Fiesta en Pontevedra

La afición gallega ha sufrido tanto en los últimos años con la persecución política a la que es sometido el toreo y a la escasez de festejos que se ofrecen en esta tierra, que está necesitada de tardes de alegría y reivindicación de su libertad cultural. Ayer tuvo oportunidad de aplaudir lances, aclamar faenas, acompañar los pasodobles con palmas, pedir trofeos y sacar a hombros a un torero del coso. Algo que en otras latitudes podría parecer excesivo ocurrió con una inercia festiva contagiosa que puede considerarse natural y hasta necesaria para que la Fiesta en Pontevedra siga siendo Fiesta.

El reducto galaico acogía un cartel de auténtico lujo con tres de las máximas figuras del toreo contemporáneo enfrentándose a una amable corrida de Alcurrucén que mostró brochas cornamentas y escaso celo tras los señuelos.

Morante de la Puebla, vestido de canela y azabache, se encontró con un inválido corrido en primer lugar con el que no hizo perder el tiempo al público, y en cuanto se confirmó que no tenía un pase lo despenó con cuatro heridas. En su segundo, abanto de salida, practicó un vistoso recibo por largas que no fijó al toro, pero alentó a la afición, y corrió la mano con aroma clásico en el último tercio. La pinturería que siempre imprime a sus trasteos se unió a la voluntad de agradar, a la apretura en los embroques, y a una gran estocada que hizo flamear pañuelos sin que el palco les diera satisfacción.

El Juli domina a los toros con una técnica depurada durante decenios, y va ganándoles el terreno hasta que se queda con todo. Ayer en Pontevedra dio nuevas muestras de su poderío ante un lote flojo y noble, pasando al natural, en redondo, por estatuarios, trincheras y luquesinas, obteniendo el reconocimiento del público, si bien no ganó trofeos por el deficiente manejo del estoque.

José María Manzanares encontró a un franco colaborador en el negro mulato que hizo tercero, pronto en la embestida, repetidor, humillador y de proverbial nobleza. Se recreó por ambos pitones en una faena que tuvo alegría y continuidad, practicando ligazón y temple exquisitos. Culminó su trasteo con una soberbia estocada en la suerte de recibir que hizo rugir al tendido y fue premiada con doble trofeo. En el sexto turno se midió a un toro suelto y rajado del que obtuvo una oreja tras un trasteo de menor intensidad.

Salió a hombros entre el clamor del público que abandonaba el recinto satisfecho, con la íntima sensación de haber vivido una gran fiesta, y que aún quedan muchas más por vivir en Pontevedra.

Reseña:

Plaza de toros de Pontevedra, 11 de agosto de 2019, casi lleno en tarde soleada.

Toros de Alcurrucén musculados, en capas negras y coloradas, casi todos brochos.  Primero: Castaño. Un puyazo rectificando. Inválido. Bronca en el arrastre. Segundo: Burraco en colorado, bociblanco. Un puyazo duro. Flojo, noble y con tendencia a chiqueros. Ovación. Tercero: Negro. Un puyazo en terreno de toriles en franca huida. Pronto, repetidor, humillador. Nobilísimo. Ovación. Cuarto: Castaño. Un puyazo. Flojo y noble. Palmas. Quinto: Negro, musculado. Un puyazo duro. Flojo y noble. Palmas. Sexto: Colorado girón. Dos puyazos en terreno de toriles y un topetazo sin herir. Manso. Palmas.

Morante de la Puebla, de canela y azabache: Metisaca delantero, pinchazo, pinchazo hondo y descabello (silencio). Gran estocada (ovación y saludos tras petición).

El Juli, de berenjena y oro: Estocada trasera perpendicular y dos golpes de descabello (ovación y saludos). Pinchazo y estocada caída delantera (silencio).

José María Manzanares, de azul marino y oro: Gran estocada en la suerte de recibir (dos orejas). Estocada casi entera delantera (oreja).

Incidencias:

Segunda corrida de la feria de La Peregrina.

José María Manzanares salió a hombros de la plaza.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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