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Juan Bautista detiene el reloj del Ayuntamiento de Azpeitia

El reloj del Ayuntamiento de Azpeitia, que marca el pulso de la vida en el pueblo los trescientos sesenta y cinco días del año, sufrió ayer a las 20 horas un extraño fenómeno, pues permaneció inactivo durante diez minutos para luego reactivar sus engranajes e iniciar su marcha con normalidad.

Este insólito suceso, sin explicación científica alguna, pues el mecanismo había sido revisado pocas semanas atrás, tiene su origen en la bella pelea mantenida a pocos metros sobre el albero del coqueto coso azpeitiarra entre Fortuito, un toro de encastada nobleza, y Juan Bautista, un torero que conoce el oficio y disfruta engendrando belleza.

Si las leyes de la naturaleza relacionan de forma irrefutable según modelos de aceptación universal distancias, masas, velocidades, inercias, trayectorias y tiempos, lo que ayer protagonizaron el toro gaditano y el torero francés se sale del modelo, y sólo puede reajustarse distorsionando la variable tiempo.

Juan Bautista escogió el terreno, asentó las zapatillas y corrió el percal con armoniosa despaciosidad, templando con magisterio la suave embestida del noble torito de Ana Romero. Logró trayectorias curvas inverosímiles, adormeció la inercia de la masa bruta hasta hacerla parecer fútil, atemperó velocidades y acortó distancias hasta el último decimal. Un evento así, en abierto desafío a las reglas que rigen el universo, debía ser compensado por la única variable que ayer pareció hacer dejación de funciones en el coso guipuzcoano: el tiempo. Y así fue, pues los que presenciamos este nuevo capítulo de la Tauromaquia eterna, perdimos la noción y, por instantes, quedamos aturdidos ante el desafío que toro y torero lanzaron a la física clásica, planteando pasajes que sólo el corazón entiende y sólo pueden explicarse por la emoción indescriptible que engendra el toreo.

El relojero de Azpeitia, que es hombre cabal, tardó poco en subir a lo alto del edificio y deshacer el desfase, si bien vivirá siempre con la duda de qué pudo ocurrir para que su afinada maquinaria tuviera un comportamiento tan inexplicable.

 

Reseña:

 

Plaza de toros de Azpeitia, 1 de agosto de 2015. Casi lleno en tarde soleada.

Toros de Ana Romero. En tipo santacolomeño, preciosas capas cárdenas, vareados y finos de cabos. Encastados y nobles salvo el sexto, reservón, orientado y gazapón.

Juan Bautista: Silencio con aviso. Oreja con aviso.

Manuel Escribano: Ovación con salida al tercio. Ovación con aviso.

Arturo Macías: Ovación con dos avisos. Palmas.

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