Santander se consolida, mas debe subir el toro

La feria de Santiago de Santander 2026 recién finalizada presenta unos resultados interesantes que deben ser analizados para fortalecer una feria histórica, reincidiendo en lo acertado y corrigiendo aquello que necesite enmienda.

Se ha consolidado la feria de ocho tardes con seis corridas a pie, además de un espectáculo de rejones y una novillada con picadores, lo que confirma a esta plaza como la de más amplia programación de la cornisa cantábrica y casi del norte de España.

Los toros

El toreo a pie, con siete festejos, ha estado protagonizado por cuatro encastes: Domecq, Santa Coloma, Albaserrada y Atanasio.

En el capítulo de Domecq han lidiado los de Montealto (vía Algarra y Ventorrillo), Parralejo (Jandilla), Ventana del Puerto (Jandilla- El Torreón), Juan Manuel Criado (Juan Pedro) y Juan Pedro Domecq.

El encaste de Santa Coloma ha estado representado por La Quinta, cuyo toro Tapaboca fue indultado en Bilbao por Borja Jiménez once meses atrás, algo que nunca antes había ocurrido en Vista Alegre.

El de Albaserrada por Victorino Martín, con un premio de vuelta al ruedo en la precedente feria de Santiago.

El origen Atanasio se ha encarnado en el Puerto de San Lorenzo, que lidió sólo tres toros, vacada con personalidad y juego muy definido.

El hierro estelar del ciclo fue sin duda el de Victorino Martín. Respondió a las expectativas y ofreció la corrida de mayor interés, con una gama amplia de comportamientos, desde el manso primero al bravo tercero siempre con interés, pues la casta se hizo patente en todas las lidias:

Saltaban a las generosas arenas de Cuatrocaminos los cárdenos de la a coronada con su hocico de rata, serios aunque terciados, bien armados, alegres, los más rematando en las tablas, combativos, buscando capas y hombres y ya se notaba que iba a ser necesario el carné de lidiador para poder con aquello. La terna, desigual en edad y experiencia, incluía a dos Victorinólogos que han lidiado con este encaste en docenas de tardes, con éxito muchas de ellas, y saben, mirándoles a sus ojos de azabache cuál es su temperamento y qué tipo de lidia necesitan”

La presentación ha sido buena en los casos de Montealto, con utreros de respeto, La Quinta, dentro del tipo de la casa, Victorino Martín, terciados pero serios de cara, y Juan Pedro Domecq, con cuajo y volumen, si bien de discreta cornamenta.

Sin embargo los encierros de El Parralejo, Puerto de San Lorenzo, Ventana del Puerto, y Juan Manuel Criado no han tenido el trapío que merece la plaza de Santander.

El comportamiento de las reses ha sido muy diverso, destacando el sexto novillo de Montealto, segundo y tercero toros de La Quinta, el tercero de La Ventana del Puerto, el tercero de Victorino Martín, y el segundo y el sexto de Juan Pedro Domecq. Seis bravos que han honrado a sus criadores y han facilitado el éxito de sus matadores. Sin embargo las corridas de El Parralejo, Puerto de San Lorenzo, Ventana del Puerto, así como buena parte de le resto de los hierros, con las excepciones señaladas, han ofrecido un juego decepcionante, en muchos casos con dosis de casta por debajo de lo que la afición espera en uno de los cosos punteros de segunda categoría.

De los cuarenta y ocho toros sorteados sólo uno, el sexto de Juan Manuel criado, ha sido devuelto al corral por su debilidad, sin que se hayan producido más retornos por invalidez o lesión inhabilitante.

Es indudable que el toro ha sido el punto débil del serial, tanto en la presentación de varias corridas, con mención especial a sus discretas defensas, como por la falta de raza en muchas de ellas.

Los toreros

El matador triunfador de la Feria ha sido Andrés Roca Rey, quien ganó dos orejas de su primero de Juan Manuel Criado, saliendo a hombros por la puerta grande. El mismo camino siguieron Álvaro Serrano, con un trofeo de cada novillo de Montealto y Guillermo Hermoso de Mendoza, quien cortó dos de un cuatreño de Benítez Cubero y otra de uno de Pallarés.

Con un trofeo se contabilizan diez toreros: Julio Norte, Samuel Navalón, David de Miranda, Juan Ortega, Víctor Hernández, El Cid, Manuel Escribano, Tomás Bastos, Marco Pérez y Aaron Palacio.

Diecisiete orejas en ocho tardes con veintitrés toreros anunciados, pues Morante actuó en dos ocasiones.

