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Museo de la Plaza de Pamplona, una experiencia en todos los sentidos

El nuevo Museo de la Plaza de Toros de Pamplona se revela como un modo de mostrar la Tauromaquia moderno, tecnológico y multisensorial. Su original concepto permite a muchos descubrir los arcanos del toreo, y convertir la visita en una experiencia transformadora.

La Casa de Misericordia ha invertido más de 200.000 euros en un proyecto concebido por el reconocido arquitecto y miembro de la Junta Fernando Redón, lamentablemente fallecido antes de ver su obra acabada, que logra emocionar a los visitantes, y convertirse en una vivencia memorable.

Museo Taurino Plaza Pamplona

El museo, lejos del modelo tradicional que exhibe cabezas de toros, estoques y añejos trajes de luces, acerca al visitante de forma tangible a las diversas Tauromaquias, dentro de un espacio mágico, como es la plaza pamplonesa, que es otra de las protagonistas de la visita. Proyectada en 1920 por Francisco Urcola según idea original de Joselito, es construida en estilo neoclásico, con puros elementos jónicos y dóricos, e inaugurada en 1922 con gran éxito. En 1966 es remodelada por Rafael Moneo, ampliando su aforo hasta las casi 20.000 localidades, siendo el mayor coso de España, tras la Monumental de Las Ventas de Madrid.

Recorrer La Estafeta, doblar la curva de Telefónica, bajar la rampa de acceso a la plaza y encontrarse los portones abiertos es lo más parecido a correr un encierro sin toros. Una vez bajo tendido, justo en el estrecho pasillo que conduce al ruedo, se proyecta un audiovisual sobre las tres paredes del recinto que reproduce con asombroso realismo las carreras que llevan a los corredores hasta este punto, para muchos angustioso. La recreación es espectacular, con tres proyectores simultáneos que dotan a las escenas de gran crudeza, realzado por un sonido envolvente, elaborado a partir de cientos de registros obtenidos en el transcurso de los encierros pamploneses, que mezcla gritos de sorpresa, alegría, admiración y pavor.

Con el pulso aún acelerado por la proyección, los visitantes acompañados por un monitor, cruzan el ruedo pisando el mítico albero, o bien ganan la puerta de los corrales recorriendo el callejón. Pueden palparse los tableros de madera grana y las troneras en las que los dobladores se resguardan en el estertor del encierro, y observar las astillas de los burladeros provocadas por los derrotes del toro.

Museo Taurino Plaza Pamplona

La visita a los corrales, tantas veces mostrados por televisión, descubre una nueva dimensión del espacio en el que los toros serán sorteados y enchiquerados, y muestra a través de visores, la recreación tridimensional de las estancias de los bravos en este lugar.

El recorrido continúa por las cuadras, habilitadas con elementos abatibles para mostrar dos nuevos audiovisuales.

El primero versa de manera didáctica sobre la vida del toro en el campo y su crianza, y ha sido grabado en las fincas de Miura, Jandilla y El Parralejo, divisas asiduas a la Feria del Toro.

Museo Taurino Plaza Pamplona

El segundo se muestra en una cuadra contigua aún mayor, provista de los comederos y las barras separadoras de los espacios para los caballos de picar, y alberga en su parte posterior la naturalización del toro Coquinero de Jandilla, lidiado en esta misma plaza. La proyección simultánea de imágenes en diez pantallas de diversos tamaños se centra en el perfil de la plaza Monumental, los preparativos para la corrida, los tercios de la lidia y sus protagonistas. De nuevo el sonido asume un papel sustantivo e intensifica la espectacularidad de las imágenes. El visitante tiene también la ocasión de disfrutar de catorce columnas de fotografías luminosas que glosan la historia de la plaza, así como de un plano que reproduce en recorrido del encierro que muestra el sentido de avance de la manada en tiempo real, ilustrado con imágenes históricas de cada tramo. Junto a la salida del recito existen pantallas que reproducen carteles anunciadores de la “Feria del Toro” y de las “Fiestas y Ferias de San Fermín” que abarcan un siglo de historia viva del toreo en Pamplona, muchos de los cuales son litografías magistrales.

Museo Taurino Plaza Pamplona

La visita incluye la posibilidad de observar dos de los lugares sagrados del coso: la sala de toreros y la capilla, espacios mágicos y venerables, cuyas paredes son testigos cada año de escenas de gran concentración y enorme carga emocional. Cientos de toreros, entre ellos todas las figuras, se han conjurado aquí con la vida, y han tenido meditaciones trascendentes, cada uno según su propio credo. Conmueve pensar en cuáles habrán sido los últimos pensamientos que habrán merodeado por la mente de Belmonte, Manolete, Ordóñez, Bienvenida, Paquirri, Manzanares, El Yiyo, José Tomás, Enrique Ponce, Padilla, El Juli o Morante de la Puebla antes de pisar el albero.

Quien crea que ya lo ha visto todo encontrará aún una sorpresa más. El visitante puede acercase a la puerta de chiqueros, tomar un capote profesional, sentir su peso y firmeza, acariciar su recio percal, dibujar lances en el aire y acercarse a la imponente silueta de un toro de Miura, disecado de cuerpo entero, que emerge de la tiniebla de toriles para dar lidia.

Mariano Pascal, miembro de la Junta de la Casa de Misericordia, organismo benéfico organizador de la Feria, recibe a Toro Cultura a las puertas de la Plaza y, además de acompañarnos amablemente en la visita, nos facilita otros datos de gran interés para los aficionados: “El perfil de los visitantes es mayoritariamente internacional, ya que un 70% proceden del extranjero, siendo los más numerosos los franceses, alemanes y holandeses. También existe ya una experiencia con turistas chinos y japoneses, que entienden perfectamente la muestra y quedan gratamente sorprendidos. El museo emplea en este momento a cinco personas que atienden a cerca de doscientas personas al día”

Museo Taurino Plaza Pamplona

La Casa de Misericordia es ambiciosa, y tiene como objetivo conseguir “60.000 visitas anuales, tantas como la catedral de Pamplona, referencia turístico local”

El museo es un organismo vivo, en continuo cambio evolutivo, pues pese a que lleva sólo un mes abierto, ya existe un concurso de ideas para ampliarlo y perfeccionarlo.

“El objetivo -continúa Pascal- es mantener el coso activo todo el año, acercar la Feria del Toro a los aficionados de todo el mundo, y difundir la Fiesta entre los miles de visitantes que anualmente se dan cita en la capital navarra”.

El horario de visita comienza a las 10:30 y continúa de forma ininterrumpida hasta las 19:30. El precio de la entrada es de cinco euros, si bien existen descuentos para grupos, menores y otros colectivos.

Esta experiencia demuestra que la dimensión cultural de la Tauromaquia interesa en todo el mundo, y que cuando se pone en marcha un proyecto ambicioso y bien concebido, es además rentable.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

 

 

Llenar las plazas es fácil, si se sabe cómo.

La prestigiosa empresa Google, a través de su filial Google Books, ha llegado a la conclusión de que en el mundo hay en la actualidad 129.864.880 libros publicados, de los cuales, según una aproximación realizada por diversas librerías, el 30% serían de “autoayuda”

De ser ciertas ambas valoraciones, en los fondos editoriales del mundo se recogerían nada menos que 39 millones de títulos dedicados a  “conseguir cosas tales como la actualización de las potencialidades humanas (psicológicas y espirituales)”

Cierto es que el género literario de la “autoayuda” aporta ideas y principios de actuación y pensamiento, si bien los propios autores reconocen a menudo que lo fundamental para que tenga un valor práctico es creer lo que se lee y, especialmente, dar el paso de aplicarlo.

A los organizadores de funciones de toros les está ocurriendo algo parecido. Aseguran conocer las claves del éxito empresarial, algunos en base a varias generaciones practicando, si bien parece que no tienen la suficiente confianza o determinación para jugarlas con éxito.

Dígale usted a un empresario medio que tiene que aplicar la imaginación para componer carteles y le responderá: “Sí, pero aquí sólo llenan las figuras”

Dígale que el espectáculo recurrente ha hastiado ya al público y le responderá: “Sí, pero es que la afición es la que es”

Dígale lo que quiera decirle, que él tendrá en su pensamiento la siguiente idea: “Ya, pero la cosa está muy mal por la crisis”,  y una fracción de segundo después estará soñando en alguna subvención que jamás llegará.

