Talavante en Logroño con un de Jandilla

Talavante prendido por el estro

Alejandro Talavante viste con elegancia discreta, peina brillantes cabellos con milimétrica precisión, gasta mentón belmontino, y cuando, como esta tarde en el coso de la Ribera, encuentra nobleza y bravura, recrea una Tauromaquia única, barroca, rica en matices, que sorprende por la armónica improvisación con que encadena las suertes. Talavante es despacioso y solemne, profundo e inescrutable, sutil y proceloso al mismo tiempo. Su muleta tiene vuelo sedoso, sus pies calculada levedad, y sus muñecas tendones tan flexibles que parece que su torsión esté siempre al límite de la rotura.

Hoy ha sido prendido por una refinada inspiración, una pulsión a dejarse llevar desmayado, tal vez olvidándose del cuerpo, y ceñir naturales de ensueño, afarolados de recurso, manoletinas ajustadas, e incluso pases mirando al tendido que evidenciaban el dominio al que sometió a un noble ejemplar de Jandilla que hacía segundo. Un aroma así de intenso debió calar en el tendido, pues demandó con clamor el segundo trofeo que tal vez merecía, mas el toreo estaba ya hecho, y por tanto el mérito bien contraído. El arte de Talavante no sabe de rigideces, no entiende de destajismo, ignora la planificación, y surge con tal naturalidad que nadie, tal vez ni siquiera él mismo, sabe cómo va a ser el siguiente embroque. El numen de Talavante es arte en si mismo, y se entiende su dimensión cuando se compara a la industria de fabricar pases que muchas reconocidas figuras han instaurado en el sistema, para desgracia del aficionado que lo es. El estro de Talavante es pleno e imprevisible, y ahí radica la grandeza de su arte sublime.

Roca Rey volvió a demostrar sus grandes capacidades para la lidia, sus brazos poderosos, su corazón caliente, la variedad en las suertes, y su capacidad para llegar a los tendidos y ganar trofeos.

Pablo Hermoso de Mendoza exhibió su legendaria monta, su dominio de los terrenos y el valor necesario para cabalgar cerca de los toros.

Ayer, sin embargo, las musas miraban sólo a un artista vestido de azul y oro, que sigue agrandando su leyenda.

 

 

 

 

Reseña:

 

Plaza de Toros de la Ribera de Logroño, diecinueve de septiembre de 2017, tres cuartos del aforo cubierto en tarde de tiempo agradable.

 

Dos toros de Sánchez hermanos de excelente presentación, en tipo murubeño, despuntados reglamentariamente, en capas negras zaínas. Primero: Dos rejones de castigo; flojo y noble. Silencio al arrastre. Cuarto: Un rejón de castigo; flojo y manso. Silencio.

Cuatro toros de Jandilla, desiguales de presentación, el primero chico, los otros de aceptable presentación, en capas negras y castañas. Segundo: Un puyazo y un picotazo, bravo y noble. Palmas. Tercero: Tres picotazos; flojo y noble. Silencio. Quinto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y noble. Silencio. Sexto: Un puyazo y un picotazo. Flojo y manso. Silencio.

 

Pablo Hermoso de Mendoza, de grana: Rejón trasero (ovación). Rejón trasero (silencio).

 

Alejandro Talavante, de azul y oro: Estocada (oreja). Estocada y un golpe de descabello (oreja).

 

Roca Rey, de verde oliva y oro: Estocada (silencio). Estocada (oreja).

 

 

Incidencias:

Segundo festejo de la Feria de San Mateo 2017

En las postrimerías de la primera faena de Talavante un conocido militante antitaurino de origen holandés con varias causas pendientes intentó saltar al ruedo, siendo retenido por los aficionados en el tendido y desalojado por la policía.

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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