de Ana Romero jugada esta tarde en el diminuto coso azpeitiarra es el paradigma perfecto de cuanto se dice. Saltan a la arena codiciosos, al galope furioso, buscando cualquier indicio de movimiento en el ruedo para acometer. Enseñorean su figura, ya sea cárdena en sus diversas gamas o negra, y ya está el público aplaudiendo reconociendo su armónico trapío. Saludan a los toreros con encastada codicia en los lances de capa, y ya tienen la vista puesta en las cabalgaduras que les someten a exhaustivo examen. Persiguen a banderilleros con la comprensible intención de coger, y llegan al último tercio conjurados para la cruenta pelea. Trastear a toros de esta condición nunca fue tarea fácil, pues miden y se orientan, y sólo quienes aplican con rigor el teorema de las distancias y los tiempos salen de la plaza por su propio pie, en algunos casos con las orejas en la mano, y una sensación de dominio indescriptible.

Los espadas anunciados les dieron fiesta según la catadura de cada toro y el estilo propio del matador.

Curro Díaz, aún magullado por la terrible cogida de la víspera, volvió a acariciar el aire fresco que bajaba del Izarraitz conduciendo con su muletilla la impetuosa embestida de los dos toros negros que le deparó el sorteo. Cuando pudo templó con el embrujo que emana de sus muñecas, con pases de ensueño, y cuando no aplicó lidias valerosas demostrando que aúna como pocos el arte y el valor de los toreros clásicos.

David Mora volvió a mostrar su torero poderoso, adintelado, férreo por momentos, sólido, con los pies firmes sobre el albero, y dos brazos musculados que marcan pases largos y templados. Ganó dos emotivos combates pasándose los pitones rozando la taleguilla en vertiginosos cuerpo a cuerpo.

Borja Jiménez, el discípulo aventajado del maestro Espartaco, ya demostró un año atrás con toros de este mismo hierro y similar condición, que lo que más le satisface es desafiar a la casta brava, y construir un discurso lleno de pinturería, paso breve y vuelos generosos de los señuelos. Llueva o truene se pone en el sitio adecuado y pasa de muleta a sus antagonistas con asombrosa determinación, en obras de inspiración barroca, paradigma de la escuela sevillana. La levedad de su anatomía contrasta con la grandeza de su corazón de torero importante, que tiene libreto, tiempo para desgranarlo, e ilusión para entusiasmar al aficionado cabal.

El toro de Azpeitia pone a cada uno en su lugar, y esta tarde los tres espadas se acercan aún más al sitio que por inspiración, refinada técnica, y pinturería les corresponde, lidiando sin ambages, y creando todo el arte que cabía entre los pitones diamantinos de los toros de Santa Coloma.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 30 de julio de 2017, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Ana Romero, de excelente presentación, con el cuajo y trapío propios de su encaste, en capas negras y cárdenas. Bravos y encastados en diversas versiones. Primero: Dos puyazos, el primero con espectacular derribo; encastado, por momentos brusco, sin descolgar. Palmas en el arrastre. Segundo: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos; bravo y encastado. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; bravo y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Dos puyazos; duro, encastado y orientado. Leves pitos en el arrastre. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Curro Díaz, de coral y oro: Tres pinchazos y estocada caída (silencio). Estocada hasta la virola (oreja)

 

David Mora, de tabaco y oro: Estocada trasera (oreja). Estocada caída (ovación y saludos).

 

Borja Jiménez, de primera comunión y oro: Estocada casi entera desprendida trasera (oreja). Pinchazo y pinchazo hondo (silencio)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega al mayoral de la ganadería del premio al toro más bravo de 2016

La banda de música ofreció un auténtico concierto de pasodobles, con ritmo y sentimiento torero.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Razón y emoción

Tres figuras anunciadas en el cartel, tres estilos, tres maneras de entender la vida y el toro, tres orígenes, tres trayectorias y tres retóricas distintas.

Si atendemos a la razón el triunfador de la tarde fue, de manera rotunda, Miguel Ángel Perera, quien no entiende de latitudes ni aforos, no sabe de caza menor, y se entrega cada tarde olvidándose de lo que hará mañana.

La seriedad que imprime a su toreo y el rictus con que acomete los avatares de la lidia le aportan aplomo y solemnidad. Perera domina a los toros con asombroso poderío, los conduce por donde quiere, con concepto trigonométrico, y les aplica una ecuación de terrenos y distancias que roza la perfección matemática.

Hoy, con la plaza conmocionada por la escalofriante cogida de Curro Díaz, se ha hecho cargo del toro primero y lo ha pasado de muleta con solvencia. Ha despachado al tercero con una faena sobria, y ha encendido la pasión ante un quinto toro encastado y codicioso, contraste perfecto para todos sus teoremas. Perera es la perfección técnica asistida por el compromiso de la razón.

El orbe taurino reconoce a Curro Díaz su profunda inspiración, la finura de su toreo, y una personalidad como pocas en el escalafón. Mas este torero es mucho más que eso. Es depositario además de un valor sereno que le permite ponerse donde le toro se entrega a sus muñecas o coge con saña. Ayer hubo de ambas. Trasteaba a su flojo primero cuando al salir de un remate el toro se quedó corto, vio al torero descubierto, lo prendió por el abdomen, tirándole dos derrotes, alzándolo al cielo en una pirueta que dio con el cuello del matador sobre el albero en escalofriante postura. Quedó exánime sobre la arena y el toro hizo por él, pasando los pitones cerca de la femoral y del rostro del torero, y no fue mayor el desastre porque los subalternos lo arrastraron tirando de una pierna, lo alejaron del toro y lo izaron con el rostro desencajado para conducirlo a la enfermería. En el ambiente quedó la dramática sensación de cogida grave, tal vez letal. El silencio se apropió de los tendidos ansiosos por recibir noticias del diestro herido. Cuando media hora más tarde enfiló de vuelta el callejón, justo antes de que el cuarto toro saltara a la arena, desprovisto de la chaquetilla, magullado, la plaza prorrumpió en una fuerte ovación de reconocimiento al indómito valor del hombre artista. Y fue en ese turno cuando Curro desplegó su libreto, y prendió en el aire de aromas de toreo caro. El leve aleteo de la muletilla de Curro condujo la ansiosa embestida, primero doblándose por bajo en una serie que valía la entrada, después en redondo, con mando, y al natural con temple y pausa de toreo de otra estirpe. Mató de media estocada delantera que valió una oreja, y el reconocimiento de una afición que ya lo tiene por uno de los suyos. Mañana tiene un nuevo compromiso con toros de Ana Romero y todos sabemos que no se conforma con lo que ayer ofreció en el coso azpeitiarra. Curro es la emoción desatada, pura pasión por el arte de torear.

Roca Rey reaparecía tras una grave cornada recibida días atrás en la Monumental de Pamplona, y todo parece indicar que aún no ha recuperado el sitio en el que desarrolla naturalmente sus argumentos. Trasteó con precauciones, tantas que su propio apoderado le pedía que diera un pasito más, sin que su toreo hueco prendiera en los tendidos. Tal vez más que distancia necesite tiempo.

La razón incontestable de Perera y la emoción desbordante de Curro Díaz mostraron ayer, en la plaza de Azpeitia, los diversos registros del toreo, escenificando una tarde memorable.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 29 de julio de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde soleada y calurosa.

 

Toros de Fuente Ymbro, bien presentados en diversas hechuras, con capas negras y castañas. Primero: Un puyazo; flojo y noble. Segundo: Un puyazo; se viene arriba al final de la faena, repetidor. Tercero: De perfil acarnerado; un marronazo y un puyazo; noble y codicioso. Cuarto: Dos puyazos; bravo, noble y codicioso. Quinto: Un puyazo; pronto, encastado y codicioso; muere con bravura; vuelta al ruedo. Sexto: Un puyazo; flojo y noble.

 

Curro Díaz, de turquesa y oro: Cogido de forma dramática en su primero, pasa a la enfermería inconsciente. Sale a matar el cuarto entre el clamor del público; media estocada caída (oreja)

 

Miguel Ángel Perera, de teja y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Pinchazo y estocada trasera (silencio). Gran estocada sufriendo un desarme y siendo perseguido con saña por el toro (dos orejas). Salió a hombros.

 

Roca Rey, de grana y oro: Cinco pinchazos, estocada delantera, tres golpes de descabello (silencio tras aviso). Pinchazo hondo, un golpe de descabello (ovación tras aviso)

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Iñaki Olaizola, miembro de la comisión taurina fallecido diez meses atrás.

Curro Díaz fue atendido en la enfermería de pérdida de conocimiento, fuertes contusiones y pinzamiento vertebral.

El quinto toro, de nombre Hostelero, ganó la vuelta al ruedo por su encastada pelea.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

La pasión de Curro

Este hombre de mirada profunda, rostro enjuto y finos cabos vive el arte de torear como pocos lo hacen en nuestro siglo, y contagia de su pasión desatada a cuantos contemplan su obra, que es efímera, pero también inmortal en la memoria.

Este hombre, que no puede explicar lo que es el toreo, pero sabe que es su vida, que lo necesita, y que es el mejor medio que ha encontrado para realizar lo que siente, lleva en su ánima el estigma de un creador de cante grande.

Este hombre, dueño de glorias, testigo de tragedias, pisa el albero con natural solemnidad, y se envuelve en un ritual que magnetiza a la afición, pues cada movimiento, por nimio que sea, está poseído por ese don indefinible que conocemos por torería.

Curro piensa, piensa mucho, sin que nadie alcance a saber qué idea merodea por su mente un instante antes de irse al toro y recrear, tarde tras tarde, la Tauromaquia, mas ha de ser una idea clara y recurrente, pues parece que inspira el perfeccionamiento.

Curro siente, siente mucho, y son sus emociones, tal vez confrontadas, el sustrato fértil sobre el que edifica obras de arte incomparables, plenas de fervor, tan etéreas e intensas como el propio fuego con el que forjó su carácter indómito.

Curro se trae el toro con un leve toque, echa a volar el señuelo y traza líneas imposibles que siempre acaban junto a la cadera, tangentes a su leve cuerpo.

Curro dispone su anatomía al servicio de la creación de belleza, sin artificios, sin ventajas, al dictado de sus sentimientos, sin tan siquiera pensar en la huida, pues sabe que cada embroque va a resolverse tal y como él ha soñado.

El diminuto coso de Azpeitia fue ayer el escenario elegido por el maestro para dictar una nueva clase de toreo emocional. Compareció vestido de primera comunión y oro, melena al viento, y pronto presentó sus credenciales: no hay reglas, no hay normas, sólo la emoción que brota de las entrañas en cada instante. El corazón de este hombre alberga tanto toreo que podría realizar tres lidias diferentes a cada toro, y todas serían distintas, e igualmente emotivas.

La faena al colorado que hizo segundo fue una ofrenda a las bellas artes, pues dibujó naturales con técnica impresionista, esculpió el toreo en redondo con series adinteladas, inspiró la creación literaria con su toreo al compás, y hasta algún arpegio pareció escucharse en las trincherillas de remate. El público azpeitiarra celebró con entusiasmo una propuesta tan colorista y reconoció los méritos del maestro con una clamorosa vuelta al ruedo con aroma de gran triunfo, que habría sido con las orejas en la mano de haber manejado con mayor destreza el estoque.

Este hombre, que se sabe privilegiado por hacer lo que hace, deja en la memoria la sensación de torero distinto, capaz de un arte tan personal que atrapa los corazones de los aficionados, algunos de los cuales salían de la plaza ensayando el natural y otros preguntándose dónde torea Curro el sábado. Es la pasión, la bendita pasión de Curro.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, uno de agosto de 2016. Lleno en tarde fresca y soleada. Toros de Pedraza de Yeltes, de capas coloradas y negras, con romana y trapío en diversos tipos. Primero y cuarto inciertos, de corto recorrido. Segundo y sexto nobles y encastados. Tercero y quinto con querencia marcada en las tablas. Se emplearon en varas con poder.

 

Rafaelillo, de grana y oro: Estocada y dos golpes de descabello (ovación y saludos); Dos pinchazos y estocada (ovación y saludos)

 

Curro Díaz, de primera comunión y oro: Pinchazo, estocada caída y dos golpes de descabello (clamorosa vuelta al ruedo); Pinchazo y estocada caída (ovación y saludos)

 

Joselito Adame, de malva y oro: Pinchazo, estocada y descabello (silencio); Pinchazo y estocada (oreja)

 

Incidencias: Gran ambiente en los tendidos pese a que la corrida fue retransmitida por una cadena de pago privada.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Paulita y Cuadri recrean la Tauromaquia

El centenario coso de Azpeitia fue ayer el marco perfecto para una nueva entrega del arte ancestral de lidiar toros en plaza.

Para que este evento pudiera producirse fue capital que don Fernando Cuadri enviara un lote de seis hercúleos toros azabache, cercanos a los seiscientos kilos, de acerada musculatura y pitones diamantinos. Salían los negros pupilos de Comeuñas del toril enseñoreando figura, acometiendo sin descanso, evidenciando el arcano de la casta que su propio criador recuerda cuando se le pregunta: “Un toro de casta embiste para coger, el descastado lo hace para que le dejen en paz”

Impulsados por su estirpe brava los toros arremetían con obstinación cuantos estímulos encontraran en su campo visual, ya fueran capotes, muletas, caballos o toreros, observando con escrúpulo las directrices de la casa que les patrocina.

