Roca Rey del gran poder

Vino Roca Rey a Bilbao a celebrar la reinauguración del coso de Vista Alegre y arrolló con todo lo que podía interponerse entre él y el triunfo. Dio igual el tipo de toro que le echaban los chulos de toriles, pues a su primero noble, flojo y de corto viaje lo manejó a su antojo con quietud y dominio. Al que cerraba el festejo, que era un ejemplar de Vegahermosa encastado y codicioso hasta la fiereza, le plantó cara en todo momento, aceptando los envites que lanzaba en distintos terrenos, exponiendo ante la embestida un punto violenta, pasándose los pitones muy cerca de la faja. Tras media docena de series sobre ambas manos el toro se sintió dominado y decidió guardarse en las tablas, en cuya proximidad finalizó la faena con bellos pases por alto y una estocada efectiva, que desató la euforia de la afición bilbaína pidiendo un doble trofeo que el palco no concedió.

Hubo de lidiar también con el viento racheado, amago de galerna del Cantábrico, que agitaba las flámulas como si fueran banderines, e incluso con la lluvia que por momentos castigó el ruedo. Ni un paso atrás, ni una rectificación allá llueva a mares o barra el huracán.

Hay mucho torero en la espigada figura de RR, pues al oficio que está empezando a acumular han de unirse dos valores que explican su éxito, y auguran un futuro brillante: la pasión y la entrega. Llega al tendido con facilidad con su proverbial serenidad y su mirada desafiante de joven arrojado, y enciende la mecha de la emoción cuando el público le aclama coreando el nombre de torero.

Tal vez sea esa la clave de su triunfo permanente, encarnar aquello que la tradición entiende por torería, que son igualmente la entrega sin reservas y la pasión desatada de quien ama lo que hace y comprende que cada tarde es un reto nuevo.

Andrés Roca Rey es una excepción en el toreo, puesto que además de un poder contrastado, un gran poder, tiene carisma. Y tanto lo uno como lo otro no se improvisan ni se aprenden, están el el alma de cada uno. Andrés Roca es el rey del gran poder.

José María Manzanares instrumentó dos faenas pulcras, dentro de la ortodoxia de la que ha hecho bandera, con series largas y remates bellos, coronadas por estocadas que parecían cañonazos. No hubo rotundidad en los trasteos y aún así ganó una oreja de su noble primero, quien ofreció embestidas francas y de buen son.

Alejandro Talavante se lució por chicuelinas en un quite y meció despacioso la verónica en la lidia de sus toros. En el último tercio pasó de muleta con el temple que acostumbra, mas no llegó a dar el paso al frente que necesita. Lamentablemente su vuelta a los ruedos no está respondiendo a la expectación que levantó y tal vez precise una reflexión serena sobre los cambios que ha experimentado su toreo y qué hacía antes que ahora no acierta a interpretar. Su actuación fue silenciada por el público.

Pablo Hermoso de Mendoza se encontró con un toro de San Pelayo deslucido ante el que desplegó una parte de su repertorio sin la brillantez de otras tardes, recibiendo una ovación a la que respondió saludando catite en mano.

La plaza de toros de Vista Alegre cumple sesenta años remozada para dotarla de mayor comodidad. El esfuerzo realizado ha sido importante y el coso encara con energía renovada el nuevo tiempo. Ayer se vio más afición joven que nunca en tendidos y andanadas. El “Memorial Ivan Fandiño” que tendrá lugar en las próximas semanas, es una magnífica oportunidad para atraer a jóvenes toreros y aficionados, y puede ser el principio del renacer de una plaza que aspira a seguir siendo uno de los puntos de mayor importancia del orbe taurino. Así debe ser, y así esperamos que sea.

Reseña:

Plaza de toros de Vista Alegre de Bilbao. Domingo 19 de junio de 2022. Casi dos tercios de plaza cubierta. Tarde cálida y tormentosa con amago de galerna.

Un toro de San Pelayo desmochadopara rejoneo, negro bragado meano axiblanco, con caja y romana. Deslucido. Pitado en el arrastre.

Pablo Hermoso de Mendoza: Un rejón de muerte (ovación y saludos)

Seis toros de Jandilla y Vegahermosa (6º) de desigual presentación, en capas negras y castañas.

Primero: Negro mulato. Un puyazo duro y otro muy suave. Noble, pronto, humillado, repetidor. Aplausos en el arrastre.

Segundo: Negro mulato, berreón. Un puyazo cabeceando y un picotazo. Tardo, corto y flojo. Pitos.

Tercero: Negro mulato listón. Dos puyazos sin emplearse. Flojo y noble. Silencio.

Cuarto: Castaño meano listón. Flojo, noble y de viaje corto. Palmas en el arrastre.

Quinto: Castaño bragado listón. De más trapío que los cuatro primeros. Dos puyazos. Flojo y noble. Pitos.

Sexto: Negro mulato listón. Dos puyazos, el último en la querencia de toriles. Duro, encastado, repetidor y codicioso. Palmas al arrastre.

José María Manzanares, de gris plomo y oro: Estocada desprendida (oreja). Pinchazo y estocada (ovación tras aviso).

Alejandro Talavante, de verde hoja y oro: Pinchazo, estocada y un golpe de descabello (Silencio). Dos pinchazos y estocada caída (Silencio).

Andrés Roca Rey, de fanta y azabache: Pinchazo y estocada (oreja). Estocada (oreja con fuerte petición de la segunda).

Incidencias:

Corrida extraordinaria por la reinauguración del coso bilbaíno que coincide con el sexagésimo aniversario de su construcción.

Antes de comenzar el festejo se bailó un aurresku en el centro del ruedo para festejar la efeméride.

“El Fini”, Manuel Izquierdo y Mumbrú saludaron tras parear a los toros tercero y quinto.

Javier Bustamante

para Toro Cultura

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