Casi dos horas sin un ole
Dos horas sin escuchar ole en una plaza de toros llena con casi nueve mil personas es mucho tiempo de silencio. Si en el cartel figura Roca Rey, además de Morenito de Aranda y Tomás Rufo, es que algo extraño está pasando. Esto mismo ocurrió ayer en Burgos, en su Coliseum de hormigón cubierto, sin que la autoridad se alarmara, y era para alarmarse.
En encierro enviado por Loreto Charro, chico y sin remate, puso de su parte, pues embestían sin celo, justo para que les dejaran en paz, con las energías al límite para volver a moverse tres segundos después con idéntico aire cansino. Flojos, descastados y mansos cumplían un papel secundario en la fiesta que no fue.
El público burgalés, de natural bullanguero, permanecía en sus localidades observando el espectáculo en silencio, aplaudiendo si acaso tras alguna serie, con moderación teatral, lejos de lo que se espera de una jornada festiva amenizada por generosas meriendas vinos y licores, tal vez exhaustos por los fastos de la víspera en que hubieron de emplearse a fondo para arrancar del palco un indulto que cinco veces fue negado y seis veces fue exigido. No es necesario ser perito en tauromaquia para valorar lo que acontece en el ruedo, pues el arte del torero apela a las emociones más intensas, y si no hay toreo, no hay emoción, no hay oles, ni beneplácitos, ni aclamaciones, ni personas en pie jaleando una obra bella.
Los lidiadores, tal vez imbuidos por todo ello cumplían con su compromiso, lanceando, picando, banderilleando, pasando y estoqueando, pero algo faltó, y no fue otra cosa que el toreo mismo.
Muchos pases y poco toreo. Muchos embroques pero poco mando. Mucho producto pero poca esencia.
Así las cosas la tarde tomó vuelo cuantitativo a rodar el sexto al que Tomás Rufo prescribió una faena muy escénica, reivindicativa, en diálogo permanente con el tendido, larga, sin ajuste ni brillo, en la que forzó al negro de Vistahermosa a embestir sin que quisiera, a pasar aunque fuera a medias entre escarbón y escarbón, que coronó con estocada caída para ganar dos sorprendentes orejas. No había estado mejor en su primero, otro manso solemne en franca huida que no mereció tantos pases ni medios pases que se llevó al desolladero. Triunfo menor el de este hombre, tramitado por palco orejero.
Morenito de Aranda también tocó pelo en el cuarto, al que recibió a porta gayola largando tela de rodillas complementando con dos más junto a las tablas, y ahí radicó su principal mérito, pues en el tercio de muerte del funesto toro de Loreto, sin voluntad de pelea, fue insulso y reincidente en el derechazo. Una oreja solicitada y concedida con la estocada como principal argumento, si bien la herida quedó trasera y desprendida.
Tampoco Roca Rey tuvo una tarde inspirada. Este torero valiente y poderoso, figura rutilante del momento, no encontró en su lote acometividad suficiente para pasar con majeza, si casta que dominar, ni caras desafiantes ante las que adornarse de pie ni de rodillas. No hizo faena aunque pasara contumaz, ni ligó las series, ni ajustó las embestidas, ni ganó terrenos, ni manejó distancias. Dos silencios por todo bagaje de quien se esperaba una nueva apoteosis que tendrá que esperar.
Reseña:
Coliseum de Burgos. Miércoles, 1 de julio de 2026. Caso lleno en tarde calurosa y soleada.
Toros de Loreto Charro, de escaso trapío, flojos y descastados como a continuación se detalla.
Primero: Castaño, chico con poca cara. Un puyazo leve con mucho sangrado. Flojo y descastado. Palmas en el arrastre.
Segundo: Negro, chico con poca cara. Un puyazo. Flojo con poco celo. Silencio.
Tercero: Castaño, muy terciado de pobre cabeza. Un picotazo. Flojo y manso. Silencio.
Cuarto: Negro, de escaso trapío. Una entrada al caballo con leve roce en la piel. Muy flojo y manso. Pitos.
Quinto: Negro de aceptable presencia. Un picotazo. Flojo y sin raza. Palmas.
Sexto: Negro, algo mejor presentado. Un picotazo. Flojo y manso. Palmas.
Morenito de Aranda, de azul pavo y oro: Pinchazo y gran estocada (silencio). Estocada trasera caída (oreja tras aviso).
Roca Rey, de gris y oro: Pinchazo, pinchazo hondo y estocada (silencio). Estocada algo trasera (silencio tras aviso).
Tomás Rufo, de grana y oro: Pinchazo, estocada y dos golpes de descabello (silencio). Estocada desprendida (dos orejas).
Incidencias:
Cuarta corrida corrida de la Feria San Pedro y San Pablo 2026
Tomás Rufo salió a hombros por la puerta grande.
La corrida duró dos horas y media.
Javier Bustamante
para Toro Cultura











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