Diego Urdiales hace olvidar la ausencia de Morante firmando con la izquierda
Sustituir al pope del toreo en el año corriente es un desafío difícil al alcance de muy pocos. Cuando se supo que el genio no comparecería en Vista Alegre por la grave cornada recibida en Pontevedra semanas atrás muchos cantaron a desastre, pues Morante es de otra carne e inspira a la afición como si de una aparición se tratara. Se barajaron varios nombres y parecía claro que sólo uno de pellizco, capaz de sublimar el toreo, tendría espacio digno en el remozado cartel. Diego Urdiales era uno de ellos pese a atravesar una temporada de abstinencia, con sólo unos pocos contratos y escasos triunfos. Renacido en Alfaro al dar la alternativa su paisano Fabio Jiménez y transfigurado en Málaga pocos días después, presentaba una hoja de servicios austera, con sólo cuatro actuaciones, pero en el toreo los viejos maestros tienen un poso de sabiduría que les hace inmunes a la desidia.
Y así fue como compareció en el patio de cuadrillas vestido de tabaco y oro con gesto de gran compromiso. Y no defraudó. Fue ante el manso que hizo cuarto cuando firmó dos series al natural con desmayo y hondura. Adelantando la muleta planchada poniendo los vuelos al alcance del toro, sin estridencias ni alharacas, con la sencillez que va en su carácter, y también la pureza que elogió en mismísimo Curro Romero. Con la suerte cargada, el pie breve y reunión detrás de la cadera. Cadencioso como si no importara el tiempo más allá del que necesitara el toro para terminar el viaje. Y allá le esperaba de nuevo, en el sitio justo para volver a embarcar ligando sin perder terreno al ritmo de sus muñecas. No necesitó más que una gran estocada cobrada a ley en corto y por derecho para que en nuevo Matías sacara de golpe los dos pañuelos blancos que le franqueaban, un vez más, la puerta grande del coso de Martín Agüero. No las soltó mientras duró su vuelta al anillo, larga y solemne en la que se le oyó decir “Aquí es donde hay que hablar” apuntando a las arenas cenicientas. Toda una reivindicación del torero estoico que no claudica de sus principios, ni se deja arrastrar por las corrientes mediáticas.
Poco coincidió Talavante con ese concepto. Pasó periférico sin continuidad ni ritmo, escenificando cada pase, arrojando el estoque simulado primero y la muleta después como si preparara una inmolación. En su haber una estocada eficaz que le reportó una oreja en el quinto y el arrojo que mostró comenzando la faena de rodillas. Poco bagaje para un torero que se puso en mandón antes de la pandemia por su toreo firme e imaginativo que nunca debió olvidar.
Borja Jiménez tiene casta de figura del toreo. Tras la apoteosis vivida aquí dos días atrás, indultando un toro por primera vez en la historia de este coso, se tiró a porta gayola en sus dos turnos, faenó de pie y de rodillas ligando sin rectificar un paso, reunido, hacia adentro, lanceando y pasando con la verdad de su lado. Torero de una pieza, torero de Bilbao, torero al que no se le vislumbra techo.
Diego Urdiales trocó ayer en Vista Alegre la decepción por la ausencia del mejor en la alegría de vivir el toreo puro, sencillo y profundo que conmueve a los aficionados y emociona a los profanos. Larga vida al maestro.
Reseña:
Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. Viernes 22 de agosto de 2025. Casi lleno en tarde cálida y soleada.
Toros de Garcigrande, bien presentados, con edad, de comportamiento diverso como a continuación se detalla.
Primero: Colorado, cinqueño, cornalón, bien presentado. Un puyazo y un picotazo. Tira derrotes sin humillar, deslucido. Palmas en el arrastre.
Segundo: Burraco, cinqueño, muy serio. Un puyazo suave y un picotazo. De viaje corto y poco celo. División de opiniones.
Tercero: Negro, acarnerado, engatillado. Un puyazo y un picotazo. Noble con poca raza. Pitos.
Cuarto: Negro, cinqueño, recogido de cuerna, hondo, con poco cuello. Un puyazo y un picotazo saliendo rebotado. Manso dócil. Ovación.
Quinto: Negro, de menos trapío. Un puyazo y un picotazo. Flojo y descastado. División.
Sexto: Castaño, ojo de perdiz, cinqueño. Un puyazo junto a toriles y dos más contra querencia en franca huida. Noble y alegre. División.
Diego Urdiales, de verde tabaco y oro: Gran estocada (vuelta al ruedo). Gran estocada (dos orejas).
Alejandro Talavante, de pistacho y oro: Estocada enhebrada y estocada (leves pitos tras avisos). Estocada (oreja).
Borja Jiménez, de verde hoja y oro: Pinchazo hondo y dos golpes de descabello (palmas). Pinchazo hondo (ovación).
Incidencias:
Quinto festejo mayor de la Corridas Generales 2025
Diego Urdiales sustituía a Morante de la Puebla, corneado en Pontevedra.
Diego Urdiales salió a hombros entre una nube de jóvenes aficionados que coreaban su nombre.
La corrida duró dos horas y media.
Javier Bustamante
para Toro Cultura













