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Valdefresno: “El toreo tiene que evolucionar hacia la creatividad y la emoción”

Los nombres nunca son casuales. Todos tienen una causa y muchos un efecto. La etimología del encaste que trabajan con pasión José Enrique y Nicolás Fraile es premonitoria: Atanasio significa inmortal.

Si de ellos dependiera así sería “ad eternum”. Estos jóvenes ganaderos han afrontado muchas dificultades, han sido tentados por otras sangres más dulces, han sufrido la incomprensión de una parte de la crítica, han sido ignorados por algunos generales del escalafón de matadores, y sin embargo siguen creyendo en un encaste que hace pocos años era santo y seña del campo charro. Su tesón es admirable.

Nos reciben en la finca Valdefresno, que nomina a la ganadería por la que trabajan desde su fundación. Es la primera tarde de junio, el sol brilla con todo su esplendor, y el calor aprieta también en el porche en el que tiene lugar el encuentro. No rehúyen ningún asunto, explican el pasado, viven el presente, y hablan del futuro con la confianza de quien sabe que sólo cabe la victoria.

 

¿Cómo es el toro de Valdefresno?

 

José Enrique Fraile: Es un toro especial y particular. Por desgracia en los últimos tiempos este encaste Atanasio-Lisardo va desapareciendo. En Salamanca era hace algunos años mayoritario, y hoy somos nosotros y pocos más los que lo llevamos. Sólo por el hecho de ser distinto ya es interesante.

A diferencia del toro que se pide hoy éste es un encaste frío, con algunas manifestaciones de mansedumbre, pero que conociéndolo, esperándolo y haciendo al toro propicia el triunfo.

El toro actual de las Ferias sale embistiendo, es predecible, sale caliente y embiste al capote desde el primer momento. El nuestro es diferente.

 

El toro de Atanasio ha sido tradicionalmente un toro más difícil, que exigía más a los toreros.

 

José Enrique Fraile: Éste es bravo, pero el torero tiene que hacer por él, tiene que ir construyendo para que en los últimos diez minutos lo de todo. Pero eso tiene que proyectarse desde el principio. El torero y la cuadrilla tienen que ir por delante de él, consintiéndolo en algunos momentos, dejándolo, para pedírselo todo al final.

En realidad todos buscamos lo mismo, un toro que tenga raza y sea bravo, que tenga recorrido, que humille, que sea obediente pero con transmisión.

 

ganadería de valdefresno

 

Con las peculiaridades propias de cada encaste.

 

José Enrique Fraile: Una de las grandes riquezas que tiene la Fiesta, tanto en toreros como en ganaderos, es la diversidad. Ver salir a un toro y conocer su encaste por la morfología es muy importante.

Tiene el hándicap de la falta de previsibilidad o falta de formación del torero. Ya desde las escuelas aprenden según la predictibilidad del toro de hoy. Sin embargo antiguamente los maletillas, cuando iban de tapias, aprendían según el encaste de que se tratase.

En algunos casos el torero se encuentra por primera vez en la plaza con este encaste, y lo reconocen. Otros en cambio están ya experimentados.

 

¿Cómo se hacen los tentaderos en esta casa?

 

Nicolás Fraile: Como toda la vida. Llevamos viendo tentar desde que nacimos. Los criterios son los clásicos. Somos rigurosos con el caballo. Las vacas de dos años deben ir cuatro, cinco, seis veces, con entrega, alegría, raza, y emplearse en el peto. Para que una vaca sea aprobada tiene que ir bien al caballo. Después pasa al tercio de muleta y la verdad es que se les exige mucho. Les exigimos como en tres faenas de plaza. Una vaca buena que aprobemos recibe cien o ciento veinte muletazos. Se les obliga a faenas largas, para ver el fondo de raza, tanto en el caballo como en la muleta. Buscamos bravura, clase entrega, nobleza, y que tenga mucho fondo.

 

¿Y los sementales?

 

Nicolás Fraile: Algo parecido; en el caballo les exigimos ocho puyazos. Primero hacemos una selección genética, y luego con parámetros morfológicos. De la camada de cien o ciento veinte machos seleccionamos diez o doce por nota, y al final metemos a la plaza tres o cuatro que cumplen todos los requisitos. Se evoluciona, los tentaderos de hace treinta años no eran lo mismo, pero buscamos bravura, duración, clase. A lo mejor nuestra percepción va cambiando, pero la esencia de las tientas no.

 

¿Qué es lo que nunca perdonaríais a un toro de vuestro hierro?

 

Nicolás: Cuando se raja de verdad, cuando no quiere pelea y se te echa en el ruedo. Afortunadamente hace años que no nos pasa.

 

José Enrique: Echarse no se ha echado ninguno. Y es un encaste llamado, no a echarse, pero sí a que salgan tirando las patas. Es una característica de su naturaleza que va superando con la lidia. Es inteligente, estudia la huida para irse a su territorio. La lidia está pensada para que el toro de la cara, y los nuestros lo hacen, pero en este encaste está asumido que alguno tire las patas.

 

Nicolás: Un escalón inferior a echarse es cuando un torero lo está cuajando de verdad y el toro dice “hasta aquí he llegado”, y se larga.

 

José Enrique: Otros borrones son por falta de raza, por falta de estilo; no necesariamente por huir. A lo mejor se le puede hacer una faena en tablas interesante. Ese toro que emplea la falta de raza no huyendo ni metiéndose con nadie, sino en mal estilo, de no humillar, de saber lo que se queda detrás, de levantar la cara. Cuando le veo ese estilo me siento mal porque es una cosa que tenemos que superar. No es fácil ya que algunas veces dan saltos atrás y del mismo semental y la misma vaca te salen hijos completamente diferentes. Está dentro de los riesgos que corremos los ganaderos. Más que la mansedumbre en si, que no me gusta, evidentemente, el que utilice la mansedumbre con mala clase y mal estilo me molesta.

 

ganadería valdefresno

 

Tras una selección esmerada, rozando la perfección técnica, sale sin embargo un toro deslucido. ¿Cómo se vive esta circunstancia?

Nicolás: Lo vives mal, son fracasos personales. El razonamiento es lógico: seleccionamos comportamiento. En cualquier selección genética, cuando hay parámetros cuantificables, es relativamente sencillo; carne, leche, kilos, litros. Eso es fácil porque es medible. El carácter es muy variable, intervienen miles de factores y eso es muy cambiante. Es como las personas, uno es más simpático y otro habla mejor. Nos basamos en porcentaje de acierto. Hay veces que por genealogía homogénea de padre y madre, tienes la máxima confianza. Y sin embargo ese día pegas el mayor petardo.

 

Ese mismo toro lidiado veinticuatro horas antes o veinticuatro horas después tal vez tuviera un comportamiento diferente

 

José Enrique: Pues sí. Muchas veces los condicionante externos como el transporte, el manejo en las últimas horas o el ambiente influyen. Son muchas cosas que se nos escapan. Nuestra obligación es que el toro supere todas esas cosas que le pasan en las últimas cuarenta y ocho horas. Muchas en muy poco tiempo, muy diferentes a las que le han pasado en su vida salvaje o semisalvaje. Nosotros los tenemos sueltos en el monte hasta los tres años y medio, casi sin manejo, viven a su aire en el campo. Un mal golpe, una puerta que se mueve, falta de apetito o sed, el calor, un mal puyazo, un derrote, e incluso que tenga fiebre por el estrés del transporte pueden condicionar su comportamiento.

 

Nicolás: Yo creo que el toro habría sido el mismo la víspera o al día siguiente, pero todos estos elementos externos tienen una gran influencia. No creo que un día esté apático por falta de sol y otro más animado por la luz. Pero los acontecimientos previos a la lidia y la propia lidia sí inciden.

 

José Enrique: Lo que sí influye mucho es la lidia que le de una cuadrilla. Eso sí lo vemos nosotros. Que lo lidie uno u otro es fundamental. Que lo entienda y que tenga el día el matador. Si no ves el toro y desconfías de él las cosas no se hacen bien, y aquello se tuerce.

 

Nicolás: Pero al final lo que puede cambiar la condición del toro es lo que le rodea.

 

José Enrique: Que el torero saque o no todo lo que lleva dentro es determinante. Porque el toro, si no hay éxito, es el que se lleva todos los palos, aunque con otra lidia habría sido completamente diferente.

 

Ganadería de Valdefresno.

 

¿Leéis las crónicas o ya estáis escarmentados?

 

Nicolás: Todavía de vez en cuando echamos un vistazo.

 

José Enrique: El encaste y nuestra ganadería están sufriendo ataques desde diversos sectores. El torero no la demanda…

 

Nicolás: …Otros sí, como Perera, Castella, Ponce y algunos más…

 

José Enrique: … pero otros no, y eso condiciona nuestra presencia en las ferias. Si hay que dar cabida a muchos toreros en un mismo cartel es necesario que se pongan todos de acuerdo con la ganadería. Estamos en un buen momento pero en Madrid las cosas no salieron bien, hay que reconocerlo. Nuestra lucha está en mantener este encaste. Nos dicen que cambiemos, pero a nosotros nos gusta, nos hemos criado con él y vamos a seguir para adelante, aunque algunos nos tilden de locos. Nos consideran buenos ganaderos y por eso asumimos la dificultad de la selección y de convencer a los toreros. Todo esto es bastante duro. La lucha es complicada, y recibimos críticas cuando las cosas no salen.

 

¿Qué toreos entienden mejor este encaste?

 

José Enrique: Ponce está magistral con lo de Atanasio. Perera y Castella han triunfado mucho con ello. El Cid también.

 

Nicolás: El otro día estábamos en Madrid con dos novilleros que iban a actuar en Las Ventas y les preguntamos si les gustaba el encaste. Nos dijeron que nunca habían toreado. Uno había tentado aquí dos becerras el año pasado, pero el otro cero. Es un ciclo, si no lo toreas no lo entiendes, y si no lo entiendes no lo pides.

 

ganadería de valdefresno

 

Una circunstancia muy llamativa es que conceptos fundamentales en el toreo son interpretados de forma muy diferente por sus protagonistas ¿Qué es para vosotros la bravura?

Nicolás: Es un compendio de cualidades. Es un instinto de ataque. Los ganaderos la moldeamos para que no se vaya al genio, sino a la casta. Acometer, fondo, duración, instinto de lucha, vender cara su vida embistiendo, y querer luchar hasta el final.

 

José Enrique: Hay otro sentido de la palabra, que tampoco se puede decir muy alto. Estamos muy condicionados porque el torero lo quiera torear. Hay quien dice que si te pasas de bravo te quedas con los toros en casa. Sin embargo ahora hay toreros poderosos que necesitan el toro bravo para el triunfo. Hemos superado un ciclo muy malo en el que se ha quitado importancia al toro. La bravura es necesaria, pero con ciertas condiciones de nobleza y humillación. La bravura muchas veces implica una problemática que el torero tiene que solventar. Por eso se decía “el toro de cinco y el torero de veinticinco”. Toreros con cuarenta años a lo mejor no pueden tanto, hay que tener facultades para poderles. Aunque el ganadero se tiene que adaptar a los tiempos, creo que hoy es necesaria un poco más de emoción y vibración en la plaza. Deberían dejarnos trabajar con un pelín más de bravura. Y sin miedos. Siempre comedida, pero bravura. Nosotros somos muy exigentes, le damos mucha importancia al caballo, y hoy pasa muchas veces desapercibido porque se busca sólo el último tercio.

 

¿Se han pasado algunos echando agua al vino?

 

José Enrique: No. Siempre ha habido miedo, pero al ganadero le gusta el bravo, el fondo del ganadero es bravo y disfruta con la bravura.

 

Nicolás: La bravura es querer luchar hasta el final, pero debe ir acompañada de casta, entrega, fijeza, repetición. Ese compendio es lo que buscamos. Los hay muy bravos pero con la cara a media altura o que buscan por dentro. Para mi la bravura no sólo es querer embestir.

Realmente hay dos líneas: la de la bravura y la raza; y la de la nobleza y la clase. Depende de dónde quieras tener la ganadería. El punto intermedio es el ideal, pero si estás por la bravura te puede salir genio; y si estás en la nobleza, te puede salir soso, manso y aburrido. La bravura le da el fondo y las ganas de embestir, pero tiene que ir acompañada de más cosas.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

Si en el concepto de bravura es difícil ponerse de acuerdo, en casta más aún. ¿Cómo se entiende la casta en Valdefresno?

José Enrique: Hay muchos matices en estas palabras, pero yo creo que significan lo mismo. Que salga bravo o salga encastado es lo mismo, estamos llamando de dos formas a la misma cosa.

 

Nicolás: La casta se parece mucho a la raza, la acometividad.

 

José Enrique: Un animal bravo y uno encastado son lo mismo. Hoy en día se emplea más la palabra casta para definir algunas características del toro asociadas a la dificultad. Y la bravura para la movilidad, vibración, emotividad. Pero realmente son lo mismo.

 

Llevamos trescientos años hablando de casta y bravura en libros, revistas y miles de foros, y luego no hay acuerdo en lo que significan.

 

Nicolás: Por eso es tan difícil seleccionar ésto, porque hablamos de cosas subjetivas, de interpretación. Cada torero, cada ganadero, cada aficionado ve el mismo animal de muy distintas formas, es todo interpretable. Que yo vea un toro de una forma y que un aficionado sentado en el tendido cuatro lo vea de la misma manera es muy difícil. Esa es la dificultad y la grandeza de esta Fiesta.

 

José Enrique: No es fácil homogeneizarlo, especialmente en algunos encastes como el nuestro.

 

ganadería valdefresno

 

¿Cómo veis el futuro de la Fiesta? Es más, ¿creéis que la Fiesta tiene futuro?

 

José Enrique: Como ganadero y como aficionado no entiendo la vida sin el toro. Ver, como ayer, una plaza como la de Madrid, llena, nos da una gran alegría. Soy consciente del momento actual, debemos estar atentos. Sin embargo, si vives en tu mundo con taurinos, todo sigue igual que siempre.

 

El cambio social es imparable. Costumbres, ideas, estilos de vida…

 

José Enrique: Sí, en otros círculos ya nadie sabe de toros, lo único que comentan es que el toreo está muy mal, pero yo vivo de ello. Ésto nos hace pensar. Vemos gente joven que viene apretando en afición, aunque el porcentaje será menos que hace treinta años. Queremos defenderlo y que nos dejen desarrollar nuestra afición, nuestra cultura. El problema es que el tiempo pasa. Ha habido una época mala y todos los estamentos de la Fiesta tenemos parte de culpa. A parte del ataque externo, hay una presión interna, que se respira. Hay gente que opina que el cáncer está dentro de la Fiesta; yo creo que no es así. Incluso algún empresario que mire sólo por su bolsillo defenderá esto algo. Yo soy optimista porque no hay en el mundo un espectáculo como éste. Todo se te olvida cuando estás en la plaza y ves correr un toro y ves a un hombre ponerse delante de él.

 

Es la autenticidad de la Fiesta.

 

José Enrique: Exactamente. Aquí todo es verdad; ni teatro, ni cine ni deporte. No hay nada que se le parezca, ni que se le vaya a parecer en la vida. Hay mucha gente que aprecia esa diferencia. Ahí radica también el ataque externo, porque es la lucha con un animal. No es fácil de defender, pero es lo que más diferencia, y hay que luchar por eso. Cambiar el espectáculo sería un error y el inicio de la decadencia. Y por esa grandeza, pensando en difundirla como hace Toro Cultura, tenemos que unirnos todos y mostrarlo al mundo. Mucha gente lo está viendo, aunque la tendencia de la humanidad es otra, y el tiempo pasa, el espectáculo es auténtico y real. De ser algo grande y considerado hemos pasado a tener que defendernos como una minoría. La injusticia y la intolerancia es lo que puede llegar a absorbernos sin sentido.

 

Lamentablemente hoy son muchas las amenazas.

 

José Enrique: Un hecho político, sucesos internacionales, animalismo, intereses industriales, proteínas vegetales, son los que nos ponen en riesgo. Para promocional su producto atacan a nuestra cultura. Ese terreno es difícil. Hoy en día es imposible que desaparezca, aunque el ataque es brutal. Se cierran heridas pero se abren por otro lado. En lo que a nosotros respecta no entendemos la vida sin ésto.

 

ganadería valdefresno

 

¿Creéis que vuestros nietos seguirán criando toros bravos?

 

Nicolás: La vida da muchas vueltas. Nosotros somos la cuarta generación de ganaderos y me gustaría que también lo fueran mis nietos. No tengo duda de que vaya a haber toros dentro de cincuenta años. Los va a haber seguro, evolucionará, porque estamos en una sociedad desorientada, con una crisis de valores tremenda y a los toros nos afecta también, como afecta a todo lo demás. Se ataca a las minorías muchas veces sin sentido. Se me ha quedado grabado lo de Barcelona, donde se ponían delante de la plaza una docena de paisanos pintados de rojo insultando a los, como mínimo, cinco mil que íbamos a los toros. Daban pena. Nuestro nietos, espero que tengan la oportunidad, y luego que elijan. Nosotros queremos seguir en ello y creemos que la sociedad ha de seguir en ello. Es cierto que hay una desconexión de la sociedad con el sector taurino, gente normal, que ha perdido el vínculo con el mundo rural, incluso aquí en Salamanca. Pasaremos momentos mejores y peores, pero no puede desaparecer una Fiesta con esta grandeza. Al final esto es la cultura de un país.

 

José Enrique: El ataque al toro es una pequeña parte de su estrategia, pero es una bandera importante para ellos, porque hacen mucho ruido, es muy vistoso, se ve sangre, un hombre, un animal. Están equiparando al animal con el hombre, a todos los animales, y es un sinsentido. Dentro de las raíces filosóficas, culturales y religiosas ha habido siempre una diferenciación entre el hombre y el animal, y ahí entra el sentido de los grandes pensadores, el humanismo. La sociedad, en muchos casos mira para otro lado, sigue comiendo carne animal, pero no quiere saber de este conflicto. Tampoco se mira a la muerte, se actúa como si se fuera a vivir siempre. Creo que estos valores que el toreo muestra se deben conservar siempre, pero somos un blanco muy fácil y muy vistoso que ellos rentabilizan mucho.

 

Federico Arnás dijo hace unos meses en la Universidad de Navarra que el principal problema de la Fiesta es que prevalecen los intereses particulares sobre los generales. ¿Haría falta un órgano supraorganizativo?

 

Nicolás: Sí que prevalecen. Cada uno mira sólo a su campo, y no más allá. Hay una integración entre empresario y torero que con frecuencia parece un intercambio de cromos. El empresario debería ser independiente del resto de sectores. Es el encargado de montar un espectáculo que interese al aficionado y cree afición. Esta situación de pliegos, no siempre es justa. La confluencia de grandes grupos empresariales con cuatro o cinco figuras cada uno no es la mejor forma. Ahora, la verdad, no está bien organizado.

 

José Enrique: En esto sí que ha habido cambios. Antes había seis o siete empresarios con intereses distintos, y decenas de toreros con intereses también diferentes. El empresario llegaba, compraba el ganado, buscaba a los toreros en pugna con otros empresarios. Esta integración no ha venido bien a la Fiesta. Cuando había guerras de empresarios, toreros y ganaderos creaban una competencia que daba interés al toreo. Estaría bien crear un órgano para defender a la Fiesta.

 

Nicolás: En el mes de abril lo de septiembre ya está hecho el noventa por ciento de la programación. Los grupos ya lo tienen todo acordado.

 

José Enrique: Y el objetivo de un novillero es entrar en el sistema, porque si no sabe que no tendrá futuro.

 

Esto al final es un negocio para todos.

 

Nicolás: Nosotros vivimos de esto y tenemos que trabajar duro. Hemos diversificado para que la crianza del bravo pueda mantenerse. El ganadero, a diferencia del resto de intervinientes, tiene todo su patrimonio invertido en la ganadería. Empresarios y toreros pueden sacar dinero del toro e invertirlo en otro lado. Eso es lo que está mal organizado.

 

¿Quien vela por los intereses legítimos de la Tauromaquia?. No hay una institución, una federación, un garante de que el toreo tenga futuro.

 

José Enrique: Es lo que tú decías, cada uno vela en su casa por sus intereses. Nosotros nos entregamos a la ganadería.

 

Nicolás: No encontramos ayuda en ninguna parte, ni si quiera en las Administraciones. No es lo mismo sanear lo manso que lo bravo y son todo trabas. En vez de ayudar te obstaculizan. En cuanto pueden te matan la ganadería por alguna enfermedad o por un fallo. Defendemos la naturaleza, la cultura y un estilo de vida. Después se vende como polo de atractivo turístico, pero no ayudan en su conservación.

 

¿Qué tal os lleváis con los veedores?

 

Nicolás: Bien, es una figura extraña, sobre todo el de empresa, que no tiene sentido hoy en día. La verdad es que no tenemos problemas porque nosotros cumplimos con lo que decimos.

 

ganadaría valdefresno

 

¿Cómo será el toro dentro de veinte años?

 

José Enrique: Será bueno saberlo y acertarlo, porque eso sería garantía de éxito. Creo que el espectáculo seguirá girando hacia el último tercio.

 

Nicolás: Los toreros están ahora más preparados que nunca y la Fiesta se va a mantener por su dimensión artística. El toreo debe ser una explosión de creatividad …

 

José Enrique: … y de emoción …

 

Nicolás: .. creo que va a derivar hacia la creatividad, la impredecibilidad, que haya sorpresa en la plaza, que te hagan poner de pie. Me gustaría que se encaminara hacia las emociones por ser impredecible. Cuando se haga predecible, y ahora estamos en ese derrotero, esto pierde gran parte de su esencia. Ojalá que dentro de veinte años estemos con la creatividad de Morante, Talavante … que haya sorpresas. Y el toro debe evolucionar hacia la clase, la bravura, y sorprender.

 

José Enrique: Creo que también el público debe educarse para valorar eso. Si un torero te sorprende …

 

Nicolás: …El público tiene que evolucionar en paralelo, dejarse llevar por las emociones…

 

José Enrique: …Eso es, y no estar tan entablado en ver ocho series y que el toro vaya y venga . Tanta técnica …

 

Nicolás: Tan perfectos son los toreros que saben muy bien cómo va a evolucionar el toro, lo manejan. Hay que improvisar más. Nos hemos distanciado de ese modelo y tenemos que volver a él. Hace falta personalidad y diferenciación. No esta bien que todos los toreros hagan la misma faena.

 

José Enrique: Es una mezcla entre pureza, esencia y personalidad de cada uno. Al igual que estamos defendiendo la diversidad de encastes tenemos que defender la diversidad de toreros y dejar que cada uno desarrolle su personalidad, no ser tan técnico y tan predecible.

 

Nicolás: Eso será lo que le dé salud a la Fiesta en los próximos veinte años.

 

José Enrique: Ahora hay tres toreros diferentes que te pueden sorprender, con toro y sin toro. Tal vez con sólo tres series pueden enloquecer a la afición, pero hay que permitir que pase eso. Tu ves lo que pasa en Madrid y hay una crítica excesiva.

 

Nicolás: El toreo tiene que evolucionar a ralentizar el movimiento del toro, y eso es lo que hace que sea plástico, no pegarle sesenta muletazos. Ser capaz de torearlo más despacio.

 

José Enrique: Fíjate que controversia. Yo vi la corrida de Miura de este año en Sevilla, y me sigo acordando de la tanda de naturales que le pegó Pepe Moral a un toro de Miura, despacio, despacio, como si fuese un toro de carretón. Con el primer muletazo la plaza ya se emocionó porque no lo esperaba. Las faenas seriadas no llegan tanto al público. Hay que torear despacio, ser creativo e inundar el aire de sensaciones. Es la forma de asegurar el futuro de la Tauromaquia.

 

Nicolás: Pero eso hay que permitirlo. La crítica y el aficionado debe comprender esta evolución.

 

Esperemos que así sea y dentro de veinte años podamos hablar de cómo será el toro de dentro de cuarenta. José Enrique, Nicolás, gracias por vuestra hospitalidad y por compartir con nuestros lectores vuestra experiencia y vuestro conocimiento.

 

José Enrique: Gracias a vosotros por difundir la cultura del toreo.

Nicolás: Un saludo para todos.

 

 

Javier Bustamante para

Toro Cultura

Escuela Taurina de Salamanca, el toreo en expansión

 

Experiencia multisensorial

La mañana de marzo luce luminosa y fresca en la dehesa de Carrascal del Obispo. La brisa, suave y aromática, anuncia ya la primavera en el campo. La hierba se muestra firme, y los alcornoques, encinas y quejigos exhiben con orgullo su verde fortaleza. Un microbús rotulado con el emblema de la Escuela de Tauromaquia y el distintivo de la Diputación de Salamanca, atraviesa despacio un cerrado, al final del cual se encuentra una plaza de tientas poligonal, con alta barrera grana, sin callejón. Es la finca de los Hermanos Mateos, amplia, ubicada cerca de Vecinos, población emblemática del campo charro.

Escuela Taurina de Salamanca

 

Se abren las puertas del vehículo y comienzan a bajar silenciosos una decena de muchachos y una niña de larga coleta rubia y rostro angelical. Visten al modo campero, con botos y ajustados pantalones, chaquetillas o suéteres, y lucen todos ellos tipos espigados. Comienzan a estirar y calentar los músculos con gesto quedo y aires de concentración. El brillo de sus miradas es dulce. No hay carcajadas, pero sí sonrisas y gestos de complicidad. Reciben las últimas instrucciones de un hombre adulto que les habla con afecto, y se van a por los trastos de torear con los que han estado soñando toda la noche.

Escuela Taurina de Salamanca

En el flanco sur del coso hay una pequeña tribuna de obra defendida del viento, en la que se han instalado los profesores y algunos padres de los actuantes, ansiosos por el inicio de la práctica. Son cinco becerras las apartadas para la ocasión, de capas negras y castañas, bonitas, y, como se verá después, bravas y nobles.

El orden de la lidia es impecable. Cada muchacho sabe dónde debe estar y lo que se espera de él en el trasteo y en el quite. Se abre el portón de chiqueros y sucesivamente desfilan las reses, que son paradas y templadas por los aspirantes a torero con férrea voluntad y, en algunos casos, aromas a torero en ciernes. Sienten en las yemas de sus dedos el temple de las embestidas, y transforman su miedo inicial en un sentimiento de dominio, sólo comparable al del triunfo que, tal vez, les aguarda en una tarde lejana. Los bufidos de las vacas se pierden en el silencio del campo, y encuentran el único contrapunto en la voz cadenciosa y firme de José Ignacio Sánchez, director de la Escuela, que imparte doctrina desde su púlpito de hormigón. Las consignas son siempre precisas y atañen a distancias, alturas, colocación de los señuelos y de los toreros; mas no sólo eso, el director despliega además todo un ideario del toreo. Frases como “Olvídate del cuerpo”, “Torear es sentirse torero”, “Te quieres escapar, y en esto hay que quedarse quieto”, “Enfádate con la vaca” o “Asiéntate en la arena” forman parte del credo que constituye un estilo y una liturgia ancestral.

Escuela Taurina de Salamanca

Los aspirantes, de no más de veinte años, forjan su carácter y tal vez su destino en un ambiente en el que se amalgaman el rigor técnico y la libertad de creación artística. Y así será, semana tras semana, hasta que los jóvenes toreros debuten con picadores, momento en el que la Escuela considerará que la meta ha sido alcanzada.

 

El origen

La Escuela de Tauromaquia de Salamanca fue fundada el día de San Valentín de 1985, con 23 alumnos y tres profesores, mostrando una progresión constante hasta alcanzar los más de cien alumnos de 2017

Depende funcional y económicamente del área de Cultura de la Diputación de Salamanca, y está regida por Jesús María Ortiz, diputado de “Deportes, Educación y Escuela de Tauromaquia”, para quien la actividad del Centro es una de sus prioridades más queridas.

El apoyo institucional sin ambages que el toreo recibe en esta tierra resulta especialmente edificante.

 

Escuela Taurina de Salamanca

De manera explícita la Escuela persigue tres metas: buscar nuevos profesionales del toreo, impartir enseñanzas para una formación adecuada, y fomentar la afición taurina.

Tiene sede permanente en el Mercado Regional de Ganados de Salamanca, un recinto moderno y funcional que reúne todas las comodidades para el entrenamiento y la práctica del toreo en cualquier momento del año. Además cuenta con otras subsedes distribuidas por la geografía salmantina en las plazas de toros de Peñaranda de Bracamonte y Macotera, y en los polideportivos municipales de Ledesma y Ciudad Rodrigo.

Es la más numerosa de las 36 que existen en España, puesto que en el presente curso ha ofertado cien plazas para aspirantes y cuarenta para aficionados prácticos.

 

El perfil de los participantes

Las condiciones de acceso como aspirante son tres: tener menos de 21 años, estar matriculado en un centro docente, y adjuntar un sencillo certificado médico que acredite la salud del joven. El año académico comienza el 18 de noviembre y finaliza el 31 de julio, con clases teóricas tres días a la semana por la tarde, y tentaderos y novilladas los fines de semana.

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Además, en línea con sus fines, la Escuela oferta cuarenta plazas para aficionados prácticos, que deben ser mayores de 21 años, con enseñanzas teóricas y prácticas que se desarrollan en la plaza de toros del Centro.

 

El director

La segunda promoción de la Escuela, de diciembre de 1985, tuvo como alumno destacado a su actual director, José Ignacio Sánchez, quien disfrutó de sus enseñanzas durante más de cinco años. Finalmente debutó con caballos en mayo de 1991 en el coso de Vista Alegre de Bilbao, iniciando una carrera que le llevaría a doctorarse en Madrid en julio de 1994, alternando con Joselito y Enrique Ponce. Tiene además experiencia en la cría del toro de lidia, pues es el representante del joven hierro de Pedraza de Yeltes, lo que le acredita como hombre conocedor de todos los ámbitos de la Fiesta y excelente consejero de los aspirantes a torero. Nos recibe con cordialidad en la sede de la Escuela, mientras los jóvenes de entrenan de salón, atentos y tal vez estimulados por la presencia de nuestra cámara.

Escuela Taurina de Salamanca

Para él el toreo es una escuela de valores, entre los que destaca la lealtad, la honestidad, la honradez, la verdad y el compañerismo. “En el toreo se ponen en práctica todos los valores humanos que pueden existir”, asegura, y enfatiza que “Intentamos que se potencien y que les sirvan para la vida, no sólo para el toreo”

 

El proyecto docente

Para lograr estos fines el plan de estudios contempla tres niveles: A, B y C. El C es de base cero, el B incluye experiencia con animales, mientras que el A lo integran los más avezados.

La preparación física de un torero debe ser escrupulosa, razón por la cual se ejercita la gimnasia en dos grupos diferentes, con exigencias crecientes de acuerdo con la edad, el desarrollo y la condición de cada aspirante.

