Decimos que el toreo es cultura sin saber lo que estamos diciendo: (4) Estilos de vida

Cuarto vector: Estilos de vida.

El modo en que se ve la vida y el mundo desde el toreo es poco convencional, y se aleja de los modelos dominantes y socialmente más comunes. El temperamento y el carácter de los que, de una u otra manera, forman parte del colectivo taurino son específicos e identificables.

Es habitual encontrarse con una persona a la que no se conoce, y tras pocos minutos de interacción descubrir en ella un halo imperceptible que le habilita como taurino. Aspectos meramente formales como el porte, la manera de andar, el modo de expresarse, la gestualidad, e incluso la forma de vestir denotan una sensibilidad especial y un estilo afín al toreo. Si la conversación se alarga y aborda cuestiones más profundas pronto se descubrirá que lo formal y lo material se funden en una manera de ser específica y próxima al arte de la lidia.

En el ámbito del ejercicio profesional esta condición se hace aún más perceptible. Un torero asume los riesgos con naturalidad, va por derecho, entiende las derrotas como oportunidades para la superación, y actúa con un sentido estético concreto asociado al arte en movimiento. Un torero camina erguido, hace las cosas sin prisa, y tiene en la mirada el brillo de la ilusión por lo improbable.

El torero es torero. No se puede hacer de torero. Hay taxistas y abogados que son toreros y hacen de taxistas y abogados. No existen taxistas ni abogados que hagan de toreros sin serlo previamente. Sería tanto como banalizar lo sustantivo. Lo esencial del estilo de vida del torero es que lo es antes que nada, que vive como torero, siente como torero y piensa como torero. Cuando alcanza ese status queda definido por la mayor, y todos los demás elementos que conforman su idiosincrasia son superfluos o al servicio del sentimiento primigenio.

La cultura del toreo impregna y magnetiza a los tocados por el arte y la inspiración, y hace de ellos seres distintos, con un estilo de vida sobrio y profundo, diferente e identificable.

Hay toreros de albero, de asfalto y de moqueta, y todos ellos tienen en común un carácter apasionado y una personalidad vibrante que los delatan.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

Decimos que el toreo es cultura sin saber lo que estamos diciendo: (3) Simbolos

Tercer vector: Los símbolos.

La simbología del toreo es variada y profunda. El propio toro es admirado y venerado desde épocas remotas por su fortaleza, nobleza y fertilidad, conceptos que simboliza. Egipto, Grecia y Roma, tal vez las tres culturas más reconocidas de la historia, confieren al toro estatus divino y lo sacrifican para engrandecer su leyenda. La silueta del toro es un icono con un gran valor mercantil, que es empleado por distintas marcas de consumo para infundir a sus productos un marcado carácter.

Todos los países sueñan con disponer de un referente que les permita proyectar una imagen potente y diferenciadora en el mundo. Según los estudios demoscópicos que periódicamente realiza el Real Instituto El Cano en el ámbito internacional, el mundo identifica a España con el toro incluso por encima de el sol, o la gastronomía. El toro como emblema es una excelente oportunidad para los intereses económicos de empresas, instituciones e incluso del propio país.

El torero es también símbolo de valentía. El propio término trasciende de la función de lidiar toros en plaza para erigirse en el emblema del valor, el arrojo y la capacidad de asumir retos arriesgados.

Los hierros y divisas simbolizan a cada criador en una amalgama de formas y colores identitarios, que siempre se deben a causas históricas o al propósito que cada ganadero pretende con sus toros. El aficionado lee en la piel del toro su origen y el año de nacimiento, y en su morrillo al saltar al albero las cintas que le identifican.

Los vestidos de torear tienen también una profunda simbología. La propia concepción de la taleguilla ajustada, la chaquetilla corta, las amplias hombreras, y las medias de vivo cromatismo acentúan la masculinidad y la sensación de fortaleza del hombre que se enfrenta a la poderosa divinidad. Cada color del raso, cada alamar, cada cairel y cada tipo de bordado tienen también su significación. Un terno grana indica disposición máxima para el triunfo, otro azul predica una lidia más reposada, el blanco es propio de toricantanos, mientras que el catafalco dota a quien lo viste de un porte solemne. El bordado en oro se reserva para matadores y piqueros, mientras que el plata y el azabache pueden ser empleados también por los banderilleros.

El rito de la corrida es esencialmente simbólico pues se escenifica de manera pública el poder de la naturaleza, encarnada por el toro, y el ingenio y el valor del torero, en una lucha a muerte apasionada. La forma circular del ruedo, significa la perfección. La hora del sorteo de las reses, mediodía, cuando la luz es más intensa, implica transparencia. La equidistancia de los tendidos al ruedo, el carácter popular del acontecimiento. El sol es la luz de los jóvenes, y la sombra el refugio de los mayores. El paseíllo es un desfile en el que cada maestro muestra a sus huestes perfectamente organizadas. La presentación de un torero en una plaza implica que comience destocado, en muestra de respeto hacia el público y para facilitar su identificación. El orden en que actúan los matadores se debe a su antigüedad profesional, comenzando por el más veterano. Los pañuelos de diversos colores que maneja la presidencia significan decisiones distintas. La entrega de trofeos, orejas y rabos, rememora la época en que el matador que triunfaba ganaba también la carne del propio toro. La salida a hombros de un torero, mostrando las palmas de las manos que han posibilitado el éxito, justo en el momento del crepúsculo por la puerta de poniente es el reconocimiento del triunfo de la inteligencia, y un tributo al sol. Lo hace izado por la multitud, convirtiéndole en un gigante que emerge del pueblo.

Cada detalle, cada matiz de la Tauromaquia está provisto de un refinado simbolismo. Quien se adentre en el conocimiento del ritual encontrará una vitalidad cultural rebosante, que alumbra un arte ancestral.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Decimos que el toreo es cultura sin saber lo que estamos diciendo: (2) Tradiciones

Segundo vector: Tradiciones.

Las tradiciones son costumbres, doctrinas y relatos que perviven y se transmiten de generación en generación con poca o ninguna mutación. Este asunto es consubstancial al toreo, puesto que son muchos los ámbitos de la Fiesta que conservan y difunden sus tradiciones, muchas de ellas de manera secular.

Existen ganaderías, como la de Atenco en México, con una acreditada antigüedad, pues crían toros bravos desde 1522, año en el que Hernán Cortés introduce toros españoles con permiso explicito del emperador Carlos V. Desde ese momento más de 25 generaciones han visto como se perpetúa, transmite y perfecciona la ciencia de la crianza del bravo.

El enfrentamiento del hombre con el toro es casi tan antiguo como la humanidad, pues existen pinturas rupestres en la localidad francesa de Villars que dan fe de que el ritual se hacía ya 23.000 años atrás, e incluso se han descubierto restos óseos que atestiguan que hace 40.000 años el hombre abatía uros y los empleaba como alimento sagrado. El combate, perfeccionado con el transcurso de los siglos, ha pervivido hasta nuestros días con el mismo simbolismo que en la noche de los tiempos, con un sustrato místico que ha fascinado y sigue fascinando a varios miles de generaciones.

En 1215 el obispo de Segovia convoca un sínodo para advertir a todos los clérigos de que serán excomulgados si participan en los juegos de toros. Los encierros de esta población son incluso previos a esa fecha, lo que documenta más de ochocientos años de tradición ininterrumpida de tauromaquias populares. La fiestas de toros son muy anteriores al propio nacimiento de España, y hunden sus raíces en las tradiciones populares ricas en matices culturales.

Existe un encarnizado debate en torno a la antigüedad de los cosos, se establecen rankings que todos quieren encabezar, y con frecuencia se apela a la tradición oral para datar plazas cuya fábrica no está perfectamente documentada. Las plazas de Béjar (1711), Santa Cruz de Mudela (1722), Zaragoza (1764), y Ronda (1785) están entre las más antiguas, si bien hubo otras más primitivas que fueron derruidas o abandonadas, de las que no quedan ya resquicios. En muchas de ellas el hombre sigue jugando al toro, y sus sillares, ajados por el sol demoledor del verano y los hielos pétreos del invierno, son testigos inalterables de gestas y tragedias, que se suceden al mismo ritmo que el pálpito del corazón del hombre, erigiendo bellas tradiciones.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Decimos que el toreo es cultura sin saber lo que estamos diciendo: (1) Conjunto de conocimientos

Primer vector: Conjunto de conocimientos.

La técnica de la lidia es compleja a la vez que complicada, y ha sido necesario el arrojo y el sacrificio de miles de hombres para inventar, perfeccionar y legar cualquiera de las suertes.

El natural, pase emblemático del arte, puede parecer una nimiedad, un suave giro de muñeca, un cimbreo sutil de cintura, y sin embargo existe un sólido fundamento técnico y empírico. La distancia a la que se cita, el terreno en el que se hace, la altura a la que se ofrece le señuelo, el temple con el que se desplaza, y el lugar en el que se remata el pase son variables que deben considerarse en cada uno de los embroques, de cuya comprensión y dominio dependerá el éxito e incluso la integridad física del torero. Cada pase es una frágil obra, pues el toro, como animal bravo e imprevisible que es, se guía por un instinto inescrutable, que puede impulsarle a desbaratar con un brusco giro de cuello la armonía del instante. Por esta razón la confianza del lidiador en su técnica debe ser férrea, y su conocimiento sólido, pues es la experiencia acumulada la que ofrece posibilidades de éxito.

Estos principios han sido transmitidos en muchos casos por tradición oral, y afianzados por la preceptiva taurina, que arranca con la cartilla de Osuna, manuscrito de hacia 1700 en el que se proponen “Algunas reglas de torear a pie en verso y en prosa”, toma cuerpo con la Tauromaquia de Pepe Hillo (1796) , y se cimenta definitivamente con la de Montes (1836), en obras brillantes para su tiempo, en las que aún es posible encontrar un refinado conocimiento sobre las técnicas del toreo. En los años posteriores se han redactado obras muy diversas, y en la actualidad existen más de 18.000 títulos que abordan el toreo desde ópticas muy diferentes.

El conocimiento ganadero es también intenso, pues la alquimia de la tienta genera desde la naturalidad animales con características comportamentales cada vez más sofisticadas, dentro de una genealogía profunda, que es conocida, analizada y normativizada por el ganadero en busca de la fórmula magistral de la bravura, una hermosa quimera que dura ya más de cinco siglos.

José María Sotomayor, uno de los intelectuales del toreo más brillantes de nuestro tiempo, codifica más de cinco mil términos para describir al toro bravo. Detrás de cada una de esas palabras hay conceptos que constituyen en si mismos un profundo y extenso conocimiento. El lenguaje taurino es de una riqueza asombrosa, pues esxisten voces variadas y precisas para referirse al más nimio de los detalles con una exactitud cartesiana, tal vez como no exista en ningún otro campo del conocimiento humano.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

 

 

 

 

Decimos que el toreo es cultura sin saber lo que estamos diciendo

La defensa del toreo se fundamenta en los últimos años en la recurrente afirmación de que “es cultura”, y en muchos casos se cree que semejante oráculo es suficiente para exorcizar a la Fiesta de cualquier amenaza, sin reparar en la profundidad del aserto, ni en la complejidad de la idea.

Federico García Lorca aporta una certera reflexión sobre esta materia cuando afirma que “los toros es la fiesta más culta del mundo” y “la riqueza poética y vital de España”, contextualizando de forma categórica el valor de la Tauromaquia en el ámbito cultural.

Sin embargo, algunos aficionados identifican cultura con la literatura, otros con la pintura, los más con el conocimiento, sin reparar en la trascendencia que tiene el concepto ni el amplio alcance del mismo.

Obviar una realidad tan trascendente como esta supone malograr opciones de difusión del toreo, y limitarlo al ámbito meramente estético que, siendo notable, no constituye su principal valor.

Existen más de doscientas cincuenta definiciones de “cultura” homologables con matices diferentes, si bien prácticamente todas comparten varios elementos comunes que deben ser conocidos por los aficionados para poder argumentar con rigor. Puede asegurarse que la cultura es un conjunto de conocimientos, tradiciones, símbolos, estilos de vida, creencias y valores que son compartidos por un colectivo humano. Los seis vectores que la conforman son extraordinariamente vigorosos en el caso de la Tauromaquia, lo que facilita una cultura viva y dinámica con un gran potencial de desarrollo en el espacio y en el tiempo.

En los siguientes enlaces se aborda de manera individal cada uno de los seis capítulos que muestran la auténtica dimensión del toreo, y ponen en valor su enorme relieve cultural, tal vez único en el mundo.

 

Primer vector: Conjunto de conocimientos.

Segundo vector: Tradiciones. 

Tercer vector: Símbolos.

Cuarto vector: Estilos de vida.

Quinto vector: Creencias.(Próximamente)

Sexto vector: Valores.(Próximamente)

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

El futuro de la Tauromaquia se gana con cuatro claves antropológicas

La correcta interpretación de la historia anticipa de manera precisa lo que habrá de ocurrir en el futuro, pues el ser humano tiene una natural tendencia a repetir actitudes, ciclos, triunfos y derrotas.

El pensador de origen israelí Yuval Noah Harari ha ganado fama mundial al difundir en sus obras “Sapiens” y “Homo Deus” la esencia de la historia de la humanidad de forma práctica y didáctica, mostrando las claves del éxito de un determinado grupo humano o de una cultura, siempre a la luz del método científico.

