Doble triunfo con poco toro

La corrida de Núñez del Cuvillo saltó a la arena del Coliseum con escaso trapío y remate. Escurridos, de discreta romana y comportamiento noble que por momentos rayaba en la pastueñez. Dentro de esta norma cabe destacar al segundo y al quinto, que se movían tras los señuelos con cierta intención, mas sin la agresividad que aporta la emoción intrínseca del toreo. En este escenario hubieron de emplearse los tres matadores anunciados, curtidos en mil batallas ante encastes menos condescendientes, especialmente los dos primeros, poseedores de una técnica depurada que les confiere un lugar destacado en el escalafón superior.

Daniel Luque, vestido con un terno añejo berenjena y azabache, no tuvo antagonistas. Sus dos toros dieron pronto síntomas de poca raza, y el matador sólo pudo componer la figura y ensayar pases y medios pases por ambos pitones, sin la hondura que le ha caracterizado en las últimas temporadas. Largó tela de rodillas en su saludo al cuarto, lanceó a la verónica sin apreturas, esbozó naturales, redondos, luquesinas y pases de pecho evidenciando tal dominio de la lidia que no cabía para la épica. Mató sin lucimiento y su labor fue silenciada.

Emilo de Justo, que vive un idilio con Burgos, encontró algo más de movilidad en sus dos oponentes, ambos de nobleza proverbial, lo que fue suficiente para engarzar, además del toreo fundamental, pases en redondo de rodillas, doblones sobre la mano derecha, manoletinas y luquesinas. Todo lo hizo con temple y mando, corriendo bien la muleta en la línea clásica de la que ha hecho bandera. Mató bien a su primero y mal a su segundo, lo que le valió una oreja en cada turno y el derecho a salir por la puerta grande.

Tomás Rufo pasó algo precipitado a su primero, sin la quietud que ha mostrado otras tardes, dando la sensación de dominio absoluto de la res. En su segundo propuso una larga faena, templada y ligada, de inicio vertical con un pase cambiado en los medios que estimuló al público. El epílogo se gestó muy cerca de los pitones, achicando el espacio hasta lo inverosímil, si bien la docilidad del toro restó brillantez a su faena. Mató a la primera en ambos casos y la presidencia atendió la petición de los espectadores con sendos trofeos.

Tarde de triunfo en Burgos, con dos toreros saliendo por la puerta grande, sin que haya quedado en la memoria del público el trasteo que ofrecieron, pues faltó la emoción de la lidia, que se fundamenta en la encastada embestida del toro.

 

 

 

Reseña:

 

Coliseum de Burgos. Martes 1 de julio de 2025. Casi lleno en tarde tórrida.

 

 

Toros de Núñez del Cuvillo, de escaso trapío, flojos y justos de casta, como a continuación se detalla.

 

Primero: Negro, chico. Un picotazo. Flojo y descastado. Palmas en el arrastre.

Segundo: Negro de poco trapío. Un puyazo empujando. Noble y pronto. Palmas.

Tercero: Negro, de discreta presencia. Un puyazo suave dejándose herir. Noble y repetidor. Silencio.

Cuarto: Castaño, chico y con poca cara. Un puyazo. Flojo y descastado. Pitos en el arrastre.

Quinto: Negro, sin cuajo ni trapío. Un picotazo. Noble y repetidor. Palmas.

Sexto: Negro, de poca presencia. Un puyazo. Flojo y sumiso. Palmas.

 

 

Daniel Luque, de berenjena y azabache: Dos pinchazos y estocada trasera tendida (silencio). Estocada casi entera tendida y dos golpes de descabello (silencio)

 

Emilio de Justo, de hiedra y oro: Estocada (oreja). Bajonazo fulminante (oreja).

 

Tomás Rufo, de nazareno y oro: Estocada casi entera trasera tendida (oreja). Estocada desprendida (oreja).

 

 

 

 

Incidencias:

 

Tercera corrida de la Feria de San Pedro.

Daniel Luque sustituía a Cayetano, indispuesto, y Tomás Rufo a Marco Pérez, cogido días atrás, convaleciente de una cornada envainada y una lesión ósea

Tras el tercer toro la presidencia se retiró del palco para facilitar la merienda de los asistentes.

Emilio de Justo y Tomás Rufo salieron a hombros del Coliseum burgalés.

El festejo duró dos horas y veinte minutos.

 

 

 

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura