Murteira se abona a Azpeitia

El encierro enviado por don Joaquín a Azpeitia tuvo una excelente presentación, con tres ejemplares aplaudidos de salida, dos de ellos ensabanados, bellísimos, como venidos del XIX, seriedad, cuajo, romana y respeto. Uno, el cuarto, mereció la vuelta al ruedo, otros dos fueron ovacionados y los tres restantes reconocidos con las palmas del público. Éxito, por tanto, de la temida ganadería portuguesa que, en el terreno de lo técnico quedó inédita en varas, pues ninguno repitió entrada al caballo y ninguno empujó con recrecida bravura. Las embestidas vividas ayer a orillas del Urola fueron vibrantes y encastadas en los actos cuarto y quinto, algo menos en el caso del tercero, y broncas en los otros tres turnos. Balance sin duda imperfecto pero satisfactorio, pues no hubo debilidad, ni manejabilidad, eso que otros llaman con poca propiedad “toreabilidad”, y todos, cada uno según su temperamento, concitaron la atención del cónclave y añadieron la emoción consustancial a la lidia.

Emilio de Justo fue quien más partido sacó de su lote, pues tras despachar al primero bronco y defensivo, se echó a la cara el cuarto, el de la vuelta al ruedo, que embistió con codicia y encastada agresividad. Lo pasó por doblones al inicio y al final, y entre medias se lució en una larga faena por ambos pitones con el toreo fundamental como argumento, al natural y en redondo, con quietud, ligazón y por momentos cercanía. Bello espectáculo que celebraron los tendidos por la pujanza del negro y la serenidad del de coral y oro. Sin embargo quedó la sensación de que los pases fueron siempre rápidos, tal vez precipitados como consecuencia de la codicia del toro, y es en ese punto donde se abre el eterno debate del temple y la hondura como la condición necesaria para engendrar en pureza el arte de torear. Si es el toreo de reunión el que prevalece sobre el de expulsión, y si rematar detrás de la cadera con la mano baja, exigiendo al máximo al toro, imprime a un trasteo el marchamo de arte mayor.

Borja Jiménez compareció en el patio de cuadrillas con dos dedos de la mano derecha entablillados tras el corte de la víspera en este mismo coso que le seccionó un tendón. No encontró sintonía con su primero, más allá de los pases de inicio cambiados por la espalda en el platillo, y armó después un largo trasteo de acompañamiento a su ensabanado que no se entregó y mostró talante defensivo. Tampoco en su segundo acto lució como suele en esta plaza ante uno negro encastado de acometida irreductible. Hubo de nuevo una faena de largo metraje, con quietud y ligazón, mas faltó ese punto de emoción que hace explotar a los tendidos, ese sentimiento que se transmite como se transmite la alegría.

Víctor Hernández, debutante en Azpeitia, vino como llega a todas partes, con el libreto bien aprendido y el propósito de mostrarlo urbi et orbi. Valor seco, quietud, verticalidad y hasta tintes estoicos. Valor para torear donde otros no se ponen, sin aspavientos, sin vender lo que no hay, sereno, sin claudicar nunca. Ayer en su primero hizo todo lo que le afecta en el toreo fundamental, sumando méritos por estatuarios solemnes, naturales con alma, redondos con el ritmo que la la ligazón y pases de pecho acariciando el lomo con la muleta. Añadió circulares invertidos y una tanda por luquesinas que, lejos de aumentar el crédito, pareció aminorarlo pues el público no se enardeció, pero sí concedió una oreja. El cierraplaza, el más complicado de la tarde, mostró un talante bronco y fiero que le hacía orientarse y buscar detrás de las telas en el epílogo. Resolvió con valor y solvencia la situación dejando la impresión de ser un torero valioso, con el que hay que contar en futuras ediciones.

Reseña:

Plaza de toros de Azpeitia. Viernes, 31 de julio de 2026. Casi lleno en tarde soleada y agradable.

Toros de Murteira Grave, variados de capas, con trapío, bella lámina y de juego diverso, como a continuación se detalla.

Primero: Ensabanado, de bella estampa, serio, ovacionado de salida. Un puyazo duro sin emplearse. Bronco, berreón y sin entrega. Palmas en el arrastre.

Segundo: Ensabanado, bello, ovacionado de salida. Un puyazo empujando. Bronco con instinto defensivo. Palmas.

Tercero: Negro, bien presentado, aplaudido de salida. Un picotazo sin emplearse. Pronto con acometividad y nobleza. Ovación.

Cuarto: Negro listón, muy serio. Un puyazo duro sin emplearse. Encastado con carbón. Vuelta al ruedo.

Quinto: Negro, bien presentado. Un picotazo sin celo. Encastado de gran acometividad. Ovación.

Sexto: Negro, con trapío y alegre salida. Un puyazo saliendo suelto. Bronco, fiero y orientado. Palmas.

Emilio de Justo, de coral y oro: Estocada que hace guardia y pinchazo (silencio). Estocada trasera (dos orejas).

Borja Jiménez, de lila y oro: Tres pinchazos, dos de ellos hondos (silencio). Dos pinchazos y estocada desprendida (ovación y saludos).

Víctor Hernández, nuevo en esta plaza, de turquesa y oro: Estocada delantera y dos golpes de descabello (oreja). Media estocada trasera, caída, atravesada (ovación y saludos).

Incidencias:

Segunda corrida de la feria de San Ignacio 2026

Tras el paseíllo se entregaron los premios correspondientes a la feria de 2025 reconociendo a Murteira Grave, como mejor corrida, y a Borja Jiménez como autor de la mejor faena, concedidos por el Ayuntamiento de Azpeitia y la Comisión Taurina respectivamente.

Víctor Hernández hizo el paseíllo desmonterado.

Emilio de Justo salió a hombros del coso.

La corrida duró dos horas y media.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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