Sus principios son de aplicación al toreo, ya que se observa el evidente paralelismo que guardan las artes del toro con civilizaciones y culturas extintas, a las que nadie dio la oportunidad de una reflexión serena y metódica, como es el caso hoy del toreo.

Son cuatro las claves que pueden extraerse del profundo discurso de Harari que la Fiesta debe hacer suyas, pues está en juego la perpetuación de un arte ancestral, que ha sobrevivido a graves amenazas, y hoy se asoma lamentablemente al abismo.

Primero: Crear y difundir un relato fundacional atractivo.

Los grupos humanos necesitan una explicación convincente de su pasado, de un pasado común que justifique el presente, y constituya un punto vital de identificación.

Desde la revolución cognitiva, acaecida hace 70.000 años, el hombre es capaz de compartir ideas elaboradas, cada vez más sofisticadas, y de crear conocimiento abstracto, generando discursos primarios pero convincentes.

El relato debe ser atractivo y emocionante, pues moldea los valores del grupo y actúa como sustrato fértil para el crecimiento cultural del colectivo.

Debe ser además concluyente, en muchos casos mitológico, y aceptado por el grupo como el origen entusiasta de la unión de personas con un propósito común.

El transcurso de los siglos muestra ejemplos sugerentes de este principio, algunos de los cuales fueron falaces, y sin embargo su creencia ha surtido un efecto nutritivo para el crecimiento del colectivo que los asume y transmite con pasión.

El relato fundacional de la Tauromaquia puede ser rigurosamente cierto, y tener su origen hace 23.000 años, momento en el que el hombre de Cro-Magnon se representa a si mismo burlando las acometidas del toro, y haciéndole frente para dignificar su figura, y valerse de su carne y de su piel. Es posiblemente la primera vez que un humano tiene conciencia de su propio ser y decide representarse a si mismo con afán de transcendencia.

Desde ese momento hasta hoy han transcurrido 230 siglos en los que el hombre ha interpretado tauromaquias muy diversas en lugares alejados como Egipto, Grecia, Iberia, Centro y sur américa, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, norte de África e incluso China, donde tuvieron lugar acontecimientos taurinos de forma esporádica. Existen pocas aventuras humanas con ancestros más sugerentes que el toreo. Obviar este recurso es un error que puede ser letal en el medio plazo.

El exhaustivo trabajo que André Viard realiza en Tierras Taurinas documentando con rigor las Tauromaquias Universales, es una aportación de enorme dimensión intelectual, que sirve como discurso modélico, y ha de ser conocido y difundido por todo el universo taurino.

El relato fundacional del toreo puede y debe ser apasionante, sólido y universal. Debe difundirse sin rubor, pues enfrentarse a la bravura desatada del toro para engendrar arte es una de las epopeyas más hermosas que ha vivido el hombre desde el origen de los tiempos.

Segundo: Colaborar entre extraños.

Los grupos humanos eran en el paleolítico reducidos. No más de medio centenar de homínidos que disponían de un conocimiento muy precario y empleaban herramientas muy rudimentarias.

El punto de inflexión que cimenta el progreso se encuentra en la capacidad que esas pequeñas colonias desarrollaron para crear redes de cooperación sofisticadas y eficaces. Entendieron que la colaboración era en camino más directo hacia el bienestar, y superaron el concepto de clan para integrarse en minúsculas sociedades que con el transcurso de los siglos se afianzarían y crecerían.

Una frecuente y precisa comunicación generó la confianza necesaria para la colaboración masiva.

La capacidad para transmitir información sobre objetos que no existen, leyendas, mitos, dioses y religiones propia de la revolución cognitiva es condición sine qua non para la colaboración sincera que acredita a un colectivo.

La ficción puede ser perniciosa y puede hacer perder el tiempo productivo, mas correctamente enfocada es un aval al desarrollo humano por vía de la cooperación que permite compartir proyectos, luchar por ellos y colaborar de forma flexiblemente en gran número de individuos.

Un grupo de extraños puede cooperar a gran escala si cree en mitos comunes, si comparte principios y valores, por muy elementales que resulten.

El universo taurino es críptico y estanco. Cinco familias lo dominan y manejan junto con una corta red de colaboradores necesarios. Se desconfía del nuevo. Se desacredita al diferente. Se proscribe al innovador. Se ningunea a todos los que no tengan un pedigrí generacional o lleguen avalados por familias de rancio abolengo.

El principal problema del toreo es que los intereses particulares prevalecen sobre los generales. Los dominadores de la Fiesta no entienden se sinergias ni miran más allá del corto plazo. Un mundo tan extenso en manos de tan pocos se convierte en radicalmente inmovilista y falto de proactividad.

Tercero: Colaborar de manera flexible.

La historia de la humanidad demuestra que el cambio es inherente al devenir del tiempo. Cambia el clima, la flora, la fauna, los recursos naturales, la organización social, las costumbres. Cambia el escenario y el modo en que sus habitantes lo perciben. Cambian los paradigmas sociales y las propias personas. Los memes, unidades de pensamiento acuñadas por Richard Dawkins, se transmiten, evolucionan y mutan. Esa evolución puede ser gestionada al servicio de los intereses colectivos creando opinión, o puede propiciar el desastre si se abandona toda iniciativa de creación de pensamiento.

En un entorno así sobrevive el que mejor se adapta a los cambios. No es necesario ser el más fuerte, el más sano, el mejor dotado para el entendimiento. La única certeza es que el mundo cambia, y lo sustantivo es la adaptación.

Los estamentos taurinos no se han adaptado al paradigma social del siglo XXI. Aún viven anquilosados en un modelo decimonónico, bello y romántico, mas anacrónico. El modelo de negocio está obsoleto. La reflexión de marketing es una rarísima excepción. La oferta es corta y focalizada exclusivamente en la corrida. No se invierte en imagen. Se está perdiendo de manera casi definitiva a la opinión pública. Las fuerzas políticas, obligadas por ley a promocionarla, emplean a la Fiesta como objeto del debate partidista, sin otro objetivo que el rédito electoral a corto plazo. No existe el marketing digital. Las más de la plazas son inhabitables. El circo mediático propio de los deportes o eventos culturales se abstiene de aliarse con el toreo, pues éste no purifica, y puede contaminar.

La más hermosa epopeya del siglo XXI se celebra sin puesta en valor, sin brillo, sin presencia mediática más allá del endogámico mundo de la comunicación específicamente taurina. La fiesta más deslumbrante de nuestro tiempo se encamina hacia la más fría obscuridad, y corre peligro de convertirse en clandestina.

No sobreviven los eventos culturales más bellos, sino los que mejor se adaptan al los nuevos paradigmas sociales y mediáticos.

Cuarto: Soñar con un futuro posible y satisfactorio.

El factor esencial que cohesiona a un colectivo humano es vislumbrar un futuro compartido y satisfactorio. Para ello es preciso crear nuevas realidades, o más e rigor, crear irrealidades seductoras, y luchar por lograrlas. Realidades inventadas que prometan un mundo mejor. Y el mundo es una construcción mental de quien lo vivencia, y por tanto sustancialmente interpretable.

La ciencia establece tres tipos de realidades; la realidad objetiva, irrefutable y regida por las leyes de la naturaleza; la realidad subjetiva, que sólo existe en la mente de los creyentes; y la realidad colectiva, que es cierta para un gran número de personas, aún siendo subjetiva.

Los derechos humanos, las deidades, el dinero, las leyes, las naciones y otras muchas realidades que conforman nuestro mundo son plenamente subjetivas, si bien una vez que se colectivizan ya nadie las cuestiona.

Todo el mundo cree en el dinero, que es la ficción más exitosa de la historia, pero un billete no pasa de ser un trozo de papel, inútil en sí mismo, ya sin respaldo en un patrón oro, que está avalado sólo por la palabra de quien lo acuña. El dinero que cifran las cuentas corrientes no existe, y si los ciudadanos dejara de confiar en los bancos y exigiera su dinero en metálico la sociedad se colapsaría sin remedio, y el actual paradigma económico quebraría con estrépito. El dinero es además el fundamento del crédito, y éste el de la investigación técnico científica, que a su vez es la que impulsa el desarrollo y el bienestar de cualquier sociedad. El papel moneda es valioso en la medida en que un gran número de ciudadanos creen que lo es y actúan como si lo fuera, sin cuestionarse siquiera su autenticidad. Confiamos en los extraños en base a una fábula que ha hecho fortuna al ser compartida y nos promete un futuro mejor.

El ser humano del siglo XXI vive en un contexto dual, con realidades objetivas avaladas por la ciencia, y realidades imaginarias compartidas, regidas por su dimensión emocional.

Un diagnóstico objetivo del presente demuestra que está dominado por entidades que nos parecen reales pero sólo existen en nuestra imaginación. Son las realidades colectivas, en esencia subjetivas, las que marcan el rumbo de la sociedad, las que hacen progresar a la humanidad, y las que establecen lo que puede hacerse y lo que no. Los valores sociales que hoy nadie se atreve a discutir no existían dos generaciones atrás, y los que dominen el mundo dentro de pocos lustros son hoy difíciles de imaginar. Los más inteligentes y poderosos maquinan ya para lograr instaurar los principios que más les interesan, y en ese nuevo entorno habrán de lidiar todas las culturas, incluida la Tauromaquia.

El estamento taurino no ha sido capaz aún de imaginar irrealidad alguna, y menos aún de proponer un futuro evolutivo e ilusionante. Es cierto que cualquier aspirante a torero sueña con el éxito, con cruzar bajo el dintel de las puertas grandes de los cosos más prestigiosos, con reconocimiento y con la consumación de la más exquisita de las artes. Tal vez también el ganadero anhela la generación del toro perfecto, arquetipo de la bravura, amalgama equilibrada de casta y nobleza. También el empresario quiere llenar las plazas, gestionar eventos memorables y nutrir las arcas en cada feria. Pero eso no basta. El aficionado, y específicamente el público que acude a los tendidos, es el protagonista del futuro, y debe soñar. El taurinismo debe convertirse en un colectivo con propia conciencia, saber que el futuro le depara algo mejor, experiencias transformadoras, incluso un nuevo paradigma social al que dedicar sus esfuerzos.

El futuro de la Tauromaquia.

La Tauromaquia es una refinada manifestación cultural, producto de siglos de evolución, profesada con devoción por decenas de millones de personas en el mundo. Cuenta con dos asombrosas fortalezas que han de sustentar el futuro. La primera es su solidez cultural, radicada en siglos de progreso, que han generado un ritual de épica singular, belleza conmovedora y autenticidad descarnada. El segundo es su carácter trasnacional, pues en 2018 son ocho los países de Europa y América en los que la lidia es consustancial a su cultura. Su futuro, como el de cualquier otro grupo humano, está cifrado en la observación de cuatro condiciones que la antropología prescribe.

La primera condición es erigirse de manera consciente en colectivo con conciencia cultural propia, tener sensación de grupo, sentimiento solidario, orgullo de clase, para lo cual es imprescindible crear, difundir y consolidar un relato fundacional convincente.

La segunda es la cooperación entre iguales y distintos como estrategia para ampliar la base social y alcanzar metas ambiciosas mediante las sinergias.

La tercera es la flexibilidad y adaptación a los cambios que el entorno experimenta y propone cada día como nuevos retos.

La cuarta es imaginar una irrealidad realizable que comprometa a los actores en un trabajo concienzudo, e ilusione a los miembros de este inmenso clan con un sueño de progreso y mejora.

Aún queda tiempo para implementar el modelo de éxito que muestra la ciencia, mas no se puede desperdiciar un solo minuto, pues el trabajo es arduo y complejo.

 

Javier Bustamante

para Toro Cultura

Cómo se crea un torero, según El Pipo

Rafael Sánchez “El Pipo” es un personaje de honda significación en la España del siglo XX. Castizo, largo y negociante como pocos, es además pionero en la aplicación de las técnicas de Marketing Taurino.

Nacido en Córdoba en 1912 en el seno de una familia de comerciantes de camarón, pronto mostró una enorme pasión por el toreo, buscando oportunidades en los cercados y las dehesas del campo bravo de los años veinte sin éxito, razón por la cual hubo de exiliarse al escalafón de plata en el que tampoco obtuvo la notoriedad pretendida. Como recurso de mero alcance económico comerció con marisco en ciudades como Madrid, Córdoba, Zaragoza y San Sebastián, simultaneando la venta con el apoderamiento de jóvenes valores, entre los que se encuentran Pepe Escudero, José Ramón Tirado, Manuel Cascales “Capetillo” y José María Montilla. Más tarde dirigió la carrera de diestros consagrados, como José Fuentes, Curro Vázquez y Espartaco (padre), siempre luciendo sus generosos sombreros cordobeses, y un gracejo que hizo época en el universo taurino.

En 1960 conoce a Manuel Benítez, un pobre albañil entonces conocido por “El Renco” a quien convertiría en dos años en “El Cordobés”, una de las figuras más emblemáticas de la historia de la Tauromaquia. Sólo dos temporadas de apoderamiento militando en el escalafón de novilleros fueron suficientes para que El Pipo creara doctrina en materia de representación de toreros, y mostrara un procedimiento para encumbrar a un muchacho que venía del hambre, al olimpo de los elegidos.

 

El Pipo

“El Pipo”

El proceso de creación de un torero que efectúa “El Pipo” se basa, según se observa en la obra escrita del propio Sánchez, las entrevistas concedidas a medios de comunicación y otras obras de estudio sobre él, en quince premisas, algunas polémicas, otras geniales, las más lógicas a la óptica del marketing, que son resumidas en las siguiente líneas.

 

Primero: El valor es el fundamento del éxito.

El primer tentadero de Benítez fue un desastre sin paliativos, recibiendo una auténtica paliza de la vaca que pasó de muleta, hasta el punto que el ganadero reprocha al apoderado que presente a semejante aspirante. El Pipo, sin perder la sonrisa le responde que ya sabía que carecía de técnica, mas “cuando iba por el aire volteado por la vaca no perdía el color”

Segundo: La transgresión de la norma interesa y apasiona.

La masa, dúctil por naturaleza, está contra las normas establecidas, y a quien le ofrezca otro registro le hará una cuenta diferente y mucho más generosa. Benítez rompe con la regla y los públicos valoran su arrojo, sin reparar en sus evidentes carencias técnicas.

Tercero: La emoción mueve a la humanidad.

Hay becerros que le cogen hasta veinte veces y otras tantas se levanta sin mirarse, yéndose de nuevo al toro aún con mayor determinación. Los públicos sienten en su piel el valor temerario del joven diestro, y salen de las plazas portátiles poseídos por la emoción que comporta el riesgo de la lidia.

Cuarto: Practicar la publicidad con ingenio.

Cuando su proyecto de torero se anuncia en plazas como Pozoblanco, el apoderado reparte días antes en los colegios cartuchos de caramelos, y tabaco para los ancianos en nombre del espada, logrando así una amplia notoriedad. La viralidad del mensaje, tan valorada hoy por los publicistas, es la clave del éxito en la comunicación que propiciaba medio siglo atrás. Para él inventa el slogan “Sólo ante el peligro”, que prende como concepto compatible con el perfil desvalido del torero. Por primera vez en la historia las plazas de toros anuncian con carteles luminosos la presencia de un torero.

Quinto: Valorar el Publicity.

La película “Aprendiendo a morir” es impulsada por Sánchez como acción promocional del nuevo torero y dirigida por Pedro Lazaga en 1962. El guión es muy básico y tópico, mas la popularidad del protagonista la convierte en un éxito en taquilla, lo que reporta importantes ingresos al espada, así como una privilegiada posición para la campaña taurina que va a iniciarse.

Sexto: Hacer obras de caridad.

Ya en su tercera becerrada el torero dona a los más necesitados una buena parte de la ganancia del festejo. Su apoderado se ocupa de que él mismo entregue la mitad del dinero a los pobres, con el consiguiente refuerzo mediático. En la sociedad se instala la idea de que El Cordobés es un torero del pueblo que se rige por la bondad, y por consiguiente ha de ser buen torero.

Séptimo: Crear la sensación de vivir en la abundancia.

El Pipo busca un nuevo golpe de efecto en Barcelona, ciudad de gran relevancia taurina en la época. Para ello se asoma al balcón de su habitación, se dirige a la gente que pasa por la calle de su hotel, y comienza a lanzar fotografías del diestro y billetes de cien pesetas generando un revuelo tal que se corta el tráfico rodado y durante horas se colapsa en centro de la ciudad. Y todo por el fervor que los barceloneses profesan por el torero de Córdoba, así como por la abundancia de sus donativos.

Octavo: Hacer propaganda también para los ricos.

El apoderado consigue que su pupilo sea invitado a Los Alburejos, finca del conocido rejoneador, criador de toros bravos y rico terrateniente gaditano Álvaro Domecq, a descansar y vivir cerca de lo toros. Se deja fotografiar subido a caballo logrando un impacto mediático en todos los estratos sociales. El Cordobés comienza a ensanchar su leyenda de hombre hecho a sí mismo, capaz de escalar en la rígida estructura social de la época. Meses después, y para poner colofón a la temporada, El Pipo tiene una de sus más geniales ideas: organizar un festejo benéfico en el palacio de El Pardo, residencia oficial del jefe del estado Francisco Franco, patrocinado por su esposa Carmen Polo. El dictador no era aficionado a los toros, sin embargo, como cualquier político, estaba siempre dispuesto a celebrar actos que mejoraran su popularidad, y la oportunidad de aparecer en un acto benéfico junto con el hombre a quien admiraba su pueblo fue aprovechada con gran eco informativo.

Noveno: Aplicar la locura con mesura.

