Que siga soñando
La tarde que dio Morante ayer en Santander ha de enmarcarse como uno de los hitos de la temporada pues su toreo trascendió de lo convencional, mostrando con patetismo el misterio que embriaga a su figura y a su leyenda, misterio que por definición no puede explicarse y difícilmente puede entenderse. Compareció en el patio de cuadrillas vestido de catafalco y oro, con semblante grave y mirada ausente, atendiendo a los medios, saludando a los aficionados con leves sonrisas, retratándose con quien se lo pedía, siempre amable en su burbuja. Tomó un habano de los que suele, lo palpó unos instantes y se lo entregó de vuelta a su apoderado sin siquiera prenderlo, y ya estaba garbeando ceñido con el de seda a través del albero para saludar al presidente y escuchar con la solemnidad de un patriota el himno nacional que interpretaba la banda.
Ya metido en la brega ofreció tres capítulos distintos a cuál más torero, pues en el primero recibió a la verónica, quitó por chicuelinas, se dobló por ayudados en el prólogo de la faena y compuso, aún sin la ligazón y la hondura que se de él se espera, un ramillete de bellos pases con la figura erguida y la muñeca floja.
El segundo acto fue breve ante uno castaño de poca raza, mostrando el modo de deshacerse sin ambages de un toro que incomoda, así que lo pasó por ambos mostrando su moruchez y sin amago de igualar tiró de él con la izquierda al tiempo que hería con la derecha sin miramientos, sin mudar un músculo de la cara, trasero y bajo en lo que más pareció bandolerismo que tauromaquia.
Lo mejor llegó con el cierraplaza que hubo de matar por cogida de Marco Pérez. Lo esperó en el burladero más próximo a toriles y lo recibió allí, junto a las tablas, con tres faroles, delantales y media verónica por sorpresa que pusieron al público en pie. Galleó después por chicuelinas bajas con el diminuto capote que le ofreció Aarón Palacio tras sufrir un desarme, y remató con una serpentina que pareció un arco mudéjar. Inició el tercio de muerte sentado en el estribo en zona cercana a chiqueros con la serenidad de quien nada debe ya, y a partir de ese momento fluyó la inspiración, la naturalidad y la improvisación que le elevan a la categoría de genio. Trincheras, molinetes, molinetes invertidos, litúrgicos naturales, redondos ajustados, pases de pecho de pitón a rabo, entregado, sin plan de fuga, dando al toro todas las ventajas, lento, templado y hondo, saliéndose del toro a paso lento, con expresión grave, tal vez soñando ya lo que acababa de hacer. Faena en terrenos de chiqueros, larga y generosa coronada por dos mondoñinas y trincherazos de la firma.
Hubo en la plaza sensación de irrealidad, de que tanta emoción no cabía en un instante, y de que el hombre que pasaba de muleta no podía estar allí, en el centímetro cuadrado que pisaba. Por momentos parecía flotar en otra dimensión, la dimensión del arte como explicación absoluta de la vida. Y ahí acabó el misterio, el misterio de Morante, que ayer brilló en Cuatrocaminos. Quien pueda entender que entienda. Quien quiera creer que crea. Quien pueda entregarse al sueño que siga soñando.
Reseña:
Plaza de toros de Cuatrocaminos de Santander. Sábado 25 de julio de 2026. Lleno de “no hay billetes” en tarde agradable y soleada, con amenaza de tormenta.
Toros de Juan Pedro Domecq, de buena presentación y juego diverso, como a continuación se detalla.
Primero: Jabonero con caja y discreta cornamenta. Un puyazo empujando. Pronto y repetidor con celo sin humillar. Ovación en el arrastre.
Segundo: Negro listón, con buena presencia. Un puyazo empujando. Encastado. Palmas.
Tercero: Negro. Un puyazo duro empujando sacando el caballo a los medios. Tardo y de viaje corto. Silencio.
Cuarto: Castaño con caja, romana y poca cara. Un puyazo sin emplearse. Flojo sin entrega. Pitos en el arrastre.
Quinto: Castaño de buena presentación. Un puyazo sin celo. Descastado. Silencio.
Sexto: Negro listón. Un puyazo sueve sin emplearse. Flojo y noble. Ovación.
Morante de la Puebla, de catafalco y oro: Pinchazo hondo (ovación y saludos). Puñalada al encuentro y dos golpes de descabello (silencio). En el sexto que mató en lugar de Marco Pérez: tres pinchazos y estocada (gran ovación con saludos).
Marco Pérez, de turquesa y oro: Estocada (oreja que recoge su cuadrilla). Cogido.
Aarón Palacio, de primera comunión y oro: Estocada tendida trasera, tres pinchazos y estocada desprendida (silencio). Estocada baja (oreja y dos vueltas al ruedo).
Incidencias:
Octavo y último festejo de la Feria de Santiago 2026
Al finalizar el paseíllo la banda interpretó el himno nacional español.
Marco Pérez fue cogido al entrar a matar a su primer toro sufriendo una cornada en el muslo derecho de dos trayectorias de la que fue operado en la enfermería con pronóstico reservado.
La corrida duró dos horas y media.
Javier Bustamante
para Toro Cultura












