Trucios celebra la cultura del toro en la segunda clasificatoria del MIF

Trucios, la localidad vizcaína de quinientos habitantes con cuatro plazas de toros, fue ayer el escenario perfecto para una reedición de la tauromaquia popular, esa que vive en el pueblo, concierne a la gente y se convierte en un acontecimiento social. En su pequeña plaza semicerrada anexa a la iglesia parroquial, que el resto del año sirve a los conductores como aparcamiento, se dieron cita varios cientos de aficionados, tanto locales como foráneos, que celebraron el rito de la lidia como mucho antes lo habían hecho sus padres, los padres de sus padres y sus ancestros a lo largo de tres siglos. Tiene algo especial este coso de diminuto ruedo y tendidos volcados sobre la arena, pues no existe callejón, y los avatares de la lidia se viven sin interferencias, con intensidad y respeto. El viaje hacia la tauromaquia en este recóndito reducto lo es también en el tiempo, pues las casonas nobles que lo rodean, las verdes montañas y el tañido de las campanas crean una atmósfera atemporal, con el toreo en el centro de la vida de un pueblo que tiene a la lidia como seña de identidad propia.

Se jugaron erales de José Cruz, con alzada y romana, fuertes, destacando el segundo y el cuarto por su nobleza. El primero tuvo temperamento áspero, el tercero algo tardo y con tendencia a pararse, mientras que el quinto acortó el viaje revolviéndose tirando gañafones.

David Cob no pudo ajustarse en su primero, si bien construyó una faena larga sobre ambas manos, con momentos inspirados, mas falta de ligazón, mal rematada con el estoque. Tampoco se confió en su segundo turno pues el eral exigía y el valor del novillero provocó dos cogidas que le dejaron magullado debiendo ser trasladado a un hospital cercano para recibir atención médica.

Íñigo Norte pasó asentado en su primero, ligando y mandando al natural y especialmente en redondo con buen juego de muñeca. Erró con el estoque y dio una vuelta al ruedo. Lo mejor llegó en su segundo, con una gran serie al natural de mando y mano baja que llegó al público. De nuevo falló con la espada y el premio quedó en otra vuelta al ruedo. Lidió también el quinto, regalo del ganadero, el eral más complicado del encierro. Áspero, de viaje corto, se revolvía y tiraba derrotes, sin que el novillero encontrara la manera de mandar en su embestida. Sufrió una dura voltereta que no mermó su ánimo, dejando una grata impresión en los aficionados.

Reseña:

Plaza de toros anexa a la iglesia parroquial de Trucios. Sábado 27 de junio de 2026. Segunda clasificatoria del quinto Memorial Iván Fandiño. Casi lleno en tarde gris y calurosa.

Erales de José Cruz, en capas negras y castañas, bien presentados, fuertes y de juego diverso, predominando la nobleza.

David Cob, de gris plomo y azabache: Cuatro pinchazos y estocada defectuosa (silencio tras aviso). Estocada delantera, pinchazo y cinco golpes de descabello (silencio tras aviso).

Íñigo Norte, de coral y oro: Cuatro pinchazos, estocada casi entera y otra caída (vuelta al ruedo). Estocada trasera y cuatro golpes de descabello (vuelta al ruedo). En el quinto que mató de regalo: Dos pinchazos, estocada casi entera y dos golpes de descabello (palmas).

Incidencias:

Segunda clasificatoria del quinto Memorial Iván Fandiño organizada por el Ayuntamiento de Trucios en colaboración con el Club Taurino de Bilbao.

Actuó como sobresaliente Álvaro Yecla, luciéndose en quites por tafalleras, gaoneras y verónicas.

David Cob, cogido en su segundo, fue trasladado a un centro hospitalario para ser atendido de las múltiples contusiones sufridas.

El ganadero regaló el quinto eral a Íñigo Norte, quien más méritos hizo en la lidia de su lote.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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