Iván García - Toro Cultura.

Tauromaquia desnaturalizada.

Lo que sucedió ayer en el coso de la Ribera de Logroño no fue sino una subversión del arte de lidiar toros en plaza, pues se propuso una fiesta insulsa y cruelmente desnaturalizada. Comparecieron en el ruedo dos figuras consagradas de la Tauromaquia, Morante y El Juli, junto con un joven matador recién doctorado, Roca Rey, y no tuvieron mejor quehacer que medirse a un encierro chico, débil y descastado de Zalduendo. El aficionado, que acude a estas citas con la ilusión de vivir emociones intensas, salió de la plaza con serias y profundas dudas sobre el devenir del arte de Cúchares. La primera atañe al ganadero, pues no se explica el esmero en la selección y la crianza de reses de lidia, cultura ancestral del campo bravo, para echar semejante media docena de inválidos descastados. La segunda concierne al genio de La Puebla del Río, torero de esencias donde los haya, que se empecina en lidiar toros que no tienen lidia, pues en algunos casos salen moribundos del toril. Véase su faena al cuarto y se comprobará que no hay más que medios pases y postura aflamencada sin atisbo alguno de desafío, pues el toro claudicó en cuanto vio el señuelo. La tercera afecta a El Juli, torero poderoso como pocos, que se vio obligado a interrumpir sus insustanciales trasteos por exigencia del público, quien veía en los amagos de pase un sainete de mal gusto. La cuarta tiene como referente a Roca Rey, matador de nuevo cuño, prometedor y entregado, a quien corridas así terminarán desacreditando, pues está aún por ganar el título de maestro, y para lograrlo habrá de mostrar conocimiento, inspiración y arrojo. La quinta cuestión atañe a la empresa, quien habrá hecho ya su cálculo sobre el efecto que esta neotauromaquia puede tener sobre futuras ferias, y específicamente sobre el ingreso esperado en taquilla. La sexta duda tiene como protagonista a Iván García, valeroso torero madrileño que se despidió del escalafón de oro hace un mes, matando en Cenicientos una corrida de José Escolar y ayer pareó y lidió vestido de azabache. Las razones de su decisión fueron la falta de oportunidades y unos emolumentos cercanos a cero. Seis dudas que inquietan al aficionado y afectan gravemente al arte y al negocio. La Tauromaquia es emoción, y lo que emociona al público es el valor de hombres que asumen riesgos para engendrar arte ante toros poderosos que venden cara su vida. Eventos como éste contribuyen a la degradación ética y estética del arte de torear y pueden convertirlo en una escenificación de escaso sentido.

 

 

Reseña:

 

Plaza de toros de “La Ribera” de Logroño, veintidós de septiembre de 2015, casi tres cuartos de plaza en tarde fresca.

Toros de Zalduendo, chicos, anovillados, flojos y descastados. El sexto tuvo algo más de aliento.

 

Morante de la Puebla, de nazareno y oro: Silencio. Vuelta al ruedo.

El Juli, de añil y oro: Silencio. Silencio.

Roca Rey, de rioja y oro: Oreja. Oreja tras aviso.

 

Iván García, de azul y azabache, saludó tras parear al tercero.

Andrés Roca Rey salió a hombros.

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