La Escuela ha definido de forma concienzuda los conocimientos necesarios para incorporarse al complicado mundo del toreo. Historia y presente del toreo, para saber de toreros, ganaderos y empresarios. Encastes y su comportamiento, para poder plantear la lidia con inteligencia. Técnica a emplear con cada encaste: alturas, toques, trazo del muletazo o capotazo. Tipos de lidia, para afrontar los diversos temperamentos del toro.

Capas y encornaduras, para poder hablar con propiedad, y colocarse según la el tipo de astas.

El programa es riguroso, parece que nada quiere dejarse al albur de la fortuna, sabiendo que la fortuna será tal vez determinante en cada pequeña o gran epopeya taurina que aquí se inicia.

 

Escuela Taurina de Salamanca

El maestro debe ser sincero con sus alumnos y le preguntamos por el consejo más difícil que debe dar a los jóvenes aspirantes: “No me cuesta decir lo que siento, cuando uno no tiene condiciones se le dice, de este modo la escuela está abierta a los que quieren ser profesionales y a los que no. No debe olvidarse que la Escuela es ante todo una escuela de valores”

El claustro no engaña a nadie y desde el primer día se les muestra la dificultad de la profesión, se les piden las notas, y se les enfoca a la formación complementaria: “No queremos gente que se dedique exclusivamente al toro porque el toreo es muy difícil. Muchos lo intentan y muy pocos llegan”. Sin embargo el sector taurino es profundo y cobija muchos oficios: “El campo profesional es amplio, tenemos apoderados como Julián Guerra, que lleva a López Simón, picadores, banderilleros, mozos de espadas, empresarios, mayorales y hasta camioneros de animales vivos”

 

La financiación

El modelo económico de la Escuela es muy claro: “Es un departamento más de la Diputación de Salamanca, hay un presupuesto que queremos estirar para prestar el mejor servicio. Compramos becerras, subvencionamos a municipios para organizar novilladas sin picadores, compramos capotes, muletas, espadas. El profesorado somos funcionarios de la Diputación”

El proyecto que capitanean Jesús María Ortiz y José Ignacio Sánchez es además ambicioso: “Queremos abrirnos a Castilla y León suscribiendo un convenio con la Junta. Hacemos un ciclo de películas taurinas todos los viernes. En mayo y junio organizamos la Escuela Itinerante, desplazándonos a todas las capitales taurinas de Castilla y León. Intentaremos abrir sedes en todas las capitales y hacer una gran escuela de la Comunidad para que los chicos tengan una referencia y puedan formarse. Ellos pagan 19 euros al año, cuota simbólica. Realmente es como asistir a un colegio público”

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

La afición de los jóvenes

La Escuela es el mejor observatorio de la afición a los toros en la región, y el juicio de su director es preciso cuando afirma: “A la afición la veo como siempre. En los años 90 había 30 o 40 alumnos, hoy tenemos cerca de 100. Ahora la promocionamos entre los jóvenes de toda Salamanca. La apertura a otras provincias puede llevarnos hasta los 600 alumnos. Les facilitamos su formación y, si el número es suficiente, puede desplazarse un profesor a otra ciudad”

Esta es una región que tiene al toro por bandera y vive intensamente la cultura de la bravura, sin embargo el origen de los alumnos resulta sorprendente: “Esto es vocacional. A algunos les viene en los genes por tener en casa algún torero, pero no es más de un 10%. Otro 30% procede de familias aficionadas, pero el resto es puramente vocacional, surge la afición al ver un tentadero o un festejo, les engancha por ser un mundo apasionante, absorbente, tan de verdad. Contra estos antitaurinos que no conocen la fiesta y están en contra de todo, aquí se vive la realidad del toreo y de la vida”

José Ignacio abunda en este aspecto que se revela como fundamental: “Es un mundo muy de verdad, en el que están la vida y la muerte. Nos guste o no vivimos, crecemos y morimos, y esto es muy auténtico”

El futuro de este profesor de toreros parece indisolublemente unido a su Escuela “No voy a reaparecer, estoy lesionado en el hombro derecho, en un nervio por una cogida. Me gusta la enseñanza, es muy gratificante ver a los jóvenes con frescura y ansia. Eso me ilusiona muchísimo”

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

El campo bravo

Este hombre es además representante del hierro de Pedraza de Yeltes. Le une con sus propietarios una gran amistad, casi familiar, ya que eran socios de un hermano de su padre en otra ganadería. Le pidieron que les ayudara y en muy poco tiempo han alcanzado un lugar relevante, aunque, según su criterio, faltan muchas cosas por conseguir. El objetivo es lograr una divisa “Brava y con personalidad, algo distinto a las demás, igual que deben ser los toreros. Buscamos un toro bravo que de espectáculo en todos los tercios. Vamos por buen camino, ya se ven buenos productos. Tenemos 209 vacas y sementales contrastados”. Una vez fijados rasgos de comportamiento, trabajan especialmente el fenotipo. “El toro que queremos en hechuras, porque al principio te fijas más en los comportamientos. Buscamos el toro con trapío y cuajo, pero nos han salido toros un poco grandes de peso, y eso les resta movilidad. Hemos echado toros de 700 kilos, pero es que tuvimos que agarrarnos a un semental que había ligado que daba armónico, pero muy grande”

Para 2017 tienen todo el ganado vendido. Tres corridas de toros a lidiar en Ledesma, Arles y Dax. Una de utreros en Garlin, y un novillo en una concurso de Mont de Marsan. “Y dejamos cuatro toros para cinqueños, que se completarán con los sobrantes de las corridas para una más en 2018”

José Ignacio Sánchez se revela como un profundo conocedor del toreo en todos su ámbitos, con una dilatada experiencia en sus diferentes aspectos, provisto además de notables dotes didácticas.

Rige con temple la Escuela Taurina de Salamanca, referente mundial en la enseñanza de las artes taurinas, que enfoca su trabajo con ambición y realismo hacia un futuro mejor para la Fiesta.

 

Escuela Taurina de Salamanca

 

 

El futuro

El arraigo social y la dimensión cultural de la Tauromaquia, la trascendencia económica del toreo en Salamanca, el apoyo institucional, la ambición realista y la dedicación de los responsables de la Escuela, son avales suficientes para augurar un futuro próspero.

Futuro que se gesta en lugares como éste, emblema del campo bravo, cuna de grandes toreros, y sociedad generadora de aficionados cabales.

Tanto los objetivos propuestos, como los proyectos a emprender para alcanzarlos son verosímiles y deseables.

Su éxito, y el de todo su equipo, será un nuevo éxito para el toreo.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

La fiesta de toros durante la guerra civil

El periodo comprendido entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939 ha sido, hasta el momento, una época opaca y un paréntesis incómodo para los historiadores del toreo. Durante esos 987 días en que el bando republicano y los sublevados se enzarzaban en una encarnizada lucha, la fiesta siguió consumándose, si bien en unas condiciones precarias en lo material y de gran exaltación en lo político. Según las zonas, la simbología y la ideología imperante generaban un ambiente sustancialmente distinto, con coreografías dispares y soflamas divergentes, mas la tauromaquia continuó perpetuándose inmutable en lo esencial, fiel a sus cánones más clásicos.

Antonio Fernández Casado, prolífico escritor, empresario, y presidente del Club Cocherito de Bilbao, ha realizado un exhaustivo trabajo de investigación, que ha hecho posible la edición de un libro de gran valor histórico, narrando con una prosa ágil y amena los acontecimientos que hubo de sufrir la fiesta en aquellos críticos momentos.

La obra se remonta en sus primeros capítulos en los antecedentes históricos del siglo XIX con el reinado de Fernando VII, en que algunos matadores como Sombrerero se significaban con el absolutismo, mientras que otros como Juan León, Roque Miranda o Rigores abrazaban la causa liberal, provocando altercados y enfrentamientos más que notables.

Las históricas figuras de Cúchares, Lagartijo y Frascuelo son también rememoradas desde la óptica de su filiación política y los sentimientos que despertaban entre el público, no siempre respetuoso con el oponente.

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Los meses previos a la Guerra Civil son analizados con objetividad, siempre en clave taurina, provista del contexto trágico que en aquellos momentos asolaba a la sociedad española, y en consecuencia a todos los estamentos que hacen posible la Fiesta, como ganaderos, empresarios y matadores.

La beligerancia de los toreros, irremisiblemente significados por uno de los bandos, dio lugar a toreros milicianos, batallones de lidiadores, y combatientes ocasionales, que tuvieron cierto protagonismo en la refriega, y la dotaron en algunos instantes de un tipismo trágico que raya en lo romántico.

Los nombres propios de los protagonistas reconocidos del toreo abundan en esta sólida obra, como Juan Belmonte, Álvaro Domecq, Domingo Dominguín, Marcial Lalanda, Rafael El Gallo, Guerrita, Manolete, El Cordobés o Pedro Balañá.

También emergen con un significado especial personajes desconocidos y fascinantes, como el soviético Koltsov, corresponsal del diario Pravda que remite a su medio una crónica atípica, con una terminología singular, redactada desde una gran distancia cultural y emocional. O Sidney Franklin, matador de toros neoyorquino, corresponsal de guerra durante aquellos oprobiosos años, requerido de vuelta a Estados Unidos, quien protagonizó una apasionante odisea para continuar en España cultivando su pasión.

El libro describe con precisión el modo en que ambos bandos se valían de la tauromaquia para satisfacer a sus adeptos, la manera en que los espectáculos taurinos servían para recaudar fondos dedicados a ambas causas, y la forma en que se emplea a la fiesta como arma propagandística, tanto más eficaz cuanto mayor era la espectación y más intensa la admiración del pueblo por sus protagonistas.

En clave especialmente ominosa se narra la represión, algunas veces protagonizada por personajes del toreo como el rejoneador cordobés Cañero, o asesinatos alevosos como el perpetrado contra el ganadero Argimiro Pérez Tabernero y tres de sus hijos, en un episodio sardónico de amargo recuerdo.

Existen además referencias al resto del universo taurino, cómo Portugal, Francia y América, que constituyeron paraísos a los que huir en busca de la preservación de la vida, y resultaron vitales en la conservación de la tauromaquia.

Los toros en la Guerra

Editorial La Cátedra Taurina entrega una obra de gran rigor histórico que narra con precisión las vicisitudes a las que se sometió la Fiesta en tres años de contienda, poblada por personajes terribles y seres entrañables, arrojando luz sobre un período incómodo que pocos hasta la fecha se habían atrevido a abordar.

Se trata de un libro de honda significación para los aficionados al toreo, y también de un documento de gran valor para aquellos que quieran conocer claves y sucesos aún poco difundidos de la guerra civil española.

 

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura

 

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