Miura ha vuelto

Veinte años hacía que los toros de Zahariche no pisaban las arenas pardas del coso de Cuatrocaminos. Demasiado tiempo de distanciamiento entre el hierro legendario por excelencia y la feria del norte, con categoría sobrada para anunciar lo mejor del campo y de la torería. Y no defraudaron. Verlos salir arrogantes de toriles en capas polícromas, largos, altos, huesudos, agalgados, bien armados, engallarse con todo lo que se movía detrás de las tablas, regatear ante los burladeros, buscar a los banderilleros tras las troneras, barbear algunas veces, campar por el ruedo midiendo y buscando su terreno, arrancarse a los caballos de largo sin ser citados, empujar con casta pidiendo pelea, desarrollar sentido cuando tocaba, desafiar a los toreros con mirada aviesa, taparse al sentir la amenaza del estoque armado, morir de pie, mostrar su temperamento agreste es un lujo para los sentidos. Estos detalles mayores retrotraen al aficionado a la fiesta decimonónica, aquella en la que no se hablaba de nobleza sino de rusticidad y de instinto agresivo. Es un privilegio vivir siglo y medio después escenas de sabor añejo que ponen en valor el pasado, y por ello también el presente, de este bendito rito. Con uno de Miura en el ruedo todo se vuelve imprevisible y por momentos asombroso, todo toma otro valor, los colores de los vestidos de torear son más intensos y la luz de la tarde más brillante. La terna ayer anunciada dio la talla que se esperaba, con valor y determinación. Cada uno según su estilo y posibilidades afrontó el reto según dictaron sus musas, y sus miedos.

Manuel Escribano se ha convertido en el principal especialista en este encaste. Los conoce y sabe lo que conviene en cada momento. Como quedó de manifiesto con el que abrió plaza, un burraco flojo y de escaso celo, al que pasó con suavidad a media altura sin exigirle lo que no podía dar. Faena aseada coronada al segundo intento con una estocada que valió una ovación. Su segundo fue un sobrero de El Pilar, ajeno por tanto a la leyenda, alto y serio que tardeó y desarrolló mal estilo. Porfió por ambos pitones dominando sus embestidas pasando sin ligazón con valor y cercanía. Ovación del público y saludos del matador.

David Galván se manejó con torería toda la tarde. Lidió al cárdeno que hacía segundo a media altura en los mismos medios, templando con buen gusto y firmeza sus trémulas acometidas. Faenó con serenidad, componiendo la figura con la elegancia que le es propia. No tuvo éxito con el quinto, un castaño soberbio de estampa, berreón y brusco con el que la ligazón era una quimera. Enhebró el estoque antes de descabellar de tan mala manera que hubo de pedir disculpas por su hierro.

Damián Castaño llegó disminuido como consecuencia de una cornada en un gemelo recibida cuatro días antes que dificultaba el paso y más aún la carrera. En semejante estado físico poco se podía esperar, de manera que los tendidos estuvieron a su lado aplaudiendo cada embroque. Sin embargo no pudo con su primero, un cárdeno duro de pezuña, que desarrolló casta y sentido, con el que se fajó sin la agilidad necesaria, siendo cogido sin consecuencias. Lo mató a la segunda luego de ímprobos intentos de igualarlo. Le fue concedido un trofeo con petición minoritaria. Llegado el último turno pareció recuperado, tal vez por obra de los médicos a los que visitó minutos antes, planteando con más solvencia una faena digna y precavida. Tardó también en igualar al toro antes de pinchar y estoquear delantero y caído, para dar una vuelta al ruedo de reconocimiento a su atrevimiento.

Miuras en Santander. Bonito envite que será bueno se repita como signo de distinción de una feria que crece.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Santander. Martes 22 de julio de 2025. Más de tres cuartos del aforo cubierto en tarde templada y soleada.

 

 

Toros de Miura y un sobrero de El Pilar (4º), de gran trapío y bella estampa, variados de capas y juego, como a continuación se detalla.

 

Primero: Negro, alto, escurrido y bien armado. Devuelto por descordado.

Primero bis: Burraco, alto, muy serio. Se arranca solo al caballo recibiendo un putazo doble en el primer encuentro y un picotazo en el segundo. Flojo y descastado. Silencio en el arrastre.

Segundo: Cárdeno, playero, de gran trapío. Un puyazo duro rectificando y un picotazo. Flojo y sumiso. Palmas.

Tercero: Cárdeno, escurrido, con menos cara. Un puyazo duro empujando y un picotazo huyendo. Duro, orientado y encastado. Ovación en el arrastre.

Cuarto: Negro, alto, serio. Un puyazo duro empujando. Flojo y falto de celo. Silencio.

Quinto: Castaño, bellísimo y de gran trapío. Un puyazo duro dejándose pegar. Berreón, corto y brusco. Silencio.

Sexto: Castaño, alto, agalgado. Dos puyazos yendo solo al caballo. Sumiso. Silencio.

 

 

Manuel Escribano, de verde esmeralda y oro: Pinchazo hondo y estocada (ovación y saludos). Pinchazo y estocada (ovación y saludos tras aviso)

 

David Galván, nuevo en esta plaza, de lila y oro: Media estocada (ovación y saludos). Estocada superficial que hace guardia y un golpe de descabello (pitos).

 

Damián Castaño, nuevo en esta plaza, de primera comunión y plata: Pinchazo y estocada (oreja con escasa petición). Pinchazo y estocada delantera caída (vuelta ala ruedo).

 

Incidencias:

 

Cuarto festejo de la Feria de Santiago de Santander.

La Sultana del Norte lucía pulcra y engalanada con banderas y guirnaldas para la ocasión.

David Galván y Damián Castaño hicieron el paseíllo desmonterados por ser nuevos en esta plaza.

Sonó el himno nacional al terminar el paseíllo.

Se corrió turno en el lote de Manuel Escribano al ser devuelto a los corrales el primero.

Damián Castaño fue atendido en la enfermería antes y durante el festejo pues venía herido en un gemelo.

La corrida duró dos horas y cuarentaicinco minutos.

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura