Rubén Pinar abre la puerta grande del Coliseum Burgos

La corrida de Victorino Martín jugada ayer en el Coliseum Burgos tuvo una desigual presentación, desde el musculado quinto de seicientos kilos cercano a los seis años, hasta los primero, tercero y sexto, escurridos y chicos, si bien todos llevaban tatuada en su piel cenicienta la impronta de la estirpe Albaserrada en forma de capas cárdenas o entrepeladas, perfiles degollados, mirada de azabache y hocicos de rata.

Su comportamiento fue también dispar, pues a la encastada nobleza del quinto ha de contraponerse la falta de celo de varios de sus hermanos, que ofrecieron una lidia deslucida, muy diferente a la eclosión de casta que se vivió aquí un año atrás.

En un escenario así se desenvolvieron tres toreros de distintos estilos, en diferentes etapas del ciclo profesional, que alumbraron también faenas diferentes.

Rubén Pinar estuvo decidido toda la tarde, pasando a sus antagonistas con temple, ligando las series en algunos pasajes, en lidias poco ajustadas, si bien alegres, que le granjearon la puerta grande del Coliseum. En su primero bulló en busca de la embestida, si bien el toro se revolvía al final del pase, sabiendo que algo se dejaba atrás. La estocada fue defectuosa, por trasera, si bien ganó una oreja con escasa petición, gentileza del presidente. En su segundo turno se encontró con un toro muy cuajado, bravo y noble que le permitió un toreo asentado, algo despegado, con series sobre ambas manos que llegaron a los tendidos con intensidad. Remató con un gran estocada de efecto fulminante que fue suficiente para que el palco concediera dos trofeos ante el entusiasmo de la afición burgalesa. Los mulilleros se unieron a la fiesta dando al toro la vuelta al ruedo por su cuenta, ante la explícita negativa de la presidencia. Malas prácticas.

El Cid entró en el cartel sustituyendo a Román, herido gravemente en Madrid semanas atrás, en busca de un triunfo que pusiera bello colofón a su trayectoria en esta capital. Sin embargo su quehacer no pasó de aseado en el primero, y hubo de alternar en el cuarto entre la cariñosa ovación del respetable cuando brindó su muerte al cónclave, y la sonora pita cuando se vio que no iba a haber faena artística. Así es el humano. El toro de su despedida no pasaba y aparentaba tener algún defecto en la vista. El Cid avaló ayer el aserto que asegura que cuando un matador anuncia su temporada de despedida, en realidad ya se ha ido del toreo.

José Garrido mostró el perfil inquieto del torero que busca oportunidades, si bien faltó reposo y ligazón en todo su trasteo. En el último turno se midió a un toro terciado y vivaracho que le puso en serios apuros sin atisbar soluciones a las exigencias que puso para entregar su incierta bravura. Mala tarde para él, mala tarde también para el público.

Reseña:

Coliseum Burgos, 30 de junio de 2019, casi tres cuartos del aforo cubierto en tarde sofocante.

Toros de Victorino Martín de diferentes hechuras y comportamiento, en capas cárdenas y entrepeladas. Primero: Cárdeno, terciado. Un puyazo largo aceptando el castigo. De viaje corto y poca entrega. División de opiniones en el arrastre. Segundo: Cárdeno, terciado. Un puyazo trasero. Humilla y repone. Ovación. Tercero: Cárdeno de gran volumen y musculatura; playero.Un puyazo empleándose en el peto. Pronto y fijo, pero sin humillar. Palmas. Cuarto: Cárdeno claro, escurrido y de gran trapío. Un fuerte puyazo. Espera y no pasa, tal vez por algún defecto en la vista. Pitos. Quinto: Negro entrepelado, cercano a los seis años, de gran trapío. Un puyazo fuerte, sacando a los medios al montado. Bravo. Gran ovación. Los mulilleros le dan la vuelta al ruedo pese a la negativa explícita del presidencia. Sexto: Negro entrepelado, muy chico y escurrido. Un puyazo leve. Pronto y vivo, encastado. Silencio.

El Cid, de añil y azabache: Estocada (silencio). Pinchazo y media estocada caída trasera (silencio).

Rubén Pinar, de teja y oro: Estocada casi entera espantosamente trasera y descabello (oreja con leve petición). Gran estocada (dos orejas).

José Garrido, de marfil y azabache: Estocada y un golpe de descabello (ovación tras aviso). Tres pinchazos y estocada caída (silencio tras aviso).

Incidencias:

Rubén Pinar salió a hombros por la puerta grande del Coliseum Burgos.

Al quinto toro se le dio una antirreglamentaria vuelta al ruedo, pese a la negativa explícita de la presidencia.

El Cid se despidió de la afición burgalesa.

Durante la corrida se desprendieron varios paneles insonorizadores del techo del Coliseum, uno de los cuales cayó al tendido sin causar daños a los espectadores. La zona fue desalojada y acordonada

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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