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La casta de Cuadri

El toro de Cuadri es el más reconocible del campo bravo, pues tiene un fenotipo muy específico y diferente al de cualquier otro hierro.

El toro de Cuadri tiene romana, es hondo, corpudo, badanudo, musculado, carifosco, viste de negro o de colorado muy vivo, gasta cornamentas casi negras, gruesas en la mazorca, acucharadas, habitualmente bizcas del izquierdo, y siempre astifinas.

Cuando salta a la arena lo hace impetuoso, dejando tras de si una nube de polvo fino, acometiendo a los capotes que flamean cerca de los burladeros, a veces rematando con saña en los tableros, ganado el centro del ruedo y con él la jurisdicción sobre cuanto ose pisar el albero.

Lo que ocurre a partir de ese instante tiene un elemento común, la casta, que puede manifestarse indómita, mas ayer, en el diminuto coso de Azpeitia, el ganadero de Trigueros hizo un alarde de conocimientos sobre genética y envío un encierro con cuatro toros fieros y dos de contrastada nobleza.

Paulita tuvo el privilegio de lidiar con los de mejor condición, y en su primero mostró su toreo clásico y profundo, embarcando con pureza, corriendo la mano con verdad, rematando según los registros que los más grandes han convertido en canon. Paulita es un torero de concepto ortodoxo, dueño de una técnica envidiable, de rostro agitanado y expresión solemne, gesto grave y postura aflamencada. Viste con una elegancia que conmueve y engendra el toreo sin reparar en el trapío y la genealogía de sus oponentes. La oreja ganada esta tarde corrobora el éxito del año precedente, en que realizó la mejor faena de la feria, y debe avalar su Tauromaquia para figurar en carteles importantes, con toreros también de esencia.

Bajo el pecho de Alberto Lamelas late con desatada emoción uno de los corazones más vitales del actual escalafón. Su carácter se ha curtido entre el fuego de su pasión y el formol de terribles cornadas, mas nunca se arredra y tiene el triunfo por bandera, pues las pocas oportunidades de que disfruta son para él eventos gloriosos. Esta tarde ha ensayado su toreo entregado en cada pasaje de la lidia, recibiendo de rodillas, quitando por verónicas, ciñendo naturales, embarcando en redondo y tirándose a matar como si cada toro fuera el último de su vida. El éxito no le ha sonreído, sin que por ello haya mermado su compromiso con el toreo, ni su ilusión por ganar nuevos contratos.

Sebastián Ritter es el valor. En los mentideros azpeitiarras se comentaba antes de la corrida que su presencia en los carteles se debía a un quite providencial que le hizo a cuerpo limpio a Curro Díaz, poderdante del empresario, en un momento de gran apuro vivido en Las Ventas meses atrás. Esta tarde ha solemnizado sus series con sentidos prolegómenos, aceptado todos los envites de sus fieros toros, y protagonizado un toreo encimista de riesgo evidente. El mérito de este matador se comprende al saber que el de esta tarde ha sido su primer paseíllo de la temporada.

La feria de Azpeitia sigue siendo excepcional, pues se juegan toros de míticas divisas, con casta y trapío de plaza de primera, dando oportunidades a toreros modestos que asumen la responsabilidad, y quedan eternamente agradecidos a la generosidad del empresario, y al respeto del público.

Larga vida a Azpeitia.

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de Azpeitia, 31 de julio de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza.

 

Toros de Celestino Cuadri, de impresionante trapío, corpudos, badanudos, con romana y proporcionadas arboladuras; todos negros salvo el cuarto colorado. Primero: Un puyazo y un picotazo, noble y encastado. Segundo: Dos puyazos, incierto, duro y encastado. Ovación en el arrastre. Tercero: Dos puyazos, duro, encastado y fiero. Ovación en el arrastre. Cuarto: Dos puyazos; noble y encastado, de viaje corto. Ovacionado en el arrastre. Quinto: Devuelto por cojo. Quinto bis: Un puyazo; duro y encastado, de viaje corto. Sexto: Aplaudido de salida. Dos puyazos; duro y encastado; orientado al final de la faena.

 

Paulita, de nazareno y azabache: Estocada trasera (oreja). Dos pinchazos, estocada casi entera y tres golpes de descabello (ovación y saludos)

 

Alberto Lamelas, de azul marino y oro: Estocada perpendicular y seis golpes de descabello (silencio tras aviso). Estocada contraria y dos golpes de descabello (ovación y saludos).

 

Sebastián Ritter, de grana y oro: Bajonazo (ovación y saludos). Estocada caída delantera (ovación y saludos)

 

 

Incidencias:

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega a Paulita del premio a la mejor faena de 2016

Tercera y última corrida de una feria que, un año más, ha generado un alto interés, y ha producido un resultado artístico muy notable.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Paulita y Cuadri recrean la Tauromaquia

El centenario coso de Azpeitia fue ayer el marco perfecto para una nueva entrega del arte ancestral de lidiar toros en plaza.

Para que este evento pudiera producirse fue capital que don Fernando Cuadri enviara un lote de seis hercúleos toros azabache, cercanos a los seiscientos kilos, de acerada musculatura y pitones diamantinos. Salían los negros pupilos de Comeuñas del toril enseñoreando figura, acometiendo sin descanso, evidenciando el arcano de la casta que su propio criador recuerda cuando se le pregunta: “Un toro de casta embiste para coger, el descastado lo hace para que le dejen en paz”

Impulsados por su estirpe brava los toros arremetían con obstinación cuantos estímulos encontraran en su campo visual, ya fueran capotes, muletas, caballos o toreros, observando con escrúpulo las directrices de la casa que les patrocina.

Una corrida así exige grandes fajadores, y la terna entera mostró las razones por las que tienen un hueco en los carteles de San Ignacio y que aconsejó a la Comisión Taurina repetir la combinación de la edición precedente. Cabales lidiadores, guerreros de corazón, hombres tenaces, dominadores de sus emociones, artistas de fina sensibilidad; toreros en la más estricta acepción del término.

Pérez Mota ganó una oreja un año antes en este mismo albero, y tal vez no saliera por la puerta grande porque un hermano de estos toros le mandó a la enfermería con una cornada de tres trayectorias esculpidas a pedernal en el muslo derecho. Ayer ensayó el natural con clasicismo y toreó en redondo con hondura, mas su deficiente manejo del arma blanca le privó de la gloria que los aficionados guardaban en la memoria y acabará obteniendo, pues es torero de amplio registro.

Sergio Serrano, transfigurado en la feria del año precedente, pechó con dos fieras que buscaban al torero, se revolvían y tranqueaban siempre en corto, mostrando desde los primeros lances que iban a vender cara su vida. Por momentos parecían minotauros tratando de revertir el mito de Teseo. El torero les propuso dos lidias graves y generosas, ofreciéndoles ventaja en cada embroque, demostrando que no necesita artificios para emocionar al tendido y que ha venido al escalafón para quedarse, pues es un torero de hondo sentido.

Paulita, triunfador de la tarde, hizo el toreo caro. Desde que se abrió de capa con gesto solemne, hasta que salió a hombros, actuó con majeza y naturalidad, con un regusto clásico, privilegio exclusivo de media docena de toreros contemporáneos. Recibió a sus oponentes, auténticos obuses al principio de la lidia, con verónicas ajustadas, sin probaturas, ganando terreno al toro, y rematando en su segundo con lances de fantasía que arrancaron un sentida ovación. Pasó de muleta con ajuste, pisando terrenos en los que decide el toro, templando la embestida en tandas de naturales plenas de pureza y de hondura. Toreó despacio, atemperando la fiereza, cargando por momentos la suerte, con pausa propia de torero de muchas ferias. Se tiró a matar con arrojo cobrando dos estocadas a pecho descubierto que el público azpeitiarra reconoció con sendas orejas. Paulita probó la hiel un año atrás en forma de cornada en el cuello, y ayer disfrutó del honor y la gloria de un triunfo de ley. Esa es la verdad del toreo.

En Azpeitia volvieron a conjugarse la encastada nobleza de seis temibles fieras con el arte valeroso de tres generosos jóvenes, y como por ensalmo surgió la Tauromaquia.

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, treinta y uno de julio de 2016. Tres cuartas partes del aforo cubierto en tarde fresca y plomiza. Toros de Celestino Cuadri, negros, musculados, con romana y trapío de plaza de primera, encastados, poderosos y nobles.

 

Paulita, de malva y oro: Estocada (oreja); Estocada saliendo trompicado (oreja)

 

Pérez Mota, de azul marino y oro: Dos pinchazos, estocada trasera caída, seis golpes de descabello (silencio tras aviso); Tres pinchazos y cinco golpes de descabello (silencio tras aviso)

 

Sergio Serrano, de tabaco y oro: Estocada baja trasera (ovación y saludos); Dos pinchazos, metisaca y estocada casi entera caída (ovación tras dos avisos)

 

Incidencias: Paulita fue izado a hombros y conducido al coche de cuadrillas entre el fervor de la afición.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

La transfiguración de Sergio Serrano.

Sergio Serrano entró ayer en el patio de cuadrillas azpeitiarra siendo un chico de Albacete, y tres horas después, salió a hombros con honores de héroe. Es la magia del toreo, capaz de pagar con gloria el arte y el valor.

Muchos fueron los acontecimientos que mediaron entre uno y otro instante, si bien pueden resumirse con dos palabras: tarde épica.

Resultó capital que Don Fernando Cuadri mandara un encierro con trapío, romana, casta, dureza y nobleza. Los enormes toros negros de Trigueros plantaron pelea en todos los tercios y castigaron con rigor los errores de los lidiadores, a los que pusieron en dificultades en los primeros tercios, y no los mandaron antes al hule porque el patrocinador de la feria, San Ignacio, debía estar acreditado en el callejón.

Paulita toreó con gusto y empaque a un noble toro negro, se permitió mecer la verónica con regusto de toreo caro, corrió la mano al natural con aroma de romero y ensayó la estocada dos veces, primero un pinchazo, que debió avisar a su antagonista, y después una estocada entera a cambio de una cornada en el cuello.

Pérez Mota vino dispuesto a triunfar, mostró una magnífica disposición y conocimiento del oficio, ganó una oreja del segundo, y tal vez hubiera encontrado un nuevo trofeo del cuarto si no llega a recibir una terrible cogida en la suerte de matar que le esculpió tres trayectorias en su muslo derecho.

En ese instante había aún tres toros vivos, la enfermería colapsada, atmósfera densa de tragedia, y un leve sirimiri que desprendía el contundente cielo cárdeno del Urola.

Lo que pasa en la mente de un torero modesto y poco experimentado sólo él lo sabe, si bien sus actos posteriores mostraron tal determinación y entereza que cabe hablar de un torero cabal, confiado en su talento, con la seguridad absoluta de llegar a ser un torero importante. La diferencia entre los que lo intentan y los que lo consiguen es, a menudo, la determinación. Sergio Serrano la tiene y llegará a alcanzar la meta.

Cuando la tarde alcanzó su clímax épico y la bruma descendía de las cumbres, entre susurros, rumores y aromas a formol, Sergio Serrano se hizo dueño del albero, se estiró en los recibos de capa, especialmente con el sexto, un Zapato abanto de 675 kilos y un trapío como no se ve en la mayoría de las plazas de primera; condujo dominador a los toros a la jurisdicción de los picadores; pasó de muleta con ambas manos haciendo gala de un admirable valor sereno, dibujó el natural con hondura, condujo en redondo y remató ambas faenas con ceñidas manoletinas, en algunas de las cuales fue golpeado en los muslos por la pala del pitón. Armó estoques, esbozó perfil de matador de ley, y dejó una certera estocada en el hoyo de las agujas del pavoroso toro sexto de Comeuñas.

Sergio Serrano dio ayer una lección de torería que impresionó al público Guipuzcoano. Su gesta quedará en la memoria de los que allí estuvimos, pues él, sus dos compañeros y el ganadero brindaron una tarde épica, con tres titanes que quisieron engendrar arte y seis nobles fieras que pretendían vender muy cara su vida.

Reseña:

Plaza de toros de Azpeitia, 31 de julio de 2015, tres cuartos del aforo en tarde húmeda y plomiza.

Toros de Cuadri de impresionante trapío y romana, encastados, duros y nobles.

Paulita: Pinchazo y estocada; corneado en el cuello no pudo continuar la lidia; ovación que recoge su cuadrilla.

Pérez Mota: Estocada, oreja. Estocada saliendo herido con tres trayectorias en el muslo derecho, ovación que recoge su cuadrilla.

Sergio Serrano: Silencio tras aviso. Ovación. Gran estocada, dos orejas. Salió a hombros.