Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

Valdefresno: “El toreo tiene que evolucionar hacia la creatividad y la emoción”

Los nombres nunca son casuales. Todos tienen una causa y muchos un efecto. La etimología del encaste que trabajan con pasión José Enrique y Nicolás Fraile es premonitoria: Atanasio significa inmortal.

Si de ellos dependiera así sería “ad eternum”. Estos jóvenes ganaderos han afrontado muchas dificultades, han sido tentados por otras sangres más dulces, han sufrido la incomprensión de una parte de la crítica, han sido ignorados por algunos generales del escalafón de matadores, y sin embargo siguen creyendo en un encaste que hace pocos años era santo y seña del campo charro. Su tesón es admirable.

Nos reciben en la finca Valdefresno, que nomina a la ganadería por la que trabajan desde su fundación. Es la primera tarde de junio, el sol brilla con todo su esplendor, y el calor aprieta también en el porche en el que tiene lugar el encuentro. No rehúyen ningún asunto, explican el pasado, viven el presente, y hablan del futuro con la confianza de quien sabe que sólo cabe la victoria.

 

¿Cómo es el toro de Valdefresno?

 

José Enrique Fraile: Es un toro especial y particular. Por desgracia en los últimos tiempos este encaste Atanasio-Lisardo va desapareciendo. En Salamanca era hace algunos años mayoritario, y hoy somos nosotros y pocos más los que lo llevamos. Sólo por el hecho de ser distinto ya es interesante.

A diferencia del toro que se pide hoy éste es un encaste frío, con algunas manifestaciones de mansedumbre, pero que conociéndolo, esperándolo y haciendo al toro propicia el triunfo.

El toro actual de las Ferias sale embistiendo, es predecible, sale caliente y embiste al capote desde el primer momento. El nuestro es diferente.

 

El toro de Atanasio ha sido tradicionalmente un toro más difícil, que exigía más a los toreros.

 

José Enrique Fraile: Éste es bravo, pero el torero tiene que hacer por él, tiene que ir construyendo para que en los últimos diez minutos lo de todo. Pero eso tiene que proyectarse desde el principio. El torero y la cuadrilla tienen que ir por delante de él, consintiéndolo en algunos momentos, dejándolo, para pedírselo todo al final.

En realidad todos buscamos lo mismo, un toro que tenga raza y sea bravo, que tenga recorrido, que humille, que sea obediente pero con transmisión.

 

José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

Con las peculiaridades propias de cada encaste.

 

José Enrique Fraile: Una de las grandes riquezas que tiene la Fiesta, tanto en toreros como en ganaderos, es la diversidad. Ver salir a un toro y conocer su encaste por la morfología es muy importante.

Tiene el hándicap de la falta de previsibilidad o falta de formación del torero. Ya desde las escuelas aprenden según la predictibilidad del toro de hoy. Sin embargo antiguamente los maletillas, cuando iban de tapias, aprendían según el encaste de que se tratase.

En algunos casos el torero se encuentra por primera vez en la plaza con este encaste, y lo reconocen. Otros en cambio están ya experimentados.

 

¿Cómo se hacen los tentaderos en esta casa?

 

Nicolás Fraile: Como toda la vida. Llevamos viendo tentar desde que nacimos. Los criterios son los clásicos. Somos rigurosos con el caballo. Las vacas de dos años deben ir cuatro, cinco, seis veces, con entrega, alegría, raza, y emplearse en el peto. Para que una vaca sea aprobada tiene que ir bien al caballo. Después pasa al tercio de muleta y la verdad es que se les exige mucho. Les exigimos como en tres faenas de plaza. Una vaca buena que aprobemos recibe cien o ciento veinte muletazos. Se les obliga a faenas largas, para ver el fondo de raza, tanto en el caballo como en la muleta. Buscamos bravura, clase entrega, nobleza, y que tenga mucho fondo.

 

¿Y los sementales?

 

Nicolás Fraile: Algo parecido; en el caballo les exigimos ocho puyazos. Primero hacemos una selección genética, y luego con parámetros morfológicos. De la camada de cien o ciento veinte machos seleccionamos diez o doce por nota, y al final metemos a la plaza tres o cuatro que cumplen todos los requisitos. Se evoluciona, los tentaderos de hace treinta años no eran lo mismo, pero buscamos bravura, duración, clase. A lo mejor nuestra percepción va cambiando, pero la esencia de las tientas no.

