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Homenaje a Victorino Martín

Homenaje A Victorino Martín

Se jugaba una corrida de Victorino Martín en el palacio de Vista Alegre de Madrid en homenaje al histórico ganadero recientemente fallecido y allí no se aburrió nadie. Salían de chiqueros escurridos de carnes, con capas cárdenas y tranco alegre, escrutaban el terreno con gesto fiero, saludaban con una mirada cómplice al retrato del titular de la causa colocado en la barrera, y ya estaban pidiendo lidia. La catadura de los toros enviados por los herederos fue diversa, desde la encastada nobleza del cuarto hasta la aviesa intención del quinto, mas siempre hubo emoción, la emoción que el ganadero de Galapagar recuperó en este venerable encaste y ha legado a la Tauromaquia para los restos.

Vestirse de luces en Madrid en el mes de febrero con gélidas temperaturas, en el momento en que la tarde da paso a la noche, es un compromiso que pocos asumen, mas la terna anunciada ha justificado su presencia en el cartel, cada uno con su estilo, y si no hubo más trofeos no puede achacarse a la falta de actitud, sino a algunas imprecisiones en el manejo de los estoques.

Curro Díaz continúa su idilio con Madrid, cuya afición le idolatra como matador de arte e inspiración que despliega su torería en cosos diversos ante encastes también diferentes. Hoy ha interpretado su papel de forma fidedigna, dando fiesta a sus dos antagonistas en los terrenos de torear, siempre con el ánimo de desplegar su repertorio, rico en matices, pinturero y emocional. Ha ganado una oreja del cuarto aplicando un bello ritmo, moviéndose al compás de su torería, y podría haber sido mayor el premio si hubiese herido en mejor sitio. Deja también aquí su impronta inconfundible que habrá de refrendar en Las Ventas en una temporada que se adivina larga e intensa.

Daniel Luque ha derrochado valor sereno en su primer turno, recibiendo por verónicas ajustadas, y pasando de muleta sin ambages, templando la noble embestida del toro de Albaserrada. El quinto, de distinta condición, pues viajaba siempre en corto buscando los tobillos del torero, ha desarrollado el sentido que dio fama de alimañas a los pupilos de Las Tiesas, sin dar más opción que mostrar el temperamento del toro y abreviar el trámite.

Emilio de Justo se ha fajado con sus dos encastados toros, por momentos ásperos, y ha propuesto dos faenas valientes propias de uno torero en sazón que quiere ocupar un lugar de prestigio en el escalafón. Arte clásico el que mostró, jugado de poder a poder, girando muñecas y caderas al son de la bravura, especialmente en su primer turno, en el que ganó una oreja de ley, haciendo vibrar a una afición que ya sabe de la hondura de su toreo.

Venían a homenajear al ganadero y lo hicieron, si bien harán falta muchos más homenajes para corresponder, de forma cabal, a la aportación que este hombre emprendedor, intuitivo y laborioso ha obsequiado a la Tauromaquia.

Gloria a la memoria de Victorino Martín.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Madrid, diecisiete de febrero de 2018, más de la mitad del aforo cubierto en tarde fría.

 

Toros de Victorino Martín, en el tipo de la casa, vareados, cárdenos y entrepelados. Primero: Aplaudido de salida. Un fuerte puyazo. Bravo y noble. Ovación al arrastre. Segundo: Pitado de salida. Un puyazo. Flojo y noble. División de opiniones. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos. Noble y encastado. Ovación. Cuarto: Palmas de salida. Un puyazo sacando al picador hasta los medios. Noble y encastado. Gran ovación. Quinto: Palmas de salida. Un puyazo. Flojo y orientado. Pitos al arrastre. Sexto: Palmas de salida. Dos puyazos. Duro y encastado. Leves pitos.

 

Curro Díaz, de grana y oro: Estocada (saludos desde el tercio tras petición). Estocada delantera caída (oreja).

 

Daniel Luque, de azul marino y oro: Estocada trasera caída (ovación y saludos). Matisaca y pinchazo hondo trasero (silencio).

 

Emilio de Justo, de burdeos y oro: Estocada y un golpe de descabello (oreja). Estocada baja (algunas palmas)

 

Incidencias:

Primera corrida de la Feria de Invierno de Madrid celebrada en homenaje a Victorio Martín Andrés recientemente fallecido. El albero fue decorado con hierro, divisa y efigie de un toro de la casa, así como un retrato del ganadero en la barrera.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Iván Fandiño es honrado por Curro Díaz

Una cultura es tan fuerte y duradera como grande el respeto y admiración que tenga por sus héroes. Un héroe es un patrimonio cultural de un valor incalculable, que cualquier colectivo desea tener, que debe ser honrado y recordado con grandeza y emoción. El toreo tiene desde hace dos meses un nuevo héroe, Iván Fandiño, que hoy certificaba su muerte taurina al cumplirse su último contrato y su última presencia en los carteles de una feria importante. En los últimos días se han sucedido los actos en Bilbao para honrar su figura, y la de esta tarde ha sido la corrida homenaje al torero muerto, ya que estaba anunciado precisamente en este cartel. Todas las iniciativas son bienvenidas, mas la figura del torero de Orduña, cuyos valores y trayectoria le avalan, merece un monumento para que quede constancia indeleble para los restos de que existió, actuó y triunfó.

Que Curro Díaz toree con desmayo y mando, inspirado por las musas que lleva en sus propias entrañas no es novedad. Hoy, sin embargo, ha realizado la sustitución más amarga de su vida, y ha sentido toda la emoción que emana del Agur Jaunak, interpretado por la banda, lo mismo que el pasodoble Iván Fandiño, con que se ha amenizado el paseíllo. Brindó al cielo el primero, incierto, distraído, que no se ha empleado, y no posibilitó el lucimiento. Pasó al cuarto, manso en los primeros tercios que se desplazó con cierta nobleza en el último, con el arte que comienza a tener marchamo propio y predicamento en todo el orbe taurino. Naturalidad, desmayo, profundidad e inspiración son las señas de identidad de este torero que es ya un artista de culto.

Joselito Adame solemniza la lidia como si cada serie requiriese un periodo de reflexión previo por parte del público. Tal vez esté en lo cierto y convenga algo más de pensamiento, especialmente cuando se ciñe la chicuelina con tanto ajuste, o se torea por delantales midiendo los tiempos con semejante precisión. Sus trasteos fueron alegres, con la serenidad propia de este matador, destacando los estatuarios plenos de quietud y ajuste que interpretó en el quinto. Sin embargo sus dos descastados toros pronto claudicaron, y no tuvo otra opción que el toreo encimista y extractivo del que es también un consumado especialista. Mató mal, especialmente a su primero, y escuchó una ovación en el que cerraba turno.

Juan del Álamo llevaba prendido en su manga derecha un crespón negro en recuerdo al torero homenajeado, con quien compartió cartel la tarde aciaga de Aire Sur LÁdour, y tuvo el dudoso privilegio de estoquear a Provechito. La levedad de la casta de sus toros ha hecho imposible el lucimiento, si bien dio muestras evidentes de su depurada técnica, de su voluntad de agradar, y de el valor que resulta necesario para lidiar con el sexto en el terreno que lo hizo.

La muerte taurina de Iván Fandiño, certificada ayer en Vista Alegre, debe ser la última, evitando así la muerte definitiva, que es la muerte del olvido.

Larga vida a la memoria de Iván Fandiño.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Vista Alegre de Bilbao, veintiuno de agosto de 2017, casi medio aforo cubierto en tarde luminosa de calor sofocante.

 

Toros de Alcurrucén, desigualmente presentados, casi todos con trapío, finos de cabos; mansos y descastados. Primero: Dos puyazos; distraído, incierto, sin descolgar. Palmas y pitos al arrastre. Segundo: Dos duros puyazos; abanto, parado, distraído, con la cara alta. Palmas y pitos. Tercero: Dos picotazos; de viaje corto, deslucido, parado, descastado. Palmas. Cuarto: Dos puyazos traseros; manso y noble. Quinto: Cornicorto. Un puyazo y un picotazo; flojo y descastado. Sexto: Dos puyazos; parado, descastado y geniudo.

 

Curro Díaz (en sustitución de Iván Fandiño, muerto corneado el pasado día 17 de junio), de azul turquesa y oro: Casi media estocada, pinchazo, pinchazo hondo y estocada (silencio tras aviso). Metisaca, estocada fulminante (oreja).

 

Joselito Adame, de coral y oro: Pinchazo y bajonazo (silencio). Metisaca y estocada (ovación)

 

Juan del Álamo, de grana y oro: Estocada casi entera (vuelta al ruedo). Pinchazo y estocada trasera caída (silencio).

 

 

Incidencias:

Tercer festejo de abono de las Corridas Generales.

Homenaje a Iván Fandiño, que estaba anunciado para lidiar esta tarde.

Antes de iniciarse se interpretó el Agur Jaunak en memoria del torero corneado mortalmente hace dos meses, y se realizó el paseíllo al son del pasodoble del matador de Orduña.

En el patio de cuadrillas se proyectaban imágenes del torero muerto en el ruedo en una pantalla gigante.

Juan del Álamo, que compartía cartel con Fandiño la tarde del 17 de junio y estoqueó a Provechito, lucía un crespón negro en la manga derecha.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El toro de Azpeitia

El toro de Azpeitia viene del campo marcado con hierros de brava tradición, astas de pedernal y músculo acerado, luciendo el trapío proporcional a su encaste. Salta a la arena impoluto, desprovisto de crotales, pues va a ser el protagonista del más bello de los ritos, ya que va a escenificar su propia muerte, y vende cara su vida ante los pocos toreros que se atreven a anunciarse en la feria de San Ignacio.

El toro de Azpeitia ha sido seleccionado un año antes por los miembros de la Comisión Taurina atendiendo al momento de la ganadería, su genealogía y su fenotipo, ha recibido al menos tres visitas en el campo, para observar su crecimiento y certificar su salud. Se embarca según la serie de números que reza el papelillo de Joxin Iriarte, con o sin veedores, pues éstos pueden ir o dejar de ir, ya que indefectiblemente lo que se ha reseñado es lo que se lidiará.

La corrida de Ana Romero jugada esta tarde en el diminuto coso azpeitiarra es el paradigma perfecto de cuanto se dice. Saltan a la arena codiciosos, al galope furioso, buscando cualquier indicio de movimiento en el ruedo para acometer. Enseñorean su figura, ya sea cárdena en sus diversas gamas o negra, y ya está el público aplaudiendo reconociendo su armónico trapío. Saludan a los toreros con encastada codicia en los lances de capa, y ya tienen la vista puesta en las cabalgaduras que les someten a exhaustivo examen. Persiguen a banderilleros con la comprensible intención de coger, y llegan al último tercio conjurados para la cruenta pelea. Trastear a toros de esta condición nunca fue tarea fácil, pues miden y se orientan, y sólo quienes aplican con rigor el teorema de las distancias y los tiempos salen de la plaza por su propio pie, en algunos casos con las orejas en la mano, y una sensación de dominio indescriptible.

Los espadas anunciados les dieron fiesta según la catadura de cada toro y el estilo propio del matador.

Curro Díaz, aún magullado por la terrible cogida de la víspera, volvió a acariciar el aire fresco que bajaba del Izarraitz conduciendo con su muletilla la impetuosa embestida de los dos toros negros que le deparó el sorteo. Cuando pudo templó con el embrujo que emana de sus muñecas, con pases de ensueño, y cuando no aplicó lidias valerosas demostrando que aúna como pocos el arte y el valor de los toreros clásicos.

David Mora volvió a mostrar su torero poderoso, adintelado, férreo por momentos, sólido, con los pies firmes sobre el albero, y dos brazos musculados que marcan pases largos y templados. Ganó dos emotivos combates pasándose los pitones rozando la taleguilla en vertiginosos cuerpo a cuerpo.

Borja Jiménez, el discípulo aventajado del maestro Espartaco, ya demostró un año atrás con toros de este mismo hierro y similar condición, que lo que más le satisface es desafiar a la casta brava, y construir un discurso lleno de pinturería, paso breve y vuelos generosos de los señuelos. Llueva o truene se pone en el sitio adecuado y pasa de muleta a sus antagonistas con asombrosa determinación, en obras de inspiración barroca, paradigma de la escuela sevillana. La levedad de su anatomía contrasta con la grandeza de su corazón de torero importante, que tiene libreto, tiempo para desgranarlo, e ilusión para entusiasmar al aficionado cabal.

El toro de Azpeitia pone a cada uno en su lugar, y esta tarde los tres espadas se acercan aún más al sitio que por inspiración, refinada técnica, y pinturería les corresponde, lidiando sin ambages, y creando todo el arte que cabía entre los pitones diamantinos de los toros de Santa Coloma.

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 30 de julio de 2017, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Ana Romero, de excelente presentación, con el cuajo y trapío propios de su encaste, en capas negras y cárdenas. Bravos y encastados en diversas versiones. Primero: Dos puyazos, el primero con espectacular derribo; encastado, por momentos brusco, sin descolgar. Palmas en el arrastre. Segundo: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Aplaudido de salida. Dos puyazos; bravo y encastado. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; bravo y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Dos puyazos; duro, encastado y orientado. Leves pitos en el arrastre. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Curro Díaz, de coral y oro: Tres pinchazos y estocada caída (silencio). Estocada hasta la virola (oreja)

 

David Mora, de tabaco y oro: Estocada trasera (oreja). Estocada caída (ovación y saludos).

 

Borja Jiménez, de primera comunión y oro: Estocada casi entera desprendida trasera (oreja). Pinchazo y pinchazo hondo (silencio)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega al mayoral de la ganadería del premio al toro más bravo de 2016

La banda de música ofreció un auténtico concierto de pasodobles, con ritmo y sentimiento torero.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Razón y emoción

Tres figuras anunciadas en el cartel, tres estilos, tres maneras de entender la vida y el toro, tres orígenes, tres trayectorias y tres retóricas distintas.

Si atendemos a la razón el triunfador de la tarde fue, de manera rotunda, Miguel Ángel Perera, quien no entiende de latitudes ni aforos, no sabe de caza menor, y se entrega cada tarde olvidándose de lo que hará mañana.

La seriedad que imprime a su toreo y el rictus con que acomete los avatares de la lidia le aportan aplomo y solemnidad. Perera domina a los toros con asombroso poderío, los conduce por donde quiere, con concepto trigonométrico, y les aplica una ecuación de terrenos y distancias que roza la perfección matemática.

Hoy, con la plaza conmocionada por la escalofriante cogida de Curro Díaz, se ha hecho cargo del toro primero y lo ha pasado de muleta con solvencia. Ha despachado al tercero con una faena sobria, y ha encendido la pasión ante un quinto toro encastado y codicioso, contraste perfecto para todos sus teoremas. Perera es la perfección técnica asistida por el compromiso de la razón.

El orbe taurino reconoce a Curro Díaz su profunda inspiración, la finura de su toreo, y una personalidad como pocas en el escalafón. Mas este torero es mucho más que eso. Es depositario además de un valor sereno que le permite ponerse donde le toro se entrega a sus muñecas o coge con saña. Ayer hubo de ambas. Trasteaba a su flojo primero cuando al salir de un remate el toro se quedó corto, vio al torero descubierto, lo prendió por el abdomen, tirándole dos derrotes, alzándolo al cielo en una pirueta que dio con el cuello del matador sobre el albero en escalofriante postura. Quedó exánime sobre la arena y el toro hizo por él, pasando los pitones cerca de la femoral y del rostro del torero, y no fue mayor el desastre porque los subalternos lo arrastraron tirando de una pierna, lo alejaron del toro y lo izaron con el rostro desencajado para conducirlo a la enfermería. En el ambiente quedó la dramática sensación de cogida grave, tal vez letal. El silencio se apropió de los tendidos ansiosos por recibir noticias del diestro herido. Cuando media hora más tarde enfiló de vuelta el callejón, justo antes de que el cuarto toro saltara a la arena, desprovisto de la chaquetilla, magullado, la plaza prorrumpió en una fuerte ovación de reconocimiento al indómito valor del hombre artista. Y fue en ese turno cuando Curro desplegó su libreto, y prendió en el aire de aromas de toreo caro. El leve aleteo de la muletilla de Curro condujo la ansiosa embestida, primero doblándose por bajo en una serie que valía la entrada, después en redondo, con mando, y al natural con temple y pausa de toreo de otra estirpe. Mató de media estocada delantera que valió una oreja, y el reconocimiento de una afición que ya lo tiene por uno de los suyos. Mañana tiene un nuevo compromiso con toros de Ana Romero y todos sabemos que no se conforma con lo que ayer ofreció en el coso azpeitiarra. Curro es la emoción desatada, pura pasión por el arte de torear.

Roca Rey reaparecía tras una grave cornada recibida días atrás en la Monumental de Pamplona, y todo parece indicar que aún no ha recuperado el sitio en el que desarrolla naturalmente sus argumentos. Trasteó con precauciones, tantas que su propio apoderado le pedía que diera un pasito más, sin que su toreo hueco prendiera en los tendidos. Tal vez más que distancia necesite tiempo.

La razón incontestable de Perera y la emoción desbordante de Curro Díaz mostraron ayer, en la plaza de Azpeitia, los diversos registros del toreo, escenificando una tarde memorable.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 29 de julio de 2017, más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde soleada y calurosa.

 

Toros de Fuente Ymbro, bien presentados en diversas hechuras, con capas negras y castañas. Primero: Un puyazo; flojo y noble. Segundo: Un puyazo; se viene arriba al final de la faena, repetidor. Tercero: De perfil acarnerado; un marronazo y un puyazo; noble y codicioso. Cuarto: Dos puyazos; bravo, noble y codicioso. Quinto: Un puyazo; pronto, encastado y codicioso; muere con bravura; vuelta al ruedo. Sexto: Un puyazo; flojo y noble.

 

Curro Díaz, de turquesa y oro: Cogido de forma dramática en su primero, pasa a la enfermería inconsciente. Sale a matar el cuarto entre el clamor del público; media estocada caída (oreja)

 

Miguel Ángel Perera, de teja y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Pinchazo y estocada trasera (silencio). Gran estocada sufriendo un desarme y siendo perseguido con saña por el toro (dos orejas). Salió a hombros.

 

Roca Rey, de grana y oro: Cinco pinchazos, estocada delantera, tres golpes de descabello (silencio tras aviso). Pinchazo hondo, un golpe de descabello (ovación tras aviso)

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Iñaki Olaizola, miembro de la comisión taurina fallecido diez meses atrás.

Curro Díaz fue atendido en la enfermería de pérdida de conocimiento, fuertes contusiones y pinzamiento vertebral.

El quinto toro, de nombre Hostelero, ganó la vuelta al ruedo por su encastada pelea.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Tarde épica

Las dos horas y media de función que se vivió ayer en el coso de Las Ventas resultaron emotivas de principio a fin, con pasajes de gran belleza, e instantes de angustia, pues ambos matadores ensayaron el arte del toreo, y los dos fueron dramáticamente prendidos por los toros negros de El Puerto de San Lorenzo.

Envió la familia Fraile un encierro casi todo cinqueño, con romana y trapío, justo de arboladura, que mostró una profunda mansedumbre, aleada con un genio poco común en el campo bravo, y una dureza de pezuña que le impulsó a plantar cara en todos los tercios y a tundir las anatomías de los toreros ayer anunciados. Buscaban el terreno de chiqueros, huían de las cabalgaduras, ganaban terreno a los banderilleros, hacían hilo con ellos, acortaban el viaje en el último tercio, y acosaban al matador tras la estocada, persiguiéndolo por el ruedo y arrollándolo con saña.

Sin embargo los dos espadas que alternaban mano a mano no se arredraron y, cada uno con su estilo, mostró la grandeza de este arte secular, que convive con la gloria y la tragedia sin saber cuál triunfará.

Curro Díaz se hizo presente en el patio de cuadrillas con un elegante terno grana y oro, mostró torería y una gran determinación desde que se abrió de capa hasta que abandonó el ruedo en dirección a la enfermería donde le esperaba el doctor García Padrós para reconocer sus contusiones y quién sabe si también alguna cornada interna.

Entre esos dos instantes mostró su concepto personal con todos sus atributos, su pinturería habitual, su mando con los toros esquivos, además de algo que tiene, y hasta ayer no se le reconocía lo suficiente: un valor sereno de gran dimensión. Fue dramáticamente cogido por su segundo dos veces, prendido por la entrepierna, volteado, arrojado al suelo y buscado en la arena hasta ser de nuevo izado y golpeado con inquina. Parece increíble que no fuera herido, mas las contusiones han de ser muchas y dolorosas, lo que le llevó a sentarse unos segundos en le estribo, levantar la vista hacia los tendidos y volver a la cara del toro para ensayar los naturales más bellos de la tarde, con un desmayo propio de gran artista y ligazón de maestro. No consiguió trofeos, mas se incorpora de forma definitiva a la corta nómina de toreros de Madrid, con categoría de miembro preferente.

José Garrido pechó con un lote deslucido, en especial el cuarto, de proverbial mansedumbre. Pasó al toro de todas las maneras posibles, buscándolo en la querencia, tratando de contener su huida, si bien la lidia se convirtió en una suerte de persecución en busca de un pase más. Mostró al público venteño sus manoletinas, plenas de valor y ajuste tras las cuales montó el estoque y fe prendido por segunda vez, zarandeado, arrojado al suelo y perseguido hasta las tablas en una carrera frenética, cayendo al suelo y siendo arrollado junto al estribo. Pasó a la enfermería, se le atendió de una cornada de diez centímetros y volvió al ruedo, magullado, para continuar dando Fiesta.

Al finalizar la corrida, tras las fuertes ovaciones con que el público reconoció a los toreros al cruzar de vuelta el circo, había cola en la enfermería, y los toreros doloridos se cedían el paso con gracia y cortesía.

Es la épica de dos héroes que además son caballeros.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Las Ventas, más de tres cuartos de plaza en tarde soleada.

Toros de El Puerto de San Lorenzo, cuatro de ellos cinqueños, todos negros, con romana, trapío y discretas arboladuras; mansos, geniudos, peligrosos y duros.

 

Curro Díaz, de grana y oro: Casi entera delantera (palmas); cuatro pinchazos y golpe de descabello (ovación y saludos); pinchazo, estocada y golpe de descabello (ovación y saludos)

 

José Garrido, de nazareno y oro: Estocada caída (silencio); pinchazo, media estocada y golpe de descabello de Curro Díaz (silencio tras dos avisos); tres pinchazos y golpe de descabello (ovación tras dos avisos)

 

 

Incidencias:

José Garrido fue intervenido en la enfermería por una cornada de diez centímetros en el glúteo que no le impidió continuar la lidia.

Al finalizar el festejo los dos matadores entraron en la enfermería por su propio pie para ser examinados de múltiples contusiones, varetazos y tal vez alguna cornada interna.

Curro Díaz hubo de descabellar el cuarto toro al resultar cogido Garrido y ser conducido a la enfermería.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

La pasión de Curro

Este hombre de mirada profunda, rostro enjuto y finos cabos vive el arte de torear como pocos lo hacen en nuestro siglo, y contagia de su pasión desatada a cuantos contemplan su obra, que es efímera, pero también inmortal en la memoria.

Este hombre, que no puede explicar lo que es el toreo, pero sabe que es su vida, que lo necesita, y que es el mejor medio que ha encontrado para realizar lo que siente, lleva en su ánima el estigma de un creador de cante grande.

Este hombre, dueño de glorias, testigo de tragedias, pisa el albero con natural solemnidad, y se envuelve en un ritual que magnetiza a la afición, pues cada movimiento, por nimio que sea, está poseído por ese don indefinible que conocemos por torería.

Curro piensa, piensa mucho, sin que nadie alcance a saber qué idea merodea por su mente un instante antes de irse al toro y recrear, tarde tras tarde, la Tauromaquia, mas ha de ser una idea clara y recurrente, pues parece que inspira el perfeccionamiento.

Curro siente, siente mucho, y son sus emociones, tal vez confrontadas, el sustrato fértil sobre el que edifica obras de arte incomparables, plenas de fervor, tan etéreas e intensas como el propio fuego con el que forjó su carácter indómito.

Curro se trae el toro con un leve toque, echa a volar el señuelo y traza líneas imposibles que siempre acaban junto a la cadera, tangentes a su leve cuerpo.

Curro dispone su anatomía al servicio de la creación de belleza, sin artificios, sin ventajas, al dictado de sus sentimientos, sin tan siquiera pensar en la huida, pues sabe que cada embroque va a resolverse tal y como él ha soñado.

El diminuto coso de Azpeitia fue ayer el escenario elegido por el maestro para dictar una nueva clase de toreo emocional. Compareció vestido de primera comunión y oro, melena al viento, y pronto presentó sus credenciales: no hay reglas, no hay normas, sólo la emoción que brota de las entrañas en cada instante. El corazón de este hombre alberga tanto toreo que podría realizar tres lidias diferentes a cada toro, y todas serían distintas, e igualmente emotivas.

La faena al colorado que hizo segundo fue una ofrenda a las bellas artes, pues dibujó naturales con técnica impresionista, esculpió el toreo en redondo con series adinteladas, inspiró la creación literaria con su toreo al compás, y hasta algún arpegio pareció escucharse en las trincherillas de remate. El público azpeitiarra celebró con entusiasmo una propuesta tan colorista y reconoció los méritos del maestro con una clamorosa vuelta al ruedo con aroma de gran triunfo, que habría sido con las orejas en la mano de haber manejado con mayor destreza el estoque.

Este hombre, que se sabe privilegiado por hacer lo que hace, deja en la memoria la sensación de torero distinto, capaz de un arte tan personal que atrapa los corazones de los aficionados, algunos de los cuales salían de la plaza ensayando el natural y otros preguntándose dónde torea Curro el sábado. Es la pasión, la bendita pasión de Curro.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, uno de agosto de 2016. Lleno en tarde fresca y soleada. Toros de Pedraza de Yeltes, de capas coloradas y negras, con romana y trapío en diversos tipos. Primero y cuarto inciertos, de corto recorrido. Segundo y sexto nobles y encastados. Tercero y quinto con querencia marcada en las tablas. Se emplearon en varas con poder.

 

Rafaelillo, de grana y oro: Estocada y dos golpes de descabello (ovación y saludos); Dos pinchazos y estocada (ovación y saludos)

 

Curro Díaz, de primera comunión y oro: Pinchazo, estocada caída y dos golpes de descabello (clamorosa vuelta al ruedo); Pinchazo y estocada caída (ovación y saludos)

 

Joselito Adame, de malva y oro: Pinchazo, estocada y descabello (silencio); Pinchazo y estocada (oreja)

 

Incidencias: Gran ambiente en los tendidos pese a que la corrida fue retransmitida por una cadena de pago privada.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El toreo es un estado de ánimo

Curro Díaz llegó a la Monumental pamplonesa veinte horas después de haber vivido la muerte de Víctor Barrio sobre el albero de Teruel, y de haber estoqueado a “Lorenzo”, el toro que partió en dos el pecho del torero de Sepúlveda. Puede aventurarse que la noche no fue plácida y que el recuerdo de la cornada y el llanto desconsolado de la joven viuda le acompañaron en un duermevela impregnado de sudores fríos. Otras estirpes habrían buscado una excusa en forma de inoportuna lesión o indisposición repentina. La grey de toreros no. Estos hombres tienen un código de honor inquebrantable al que se deben y que ratifican en tardes como la de ayer. Torear como homenaje al compañero caído. Torear para dar ejemplo a los más jóvenes. Torear para engrandecer la leyenda viva del toreo. Torear porque los valores no se negocian.

El rostro del diestro de Linares al entrar al patio de cuadrillas era de dolor contenido. Boca sellada, ceño levemente fruncido y mirada ausente. Los que le conocemos sabemos que su espíritu indómito es capaz de revertir las situaciones adversas, y que su inspiración nunca espera vientos favorables.

Sonaron los cerrojos de la barrera y la banda atacó el pasodoble del paseíllo. A la izquierda Iván Fandiño, en el centro Juan del Álamo, testigo de la alternativa de Víctor Barrio y a la derecha Curro Díaz. Cruzaron el circo con gesto grave y andar despacioso hasta ganar el tercio y escuchar un minuto de música solemne en memoria del matador caído. Lo que pasa por la cabeza de un torero en un instante así sólo lo comparte con los más íntimos, y sólo aquel que tiene la habilidad de verbalizarlo. Curro se abrió de capa y plantó cara a sus dos oponentes, con su sello personal, la pinturería que le acompaña cada tarde, dibujó el natural, templó en redondo y dejó algún pase de adorno de muñeca rota. Fandiño estuvo firme, con su toreo clásico, macizo en algún instante. Juan del Álamo entendió a sus toros y planteó lidias de recorrido, desplazando al toro todo lo que su bravura pudo ofrecer. El lustroso lote que envió el ganadero lució trapío, bellas capas y romana propios de su origen. Nada diferente a lo que, cada uno en su estilo, ofrecen cada tarde. Sin embargo los aromas que emanan de cada embroque no calaron en el tórrido aire pamplonés, la casta brava de los de Pedraza se diluyó en las querencias, y la afición no prendió la llama de la emoción, pues en la conciencia de quienes formábamos el foro había un sentimiento de profunda tristeza. Tristeza y también admiración a los oficiantes del rito, cuyo ánimo estaba comprensiblemente mermado. Y el toreo es un estado de ánimo.

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros Monumental de Pamplona, diez de julio de 2016. Lleno en tarde calurosa. Toros de Pedraza de Yeltes con trapío y romana. Mansos, descastados y nobles.

 

Curro Díaz, de palo de rosa y oro: Estocada casi entera delantera y caída (palmas). Tres pinchazos y estocada delantera y caída (silencio).

 

Iván Fandiño, de palo de rosa y oro: Pinchazo y estocada (silencio). Dos metisacas y tres pinchazos (silencio tras aviso).

 

Juan del Álamo, de verde manzana y oro: Media estocada caída y delantera (aplausos). Media estocada y quince golpes de descabello (silencio)

 

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Víctor Barrio, muerto la víspera por una cornada en el pecho en el coso de Teruel.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Curro Díaz: “No he seguido ningún patrón, me han hecho la vida y el toro”

Curro Díaz es un hombre vital, que rige su vida por instinto, lejos del cálculo racional que trataron de inculcarle, volcado en su pasión eterna que es el toreo.

Ha crecido, como hombre y como artista, sin sujeción a otro canon que no sea su propio concepto y su propia personalidad; ha redactado su propio credo, y dibuja cada tarde sobre el albero, una Tauromaquia propia y diferente.

Es un torero que hace del carácter virtud y de la inspiración bandera. Sabe de miedos y de formas de conjurar a ese compañero molesto que vive en hoteles caros, se activa de madrugada, y le acompaña en el coche hasta el mismísimo patio de cuadrillas.

Entiende que el presente es el único patrimonio del hombre, que no puede vivir de sus éxitos pretéritos y que el futuro está por escribir, apasionante, pero lleno de incertidumbres.

Es y se siente un privilegiado por hacer lo que hace, por sentir lo que siente, y por compartir con miles de personas los instantes mágicos que sus muñecas le permiten vivir en compañía del toro.

El maestro acude puntual a su cita con Toro Cultura en el hotel Carlton de Bilbao, acompañado por Joxin Iriarte, su nuevo apoderado, hombre de plena confianza, con quien tardó un instante en cerrar el acuerdo, ya que, según el propio matador, las cosas importantes de la vida surgen por casualidad y sin pensarlas mucho.

 

Maestro Curro Díaz, ¿qué se siente al abrir la puerta grande de Las Ventas?

Cuando se está delante del toro uno quiere hacer lo que siente. Cuando acaba la corrida una inmensa alegría porque te das cuenta de lo que significa una puerta grande en Madrid.

 

Supongo que uno sale levitando ¿cuándo toca suelo de nuevo?

Se vive una realidad con muchas celebraciones y mucha alegría, pero tienes que tener en cuenta que eso hay que hacerlo todos los días. Es un momento muy bonito; he tenido la suerte de salir dos veces por la puerta grande de Madrid, pero te das cuenta de que lo importante es el día a día. No se vive del pasado. Está claro que te arregla muchas cosas, pero ahora hay que ir día a día y regularizar el éxito.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

¿Por qué se hizo usted torero?

La vida tiene casualidades; creo que un día me puse delante de una becerra y tuve la suerte de que aquello pasó, y sin saber lo que estás haciendo te entra el gusanillo, y a partir de ese momento te ilusionas. Fue por eso, porque el primer día no lo pasé mal, sino que fue una sensación única. No sé lo que estaba sintiendo pero si sé que me atraía mucho.

 

¿Había tradición en su familia?

Mi padre es muy aficionado y llegó a torear con caballos, pero no fue un torero importante, no tomó la alternativa.

 

¿Cómo de dura ha sido su trayectoria desde aquel momento hasta hoy?

Ha habido luces y sombras. He tenido la suerte de conocer el éxito y conocer también momentos en los que no han rodado las cosas. Es parte de la profesión. Los altos y los bajos y el sabor dulce y el amargo. Creo que cualquier momento dulce compensa la amargura anterior.

 

¿Cuál es el momento de mayor intensidad, la sensación que recuerda con mayor cariño?

Cuando volví a torear en el campo después de la cornada de Sevilla. De hecho a los diez días de la cogida me dicen que no voy a torear más, que me iba a quedar con poca sensibilidad en la pierna. Había perdido la movilidad. Cuando soy capaz de ponerme delante de una becerra a los 28 días de la cornada, creyendo que nunca más iba a volver a torear, siento la emoción más intensa. Esa ha sido la sensación más bonita. Es algo que no soy capaz de expresar.

 

Sorprende que no recuerde alguno de los triunfos importantes que ha tenido, en grandes plazas, ante decenas de miles de aficionados, sino algo tan básico como ponerse a torear una becerra en la soledad del campo.

Sí, lo he pensado muchas veces y creo que el momento más bonito de mi vida fue ese. Y uno de los más duros también, porque te das cuenta de que no estás bien, pero esos segundos mágicos no tienen parangón con ninguna otra sensación.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

Todos los toreros tienen algún sueño que les ronda la cabeza por las noches. ¿Tiene usted algún sueño recurrente?

Los toreros estamos muchas veces al límite de muchas cosas, nos pasan muchas ideas por la cabeza. Ya no solo del toro, sino por la presión de estar siempre bien. Cuando mejor se torea es cuando más relajado se está, pero no puedes estar relajado porque tienes que triunfar siempre. Es un contrasentido que te quita la tranquilidad. Hay momentos en que tengo sueños buenos y otras sueños más complicados, pero lo importante es poder seguir soñando, porque eso significa que uno está todavía vivo.

 

¿No hay alguno que se le repita?

Hay momentos en los que he tenido pesadillas y otros en los que he tenido sensaciones muy buenas. Gracias a Dios.

 

¿Para usted qué es torear?

No se explicarlo, pero es mi vida. Necesito torear para vivir. Es una forma de expresión artística. Es una forma de realizar lo que uno siente.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

Las emociones son muy contagiosas y cuando se asiste a los momentos previos de una corrida en el patio de cuadrillas se siente el miedo de los toreros a flor de piel. Yo, que estoy en el callejón, me contagio también de ese miedo ¿Puede definir qué pasa por su cabeza en ese instante?

La sensación que se tiene antes de torear es incertidumbre. Miedo a lo desconocido. Miedo al toro, a la plaza, al público, al ridículo. Miedo a muchas cosas. Se juntan tantos miedos … No existe un solo miedo, no existe sólo el miedo físico, existe también el miedo al ridículo. Posiblemente si mato ese mismo toro en el campo paso la mitad de miedo. A mí me da miedo la plaza, el hotel bueno. Me da pánico. Cuando voy a un hotel bueno y el vestido de torear es muy bueno, es que voy a una plaza de mucha responsabilidad, y paso mucho miedo.

 

Esto se lo he oído decir a muchos matadores pero me cuesta creer que los toreros tengan más miedo a hacer el ridículo y al público que al propio toro.

Sí, a la responsabilidad. Y al toro también. Es que es complicado. Tu tienes un instinto de conservación, tienes que luchar contra él, estar bien y triunfar. Si te dejas llevar por el instinto en el campo y te quitas no pasa nada, pero si lo haces en la plaza hay una repercusión artística en términos de imagen y contratos. Hay una lucha titánica entre el instinto de conservación y la responsabilidad del torero.

 

Cuando usted está en el platillo del ruedo citando al natural y escucha el jaleo del público enfervorecido ¿qué sensaciones tiene?

Es una expresión artística, pero que haya una conexión con el público, que le guste, se emocione con tu toreo es el éxtasis. Es una sensación que no se puede comparar con ninguna otra. Yo no sé como explicarlo, hay un instante de gran felicidad que compensa todos los momentos malos que uno haya podido pasar antes.

 

Maestro, hace un par de meses pulsé la opinión del público asistente a una conferencia sobre valores del toreo en la sala Cossío de Las Ventas. El resultado fue que el torero con un sello personal más diferenciador fue Morante, y el segundo, para esa parte de la afición madrileña, fue usted. ¿Es consciente de que el público valora su personalidad?

Para mi es un orgullo y una satisfacción que usted me diga eso. A mi me ha marcado mucho mi vida. Yo he ido a mi aire siempre. El tiempo me ha hecho, como el viento o la ola que moldea la roca; no ha habido una mano que me haya maleado. Soy un privilegiado. No he tenido ningún patrón ni nadie a quien seguir, sino que me he dejado, la vida y el toreo me han hecho. Lo que yo llevaba dentro lo he sacado con los años, sin que haya alguien que me cincele, más allá del tiempo y el toro. Por eso tengo esa personalidad, tengo esa suerte y el tiempo me ha dado eso. En mis primeros años no podría hacer lo que hago ahora. Se necesita un plazo de curación, de maduración. Todo tiene un proceso. Que usted me diga eso me halaga mucho.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

Reconozco que no me sorprendió esa valoración, porque usted fundamenta su toreo en la naturalidad, en su naturalidad.

Hay una base técnica. La técnica en el toreo es fundamental. Es importante que cada torero tenga su propia técnica, pero cuando embiste un toro hay que olvidarse de la técnica para que no sea tan frío. Un toreo que se basa en la técnica peca de frialdad. La técnica está bien para el toro regular; pero para el toro bueno no. Con unos años de alternativa y con un oficio la técnica no sirve para nada. Sólo para defenderse y el toreo no es de defensa, no sé si es ataque, pero sí es dejarse llevar. Yo fundamento mi toreo en la personalidad.

 

El maestro Joselito nos decía hace unos meses que cuando un toreo piensa mucho lo que va a hacer el público piensa que torear es fácil. ¿Está de acuerdo?

Uno torea mucho de salón para que la muleta y el capote sean la prolongación de tus brazos, pero no para hacer una faena preconcebida y llevarla a la plaza. Lo peor que puede ser un artista es predecible. Ir con un guión aprendido y saber lo que va a ocurrir deja a los aficionados en su casa. Eso no les interesa.

 

¿A qué toreros admira más?

Cuando era un niño mi padre me llevó a la plaza y vi torear a Manzanares. Me impactó por la forma. No tenía noción de lo que estaba viendo pero sabía que era algo único. Cerraba los ojos y la sensación que tenía era de felicidad.

 

¿Y de los actuales?

Hay muchos en la actualidad, pero me gusta mucho Joselito. Es otro hombre al que le ha condicionado mucho su vida y sabe lo que quiere. Es otro hombre que ha hecho siempre lo que ha querido. Es uno de los toreros con más personalidad que he visto. No le conozco personalmente, pero es uno de los que me vienen rápido a la mente, se cómo habla, cómo vestía, su forma de pensar; cierro los ojos y le veo la cara. En la calle ha sido un tío con mucha personalidad, y eso es lo que más admiro.

Hacen falta muchos Joselitos ahora, no sólo en el toreo, sino también en la sociedad.

 

¿Vive usted el toreo como un estilo de vida?

Sí, un torero es un torero; no se puede separar el torero del hombre. No te puedes quitar el vestido de torear y dejar de ser torero.

 

¿Cómo se detecta un torero y se diferencia de gente normal que pasa por la calle?

No es la forma de vestir, es algo más. El Cordobés, Manolete, los grandes toreros tienen un aura especial, que los hace distintos incluso a los ojos de quienes no les conocen. Pero no se puede fingir, no te puedes disfrazar de torero. Tiene que parirte tu madre con esa gracia.

 

¿Qué valores del toreo son los que más admira?

La personalidad. Tenga el concepto que tenga es necesaria una gran personalidad. Toree de una u otra manera tienes que saber, viéndole de espaldas, quién es. Que lo distinga del resto.

 

Una de las habilidades de los toreros que más valora la afición es la capacidad para superación de los instintos. ¿Cómo se hace?

Un tío que en el siglo XXI sea capaz de jugarse la vida haciendo arte es algo que no tiene sentido, es algo extraordinario. Cuando a uno le apetece huir quedarse quieto y torear despacio. Es algo irreal, es ese punto de magia que tiene el toreo. Que ese toro con esos kilos y ese trapío vaya a destrozar al torero, y que con una muleta le desafíe y cree arte es lo máximo. Abandonar todo instinto de conservación y quedarte ahí. Que te coja un toro y que a las pocas semanas o días ya estés de nuevo en la cara; o herido lidiar el segundo de tu lote es de locos. Esto puede gustar más o menos pero debería ser respetado por todos. En el fondo es algo que no tiene sentido de puro grande que es.

 

Es pura emoción.

Lo que yo sentí cuando vi a Manzanares, esa sensación fue tan intensa que no me fijaba en que se estaba jugando la vida. Me dejó conmocionado y yo me preguntaba ¿esto qué es? La plaza, los olés, la gente, un señor vestido de torero; es algo único.

 

Curro Díaz - Toro Cultura

 

Hablaba maestro de la capacidad que tienen hoy los toreros de reponerse a los percances y volver a la cara del toro inmediatamente incluso con heridas graves ¿Qué efecto tiene para un torero anímicamente la cornada?

Depende de el momento en el que te la pega. Si te coge en un momento regular es un lastre que vas arrastrando. Los toreros tienen una gran capacidad de recuperación y la cornada es lo que menos duele. Lo peor es el fantasma de la cornada, la forma en que te ha cogido. Hay ahora mismo toreros que son cogidos y a los pocos días vuelven a ponerse delante, y parece que jamás hayan sido cogidos. Hay una capacidad y una mentalización tremenda. Se rehacen y destierran al fantasma de la cornada. Aquí no se acuerda nadie de nada. Aquí vuelven a ponerse en ese sitio con los puntos, y hay una capacidad de sacrificio, de aguante y de superación que no existe en ningún otro mundo.

 

El fantasma de la cornada, volver, recordar … cuesta mucho ponerse de nuevo en ese sitio. ¿Justifica eso que el torero se alivie?

Eso sería lo lógico. Pero el torero vence al instinto.

 

Otra faceta admirable de los toreros es la perseverancia. ¿Cómo se madura en este ámbito?

A mi lo que más me hizo seguir fue la cornada aquella. Perdí un nervio, pero realmente no me costó, porque es mi vida. No puedes separar el torero de la persona. Yo he escuchado muchas veces que el torero salva al hombre; anda el hombre perdido por la vida, pero que el toreo le reorienta. Yo no puedo analizar la vida desde otra perspectiva que no sea el toreo, no soy consciente de otras realidades, siempre veo la vida a través del prisma del toreo.

 

Es el valor de la constancia.

En cualquier faceta de la vida. Sobre todo la superación, ser un inconformista de la vida.

 

¿Recuerda algún toro que se lo haya hecho pasar especialmente mal?

También tengo esa facilidad para olvidar. Seguro que si me acuesto una noche me acuerdo de ese toro, pero en este momento tan bonito, en esta sala tan bonita no te acuerdas de ningún toro malo.

 

¿Cómo es su día a día, qué estilo de vida tiene?

Sobre todo soy ordenado. El torero tiene un orden, en el entrenamiento, en la disciplina. Siempre hay alguna celebración, pero normalmente la vida de un torero es muy ordenada. Para ponerse en eses sitio y pasar los toros necesitas un orden y un entrenamiento.

 

¿Se entrena usted habitualmente en el campo?

En el campo y sobretodo de salón. Hay que estar bien físicamente porque el toreo es muy exigente, pero el toreo de salón es fundamental.

 

¿Cómo fue el toro de Torrealba que le tocó en Madrid y facilitó su triunfo?

Un toro con una edad, casi cumplía seis años, con la seriedad del toro de Madrid, fue enrazado y transmitió mucho. Lo puede torear despacio al natural. Es de los toros que marcan la carrera.

 

¿Cómo es para usted el toro ideal?

La fijeza es importante, que atienda a los toques, y el ritmo también. Recorrido puede tener más o menos, pero que siempre esté al toque y que tenga ese ritmo que llega a los tendidos.

 

¿Cuáles son sus ganaderías favoritas?

He tenido suerte con encastes diferentes; toros de Núñez, Domecq, Santa Coloma. He tenido suerte. No tengo predilección por ningún encaste, siempre tengo en la cabeza toros de diversos orígenes.

 

Santa Coloma también.

Sí. He tenido triunfos grandes con toros de ese origen. Recuerdo un toro de La Quinta en Nimes que me proporcionó un triunfo importante en aquel momento en Francia y eso abre muchas puertas.

 

Veo en su programación que tiene muchos contratos firmados para Francia en los próximos meses.

Antes del triunfo en Madrid ya tenía muchos festejos. Los franceses fueron los primeros en contratarme; después, gracias a Dios, se amplió el calendario, pero los primeros fueron los franceses. La temporada pasada toreé en poblaciones menores y este año me han contratado para plazas de primera.

 

La Fiesta en Francia es rigurosa y la afición exigente, y sin embargo parece que usted está allá cómodo.

Siempre Francia ha sido para mí un resurgir. Cuando mi carrera iba a coger vuelo, antes que nadie, me contrataban los franceses. Fue premonitorio de lo que pudo pasar en aquella temporada.

 

Pese a ser el primero en abrir la puerta grande de Las Ventas en 2016 usted no está anunciado en San Isidro.

Cuando salí a hombros de Las Ventas en Marzo los carteles de San Isidro estaban ya cerrados. Indudablemente iré a Madrid antes de que acabe el año. Nunca se sabe qué es mejor, si haber estado o no, aunque a mi me hubiese encantado ir. Pero bueno, la fecha buena fue esa, el domingo de Ramos, se triunfó y ahora llega la feria, que los toreos toreen y siempre hay muchas fechas para ir a Madrid.

 

¿Cree que el toreo tiene valores del toreo exportables al resto de la sociedad?

La constancia sobretodo. Yo veo valores que son muy normales en el mundo del toro y a lo mejor no lo son tanto en otros ámbitos. Tal vez hagan falta muchos toreros en la sociedad para enfrentarse a muchos problemas que hay, y venirse arriba. Hacen falta esos valores, sin duda.

 

¿Cómo ve el presente y el futuro de la Fiesta?

En el presente hay grandes toreros. El toreo está atacado porque es fácil atacar a algo que es muy fuerte pero a la vez es débil. Ha tenido detractores, después de momentos de crisis, pero hemos superado instantes complicados. También creo que ese momento se ha superado. Hemos sido capaces de defendernos de multinacionales que han invertido muchísimos millones de euros, hemos aguantado estoicamente el ataque de los políticos, que no han sido capaces de defender otras cosas que tenían que defender y han atacado a algo tan grande como es el toreo, tan grande no sólo en lo cultural, sino también en lo económico. Deberían poner el punto de mira en otras cuestiones negativas que hay en este país, y no en los toros que crean riqueza. Me parece un ataque desleal, cobarde, de los políticos y de otros colectivos que actúan desde fuera de España con unos intereses absurdos.

 

Los antitaurinos son una nueva casta.

Se definen bien así porque son gente que no tiene los valores que tiene el toro ni la gente del toro. La palabra antitaurino me parece adecuada. Es antiheróica, antinatura, antitodo. Me siento muy bien cuando ellos mismos se definen así. Actúan con bajeza igualando la vida de un hombre con la de un animal. Yo no tengo dobleces, pero no quiero hablar con un antitaurino. He sentido ataques en mi propia persona deseándome la muerte y la de mis compañeros. Yo no tengo porque defenderme ni convencer a nadie. No tengo porque hablar con malas personas. Soy torero, no negociador ni quiero convencer a nadie. No quiero hablar con una persona que me desea la muerte.

 

Según un ensayo, cuyo resumen se encuentra en nuestra página, el toro disfruta de 24 privilegios, únicos y asombrosos que deberían hacer pensar a la sociedad sobre la realidad del toro y el toreo.

Así es. Muchas de estas conversaciones con esta gente se convierten en diálogo de besugos, no conocen los privilegios del toro, ni quieren conocerlos. El tener que defenderte tú comparándote con un animal es antinatura. No quiero convencer a nadie, no quiero debates, las lechugas no hablaban, y seguirán sin hablar, pero a algunos se les ha ido la cabeza completamente. No quiero debates absurdos.

 

¿Cómo ve su futuro, a qué aspira, cómo se ve dentro de cinco o seis años?

El futuro me da mucho miedo. Me da miedo la incertidumbre. Me da miedo no saber lo que va a ocurrir. Hemos empleado mucho en esta conversación la palabra miedo y creo que es fundamental para vivir. Esa sensación de incertidumbre y ese inconformismo me hace estar muy vivo. No digo disfrutar como si cada día fuese el último de mi vida, pero sí de disfrutar de las compañías, de los momentos, de los lugares; y saborearlo. Es un privilegio ser torero porque puedo ir a sitios y conocer personas que no habría conocido con otra profesión.

 

Decía José Saramago “Nadie puede iniciar la frase estoy vivo con la seguridad de poder terminarla”

Claro, así es. Todo en la vida tiene su sentido, si no hubiese momentos malos no disfrutaríamos de los buenos, todo tiene su sentido. La vida es una mezcla de sensaciones, unas amargas y otras dulces, que son las que te compensan. Una vida plana es un desastre, tiene que haber altos y bajos. Tengo también el carácter mío, con subidas y bajadas. Yo no soy igual siempre, hay momentos en que soy dulce y otros en que soy más complicado.

 

Admiro a los toreros por muchas razones, pero valoro el que el torero tenga la capacidad de crear arte en fecha y hora fija, pese a que por dentro esté roto, tenga mil problemas y esté al borde del desánimo.

Eso es un milagro. Tal vez el toro sea una realidad paralela, como un mundo a parte. Cuando te vistes de luces te olvidas de que tienes padre, de que tienes madre, quién eres; todo te lo da y todo te lo quita. Estamos hablando muy místico, pero es que es así. El toreo son sensaciones que vive el que está toreando y el que está viendo torear. Hay momentos de arte irrepetible, para el que los realiza y para el que los vive.

 

¿En el patio de cuadrillas puede olvidarse de todos esos universos paralelos y centrarse sólo en lo que va a pasar en el ruedo?

Hay momentos en los que se pasa muy mal en el patio de cuadrillas, hay otros que sin embargo está a gusto. Cada día es distinto.

 

Esa frase de Belmonte “Ningún torero firmaría un contrato en un patio de cuadrillas” ¿Es cierta?

Ahí no conoces ni a tu padre.

 

¿Cuántas veces se ha arrepentido de firmar un compromiso?

No veas. Hay días que me digo a mí mismo vestido ya de luces ¿Qué hago yo aquí? Pero no en lo bajito, sino en lo fuerte ¿Qué coño hago yo aquí?

 

¿Cómo se resuelve esa disyuntiva?

Normalmente cuando he dicho esa frase, he liberado tanto miedo y tantas tensiones que después las faenas han salido bien.

Curro Díaz - Toro Cultura

Gracias maestro Curro Díaz por su amabilidad y por las experiencias que comparte con nuestros lectores. Es indudable que su forma tan personal de vivir el toreo resultará muy estimulante para todos.

Gracias a ustedes y un placer.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

 

 

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