A El Pipo se le achaca estado de locura, pues sus decisiones para promocionar al torero son poco sensatas, mas  él sonríe de nuevo, y acierta con un aserto que explica muy bien su concepto del negocio “Si loco es el que desdeña la rutina de lo que hay, y se emplea en descubrir lo que no hay, entonces estoy muy loco”

Décimo: Encontrar un buen detractor.

Sánchez contrata a un joven conocido para que siga a El Cordobés a todas sus actuaciones y vocifere de forma ostensible en contra del torero, a condición de que nadie sepa que le paga por ello. El público bondadoso del tendido veía una agresión intolerable al matador, y por esa razón se afianzaba en su apoyo al torero. Irritar con moderación es una buena manera de consolidar las adhesiones.

Undécimo: Asegurarse un enemigo “flojo”

En los primeros meses de apoderamiento Sánchez admite en privado que su pupilo tiene evidentes carencias técnicas, y que “la única verdad que hay en él es su ineptitud y el valor arrollador con que se comporta”. El Pipo vista las principales tierras taurinas y compra las camadas de aquellos hierros que le parecen más flojos, al objeto de asegurarse enemigos poco temibles y poder ganar así tiempo y dinero.

Duodécimo: No vender, sino esperar a que te compren.

A principios de 1961 el incipiente torero alcanza una gran popularidad, la gente quiere verle sobre la arena luchando sin retórica. Los empresarios lo saben y conocen su gran impacto en taquilla. El Pipo espera, evita llamar a las grandes firmas organizadoras de espectáculos, pues sabe que si ellos dan el paso su posición negociadora será muy firme. Una vez más acierta, y su teléfono comienza a sonar, los contratos a firmarse y la cuentas corrientes a crecer con saldos impensables.

Decimotercero: Capitalizar el fracaso, porque si es clamoroso, también vende.

En 1961 El Cordobés inaugura la temporada en la Monumental de Barcelona luego de un intenso trabajo publicitario. El público se agolpa para ver al nuevo fenómeno, ansioso de vivir emociones fuertes, mas la decepción deja paso a una protesta airada, pues el torero no es capaz de afrontar la lidia con la entereza que se le supone, y abandona el circo entre los ecos de una sonora bronca. Sin embargo El Pipo ha trazado un plan alternativo y ordena detenerse al coche en que viajan hacia el hotel junto a un grupo de partidarios a quienes se ha encargado el trabajo de pasearlo a hombros por la calles de Barcelona, dejando entre los que no acudieron al coso una imagen de gran triunfo. Al anochecer las calles y tabernas son el escenario de encendidos debates entre los que estuvieron en la plaza y aquellos que sólo le vieron a hombros por las calles. Al día siguiente la prensa se hace eco de la imagen del torero izado por la masa, sin reparar tanto en la mala actuación del espada. La polarización de sentimientos, la polémica desatada y, de nuevo, la viralidad de los comentarios acrecientan la fama de Benítez, quien llena la plaza días después en su siguiente comparecencia.

Decimocuarto: Cortar la temporada para poder ganar más en la siguiente.

El calendario de El Cordobés es muy apretado en octubre de 1961. Tras su triunfo apoteósico en Jaén, ha adquirido compromisos en plazas importantes, como Zaragoza, en la que cobraría una suma verdaderamente importante. Sin embargo una lesión en la muñeca y, especialmente, la oportunidad que ve su apoderado de salir de escena en la cumbre del prestigio, le lleva a cortar la temporada, suspendiendo sus últimas actuaciones. El argumento es de nuevo antológico “lo que dejes de ganar ahora lo ganarás el año próximo multiplicado por dos” Es la ley de la escasez manejada con maestría por un gestor genial.

Decimoquinto: Ganar el recuerdo.

El Pipo ha sido asesor presidencial en las plazas portátiles que vieron debutar a Benítez, y más tarde inspirador de la prensa, a la que trata con grandes atenciones en todos lo órdenes. Puede decirse que ha sido capaz de enjugar las escasas condiciones de su torero hasta hacerlas invisibles, pues nadie se hace ya eco de ellas, y el triunfo le llega basado en la generosidad del palco. En una confesión ante un amigo muy cercano el apoderado reconoce que en el mundo “no importa le que ocurrió, sino lo que se recuerda”, lo que constituye un aserto magistral, adelantado a su tiempo, postulado en el siglo XXI por la neurociencia.

 

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“Asuntos Taurinos” Rafael Sánchez “El Pipo”

 

Javier Bustamante

Para Toro Cultura