En síntesis: el estamento organizador de espectáculos taurinos vive instalado en la depresión y, lo que es aún más grave, también en la resignación.

La experiencia más reciente de la corrida inaugural de la temporada taurina en Madrid supone una demostración práctica de que llenar la plazas es posible, incluso en las fechas menos propicias, siempre que se aplique una serie de principios de gestión, principios muy elementales que llevan empleándose con éxito en muchos sectores económicos desde tiempo inmemorial.

Primero: Son precisos toros.

Aunque parezca una evidencia lo primero necesario para llenar los tendidos son toros. Lo que el maestro Joaquín Vidal describió como “el milagro español”, esto es, “las corridas de toros sin toros”, ya no funciona. La afición sabe de encastes aborricados y de líneas aborregadas del mismo modo que reconoce el abolengo de los hierros que conservan intacta la sangre brava y detecta el perfil soberbio y punzante del toro íntegro.

El “producto cárnico” tuvo su predicamento durante los años en los que ir a la feria era un acto social arraigado en las costumbres de los españoles, si bien la realidad socioeconómica ha variado lo suficiente como para que sea precisa la comparecencia sobre la arena de algo más que media tonelada de carne bovina desnaturalizada.

Los términos Partido de Resina (antes Pablo Romero), Adolfo Martín, Cebada Gago, José Escolar, Victorino Martín y Palha no dejan indiferente a ningún espectador, antes al contrario, las retinas de los aficionados reviven sus enhiestos perfiles, sus capas por lo general cárdenas, su tranco decidido y su atávica tendencia a embestir humillando.

El aficionado sabe que cuando esa ralea pisa en albero lo hace para vender cara su casta brava y recrear en breves instantes toda la esencia de su indómita estirpe.

Segundo: Son necesarios toreros, o al menos uno.

Asumir en octubre un reto como éste y prepararse pacientemente en el campo, modelando el cuerpo y el espíritu para culminar semejante gesta no es envite que acepte cualquiera.

Para llenar plazas son precisos hombres curtidos, las más de las veces renegridos por el sol, capaces, que derrochen torería y le digan al toro ¡je!, y el toro se venga encelado en los percales, recrecido en su encastada nobleza, y ya está su lidiador dándole fiesta. Que le marquen la distancia y el trazo templado a su furibunda embestida. Hombres que no se arredren, que carguen la suerte y que, cuando la faena ya está concluida, pues el toro ha agotado ya su torrente de bravura, le citen con decisión, dando el pecho y hundan el acero en el hoyo de las agujas.

Hombres que ejerzan con rigor el sacerdocio secular de encarar al dios tauro y  desafiarlo hasta vencerle. Hombres capaces de transitar cada atardecer por el estrecho lindero de la tragedia, y de salir victoriosos para celebrar, una vez más, el discurso alegre de la vida ganada.

Hombres, en definitiva, ambiciosos, que sientan pasión por el arte que desgranan cada tarde sobre el albero de los cosos del mundo.

Tercero: Conviene apelar a la épica.

La Tauromaquia no es un mero espectáculo, más al contrario, es un espectáculo sin igual en el que se vive y se muere de verdad. El toro es el único animal con el privilegio de matar al hombre como designio natural. El hombre desafía a la bestia despidiéndose cada tarde de su vida, para poder escribir así una página más de la heroica historia del toreo.

Un acontecimiento épico debe venderse como tal, con toda su crudeza, pleno de autenticidad, y el espectador debe sentir una emoción indescriptible desde que suenan los timbales hasta que el tiro de mulillas cascabelea en el arrastre.

Iván Fandiño hizo uso de este valor al declarar en las fechas anteriores a su gesta frases como “La entrega del cuerpo se parece al dolor. Algo se quebranta en el alma cuando surgen tantos sentimientos” o “Para mí la libertad no es acomodamiento, sino un acto de rebeldía del día a día” e incluso  “Tengo un compromiso con la historia, y si he de morir lo haré libre” La afición lo entendió, se entregó y llenó el coso de Las Ventas.

Cuarto: Resulta imprescindible emplear la comunicación y la imagen.

Las empresas que comercializan productos o servicios saben que la imagen es tan importante como la materialidad de lo que se vende. Indudablemente hay que ser, pero también es necesario parecer. Por esta razón las compañías más prestigiosas destinan a crear una imagen atractiva porcentajes de su facturación que alcanzan el treinta y hasta el cuarenta.

Una feria media de una ciudad media apenas si invierte en la impresión de los carteles, en la inserción de anuncios, las más de las veces desafortunados, en la prensa local y, si el ayuntamiento lo permite, gran aparato megafónico adosado a unidades móviles en la mañana anterior al festejo.

La presencia de las ferias en las redes sociales es aún insuficiente y los mensajes que se envían son seriados y tópicos, hasta el punto de generar más rechazo que adhesión. Emitir información trivial no asegura el éxito comercial. Repetir un modelo caduco jamás ofrecerá un resultado diferente al que se produce contumaz cada verano en multitud de pueblos y ciudades del orbe taurino.

La encerrona del pasado día 29 en Las Ventas fue un claro ejemplo de que hay otros modos que aventuran otros resultados.

Iván Fandiño está forjando su leyenda de acuerdo con su voluntad y su concepto de la vida y del toreo. Él sabe lo que quiere y lo dice. Él escoge a sus exégetas y son ellos los que van torneando el perfil anguloso del valeroso matador vizcaíno. Sus mensajes son claros, diferenciadores y perfectamente dosificados, empleando además en cada caso el medio más conveniente. Iván Fandiño ha logrado superar la “normalidad” para convertirse en un torero diferente, con señas de identidad claras y un discurso coherente y emocionante.

Los días posteriores al evento multitud de personas ajenas por completo a la Tauromaquia sabían que se había llenado la plaza, que los toros eran temibles y que el torero no había podido triunfar. Claro síntoma de que la gesta del matador había trascendido del ámbito meramente taurino para transformarse en un acontecimiento social.

Quinto: Es necesario internacionalizar el espectáculo.

La movilidad de la población y el gusto por conocer otras culturas facilita la incorporación a los tendidos a personas de orígenes muy diversos. La Tauromaquia y el toro son los motivos que más se identifican en el exterior con España y ofrecen un potencial asombroso a quien decida capitalizarlos.

En la corrida inaugural de la temporada 2015 en Las Ventas había público local, por supuesto, pero también se hacía notar la presencia de aficionados de fuera de Madrid y de fuera de España.

Los criterios de selección del cliente en la comercialización de espectáculos taurinos no pueden ser meramente locales, muy al contrario, el mercado de referencia debe ampliarse y considerarse al mundo como ámbito de trabajo. Para lograrlo cada corrida debe ser un evento único y distinto.

Sexto: Es preciso preparar el evento con antelación.

El cargo en taquilla de las plazas importantes se aproxima al millón de euros. Cualquier empresa del mundo prestaría atención máxima a un pedido de esa magnitud, especialmente si el beneficio puede ser del treinta, cuarenta e incluso el cincuenta por ciento de la facturación.

Sus empleados viajarían hasta lo más recóndito del planeta, se reunirían con el cliente cuantas veces fuera necesario, se ocuparían en conocer sus expectativas, configurarían una oferta plenamente convincente, tratarían de superar a la competencia, negociarían precios, cerrarían plazos, estipularían garantías, agasajarían al cliente y, además, se comprometerían a mantener impoluto el producto durante uno o más años.

Afortunadamente existen algunos empresarios que trabajan con intensidad y velan por todos los detalles. Sin embargo todavía subsiste la figura del que busca el tacazo fácil. El empresario taurino que llega la víspera de comenzar la feria, come y bebe bien, pronuncia palabras de encomio a las autoridades locales, rara vez concede una entrevista a la prensa y se oculta de los aficionados, que son los que pagan, no vaya a ser que malinterpreten los nuevos precios.

Una vez finalizado el serial hace balance de sus resultados, paga si puede sus deudas, maldice a la lluvia o cualquiera otra circunstancia que haya mermado la taquilla y toma la maleta hasta la plaza siguiente.

El torero que lo es, se entrena desde que es un niño para ser figura, renunciando a su juventud, cincela su cuerpo y su espíritu para las privaciones y el sufrimiento. Asume el riesgo supremo de perder la vida, entrega su talento en cada embroque, ofrece ventajas al toro y juega a toma y daca en la suerte suprema. Todas las tardes, todas las temporadas, y aún cuando ya se ha cortado la coleta, sueña íntimamente con la faena perfecta y torea de salón cada vez que tiene un trapo en las manos.

El ganadero vocacional selecciona sangres en el laboratorio de la tienta, cría con mimo al toro durante cinco años, mantiene a su prole, asume riesgos y mermas, negocia precios y lotes, que no siempre se respetan, y hasta que no ha rodado el último toro no tiene el espíritu en paz.

El espectáculo del pasado día 29 contó con un torero que quiere ser eterno y seis ganaderos que entienden que la crianza del toro no es un privilegio, sino la alta responsabilidad de mejorar cada día la gloriosa especie del toro bravo.

Séptimo: Ayuda vender las entradas con suficiente anticipación.

Los carteles rematados a última hora, con baile de corrales y súbitas indisposiciones de las figuras, son moneda corriente en las ferias sin sustancia, y conducen, como no puede ser de otro modo, a la ruina económica y al desprestigio del espectáculo.

El compromiso del pasado día 29 de marzo fue anunciado con antelación, publicitado como gran evento meses antes de su celebración, sin complejos ni ambages, la taquilla virtual funcionó y la afición tenía su boleto en el bolsillo días antes de que los alguaciles despejaran el ruedo, pues desde días antes se hablaba de lleno histórico en la plaza.

Octavo: Es necesario asegurar la dignidad del espectáculo.

Según un aserto del maestro Joaquín Vidal “El toreo es grandeza”

Afirmación irónica cuando el festejo se celebra en un lugar recóndito de nombre desconocido y en él interviene el novel lidiador Angelito, auxiliado por Juvenal, apoderado por Posibles, quien a su vez pretende coyunta con Esperanza Carcajosa, también conocida por “Sperance´s Sensitive”

Una corrida de éxito es un absoluto derroche de recursos. Es el acto final en el que convergen cinco años de crianza del toro y muchos más de aprendizaje y anhelo del torero. Es un rito iniciático y culminante a la vez. Es un momento de fiesta y como tal los actuantes se engalanan de sedas y oros. Destellos de lujo en chaquetillas y taleguillas confeccionadas para la ocasión. Cabellos brillantes, milimétricamente ordenados, avíos pulcros, esportones lustrosos, monteras tersas, corbatines y fajas armónicos.

El paseíllo es solemne, según jerarquías, con paso breve y mirada perdida en la aventura que se avecina. La lidia ordenada, con roles definidos y absolutamente respetuosa con lo que preceptúan los cánones centenarios de la lidia.

El día de la encerrona el público masculino asistió vestido de padrino de tan singular ceremonia y las mujeres enseñoreaban su figura vestidas de seda oliendo a perfume caro, derrochando sus mejores sonrisas.

Alguaciles y mulilleros estrenaban atuendo, investidos de la solemnidad que la ocasión requería y hasta los monosabios lucían el porte propio de las grandes fechas.

Una corrida así es el espectáculo más digno que pueda celebrarse, pues actuantes y espectadores comparten el sentimiento de grandeza, de la secular grandeza del toreo.

Noveno: Es definitivo recuperar el orgullo de ser aficionado.

La presión social que ejercen colectivos antitaurinos financiados por multinacionales con ambiciosos objetivos económicos está surtiendo su efecto. A fecha de hoy son muchas las poblaciones en las que declararse admirador de la Tauromaquia es un baldón e incluso una carga profesional. En algunos casos equivale a asumir la marginalidad propia de quien se instala en un modelo caduco y condenado por la vanguardia imperante.

Estos grupos minoritarios pero perfectamente organizados, están ganando la opinión pública y se ha instalado en el imaginario colectivo la idea de que el toro produce lástima; la idea de que el torero es un torturador; la idea de que los ganaderos son señoritos decimonónicos; y la idea de que el espectador acude a la plaza al conjuro de la sangre derramada.

Es evidente que nada de lo anterior es cierto, si bien el las disciplinas sociales, como la política y la administración local, no importa tanto lo que sea, como lo que la gente crea que es.