El triunfo de Roca Rey se fundamentó el su poder y sentido de la lidia que unidos a su valor inquebrantable sobrecogieron a los tendidos:

Poco contribuyó el encierro de Juan Manuel Criado al lucimiento de la terna, más allá del que hizo segundo, chico y boyante, con el que Roca Rey compuso un trasteo poderoso y variado, que comenzó en el platillo haciendo el poste por estatuarios ajustados, para continuar con el toreo fundamental y culminar con cuatro circulares de trescientos sesenta grados concatenados y manoletinas de vértigo. La contundente estocada rubricó una actuación que valió por dos orejas”

Álvaro Serrano mostró la seriedad de su toreo y el compromiso que establece con los públicos ante dos novillos de Montealto que le franquearon la puerta grande:

Álvaro Serrano recibió al abreplaza en tablas con un farol de rodillas, verónicas también de hinojos y quitó por chicuelinas y faroles. Pasó después con buena técnica y arrojo, sin aspavientos, templando la embestida noble del negro que por momentos fue brava, ligando en espacio corto, hasta el punto de ser cogido por la corva y volteado con violencia, completando una faena sólida, oficiada con solvencia. Mató de estocada fulminante tras pinchazo cobrando una oreja. En su segundo turno hubo menos de todo. Menos quietud, menos ajuste y menos ligazón, pasando sin demasiados argumentos, mas instrumentó una serie por manoletinas que agradó a los tendidos, justo antes de cobrar una buena estocada que le reportó el segundo trofeo y el triunfo mayor. Tarde seria y comprometida que le valió la salida a hombros del coso de Cuatrocaminos”

Juan Ortega añadió a su proverbial clasicismo algunas suertes nuevas, como la serie por arrucinas, que gustaron al público y explican en parte el premio conseguido frente a uno de La Ventana del Puerto:

Juan Ortega, impecablemente vestido de rosa palo y oro, ganó también un trofeo en su primero con una faena de fondo clásico, con doblones de inicio, pases regulares, de pecho y molinetes en tres tiempos, quieto y erguido como suele, mas añadió suertes novedosas, como pases en redondo invertidos citando desde lejos y una serie de arrucinas ajustadas, todo ello con la solemnidad que imprime a su toreo. La estocada cayó baja y trasera sin que el público reprimiera su voluntad de premio”

Otro de los destacados ganando un trofeo ante un toro de El Parralejo ha sido David de Miranda, un torero emergente que tiene un discurso diáfano asentado en el valor y en la regularidad:

David de Miranda fue el triunfador de la tarde, con los matices precedentes, pues ganó un trofeo en el último turno como reconocimiento a su arrojo y a una estocada eficaz. No hubo mucho más que el arrimón que este torero suele, adornado por una serie de manoletinas postreras que lograron el favor del público. En su primero añadió además un inicio de rodillas entre rayas y una buena serie al natural templado y reunido, que desembocó en una fea cogida al intentar una arrucina de la que se repuso y continuó toreando sin aparentes consecuencias. Poco toro para el vibrante desafío que el matador plantea cada tarde en todas las plazas”

De parecido concepto es Víctor Hernández, debutante en Santander quien hizo de la colocación, el temple y el valor seco su emblema:

Víctor Hernández se presentó ayer en el coso de Cuatrocaminos mostrando sin ambages el tipo de torero que es, con valor seco, sin concesiones efectistas, arriesgando para torear, con ortodoxia y quietud, encajado de riñones, pisando el sitio en el que los toros embisten o cogen. Y de todo eso hubo. Recibió a su primero con verónicas y quitó por saltilleras ajustadas. Brindó al público e inició la faena pasando por estatuarios ceñidos, templó después al natural con mando, ligando dos series excelentes, vertical, hierático, con las zapatillas hundidas en la arena hasta que se confió al rematar una serie y fue cogido en un desplante afortunadamente sin consecuencias. Carácter y personalidad fueron las señas de identidad de la faena, coronada por luquesinas y manoletinas de alto riesgo, para culminar de una estocada caída y delantera pero efectiva que valió por una oreja”

Más allá de la estadística de trofeos hay que destacar la memorable actuación de Morante en la Corrida de Beneficencia celebrada en día de Santiago, la más artística, la más emocional y la más jaleada por el público pese a no obtener trofeo alguno por el mal uso del estoque:

Lo mejor llegó con el cierraplaza que hubo de matar por cogida de Marco Pérez. Lo esperó en el burladero más próximo a toriles y lo recibió allí, junto a las tablas, con tres faroles, delantales y media verónica por sorpresa que pusieron al público en pie. Galleó después por chicuelinas bajas con el diminuto capote que le ofreció Aarón Palacio tras sufrir un desarme, y remató con una serpentina que pareció un arco mudéjar. Inició el tercio de muerte sentado en el estribo en zona cercana a chiqueros con la serenidad de quien nada debe ya, y a partir de ese momento fluyó la inspiración, la naturalidad y la improvisación que le elevan a la categoría de genio. Trincheras, molinetes, molinetes invertidos, litúrgicos naturales, redondos ajustados, pases de pecho de pitón a rabo, entregado, sin plan de fuga, dando al toro todas las ventajas, lento, templado y hondo, saliéndose del toro a paso lento, con expresión grave, tal vez soñando ya lo que acababa de hacer. Faena en terrenos de chiqueros, larga y generosa coronada por dos mondoñinas y trincherazos de la firma.

Hubo en la plaza sensación de irrealidad, de que tanta emoción no cabía en un instante, y de que el hombre que pasaba de muleta no podía estar allí, en el centímetro cuadrado que pisaba. Por momentos parecía flotar en otra dimensión, la dimensión del arte como explicación absoluta de la vida. Y ahí acabó el misterio, el misterio de Morante, que ayer brilló en Cuatrocaminos. Quien pueda entender que entienda. Quien quiera creer que crea. Quien pueda entregarse al sueño que siga soñando”

En el capítulo de los percances hay que señalar la grave cogida sufrida por Marco Pérez en el último festejo, con una cornada de dos trayectorias en el muslo derecho de la que fue intervenido en la propia plaza. Samuel Navalón fue también fue atendido por los médicos tras ser prendido por uno de La Quinta provocándole contusiones varias y un coágulo en un pulmón que le tendrá dos semanas de baja. Victor Hernández también visitó la enfermería con politraumatismo debido a una aparatosa cogida sufrida tras un desplante ante uno de La Ventana del Puerto. Además Álvaro Serrano sufrió la ira de un novillo que se saldó con contusiones menores.

Digno es de reseñarse la presentación de cuatro matadores en Santander, Víctor Hernández, David de Miranda, Samuel Navalón y Aarón Palacio, y la alternativa de otro que no lo era, Tomás Bastos. Casualmente o no, los cinco obtuvieron un trofeo, lo que avala que relevo en el escalafón necesita jóvenes con capacidad y compromiso como los tres nombrados.

El público

El éxito de público ha sido un año más incontestable, con tres tardes de “no hay billetes”, las de cartel de máxima figura, es decir, las dos de Morante y la de Roca Rey. Otras dos con lleno aparente, la de rejones y la de Victorino. En las tres restantes, incluida la novillada, el aforo se cubrió en sus tres cuartas partes. Eso significa que, a nivel agregado, la respuesta en taquilla se ha aproximado al 90% de las localidades ofertadas. Algo que acredita la aceptación popular mantiene la feria de Santiago.

El público santanderino ha vuelto a demostrar un talante entusiasta y respetuoso. Entusiasta en la petición de trofeos y jaleando el valor de los toreros, y respetuoso con el quehacer de los espadas, guardando silencio en los momentos clave de la lidia, hasta el punto que la Sultana del Norte parecía por momentos la Maestranza de Sevilla.

Es destacable también de 2026 la respuesta de los jóvenes que animaron los tendidos, tanto de sol como de sombra, y agotaron en pocas horas los mil trescientos abonos que para ellos había dispuesto la empresa guardando colas de toda una noche en animada velada.

La organización

El coso de Cuatrocaminos, es de una gran belleza natural. La arcada neomudéjar que conforma el anillo superior del coso decorada con los hierros de las más afamadas ganaderías de finales del siglo XIX, las banderolas que se mecen sobre la andanada al son del aire tibio de la tarde, y los capiteles polícromos en hierro que conforman la arcada superior, confieren a esta plaza un aroma inequívocamente meridional, más propio de las orillas del Guadalquivir que de la costa cantábrica. En un escenario así el arte es más conmovedor, especialmente si su mantenimiento es óptimo, como es el caso. Cada invierno se desmontan las barreras para evitar en efecto demoledor de la humedad, se pintan y reparan cuando comienza la temporada y cada mañana de toros se repasa el estribo para que luzca el anillo en todo su esplendor. La limpieza es seña de identidad del coso, el control de accesos estricto y eficaz, con dotación de medios humanos que atienden al público aligerando las colas. Estos detalles hacen que la experiencia del cliente sea casi en todo caso grata al margen de los avatares que acontezcan sobre el albero.

La banda de música ha brillado con un amplio repertorio de pasodobles entre los que dos especialmente han añadido emoción las faenas de muleta: “Suspiros de España”, «Gallito» y “Cocherito de Bilbao”. Una gran banda que ha ofrecido una gran música, con el himno nacional en cada prólogo.

El Ayuntamiento de Santander, dirigido por Gema Igual, ha encontrado sintonía con la empresa Lances de Futuro, liderada por José María Garzón, realizando una promoción de la Feria notable, con presencia en medios y presentaciones de la cartelería en ciudades cercanas y en otras capitales como Madrid, en el marco de importantes eventos de difusión turística.

En Santander los toros son importantes, y se les concede el protagonismo que en otros sitios se les niega. Hay conciencia del impacto que el toreo tiene, no sólo en la economía de la ciudad, sino también en la cultura y los valores que esta tierra tiene como propios y que deben ser difundidos para calar en todas las capas sociales.

Santander sigue avanzando y ocupa ya un lugar importante entre las ferias de España. La programación propuesta por la empresa ha disfrutado del apoyo institucional por parte del Ayuntamiento y ha encontrado un fuerte eco en una afición serena que tiene a la tauromaquia como una manifestación cultural propia.

Javier Bustamante

Para Toro Cultura