 

¿Qué es lo que nunca perdonaríais a un toro de vuestro hierro?

 

Nicolás: Cuando se raja de verdad, cuando no quiere pelea y se te echa en el ruedo. Afortunadamente hace años que no nos pasa.

 

José Enrique: Echarse no se ha echado ninguno. Y es un encaste llamado, no a echarse, pero sí a que salgan tirando las patas. Es una característica de su naturaleza que va superando con la lidia. Es inteligente, estudia la huida para irse a su territorio. La lidia está pensada para que el toro de la cara, y los nuestros lo hacen, pero en este encaste está asumido que alguno tire las patas.

 

Nicolás: Un escalón inferior a echarse es cuando un torero lo está cuajando de verdad y el toro dice “hasta aquí he llegado”, y se larga.

 

José Enrique: Otros borrones son por falta de raza, por falta de estilo; no necesariamente por huir. A lo mejor se le puede hacer una faena en tablas interesante. Ese toro que emplea la falta de raza no huyendo ni metiéndose con nadie, sino en mal estilo, de no humillar, de saber lo que se queda detrás, de levantar la cara. Cuando le veo ese estilo me siento mal porque es una cosa que tenemos que superar. No es fácil ya que algunas veces dan saltos atrás y del mismo semental y la misma vaca te salen hijos completamente diferentes. Está dentro de los riesgos que corremos los ganaderos. Más que la mansedumbre en si, que no me gusta, evidentemente, el que utilice la mansedumbre con mala clase y mal estilo me molesta.

 

Nicolás Fraile. Valdefresno.

 

Tras una selección esmerada, rozando la perfección técnica, sale sin embargo un toro deslucido. ¿Cómo se vive esta circunstancia?

 

Nicolás: Lo vives mal, son fracasos personales. El razonamiento es lógico: seleccionamos comportamiento. En cualquier selección genética, cuando hay parámetros cuantificables, es relativamente sencillo; carne, leche, kilos, litros. Eso es fácil porque es medible. El carácter es muy variable, intervienen miles de factores y eso es muy cambiante. Es como las personas, uno es más simpático y otro habla mejor. Nos basamos en porcentaje de acierto. Hay veces que por genealogía homogénea de padre y madre, tienes la máxima confianza. Y sin embargo ese día pegas el mayor petardo.

 

Ese mismo toro lidiado veinticuatro horas antes o veinticuatro horas después tal vez tuviera un comportamiento diferente

 

José Enrique: Pues sí. Muchas veces los condicionante externos como el transporte, el manejo en las últimas horas o el ambiente influyen. Son muchas cosas que se nos escapan. Nuestra obligación es que el toro supere todas esas cosas que le pasan en las últimas cuarenta y ocho horas. Muchas en muy poco tiempo, muy diferentes a las que le han pasado en su vida salvaje o semisalvaje. Nosotros los tenemos sueltos en el monte hasta los tres años y medio, casi sin manejo, viven a su aire en el campo. Un mal golpe, una puerta que se mueve, falta de apetito o sed, el calor, un mal puyazo, un derrote, e incluso que tenga fiebre por el estrés del transporte pueden condicionar su comportamiento.

 

Nicolás: Yo creo que el toro habría sido el mismo la víspera o al día siguiente, pero todos estos elementos externos tienen una gran influencia. No creo que un día esté apático por falta de sol y otro más animado por la luz. Pero los acontecimientos previos a la lidia y la propia lidia sí inciden.

 

José Enrique: Lo que sí influye mucho es la lidia que le de una cuadrilla. Eso sí lo vemos nosotros. Que lo lidie uno u otro es fundamental. Que lo entienda y que tenga el día el matador. Si no ves el toro y desconfías de él las cosas no se hacen bien, y aquello se tuerce.

 

Nicolás: Pero al final lo que puede cambiar la condición del toro es lo que le rodea.

 

José Enrique: Que el torero saque o no todo lo que lleva dentro es determinante. Porque el toro, si no hay éxito, es el que se lleva todos los palos, aunque con otra lidia habría sido completamente diferente.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

¿Leéis las crónicas o ya estáis escarmentados?

 

Nicolás: Todavía de vez en cuando echamos un vistazo.

 

José Enrique: El encaste y nuestra ganadería están sufriendo ataques desde diversos sectores. El torero no la demanda…

 

Nicolás: …Otros sí, como Perera, Castella, Ponce y algunos más…

 

José Enrique: … pero otros no, y eso condiciona nuestra presencia en las ferias. Si hay que dar cabida a muchos toreros en un mismo cartel es necesario que se pongan todos de acuerdo con la ganadería. Estamos en un buen momento pero en Madrid las cosas no salieron bien, hay que reconocerlo. Nuestra lucha está en mantener este encaste. Nos dicen que cambiemos, pero a nosotros nos gusta, nos hemos criado con él y vamos a seguir para adelante, aunque algunos nos tilden de locos. Nos consideran buenos ganaderos y por eso asumimos la dificultad de la selección y de convencer a los toreros. Todo esto es bastante duro. La lucha es complicada, y recibimos críticas cuando las cosas no salen.

 

¿Qué toreos entienden mejor este encaste?

 

José Enrique: Ponce está magistral con lo de Atanasio. Perera y Castella han triunfado mucho con ello. El Cid también.

 

Nicolás: El otro día estábamos en Madrid con dos novilleros que iban a actuar en Las Ventas y les preguntamos si les gustaba el encaste. Nos dijeron que nunca habían toreado. Uno había tentado aquí dos becerras el año pasado, pero el otro cero. Es un ciclo, si no lo toreas no lo entiendes, y si no lo entiendes no lo pides.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

Una circunstancia muy llamativa es que conceptos fundamentales en el toreo son interpretados de forma muy diferente por sus protagonistas ¿Qué es para vosotros la bravura?

 

Nicolás: Es un compendio de cualidades. Es un instinto de ataque. Los ganaderos la moldeamos para que no se vaya al genio, sino a la casta. Acometer, fondo, duración, instinto de lucha, vender cara su vida embistiendo, y querer luchar hasta el final.

 

José Enrique: Hay otro sentido de la palabra, que tampoco se puede decir muy alto. Estamos muy condicionados porque el torero lo quiera torear. Hay quien dice que si te pasas de bravo te quedas con los toros en casa. Sin embargo ahora hay toreros poderosos que necesitan el toro bravo para el triunfo. Hemos superado un ciclo muy malo en el que se ha quitado importancia al toro. La bravura es necesaria, pero con ciertas condiciones de nobleza y humillación. La bravura muchas veces implica una problemática que el torero tiene que solventar. Por eso se decía “el toro de cinco y el torero de veinticinco”. Toreros con cuarenta años a lo mejor no pueden tanto, hay que tener facultades para poderles. Aunque el ganadero se tiene que adaptar a los tiempos, creo que hoy es necesaria un poco más de emoción y vibración en la plaza. Deberían dejarnos trabajar con un pelín más de bravura. Y sin miedos. Siempre comedida, pero bravura. Nosotros somos muy exigentes, le damos mucha importancia al caballo, y hoy pasa muchas veces desapercibido porque se busca sólo el último tercio.

 

¿Se han pasado algunos echando agua al vino?

 

José Enrique: No. Siempre ha habido miedo, pero al ganadero le gusta el bravo, el fondo del ganadero es bravo y disfruta con la bravura.

 

Nicolás: La bravura es querer luchar hasta el final, pero debe ir acompañada de casta, entrega, fijeza, repetición. Ese compendio es lo que buscamos. Los hay muy bravos pero con la cara a media altura o que buscan por dentro. Para mi la bravura no sólo es querer embestir.

Realmente hay dos líneas: la de la bravura y la raza; y la de la nobleza y la clase. Depende de dónde quieras tener la ganadería. El punto intermedio es el ideal, pero si estás por la bravura te puede salir genio; y si estás en la nobleza, te puede salir soso, manso y aburrido. La bravura le da el fondo y las ganas de embestir, pero tiene que ir acompañada de más cosas.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

Si en el concepto de bravura es difícil ponerse de acuerdo, en casta más aún. ¿Cómo se entiende la casta en Valdefresno?

 

José Enrique: Hay muchos matices en estas palabras, pero yo creo que significan lo mismo. Que salga bravo o salga encastado es lo mismo, estamos llamando de dos formas a la misma cosa.

 

Nicolás: La casta se parece mucho a la raza, la acometividad.

 

José Enrique: Un animal bravo y uno encastado son lo mismo. Hoy en día se emplea más la palabra casta para definir algunas características del toro asociadas a la dificultad. Y la bravura para la movilidad, vibración, emotividad. Pero realmente son lo mismo.

 

Llevamos trescientos años hablando de casta y bravura en libros, revistas y miles de foros, y luego no hay acuerdo en lo que significan.

 

Nicolás: Por eso es tan difícil seleccionar ésto, porque hablamos de cosas subjetivas, de interpretación. Cada torero, cada ganadero, cada aficionado ve el mismo animal de muy distintas formas, es todo interpretable. Que yo vea un toro de una forma y que un aficionado sentado en el tendido cuatro lo vea de la misma manera es muy difícil. Esa es la dificultad y la grandeza de esta Fiesta.

 

José Enrique: No es fácil homogeneizarlo, especialmente en algunos encastes como el nuestro.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

¿Cómo veis el futuro de la Fiesta? Es más, ¿creéis que la Fiesta tiene futuro?

 

José Enrique: Como ganadero y como aficionado no entiendo la vida sin el toro. Ver, como ayer, una plaza como la de Madrid, llena, nos da una gran alegría. Soy consciente del momento actual, debemos estar atentos. Sin embargo, si vives en tu mundo con taurinos, todo sigue igual que siempre.

 

El cambio social es imparable. Costumbres, ideas, estilos de vida…

 

José Enrique: Sí, en otros círculos ya nadie sabe de toros, lo único que comentan es que el toreo está muy mal, pero yo vivo de ello. Ésto nos hace pensar. Vemos gente joven que viene apretando en afición, aunque el porcentaje será menos que hace treinta años. Queremos defenderlo y que nos dejen desarrollar nuestra afición, nuestra cultura. El problema es que el tiempo pasa. Ha habido una época mala y todos los estamentos de la Fiesta tenemos parte de culpa. A parte del ataque externo, hay una presión interna, que se respira. Hay gente que opina que el cáncer está dentro de la Fiesta; yo creo que no es así. Incluso algún empresario que mire sólo por su bolsillo defenderá esto algo. Yo soy optimista porque no hay en el mundo un espectáculo como éste. Todo se te olvida cuando estás en la plaza y ves correr un toro y ves a un hombre ponerse delante de él.

 

Es la autenticidad de la Fiesta.

 

José Enrique: Exactamente. Aquí todo es verdad; ni teatro, ni cine ni deporte. No hay nada que se le parezca, ni que se le vaya a parecer en la vida. Hay mucha gente que aprecia esa diferencia. Ahí radica también el ataque externo, porque es la lucha con un animal. No es fácil de defender, pero es lo que más diferencia, y hay que luchar por eso. Cambiar el espectáculo sería un error y el inicio de la decadencia. Y por esa grandeza, pensando en difundirla como hace Toro Cultura, tenemos que unirnos todos y mostrarlo al mundo. Mucha gente lo está viendo, aunque la tendencia de la humanidad es otra, y el tiempo pasa, el espectáculo es auténtico y real. De ser algo grande y considerado hemos pasado a tener que defendernos como una minoría. La injusticia y la intolerancia es lo que puede llegar a absorbernos sin sentido.

 

Lamentablemente hoy son muchas las amenazas.

 

José Enrique: Un hecho político, sucesos internacionales, animalismo, intereses industriales, proteínas vegetales, son los que nos ponen en riesgo. Para promocional su producto atacan a nuestra cultura. Ese terreno es difícil. Hoy en día es imposible que desaparezca, aunque el ataque es brutal. Se cierran heridas pero se abren por otro lado. En lo que a nosotros respecta no entendemos la vida sin ésto.

 

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¿Creéis que vuestros nietos seguirán criando toros bravos?

 

Nicolás: La vida da muchas vueltas. Nosotros somos la cuarta generación de ganaderos y me gustaría que también lo fueran mis nietos. No tengo duda de que vaya a haber toros dentro de cincuenta años. Los va a haber seguro, evolucionará, porque estamos en una sociedad desorientada, con una crisis de valores tremenda y a los toros nos afecta también, como afecta a todo lo demás. Se ataca a las minorías muchas veces sin sentido. Se me ha quedado grabado lo de Barcelona, donde se ponían delante de la plaza una docena de paisanos pintados de rojo insultando a los, como mínimo, cinco mil que íbamos a los toros. Daban pena. Nuestro nietos, espero que tengan la oportunidad, y luego que elijan. Nosotros queremos seguir en ello y creemos que la sociedad ha de seguir en ello. Es cierto que hay una desconexión de la sociedad con el sector taurino, gente normal, que ha perdido el vínculo con el mundo rural, incluso aquí en Salamanca. Pasaremos momentos mejores y peores, pero no puede desaparecer una Fiesta con esta grandeza. Al final esto es la cultura de un país.

 

José Enrique: El ataque al toro es una pequeña parte de su estrategia, pero es una bandera importante para ellos, porque hacen mucho ruido, es muy vistoso, se ve sangre, un hombre, un animal. Están equiparando al animal con el hombre, a todos los animales, y es un sinsentido. Dentro de las raíces filosóficas, culturales y religiosas ha habido siempre una diferenciación entre el hombre y el animal, y ahí entra el sentido de los grandes pensadores, el humanismo. La sociedad, en muchos casos mira para otro lado, sigue comiendo carne animal, pero no quiere saber de este conflicto. Tampoco se mira a la muerte, se actúa como si se fuera a vivir siempre. Creo que estos valores que el toreo muestra se deben conservar siempre, pero somos un blanco muy fácil y muy vistoso que ellos rentabilizan mucho.

 

Federico Arnás dijo hace unos meses en la Universidad de Navarra que el principal problema de la Fiesta es que prevalecen los intereses particulares sobre los generales. ¿Haría falta un órgano supraorganizativo?

 

Nicolás: Sí que prevalecen. Cada uno mira sólo a su campo, y no más allá. Hay una integración entre empresario y torero que con frecuencia parece un intercambio de cromos. El empresario debería ser independiente del resto de sectores. Es el encargado de montar un espectáculo que interese al aficionado y cree afición. Esta situación de pliegos, no siempre es justa. La confluencia de grandes grupos empresariales con cuatro o cinco figuras cada uno no es la mejor forma. Ahora, la verdad, no está bien organizado.

 

José Enrique: En esto sí que ha habido cambios. Antes había seis o siete empresarios con intereses distintos, y decenas de toreros con intereses también diferentes. El empresario llegaba, compraba el ganado, buscaba a los toreros en pugna con otros empresarios. Esta integración no ha venido bien a la Fiesta. Cuando había guerras de empresarios, toreros y ganaderos creaban una competencia que daba interés al toreo. Estaría bien crear un órgano para defender a la Fiesta.

 

Nicolás: En el mes de abril lo de septiembre ya está hecho el noventa por ciento de la programación. Los grupos ya lo tienen todo acordado.

 

José Enrique: Y el objetivo de un novillero es entrar en el sistema, porque si no sabe que no tendrá futuro.

 

Esto al final es un negocio para todos.

 

Nicolás: Nosotros vivimos de esto y tenemos que trabajar duro. Hemos diversificado para que la crianza del bravo pueda mantenerse. El ganadero, a diferencia del resto de intervinientes, tiene todo su patrimonio invertido en la ganadería. Empresarios y toreros pueden sacar dinero del toro e invertirlo en otro lado. Eso es lo que está mal organizado.

 

¿Quien vela por los intereses legítimos de la Tauromaquia?. No hay una institución, una federación, un garante de que el toreo tenga futuro.

 

José Enrique: Es lo que tú decías, cada uno vela en su casa por sus intereses. Nosotros nos entregamos a la ganadería.