La pugna por invertir el movimiento del péndulo es ardua y larga, si bien es esencial conseguir difundir la cultura y los valores de la Tauromaquia urbi et orbe. Como dijo Morante de La Puebla “La fiesta no necesita defensa, necesita difusión”

El aficionado a los toros debe saber que forma parte de un colectivo cultural específico y que como tal tiene derecho a manifestarse, a disfrutar de su pasión, a ser protegido por los poderes públicos e, incluso, a defenderse de las agresiones y amenazas.

El aficionado a los toros es un ser con una sensibilidad especial, capaz de apreciar en pequeños matices la catadura del toro, y en las prestaciones de la labor del diestro destellos de una técnica compleja y centenaria que por instantes se convierte en un arte sublime.

El aficionado al toreo es un ser eminentemente culto, tanto como la fiesta que admira y vivencia, puesto que es consecuencia de un extraño refinamiento,  que hace posible vencer a un fuerza desatada con un leve giro de muñeca.

El aficionado a los toros en el mayor admirador de la estirpe del toro de lidia y el mejor garante su supervivencia. En cada entrada que paga está financiando el pasto que come, la finca en que vive, la sanidad de que disfruta y la libertad sin igual en que el toro de lidia inscribe su gozosa vida.

El aficionado a los toros debe vivir orgulloso por contribuir a la recreación de un rito secular que no tiene parangón en el mundo, a la supervivencia de una estirpe animal tan seductora como improbable, y a la perpetuación de una de las manifestaciones culturales de mayor calado emocional que han alumbrado los siglos.

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

El lenguaje secreto de los banderilleros.

El subalterno es un hombre de piel de bronce, cuando no renegrida, que enseñorea su torería con leve movimiento de hombros en el paso, gesto adusto en la mirada y un cierto aire solemne en cuantas empresas acomete, que entre el alba y el ocaso es consciente de ser portador de un aura especial propia del sacerdocio que ejerce.

Ya en el patio de cuadrillas un subalterno que se precie viste terno agitanado, gasta postura aflamencada, mira con recelo a cuantos se acercan al matador, ya sean prohombres de la fiesta, se dice a si mismo profesional cada vez que pinta la ocasión y habla con su maestro quedo y en bajo registro.

Los doctores en Tauromaquia aún no han discernido cuál es el sortilegio que opera durante el paseíllo, pues los más de los banderilleros demudan su actitud al cambiar sedas por percales, estiran los brazos, sueltan la lengua y transmutan en personas sustancialmente diferentes, procaces y, en caso extremos, histriónicas.

El, hasta instantes antes, auxiliador, se convierte en oráculo y el ayuda de cámara en conspicuo consejero. Resulta difícil de comprender  qué mecanismo opera para que consumados maestros con veinte años de alternativa y centenares de festejos a sus espaldas sean tan sensibles a las consignas que su cuadrilla va desgranando desde el callejón, y como cumplen, de forma cabal, cuantas indicaciones llegan a sus oídos, sin cuestionarlas en punto alguno, como si emanaran del propio Olimpo taurino.

El ambiente que se crea en el callejón, especialmente si la lidia tiene lugar cerca de la barrera, constituye en microcosmos que con frecuencia no coincide en nada con el ánimo de los tendidos, y puede decirse que en veinte metros cuadrados tiene lugar una auténtica conferencia privada, en la que el matador es el intérprete del libreto que los peones, y algunas veces el apoderado, recitan al tiempo que redactan.

Como en cada uno de los ámbitos de la cultura de la Tauromaquia, en éste también se ha desarrollado un lenguaje propio, rico y exuberante, cambiante con el transcurso de los años, que facilita la comunicación entre el matador y su cuadrilla, mas no siempre resulta inteligible para los no iniciados.

A continuación se expone un breve prontuario que facilita la comprensión de las conversaciones que se dan entre profesionales de oro y plata a lo largo de la lidia.

Acostúmbralo: Encélalo, es decir, invitación a provocar la vehemencia del toro en la persecución de los señuelos.

Aire: Conminación a guardarse mediante la lejanía a los pitones del toro, dejando un amplio espacio de distancia.

Alquilarse: Trabajar puntualmente en una cuadrilla diferente a la habitual a cambio de unos emolumentos.

Atácale: Invitación a realizar un toreo más próximo a la res y dinámico a fin de provocar la repetición de la envestida.

Cerrado: Dícese del toro cuando ocupa una posición cercana a las tablas.

Como los ángeles: Símil empleado por los peones para referirse a la calidad del toreo realizado por su maestro.

Crúzate: Exhorto para que el muletero se sitúe en línea con el pitón contrario, para provocar la envestida profunda y emocionante.

Dale distancia: Conminación a citar al toro desde lejos para no frustrar su celo.

Date importancia: Invitación a solemnizar la actuación muletera del maestro.

Desmayaíto: Condición del cite con gesto de desmayo cercano a la levedad.

Duélete:  Consigna tendente a evidenciar ante el público que el torero sufre, por efecto de la lidia, algún tipo de lesión que pondrá en valor su entrega y su abnegación.

En el mundo: Término con dos acepciones diferentes. Si el subalterno pronuncia esta frase con el dedo índice de la mano derecha alzado está significando que su matador ese el número uno del mundo, de los toros se entiende. Si se vocaliza sin gesto adicional su significado es que no se ha visto un toreo más ajustado a los cánones en el mundo entero.

Enséñale: Encélalo.

Enséñalo: Invitación a mostrar la aviesa condición del toro para justificar la falta de lucimiento en la faena.

Es un dije: Descripción del toro cómodo y falto de trapío, también conocido por “bonito”. La reiteración de la expresión a lo largo de la lidia pretende estimular el ánimo del matador e inhibir sus miedos.

Hueco: Se emplea en imperativo para conminar al muletero a guardar distancias con el toro.

Ole los toreros “güenos”: Elogio castizo y corriente en el habla del callejón.

Pónsela: Consejo de aproximar la muleta a la cara del toro para provocar la embestida.

Quítale las moscas: Invitación a machetear por la cara, para mermar la condición física del toro y prepararlo para la suerte suprema.

Róbale: Sugerencia para que el torero aproveche el viaje hacia la querencia, y obtenga un pase fácil y de poco riesgo.

Rómpelo: Incitación a practicar el toreo por bajo, exigiendo la entrega física del toro, lo que merma sus condiciones.

Se deja: Expresión que significa que el toro no presenta especiales dificultades para consumar el toreo actual.

Sí: Frase afirmativa para refrendar un pase especialmente bien rematado.

Sin molestarle: Conminación a ejecutar el toreo a media altura para evitar que el toro humille y sea quebrantado.

Tiempo: Invitación a evitar la precipitación en el cite, posponiendo el toque para distanciar los embroques.

Tócale: Recomendación de agitar levemente la pañosa para llamar la atención del toro.

Va a servir: Reflexión sobre las adecuadas condiciones del toro para la lidia moderna.

Vámonos: Voz empleada para conminar al lidiador a que finalice la tanda de pases.

Vamos a gustarnos: Invitación a vivir la lidia con intensidad y pasión.

Vamos a perdérselo: Sugerencia para que el muletero retroceda cada vez que se aproxime el embroque, perdiendo un paso en cada pase.

Vamos a sentirnos toreros: Apelación a la interpretación del toreo desde la pasión más intensa que en ocasiones raya en el patetismo.

Véndelo: Imperativo que incita al matador a solemnizar el pase con gestualidad histriónica previa al mismo.

Venga ya: Voz de protesta hacia la presidencia empleada para excitar al público en la petición de trofeos.

Visto: Expresión para significar que el toro ha mostrado su condición y ésta ha sido interpretada por los lidiadores.

Una vez finalizado el festejo el subalterno retomará su gestualidad solemne y su verbo discreto, y guardará para sí cuantos detalles, por nimios que parezcan, que expliquen el comportamiento del toro y la actitud del torero.

Si algún aficionado se le aproxima en tono amistoso, con afán de descifrar las claves que han marcado el devenir de la tarde, el subalterno permanecerá impertérrito, mirará al suelo, se ajustará la casaca con un leve gesto de hombros, fruncirá el ceño con desdén y añadirá en tono críptico: “Es que lo que pasa en el ruedo no puede describirse con palabras”

 

 

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