Una corrida así exige grandes fajadores, y la terna entera mostró las razones por las que tienen un hueco en los carteles de San Ignacio y que aconsejó a la Comisión Taurina repetir la combinación de la edición precedente. Cabales lidiadores, guerreros de corazón, hombres tenaces, dominadores de sus emociones, artistas de fina sensibilidad; toreros en la más estricta acepción del término.

Pérez Mota ganó una oreja un año antes en este mismo albero, y tal vez no saliera por la puerta grande porque un hermano de estos toros le mandó a la enfermería con una cornada de tres trayectorias esculpidas a pedernal en el muslo derecho. Ayer ensayó el natural con clasicismo y toreó en redondo con hondura, mas su deficiente manejo del arma blanca le privó de la gloria que los aficionados guardaban en la memoria y acabará obteniendo, pues es torero de amplio registro.

Sergio Serrano, transfigurado en la feria del año precedente, pechó con dos fieras que buscaban al torero, se revolvían y tranqueaban siempre en corto, mostrando desde los primeros lances que iban a vender cara su vida. Por momentos parecían minotauros tratando de revertir el mito de Teseo. El torero les propuso dos lidias graves y generosas, ofreciéndoles ventaja en cada embroque, demostrando que no necesita artificios para emocionar al tendido y que ha venido al escalafón para quedarse, pues es un torero de hondo sentido.

Paulita, triunfador de la tarde, hizo el toreo caro. Desde que se abrió de capa con gesto solemne, hasta que salió a hombros, actuó con majeza y naturalidad, con un regusto clásico, privilegio exclusivo de media docena de toreros contemporáneos. Recibió a sus oponentes, auténticos obuses al principio de la lidia, con verónicas ajustadas, sin probaturas, ganando terreno al toro, y rematando en su segundo con lances de fantasía que arrancaron un sentida ovación. Pasó de muleta con ajuste, pisando terrenos en los que decide el toro, templando la embestida en tandas de naturales plenas de pureza y de hondura. Toreó despacio, atemperando la fiereza, cargando por momentos la suerte, con pausa propia de torero de muchas ferias. Se tiró a matar con arrojo cobrando dos estocadas a pecho descubierto que el público azpeitiarra reconoció con sendas orejas. Paulita probó la hiel un año atrás en forma de cornada en el cuello, y ayer disfrutó del honor y la gloria de un triunfo de ley. Esa es la verdad del toreo.

En Azpeitia volvieron a conjugarse la encastada nobleza de seis temibles fieras con el arte valeroso de tres generosos jóvenes, y como por ensalmo surgió la Tauromaquia.

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, treinta y uno de julio de 2016. Tres cuartas partes del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza. Toros de Celestino Cuadri, negros, musculados, con romana y trapío de plaza de primera, encastados, poderosos y nobles.

 

Paulita, de malva y oro: Estocada (oreja); Estocada saliendo trompicado (oreja)

 

Pérez Mota, de azul marino y oro: Dos pinchazos, estocada trasera caída, seis golpes de descabello (silencio tras aviso); Tres pinchazos y cinco golpes de descabello (silencio tras aviso)

 

Sergio Serrano, de tabaco y oro: Estocada baja trasera (ovación y saludos); Dos pinchazos, metisaca y estocada casi entera caída (ovación tras dos avisos)

 

Incidencias: Paulita fue izado a hombros y conducido al coche de cuadrillas entre el fervor de la afición.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Naumaquia

La cartelería anunciaba para ayer en la plaza de toros de Azpeitia un espectáculo de tauromaquia y lo que se vivió fue una bellísima entrega de naumaquia.

La Comisión Taurina no deja de sorprendernos.

Hicieron el paseo tres centuriones seguidos de sus respectivas legiones y sus caballerías pesadas, y no habían ganado bien el tercio cuando ya eran conscientes de que habrían hecho mejor en mandar a la armada.

La puesta en escena fue impecable. No hizo falta que el emperador Diomiciano cediera la palabra a uno de sus generales para explicar al pueblo la batalla que iba a librarse, pues Juan Bautista, que ya triunfó aquí un año atrás, recibió al primero de Ana Romero y pronto mostró cómo iba a ser el combate: toros bravos y nobles para toreros bien dispuestos.

Tampoco que El César diera orden de abrir las compuertas subterráneas para inundar el circo, pues las nubes que ayer abrazaban al Izarraitz, y las brisas húmedas que venían de Deba descargaron con saña sobre el coso y pronto quedó en perfecto estado para la navegación.

Ni siquiera hubo opción de que Tácito, con sus grandes dotes para la oratoria, planteara la suspensión del rito, pues ni al gran Tito Livio le habrían tolerado semejante afrenta. Cónsules, pretores y tribunos observaban el coliseo sin inmutarse, como gladiadores que saben que la batalla ha de librarse sin importar en qué condiciones.

Para dotar de mayor realismo a la performance la Comisión dispuso que tronara como si el cercano Kakueta fuera a entrar en erupción, aportando notas épicas a la escena, más propias de Pompeya que de Vasconia.

En un escenario así de fascinante, la naumaquia se desarrolló con absoluta naturalidad, como si la afición, acostumbrada a las lluvias, presenciara ofrendas así cada sábado de verano.

Los oficiantes mostraron consumada habilidad en la navegación, desplazándose sobre la superficie marina con seguridad de almirantes, hasta el punto que en más de dos horas de función ninguno zozobró.

Las naves acorazadas, las de mayor envergadura, confrontaban su proa con las de las embarcaciones cárdenas que adivinaban entre la bruma, aplicando un desgaste proporcionado ante su impetuosa cometida.

Juan Bautista planteó la lidia cerca de la orilla y realizó dos faenas plenas de oficio, pues es antiguo ya en la milicia, y tuvo a bien finalizar su segunda batalla en la suerte de recibir, posiblemente aprovechando la inercia que los cuerpos flotantes tienen sobre el agua.

Daniel Luque cobró una oreja de su primero y no fue más didáctico en su segundo porque el enemigo desarrolló sentido, tal vez orientado por el sextante que, ayer se descubrió, portan en el morrillo los finos cárdenos de Ana Romero.

Borja Jiménez dispuso la lucha allá donde las aguas eran más procelosas, porfió a babor y estribor, condujo a las naves enemigas hacia terrenos ventajosos con instinto de estratega, si bien falló en el abordaje final, pues es lego en el manejo de arma blanca, y habrá de pasar por la academia de Espartaco, viejo gladiador, si quiere lucir galones de prefecto.

 

El cuaderno de bitácora recoge a estas horas que la singladura se desarrolló sin novedad, y la recreación de la batalla de Ecnomo, clave en la primera guerra Púnica, fue un éxito. El honor de Roma y Cartago permanecen intactos.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, treinta de julio de 2016. Más de media entrada en tarde tormentosa. Toros de Ana Romero, bien presentados, en tipo Santacoloma, nobles y bravos. Dos de ellos aplaudidos de salida y cuatro en el arrastre.

 

Juan Bautista, de azul marino y oro: Estocada tendida (silencio tras aviso); Dos pinchazos hondos en la suerte de recibir, un pinchazo hondo al volapié (ovación y saludos tras dos avisos)

 

Daniel Luque, de rioja y oro: Estocada delantera y caída (oreja); Bajonazo y un golpe de descabello (ovación y saludos)

 

Borja Jiménez (de primera comunión y oro): Dos pinchazos hondos, media estocada y tres golpes de descabello (ovación y saludos) Pinchazo, media estocada, media estocada (vuelta al ruedo tras aviso)

 

Incidencias: Lluvia torrencial durante la lidia de los toros segundo, tercero y cuarto que inundó el ruedo, ante lo cual se decidió recrear la batalla de Ecnomo reeditando las añejas naumaquias.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Las claves del Éxito de Azpeitia, la feria diferente.

En un tiempo en que se prohíben ferias, se cierran plazas, se acosa a los aficionados, y se asiste pasivamente a la agonía de cosos centenarios, la Feria de Azpeitia ha celebrado un ejercicio más, disfrutando del narcótico aroma del éxito.

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El valor de cuanto se dice es enorme, ya que además se desarrolla en una situación especialmente desfavorable, como demuestran los siguientes datos objetivos: tiene lugar en una población de 14.000 habitantes, gobernada por una coalición radical de corte antitaurino, sin figuras en el cartel, en una plaza de no más de 3.500 asientos, con un presupuesto muy limitado, sin apoyos mediáticos de envergadura, ni, por supuesto, subvenciones públicas.

Analizar la situación y explicitar las causas de este extraño éxito es un ejercicio saludable, por cuanto que otras Ferias bien podrían obtener valiosas conclusiones que pueden mejorar su futuro.

Primero: La cultura como elemento vertebrador.

Hace siglos, tal vez milenios que Azpeitia tiene su propio modo de vivir la Tauromaquia. El carácter de sus gentes, lo abrupto del paisaje, su estilo de vida ancestral componen su idiosincrasia, hasta el punto que puede hablarse de un modo de vivir la fiesta específico y diferenciado de otras tierras. Allá el arrojo y el esfuerzo son valores superiores a la inspiración y la pinturería. Allá se va a la plaza sin saber bien quién torea, y no es extraño que en el ecuador de la corrida un espectador pregunte quién es el de grana y oro. Allá se celebran festejos populares como la sokamuturra, los encierros y las vaquillas para los más pequeños, como garantía de continuidad cultural. Allá se vive el toro como algo natural, ceremonial y festivo al alcance de todos.

Azpeitia ha perpetuado la bella tradición de interpretar, a la muerte del tercer toro, el zortziko de Aldalur, música fúnebre en honor al banderillero muerto lustros atrás. Solemne acto en el que los toreros permanecen inmóviles y toda la concurrencia escucha de pie y en silencio los acorde tristes que ataca la banda. Es uno de esos momentos mágicos, mitad recuerdo y mitad promesa, en los que sólo cabe la emoción.

Las raíces culturales de la Tauromaquia en Azpeitia son profundas, se han preservado a lo largo de los años, y son compartidas por sus gentes, sin diferencias por edad, credo o estatus económico.

Segundo: la apuesta por un modelo diferenciador.

La normalidad es una nulidad y por eso es necesario ofrecer al cliente algo distinto, con señas de identidad propias, que facilite la diferenciación. Además es preciso apostar por este modelo con convicción y en el largo plazo. La Feria de Azpeitia ha cincelado un nuevo paradigma, basado en el rigor, alejado del modelo seriado con nombres de abolengo, para los que comparecer sobre el albero azpeitiarra no representaría reto alguno. La cartelería de los últimos años anuncia divisas como Palha, Adolfo Martín, José Escolar, Valdellán, Ana Romero, Pedraza de Yeltes y nombres como Sergio Serrano, Alberto Aguilar, Paulita, Miguel Ángel Delgado, Morenito de Aranda, Javier Castaño, Manuel Escribano, Juan del Álamo, Sánchez Mora, Pérez Mota. Hay que remontarse en el tiempo para encontrar toreros como El Cid o José María Manzanares, diestros con indudables méritos, pero, en muchas tardes, menor disposición que los citados. La transición hacia este nuevo modelo fue larga y complicada, con temporadas en las que se rayaron las pérdidas, si bien la fe inquebrantable de la Comisión Taurina ha hecho posible el actual estatus de Feria señera.

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Tercero: El toro como piedra angular de la Fiesta.

La selección del toro en Azpeitia es rigurosa. El presidente de la Comisión hace cabal seguimiento de las divisas de mayor solera, recibe vídeos y fotografías, dialoga con ganaderos, escruta genealogías, y elige las tres que mejor se adaptan a la cultura de la plaza. Una vez seleccionadas viaja a la dehesa al menos tres veces, una en diciembre, otra en abril y una más en julio para supervisar las labores de embarque, no vaya a ocurrir que suban al camión toros no reseñados.

En Azpeitia primero se compran las corridas y después se habla con los toreros que estén dispuestos a matarlas. No hay veedores, y si los hay lo hacen a título meramente informativo, pues la Comisión jamás permite injerencias en este terreno.

Días antes del inicio de la Feria, la Comisión, orgullosa de su trabajo, desencajona las corridas en un acto público al que asisten multitud de aficionados, y también de no aficionados, para los que la efigie del toro es un símbolo sagrado. Claro indicio de transparencia, pues el público pude comprobar el trapío de los toros antes de retirar sus entradas, aún a riesgo de lesiones o inutilización de los pitones.

La presentación de las reses es impecable. Trapío, romana y casta es la trilogía que mejor define al toro de Azpeitia que, con frecuencia, no tiene nada que envidiar al de Pamplona e incluso al de Madrid. Se consagra la variedad de encastes como un valor, hasta el límite de conseguir anunciar en tres tardes tres hierros de tres encastes diferentes.

Los toros saltan a albero liberados de crotales, identificativo poco digno de un instante trascendente, limpios de capas, siempre en tipo de su encaste, lustrosos, enseñoreando su figura por el diminuto ruedo, con frecuencia causando admiración en los tendidos y arrancando ovaciones de salida.

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Cuarto: Los toreros no seriados.

Llegarse a Azpeitia, alojarse en sencillos hoteles, respirar el aire fresco y húmedo de agosto, pasar inadvertido para la inmensa mayoría de la gente, mezclarse con personas de diversa condición, pisar el modesto patio de cuadrillas, mirar al tendido y divisar en la lejanía las cumbres de Izarraitz es, para un torero, una experiencia reparadora. Saber qué tipo de toro espera en los chiqueros quebranta el ánimo, mas quienes pisan el albero de este coso saben que repetirán si triunfan, y que la indolencia será castigada con el ostracismo. Torear en Azpeitia es perder la noción del calendario e ignorar cuando se volverá a vestir de luces.

Anunciarse en la Feria de San Ignacio es un honor, y al mismo tiempo una oportunidad de demostrar que se está en disposición de lidiar en cualquier rincón del orbe taurino.

Quinto: El modelo de gestión no mercantilista.

La Comisión Taurina, integrada por cuatro miembros aficionados, suscribe con el Ayuntamiento año a año el contrato más absurdo de la historia, pues trabajan gratis, asumen las eventuales pérdidas que podrían alcanzar un cuarto de millón de euros y, si existe beneficio, se destina a una causa justa y altruista. Es un juego inexplicable por la razón que se justifica por su pasión taurina y su compromiso con el pueblo, su cultura y sus tradiciones.

Se trabaja con intensidad para la afición, sin otro objetivo que su satisfacción y su fidelización. No hay exclusivas, no existe otra meta que el compromiso, no hay contratos blindados, y todos los miembros de la Comisión ponen sus cargos a disposición del Ayuntamiento cada vez que se hace balance del serial.

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Sexto: Los pequeños detalles que engrandecen el rito.

El coso presenta siempre un aspecto impoluto, barreras gritando en grana y tendidos luciendo en blanco, corrales operativos, puertas y cerrojos engrasados. La diminuta sala de toreros, que hace las veces de punto de oración, exhala pulcritud desde una sencillez que sobrecoge.

La Comisión elige el diseño del cartel anunciador tras concurso, lo imprime con primor, presenta combinaciones en acto solemne, y despierta, antes de que el primer toro hoye el albero, la admiración del planeta taurino.

Recluta areneros, monosabios y porteros, les inculca el valor del servicio, les suministra indumentarias adecuadas que lucen con orgullo por formar parte del círculo de iniciados.

Selecciona la cuadra de caballos sin reparar en gastos que ciñen petos impolutos, y realizan la suerte con agilidad y espectacularidad, sensibles a las órdenes el torero.

Contrata la banda de música del pueblo, de acreditada solvencia y amplio repertorio, que lanza al aire las notas solemnes del pasodoble, e interpreta solos que provocan la ovación del público.

La Tauromaquia en Azpeitia alcanza registros difíciles de observar en otros lugares, y da la sensación de que todos los actores involucrados en esta bella obra acuden al escenario conjurados en servir al arte, más que en servirse de él.

 

 

Pedraza de Yeltes: impresionante reservorio de casta brava

Burreñicio; hijo de Medicero, primer semental de Pedraza de Yeltes; nieto de Deslumbrero del hierro de Moisés; hizo ayer honor a su indómita ralea y retrotrajo a los aficionados a tiempos ignotos, con un impresionante salto atrás en la genealogía del toro bravo. Cabría remontarse a los singularísimos atanasios, al flexible tronco de parladé, e incluso a la legendaria y romántica casta de Vistahermosa para hallar razón de semejante temperamento, siglos enteros de cultura en la crianza del toro de lidia, siglos de pasión y perfeccionamiento.

Algunos dudaban que pudiera quedar en el campo un reservorio de casta de esta catadura, mas Pedraza está comenzando a normalizar experiencias de esta enjundia, desde que en 2011 debutara en este mismo escenario, con otro triunfo memorable de un hermano de Burreñicio.

Bravo como para doblegar el poderoso brazo de Fernando Sánchez, romanear contra la barrera, derribar su montura con estrépito, cebarse con el caballo y mantener al picador inerme a sus pies hasta ser coleado por un monosabio. Noble como para seguir el vuelo de la muleta de Javier Castaño, que aleteaba inspirada, aromatizando el cálido aire de la tarde azpeitiarra. Encastado como para prestar atención a cada movimiento y hacer hilo con las cuadrillas incluso en el último tercio. Poderoso como para acosar a los banderilleros en el epílogo de su vida con tres palmos de acero en el hoyo de las agujas.

Duro como para soportar una lidia prolongada con dos intensos puyazos, tres pares de banderillas, decenas de pases obligado por el poderoso señuelo del matador salmantino y morir de pié tras certero cachetazo.

El centenario coso azpeitiarra tuvo el privilegio de acoger ayer escenas de añejas Tauromaquias, pues Javier Castaño quiso darle fiesta al noble toro con un ritual digno de la mejor liturgia, pasando tocado con la montera, irguiendo figura de maestro en madurez, y andando despacioso con el rigor que la obra merecía. Escogió terrenos, administró distancias, ciñó trincherazos, dibujó naturales eternos, mandó en redondo y esbozó trazos pintureros con aromas de azahar y albahaca. Aún tuvo tiempo de descabellar valiéndose de la montera y saludar unas palmas como premio menor para sus francos merecimientos.

Finaliza la Feria y la sonrisa del éxito asoma de nuevo para compensar el esfuerzo, el criterio y el rigor de un grupo de aficionados que han sido capaces de demostrar que existe otro modelo, que la Fiesta es mucho más que un negocio seriado.

El toro fiero y los toreros valientes son la esencia de esta liturgia ancestral, y quien quiera conocer sus arcanos y sentir la emoción indescriptible que emana de la lidia deberá viajar al corazón de Guipúzcoa en 2016

Larga viva a Azpeitia, su Feria y su Comisión Taurina.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 2 de agosto de 2015. Casi lleno en tarde calurosa.

Toros de Pedraza de Yeltes. Cinco colorados y uno negro, de excelente presentación. Dos de ellos aplaudidos de salida. Duros, encastados y nobles, salvo el primero y el quinto, con marcada tendencia a chiqueros. El cuarto, de nombre Burreñicio, exhibió casta y poder, siendo premiado con la vuelta al ruedo.

Javier Castaño: Silencio. Silencio.

Juan de Álamo: Oreja. Silencio.

López Simón: Oreja. Aplausos tras dos avisos.

Juan Bautista detiene el reloj del Ayuntamiento de Azpeitia

El reloj del Ayuntamiento de Azpeitia, que marca el pulso de la vida en el pueblo los trescientos sesenta y cinco días del año, sufrió ayer a las 20 horas un extraño fenómeno, pues permaneció inactivo durante diez minutos para luego reactivar sus engranajes e iniciar su marcha con normalidad.

Este insólito suceso, sin explicación científica alguna, pues el mecanismo había sido revisado pocas semanas atrás, tiene su origen en la bella pelea mantenida a pocos metros sobre el albero del coqueto coso azpeitiarra entre Fortuito, un toro de encastada nobleza, y Juan Bautista, un torero que conoce el oficio y disfruta engendrando belleza.

Si las leyes de la naturaleza relacionan de forma irrefutable según modelos de aceptación universal distancias, masas, velocidades, inercias, trayectorias y tiempos, lo que ayer protagonizaron el toro gaditano y el torero francés se sale del modelo, y sólo puede reajustarse distorsionando la variable tiempo.

Juan Bautista escogió el terreno, asentó las zapatillas y corrió el percal con armoniosa despaciosidad, templando con magisterio la suave embestida del noble torito de Ana Romero. Logró trayectorias curvas inverosímiles, adormeció la inercia de la masa bruta hasta hacerla parecer fútil, atemperó velocidades y acortó distancias hasta el último decimal. Un evento así, en abierto desafío a las reglas que rigen el universo, debía ser compensado por la única variable que ayer pareció hacer dejación de funciones en el coso guipuzcoano: el tiempo. Y así fue, pues los que presenciamos este nuevo capítulo de la Tauromaquia eterna, perdimos la noción y, por instantes, quedamos aturdidos ante el desafío que toro y torero lanzaron a la física clásica, planteando pasajes que sólo el corazón entiende y sólo pueden explicarse por la emoción indescriptible que engendra el toreo.

El relojero de Azpeitia, que es hombre cabal, tardó poco en subir a lo alto del edificio y deshacer el desfase, si bien vivirá siempre con la duda de qué pudo ocurrir para que su afinada maquinaria tuviera un comportamiento tan inexplicable.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 1 de agosto de 2015. Casi lleno en tarde soleada.

Toros de Ana Romero. En tipo santacolomeño, preciosas capas cárdenas, vareados y finos de cabos. Encastados y nobles salvo el sexto, reservón, orientado y gazapón.

Juan Bautista: Silencio con aviso. Oreja con aviso.

Manuel Escribano: Ovación con salida al tercio. Ovación con aviso.

Arturo Macías: Ovación con dos avisos. Palmas.

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