Trofeos de poca pasión
El Cid comparecía sonriente en el patio de cuadrillas antes de la corrida con la sensación del éxito logrado la tarde precedente aún en el ánimo, y su fiesta particular que ha supuesto esta feria de Santiago 2025 se prolongó en su primer turno con un toro negro armónico de hechuras que devino en pastueño. Si el Albaserrada de la víspera, el de las dos orejas, había desarrollado encastada nobleza, éste de sangre Juan Pedro fue beatífico mientras vivió y embistió. Pasó a placer, con su estilo clásico, largo y poderoso, si bien faltó emoción, ingrediente imprescindible para el triunfo rotundo. Mató sin precisión y obtuvo su tercer trofeo del serial. Su segundo aflojó y acometió sin celo mejor por el derecho que por el izquierdo, y sólo los tres pinchazos que precedieron a la estocada le privaron de un nuevo trofeo que le habría franqueado otra vez la puerta grande.
Juan Ortega se presentó hecho un San Luis de raso celeste y pasamanería blanca que presagiaban la inspiración y el arte que tantas tardes ha acreditado. Sin embargo no fue así y tragó un quinario con el estoque, recibiendo dos avisos en cada turno, no sonando los terceros por décimas de segundo. Su primero fue el toro más basto de la corrida, y tal vez de toda la feria. Atacado, de perfil flácido, cuello corto y expresión cárnica se puso gazapón y pegajoso, brusco por momentos sin dar opción a faena clásica. Aún así dejó un inicio de faena por alto, doblándose con torería con instantes de estética trianera. Algo parecido pasó en su segundo, algo más armónico y armado, con el que no acertó a armar su obra y acabó dando vuelta y media al ruedo entre pinchazo y pinchazo.
Andrés Roca Rey ha bajado dos puntos su intensidad esta temporada. Sigue siendo el torero valiente y poderoso, de espigada figura y perfil arrogante, de carisma y estética en movimiento, mas le falta la pasión que contagia y arrebataba a los públicos. Ahora desafía menos y fascina también menos. Ya no hay recibos a porta gayola, ni largas cambiadas en el tercio. Tampoco inicios de faena de rodillas en el platillo con pases cambiados. Ya no se mete entre los pitones dejando que las palas rocen los muslos ni arroja los trastos cuando el toro está dominado. Y bien que el público agradece con rugidos de admiración cuando cambia un pase en las cercanías o ensaya una arrucina. Ayer volvió a dominar sus toros como suele, incluyendo los dos arrimones con que culminó sus faenas, pasó largo y plantó firmes sus largas piernas sobre el albero, pero sin la intensidad de otras tardes. La gente, que le espera y le admira, reconoció su labor con un trofeo en el cierraplaza, que no parece suficiente para un torero favorito y querido, que puede y debe volver a ser el referente actual de la Fiesta.
Reseña:
Plaza de toros de Santander. Sábado 26 de julio de julio de 2025. No hay billetes en tarde templada y soleada.
Toros Domingo Hernández, de presentación y juego diverso, como a continuación se detalla.
Primero: Negro, bien presentado. Un puyazo. Pastueño. Palmas en el arrastre.
Segundo: Castaño, atacado y basto. Dos puyazos, uno de ellos junto a toriles. Brusco, gazapón y pegajoso. División de opiniones.
Tercero: Castaño, de escaso trapío. Un puyazo. Flojo y descastado. Palmas en el arrastre.
Cuarto: Colorado, chico y cono poca cara. Un puyazo. Flojo sin celo. Palmas al ruedo.
Quinto: Negro, escurrido. Noble con carbón y poco estilo. Palmas.
Sexto: Negro, bien presentado. Un puyazo. Dócil, con un buen pitón derecho. Palmas.
El Cid, de tabaco y oro: Estocada atravesada y un golpe de descabello (oreja con escasa petición). Tres pinchazos y estocada (ovación y saludos).
Juan Ortega, de celeste e hilo blanco: Casi media estocada delantera, pinchazo a toro arrancado, pinchazo y golletazo (pitos tras dos avisos). Siete pinchazos y estocada (bronca tras dos avisos).
Roca Rey, de catafalco y oro: Estocada caída delantera (ovación y saludos). Estocada (oreja).
Incidencias:
Octavo y último festejo de la Feria de Santiago de Santander.
La sultana del norte lucía engalanada con banderas y guirnaldas.
Sonó el himno nacional al terminar el paseíllo y un solo de trompeta para homenajear a los abonador fallecidos en el último año.
La banda de música interpretó con arte un amplio repertorio de pasodobles.
La corrida duró dos horas y cuarentaicinco minutos.
Javier Bustamante
para Toro Cultura











