Madrid: Diego Urdiales contra los elementos

El portador del cetro del clasicismo afrontó ayer en el primer coliseo del mundo un duro reto, pues los elementos se aliaron en su contra, todos los elementos, y sin embargo logró superar las amenazas, fortaleciendo así su leyenda. Hubo de pechar con un lote flojo y justo de raza de Alcurrucén; soportar lluvia sañuda más propia del antiguo testamento; y tolerar las protestas de un sector del público, el más reaccionario, que no se sabía bien lo que le afeaban. Sólo le faltó una acampada antitaurina en terrenos de chiqueros para que el cuadro fuera completo, y cabe pensar que incluso así habría emergido su torería para alimentar la bella historia que está ofreciendo por fascículos.

Comenzó la tarde con los astros de cara, pues el público de Madrid le sacó a saludar tras el paseíllo recordando la gran tarde de toros que dio aquí cuatro meses atrás en la corrida de la prensa. Inició su primer trasteo doblándose con mando para ensayar después el toreo que le ha conferido prestigio, al natural y en redondo, con quietud y mando, mas no siempre ligazón porque el castaño tardaba en repetir y mostraba signos de flojera según avanzaba la lidia. Sin embargo brindó una serie al natural, con pase de uno en uno que tuvieron la enjundia y el remate que el aficionado espera. Mató a la segunda entre cortinas de agua, y el poco público que quedaba en sus escaños tras el arrastre le obligó de nuevo a saludar. Larga se hizo la siguiente media hora, con el agua rebosando el ruedo, los cuerpos de los aficionados como bayetas, y la banda de música atacando el pasodoble sin nadie que hiciera cuentas de su arte, pues la gente trataba de ponerse a cubierto, como si de la orquesta del Titanic se tratara. En su segundo turno hubo de emplearse a fondo para lograr trémulas embestidas del alto colorado al que le costaba desplazarse. Faena pulcra, tesonera, en la que además del arte fue necesario el trabajo para componer un par de series estimables. Saludó por tercera vez tras marrar con el estoque.

Fortes compuso una faena desigual con su primero, pasando de los doblones canónicos, dos series estimables por el derecho y unas bernadinas ajustadas, a otras tandas sin colocación adecuada, con la muleta retrasada. Menos aún brillo con el castaño que hacía quinto, deslucido y escaso de casta, pues compuso una faena sin sentido al hilo del pitón, con enganchones y falta de ritmo. Dos silencios, un resbalón que pudo acabar en cogida y una carrera de treinta metros cuando el segundo hizo hilo con él tras un pinchazo.

Cristian Parejo no pudo lucir el toreo de reunión, citando en largo, con la suerte cargada del que el público tenía noticias. Antes al contrario. Se empleó toda la tarde con el compás desmesuradamente abierto, el pico por delante y tráfico por la periferia. Valor sí mostró, mas valor en los adornos y en alguna serie postrera, cuando en cierra plaza, amorcillado, devino en marmolillo. Dos cogidas sufrió en su primer turno, la primera tras un desplante mal medido, y la segunda tras estoquear tirándose encima de la cara, y en ambas estuvo caído sobre la arena a merced del negro que no hizo por herir. División de opiniones y silencio fue el veredicto del público empapado.

Reseña:

Plaza de toros de Las Ventas de Madrid. Viernes dos de octubre de 2026. Casi lleno en tarde tormentosa.

Toros de Alcurrucén, bien presentados y escasos de casta como a continuación se detalla.

Primero: Castaño, hondo, atacado, corpudo, apretado y cornivuelto. Un puyazo duro empujando y un picotazo pronto. Flojo, de viaje corto, con poco celo. Silencio en el arrastre.

Segundo: Negro, cuajado, bien armado. Un puyazo trasero y un picotazo. Repetidor con carbón. Ovación.

Tercero: Negro, cuajado, con seria cara. Un puyazo duro y un picotazo saliendo suelto. Tardo y flojo. Pitos.

Cuarto: Colorado, alto y serio. Dos puyazos. Descastado. Pitos.

Quinto: Castaño, alto, serio y bien armado; ovacionado de salida. Dos puyazos sin emplearse. Flojo, con la cara alta, punteando las telas. Pitos.

Sexto: Castaño, serio, atacado. Dos puyazos, el segundo en franca huida. Flojo y parado. Silencio.

Diego Urdiales, de nazareno y oro: Pinchazo y estocada (ovación y saludos). Dos pinchazos y un golpe de descabello (ovación y saludos).

Fortes, de espuma de mar y azabache: Dos pinchazos y estocada delantera caída (silencio tras aviso). Estocada casi entera delantera y cuatro golpes de descabello (silencio).

Cristian Parejo, de celeste y oro: Estocada (división de opiniones). Cinco pinchazos y cinco golpes de descabello (silencio tras aviso).

Incidencias:

Segundo festejo de la Feria de Otoño de Madrid.

Durante la faena de muleta del primer toro el cielo se abrió y cayó una violenta manta de agua que mantuvo la corrida en suspenso durante media hora.

La corrida duró dos horas y media.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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