 

Nicolás: No encontramos ayuda en ninguna parte, ni si quiera en las Administraciones. No es lo mismo sanear lo manso que lo bravo y son todo trabas. En vez de ayudar te obstaculizan. En cuanto pueden te matan la ganadería por alguna enfermedad o por un fallo. Defendemos la naturaleza, la cultura y un estilo de vida. Después se vende como polo de atractivo turístico, pero no ayudan en su conservación.

 

¿Qué tal os lleváis con los veedores?

 

Nicolás: Bien, es una figura extraña, sobre todo el de empresa, que no tiene sentido hoy en día. La verdad es que no tenemos problemas porque nosotros cumplimos con lo que decimos.

 

Nicolás y José Enrique Fraile. Valdefresno.

 

¿Cómo será el toro dentro de veinte años?

 

José Enrique: Será bueno saberlo y acertarlo, porque eso sería garantía de éxito. Creo que el espectáculo seguirá girando hacia el último tercio.

 

Nicolás: Los toreros están ahora más preparados que nunca y la Fiesta se va a mantener por su dimensión artística. El toreo debe ser una explosión de creatividad …

 

José Enrique: … y de emoción …

 

Nicolás: .. creo que va a derivar hacia la creatividad, la impredecibilidad, que haya sorpresa en la plaza, que te hagan poner de pie. Me gustaría que se encaminara hacia las emociones por ser impredecible. Cuando se haga predecible, y ahora estamos en ese derrotero, esto pierde gran parte de su esencia. Ojalá que dentro de veinte años estemos con la creatividad de Morante, Talavante … que haya sorpresas. Y el toro debe evolucionar hacia la clase, la bravura, y sorprender.

 

José Enrique: Creo que también el público debe educarse para valorar eso. Si un torero te sorprende …

 

Nicolás: …El público tiene que evolucionar en paralelo, dejarse llevar por las emociones…

 

José Enrique: …Eso es, y no estar tan entablado en ver ocho series y que el toro vaya y venga . Tanta técnica …

 

Nicolás: Tan perfectos son los toreros que saben muy bien cómo va a evolucionar el toro, lo manejan. Hay que improvisar más. Nos hemos distanciado de ese modelo y tenemos que volver a él. Hace falta personalidad y diferenciación. No esta bien que todos los toreros hagan la misma faena.

 

José Enrique: Es una mezcla entre pureza, esencia y personalidad de cada uno. Al igual que estamos defendiendo la diversidad de encastes tenemos que defender la diversidad de toreros y dejar que cada uno desarrolle su personalidad, no ser tan técnico y tan predecible.

 

Nicolás: Eso será lo que le dé salud a la Fiesta en los próximos veinte años.

 

José Enrique: Ahora hay tres toreros diferentes que te pueden sorprender, con toro y sin toro. Tal vez con sólo tres series pueden enloquecer a la afición, pero hay que permitir que pase eso. Tu ves lo que pasa en Madrid y hay una crítica excesiva.

 

Nicolás: El toreo tiene que evolucionar a ralentizar el movimiento del toro, y eso es lo que hace que sea plástico, no pegarle sesenta muletazos. Ser capaz de torearlo más despacio.

 

José Enrique: Fíjate que controversia. Yo vi la corrida de Miura de este año en Sevilla, y me sigo acordando de la tanda de naturales que le pegó Pepe Moral a un toro de Miura, despacio, despacio, como si fuese un toro de carretón. Con el primer muletazo la plaza ya se emocionó porque no lo esperaba. Las faenas seriadas no llegan tanto al público. Hay que torear despacio, ser creativo e inundar el aire de sensaciones. Es la forma de asegurar el futuro de la Tauromaquia.

 

Nicolás: Pero eso hay que permitirlo. La crítica y el aficionado debe comprender esta evolución.

 

Esperemos que así sea y dentro de veinte años podamos hablar de cómo será el toro de dentro de cuarenta. José Enrique, Nicolás, gracias por vuestra hospitalidad y por compartir con nuestros lectores vuestra experiencia y vuestro conocimiento.

 

José Enrique: Gracias a vosotros por difundir la cultura del toreo.

Nicolás: Un saludo para todos.

 

 

Javier Bustamante para

Toro Cultura

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