Figuras sin toro

Llegan las figuras a las Corridas Generales de Bilbao y desaparece el toro como por ensalmo. Llegan los más capaces, los más expertos, los más lúcidos y desfila por toriles una serie de ejemplares de discreta presentación con una alarmante falta de casta.

Ayer se hizo ley el aserto de los revisteros de la posguerra: “cuando hay toros no hay toreros, y cuando hay toreros no hay toros”

Había causado sorpresa e incluso cierto malestar en la afición bilbaína la presencia del hierro de Zalduendo en los carteles de la Semana Grande, si bien podría pensarse que al menos en cuanto a trapío la corrida estaría a la altura de las circunstancias. No ha sido así. Dos de los toros corridos, concretamente el segundo y el tercero, lucían discretas cornamentas y fueron protestados de salida. Ninguno era en rigor “toro de Bilbao” y desde los tendidos de sol se escucharon algunas chanzas sobre cabras y otros rumiantes menores. Hablar de casta y bravura sería una futilidad, pues salvo el sexto poco hubo para calibrar.

En este contexto la elegancia de Ponce quedó desdibujada, y su magisterio resultó superfluo.

Cantar la pinturería y la naturalidad de Diego Urdiales sería una trivialidad, pese a que los mostró en su primer turno y ganó una oreja.

Glosar el valor sereno y la inspiración de Ginés Marín resultaría frívolo, pese a que se fajó con un sexto bien armado, ligó y mandó, dibujó la bernadina y dejó para el recuerdo una bella serie al natural de frente.

Demasiado talento para tan poco reto.

Cuando se falsea la esencia de un hecho grandioso puede caerse en la banalidad, y el toreo banal no es toreo.

Bilbao es Bilbao por el trapío y la casta de los toros que hollan el albero ceniciento de Vista Alegre cada mes de agosto marcando una de las más temidas cumbres de la temporada.

Si Bilbao se convierte en una plaza sin personalidad desaparecerá uno de los más bellos capítulos de la epopeya que estos hombres vestidos de oro escriben sin palabras cada año.

Si la tauromaquia pierde la épica y se convierte en un espectáculo insulso y previsible su desaparición es cuestión de tiempo. De poco tiempo. Morirá por inanición entre tendidos despoblados.

Mantener y potenciar Bilbao son objetivos irrenunciables, y para lograrlo es necesario volver al origen, a la versión más genuina, es necesario volver al toro de Bilbao.

Reseña:

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao, 20 de agosto de 2019, la mitad del aforo cubierto en tarde agradable.

Toros de Zalduendo de escaso trapío en capas castañas y negras, flojos y descastados.  Primero: Negro. Dos puyazos derribando, otro en toriles y un picotazo más. Noble muy sangrado. Palmas en el arrastre. Segundo: Negro escurrido de escasa cornamenta. Protestado de salida. Un puyazo y un picotazo. Noble y flojo. Palmas. Tercero: Castaño de poca arboladura. Dos puyazos. Flojo y descastado. Silencio. Cuarto: Negro. Dos puyazos. Descastado de tirar coces. Pitos. Quinto: Negro. Un puyazo y un picotazo. Flojo y descastado. Pitos. Sexto: Negro y bien armado. Un puyazo y un picotazo. Noble y repetidor sin humillar. Ovación.

Enrique Ponce, de gris plomo y oro: Estocada caída (ovación y saludos tras fuerte petición). Pinchazo hondo delantero caído y dos golpes de descabello (silencio).

Diego Urdiales, de azul noche y oro: Estocada desprendida (oreja). Dos pinchazos, estocada y dos golpes de descabello (silencio).

Ginés Marín, de frambuesa y oro: Estocada (silencio). Pinchazo hondo, media estocada tendida y dos golpes de descabello (ovación y saludos).

Incidencias:

Cuarta Corrida General de la feria de Bilbao.

El público hizo saludar tras el paseíllo a Enrique Ponce, y a Diego Urdiales antes de su primer turno.

Saludaron en el segundo tercio Fini, Manuel Izquierdo (dos veces), El Víctor, Juan Carlos Tirado y Antonio Manuel Punta.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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