Colombo encandila a las peñas

Jesús Enrique Colombo sedujo ayer a las peñas pamplonicas con un toreo efectista, pleno de recursos interpretativos, ajeno a la ortodoxia taurina, que le reportó, por tercer año consecutivo, el pase bajo la puerta del encierro de la Monumental. A nadie le sorprendió su manera de lidiar, conocida ya de otras fechas, basada en la comunicación con los tendidos de sol, por momentos histriónica, los pares de banderillas atléticos, los rodillazos, los regates cuando el toro apretaba, y la contundente manera de emplear la espada. Lo mejor, sin duda alguna, fue su estocada al sexto, en todo lo alto y sin puntilla. Antes de eso las peñas hacían la ola como manera de celebrar el brindis recibido y gritaban torero, torero, sin reparar en la colocación, el ajuste en los embroques, la rectificación de terrenos ni los enganchones que sufrió su muleta. Toreo que parece de riesgo cuando es de alivio, toreo de expulsión, sin mando ni estructura de faena. Cuando las peñas se entregan no reparan en detalles menores. Siendo además que ya traía un trofeo en el esportón fruto de la lidia al tercero, sustentada en similares parámetros, el resultado fue la euforia del mocerío y la gran satisfacción del matador, cuyo rostro mostraba emoción contenida. Contumaz en su voluntad de triunfo, con toreo volcánico de alta temperatura y poco ajuste a los cánones seculares, vino a desplegar su libreto, el que le conduce al triunfo sin ambages, y a fe que lo consiguió. Victoria de un concepto que cala en el sector del público menos exigente que, sin embargo, fue ayer también vitoreado por espectadores de sombra que agitaron sus almohadillas grana postulando trofeos. Ayer ganó el espectáculo y perdió el rito.

Manuel Escribano, principal especialista en este hierro, ofreció su repertorio habitual, que incluye recibos a porta gayola de rodillas, largas cambiadas en tablas, verónicas con mando, pares de banderillas en modos y terrenos diversos, pases cambiados en el platillo con una gran disposición y voluntad de agradar. Ensayó también el torero fundamental pasando al natural y en redondo en postura clásica, ligando sin lucimiento. Tal vez perdió una oreja en su primer turno al levantar el toro el puntillero, y desde ese momento se le vio contrariado, incómodo, hasta el punto de marrar con los rehiletes y perder el ajuste en el último tercio. Saludó dos ovaciones, botín menor para el poderoso toreo que practica.

Damián Castaño debutó en Pamplona tras trece años de alternativa luciendo un bello terno de primera comunión y plata. Responsabilizado, con gesto grave ya desde la espera en el patio de cuadrillas, notó la presión que ejercen veinte mil gargantas cantando y trasegando líquidos prestando atención discontinua a lo que ocurre sobre la arena. Recibió con largas cambiadas, porfió con valor, de pie y arrodillado, se adornó sin hermosuras, y por momentos pareció desconcertado, sin saber muy bien qué convenía hacer. Mató sin lucimiento mas el público reconoció su entrega con ovaciones en ambos turnos.

Ayer en la Monumental de Pamplona se dio rienda suelta al triunfalismo que provoca el efectismo, y se vivió una nueva entrega del otro toreo, el de la simple espectacularidad, el que no repara en la esencia de la tauromaquia.

 

Reseña:

 

Plaza de toros monumental de Pamplona. Lunes 14 de julio de 2025. Lleno en tarde cálida y soleada.

 

Toros de Miura, mal presentados, en capas obscuras, de juego diverso, como a continuación se detalla.

 

Primero: Negro, vareado, huesudo, cariavacado. Dos puyazos sin emplearse. Pronto, repetidor, con fijeza, carbón y poca humillación. Silencio en el arrastre.

Segundo: Negro, terciado, astifino y carifosco. Dos puyazos duros empleándose. Duro, tardo, de viaje corto, enterándose. Pitos.

Tercero: Cárdeno obscuro, alto, astifino, abierto de cuerna. Dos puyazos. Tardo, de viaje corto, con la cara alta. Silencio en el arrastre.

Cuarto: Cárdeno obscuro, bajo y astifino. Un puyazo duro empujando y otro puyazo suave. Duro, con pies y carbón, noble por el derecho y más corto por el izquierdo. Palmas.

Quinto: Negro, bajo, playero. Un puyazo duro y un picotazo. Duro, con pies y carbón. Silencio.

Sexto: Negro, escurrido sin remate. Un puyazo junto a toriles y otro contra querencia. Duro, con carbón. Silencio.

 

 

Manuel Escribano, de lila y oro: Estocada trasera (ovación y saludos tras aviso). Pinchazo y estocada casi entera (ovación y saludos tras aviso)

 

Damián Castaño, nuevo en esta plaza, de primera comunión y plata: Media estocada delantera caída delantera (ovación y saludos). Media estocada perpendicular y dos golpes de descabello (ovación y saludos).

 

Jesús Enrique Colombo, de tabaco y oro: Estocada caída (oreja). Gran estocada (oreja).

 

 

 

 

Incidencias:

 

Noveno y último festejo de la Feria de San Fermín.

Damián Castaño hizo el paseíllo desmonterado.

Jesús Enrique Colombo salió a hombros por la puerta del encierro.

El festejo duró dos horas y media.

 

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura