Dos Victorinólogos
Saltaban a las generosas arenas de Cuatrocaminos los cárdenos de la a coronada con su hocico de rata, serios aunque terciados, bien armados, alegres, los más rematando en las tablas, combativos, buscando capas y hombres y ya se notaba que iba a ser necesario el carné de lidiador para poder con aquello. La terna, desigual en edad y experiencia, incluía a dos Victorinólogos que han lidiado con este encaste en docenas de tardes, con éxito muchas de ellas, y saben, mirándoles a sus ojos de azabache cuál es su temperamento y qué tipo de lidia necesitan.
Sin ir más lejos El Cid, primer doctor en Albaserradas, que doce meses antes se proclamó triunfador de la Feria de Santiago con hermanos de los que ayer se corrieron, ya dio la primera lección en su recibo al abreplaza, parándolo sobre los pies, andando hacia atrás con los brazos bajos sin dejar que el toro pasara, sin violentar su ánimo, hasta rematar en el platillo con un recorte. Brega de la clásica, puramente práctica que sirve para ahormar al toro y propiciar faena. Muleta en mano pasó con precaución y limpieza, sin ligazón, primando la técnica sobre la estética, hasta que el manso, de embestida tibia con la cara alta, se desentendió y se refugió en tablas donde recibió tres pinchazos y una escocada desprendida. Con su segundo, de otra condición, pudo estirarse a la verónica e iniciar el tercio de muerte tras las rayas con la muleta en la izquierda, y sin probaturas citar en largo ligando una serie tan bella como emocionante. Insistió por ese pitón bien colocado, componiendo otras dos tandas armónicas, para tomar la derecha y pasar en redondo con verticalidad y mando, hasta que, en un alarde de confianza, arrojó los trastos y tomó los dos pitones uno con cada mano evidenciando el dominio que ejercía ya sobre la voluntad del cárdeno. Habrá que saber cómo sentó al ganadero semejante adorno. Pinchó antes de cobrar una estocada premiada con una oreja.
En otro Victorinólogo compareciente, Manuel Escribano, de impecable botella y azabache, largó tela de rodillas en tablas como saludo a su primero, pareó con acierto y dictó una nueva master class con la flámula basada en la suavidad, pues prescindió del toque citando con los vuelos como si de un juego se tratara, yo te la enseño y tú la persigues entregado, y así de uno en uno compuso un trasteo que más parecía un masaje de efectos hipnóticos, pleno de técnica lidiadora. En su segundo acto se fue a porta gayola y dibujó una larga cambiada de rodillas seguida de dos más junto a las tablas, volvió a tomar los palos clavando con precisión trigonométrica y repasó a conciencia el teorema de la suavidad que ya había enunciado antes, matando esta vez a la primera ganando un trofeo.
Tomás Rufo, el gran triunfador en Pamplona ante toros de Jandilla pocos días atrás, el menos ducho de la terna en este encaste, lidió con el tercero, el más bravo del encierro sin aplicar las dos lecciones de sus compañeros, citando con toques y voces poco acordes con lo vivido, con mando y poder, componiendo estimables series al natural, mas sin la esencia del toreo armonioso que se había anunciado. Faltó colocación, quietud y, por momentos, ajuste. Con el cierraplaza se mantuvo fiel a su concepto, poderoso y dominador, si bien careció de la quietud y la hondura que arrebatan a los públicos.
Reseña:
Plaza de toros de Cuatrocaminos de Santander. Jueves 23 de julio de 2026. Casi lleno en tarde agradable y soleada.
Toros de Victorino Martín, cárdenos en el tipo de la casa, con trapío aunque terciados, bien armados y de juego diverso, como a continuación se detalla.
Primero: Cárdeno, muy serio, ovacionado de salida. Dos puyazos. Se parte un pitón en los burladeros. Manso. Silencio en el arrastre.
Segundo: Negro, de buena presentación. Un puyazo y un picotazo. Con humillación y fijeza. Palmas.
Tercero: Cárdeno, alegre de salida. Un puyazo duro encelado. Bravo con carbón. Ovación.
Cuarto: Cárdeno, bien presentado, alegre de salida. Un puyazo suave y un picotazo. Con fijeza, humillación y repetición. Ovación en el arrastre.
Quinto: Cárdeno terciado y bien armado. Un puyazo. Fijo y repetidor humillado. Ovación.
Sexto: Cárdeno bien armado, ovacionado de salida. Un puyazo duro empujando. Noble de viaje corto. Palmas.
El Cid, de verde yedra y oro: Tres pinchazos y estocada desprendida (silencio). Pinchazo y estocada (oreja).
Manuel Escribano, de verde botella y azabache: Estocada caída (ovación y saludos). Estocada perpendicular y delantera (oreja tras aviso).
Tomás Rufo, de rioja y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Pinchazo y estocada (ovación y saludos tras aviso).
Incidencias:
Sexto festejo de la Feria de Santiago 2026
Al finalizar el paseíllo la banda interpretó el himno nacional español.
La corrida duró dos horas y media.
Javier Bustamante
para Toro Cultura












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