El Cid eterno da fiesta a un bravo Victorino

Un toro de Victorino de encastada nobleza entregó al El Cid todos los misterios de la bravura, arcanos seculares que fueron descifrados con la clarividencia de viejo militante del arte, y juntos recrearon la tauromaquia clásica, con todos sus brillos, sin oropel, sin artificios, todo por derecho, todo de poder a poder, entregando sin reservas para recibir la mismísima gloria. Ésta es la bendita Fiesta que llega al corazón del aficionado y sobrecoge su ánimo pues tanto sentimiento apenas cabe en aurículas y ventrículos, y trasciende al recreo del espíritu. Había brindado a la figura del momento sabiendo el compromiso que asumía, y desde que ligó sin probaturas una impecable serie al natural en los medios, dando el pecho, corriendo la mano con temple exquisito, hasta que se volcó sobre el morrillo para dejar un gran estocada todo fue música que surgía de las entrañas. Hubo ritmo, temple, limpieza, valor, verdad, y por momentos desmayo y abandono, pues la obra que estaba creando sobrepasaba su entendimiento para sumergirse en un sueño que no podía creerse real. El Cid debió soñar en su retiro con un instante así, sueño que creyó quimera al despertar, sueño que recordará en una nebulosa, sueño que compartió ayer en la plaza de Cuatro Caminos con diez mil personas que le aclamaban. Mediada la faena ya sonreía al público y agradecía los vítores elevando al cielo el estoque. Fue un instante de emoción desbordada que palideció ante la trémula lágrima que se deslizó por la mejilla del espada al finalizar el paseo a los dos trofeos ganados. La distinción profesada a “Vengativo” no fue menor, pues el cónclave de manera unánime rindió reconocimiento con una aclamada vuelta al ruedo. La encastada nobleza de un toro junto con el valor sereno y la exquisita técnica de un maestro inspirado siempre fueron la mejor ofrenda que puede hacerse al arte por excelencia, que es el toreo.

Roca Rey hubo de cambiar su guión habitual, pues el ganado de Albaserrada requiere una lidia diferente a otros encastes más habituales, y probó a su primero sin asentarse hasta que descubrió que el pitón derecho admitía el mando. Pasó en un par de series de entidad, mas se le hizo tarde y hubo de entrar a matar con premura y sin acierto por la amenaza de los avisos. En su segundo no llegó a cuajar faena y sí a dibujar pases aislados que no fueron suficiente. Tampoco manejó con tino el estoque siendo su labor silenciada.

Lo mejor de Jarocho fueron sus recibos de capa, doblándose y sacando a sus toros embebidos en le capote hasta el platillo con estampa de lidiador clásico. Tocó con suavidad y precaución en el último tercio, logrando alguna serie estimable al natural. Sin embargo sus trasteos no tuvieron la continuidad deseada.

Tarde de arte mayor, que se erigió en una ofrenda al arte del toreo, y el reconocimiento implícito al toro de casta y al lidiador con valor para ponerse e inspiración para soñar que torea. Gloria para ambos.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Santander. Viernes 25 de julio de 2025. No hay billetes en tarde templada y soleada.

 

 

Toros Victorino Martín, bien presentados, en capas cárdenas y negras, variados de juego, como a continuación se detalla.

 

Primero: Cárdeno obscuro. Un puyazo. Encastado con carbón. Ovación en el arrastre.

Segundo: Cárdeno obscuro. Dos puyazos en una sola entrada al caballo. Tardo con temperamento. Silencio.

Tercero: Cárdeno obscuro, escurrido. Un puyazo. Parado y reservón. Pitos en el arrastre.

Cuarto: Negro, escurrido de carnes, recogido ce cuerna. Un puyazo suave. Bravo. Vuelta al ruedo.

Quinto: Negro, serio y bien armado. Un puyazo duro empujando. Noble con repetición. Palmas.

Sexto: Negro, cuajado y bien armado. Un puyazo. Tardo, de viaje corto y noble. Palmas.

 

 

El Cid, de azul marino y oro: Estocada contraria y cuatro golpes de descabello (ovación y saludos). Estocada (dos orejas).

 

Roca Rey, de pistacho y oro: Tres medias estocadas (silencio tras dos avisos). Estocada trasera tendida y dos golpes de descabello (silencio tras aviso).

 

Jarocho, de marfil y oro: Estocada desprendida (ovación y saludos). Pinchazo y estocada caída (vuelta al ruedo).

 

 

Incidencias:

 

Séptimo festejo de la Feria de Santiago de Santander.

La sultana del norte lucía engalanada con banderas y guirnaldas.

Sonó el himno nacional al terminar el paseíllo.

El Cid salió a hombros del coso de Cautro Caminos.

La corrida duró dos horas y media.

 

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura